lunes, 24 de diciembre de 2012

PLAN LECTOR N° 4: TRADICIONES ORALES ANDINAS


El amigo de Manuel

Isabel Córdova Rosas

“Niño Manuelito”.
 La madre de Manuel había madrugado para ir al campo a trabajar. Llovía torrencialmente, y desde la casa del niño sólo se divisaba un manto plateado que cubría la aldea.
Chato, su perro, se recostó junto al fogón buscando abrigo, pero de pronto, comenzó a ladrar. Manuel vio que la puerta se abría y apareció un niño que tiritaba y chorreaba por todas partes.
—¿Puedo pasar? Tengo mucho frío —dijo.
Manuel lo acercó hasta el fogón y le hizo sentar en una banca de madera.
—Voy a traerte ropa. La tuya es bonita pero de seda, por eso te has empapado. Felizmente somos del mismo tamaño.
De un viejo baúl, sacó las prendas que su madre le había tejido para que se las pusiera en la fiesta del pueblo. Le ayudó a vestirse.
—Manuel, gracias.
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Lo he adivinado.
—¿Y tú, cómo te llamas?
—A ver si lo adivinas —le respondió el pequeño.
—Luis, José, Víctor… —pronunció una decena de nombres sin lograr acertar— Me rindo. Ya que no quieres darme tu nombre, yo te voy a poner uno: Inti.
—Me gusta —le contestó con una sonrisa.
Después de desayunar, Manuel sacó sus juguetes de arcilla y madera para ponerse a jugar. Entre risas y bromas se pasaron todo el día.
Había cesado de llover y la tarde se adornaba con un hermoso arcoíris que se paseaba por la aldea de lado a lado. El sonido de la trompeta de Justo ascendió por las montañas, y se entretuvo unos instantes en la casa de Manuel. Inti, al ver que oscurecía, no tuvo tiempo de cambiarse y salió corriendo.
—Hasta mañana Manuel —se despidió.
 Cuando Inti llegó a su casa, miró con cautela y al no encontrar peligro, con gran agilidad, se acunó en el regazo de su madre, cubriéndola de mimos.
—¿Dónde has estado mi niño?  Me has tenido preocupada.
—En la casa de mi amigo Manuel. Él tampoco tiene hermanitos con quienes jugar. Me ha prestado su ropa, porque la mía estaba mojada.
—Eres muy pequeño para estar fuera todo el día. El niño sonrió y se quedó dormido.
Julio, el anciano sacristán, hacía todas las noches un repaso por la iglesia. De pronto levantó los ojos y vio al pequeño en los brazos de su madre:
—Madre Mía, ¿por qué permite salir al niño? Mire la traza que lleva, sus zapatos con lodo. Si se entera el señor cura, ni cien avemarías me salvarían —cogió al niño y lo llevó a la sacristía para cambiarlo.
Pasaron los días y los dos niños sacaban a pastar a las ovejas, y disfrutaban jugando con los saltamontes, grillos y mariposas.
Una tarde, Inti se despidió de su amigo y le dijo que se verían en la fiesta del pueblo, que allí conocería a su madre. Con las prisas, dejó una sandalia.
 Llegó la Navidad. Manuel, por primera vez, bajaba al pueblo. Entraron a la iglesia y cuando giró la cabeza, deslumbrado, vio al niño en los brazos de María, su madre.
—¡Mamá, es mi amigo Inti! Nunca me has creído que venía a jugar conmigo —sacó de su macuto la sandalia y se acercó a ponérsela al niño.
—Es Jesús, hijo de la Virgen María —le dijo la madre.
—¡Hola amigo Jesús. Tu mamá es preciosa!
Jesús le sonrió y le hizo una señal para que guardara silencio.
—Amigo, mañana te espero.
El pequeño Jesús asintió, mientras la madre de Manuel lloraba con profunda emoción.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Solo 4, “448”, del 15 de DICIEMBRE de 2012, año IX

Edición especial Fin de los tiempos

LA CITA:

«El sol se puso tan negro como vestido de luto, la luna toda se volvió como sangre, y las estrellas del cielo cayeron a la tierra (…) El cielo se replegó como un pergamino y no hubo cordillera o continente que no fuera arrancado de su lugar.»

El libro del Apocalipsis

LO ÚLTIMO: Navidad llena de regalos


La Navidad los invade nuevamente. Tal vez es por el ritmo de vida agitado, o porque los centros comerciales y calles se atiborran de adornos y árboles multicolores desde inicios de noviembre, pero las fiestas de fin de año parecen llegar cada vez más pronto.
En Solo 4 también nos preparamos para esta fiesta, pues aunque digan que este viernes será el fin del mundo, razón de esta edición “apocalíptica”, estamos envolviendo regalos para nuestros lectores.
El próximo sábado, Solo 4 le traerá obsequios inesperados, que, esperamos, alegren más estas fiestas. Ahora sucumbamos a la maldición maya y dejemonos envolver por el “fin de los tiempos”.

Profecía y negocio de otro fin del mundo


Jhony Carhuallanqui

Los cuatro jinetes del apocalipsis – Autor: Durero.
Millones de personas sintonizaban la radio, era 30 de octubre de 1938, cuando de repente, un enlace “en vivo” daba cuenta de una invasión marciana iniciada en New Jersey (EE. UU.). Miles salieron desesperadas a las calles, cundió el miedo, el caos y el llanto. Orson Welles había demostrado el poder (y credibilidad) de los medios de comunicación, y aún después de haber confesado que era una “dramatización”, la histeria colectiva tardó en disiparse.
Hoy no es la radio sino el internet, y la muestra de ello está en la “Profecía maya del fin del mundo”. Los estudiosos de esta cultura establecieron que el 21 de diciembre es el final de una era para dar comienzo a otra, en ningún momento indicaron tal fecha como el apocalipsis. Esta “verdad” se ha masificado por la inocencia de algunos y la viveza de muchos, y es que en una civilización como la nuestra, Google tiene más credibilidad que la propia NASA.
¿Y cuándo empezó la confusión? Frank Waters publicó en 1975 su obra “México místico: la llegada de la sexta era de la conciencia”, a partir de ello, afanosos internautas le dieron una interpretación antojadiza que fue creciendo, deformándose y multiplicándose por apocalípticos que remarcaban el “Fin de los tiempos”.
Según astrofísicos prominentes —como Stephen Hawking—, el planeta si desaparecerá, pero para ello faltan unos 7590 millones de años,  y esto ocurrirá cuando el sol termine por engullírsela, mas el problema radicará en que sí será habitable. Para Hawking el futuro de la humanidad está en “colonizar el espacio”, pues las condiciones no serán las adecuadas para nuestra supervivencia.
Además, la amenaza de un impacto (devastador como el que extinguió a los dinosaurios) estará siempre presente, y aunque podríamos saberlo con antelación, tampoco seríamos capaces hacer nada. Sin embargo, la información que el asteroide  Nibiru colisionará con la tierra este viernes, es una revelación tan falsa como el Eslabón perdido de Piltdwon, o los incubos (fantasmas violadores), o la Sirenita del Huaytapallana, así que no hay por qué alarmarse.
Evidentemente, la destrucción del planeta implica el exterminio de nuestra especie; sin embargo, quizás el hombre devaste primero la Tierra con la contaminación o, tal vez, la naturaleza arrase al ser humano primero: James Lovelock en la “Venganza de Gaia”  refiere que los daños al medio ambiente por el calentamiento global son ya irreversibles y que la madre tierra nos exterminará cumpliendo su ciclo de autorregulación. Este científico asegura que billones de personas morirán antes del fin del siglo, y que los sobrevivientes terminarán refugiados en el ártico.
Lo positivo de esta profecía es que el turismo mexicano se incrementó de 18 a 62 millones, y se espera llegar a los 80 antes del apocalíptico 21, mientras que en china, Yang Zongfu ha vendido más de veinte Arcas de Noé —esferas “indestructibles” ante caídas, terremotos, lava volcánica— a poco menos de un millón de dólares.
A todo esto se suma, como cereza en la torta, que el apacible poblado de Sirince (Turquía) está abarrotado de visitantes, pues se divulgó que allí no llegaría el fin del mundo, “porque Jesucristo lo eligió para resucitar este viernes”.
Sólo se espera evitar hechos como el suicidio masivo de la secta Heaven’s Gate, acontecido en el paso del cometa Hale-Bopp en 1997, que también estaba ligado a una profecía apocalíptica matizada con la creencia OVNI.
Mi abuela dice que el fin del mundo será cuando “la mula pueda parir”, y le tengo tanta fe a ella como a Nostradamus, San Malaquías, Edgar Cayse, Gordon Scallion o Parravicini.

George Romero: el infierno en la tierra


Marlon Zenteno Mayorca



Una habitación atiborrada de gente que, frente a lo que parece el apocalipsis, actúa como si el prójimo fuese el peor enemigo, cómo si el espacio, las provisiones, e incluso las decisiones provoquen que —parafraseando a Plauto— «el hombre sea un lobo para el hombre». Parece ser el argumento de un drama psicológico, pero como nada es lo que parece, lo que se acaba de describir es de lo que trata la primera película que popularizó el género de zombies: “Night of the Living Dead” de George A. Romero.
 Era 1968, cuando esta producción de bajo presupuesto, en blanco y negro, obra de un director entonces desconocido, remeció los cánones del cine de terror. No sólo contenía un exquisito suspenso, propio de las obras maestras del género, sino que además Romero no le hizo ascos a la hora de emplear tomas explícitas de destripamientos y canibalismo. Los muertos vivientes habían aparecido en nuestro mundo sin ninguna explicación. Eran un enigma para la ciencia y una pesadilla horrenda para los sobrevivientes. Y es en esa pesadilla que el director incuba a su verdadero monstruo: el hombre, y su naturaleza egoísta y caníbal.
En la película, el héroe es Ben, un hombre que hace frente a la situación con nervios de acero, valentía y determinación. Tiene como antípoda a Cooper, un pusilánime egoísta y racista que se opone a cooperar, y decide encerrarse en el sótano de la casa con su esposa e hija mordida por un “cadáver”.
La convivencia se hace más que hostil y termina finalmente como una guerra entre ambos, esto nos da una muestra de lo que Romero tiene en mente al rodar una cinta: mostrar “algo más” que violencia y tripas. Sus filmes, entonces, pasan de ser mero vehículo de entretenimiento y se vuelven ensayos filosóficos, sobre la conducta del ser humano (el racismo y la intolerancia en este caso).
Vietnam era moneda corriente en los medios, y el primer largo de Romero reflejó mucho del pensamiento americano de aquella época, como que Ben, al final, no sea asesinado, precisamente, por un zombie.
Desde los años 60, el “gore” era considerado como un género depravado, morboso e insano, “basura corrupta”, como lo llamaban sus detractores. Romero atacó de nuevo con una obra sorprendente, que diez años después de su antecesora, demostró que la crítica social daba para más, en “Dawn of the Dead”   un grupo de sobrevivientes que apenas acaban de conocerse, consigue entrar a un centro comercial, las conversaciones desde lo cotidiano exhiben una riqueza humana pocas veces vista en una cinta de terror. Los personajes viven con todas las comodidades, diversiones y lujos del mundo occidental, un verdadero paraíso consumista, que es a su vez una trampa mortal, pues los entes putrefactos rondan por las tiendas del gigantesco “Mall”, que recorren como cualquier cliente vivo.  Finalmente una banda de delincuentes entrará al refugio y arruinará la posible buena vida que pudieron haber llevado los protagonistas.
1985 significó el fin de la mejor época del director, pues aunque “Day of the Dead” es una película más que notable, que denuncia el autoritarismo y la ética bárbara de la milicia, (sin mencionar que los efectos y el maquillaje, son más realistas) fue la última del siglo que gozó de una buena calidad argumental. Con todo, Romero hizo que “Day of the Dead” fuera oscura, claustrofóbica, casi trágica; además, de evidenciar que los muertos reanimados podían pensar, sentir y aprender (gracias a los experimentos de un doctor que busca amaestrar a las criaturas).
Aunque la carrera de Romero continuó en los 90 —y continúa aún ahora—,  puede decirse con justicia que sus obras posteriores no fueron las joyas de antaño, que aunque intentaron recoger las inquietudes contemporáneas  como la revolución de los medios digitales, ya no se distinguía a la mente maestra detrás de la escena. Pese a ello, el director ha anunciado la adaptación al cine de la novela “The Zombie Autopsies” de Steven C. Schlozman, tras haber rechazado la dirección de algunos episodios de “The Walking Dead”, notablemente influenciada por su original estilo. Esperemos entonces que el mago del horror, al igual que sus creaciones, regresé a la vida y nos brinde otra memorable orgía carnicera, psico-filosófica.

IMPRESCINDIBLES / LITERATURA ANTES DEL FIN DEL MUNDO


Selección y textos: Roberto Lima

2666

Roberto Bolaño


Un título críptico (Anagrama, 2000). Cinco relatos interconectados por dos asuntos: el homicidio en serie y la pasión literaria. Los motivos: la búsqueda de un novelista de culto candidato al Nobel, y el hallazgo, en una ciudad de frontera, de un asesino que ha violado y tramado la muerte de cientos de mujeres. Ellos conciben una novela que expide los dramas de la letra y la sangre, que formula la materia densa de este libro póstumo.


La broma infinita

David Foster Wallace


Una película maldita hipnotiza a todo el que la ve: los espectadores pierden todo tipo de deseo, excepto dejar de ver el filme repetidamente, infinitamente. “La broma infinita” es una novela (Mondadori, 2002) de pasajes espesos, que nos revelan la crudeza de sus personajes, cargados de un sentido del humor oscuro, cruel, absurdo que envuelve todo constantemente en situaciones, aparentemente, inconexas. La obra mastodóntica de un escritor perfeccionista.


Celestino en el alba

Reynaldo Arenas



Narra la infancia de un hombre que escribe versos interminables bajo las piedras, en la corteza de los árboles. Poseedor de una prodigiosa imaginación, se resiste a aceptar las miserias de su vacía vida inventándose un alter ego a quien contar sus pesares. Novela (Tusquets, 1967) enmarcada en una atmosfera esquizofrénica e incontrolable, que no pretende tender un puente entre la rígida realidad y la imaginación.

En busca del fuego


Jorge Coaguila

El “hombre” y el “chico” en el filme “The Road”.
“La carretera” (The Road, 2006), del estadounidense Cormac McCarthy, ofrece un mundo devastado en un futuro próximo. Una historia después del Apocalipsis, luego de la muerte de la civilización. Los protagonistas, un hombre y su hijo, viajan al sur en busca de un mejor clima. Es lo único que les queda.
¿Qué causó la destrucción? ¿Un ataque nuclear? ¿Un conflicto entre países? ¿Cuántas personas quedan vivas en todo el mundo? ¿Qué evitó la muerte de algunos? Eso no se dice en el libro, tampoco importa mucho. Hay una pista débil: un personaje secundario lleva un traje especial contra peligro biológico. El padre y su hijo respiran a través de mascarillas. ¿Acaso para evitar llevar a sus pulmones la ceniza tóxica que domina el ambiente? Sin embargo, el papá tose con frecuencia.
La historia transcurre por otro cauce. El asunto central es cómo se comporta la gente en situaciones de desastre, de carestía, de amenaza constante. El único deseo es sobrevivir a toda costa. El padre cree que en el sur encontrarán un mejor clima, pues existe —según el narrador— «un frío como para agrietar las piedras. Como para quitarte la vida». Para llegar se guían de la carretera, símbolo de una civilización destruida.
Cierto día los relojes se detuvieron a la 1:17 horas, la corriente eléctrica se fue para nunca volver, una luz atravesó el cielo y varios temblores se sucedieron. La destrucción fue casi total. Ciudades incendiadas, coches carbonizados, cadáveres a la intemperie. A partir de entonces una luz mezquina pasaba por día y la noción del tiempo desapareció.
Desde la primera línea del libro se mencionan dos características del ambiente reinante después de la hecatombe: frío y oscuridad. (…) Los diálogos carecen de comillas y guiones. A veces aparecen en medio de una descripción. En otras ocasiones, separados por un punto aparte. Sin embargo, al lector no le es difícil identificar quién habla. Estas conversaciones, con gran claridad, transmiten mucha emoción.
Todo el libro se estructura en el viaje del “hombre” y del “chico”, su hijo, al sur. Ningún personaje aparece con nombre y apellido. ¿Por qué? Tal vez el narrador quiera subrayar la deshumanización, la ausencia, el despojo. La gente ha perdido todo, hasta el derecho a ser llamado por su nombre.
Es revelador que el libro se divida en fragmentos sin títulos ni numeración. El lenguaje es sencillo, de frases cortas y estándar. La narración, en cambio, es lineal, con algunos “flashbacks”, como el del abandono de la madre después del nacimiento del “chico”. «No somos supervivientes. Esto es una película de terror y nosotros somos muertos andantes», dijo ella antes de desaparecer. La madre creía que tarde o temprano los cazarían y los matarían. A ella y al pequeño los violarían y, después, los comerían.
Esta es una novela de amor paternal. El padre sortea cientos de obstáculos para que su hijo sobreviva. Le entrega todo a su alcance, aunque muchas veces escasee la comida. Le enseña a diferenciar el bien del mal, le inculca valores. Lleva «el fuego», es decir, la bondad.
Muchas veces perdona los descuidos del pequeño y se los atribuye. Le enseña a sobrevivir con inteligencia, coraje y paciencia. Lo prepara para cuando ya no esté. Es el ángel guardián del niño, por quien se desvela, en detrimento de su salud. «Mi deber es cuidar de ti. Dios me asignó esa tarea. Mataré a cualquiera que te ponga la mano encima», le dice al “chico”. Si ataca a alguien, lo hace en defensa propia.
La desesperanza en muchos es mayúscula. Un viejo, al que encuentran en el camino, dice: «Dios no existe y nosotros somos sus profetas». Más adelante agrega: «Las cosas mejorarán cuando todo el mundo haya desaparecido». Sin embargo, el padre y su hijo, esqueléticos, harapientos e inmundos, cargando mochilas y con un carrito de supermercado, avanzan hacia el sur en penosa marcha. El final del libro es muy conmovedor, para derramar lágrimas.
En una entrevista concedida en 2007 a la famosa presentadora estadounidense de televisión Oprah Winfrey, McCarthy confesó que el libro surgió en 2003, durante una visita con el menor de sus hijos a El Paso, Texas. Allá, en una habitación de hotel, en una noche de insomnio, se preguntó cómo sería esta ciudad en cincuenta o cien años. Pensó en su hijo, a quien dedicaría la novela, y tomó algunas notas. Años después, en Irlanda, escribió el libro de un solo golpe.
“La carretera” obtuvo el Premio Pulitzer de Ficción en 2007. En 2008 la revista estadounidense “Entertainment Weekly” la consideró el mejor libro publicado desde 1983 hasta ese año. Fue adaptada al cine en 2009, dirigida por el australiano John Hillcoat y protagonizada por Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee, como el “hombre” y el “chico”, respectivamente. El filme recibió elogiosos comentarios.

PERFUME DE MUJER:


Mecanoescrito del segundo origen

Manuel de Pedrolo



Luego añadió otro dedo a su exploración, ensanchándola suavemente mientras acariciaba con el pulgar el punto crucial de sus rizos húmedos y la hacía palpitar deliciosamente. Sus dedos siguieron complaciéndola hasta que acabó retorciéndose y gimiendo, con una necesidad que no sabía que poseía. Una ola de oscuro placer se levantó sobre su cabeza. El coste de su represión fue traicionado por su respiración agitada y la rigidez que sentía contra su muslo. Mientras rompía, derramando una intensa sensación de éxtasis por todo su cuerpo en una marea incesante, la besó con fuerza para capturar su grito quebrado en su boca.

BREVIARIO: WhyNot nº 14


Solo 4



WhyNot no es una revista cualquiera, es un nuevo impulso a la producción escrita y visual de nuestra región. Llega a su número 14, abordando las fiestas navideñas y de año nuevo.
No existe un ímpetu comercial, es más bien, la necesidad de “hacer”, de producir con los medios que contamos. Por eso, está siendo elogiada por su propuesta innovadora, comprometida con la cultura y la ecología, sin dejar de lado su presentación impecable, muy visual y estética, que además presenta contenidos precisos para el paladar exigente de cualquier lector. Tal vez, es por ello que sus últimas ediciones están casi agotadas.
Este magazine de bolsillo se vende al menor precio (S/. 1) y puede ser el mejor regalo antes del “Fin del mundo”, o mejor aún, un obsequio delicioso (y barato) en Navidad. Búsquenlo en las librerías Íbero y La Familia, o en quioscos del centro de nuestra ciudad.

Fin del mundo: «fábrica de mentiras»


Solo 4



David Morrison, director del Centro Carl Sagan de la NASA, negó todas la “profecías” que circundan el “fin del mundo”. Dijo: «Se trata de una fábrica de mentiras», desestimando las teorías cósmicas que hoy invaden miles de sitios web, y dejando en claro que es imposible determinar un probable final.
En los Estados Unidos, como en otras naciones del mundo, existe el creciente ánimo de desesperación y tristeza por las constantes afirmaciones sobre un próximo apocalipsis, además de los nuevos “profetas” que van apareciendo conforme llega el 21 de diciembre, fecha en la cual termina el Calendario Maya —que sería como un 31 de diciembre para nosotros—, quienes instan a las poblaciones a desobedecer todas las leyes y «disfrutar lo que queda de vida», además de “invitarlos” a disfrutar de una “muerte plena”, es decir, sugerirles el suicidio como un escape a los supuestos tormentos venideros.
Por otro lado, se han especulado cientos de cosas, entre las cuales destacan las llamaradas solares, que también nos son muy comunes y afectan, a veces, a las comunicaciones, por ello es que irregularmente perdemos la señal en nuestros celulares.
Otros mitos interesantes son el choque del planeta errante Nibiru con la Tierra, que es también un invento malintencionado; el cambio de polos magnéticos que se da de forma progresiva a lo largo de muchos años; o, por último, los hipotéticos "tres días de oscuridad" que no tienen sustento alguno.
Estemos preparados para los terremotos, ante los cuales sí nos encontramos indefensos, y peor aún en Perú, donde tenemos una muy mal difundida educación preventiva, mas no por un “fin de los tiempos” que a medida que pasan las horas se hace más improbable.

Cuentos para leer en el fin del mundo

Solo 4
Hace poco se presentó el libro “Cuentos para sobrevivir al mundo”, un proyecto literario ingenioso y genuino. No se trata de una antología, ni es una selección de cuentos ya escritos. Azul Editores convocó a un grupo de escritores de diferentes tendencias para invitarlos a crear una historia con la temática del “Fin del mundo”. El reto fue aceptado por los más valientes: los diecisiete escritores que integran la publicación.
En este texto encontraremos relatos que hablan de invasiones extraterrestres, desastres nucleares, guerras mundiales, profetas y profecías; amor, muerte y esperanza; mujeres incrédulas, niños con armas y zombis vírgenes; seres humanos y no humanos.
En este proyecto participa Sandro Bossio Suárez con el relato “El final según Malaquías”, un cuento medido y culto, como es su estilo, con un argumento que atrapa y un final que sorprende. Además, entre los escritores figuran Eduardo González Viaña, Carlos Calderón Fajardo, Christiane Félip Vidal, Miguel Ildefonso, José Güich Rodríguez, Pedro Novoa, Daniel Abanto,  Rodolfo Ybarra, George Clarke, Fernando Sarmiento, Susanne Noltenius, Darío Carpio, Pierre Castro, Daniel Salvo, Piero Montaldo y Melissa Patiño.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Solo 4, “447”, del 08 de DICIEMBRE de 2012, año IX


LA CITA:

«Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra.»

Julio Cortázar, Rayuela

LO ÚLTIMO: Solo 4: edición especial “Fin del mundo”



A lo largo de este año, hemos escuchado, visto y leído, distintas opiniones y posiciones acerca del apocalíptico Calendario Maya, que este próximo 21 de diciembre llega a su fin, y con él, la supuesta extinción de toda forma de vida sobre la tierra.
Una serie de catástrofes se desatarán sobre nosotros, acompañando al solsticio de invierno, y a la alineación del Sol y la Tierra, con lo cual se cerrará un ciclo de 5000 años del antiguo Calendario Maya. No hay de qué preocuparse, según científicos y arqueólogos, expertos en el tema, esta ancestral civilización predestinó “una nueva era”, mas no el término de la vida.
Es por eso que el próximo sábado les traeremos la edición especial “Solo 4: fin de los tiempos”, donde abordaremos desde distintas perspectivas y con mucho humor, la llegada de nuestra destrucción.
No lo olvide, prepárese para el exterminio de la raza humana con agua embotellada, una radio a baterías, alimentos no perecibles, y su “Solo 4: fin de los tiempos”. No lo olvide, el próximo sábado con Correo.

El Padrino, 40 años de una oferta imposible de rehusar


Roberto Loayza Cárdenas



Para 1971, Francis Ford Coppola tenía muchos problemas encima, sus primeros pasos como director habían sido erráticos con producciones de bajo nivel y casi nula aceptación por parte del público. Su compañía “American Zoetrope” había producido la cinta de ciencia ficción de su amigo y socio George Lucas, “THX 1138”, que lo había dejado en la bancarrota.
En esos momentos aciagos la Paramount se le acercó para que dirija el “best seller” del italoamericano Mario Puzo, un libro que ya se encontraba entre los más leídos por un público norteamericano ávido por conocer las entrañas de una poderosa familia de mafiosos, liderada por el irresistible don Vito Corleone.
Coppola se negó, al igual que otros grandes como Sergio Leone y Peter Bogdanovich lo habían hecho antes que él. Francis adujo que no podía hacer un filme tan violento que involucre a los italianos, y menos a los de la zona sur de donde provenían los ancestros del director: Basilicata, y también donde se encontraban los más famosos y sanguinarios exponentes de la mafia: Sicilia.
Sin embargo, el director, un poco urgido por las necesidades monetarias en las que se encontraba, aceptó siempre y cuando las cosas se hagan según sus condiciones.
Luego de superar cientos de inconvenientes y de enfrentarse a los todopoderosos directivos de la Paramount, Coppola empezó a tejer la obra cumbre de la cinematografía mundial, arriesgando el pellejo al elegir al problemático Marlon Brando para el papel de don Vito, y al desconocido y menudo Al Pacino como su hijo menor, Michael. Amenazaron con despedirlo, con desaparecerlo de Hollywood, pero Francis persistió, conservó su honor y siguió trabajando durante los 77 días que duró el rodaje.
El 15 de marzo de 1972, la cinta era estrenada y el éxito fue absoluto. Por primera vez, la gente se ponía inevitablemente del lado del villano, mas no de cualquiera, de un villano al que no se le puede reprochar nada de lo que hace para proteger lo más valioso que tiene, su familia.
Como nunca antes hicieron, la historia de la mafia era contada desde adentro de sus paredes, en medio de una pomposa fiesta de bodas o de casuales cenas rápidas, y ahí radica su encanto y familiaridad, en esos cuartos oscuros, llenos de grandilocuentes muebles, olor a espaguetis y cabellos engominados, en esos ambientes se nos presenta a los Corleone, el dominante Don Vito y sus hijos: el irascible Sonny, el tímido y algo torpe Fredo, la candorosa Connie y el brillante Michael, además del hijo adoptado de la familia, el “consigliere” Tom Hagen.
A pesar de que es don Vito el personaje del libro de Puzo, en la cinta es su hijo menor Michael quien prepondera. Un joven héroe de la II Guerra Mundial quien no aprueba las “actividades” de su familia, pero que se ve obligado a integrarse cuando la vida de su padre corre peligro, dando un giro en su existencia con la  memorable escena del beso de mano de hijo a padre. A partir de entonces, el rostro antes tranquilo de Michael adquiere una tonalidad siniestra y distante que lo llevará a tomar las riendas de la familia.
Muchas de las escenas del filme se encuentran en los anales de la historia del arte, y son constante fuente de estudio de todo aquel que aspire a ser cineasta, como cuando el magnate Jack Woltz encuentra sobre su cama a su caballo, el atentado contra el Padrino mientras compra fruta, el asesinato del traficante de drogas y el policía corrupto en el restaurante italiano, el acribillamiento de Sonny en la caseta y, especialmente, la shakesperiana secuencia bautismal hacia el final de la obra.
Un deleite audiovisual eterno, sazonado con la inolvidable música del romano Nino Rota, fundamentalmente en el “Vals” y en el “Tema de amor” que ya forma parte del soundtrack de nuestras vidas.
Con decenas de premios, records de taquilla y múltiples números 1 en diversas listas de las mejores películas de todos los tiempos, “El Padrino” cumple 40 años y sigue mostrándonos toda su grandeza.
Suerte de pocos poder verla en las salas por estos días en su remozada edición digital, culpa de  algún despistado programador de cine que, en medio de su ignorancia, repleta de boberías las salas de nuestra sufrida y culturalmente olvidada ciudad.

COLUMNA: EL BUEN SALVAJE


Del teatro al cine

Sandro Bossio Suárez

¿Quién no recuerda la escena en que Ben Hur (Charlon Heston) desciende al Valle de los Leprosos y ve a su madre, Miriam (Martha Scott), salir a recibir los víveres que le lleva Esther (Haya Harareet)? ¿Quién podría olvidar el momento en que el desconsolado hijo se esconde y, vuelto contra el roquedal, llora metiendo el rostro entre los brazos? Esa es, desde luego, una actuación auténticamente teatral.
Escuchamos y leemos permanentemente que el cine es vástago de la fotografía, es más –y quienes lo afirman tienen mucha razón–, que el cine es fotografía; pero pocas veces hemos asistido a la defensa de la otra gran verdad: el cine es también vástago del teatro.
Para entenderlo mejor es necesario acercarnos al teatro previo al nacimiento del cine. En la segunda mitad del siglo XIX el clasicismo romántico está de moda. Los decorados teatrales se han adecuado a la historia, se utiliza la luz de gas para la iluminación, pero, sobre todo, se ha modificado la actuación. Ésta se hace más dramática, con acentuación de los brazos y gestos corporales.
Es precisamente lo que encontramos en los inicios del cine, sobre todo en las películas épicas (“Cabiria” e “Intolerancia”). Esta actuación, a veces sobreactuación, se extiende hasta mediados del siglo XX, más notorias en las péplum más famosas de la época: “Hércules”, “Ben Hur”, “Los diez mandamientos”, “Cleopatra”, “Espartaco”, “Quo Vadis?”.
Algunas películas de Alfred Hichcok (“Corresponsal extranjero”) y de John Huston (“El halcón maltés”) muestran también este ingrediente. Incluso ahora último encontramos actuaciones teatrales trasvasadas al cine en filmes tan modernos como “Titanic” (recordemos la escena en que Zane dispara a Di Caprio y Winslet en el inundado salón del barco), “Gladiador” o “Ágora” (otra vez péplum contemporáneas).
El teatro y el cine tienen una relación de alianza solidaria: el primero le otorgó historias y técnicas actorales al segundo, y éste le confirió métodos modernos al primero. Citemos a “El ángel exterminador” de Buñuel como referente obligado de esta unión. O a “Los idus de marzo”, de George Clooney, basada en una obra teatral de Beau Willimon. O a “Doce hombres sin piedad”, de Sidney Lumet, sobre una obra de teatro de Reginald Rose. El dramaturgo que destaca es Tennessee Williams, cuya obra maestra “Un tranvía llamado deseo” fue dirigida por Elia Kazan en 1951 con Marlon Brando y Vivien Leigh. Otro autor al que no podemos ignorar es William Shakeaspere: “Macbeth” fue adaptada por Orson Welles en 1948 y por Akira Kurosawa en 1957. En 1999 Michael Hoffman vuelve a llevar a Shakespeare al cine con “El sueño de una noche de verano”.
Ahora último se ha realizado “¿Sabes quién viene?” del maestro Roman Polanski, basada en una obra teatral de Yasmina Reza. Extraordinaria como todas las de Polanski, se trata de una puesta en escena prácticamente dramática en la que dos matrimonios discuten después de que sus respectivos hijos han peleado en el parque. La vimos en Lima porque desde hace mucho no guardamos esperanzas de ver nada bueno en Huancayo, aunque a veces, por milagro, encontramos buenas  películas independientes a las que le han cambiado de nombre para hacerlas más atractivas a la taquilla.
Es realmente una lástima que las distribuidoras, como Delta Films, y la cadena de cine que tenemos en la ciudad, subestimen a los espectadores huancaínos (y no digo cinéfilos), exhibiendo películas tramposas, comedias oportunistas, melodramas insulsos, trilogías de sangre espesa, películas peruanas baratas (la buena “Cielo oscuro”, aun siendo de un director local, sólo estuvo en cartelera unos días).
Tristemente, no hemos recibido el homenaje a “El padrino”, como sí lo vieron los limeños, chiclayanos, arequipeños y piuranos; así como no vimos “Temple de acero”, de los Coen; “El peleador” de David Rusell; “Amigos” de Olivier Nakache; y, un verdadero crimen, “A roma con amor” del genial Woody Allen. Imagino que, aunque está anunciada, tampoco veremos “Las curvas de la vida” de Clint Estawood. Por ello, levantamos nuestra voz de protesta por esa marginación. Ocurre porque, es claro, estas películas no son comerciales. Pero hay una solución: adaptar una sala (quizás la más pequeña y lejana del pasadizo) para estrenos de este tipo en horarios nocturnos, como lo hacen varios cines de la misma cadena en otras ciudades importantes.
Para terminar con el tema del teatro y el cine, también ocurre lo contrario: obras cinematográficas que fueron adaptadas con éxito a las tablas. “Historias de la radio” es una estupenda adaptación del cine español que duró muchos años sobre el escenario.

La cultura del kitsch


Enrique Ortiz Palacios



     Las imágenes en la que una modelo brasileña se fotografía en el desastre del huracán Sandy, que por cierto también afectó a países como Cuba y poco o nada se ha difundido; la histeria y largas colas de un grupo de fanáticas esperando a su grupito de cantantes coreanos; el tipo ése con su desentonado y monótono “Baile del caballo”; o la “brillante” publicidad contra el cáncer de piel, en la que solo se resalta la frivolidad; todo ello es ejemplo del “kitsch”, es decir, de la cultura del mal gusto, que además coincide con las épocas de desintegración de valores.
     Hace unas semanas, les sugerí a mis alumnos de Diseño Gráfico, urgidos de dinero para un proyecto, que fotografiaran a uno de sus compañeros  previamente maquillado de tal manera que sugiriera que estaba muy enfermo, luego que subieran la imagen a Facebook pidiendo una colaboración a tal o cual cuenta bancaria, y esperaran los pingues resultados.
Cuando noté en sus rostros una iluminación, como cuando Colón llegó a las Américas, tuve que decepcionarlos al decirles que eso constituía una inmoralidad y hasta un delito. Además los del entorno fujimorista ya se me habían adelantado a la idea.
Umberto Eco en su libro “Apocalípticos e integrados”, desarrolla de manera más amplia la cultura del “kitsch”, de las masas fácilmente manipulables a través de repetitivos mensajes publicitarios que apelando a recursos simples y vulgares —como el mencionado líneas arriba—, y recurriendo a palabras redundantes o sonidos monótonos, casi primitivos como en el “Baile del caballo”, logran su cometido: consumir, consumir, consumir y para nada pensar.
Se le engaña al consumidor haciéndole creer que cuanto más moderno es el celular que lleva, más cerca está de la gente “bien”, de aquel grupo privilegiado que conversa con Dios. Y ese monstruo llamado publicidad está ahí, husmeando en nuestros lugares más privados, más íntimos, estudiando nuestras carencias, nuestros defectos, y no para tratar de corregirlos sino para aprovecharse de ello. Por eso no es raro escuchar decir a los dueños de Telefónica  que el Perú ya tiene más de treinta millones de celulares, o sea, un celular por cada peruano.
Y ¿cómo combatir la cultura del mal gusto?, si los colegios están preocupados en “preparar” a los muchachos para las universidades, esas universidades en donde ni laboratorios, ni buenas bibliotecas encontramos, donde los profesores repiten, todos al unísono, las clases que ya están en un manual, en un librito o en una separata.
El mal gusto se combate con debates, con intercambio de ideas, con la discusión de lecturas, con la asistencia a un maravilloso espectáculo teatral, pero lamentablemente ni una butaca, ni un local o espacio para la cultura tenemos en esta ciudad, para no retroceder en la escala evolutiva y terminar convertidos en unos elementales cuadrúpedos.

IMPRESCINDIBLES / CINE


Selección y textos: Jorge Jaime Valdez

Un mundo perfecto (1993)

Probablemente sea el mejor trabajo de Clint Eastwood y eso es decir mucho, considerando que se trata de uno de los mayores artistas del cine actual. Nos cuenta la historia de una fuga sin esperanza, de un asesino de buen corazón, encarnado por Kevin Costner en la actuación de su vida, y de su secuestrado, un niño sin padre. Entre ambos nacerá una amistad sincera. Es la película más triste del maestro y también la más hermosa. Una obra maestra.



Tiempos violentos (1994)

Es la segunda cinta de Quentin Tarantino, el iconoclasta de Hollywood. En ésta encontramos todo lo mejor de su cine: historias exageradas, inverosímiles, divertidas, herederas del cómic y del cine de serie B. También, mezcla de géneros, colores chirriantes y música popular disco; además, de grandes “performances” de actores medianos u olvidados, y secuencias de antología. Su estructura rompe con la narrativa del cine y quedará como un clásico moderno. La mejor cinta de su autor hasta la fecha.



Siete pecados capitales (1995)

Este filme de David Fincher es uno de los mejores thrillers de la historia. Un inquietante asesino en serie, mesiánico, impone su justicia personal predicando en base a los siete pecados capitales a través de una ciudad lluviosa, sucia y gris. Ante esto, un detective inteligente y un impulsivo novato tratan de frenarlo. El viejo encarnado por Morgan Freeman es sensato y sabio, el joven, Brad Pitt, impulsivo e idealista. Un policial redondo, oscuro, con un final impredecible y memorable.


PLAN LECTOR N°3: TRADICIONES ORALES ANDINAS


El condenado

Isabel Córdova Rosas



Hace muchos años, en un pueblo de nuestra sierra, vivía un agricultor, su esposa y sus cuatro hijos. El hombre aparte de maltratarlos, era egoísta, avaro, ambicioso y mujeriego. Todo el dinero de la venta de su cosecha y del ganado,  lo disfrutaba él solo.
La carne de sus ovejas la vendía, y sólo las vísceras le daba a su familia. Hacía rumos de papas agusanadas, maíz malogrado, habas y arvejas que nadie le compraba, y con prepotencia advertía:
—Teodora, esta comida te tiene que durar hasta la próxima cosecha.
—¡Dios mío!, otro año de miseria. Cómo podré sobrevivir con mis hijos.  ¿Qué haces con nuestro dinero, si yo trabajo de sol a sol en el campo? —le reclamó, la mujer.
—Todavía te das de mal servida. No me fastidies —tirando la puerta se iba a las fiestas de los pueblos, a derrochar su fortuna.
Pasaron meses y a la pobre mujer se le acabaron sus provisiones. Pensó en su compadre Marcial, padrino de los niños: «Él siempre me ha sacado de apuros. Es un hombre muy bueno».
Marcial era propietario de muchas tierras, y una de ellas colindaba con el terreno de sus compadres.
—Compadre, ayúdeme, por favor. Sus ahijados no tienen qué comer.
—No te preocupes, comadre. Son tiempos malos.
El buen hombre le regalaba papa, maíz, trigo, verduras y dinero.
—Toma comadre, para alguna cosa que necesites.
—Dios lo bendiga, compadre. Gracias —las lágrimas brotaban de sus ojos, esta vez, de agradecimiento.
Una noche, Marcial regresaba después de abrir la toma de agua y regar su sementera. Eran las 12, cuando de repente, el ambiente fue invadido por un penetrante olor a azufre. Para su asombro, en la otra orilla del riachuelo vio un bulto negro, que se arrastraba sigilosamente por entre los hierbajos. Su caballo se encabritó, algo le impedía cruzar. Con el fuete le dio dos latigazos, pero el animal ni se inmutó.
Marcial, se armó de valor y gritó:
—¡¿Eres de esta vida, o  de la otra vida?! ¡Responde!
—Compadre, soy Timoteo. Vengo a despedirme y darle un encargo para Teodora y mis hijos —la claridad de la luna, redonda y brillante, le daba de pleno en la cara.
«No hay ninguna duda. Es mi compadre», pensó Marcial.
—¿Por qué no te despides de ellos tú mismo?
—Su comadre está enfadada conmigo, porque me he portado como un miserable. He sido un mal esposo y un mal padre. El dinero de la cosecha y de la venta de mis animales, lo he gastado en diversiones. Pero he guardado una parte, cerca del pozo, debajo de una piedra. Dígale que es para ella y para mis hijos, y que me perdonen.
—Compadre ¿a dónde te vas? —le preguntó.
—A un viaje muy largo, compadre. Adiós —y desapareció.
Esta vez, el caballo cruzó el río con tranquilidad.
En la puerta de la casa de Timoteo, había mucha gente. Se apeó del caballo y preguntó por sus compadres.
 Teodora al verlo, soltó un llanto incontenible y le contó que su esposo había muerto a las 8 de la noche, en un accidente.
 —Timoteo se ha despedido de mí —le dijo y le dio el encargo.
Fueron al pozo. Marcial quitó la piedra y encontraron el dinero envuelto en un periódico.
—Comadre —afirmó Marcial—, te ha dejado dinero para ti, para sus hijos y su entierro. Tienes que rezar para que su alma no siga vagando por los caminos solitarios.

PERFUME DE MUJER:


“Mujeres apasionadas”

Carmen Ollé



Si la segunda mujer ha sentido atracción por la primera, la misma que sintió por todos sus ex amantes, si para ella el placer es sinónimo del amor y éste mueve el mundo (…) entonces la segunda mujer está sola y se prepara para seguir estándolo por el resto de sus días.
Cuando la primera mujer haya olvidado a la segunda, ésta repasará el modo en que se le entregó la primera, sus gemidos, sus ojos en blanco. El sello de su más íntimo placer: el color de su trusa y el encaje en el preciso lugar donde se ha de romper.

BREVIARIO:


WhyNot magazine nº 13

Solo 4



La propuesta de “WhyNot” es única en Junín, ya que ha logrado congregar a escritores, periodistas y articulistas de la mejor data, incluso internacionales, entre sus páginas, además de ser una publicación muy visual y estética, de diagramación impecable e impresa en la mejor calidad, para no envidiar a otras de todo el país.
Este magazine cultural de bolsillo, vendido al menor precio (S/. 1) trata temas diversos de manera breve, pero con artículos de muy buena calidad que gustan, entretienen y se leen ágilmente. Búsquenlo en las librerías Íbero y La Familia, y en los quioscos de periódicos del centro de nuestra ciudad.

Zaha Hadid, reflexiones acerca de la arquitectura


Máximo Orellana Tapia

Centro Acuático de los Juegos Olímpicos Londres 2012, obra de Zaha Hadid
Zaha Hadid es una arquitecta iraquí, la primera mujer que ha obtenido el máximo galardón de la arquitectura o Premio Pritzker en el año 2004. Recientemente, fue nominada como la mujer del año 2012 por la revista británica “Glamour”.
Las reflexiones desde su oficio parten de que actualmente la arquitectura, en líneas generales, se halla escindida en dos vertientes o tendencias: la que está arraigada en la modernidad, y la que tiende a la sensibilidad poética. En esa perspectiva, manifiesta pertenecer a una tradición distinta, más emocional e intuitiva, aclarando que lo intuitivo no significa instintivo, por el contrario, la intuición es la suma de racionalismo y experiencia por lo que debiéramos ser capaces de operar con la lógica e intuición juntas.
La conexión de una obra con el entorno no es ajena a su preocupación, ella afirma que todo debiera encajar perfectamente, porque no tiene sentido que un edificio resulte adecuado en su propuesta formal, y no así en la estructura urbana del lugar, y que la nueva modernidad no debería hacer lo que el movimiento moderno, que “acabó con todo para empezar de nuevo”.
En cuanto al papel de la representación gráfica en el proyecto arquitectónico, explica que es “una forma de investigación” y a veces el resultado, pero que no debe llegar al extremo de “tomar el control del proyecto”, sino aportar información sobre el mismo para que, a través de los dibujos, podamos “recorrer” el proyecto al punto de entender la propuesta. Es así que las perspectivas, por ejemplo, nos pueden dar una idea no sólo del espacio sino de la calidad de la luz y su impacto.
Resalta la importancia de la planta de distribución, no sólo como “extrusión del volumen” sino más que eso, una “caligrafía” dentro de la que los espacios tienen que discurrir como una “línea”, como una “frase”. Refiere en su trabajo que nunca piensa en la planta sin la inmediata y respectiva sección, que para ella es decisiva y que tiene que desarrollarse al mismo tiempo, al igual que los elementos estructurales como el soporte o el espacio que también deben ser contemplados desde el principio.
Respecto a la utilidad y el uso de las computadoras en la gestación de sus proyectos, concluye que nunca las ha utilizado como herramientas de diseño, y es enfática al decir que las manos son mucho más ágiles; incide en que la enseñanza de la arquitectura en los últimos años está muy dominada por la tecnología, a tal punto que se pueden estar perdiendo muchas habilidades, quedando sólo la del manejo de los ordenadores, lo cual, como es de prever, resultaría negativo.
En su despacho se realizan y emplean con preponderancia maquetas físicas como “herramienta de elucubración espacial”, más allá de ser sólo el resultado final tridimensional de los dibujos.
En lo que concierne al “Concepto” en la arquitectura, menciona que es una dimensión interesante e ineludible que forma parte de su trabajo en los proyectos que aborda. Precisa que esta labor debe, al final, arribar a una forma de pensar, no sobre el objeto en sí sino sobre la arquitectura. A menudo olvidamos que ésta debe proporcionar placer, aquel que uno puede sentir al encontrarse en un lugar espléndido, en una habitación muy agradable y que por ello siempre tendría que existir el compromiso de crear espacialidad como objetivo esencial dentro de la composición.
Estos meditados consejos, síntesis de una entrevista “in extenso” publicada en 62 páginas aproximadamente de la revista española “Croquis”, me parecen interesantes y se suman al homenaje a su inigualable trayectoria —más aun cuando en el año 2010 tuve la posibilidad de visitar una de sus obras en el Reino Unido: el Centro Acuático de los Juegos Olímpicos Londres 2012—, y constituyen un aporte importante para quienes formamos profesionales en las diferentes escuelas de Arquitectura, así como en la constante búsqueda y preocupación por una mejor calidad en nuestros entornos construidos, donde el ejercicio arquitectónico juega un papel preponderante.