sábado, 5 de febrero de 2011

Autógrafa inédita de José María Arguedas

Transcripción



La mujer es realmente la expresión más pura y hermosa de la capacidad de creación que tuvo el mundo. Muchas veces el hombre descubre la belleza y la armonía del universo porque ella lo quiere y lo inspira. Ella crea en el espíritu del hombre, despierta en su conciencia la capacidad y el ansia de comprender lo maravilloso del mundo y lo maravilloso que es propio mundo interior de quien ama y sufre, y la fuerza misma de luchar, y de conocer el ideal existe en el hombre porque la mujer que le inspira, porque la mujer ilusiona su alma y inspira los latidos de su corazón.

José María Arguedas en carta dirigida a Cecilia Bustamante de Arguedas.
Sicuani, 1940.

sábado, 29 de enero de 2011

Solo 4 “350” del 29 de enero de 2011

Levantó la cara al pálido día. ¿Estás ahí?, susurró. ¿Te veré por fin? ¿Tienes cuello por el que estrangularte? ¿Tienes corazón? ¿Tienes alma maldito seas eternamente? Oh, Dios, susurró. Oh, Dios.
Cormac McCarthy, La carretera

La tunantada, Patrimonio Cultural de la Nación


La tunantada, danza típica de Yauyos, en Jauja, fue declarada por el Ministerio de Cultura como Patrimonio Cultural de la Nación. Este acto se hizo con la presencia del viceministro de Interculturalidad José Carlos Vilcapoma Ignacio, quien entregó la Resolución Viceministerial Nº 076-2011-VMPCIC-MC, del 21 de enero de 2011, que contiene la mencionada declaratoria.

Dona, la sobrina carnal de José María Arguedas

Huancaína de corazón, vive en nuestra ciudad hace setenta años

Tiene la mirada viva, los ademanes prestos, la vida marcada en los nobles surcos de su piel. Se llama Donatilda Arguedas Matamoros, “Dona” para los amigos, y es la sobrina carnal de José María Arguedas. Hija de Félix Arguedas Altamirano, hermano del notable escritor peruano, vive desde los catorce años en Huancayo y aquí hace un recuento lúcido de su vida al lado del gran escritor.

“Llegué muchachita de Andahuaylas, para vivir y trabajar en Huancayo, y fue aquí donde conocí por primera vez al tío José María”, dice Dona. Habla con energía, con absoluta convicción, y nos pide que le hablemos un poco fuerte porque el oído la traiciona. “La primera vez que lo vi me sorprendió su cariño, el afecto que mostró por mí, seguramente porque yo era la única hija de su querido hermano Félix, que murió joven”.
Dona tiene la memoria tan viva como su mirada. Recuerda que José María era muy alegre, muy querendón, y que tenía muchos amigos, le gustaba cantar en quechua y tocar la guitarra. “Yo lo conocí en los años cincuenta, cuando él venía a Huancayo y lo recibían sus amigos”. Entre ellos figuraban, en primera línea, Leoncio Rojas Izarra (fallecido hace poco a los 102 años), Sergio Quijada Jara, Manuel Baquerizo Baldeón, Federico Gálvez Durand y otros más, con quienes siempre estaba trabajando temas de antropología, arqueología y cultura.
Dona tiene anécdotas que contar de su famoso tío: “Era alegre, pero se deprimía mucho y por eso siempre estaba amenazando con suicidarse, tanto así que una vez mi tía Nelly, la última de las hermanas, le dijo ‘ay, José María, tú tanto amenazas con matarte y nada’. El tío se resintió por eso y cambió su testamento sin dejarles nada a sus hermanos. Lamentablemente, ya sabemos cómo terminó el tío”. Nos confía algo que pocos saben: José María Arguedas intentó suicidarse más veces de las que las crónicas oficiales dan cuenta, tal como lo contó él mismo en sus cartas familiares. “Lloré mucho cuando me enteré de su suicidio, como su familia que era, porque se había hecho querer mucho”, dice Dona.
Cada vez que él llegaba a Huancayo, ella lo apoyaba en todo, igual como lo hizo, después de su muerte, con su viuda Sybila Arredondo, cuando ella decidió radicarse un par de años en Huancayo. “Yo le busqué la casa donde vivió ese tiempo. Fue en la Avenida 13 de Noviembre y Huancavelica. Ella me quería mucho y estuvimos muy cerca durante toda esa temporada”.
El rostro de Dona se agrava cuando le toca hablar de la supuesta hija de José María. “No es verdad que mi tío José María haya tenido una hija secreta en Apata, como dicen algunos aquí en Huancayo. Mi tío no podía tener hijos, porque sino los hubiera tenido en sus dos matrimonios, o con la chica que tuvo en Piura. Además, qué razón tenía él para esconder a una hija. Si la hubiera tenido, estoy segura que no la hubiera ocultado, sino que se hubiera sentido muy orgulloso de ella. En la familia se dice que mi tío José María conoció a la mamá de la supuesta hija cuando ya estaba embarazada. Mi tío Arístides hizo una declaración al respecto en La Voz de Huancayo, donde desmentía la paternidad del tío José María, porque él sabía que no era cierto”. Dona, siempre enérgica, briosa, dice que José María Arguedas envió una carta al Arzobispado de Huancayo para que retirara el apellido que la mamá le había puesto a la niña. Asegura tener esa carta entre sus cosas: “Es más, sabemos que Vilma (la supuesta hija) estudió el colegio con los apellidos Ponce Ponce. Recién cuando muere el tío José María, en 1969, se hace poner de nuevo el apellido Arguedas. Imagino que lo hizo para heredar los derechos de autor”, dice Dona.
Hay mucho más pan para rebanar, pero las cosas deben hacerse con calma, pues tenemos Dona para rato y, por ello, preferimos dejarla por el momento.

Semblanza: Rubencho

José Oregón Morales

Tus pasos ya son del mundo de arriba, Rubén Morales Valdez. Clarito estoy viendo tu rostro apasionado en los teatros de Huancavelica cuando, muy jóvenes todavía, al lado de Valentín, añadíamos fuego a las protestas de nuestra tierra subidos a las tablas de nuestras esperanzas. Tengo una pena de no haber podido decirte adiós en el camposanto y de no haberte cantado la canción que te apasionaba tanto. Ahora, masticando amarguras, recuerdo los años de muertes y desapariciones; recuerdo aquella tarde que, confundido con las penumbras de la mala hora, llegó hasta nosotros el maestro Ricardo Dolorier:
—Estoy amenazado, en cualquier momento me matan. Debo dejarte mis composiciones antes de morir.

Poncho de negra puna.
Culebra de largo frío.
Están matando el rocío.
Que no lo maten Dios mío*.

Era la canción dedicada a los periodistas de Uchuraccay. La guitarra amansaba hasta la ternura a nuestros bestias corazones.
—Debe ser muliza, debe ser muliza. Si la muerte me recoge, las cantarás por favor en mi nombre.

Que no lo sepa la aurora,
no se lo digan al viento.
Reventando están centellas
cerquita de las estrellas

Arden mi canto y mi voz.
Arden mi raza y mi orgullo.
Arde la flor en capullo.
Arde mi rabia en un puño.

Antes del amanecer, entre las neblinas pertinaces de Azapampa, se perdió el maestro Ricardo con su saco plomo, del mismo color que las neblinas. Las letras como fierro ardiente de la herranza quemaron las cortezas de mi corazón sediento. Abrazado a mi guitarra me las fui cantando por los pueblos que se afincan a lo largo del Mantaro. Y una tarde, en el viejo “Santi”, las escuchaste, Rubén, y pulsando las cuerdas de la tuya me pediste que te las enseñe. No son mías, Rubencho. Son del maestro Ricardo Dolorier. Con tus ojos grandes de sapo tierno devorabas cada letra, cada nota; tus manos diestras pulsaban tu guitarra. Cuídate, Rubén, cantarlas significa una sentencia de muerte. Pero no tuviste miedo de levantar tu voz como un “Illareck” de fuego rompiendo las oscuridades de los cielos y las grabaste con tu conjunto musical:

Mirando estaba la tarde,
y lo han desaparecido.
Mirando estaba la vida,
y lo han desaparecido.
Vayan, busquen compañeros.
Griten su nombre a los cerros.
Que no quede ni un lucero
sin alumbrar su camino.
Y si encuentran su tumba
bajo una piedra olvidada,
lancen con esa piedra.
Que reviente su granada.

Como “Illareck”, rayo, padre del Arco Iris, fue tu vida, Rubencho, corta y fulgurante, tronadora y refulgente. Como un Illareck remontaste la cordillera oriental de tu Tayacaja y viniste a clavar tu fuego en Huancayo, a las riberas del Hatun Mayu. En este espacio que finalmente nos acogerá a todos. ¿Sabes, Rubén? Yo también me voy, porque esta guadaña ha pasado muy cerca de nuestros tallos cansados, respirándonos la memoria con sus fríos requerimientos. Es necesario que muera la mies para que florezca la espiga.

Por cinco esquinas están.
Los sinchis entrando están.
Para matar estudiantes
huantinos de corazón.
La sangre del pueblo tiene rico perfume,
huele a jazmines, violetas, claveles y margaritas.
A pólvora y dinamita
¡Carajo!
¡A pólvora y dinamita!

* Todos los versos pertenecen al maestro Ricardo Dolorier.

Perfume de mujer

El desierto del amor

François Mauriac
No desnudó más que el estrecho espacio contusionado y volvió a cubrirlo. Mirando fijamente el reloj, se puso a contar las pulsaciones. Aquel cuerpo le era confiado para que lo curase, no para que lo poseyera. Sus ojos saben que no es su misión maravillarse, sino observar. Contemplaba aquel cuerpo ardientemente, con toda su inteligencia. Su espíritu lúcido cierra el camino al triste amor.

El libro que cambió mi vida

Crónica de una muerte anunciada

Diana Panez García


Con aproximadamente ocho años descubrí que había algo más allá de Caperucita Roja y Blanca Nieves (lo intuía). No podía creerme ese mundo dulce y malévolamente planeado para la perfección (lo que me vendía la abuela, quien con cuentos rosas me enseñaba a leer). Así fue como lo encontré: decidida a esculcar entre los libros de papá, hallé uno pequeño (a mi edad eso me atrajo muchísimo, pero el título lo hizo más). ¿Cómo puede estar una muerte ya anunciada y además ser narrada?, me pregunté. Eso me encantó. Mi viejo ejemplar de “Crónica de una muerte anunciada” llevaba en la portada un gráfico llamativo que entonces me pareció violento, aunque no al punto de amedrentarme.
Nuestra relación se inició esa misma tarde. Realmente viví aquella historia. Sufrí como una habitanta más de aquel pueblo que sabía que Santiago moriría pero no pudo advertirle. Me ilusioné (a pesar de ya conocer el final) creyendo que Cristóbal Bedoya podría salvarlo. Lloré cuando lo asesinaron. Me estremecía al conocer el arma con la que los hermanos Vicario matarían a Santiago; me tardé en entender la importancia del honor, y deduje que “la prima boba” lo mató.
Comencé saliendo de casa junto a Santiago (sin tanta fe), no calculé el alcance de aquel sueño, y le hice un guiño a Divina Flor. No volví a toparme con “Cristo B”. Saludé a mi novia y no entendí lo del rifle de mi suegro, tiré las cartas y me fui. Con ocho años de existencia, esa crónica llegó a mí para abrirme los ojos, arrancarme unas lágrimas y amar a Gabriel García Márquez. Por años lo guarde entre mis cosas de mano. Podía (y puedo) leerlo cuando se me antoje. Era además el texto que recomendaba a mis compañeros de clase, acostumbrados a esas historias baratas de quienes creen tener las respuestas a todos los problemas.
Finalmente, fui yo quien le dijo (con lágrimas vivas) a Wenéfrida Márquez: “Que lo mataron niña Wene, que lo mataron”, y con él a mí (aprendiendo a vivir las historias que leía).

Microcuento

El botín
Giulissa Segura Quiroz

Cual viento huracanado corría la fiera por aquellos verdes prados, tan libre y viajera como siempre lo fue. Su pálida crin se mezclaba con su mirar azulado, y sus fuertes pisadas estremecían al más bravo guerrero. Un disparo sordo se oyó a lo lejos, el destello cristalino de su más preciado tesoro cayó en la grama. “Tu libertad ahora es mía, evasivo unicornio”, pronunció el alquimista dispuesto a tomar su botín.

Tiempos de agitaciones: Arguedas y “Santa Isabel” de Huancayo

Eduardo Valentín Muñoz

Según Carmen María Pinillas y Temístocles Bejarano, el 15 de marzo, en que se iniciaba el año escolar de 1928, una noticia publicada en “El Heraldo” trastocó el regocijo estudiantil lorentino. La dictadura de Leguía había decidido cambiar al director del más importante centro de estudios de la región, el Colegio “Santa Isabel”. El maestro Antonio Guillermo Urrelo, muy apreciado por los isabelinos, era cambiado por Juan Francisco Franco, para entonces director del San José de Jauja. Este y otros cambios en la plana de docentes propició la respuesta de los estudiantes que en ese momento decidieron formar una organización federativa: Federación Estudiantil Isabelina (FEI), integrada por alumnos de distintos grados, encabezada por Jorge Prialé como Presidente y por José María Arguedas Altamirano como Vicepresidente. Esta fue la estructura que condujo una importante movilización con desplazamientos a Jauja y por casi toda la ciudad de Huancayo. La FEI tuvo, a iniciativa de Arguedas con sus cortos 17, que llegaba trasladado de Ica al tercer año de secundaria, un tabloide que tomó el nombre de “Antorcha” y que salió a la luz, el 1º de junio de 1928, en la histórica imprenta de Gregorio Lazo Sánchez, periodista de ideas renovadoras y guía de la juventud ávida de paz y justicia social. En este impreso salen por primera vez las ideas progresistas y germinales de nuestro posterior autor de “Los ríos profundos”.
En 1928, Huancayo se iba proyectando como ciudad que expresaba un crecimiento desigual, marcado por las diferencias sociales. Precisamente, Antonio Urrelo, como director de “Santa Isabel”, había llevado a cabo con maestros y estudiantes isabelinos el censo poblacional de 1927, donde se señalaba que Huancayo era una ciudad con 11,164 habitantes en el radio urbano y 24 mil habitantes para todo el distrito. Es por estas iniciativas que Urrelo y el colegio de Lorente, tenían el aprecio de toda la ciudadanía. Este era el contexto que recibía y defendía, el joven Arguedas, en Huancayo.

Función continuada: El escritor oculto

Las memorias de Tony Blair

Juan Carlos Suárez Revollar

Roman Polanski es uno de los mayores maestros del cine que continúan en actividad. Su obra aborda diversos géneros, desde el horror: “Repulsión” (1965), “El bebé de Rosemary” (1968); el policial: “Chinatown” (1974); el thriller erótico: “Luna de hiel” (1993); la comedia: “El baile de los vampiros asesinos” (1967), “Piratas” (1986); y el drama, con los dos títulos que conforman lo mejor de su filmografía: “Tess” (1979) y “El pianista” (2002).
Su último trabajo, “El escritor oculto” (“The Ghost Writer”, 2010), es un thriller político, adaptado a partir de la novela “The Ghost” de Robert Harris. El ex primer ministro británico Adam Lang (Pierce Brosnan) enfrenta un juicio por crímenes de lesa humanidad en Irak; y al mismo tiempo está a punto de publicar sus memorias, pésimamente escritas. Por ello la editorial contrata a un escritor oculto (Ewan McGregor) —personaje de aquella oscura clase de escritores a sueldo cuyo trabajo es finalmente firmado por su emplead or, y que son también conocidos como negros literarios— para que las reescriba.
Los evidentes paralelos entre Lang y el otrora primer ministro británico, Tony Blair, permiten a Polanski mostrar su desprecio por aquél, al caracterizarlo artificial, ridículo; y lo más claro, como un fantoche de la geopolítica estadounidense. Por eso mismo, este filme podría catalogarse como un ensayo político o una historia de tesis. Sin embargo, pesa más la pericia del director para que la historia sobrepase al discurso que se pretende transmitir. El tratamiento visual usa tonos fríos, y un ambiente permanentemente nublado, lluvioso y frígido. A ello se suma el peso del encierro y el atosigamiento por la falta de libertad que viene de parte de guardaespaldas, periodistas y activistas. El permanente peligro y persecución a los que están sometidos los personajes, parecen no poder evitarse, principalmente para el escritor oculto. Ello se agrava al empezar a hurgar entre los indicios de crimen en la muerte de Mike McAra, su antecesor con el manuscrito de las memorias. Se establece, además, de a pocos, puntos en común entre ambos escritores; y se pasa de la antipatía por el primero a su identificación con la causa que éste perseguía y que lo habría llevado a la muerte. Es por eso que el apoliticismo inicial del nuevo escritor oculto va desapareciendo según avanza la trama.
La conclusión que parece dejarnos Polanski es la impunidad que hay, pese a todo, para hombres poderosos como Adam Lang o Tony Blair, esa vieja estirpe de políticos que, en el filme, aparecen por doquier y en casi cualquier bando. Sin dudas, “El escritor oculto” es la mejor película de Polanski desde “El pianista”.

El escritor oculto
Director: Roman Polanski
Título original: The Ghost Writer
Duración: 128 minutos
Países y año: Francia, Alemania e Inglaterra, 2010.
Idioma: inglés con subtítulos en español


Y en cartelera:
Tras el breve paso de “El escritor oculto” de Roman Polanski por la cartelera comercial de Huancayo, se puede ver ahora “Red social” de David Fincher, otro filme de alto nivel que hay que procurar no perder, y que reseñaremos la próxima semana. Quedamos a la espera de “Más allá de la vida” de Clint Eastwood y “La cinta blanca” de Michael Haneke.

sábado, 22 de enero de 2011

Solo 4 “351del 22 de enero de 2011

El cielo es energía; el hombre, la tierra. Y de la mujer nacen la vida y la muerte. ¡La muerte es también energía, cuando no se ha gastado la sangre en martirizar a los otros! La sangre llega pura a la tierra, más pura que la tierra, como Dios la creó.

José María Arguedas, Todas las sangres

Lo último

Convocan a Coloquio de Antropología y Literatura

El centro de estudios: Sociedad, Ciencia y Arte, lanzó la convocatoria a estudiosos y académicos de la antropología y la literatura a participar, como ponentes, en el VII Coloquio Internacional de Antropología y Literatura “José María Arguedas”, que se llevará a cabo durante el mes de agosto en nuestra ciudad. “Existe mucha expectativa pues, nos encontramos celebrando el centenario del nacimiento de José María Arguedas. Por tal razón, las mesas de trabajo girarán en torno al legado de nuestro gran amauta”, manifestó el presidente del SCAF, Manuel Perales.

“La poesía siempre va a tener vigencia”

Sandro Bossio Suárez

“Abandonda luna” es un poemario interesante, surgido de las entrañas mismas de un joven poeta huancaíno que ya ha dado importantes pasos en la poesía. En la siguiente entrevista, Enrique Ortiz Palacios, su autor, nos habla de la inspiración, de la vida, de la lectura, pero también de su último libro.





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¿Qué concepción tienes de la poesía?

Para mí la poesía, como manifestación artística, es la recreación de un mundo paralelo al que vivimos y al que quisiéramos perfeccionar. También, la poesía es un arma poderosa que sin gastar ni una sola bala puede hacer del hombre un ser mucho más sensible con su realidad.

¿Todavía está vigente?

La poesía siempre va a tener vigencia, a pesar de que otros géneros, como la novela, le están robando últimamente titulares. Si hacemos un recuento de las épocas de esplendor de la poesía, ha sido justamente después de conmociones mundiales como las guerras. La poesía cumple un papel catalizador porque favorece al desarrollo, leer poesía, escribir poesía nos aleja de la bestialidad.

¿Hoy existe una poesía como la concebimos clásicamente?

Las formas han cambiado pero la esencia sigue siendo la misma, el contenido no ha variado. El tema del amor, por ejemplo, sigue siendo el “leit motiv” a lo largo de la historia. Lo que sí me parece lamentable es como se la enseña en los colegios. Los estudiantes la temen porque no “la entienden” y no les han explicado que la poesía más que para entenderla es para sentirla. Que el estudiante memorice figuras literarias no es relevante. Te aseguro que si les hacemos redescubrir a Bécquer, comprobarían que las cancioncillas de ahora son tan simplonas.

Este es tu tercer poemario. Dista estéticamente del primero, pero mantiene la
misma fuerza y belleza del segundo. ¿Fue tu intención mostrar una evolución
poética?


Claro, el artista siempre quiere perfeccionar su arte, es una forma de inconformismo de rebeldía a lo trivial. Del primer libro a este hay una distancia cronológica de trece años y al volver a sus páginas compruebo que he madurado y eso me anima a seguir bregando con la palabra, no es nada fácil, es un largo proceso de corrección que francamente te dejan agotado.

El lenguaje de tu poesía es fulgurante. ¿Te cuesta mucho encontrar los términos adecuados?

Como lo dije líneas arriba, sí me cuesta mucho, suelo trabajar hasta con cuatro diccionarios para corregir o encontrar la palabra adecuada. Es frustrante querer expresar lo que ronda en nuestro mundo interior y no hallarlas. Ahora comprendo a Neruda más que nunca cuando compara el trabajo del escritor con la del pescador: “el escritor debe volver a pescar, contra el frío, contra el hielo, contra el agua hasta recoger una pesca mayor”.

Trabajas mucho la estética… Pero también hay una gran fuerza interna, poética, en tus versos. ¿Crees que eso es innato o se puede aprender en un taller?

Considero que los seres humanos nacen con talentos que al descubrirlos tempranamente les permiten perfeccionarlos. El mejor taller, para mí, son las lecturas de los grandes escritores, de los grandes poetas, de aquellos que sobrevivieron al tiempo, al que con causa justa se les llama clásicos.

Tu libro tiene una arquitectura musical: luna nueva, luna creciente, cuarto
menguante; algo así como las cuatro estaciones de Vivaldi. Y cada "luna"
responde a un ritmo y una voz poéticos diferentes, acordes. ¿Fue intencional?


Sí fue intencional, quise conjugar las etapas de la luna con los estados emocionales del hombre. Sus momentos de lucidez, sus circunstancias sombrías, el dilema del amor y el temor a la muerte. Y el título pretende llamar la atención del abandono o desesperanza que no nos redimen, que nos esclavizan. Como cuando nos dicen “no te abandones”.

¿Quiénes son tus referentes poéticos?

Neruda y su relación con el amor, Vicente Aleixandre a quien le debo el título del libro en el poema “Corazón negro” cuando dice: “triste historia de un cuerpo que existe como existe un planeta, como existe la luna, la abandonada luna, hueso que todavía tiene un claror de carne”. A Vallejo, infaltable, en lo irreverente para reinventar el idioma.

¿Por qué crees que hoy en día se lee menos poesía que antes?

Por falta de referentes, de difusión, ni siquiera aparecen textos poéticos en los planes de lectura. Y te aseguro que nos perdemos de un alimento espiritual que nos devuelve la esperanza cada vez que queremos arrojarnos de un puente o un edificio.

EL LIBRO QUE CAMBIÓ MI VIDA

“El pez en el agua” de Mario Vargas Llosa


Martín Chilo Espinoza

Fue hace más de diez años cuando empecé a leer a Mario Vargas Llosa. Antes leía obras clásicas de Víctor Hugo, Alejandro Dumas, Edgard Allan Poe o Gustav Flaubert. Siento que mi caso fue atípico, ya que decidí leer su libro autobiográfico, “El pez en el agua”; en cambio, algunos compañeros de colegio y universidad primero se embarcaron en libros como “La casa verde” o “La ciudad y los perros”. Luego de leer este fascinante libro, saque la conclusión que los elementos culturales, así como personales, eran la piedra fundamental de la corriente literaria denominada: “Realismo mágico”, cuyos exponentes mezclan temas profundos como la soledad, la incapacidad del amor —a fin de explicar la existencia humana—, y el fatalismo.

“El pez en el agua” tiene una exquisita propuesta. Mezcla la vida personal de Vargas Llosa, con su corta carrera política durante la campaña presidencial de 1990, en la que fue derrotado por Alberto Fujimori.

En cada capítulo identifique cosas que me ayudaron mucho en mi manera de pensar. En el aspecto artístico, comprendí que sí se podía trasladar al campo de la literatura las experiencias personales, y jugar a cada instante con el tiempo a fin de crear un suspenso —delicioso— en el lector.

Asimismo, “El pez en el agua”, para mí, es más que un libro autobiográfico, viene a ser una radiografía de lo que fue el Perú durante la década del noventa –sobre todo, durante aquellas elecciones presidenciales–, debido al clima de violencia que se vivió en nuestro país, y como un hombre comprometido con su nación, Vargas Llosa demostró que sí se podría hacer una campaña política enarbolando la bandera de la verdad y la decencia.

En los capítulos que evoca su vida personal, revela el shock que le produjo el conocer la existencia de su padre a quien creía muerto. Además, podemos darnos cuenta de las peleas que tuvo con él. Estas rencillas obligaron al pequeño “Mario” a refugiarse en la lectura, que para él es una aventura mágica, y en la escritura, como una manera de rebelarse contra la realidad y el tiempo tangible.

Hoy a más de 17 años de su publicación, rindo un tributo personal al “Pez en el Agua” y puedo decir que es uno de los libros que marcó mi vida, por su estilo de narración que me cautivó y fue el inicio para leer obras como: “Conversación en La Catedral”, “Lituma en Los Andes”, “La tía Julia y el escribidor” y “La Fiesta del Chivo”.

UNA PLAZOLETA HIPERSATURADA EN EL CORAZON DE LA CIUDAD

Máximo Orellana Tapia

Entre los céntricos espacios públicos que tenemos en la ciudad, se encuentra una plazoleta sin nombre ubicada entre el Jr. Ancash y Piura, parte integrante de la plaza Huamanmarca dentro de una superficie aproximada de tan solo 364 m2. que la convierte en un espacio relativamente pequeño, más si se tiene en cuenta la densidad prevista en el Plan de Desarrollo Urbano 2006-2015. Para este sector en la que progresivamente podrán ir perfilándose edificaciones de hasta ocho plantas por ser una zona de comercio metropolitano.
Esta plazoleta, siendo uno de los espacios más próximos al emplazamiento del gobierno loca,l presenta en la actualidad una espacialidad poco afortunada debido a que, recientemente, han sido “insertados” dos vagones pertenecientes al otrora “tren macho”, los cuales se encontraban en desuso y que fueron donados por la municipalidad de Lima bajo el lema: “Escuelas móviles de la solidaridad”, que actualmente están siendo utilizados como cabinas de internet.
Esta desacertada inserción ha generado una espacialidad hipersaturada, por cuanto la circulación es caótica y las áreas verdes han quedado reducidas a una mínima superficie, a la que se suma el protagonismo de elementos de cierta agrupación política perteneciente al mate que supuestamente “adorna” este espacio.
La superficie interior se halla enrejada y no es accesible por el desnivel que presenta, de aproximadamente 70 cm., con respecto a las aceras circundantes. Luego de haber visitado el lugar, así como de recoger la opinión de algunos vecinos de las propiedades colindantes, se puede afirmar que si bien es encomiable la preocupación por la educación y el reciclaje de elementos para nuevos usos; sin embargo, es inadmisible que los escasos espacios de la ciudad sean hipersaturados sin mayor análisis ni preocupación por el ornato y la calidad de espacios, lo cual, obviamente, no contribuye a la buena imagen urbana que debe existir esencialmente en el centro de la ciudad.
Desde esta columna, hacemos un llamado a las nuevas autoridades para que la recuperación del espacio público de la ciudad sea una de las tareas más importantes que se tenga por afrontar, porque en estos últimos años se ha visto que la pretendida “sostenibilidad” esgrimida, no ha sido más que una patraña publicitaria y politiquera, la cual siempre ha ignorado que las plazas, plazoletas y calles son esencialmente para las personas, y no el contenedor de una absurda y obsesiva colocación de objetos, como si se tratara de un patio trasero a los que tenemos que estar negados para su libre accesibilidad y disfrute.

Microcuento

El nacimiento de Mirjam

Jim Ramos Ñañez



Mirjam, descubrí que uno puede morir
Y nacer cuando quiere.
Hoy he muerto y he vuelto a nacer
a los treinta años, mientras leía tus cuentos.
Las palomas están volando, Mirjam.


¡Vuelan! ¡Vuelan!




Perfume de mujer

Cerca de él, en la cama, la morena gemía cada vez más fuerte; él le cogió los pechos. Tenía una erección de caballo. Christiane acercó la boca, empezó a cosquillearle el surco y el frenillo del glande con la punta de la lengua. Otra pareja se sentó a su lado; la mujer, una pequeña pelirroja de unos veinte años, llevaba una minifalda de plástico negro. Miró a Christiane, que le seguía lamiendo; ella le sonrió, se levantó la camiseta para enseñarle los pechos. La otra se subió la falda revelando un coño muy poblado, también pelirrojo. Christiane le cogió la mano y la guió hasta el sexo de Bruno. La mujer empezó a masturbarle mientras Christiane acercaba otra vez la lengua.

Michel Houellebecq, Las partículas elementales

Función continuada: Red social

Juegos corporativos en la era Facebook

Juan Carlos Suárez Revollar

David Fincher rodó en 1992 “Alien 3” y en 1995 “Pecados capitales”. A partir de entonces ha dirigido filmes de importancia como “El juego” (1997), “El club de la pelea” (1999), “La habitación del pánico” (2002), “Zodiaco” (2007) y “El curioso caso de Benjamin Button” (2008).
“Red social” (The Social Network, 2010) nos plantea la forma en que el joven —e idolatrado— Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg) creó la red social Facebook, que ha crecido vertiginosamente hasta convertirse en la mayor plataforma de interacción social de Internet, y lo ha hecho a él, al mismo tiempo, el multimillonario más joven del mundo.
El filme arranca en los propios comienzos, cuando Mark pone en línea una pequeña plataforma social —un protofacebook— que compara fotografías a la busca de la universitaria más sexy de Harvard, lo que le generará la antipatía generalizada y buen número de problemas, aunque ello no parece importarle demasiado. La inserción como hilo conductor de la narración de los careos de las demandas que el ya exitoso Mark debe enfrentar, dota al filme de mayor complejidad estructural, y torna en pasado mediato lo que se veía hasta ahora.
El personaje de Mark nos es presentado como un superdotado en la programación informática, con problemas de actitud, y muchas dificultades para relacionarse con las personas (para un ejemplo, su involuntaria patanería lleva a su novia a dejarlo plantado). Otra característica suya es el cinismo y falta de escrúpulos al momento de tomar decisiones, aun si éstas perjudican a quienes confiaron en él, como su amigo Eduardo Saverin (Andrew Garfield), quien lo terminará demandando. Esa tendencia hace de Mark un ser solitario, en contraste con la red de millones amigos que viene impulsando. La presencia de Sean Parker (Justin Timberlake) atenúa esto en parte. Ambos hablan un mismo idioma y piensan igual. Para ellos la actividad corporativa es, a su modo, una travesura. Por eso les divierte Napster, esa herramienta creada por Sean que casi hizo quebrar a la industria discográfica. Saben, eso sí, que están haciendo algo grande que cambiará el mundo —como lo supo Bill Gates, su referente, en su momento—, y que cada acción que tomen influirá en ello.
“Red social” es el irónico retrato de la volatilidad corporativa mundial y de la transformación del individuo a causa de su opresión por la información. Se trata de un gran filme, y de lo mejor de la obra de David Fincher.


Red Social
Director: David Fincher
Título original: The Social Network
Duración: 120 minutos
Idioma: inglés con subtítulos en español
País y año: Estados Unidos, 2010

Y en cartelera
“Red social” acaba de salir de la cartelera comercial de Huancayo tras una semana de proyección. Si bien ahora no hay nada de ese nivel, “Enredados” (Byron Howard, 2010) se presenta como lo mejor. El crítico A. O. Scott de “The New York Times” ha escrito que “combina la complejidad sicológica con la simplicidad de la historia”. “Imparable” (Tony Scott, 2010), por su parte, tiene cierto interés. Estaremos a la espera de “Más allá de la vida” de Clint Eastwood y ahora de “El cisne negro” de Darren Aronofsky.

De Cuerdas y Repercuciones

Cuando un amigo se va

Pío Altamirano

“Queda un tizón encendido que no se puede apagar ni con las agua de un río”, canta Alberto Cortez en una memorable canción. La partida de músicos amigos, el año que pasó, nos llenaron de nostalgias, recuerdos y reflexiones. Felipe Lazo “Chocho”, director del grupo de música del recuerdo “Los viejos verdes”, nos dejó por una enfermedad mal tratada. Zósimo Matos, por un fortuito accidente, dejó de pulsar la guitarra eléctrica, esa del rock de los 80 y 90, como él sabía. Esto llevó a la necesidad de plantear un gremio que vele por las necesidades de los músicos, y así, se formó la Asociación Cultural de Artistas Musicales de la Región Junín – ACAMUREJ.

El recordado y querido Beto Mieses, fundador del grupo The Five The, de los 70s, una formidable guitarra rítmica, voz y contador de anécdotas memorables, fue fundador de la movida rock – pop en Huancayo, desde la década de los sesenta.

Un grande, de la guitarra clásica y popular, nos dejó consumido por la depresión y la miseria. Sólo sus amigos más cercanos velaron por él hasta sus últimos días: Roger Jerí, huancavelicano, afincado en nuestra tierra, para orgullo nuestro.

Allá por los años ochenta, el único auditorio, el de la municipalidad de Huancayo, se agitaba durante todas las semanas, con espectáculos vivos de danzas, teatro, poesía, música andina y latinoamericana. El público, entonces, abarrotaba el lugar y en silencio, escuchaba las propuestas musicales. Los “Llaqta Wayra”, “Sierra Intensa” y el grupo “Illareck” con la cálida voz de Rubén Morales , llamaban a la reflexión, marcando un estilo propio. Así, Rubén hizo docencia, por donde transitó. Su talento lo llevó por la música, la danza, el teatro, la declamación y el periodismo. Grandes ausencias, que invitan a reflexionar sobre la labor de nuestros artistas, y de otros anónimos que no los mencionamos aquí. Hasta siempre amigos.

El Alto Amazonas: un clásico de la arqueología amazónica ahora en nuestro idioma


Manuel F. Perales Munguía

Las investigaciones arqueológicas en la Amazonía siguen siendo escasas en nuestro medio y, por esta razón, muchos de los planteamientos desarrollados por el destacado antropólogo norteamericano, Donald W. Lathrap en su clásico “The Upper Amazon”, publicado en 1970, permanecen aún vigentes. Ahora, gracias a un esfuerzo conjunto entre el Instituto Cultural Runa y Chätäro Editores, tenemos por fin a nuestro alcance la primera edición de este libro en lengua hispana. Como señala Santiago Rivas Panduro, su editor, en ella podremos encontrar datos, hipótesis y propuestas teóricas de primera importancia que nos ayudarán a conocer y comprender mejor el singular proceso de desarrollo cultural que han experimentado las poblaciones de la floresta amazónica, desde los tiempos de la ocupación humana del sitio de Tutishcainyo, cerca de Pucallpa, unos 1800 años atrás, hasta la formación de los actuales grupos étnicos que habitan la Amazonia, con lo que se sustenta una continuidad cultural entre los pueblos pasados y presentes de la región. Por estas razones, “El Alto Amazonas” es, sin duda, un material necesario, incluso para el debate acerca de la reivindicación cultural de nuestros ancestrales pueblos amazónicos.