LA CITA
“Pero ocurrió así, porque en esta vida rara vez ocurren las cosas como los pichirruchis las planeamos”.
Mario Vargas Llosa, Travesuras de la niña mala
lunes, 3 de octubre de 2011
Solo 4, “384”, del 24 de setiembre de 2011
LO ÚLTIMO
Concurso de novela corta “Premio Ciudad Incontrastable 2011” cierra su convocatoria
La Municipalidad Provincial de Huancayo y el sello Bisagra Editores, con el propósito de contribuir al desarrollo literario y cultural de la región centro del Perú, llaman a todos los todos los escritores interesados a participar en el I Concurso Nacional de Novela Corta “Premio Ciudad Incontrastable 2011”, el cual cerrará su convocatoria este viernes, 30 de setiembre.
El Jurado es presidido por Carlos Calderón Fajardo, acompañado por los también escritores Julián Pérez y José de Piérola. El premio del certamen consiste en la suma de S/.6000 Nuevos Soles, más diploma de honor y la publicación total de la obra. Las bases completas las podrán encontrar en nuestro blog y en el de Bisagra Editores, además, en el perfil de Facebook “Suplemento Solo 4”.
La Municipalidad Provincial de Huancayo y el sello Bisagra Editores, con el propósito de contribuir al desarrollo literario y cultural de la región centro del Perú, llaman a todos los todos los escritores interesados a participar en el I Concurso Nacional de Novela Corta “Premio Ciudad Incontrastable 2011”, el cual cerrará su convocatoria este viernes, 30 de setiembre.
El Jurado es presidido por Carlos Calderón Fajardo, acompañado por los también escritores Julián Pérez y José de Piérola. El premio del certamen consiste en la suma de S/.6000 Nuevos Soles, más diploma de honor y la publicación total de la obra. Las bases completas las podrán encontrar en nuestro blog y en el de Bisagra Editores, además, en el perfil de Facebook “Suplemento Solo 4”.
El traje huanca a la conquista del mundo
Nadie puede sustraerse de ver un kimono y no saber cómo se llama, o contemplar las sensuales formas de una saya flamenca y no saber que pertenece a una gitana; tener ante sus ojos a un hombre ataviado con un kilt de complicado tartán y no saber que proviene de Escocia. Nadie. Es esto precisamente, la capacidad, casi mágica, que tiene la cultura de un pueblo, para calar en la mente de las personas en el mundo entero, enamorarlas, y seducirlas. La antropóloga María Teresa del Pino y la diseñadora Sandy Robladillo son las entusiastas propulsoras de este conocimiento en Huancayo.
Marco Villavicencio La Rosa
Huancayo, a largo del tiempo, ha sido ferviente testigo del cambio de su gente, ha visto sus costumbres transformarse, su vestimenta transfigurarse, su comida fusionarse con otras, sus calles colmarse de gigantes de cemento; incluso ha contemplado cómo algunas de sus tradiciones de a pocos se han ido extinguiendo.
El valle del Mantaro es una fiesta, su riqueza de atuendos son muestra de ello, al igual que de bailes y danzas cargadas de magníficas alegorías, trajes festivos que no contienen para nada su desmesura, místicas flores que se vuelcan en bordados sobre lienzos de pana y terciopelo, teatrales máscaras, algunas veces bellas y otras preciosamente grotescas, encajes barrocos, fustanes almidonados, sombreros, mantas y demás gracias.
Los vestidos que en algún lejano pasado embellecían a la mujer huanca, no son los que ahora plagan con su sobrecarga de colores vibrantes y ostentosos volúmenes las danzas de nuestro valle; tampoco son los atuendos tradicionales que llevan orgullosas las mujeres del campo. A pesar de todo, las distintas vestimentas huancas han trazado una continuidad en el tiempo, pero acoplando a ello valores culturales ajenos.
La antropóloga María Teresa (más conocida como Maite) del Pino sostiene que la llegada de la moda europea influyó en la nuestra para, posteriormente, devenir en una condensación especial, concreta y diferente, según cada localidad. «Cada pueblo tiene su particularidad, puede ser influenciado por otros, pero siempre conservará rasgos propios», precisa.
Señala también que es imposible mantener inalterable, a través del tiempo, la composición y estructura de la vestimenta huanca como la conocemos hoy en día, puesto que la cultura se mueve contantemente, intentando quizá adaptarse a los nuevos conceptos: «La cultura no es estática, evoluciona y se despliega hacia nuevos horizontes».
Para ella resulta difícil resumir el potencial y la majestuosidad de nuestra tierra, y por ello es mejor que «hagamos que esta riqueza no se quede escondida entre las montañas que circundan. El Valle del Mantaro, hagamos que se propaguen por todo el Perú, para después salir en conquista del mundo entero». Así opina Maite del Pino.
Revalorar nuestra identidad es importante, fomentarla y fortalecerla es vital. ¿Pero cómo podría nuestra vestimenta trascender los límites de lo tradicional?, es en este punto donde el imaginario de nuestros artistas entra en escena. Cuando dos fuerzas poderosas como la tradición y la innovación se encuentran, solo lo extraordinario puede suceder. Otra buena conocedora de esta premisa es la diseñadora Sandy Robladillo, quien manifiesta que a través de la estilización, el manejo de texturas, la reestructuración de patrones y el acoplo de ideas, nuestros vestidos y vestuarios tradicionales pueden llegar a convertirse en nuevas obras de arte, ofreciéndonos así, un colosal abanico de nuevas posibilidades.
Es esta, nuestra extraordinaria capacidad creadora, la que deja al descubierto nuevos caminos inexplorados para todo aquel aventurero que pretenda salvar nuestra identidad y convertir estas quimeras en obras vivientes que no mueran con el pasar del tiempo.
Quizá dentro de un tiempo, las calles de las principales ciudades del mundo se conviertan en pasarelas, donde avancen imponentes, hombres y mujeres, engalanados con prendas que exhalen, a cada paso, el mágico espíritu de nuestra cultura huanca.

Luis Cárdenas Raschio

Antropóloga Maite del Pino
Marco Villavicencio La Rosa
Huancayo, a largo del tiempo, ha sido ferviente testigo del cambio de su gente, ha visto sus costumbres transformarse, su vestimenta transfigurarse, su comida fusionarse con otras, sus calles colmarse de gigantes de cemento; incluso ha contemplado cómo algunas de sus tradiciones de a pocos se han ido extinguiendo.
El valle del Mantaro es una fiesta, su riqueza de atuendos son muestra de ello, al igual que de bailes y danzas cargadas de magníficas alegorías, trajes festivos que no contienen para nada su desmesura, místicas flores que se vuelcan en bordados sobre lienzos de pana y terciopelo, teatrales máscaras, algunas veces bellas y otras preciosamente grotescas, encajes barrocos, fustanes almidonados, sombreros, mantas y demás gracias.
Los vestidos que en algún lejano pasado embellecían a la mujer huanca, no son los que ahora plagan con su sobrecarga de colores vibrantes y ostentosos volúmenes las danzas de nuestro valle; tampoco son los atuendos tradicionales que llevan orgullosas las mujeres del campo. A pesar de todo, las distintas vestimentas huancas han trazado una continuidad en el tiempo, pero acoplando a ello valores culturales ajenos.
La antropóloga María Teresa (más conocida como Maite) del Pino sostiene que la llegada de la moda europea influyó en la nuestra para, posteriormente, devenir en una condensación especial, concreta y diferente, según cada localidad. «Cada pueblo tiene su particularidad, puede ser influenciado por otros, pero siempre conservará rasgos propios», precisa.
Señala también que es imposible mantener inalterable, a través del tiempo, la composición y estructura de la vestimenta huanca como la conocemos hoy en día, puesto que la cultura se mueve contantemente, intentando quizá adaptarse a los nuevos conceptos: «La cultura no es estática, evoluciona y se despliega hacia nuevos horizontes».
Para ella resulta difícil resumir el potencial y la majestuosidad de nuestra tierra, y por ello es mejor que «hagamos que esta riqueza no se quede escondida entre las montañas que circundan. El Valle del Mantaro, hagamos que se propaguen por todo el Perú, para después salir en conquista del mundo entero». Así opina Maite del Pino.
Revalorar nuestra identidad es importante, fomentarla y fortalecerla es vital. ¿Pero cómo podría nuestra vestimenta trascender los límites de lo tradicional?, es en este punto donde el imaginario de nuestros artistas entra en escena. Cuando dos fuerzas poderosas como la tradición y la innovación se encuentran, solo lo extraordinario puede suceder. Otra buena conocedora de esta premisa es la diseñadora Sandy Robladillo, quien manifiesta que a través de la estilización, el manejo de texturas, la reestructuración de patrones y el acoplo de ideas, nuestros vestidos y vestuarios tradicionales pueden llegar a convertirse en nuevas obras de arte, ofreciéndonos así, un colosal abanico de nuevas posibilidades.
Es esta, nuestra extraordinaria capacidad creadora, la que deja al descubierto nuevos caminos inexplorados para todo aquel aventurero que pretenda salvar nuestra identidad y convertir estas quimeras en obras vivientes que no mueran con el pasar del tiempo.
Quizá dentro de un tiempo, las calles de las principales ciudades del mundo se conviertan en pasarelas, donde avancen imponentes, hombres y mujeres, engalanados con prendas que exhalen, a cada paso, el mágico espíritu de nuestra cultura huanca.
Cuando dos fuerzas poderosas como la tradición y la innovación se encuentran, solo lo extraordinario puede suceder.

Luis Cárdenas Raschio
Antropóloga Maite del Pino
COLUMNA: El buen salvaje
Las edades prehistóricas de Huancayo
Sandro Bossio Suárez
Los pueblos recuerdan el Diluvio Universal por tradición oral. Los huancas lo presentan así: «Este Valle del Mantaro era un lago con un islote rocoso, denominado Wanka (piedra). Habitaba en él un Amaru (saurio), con cabeza de llama de piel de batracio, dos aletas no adaptadas al vuelo y una cola inmensa. El dios Tulumanya (arco iris), engendró otro monstruo. Como ambos eran machos, se disputaban el dominio, trabando feroces combates; en uno de ellos, el más viejo perdió su cola. Indignado, el Dios Viracocha desencadenó una lluvia prolongada, con rayos y truenos, cuya masa de agua derribó el cerro de contención al lado suroeste, abriéndose paso, formando el cauce y el actual río Mantaro».
El Valle del Mantaro abarca sectores de las altas mesetas centrales y de la Cordillera Oriental. Además, incluye la depresión de Ingahuasi y la parte sudoriental de la depresión de Huancayo y Jauja, donde se preserva un espeso relleno de la edad cuaternaria.
Tanto en las altas mesetas como en la Cordillera Oriental, entre los 4,000 y los 4,500 de altura, se observan restos de superficie de puna, profundamente erosionada por glaciares y la escorrentía superficial. Estudios geológicos afirman que «en un mar que ocupaba la parte sudoeste de la localidad, se sedimentaron las areniscas de la formación de Cercapuquio y las calizas de la formación Chunumayo».
Igualmente, en edades aurorales del planeta se depositaron estas areniscas en partes marinas y continentales. Luego la plataforma fue invadida por un mar somero, en el cual se acumuló la sucesión clásica de estratos calcáreos del cretácico medio y superior. Más estudios detallan que la aglomeración de residuos marinos se interrumpió definitivamente después de la era comical.
Hace millones de años el Valle del Mantaro era el fondo de un gran mar, que, con el afloro de la tierra y el levantamiento de la Cordillera de los Andes –hace unos 200 millones de años–, quedó relegado al lugar donde actualmente están los océanos. Pero, en su retroceso, este mar fue dejando lagunas, muchas de las cuales perviven hasta hoy en nuestro valle y son de origen marino.
Probablemente, el nevado del Huaytapallana, hace millones de años, era un poderoso volcán. Eso se desprende del origen volcánico de su conformación granítica. Igualmente, las alturas de Pucará, en apariencia, estaban plagadas de volcanes. Quiere decir que el Valle del Mantaro era un verdadero emporio de volcanes, con un clima feroz que fue erosionando, cortando y refilando nuestra actual forma geológica.
De la edad jurásica, unos 200 millones de años atrás, pocos vestigios quedan en el Valle del Mantaro. Aparte de unas cuantas muestras de fémures y tibias gigantes, probablemente sean los restos fosilizados (parte de una cola de 22 vértebras) encontrados en Huáchac los que mayor relevancia tengan. Esta ausencia de remanentes prehistóricos hace pensar en una escasa presencia de grandes reptiles en el ámbito del Mantatro. Al parecer, éste no era el hábitat de los dinosaurios. Sin embargo, sí lo era, en eras más cercanas a la nuestra, la del esmilodonte (literalmente “dientes cuchillo”, en griego antiguo, género extinto del félido dientes de sable de la subfamilia de los macairodóntinos), cuyos restos de uno de sus ejemplares fue hallado en 2003 en la caverna de Walicoto, en el flanco del cerro Ullacoto, en Huacrapuquio. Hoy el Museo Paleontológico de ese lugar alberga y expone los restos tratados y reconstruidos del espécimen, que son los más completos hallados en toda Sudamérica, cuya antigüedad data de hace unos veinte mil años.
También se ha comprobado la vida prehistórica de mamíferos y animales de grandes proporciones en la zona, como osos primitivos y cinodontes, voluminosos antepasados caninos.
¿No era este, en consecuencia, la nación que adoraba a los perros?
Sandro Bossio Suárez
Los pueblos recuerdan el Diluvio Universal por tradición oral. Los huancas lo presentan así: «Este Valle del Mantaro era un lago con un islote rocoso, denominado Wanka (piedra). Habitaba en él un Amaru (saurio), con cabeza de llama de piel de batracio, dos aletas no adaptadas al vuelo y una cola inmensa. El dios Tulumanya (arco iris), engendró otro monstruo. Como ambos eran machos, se disputaban el dominio, trabando feroces combates; en uno de ellos, el más viejo perdió su cola. Indignado, el Dios Viracocha desencadenó una lluvia prolongada, con rayos y truenos, cuya masa de agua derribó el cerro de contención al lado suroeste, abriéndose paso, formando el cauce y el actual río Mantaro».
El Valle del Mantaro abarca sectores de las altas mesetas centrales y de la Cordillera Oriental. Además, incluye la depresión de Ingahuasi y la parte sudoriental de la depresión de Huancayo y Jauja, donde se preserva un espeso relleno de la edad cuaternaria.
Tanto en las altas mesetas como en la Cordillera Oriental, entre los 4,000 y los 4,500 de altura, se observan restos de superficie de puna, profundamente erosionada por glaciares y la escorrentía superficial. Estudios geológicos afirman que «en un mar que ocupaba la parte sudoeste de la localidad, se sedimentaron las areniscas de la formación de Cercapuquio y las calizas de la formación Chunumayo».
Igualmente, en edades aurorales del planeta se depositaron estas areniscas en partes marinas y continentales. Luego la plataforma fue invadida por un mar somero, en el cual se acumuló la sucesión clásica de estratos calcáreos del cretácico medio y superior. Más estudios detallan que la aglomeración de residuos marinos se interrumpió definitivamente después de la era comical.
Hace millones de años el Valle del Mantaro era el fondo de un gran mar, que, con el afloro de la tierra y el levantamiento de la Cordillera de los Andes –hace unos 200 millones de años–, quedó relegado al lugar donde actualmente están los océanos. Pero, en su retroceso, este mar fue dejando lagunas, muchas de las cuales perviven hasta hoy en nuestro valle y son de origen marino.
Probablemente, el nevado del Huaytapallana, hace millones de años, era un poderoso volcán. Eso se desprende del origen volcánico de su conformación granítica. Igualmente, las alturas de Pucará, en apariencia, estaban plagadas de volcanes. Quiere decir que el Valle del Mantaro era un verdadero emporio de volcanes, con un clima feroz que fue erosionando, cortando y refilando nuestra actual forma geológica.
De la edad jurásica, unos 200 millones de años atrás, pocos vestigios quedan en el Valle del Mantaro. Aparte de unas cuantas muestras de fémures y tibias gigantes, probablemente sean los restos fosilizados (parte de una cola de 22 vértebras) encontrados en Huáchac los que mayor relevancia tengan. Esta ausencia de remanentes prehistóricos hace pensar en una escasa presencia de grandes reptiles en el ámbito del Mantatro. Al parecer, éste no era el hábitat de los dinosaurios. Sin embargo, sí lo era, en eras más cercanas a la nuestra, la del esmilodonte (literalmente “dientes cuchillo”, en griego antiguo, género extinto del félido dientes de sable de la subfamilia de los macairodóntinos), cuyos restos de uno de sus ejemplares fue hallado en 2003 en la caverna de Walicoto, en el flanco del cerro Ullacoto, en Huacrapuquio. Hoy el Museo Paleontológico de ese lugar alberga y expone los restos tratados y reconstruidos del espécimen, que son los más completos hallados en toda Sudamérica, cuya antigüedad data de hace unos veinte mil años.
También se ha comprobado la vida prehistórica de mamíferos y animales de grandes proporciones en la zona, como osos primitivos y cinodontes, voluminosos antepasados caninos.
¿No era este, en consecuencia, la nación que adoraba a los perros?
El Valle del Mantaro era un verdadero emporio de volcanes, con un clima feroz que fue erosionando, cortando y refilando nuestra actual forma geológica.
Mi nombre es Jorge Luis Borges
Saulo Balvín
Mientras andaba por sendas de penumbra, me dije: Este es un sueño donde mi nombre era Jorge Luis Borges, y es disímil decir, en nombre de Zeus, que todos conozcan de mí. El último hombre con quien dialogué, no tenía ni el rumor de saber que su aliento que emanaba a sables Otomanos, estaban siendo conquistados por el cristianismo. A eso debe la cristiandad de disfrutar de un imperio. Para ese entonces, el oriente siempre confabuló a la religión como una escudería guerrera en nombre de Dios y occidente también se escudó de credos. Confieren su culpabilidad, ante la misericordia divina, que creen que justificará su obrar. Humanos…
La Argentina del sur de América no sería encontrada en Europa, yo que pisé Ginebra, oí de Alemania y departí por los ingleses en mi idioma, en una ferviente Buenos Aires. Que ahora mis detractores verán magnánimos a la Argentina, porque soy de allí como mi amigo Casares.
Siempre con el mal, inherente al hombre, pero que los lectores no paguen, me hizo ver desde las habitaciones rodeadas de arcanos, de donde rebosan los misterios, del lado penumbroso del camino de donde todos se repelen, los secretos universales, pesimistas y escépticos en que me embarcaba. El francés y el inglés amoldaron mi espíritu idiomático. Pero el español, el acento del Rio de la Plata, formaron uno solo en las ficciones.
Nunca se sabe lo que antecede al inicio de una labor, tampoco lo que prosigue al final de cada tarea. Nadie es testigo de su propio calvario, porque ser testigo es necedad de contarlo al jurado, y nadie más que uno viaja por el tártaro. Culpable o inocente. De uno en uno. Es que dicen que el hombre decide valerse de su egocentrismo cuando está entre los suyos, pero el viaje es indivisible. Y es necesario no contactar con los vivos, ni los criminales ni los dotados de santidad. Cada uno en lo suyo, y por lo suyo.
Sabrán más que yo, porque yo escribo una vez y ustedes leen varias veces, releen, e indican que el gusto está en repetirlas. Las enciclopedias, ustedes las descifran como consulta, para mí era lectura inminente. Tal vez, llegué a sorprender mis expectativas al interpretar esos ensayos de respuestas de los misterios del orbe, yo creo en los misterios por eso no los descifro, la solución es vana, solo queda entenderlas, y juzgarse así mismo por esos enigmas.
A saber de mi labor, soy un amanuense, por eso escribo. Porque me dictan y la memoria siempre está, al son de la rima y la métrica, para reservarlas, para forjarlas bajo el metro o en el transcurso a que me aventura la distancia de la biblioteca a mi hogar, hasta el infinito. En cualquier parte, hasta la lejanía inconmensurable del conocimiento humano, donde ya no llegan las mentes de hoy, al Olimpo de los dioses. Ya no requieren de la ayuda de Ulises para aventurarse, a riesgo de la tentación y la muerte, para conocer el inicio de esta civilización. Acaso mi ceguera los distingue de esa forma deforme. La razón de occidente está en esa morada sobre la montaña que separa a Macedonia de Tesalia. Donde se forjaron los héroes griegos, y de donde Dionisio enseñó a los mortales que las fiestas, orgias y la vid eran una trilogía teatral de la vida, inseparable, impostergable. Y el vino, el nenúfar de los dioses que sacía la sed, de pasiones y cóleras, de hombres, de héroes y mundanos, se delegan hoy por la fermentación del arroz, del azúcar, de la malta. Ya no cantan las musas como en la anterioridad, solo en las abras del Olimpo resuena Eco. Y se deleitan los últimos héroes de los hombres que navegan en el Egeo hacia el más allá.
Posiblemente la Grecia de los griegos, del país y su gentilicio, no procuran olvidar a Homero. Pero por este lado, entre el reverso y al anverso del mundo, el torrente que conduce la insignia de babel sigue arrasando con su desorden la biblioteca de Alejandría, que hasta hoy en día su estancia es temida. El saber es temido. Y me llamo Jorge Luis Borges, de prosa propia y de fantasía redentora. Redentora de la confusión de tantos géneros.
Como me dije; Yo, Borges: “Que el cielo exista aunque nuestro lugar sea el infierno”. Que sobre el dintel de la puerta de Poe, se posó el pájaro de la noche en aquel busto de la diosa de la sabiduría para eternizarse en los relatos dotados de asombro, de temor, de impresiones vanguardistas y que las ficciones muy bien se atrevieron a obrarlas y consagrarlas como reales, como propias. Como que Dios existe y no existe, para Jesús y Siddhartha, respectivamente donde orbitamos. Alrededor del sol.
Las melodías románticas de Brahms y las palabras de Schopenhauer se sintonizaron en los conductos sensitivos de mi entidad, o de algo llamado espíritu para los creyentes. La esencia disoluble del hombre en la naturaleza, en el viento, en el rio, volviendo a las diminutas partículas de la tierra y fundiéndose en los crisoles de Vulcano, conforman una vez más la materia de mi ya extinguido cuerpo, contrariamente a que sigo siendo Jorge Luis Borges en la eternidad literaria.
Los libros que me rodearon presumen de sapiencia, y lo son hasta que el hombre suele leerlas para que estas páginas de papiro y lomo de carnero traten de ser entendidas. Traten de entenderme. De no bifurcarse del jardín que sembraron mis trabajos y congenien nombrar a las plantas y los frutos con un “nomeninis scientificus”.
Mi nombre es Jorge Luis Borges, acentué en un léxico mortal cuando me identificara en las puertas del infierno de Dante. Beatriz en lo alto con su aura celestial clamaba: “Mi amado, que los laureles ornan tu comprensión. Dejad libre a este hombre de toda tortura”.
En vano se exige el indulto, ¿la obra de Dios merece su corrección? Yo no soy obra de Dios, y el silencio reverberó entre los labios de Beatriz.
Mientras andaba por sendas de penumbra, me dije: Este es un sueño donde mi nombre era Jorge Luis Borges, y es disímil decir, en nombre de Zeus, que todos conozcan de mí. El último hombre con quien dialogué, no tenía ni el rumor de saber que su aliento que emanaba a sables Otomanos, estaban siendo conquistados por el cristianismo. A eso debe la cristiandad de disfrutar de un imperio. Para ese entonces, el oriente siempre confabuló a la religión como una escudería guerrera en nombre de Dios y occidente también se escudó de credos. Confieren su culpabilidad, ante la misericordia divina, que creen que justificará su obrar. Humanos…
La Argentina del sur de América no sería encontrada en Europa, yo que pisé Ginebra, oí de Alemania y departí por los ingleses en mi idioma, en una ferviente Buenos Aires. Que ahora mis detractores verán magnánimos a la Argentina, porque soy de allí como mi amigo Casares.
Siempre con el mal, inherente al hombre, pero que los lectores no paguen, me hizo ver desde las habitaciones rodeadas de arcanos, de donde rebosan los misterios, del lado penumbroso del camino de donde todos se repelen, los secretos universales, pesimistas y escépticos en que me embarcaba. El francés y el inglés amoldaron mi espíritu idiomático. Pero el español, el acento del Rio de la Plata, formaron uno solo en las ficciones.
Nunca se sabe lo que antecede al inicio de una labor, tampoco lo que prosigue al final de cada tarea. Nadie es testigo de su propio calvario, porque ser testigo es necedad de contarlo al jurado, y nadie más que uno viaja por el tártaro. Culpable o inocente. De uno en uno. Es que dicen que el hombre decide valerse de su egocentrismo cuando está entre los suyos, pero el viaje es indivisible. Y es necesario no contactar con los vivos, ni los criminales ni los dotados de santidad. Cada uno en lo suyo, y por lo suyo.
Sabrán más que yo, porque yo escribo una vez y ustedes leen varias veces, releen, e indican que el gusto está en repetirlas. Las enciclopedias, ustedes las descifran como consulta, para mí era lectura inminente. Tal vez, llegué a sorprender mis expectativas al interpretar esos ensayos de respuestas de los misterios del orbe, yo creo en los misterios por eso no los descifro, la solución es vana, solo queda entenderlas, y juzgarse así mismo por esos enigmas.
A saber de mi labor, soy un amanuense, por eso escribo. Porque me dictan y la memoria siempre está, al son de la rima y la métrica, para reservarlas, para forjarlas bajo el metro o en el transcurso a que me aventura la distancia de la biblioteca a mi hogar, hasta el infinito. En cualquier parte, hasta la lejanía inconmensurable del conocimiento humano, donde ya no llegan las mentes de hoy, al Olimpo de los dioses. Ya no requieren de la ayuda de Ulises para aventurarse, a riesgo de la tentación y la muerte, para conocer el inicio de esta civilización. Acaso mi ceguera los distingue de esa forma deforme. La razón de occidente está en esa morada sobre la montaña que separa a Macedonia de Tesalia. Donde se forjaron los héroes griegos, y de donde Dionisio enseñó a los mortales que las fiestas, orgias y la vid eran una trilogía teatral de la vida, inseparable, impostergable. Y el vino, el nenúfar de los dioses que sacía la sed, de pasiones y cóleras, de hombres, de héroes y mundanos, se delegan hoy por la fermentación del arroz, del azúcar, de la malta. Ya no cantan las musas como en la anterioridad, solo en las abras del Olimpo resuena Eco. Y se deleitan los últimos héroes de los hombres que navegan en el Egeo hacia el más allá.
Posiblemente la Grecia de los griegos, del país y su gentilicio, no procuran olvidar a Homero. Pero por este lado, entre el reverso y al anverso del mundo, el torrente que conduce la insignia de babel sigue arrasando con su desorden la biblioteca de Alejandría, que hasta hoy en día su estancia es temida. El saber es temido. Y me llamo Jorge Luis Borges, de prosa propia y de fantasía redentora. Redentora de la confusión de tantos géneros.
Como me dije; Yo, Borges: “Que el cielo exista aunque nuestro lugar sea el infierno”. Que sobre el dintel de la puerta de Poe, se posó el pájaro de la noche en aquel busto de la diosa de la sabiduría para eternizarse en los relatos dotados de asombro, de temor, de impresiones vanguardistas y que las ficciones muy bien se atrevieron a obrarlas y consagrarlas como reales, como propias. Como que Dios existe y no existe, para Jesús y Siddhartha, respectivamente donde orbitamos. Alrededor del sol.
Las melodías románticas de Brahms y las palabras de Schopenhauer se sintonizaron en los conductos sensitivos de mi entidad, o de algo llamado espíritu para los creyentes. La esencia disoluble del hombre en la naturaleza, en el viento, en el rio, volviendo a las diminutas partículas de la tierra y fundiéndose en los crisoles de Vulcano, conforman una vez más la materia de mi ya extinguido cuerpo, contrariamente a que sigo siendo Jorge Luis Borges en la eternidad literaria.
Los libros que me rodearon presumen de sapiencia, y lo son hasta que el hombre suele leerlas para que estas páginas de papiro y lomo de carnero traten de ser entendidas. Traten de entenderme. De no bifurcarse del jardín que sembraron mis trabajos y congenien nombrar a las plantas y los frutos con un “nomeninis scientificus”.
Mi nombre es Jorge Luis Borges, acentué en un léxico mortal cuando me identificara en las puertas del infierno de Dante. Beatriz en lo alto con su aura celestial clamaba: “Mi amado, que los laureles ornan tu comprensión. Dejad libre a este hombre de toda tortura”.
En vano se exige el indulto, ¿la obra de Dios merece su corrección? Yo no soy obra de Dios, y el silencio reverberó entre los labios de Beatriz.
Las melodías románticas de Brahms y las palabras de Schopenhauer se sintonizaron en los conductos sensitivos de mi entidad, o de algo llamado espíritu para los creyentes.
Luis Cárdenas Raschio, el guardián de nuestra historia, necesita nuestra ayuda
Solo 4
El historiador, folclorólogo, columnista de nuestro suplemento, fotógrafo y, por sobre todo, guardián de nuestra historia, Luis Cárdenas Raschio necesita de nuestro apoyo.
Desde hace más de medio siglo Luis Cárdenas, en el silencio y el anonimato, ha cultivado un espíritu protector de nuestras costumbres y creencias. Ha rescatado una serie de danzas y tradiciones del olvido, y poco a poco, desde hace unos meses las ha ido difundiendo en su columna “El folclor que yo vi”, espacio de este medio donde relata su experiencia con el folclor de nuestra región. Entre sus aportes más importantes están el haber hecho reconocer al “Pagapu Wanka” por el gobierno de nuestro país, en una lucha incomparable que, prácticamente, libró solo. También, tiene una extensísima colección y registro fotográfico de vestidos y máscaras de bailes y costumbres de toda la región centro de Perú. El aporte de este notable historiador no debe ser olvidado por nuestras autoridades, que al momento nada han hecho por darle el reconocimiento que merece, y menos, por nosotros mismos.
Hoy, Luis Cárdenas se encuentra convaleciente en el Hospital 1° de Mayo, en Lima, donde viene esperando una operación en la cual le implantarán un marcapaso para recuperarse de un difícil mal cardiaco. El guardián de nuestra historia necesita del apoyo de todos, para seguir conservando y difundiendo nuestra cultura. Si usted desea apoyar en su recuperación puede depositar sus donaciones en la cuenta de ahorros del Banco de la Nación N° 04381484632, a nombre de su hija Luisa Cárdenas Soriano (DNI: 19878513). Es el momento de ayudar a quien nos ha dado tanto, sin pedir nada a cambio.
El historiador, folclorólogo, columnista de nuestro suplemento, fotógrafo y, por sobre todo, guardián de nuestra historia, Luis Cárdenas Raschio necesita de nuestro apoyo.
Desde hace más de medio siglo Luis Cárdenas, en el silencio y el anonimato, ha cultivado un espíritu protector de nuestras costumbres y creencias. Ha rescatado una serie de danzas y tradiciones del olvido, y poco a poco, desde hace unos meses las ha ido difundiendo en su columna “El folclor que yo vi”, espacio de este medio donde relata su experiencia con el folclor de nuestra región. Entre sus aportes más importantes están el haber hecho reconocer al “Pagapu Wanka” por el gobierno de nuestro país, en una lucha incomparable que, prácticamente, libró solo. También, tiene una extensísima colección y registro fotográfico de vestidos y máscaras de bailes y costumbres de toda la región centro de Perú. El aporte de este notable historiador no debe ser olvidado por nuestras autoridades, que al momento nada han hecho por darle el reconocimiento que merece, y menos, por nosotros mismos.
Hoy, Luis Cárdenas se encuentra convaleciente en el Hospital 1° de Mayo, en Lima, donde viene esperando una operación en la cual le implantarán un marcapaso para recuperarse de un difícil mal cardiaco. El guardián de nuestra historia necesita del apoyo de todos, para seguir conservando y difundiendo nuestra cultura. Si usted desea apoyar en su recuperación puede depositar sus donaciones en la cuenta de ahorros del Banco de la Nación N° 04381484632, a nombre de su hija Luisa Cárdenas Soriano (DNI: 19878513). Es el momento de ayudar a quien nos ha dado tanto, sin pedir nada a cambio.
Entre sus aportes más importantes están el haber hecho reconocer al “Pagapu Wanka” por el gobierno de nuestro país, en una lucha incomparable que, prácticamente, libró solo.
Vivienda Wanka, todas las tecturas del valle
Máximo Orellana Tapia
El hecho de “compartir el interés por nuestra arquitectura”, como acabo de leer en la gentil dedicatoria del arquitecto Jorge Burga, autor del libro “Vivienda popular en Cajamarca”, es lo que nos llevó a preparar y clasificar algunas edificaciones existentes para realizar la exposición de arquitectura doméstica en nuestro valle. Auspiciada por el ICPNA Región Centro, es una muestra de maquetas y fotografías que permanecerá abierta durante las próximas semanas y que se inició con una conferencia magistral a cargo del arquitecto Jorge Burga Bartra, cuyo mensaje se procura sintetizar en los siguientes párrafos.
En momentos en los que la arquitectura y el urbanismo pierden consistencia, y en algunos casos hasta se banalizan, es sensato saber mirar a nuestro alrededor para redescubrir valores inmanentes de aquella arquitectura hecha por “no arquitectos” que ha surgido de la manera más natural y tectónica, desde su tejido social y lugar específico como aún podemos encontrar en algunos centros poblados de la margen derecha del valle (Orcotuna, Mito, Sicaya entre otros) como uno de los caminos importantes para generar nuevas propuestas.
Amos Rapoport arquitecto polaco, pionero en este campo, en su libro “Vivienda y cultura”, escrito en 1969, señala que históricamente la forma de las viviendas en el mundo no ha sido consecuencia de la disponibilidad de materiales o exigencias de temperatura como a menudo pensamos, sino de una enorme y compleja red de factores, dentro de los cuales el cultural, en términos de “la posibilidad de escoger formas libremente”, ha sido el más decisivo entre otros y han servido para el debate de estos temas dentro del discurso posmodernista.
A la recurrente inquietud de muchos asistentes por aspectos de identidad en la vivienda, así como de la inserción de objetos gigantes propios de la artesanía dentro de los espacios públicos huancaínos como mates, sombreros y otros, el expositor hizo referencia a la metáfora que desde su raíz griega “metá” o “metastás” significa “más allá, después de”, constituye un valor más complejo y enriquecedor que la referencia simple o literal. Puso como ejemplo algunos detalles de su propia obra en Leimebamba, Chachapoyas así como los realizados por el arquitecto Edgardo Ramírez en la fenestración de paramentos del malecón de la ciudad de Ilo, extraídos de la singular silueta trapezoidal de los característicos mojinetes moqueguanos, que si bien es cierto no pertenecen al campo de la vivienda, permiten elucubrar respuestas aplicables a éstas.
En otros pasajes del certamen se dejó entrever que la arquitectura “chicha” o de fachada híper ornamentada, cuyos códigos formales no representan lo que deben, tienen que ser reinterpretados; mayor razón para fijarnos en aquellas obras como las que se muestran en la exposición, acertadamente dialógicas que permiten reclamar aquellos valores esenciales de toda buena arquitectura como el orden y la limpieza constructiva.
MÁS DATOS: La exposición: "Vivienda Wanka, todas las tecturas del valle" está abierta para todos los interesados en la Galería de Arte del ICPNA Región Centro - Jr. Ayacucho 169, Huancayo; del 07 al 29 de setiembre. El ingreso es totalmente libre.
El hecho de “compartir el interés por nuestra arquitectura”, como acabo de leer en la gentil dedicatoria del arquitecto Jorge Burga, autor del libro “Vivienda popular en Cajamarca”, es lo que nos llevó a preparar y clasificar algunas edificaciones existentes para realizar la exposición de arquitectura doméstica en nuestro valle. Auspiciada por el ICPNA Región Centro, es una muestra de maquetas y fotografías que permanecerá abierta durante las próximas semanas y que se inició con una conferencia magistral a cargo del arquitecto Jorge Burga Bartra, cuyo mensaje se procura sintetizar en los siguientes párrafos.
En momentos en los que la arquitectura y el urbanismo pierden consistencia, y en algunos casos hasta se banalizan, es sensato saber mirar a nuestro alrededor para redescubrir valores inmanentes de aquella arquitectura hecha por “no arquitectos” que ha surgido de la manera más natural y tectónica, desde su tejido social y lugar específico como aún podemos encontrar en algunos centros poblados de la margen derecha del valle (Orcotuna, Mito, Sicaya entre otros) como uno de los caminos importantes para generar nuevas propuestas.
Amos Rapoport arquitecto polaco, pionero en este campo, en su libro “Vivienda y cultura”, escrito en 1969, señala que históricamente la forma de las viviendas en el mundo no ha sido consecuencia de la disponibilidad de materiales o exigencias de temperatura como a menudo pensamos, sino de una enorme y compleja red de factores, dentro de los cuales el cultural, en términos de “la posibilidad de escoger formas libremente”, ha sido el más decisivo entre otros y han servido para el debate de estos temas dentro del discurso posmodernista.
A la recurrente inquietud de muchos asistentes por aspectos de identidad en la vivienda, así como de la inserción de objetos gigantes propios de la artesanía dentro de los espacios públicos huancaínos como mates, sombreros y otros, el expositor hizo referencia a la metáfora que desde su raíz griega “metá” o “metastás” significa “más allá, después de”, constituye un valor más complejo y enriquecedor que la referencia simple o literal. Puso como ejemplo algunos detalles de su propia obra en Leimebamba, Chachapoyas así como los realizados por el arquitecto Edgardo Ramírez en la fenestración de paramentos del malecón de la ciudad de Ilo, extraídos de la singular silueta trapezoidal de los característicos mojinetes moqueguanos, que si bien es cierto no pertenecen al campo de la vivienda, permiten elucubrar respuestas aplicables a éstas.
En otros pasajes del certamen se dejó entrever que la arquitectura “chicha” o de fachada híper ornamentada, cuyos códigos formales no representan lo que deben, tienen que ser reinterpretados; mayor razón para fijarnos en aquellas obras como las que se muestran en la exposición, acertadamente dialógicas que permiten reclamar aquellos valores esenciales de toda buena arquitectura como el orden y la limpieza constructiva.
Es una muestra de maquetas y fotografías que permanecerá abierta durante las próximas semanas y que se inició con una conferencia magistral a cargo del arquitecto Jorge Burga Bartra.
MÁS DATOS: La exposición: "Vivienda Wanka, todas las tecturas del valle" está abierta para todos los interesados en la Galería de Arte del ICPNA Región Centro - Jr. Ayacucho 169, Huancayo; del 07 al 29 de setiembre. El ingreso es totalmente libre.
MICROCUENTO
Escape
Manuel Araníbar Luna
Odio este lugar. Me podrás decir, hermano, que no nos falta comida, que estamos abrigados, pero prisión es prisión. Allá tú si no me sigues. Yo me voy.
—Ya sale el primero —dijo el doctor—, es un varoncito.
Manuel Araníbar Luna
Odio este lugar. Me podrás decir, hermano, que no nos falta comida, que estamos abrigados, pero prisión es prisión. Allá tú si no me sigues. Yo me voy.
—Ya sale el primero —dijo el doctor—, es un varoncito.
PERFUME DE MUJER
La insoportable levedad del ser
Milan Kundera
Él la desnudaba y ella permanecía mientras tanto casi inmóvil. Cuando la besó, los labios de ella no respondieron al contacto de los suyos. Pero entonces sintió de pronto que su sexo estaba húmedo y se asustó (…). Luego le quitó las bragas y ella se quedó completamente desnuda. El alma veía el cuerpo desnudo en brazos de otro hombre y le parecía increíble, como si estuviera mirando de cerca al planeta Marte.
Milan Kundera
Él la desnudaba y ella permanecía mientras tanto casi inmóvil. Cuando la besó, los labios de ella no respondieron al contacto de los suyos. Pero entonces sintió de pronto que su sexo estaba húmedo y se asustó (…). Luego le quitó las bragas y ella se quedó completamente desnuda. El alma veía el cuerpo desnudo en brazos de otro hombre y le parecía increíble, como si estuviera mirando de cerca al planeta Marte.
COLUMNA: DESDE EL ATELIER
Guillermo Guzmán Manzaneda: Recordando a un amigo
Josué Sánchez
En la primera cuadra del Jirón Amazonas hay una casa de balcones verdes. Hace veinte años la habitaba un espíritu solitario y único. Con su sombrero de alas anchas, su ropa gastada y su andar cansino, Guillermo Guzmán Manzaneda no se parecía al elegante dandy de terno azul a rayas y flor en la solapa que frecuentaba el Haití en Lima; pero su personalidad seguía siendo la misma.
Histriónico hasta en el modo de lucir los mostachos, irónico por naturaleza, casi siempre feliz, con una alegría y un gozo por vivir que trasladaba a sus lienzos; solía recibirnos con un café «cachalpo» al hilo en esa casa llena, colmada de ollas, ulpos, trompetas, bajos, girasoles secos, pinceles, espátulas, caballetes, apuntes, cruces, pinturas de Cristos, hilanderas y cutunchas.
Instalados en la cocina de paredes ahumadas sorbíamos lentamente el café, mientras Guillermo hablaba del último «cachivache» Sobre las paredes, contra las paredes, unos sobre otros, los objetos se acumulaban en esos ambientes de ensordecedora música. Beethoven, Liszt y Schubert eran sus preferidos. Los discos de vinilo de 33 revoluciones por minuto se ponían una y otra vez en el tocadiscos instalado en el inmenso porongo acústico de la sala de recibo. Instalados en la cocina de paredes ahumadas sorbíamos lentamente el café, mientras Guillermo hablaba del último “cachivache” que lo tenía encaprichado. De la verja de hierro, de la Cruz de Mayo, o de la piedra de molino encontrada en Sapallanga. ¿Cómo traerlo? ¿Cómo comprarlo? ”Para ser coleccionista hay que tener mucha plata”, se lamentaba.
Pero siempre conseguía lo que quería y en la siguiente visita nos moríamos de envidia cuando él sacándonos pica nos mostraba ufano su nueva adquisición.
Guillermo disfrutaba la vida. Lo hacía desde el día que naciera un primero de enero de 1912, aquí, en Huancayo; hijo de don Bernardo Guzmán y de doña Ricardina Manzaneda Montes de Oca. De niño ya jugaba con los colores y dibujaba en el suelo. Cuando tenía sólo siete años gustaba de ver a las pandillas de huaylarsh compitiendo en Yanama.
A los 13 años entra a trabajar en las minas. Lo que hará hasta 1934, alternando la permanencia en Cerro de Pasco con continuos viajes a Lima.
En 1932, a los 20 años de edad, ingresa a la Escuela Nacional de Bellas Artes para estudiar escultura. Poco después se ve obligado a regresar a las minas y abandona los estudios; pero los retoma en 1934, esta vez en la especialidad de pintura, con los maestros indigenistas José Sabogal y Julia Codesido.
Desde entonces asume la pintura con verdadera pasión. Pinta sobre tela, madera, papel; a la acuarela, al óleo o al pastel. Pinta Cristos, Dolorosas, conventos; mujeres con flores, hilanderas, bañistas; paisajes cerreños, molinos huancas; porongos, toritos; iglesias y cementerios.
«Así va pasando la vida», así va llegando la muerte. Una semana antes de su deceso, en compañía de Sergio Castillo y José María Salcedo bailamos felices en la fiesta patronal de Huancayo, la fiesta de la Santísima Trinidad.
Guillermo protege su sombrero del fuego de las bombardas diciendo: «Esta cabeza ya está vieja, no importa que se queme; pero mi sombrero nuevo me acompañará todavía». Sacude su melena cana y habla y habla. De sus exposiciones en la Eyes Gallery de Filadelfia, en la Galería Cayman de Manhattan en Nueva York; de sus múltiples muestras en Brasil, en Belo Horizonte y Minas Gerais.
Habla con amor, pinta con amor. Su corazón se cansa de tanto amor y el 15 de junio de 1986 deja de latir.
Algunos lo recordarán con su impecable traje azul, yo lo recuerdo sencillo y vital. Lo recuerdo hoy, porque setiembre es el mes de los recuerdos trascendentales. Fue un gran pintor que dio renombre a Huancayo. Muchos parecen haberlo olvidado.

Josué Sánchez
En la primera cuadra del Jirón Amazonas hay una casa de balcones verdes. Hace veinte años la habitaba un espíritu solitario y único. Con su sombrero de alas anchas, su ropa gastada y su andar cansino, Guillermo Guzmán Manzaneda no se parecía al elegante dandy de terno azul a rayas y flor en la solapa que frecuentaba el Haití en Lima; pero su personalidad seguía siendo la misma.
Histriónico hasta en el modo de lucir los mostachos, irónico por naturaleza, casi siempre feliz, con una alegría y un gozo por vivir que trasladaba a sus lienzos; solía recibirnos con un café «cachalpo» al hilo en esa casa llena, colmada de ollas, ulpos, trompetas, bajos, girasoles secos, pinceles, espátulas, caballetes, apuntes, cruces, pinturas de Cristos, hilanderas y cutunchas.
Instalados en la cocina de paredes ahumadas sorbíamos lentamente el café, mientras Guillermo hablaba del último «cachivache» Sobre las paredes, contra las paredes, unos sobre otros, los objetos se acumulaban en esos ambientes de ensordecedora música. Beethoven, Liszt y Schubert eran sus preferidos. Los discos de vinilo de 33 revoluciones por minuto se ponían una y otra vez en el tocadiscos instalado en el inmenso porongo acústico de la sala de recibo. Instalados en la cocina de paredes ahumadas sorbíamos lentamente el café, mientras Guillermo hablaba del último “cachivache” que lo tenía encaprichado. De la verja de hierro, de la Cruz de Mayo, o de la piedra de molino encontrada en Sapallanga. ¿Cómo traerlo? ¿Cómo comprarlo? ”Para ser coleccionista hay que tener mucha plata”, se lamentaba.
Pero siempre conseguía lo que quería y en la siguiente visita nos moríamos de envidia cuando él sacándonos pica nos mostraba ufano su nueva adquisición.
Guillermo disfrutaba la vida. Lo hacía desde el día que naciera un primero de enero de 1912, aquí, en Huancayo; hijo de don Bernardo Guzmán y de doña Ricardina Manzaneda Montes de Oca. De niño ya jugaba con los colores y dibujaba en el suelo. Cuando tenía sólo siete años gustaba de ver a las pandillas de huaylarsh compitiendo en Yanama.
A los 13 años entra a trabajar en las minas. Lo que hará hasta 1934, alternando la permanencia en Cerro de Pasco con continuos viajes a Lima.
En 1932, a los 20 años de edad, ingresa a la Escuela Nacional de Bellas Artes para estudiar escultura. Poco después se ve obligado a regresar a las minas y abandona los estudios; pero los retoma en 1934, esta vez en la especialidad de pintura, con los maestros indigenistas José Sabogal y Julia Codesido.
Desde entonces asume la pintura con verdadera pasión. Pinta sobre tela, madera, papel; a la acuarela, al óleo o al pastel. Pinta Cristos, Dolorosas, conventos; mujeres con flores, hilanderas, bañistas; paisajes cerreños, molinos huancas; porongos, toritos; iglesias y cementerios.
«Así va pasando la vida», así va llegando la muerte. Una semana antes de su deceso, en compañía de Sergio Castillo y José María Salcedo bailamos felices en la fiesta patronal de Huancayo, la fiesta de la Santísima Trinidad.
Guillermo protege su sombrero del fuego de las bombardas diciendo: «Esta cabeza ya está vieja, no importa que se queme; pero mi sombrero nuevo me acompañará todavía». Sacude su melena cana y habla y habla. De sus exposiciones en la Eyes Gallery de Filadelfia, en la Galería Cayman de Manhattan en Nueva York; de sus múltiples muestras en Brasil, en Belo Horizonte y Minas Gerais.
Habla con amor, pinta con amor. Su corazón se cansa de tanto amor y el 15 de junio de 1986 deja de latir.
Algunos lo recordarán con su impecable traje azul, yo lo recuerdo sencillo y vital. Lo recuerdo hoy, porque setiembre es el mes de los recuerdos trascendentales. Fue un gran pintor que dio renombre a Huancayo. Muchos parecen haberlo olvidado.
Histriónico hasta en el modo de lucir los mostachos, irónico por naturaleza, casi siempre feliz, con una alegría y un gozo por vivir que trasladaba a sus lienzos.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Solo 4, “382”, del 10 de setiembre de 2011
LA CITA
En este momento tiembla usted por la situación y la perspectiva de la caza. ¿Dónde estaría ese temblor si yo fuera preciso como una guía de ferrocarriles?
A. Conan Doyle, El valle del terror
En este momento tiembla usted por la situación y la perspectiva de la caza. ¿Dónde estaría ese temblor si yo fuera preciso como una guía de ferrocarriles?
A. Conan Doyle, El valle del terror
LO ÚLTIMO
IV Festival Nacional de Narración Oral “Déjame que te cuente” Huancayo 2011
Gracias a la iniciativa de la Asociación Cultural “Déjame Que te Cuente” y la Asociación cultural “Tuky”, el Festival Nacional de Narración Oral “Déjame que te Cuente”, se prepara para su IV edición en la ciudad de Huancayo. Este evento contará con la participación de diversos narradores y narradoras de nuestro medio, además de tres extraordinarios narradores nativos de la selva peruana y del colombiano Jota Villaza, como invitado especial.
Este festival se llevará a cabo desde el martes 13 al sábado 17 de setiembre, en diversos colegios de la ciudad de Huancayo. También se ofrecerán espectáculos, por las noches, en el Instituto de la Juventud y la Cultura de Huancayo. El sábado 17, se concluirá con la “Narratón” en la que podrán contar historias, leyendas, cuentos y más todos aquellos que quieran hacerlo.
Gracias a la iniciativa de la Asociación Cultural “Déjame Que te Cuente” y la Asociación cultural “Tuky”, el Festival Nacional de Narración Oral “Déjame que te Cuente”, se prepara para su IV edición en la ciudad de Huancayo. Este evento contará con la participación de diversos narradores y narradoras de nuestro medio, además de tres extraordinarios narradores nativos de la selva peruana y del colombiano Jota Villaza, como invitado especial.
Este festival se llevará a cabo desde el martes 13 al sábado 17 de setiembre, en diversos colegios de la ciudad de Huancayo. También se ofrecerán espectáculos, por las noches, en el Instituto de la Juventud y la Cultura de Huancayo. El sábado 17, se concluirá con la “Narratón” en la que podrán contar historias, leyendas, cuentos y más todos aquellos que quieran hacerlo.
Cultura popular: la Virgen de Cocharcas
Leonardo Mendoza Mesías
Por estos lares, un día para recordar, inexorablemente, es el 8 de setiembre de cada año. ¿Qué se celebra? La fiesta de Mamita Cocharcas. Los pobladores del Valle del Mantaro, en su mayoría, se ven influenciados, de una u otra manera, por dicha celebración religiosa popular. Los distritos que son el foco del fervor religioso son Apata, Orcotuna, Tres de Diciembre y Sapallanga; en todos ellos, y para todos los creyentes, se festeja y venera a la madre del Cristo, María, que por acá se le denomina “Mamacha Cocharcas”.
Esta creencia popular tiene algunas connotaciones a considerar. Por ejemplo, Cocharcas es una palabra quechua que se traduce como “pantano”; además, esta misma, en algunos sectores sociales, tiene el significado de viejo, anciano o antiguo. Asimismo, Cocharcas es uno de los ocho distritos de la provincia de Chincheros - Apurímac, donde, a más de 3500 m.s.n.m., se encuentra el santuario de María desde 1623. Es necesario destacar que las celebraciones de la “Mamita Cocharcas” están relacionas con el agua y la siembra. Durante esta época caen las primeras lluvias en la región e influyen a que los agricultores inicien la siembra con la preparación de las tierras. Es decir, esta festividad marca el inicio de un nuevo ciclo de vida.
Ahora bien, si por un lado tenemos el ritual expresado en las diferentes manifestaciones de fervor religioso y cultural: peregrinaciones, ceremonias, danzas y más; por otro lado, tenemos el mito, la tradición oral. Los estudiosos han recogido versiones en las que se señala que la Virgen de Cocharcas migró desde Copacabana hasta Andahuaylas, y de ahí hacia estos lares; además, afirman que desde esos tiempos inmemorables vive en el corazón de la gente de la región central del Perú. En Orcotuna encontramos la siguiente versión: «Junto al cerro San Cristóbal de Orcotuna, vivía una pareja de ancianos. La esposa se llamaba Chumirosa. Para vivir ella se dedicaba a hilar y él tejía las mantas que vendían en la feria dominical de Huancayo.
»La noche del 8 de setiembre, Chumirosa sintió que su perro ladraba; asustada, se quedó quieta y escuchó que lavaban ropa. Entonces, salió en dirección al puquial llamado Aquilán y vio a una niña vestida con túnica roja, quien lavaba pañales y los tendía entre las retamas. Cuando se acercó para preguntarle qué hacía a esas horas, la niña desapareció. Asustada, regresó a casa y le contó a su marido. Éste, curioso, quiso averiguar quién era esa niña, esperó toda la noche, pero no apareció más.
»La aparición sólo se presentaba a la anciana, hasta que venciendo su miedo, decidió hablar con la niña una noche de luna llena. Entonces, inquirió:
—¿Por qué lavas tan tarde?
—Es que estas aguas son puras y frescas. ¿Cómo te llamas? —le preguntó.
—Rosa —respondió temerosa.
—Acércate, no tengas miedo. Te he elegido para que hables por mí. He viajado desde Copacabana. Estoy buscando un lugar para vivir tranquila.
—¿Quiénes son tus padres?
—Mi papá se llama Joaquín y mi mamá se llama Ana.
—Vamos a mi casa —la invitó Chumirosa—, ahí podrás descansar.
»Es ahí cuando la Virgen, pide a Chumirosa que le levanten una capilla, “junto a este manantial, al pie de este cerrito”. Rosa, arrodillándose, le dijo:
—¡Virgen María! Aún en mi pobreza, por mi fe, haré tu voluntad, desde hoy hilaré más, juntaré más plata para levantarte una capilla, para que te adoren todos los orcotuneños, pero ¿cómo convenceré a mis paisanos?
—No te preocupes, mañana tendrás una prueba de mi deseo. Levántate temprano y ven aquí mismo.
»Todos los orcotuneños fueron al sitio y, al ver que la figura de la Virgen estaba en la roca donde brotaban las aguas, todos bebieron de ellas, se lavaron y así comenzó la tradición».
Esta expresión religiosa cultural sigue traspasando fronteras: antes la de Copacabana en el Altiplano puneño, luego la de Cocharcas en Andahuaylas, ahora las del Valle del Mantaro. Hoy, ha migrado junto a sus fieles devotos; imposible quedarse sólo en los andes cuando sus hijos se van por el mundo en búsqueda de un futuro mejor. Es a ella que se le pide con profunda reverencia y grandes promesas que el viaje sea cómodo y próspero. En “Perfil de la migración peruana en las regiones Italianas de Lombardía” (2006) se señala que este fervor religioso tiene presencia en la región de Lombardía, especialmente en las iglesias de Carroponte, la comuna de San Giovanni y Corveto de Milán, desde el 2001, devoción que va en aumento cada año y que contagia a los lugareños.
Por estos lares, un día para recordar, inexorablemente, es el 8 de setiembre de cada año. ¿Qué se celebra? La fiesta de Mamita Cocharcas. Los pobladores del Valle del Mantaro, en su mayoría, se ven influenciados, de una u otra manera, por dicha celebración religiosa popular. Los distritos que son el foco del fervor religioso son Apata, Orcotuna, Tres de Diciembre y Sapallanga; en todos ellos, y para todos los creyentes, se festeja y venera a la madre del Cristo, María, que por acá se le denomina “Mamacha Cocharcas”.
Esta creencia popular tiene algunas connotaciones a considerar. Por ejemplo, Cocharcas es una palabra quechua que se traduce como “pantano”; además, esta misma, en algunos sectores sociales, tiene el significado de viejo, anciano o antiguo. Asimismo, Cocharcas es uno de los ocho distritos de la provincia de Chincheros - Apurímac, donde, a más de 3500 m.s.n.m., se encuentra el santuario de María desde 1623. Es necesario destacar que las celebraciones de la “Mamita Cocharcas” están relacionas con el agua y la siembra. Durante esta época caen las primeras lluvias en la región e influyen a que los agricultores inicien la siembra con la preparación de las tierras. Es decir, esta festividad marca el inicio de un nuevo ciclo de vida.
Ahora bien, si por un lado tenemos el ritual expresado en las diferentes manifestaciones de fervor religioso y cultural: peregrinaciones, ceremonias, danzas y más; por otro lado, tenemos el mito, la tradición oral. Los estudiosos han recogido versiones en las que se señala que la Virgen de Cocharcas migró desde Copacabana hasta Andahuaylas, y de ahí hacia estos lares; además, afirman que desde esos tiempos inmemorables vive en el corazón de la gente de la región central del Perú. En Orcotuna encontramos la siguiente versión: «Junto al cerro San Cristóbal de Orcotuna, vivía una pareja de ancianos. La esposa se llamaba Chumirosa. Para vivir ella se dedicaba a hilar y él tejía las mantas que vendían en la feria dominical de Huancayo.
»La noche del 8 de setiembre, Chumirosa sintió que su perro ladraba; asustada, se quedó quieta y escuchó que lavaban ropa. Entonces, salió en dirección al puquial llamado Aquilán y vio a una niña vestida con túnica roja, quien lavaba pañales y los tendía entre las retamas. Cuando se acercó para preguntarle qué hacía a esas horas, la niña desapareció. Asustada, regresó a casa y le contó a su marido. Éste, curioso, quiso averiguar quién era esa niña, esperó toda la noche, pero no apareció más.
»La aparición sólo se presentaba a la anciana, hasta que venciendo su miedo, decidió hablar con la niña una noche de luna llena. Entonces, inquirió:
—¿Por qué lavas tan tarde?
—Es que estas aguas son puras y frescas. ¿Cómo te llamas? —le preguntó.
—Rosa —respondió temerosa.
—Acércate, no tengas miedo. Te he elegido para que hables por mí. He viajado desde Copacabana. Estoy buscando un lugar para vivir tranquila.
—¿Quiénes son tus padres?
—Mi papá se llama Joaquín y mi mamá se llama Ana.
—Vamos a mi casa —la invitó Chumirosa—, ahí podrás descansar.
»Es ahí cuando la Virgen, pide a Chumirosa que le levanten una capilla, “junto a este manantial, al pie de este cerrito”. Rosa, arrodillándose, le dijo:
—¡Virgen María! Aún en mi pobreza, por mi fe, haré tu voluntad, desde hoy hilaré más, juntaré más plata para levantarte una capilla, para que te adoren todos los orcotuneños, pero ¿cómo convenceré a mis paisanos?
—No te preocupes, mañana tendrás una prueba de mi deseo. Levántate temprano y ven aquí mismo.
»Todos los orcotuneños fueron al sitio y, al ver que la figura de la Virgen estaba en la roca donde brotaban las aguas, todos bebieron de ellas, se lavaron y así comenzó la tradición».
Esta expresión religiosa cultural sigue traspasando fronteras: antes la de Copacabana en el Altiplano puneño, luego la de Cocharcas en Andahuaylas, ahora las del Valle del Mantaro. Hoy, ha migrado junto a sus fieles devotos; imposible quedarse sólo en los andes cuando sus hijos se van por el mundo en búsqueda de un futuro mejor. Es a ella que se le pide con profunda reverencia y grandes promesas que el viaje sea cómodo y próspero. En “Perfil de la migración peruana en las regiones Italianas de Lombardía” (2006) se señala que este fervor religioso tiene presencia en la región de Lombardía, especialmente en las iglesias de Carroponte, la comuna de San Giovanni y Corveto de Milán, desde el 2001, devoción que va en aumento cada año y que contagia a los lugareños.
Las celebraciones de la “Mamita Cocharcas” están relacionas con el agua y la siembra. Durante esta época caen las primeras lluvias en la región.
EL BUEN SALVAJE
Juan Santos: entre el mito y la historia
Sandro Bossio Suárez
Una de las revoluciones que brilla en el Perú, por pionera y mítica, es la del cacique Juan Santos Atahualpa, gestada y desarrollada en Tarma cuando ésta era Intendencia.
La conmoción empezó abruptamente, en 1742, y las autoridades virreinales no le dieron importancia, pues creían que se trataba de otro brote insurgente motivado por los abusos de los encomenderos. La rebelión, sin embargo, fue tomando dimensiones insospechadas y, al poco tiempo, se había hecho ingobernable. Muchos pueblos de la selva fueron atacados y destruidos, y muchos funcionarios monárquicos asesinados. El virrey Marqués de Villagracia, ante el hecho, decidió enviar una expedición que combatiera a los rebeldes. Los resultados fueron infructuosos porque el terreno de lucha le era hostil al ejército español. A principios de 1743, la expedición monárquica, diezmada casi en su totalidad, retornó a Lima y fue recibida en audiencia virreinal; sólo entonces se conoció el nombre del agitador: Juan Santos Atahualpa.
Las proezas de Juan Santos Atahualpa, las múltiples muestras de su ingenio y valentía, fueron creándole a través de los años un aura espiritual, legendaria, al punto que sus amigos y enemigos empezaron a creer que tenía poderes sobrenaturales.
La oralidad popular, como se ha visto, ha mixturizado hechos reales e imaginarios en la rebelión de Juan Santos Atahualpa, de tal modo que, a excepción de ciertos sucesos debidamente confirmados, todas sus prácticas se mueven dentro de un plano incierto. Así, por ejemplo, se le atribuye una supuesta complicidad con los ingleses, enemigos por entonces de España, quienes -se decía- habían seducido al revolucionario en su viaje a Europa para ponerle escollos al virreinato. Esta versión parece confirmarse por la presencia en las costas peruanas del marino inglés Jorge Anson justo en la época en que se iniciaba el movimiento mesiánico.
Otra hipótesis que manejan ciertos historiadores es la de los jesuitas y dominicos, quienes habrían favorecido la revolución con el fin de obstaculizar la labor de los franciscanos, en represalia a no haber obtenido las misiones de la selva.
Emboscado en la zona más impenetrable de la selva central, Juan Santos Atahualpa se mantuvo avanzando y repleglándose, librando escaramuzas sueltas, incordiando a los españoles en diferentes lugares, hasta que, en 1756, el levantamiento terminó como había empezado, intempestivamente.
También lindante con la leyenda, el motivo que habría propiciado este final sería la muerte súbita del líder que, para algunos, fue provocada por una enfermedad tropical y, para otros, por un hecho tragicómico que se repite hasta hoy: uno de los soldados quiso demostrarle a otro que Juan Santos era invulnerable y no le hacían daño las balas, y, para dar crédito a sus palabras, le disparó un tiro mortal.
Sandro Bossio Suárez
Una de las revoluciones que brilla en el Perú, por pionera y mítica, es la del cacique Juan Santos Atahualpa, gestada y desarrollada en Tarma cuando ésta era Intendencia.
La conmoción empezó abruptamente, en 1742, y las autoridades virreinales no le dieron importancia, pues creían que se trataba de otro brote insurgente motivado por los abusos de los encomenderos. La rebelión, sin embargo, fue tomando dimensiones insospechadas y, al poco tiempo, se había hecho ingobernable. Muchos pueblos de la selva fueron atacados y destruidos, y muchos funcionarios monárquicos asesinados. El virrey Marqués de Villagracia, ante el hecho, decidió enviar una expedición que combatiera a los rebeldes. Los resultados fueron infructuosos porque el terreno de lucha le era hostil al ejército español. A principios de 1743, la expedición monárquica, diezmada casi en su totalidad, retornó a Lima y fue recibida en audiencia virreinal; sólo entonces se conoció el nombre del agitador: Juan Santos Atahualpa.
Las proezas de Juan Santos Atahualpa, las múltiples muestras de su ingenio y valentía, fueron creándole a través de los años un aura espiritual, legendaria, al punto que sus amigos y enemigos empezaron a creer que tenía poderes sobrenaturales.
La oralidad popular, como se ha visto, ha mixturizado hechos reales e imaginarios en la rebelión de Juan Santos Atahualpa, de tal modo que, a excepción de ciertos sucesos debidamente confirmados, todas sus prácticas se mueven dentro de un plano incierto. Así, por ejemplo, se le atribuye una supuesta complicidad con los ingleses, enemigos por entonces de España, quienes -se decía- habían seducido al revolucionario en su viaje a Europa para ponerle escollos al virreinato. Esta versión parece confirmarse por la presencia en las costas peruanas del marino inglés Jorge Anson justo en la época en que se iniciaba el movimiento mesiánico.
Otra hipótesis que manejan ciertos historiadores es la de los jesuitas y dominicos, quienes habrían favorecido la revolución con el fin de obstaculizar la labor de los franciscanos, en represalia a no haber obtenido las misiones de la selva.
Emboscado en la zona más impenetrable de la selva central, Juan Santos Atahualpa se mantuvo avanzando y repleglándose, librando escaramuzas sueltas, incordiando a los españoles en diferentes lugares, hasta que, en 1756, el levantamiento terminó como había empezado, intempestivamente.
También lindante con la leyenda, el motivo que habría propiciado este final sería la muerte súbita del líder que, para algunos, fue provocada por una enfermedad tropical y, para otros, por un hecho tragicómico que se repite hasta hoy: uno de los soldados quiso demostrarle a otro que Juan Santos era invulnerable y no le hacían daño las balas, y, para dar crédito a sus palabras, le disparó un tiro mortal.
La conmoción empezó abruptamente, en 1742, y las autoridades virreinales no le dieron importancia, pues creían que se trataba de otro brote insurgente motivado por los abusos de los encomenderos.
SECCIÓN: DESLECTURAS
Joseph Conrad, el honor hasta el fin de la vida
Juan Carlos Suárez Revollar
Aunque polaco de nacimiento, Konrad Korzeniowski —más tarde Joseph Conrad— (1857 - 1924) escribió su obra en inglés, idioma que aprendió pasados los veintitrés años de edad. Su trabajo mayor es “El corazón de las tinieblas” (1902), una poderosa novela que tiene como contexto la explotación y exterminio a gran escala en El Congo por la “Compañía” del rey belga Leopold II —esto último nunca se dice—, pero desde una particular óptica. Esta selva salvaje e inexpugnable va pervirtiendo y destruyendo a todos cuantos ingresan en ella. La desconexión con la realidad en que caen los personajes llega a niveles clínicos de perturbación mental. Sus novelas contienen, en su fondo y forma, mucha complejidad, al punto de tornarse, por momentos, un tanto densas. Otra gran novela suya es “Lord Jim” (1900), a la que podrían sumarse “La línea de sombra” (1917), “Nostromo” (1904) y “El agente secreto” (1907).
De 1906 es “Gaspar Ruiz” (“A Set of Six”), una colección de seis narraciones. La más extensa de ellas es “El duelo”, una novela corta situada durante las guerras napoleónicas —”The Duel: A Military Tale”, publicada también, en un volumen independiente, en Nueva York, en 1908, con el título de “The Point of Honor”—. Sus protagonistas, dos oficiales franceses, se enfrentan a duelo en repetidas ocasiones y sin razón aparente a lo largo de dieciséis años (los posibles motivos van desde un lío de faldas hasta la acusación de que D’Hubert “nunca quiso a Bonaparte”. Pero el más probable es el enojo de Feraud por su arresto tras su primer duelo y, ya que no podía desobedecer, y menos batirse con el general que dio la orden, el reto fue para el mensajero).
“El duelo” dista del estilo y la temática predominante en Conrad. La estructura es bastante sencilla, lineal, salvo en cierto fragmento en que, como en una crónica histórica, se nos adelanta lo que ocurrirá con Joseph Fouché, un despreciable y camaleónico político de fugaz aunque memorable aparición que, para complicar las cosas, es real. El narrador es omnisciente y privilegia el punto de vista del oficial Armand D’Hubert. El otro, su enemigo, es el gascón —como D’Artagnan— Gabriel Feraud. Pero a diferencia de “Los tres mosqueteros” y todas sus secuelas (para Conrad, en las novelas de Alejandro Dumas no había más que una “teatral e infantil vehemencia por el juego de la vida”), “El duelo” no engrandece el espíritu duelista, ni tampoco su motivación: el honor. Más bien aborda ambas cosas con un sesgo irónico, y torna en ridícula esa ardorosa necesidad de batirse de sus protagonistas.
D’Hubert, un oficial cultivado, de buenas maneras y origen aristócrata, es arrastrado a esta larga disputa de honor por Feraud, belicoso y lleno de ímpetus, algo limitado pero tenaz. Conrad trata mejor en su narración al primero, y establece también un vínculo de interdependencia con el otro que se va fortaleciendo con los años: sus ascensos parejos o la solidaria camaradería durante el regreso de la desastrosa campaña de Rusia. Pero más aún, aquellas extrañas acciones entre las que se cuentan la eliminación del nombre de Feraud de la lista negra de bonapartistas gracias a la mediación de D’Hubert o la protección que dará este a aquel después de su enfrentamiento final.
“El duelo” es una obra menor si se la compara con las grandes novelas de Conrad. Aun así, ofrece una lectura amena y crea en el lector la misma simpatía por sus personajes que los de las historias más notables de este autor.
MÁS DATOS:
“El duelo” tiene una estupenda adaptación fílmica, con el título de “Los duelistas” (“The duellists”), dirigida por Ridley Scott y estrenada en 1978.

Portada de la edición norteamericana de 1908 de “El duelo”.
Juan Carlos Suárez Revollar
Aunque polaco de nacimiento, Konrad Korzeniowski —más tarde Joseph Conrad— (1857 - 1924) escribió su obra en inglés, idioma que aprendió pasados los veintitrés años de edad. Su trabajo mayor es “El corazón de las tinieblas” (1902), una poderosa novela que tiene como contexto la explotación y exterminio a gran escala en El Congo por la “Compañía” del rey belga Leopold II —esto último nunca se dice—, pero desde una particular óptica. Esta selva salvaje e inexpugnable va pervirtiendo y destruyendo a todos cuantos ingresan en ella. La desconexión con la realidad en que caen los personajes llega a niveles clínicos de perturbación mental. Sus novelas contienen, en su fondo y forma, mucha complejidad, al punto de tornarse, por momentos, un tanto densas. Otra gran novela suya es “Lord Jim” (1900), a la que podrían sumarse “La línea de sombra” (1917), “Nostromo” (1904) y “El agente secreto” (1907).
De 1906 es “Gaspar Ruiz” (“A Set of Six”), una colección de seis narraciones. La más extensa de ellas es “El duelo”, una novela corta situada durante las guerras napoleónicas —”The Duel: A Military Tale”, publicada también, en un volumen independiente, en Nueva York, en 1908, con el título de “The Point of Honor”—. Sus protagonistas, dos oficiales franceses, se enfrentan a duelo en repetidas ocasiones y sin razón aparente a lo largo de dieciséis años (los posibles motivos van desde un lío de faldas hasta la acusación de que D’Hubert “nunca quiso a Bonaparte”. Pero el más probable es el enojo de Feraud por su arresto tras su primer duelo y, ya que no podía desobedecer, y menos batirse con el general que dio la orden, el reto fue para el mensajero).
“El duelo” dista del estilo y la temática predominante en Conrad. La estructura es bastante sencilla, lineal, salvo en cierto fragmento en que, como en una crónica histórica, se nos adelanta lo que ocurrirá con Joseph Fouché, un despreciable y camaleónico político de fugaz aunque memorable aparición que, para complicar las cosas, es real. El narrador es omnisciente y privilegia el punto de vista del oficial Armand D’Hubert. El otro, su enemigo, es el gascón —como D’Artagnan— Gabriel Feraud. Pero a diferencia de “Los tres mosqueteros” y todas sus secuelas (para Conrad, en las novelas de Alejandro Dumas no había más que una “teatral e infantil vehemencia por el juego de la vida”), “El duelo” no engrandece el espíritu duelista, ni tampoco su motivación: el honor. Más bien aborda ambas cosas con un sesgo irónico, y torna en ridícula esa ardorosa necesidad de batirse de sus protagonistas.
D’Hubert, un oficial cultivado, de buenas maneras y origen aristócrata, es arrastrado a esta larga disputa de honor por Feraud, belicoso y lleno de ímpetus, algo limitado pero tenaz. Conrad trata mejor en su narración al primero, y establece también un vínculo de interdependencia con el otro que se va fortaleciendo con los años: sus ascensos parejos o la solidaria camaradería durante el regreso de la desastrosa campaña de Rusia. Pero más aún, aquellas extrañas acciones entre las que se cuentan la eliminación del nombre de Feraud de la lista negra de bonapartistas gracias a la mediación de D’Hubert o la protección que dará este a aquel después de su enfrentamiento final.
“El duelo” es una obra menor si se la compara con las grandes novelas de Conrad. Aun así, ofrece una lectura amena y crea en el lector la misma simpatía por sus personajes que los de las historias más notables de este autor.
“El duelo” no engrandece el espíritu duelista, ni tampoco su motivación: el honor. Más bien aborda ambas cosas con un sesgo irónico.
MÁS DATOS:
“El duelo” tiene una estupenda adaptación fílmica, con el título de “Los duelistas” (“The duellists”), dirigida por Ridley Scott y estrenada en 1978.

Portada de la edición norteamericana de 1908 de “El duelo”.
COLUMNA: DESDE EL ATELIER
Mainau, la isla de las flores
Josué Sánchez
El lago Konstanz, situado en¬tre Suiza, Austria y Alemania, es el segundo lago más grande de Eu¬ropa y uno de los de mayor atracti¬vo turístico. En sus riberas alber¬ga el célebre Convento de Salem y las capillas barrocas y de estilo rococó más hermosas del conti¬nente.
En la ciudad de Konstanz, a orillas del lago, se encuentra la tumba del teólogo y reformador checo Juan Hus, que fuera exco¬mulgado por Alejandro V y luego quemado vivo por orden del Con¬cilio celebrado en esa ciudad en 1414, que puso fin al Gran Cisma de Occidente. Una pla¬ca metálica en una de sus principales calles indica el lugar exacto del sacrificio.
Cada uno de los encantadores pueblos que bordean el lago con¬serva trozos de la historia antigua y reciente de los países que lo cir¬cundan, pero Mainau es un caso especial. La isla de Mainau es un tesoro ecológico, artístico e histó-rico.
Debido a su cálido microclima, tiene una vegetación tropical y sub¬tropical. En ella florecen las más hermosas variedades de orquídea del mundo, tulipanes, jacintos, da¬lias, rododendros, cipreses, palme¬ras, naranjas, plátanos y alrededor de 1200 variedades de rosas. Toda la isla es un mági¬co jardín primaveral, con zonas umbrías y otras de resplandecien¬te colorido.
“El Mundo de los Niños” es úni¬co en su concepción. Con esculturas tridimensionales de plantas en floración, representando pavos reales, patos, búhos y hasta a Moby Dick, es una muestra excep¬cional de lo que puede hacer la arquitectura de jardines.
Castle Terrace, el hermoso castillo barroco ubicado en el cen¬tro de la isla, y la Iglesia de St. Marien, a su costado, datan del siglo XVIII. Fueron construidos por Jo-han Kaspar Bagnato. Los altares y confesionarios de la Iglesia fueron decorados por Joseph Antón Feuchtmayer y los frescos del cie¬lo raso por Franz Josef Spiegler. Con sus paredes y columnas de mármol y pan de oro, sus bellísi¬mas esculturas de ángeles, sus rollizos amorcillos, su madonna negra, sus pinturas de Cristos, san¬tos y ángeles que parecen elevar¬se hacia el infinito, la Iglesia de St. Marien se ubica en la cúspide del barroquismo europeo, en tránsito al rococó.
El propietario de la isla es el Conde Lennart Bernadotte, un gran defensor de la ecología que ha llegado a ser presiden¬te de la Sociedad Ale¬mana de Horticultura. Se le puede ver reco¬rriendo la isla. Cuando la visité tuve oportunidad de verlo, mientras espera¬ba tomando una cerve¬za en un restaurante a un amigo ecuatoriano cuya tar¬danza me tenía preocu¬pado. El ecuatoriano se había le¬vantado intempestiva¬mente de la mesa me¬dia hora antes y casi sin mediar palabra había salido del local. Cuando por fin re¬gresó, me mostró su¬brepticiamente una rosa que llevaba envuelta en un periódico, explicándome en voz baja que la había roba¬do para regalársela a su novia. Su audacia me sor¬prendió, de haber sido descubiertos hubiéra¬mos sido arrestados por la estricta policía alemana que custodia la isla. Su romanticismo, no obstante, me hizo sonreír cómplice; la isla nos había embrujado.
Dos meses después, sin embargo, mi amigo llamó para invitarme a una fiesta. Cuando llegamos, se acercó a los anfitriones, a quienes muy calmado me presentó como su ex-novia y el nuevo enamorado de ésta, agregando con un suspiro que era una lástima que ella no hubiera apreciado el riesgo que representaba robar una flor en Ale¬mania. Cosas de la prosaica vida.
Josué Sánchez
El lago Konstanz, situado en¬tre Suiza, Austria y Alemania, es el segundo lago más grande de Eu¬ropa y uno de los de mayor atracti¬vo turístico. En sus riberas alber¬ga el célebre Convento de Salem y las capillas barrocas y de estilo rococó más hermosas del conti¬nente.
En la ciudad de Konstanz, a orillas del lago, se encuentra la tumba del teólogo y reformador checo Juan Hus, que fuera exco¬mulgado por Alejandro V y luego quemado vivo por orden del Con¬cilio celebrado en esa ciudad en 1414, que puso fin al Gran Cisma de Occidente. Una pla¬ca metálica en una de sus principales calles indica el lugar exacto del sacrificio.
Cada uno de los encantadores pueblos que bordean el lago con¬serva trozos de la historia antigua y reciente de los países que lo cir¬cundan, pero Mainau es un caso especial. La isla de Mainau es un tesoro ecológico, artístico e histó-rico.
Debido a su cálido microclima, tiene una vegetación tropical y sub¬tropical. En ella florecen las más hermosas variedades de orquídea del mundo, tulipanes, jacintos, da¬lias, rododendros, cipreses, palme¬ras, naranjas, plátanos y alrededor de 1200 variedades de rosas. Toda la isla es un mági¬co jardín primaveral, con zonas umbrías y otras de resplandecien¬te colorido.
“El Mundo de los Niños” es úni¬co en su concepción. Con esculturas tridimensionales de plantas en floración, representando pavos reales, patos, búhos y hasta a Moby Dick, es una muestra excep¬cional de lo que puede hacer la arquitectura de jardines.
Castle Terrace, el hermoso castillo barroco ubicado en el cen¬tro de la isla, y la Iglesia de St. Marien, a su costado, datan del siglo XVIII. Fueron construidos por Jo-han Kaspar Bagnato. Los altares y confesionarios de la Iglesia fueron decorados por Joseph Antón Feuchtmayer y los frescos del cie¬lo raso por Franz Josef Spiegler. Con sus paredes y columnas de mármol y pan de oro, sus bellísi¬mas esculturas de ángeles, sus rollizos amorcillos, su madonna negra, sus pinturas de Cristos, san¬tos y ángeles que parecen elevar¬se hacia el infinito, la Iglesia de St. Marien se ubica en la cúspide del barroquismo europeo, en tránsito al rococó.
El propietario de la isla es el Conde Lennart Bernadotte, un gran defensor de la ecología que ha llegado a ser presiden¬te de la Sociedad Ale¬mana de Horticultura. Se le puede ver reco¬rriendo la isla. Cuando la visité tuve oportunidad de verlo, mientras espera¬ba tomando una cerve¬za en un restaurante a un amigo ecuatoriano cuya tar¬danza me tenía preocu¬pado. El ecuatoriano se había le¬vantado intempestiva¬mente de la mesa me¬dia hora antes y casi sin mediar palabra había salido del local. Cuando por fin re¬gresó, me mostró su¬brepticiamente una rosa que llevaba envuelta en un periódico, explicándome en voz baja que la había roba¬do para regalársela a su novia. Su audacia me sor¬prendió, de haber sido descubiertos hubiéra¬mos sido arrestados por la estricta policía alemana que custodia la isla. Su romanticismo, no obstante, me hizo sonreír cómplice; la isla nos había embrujado.
Dos meses después, sin embargo, mi amigo llamó para invitarme a una fiesta. Cuando llegamos, se acercó a los anfitriones, a quienes muy calmado me presentó como su ex-novia y el nuevo enamorado de ésta, agregando con un suspiro que era una lástima que ella no hubiera apreciado el riesgo que representaba robar una flor en Ale¬mania. Cosas de la prosaica vida.
Toda la isla es un mági¬co jardín primaveral, con zonas umbrías y otras de resplandecien¬te colorido.
MICROCUENTO
Cuadro
Marco Tulio Capica
El título: Filósofo chino comiendo ciruela. En él debe figurar un anciano chino de cabello y barba canosa, milenario en sí, cara de filósofo, pues, comiendo una ciruela de manera un tanto simiesca, cogido y encogido por sobre el pequeño fruto, como si el resto del mundo nada fuera, y acaso nada es, y con la pueril expresión de haber sido encontrado haciendo algo terrible o nítidamente indebido, mirando a la cámara de reojo sobremanera culposo. Blanco y negro, las arrugas profundas y primer plano.
La ironía: llevar a cuestas un apetito tan humano que te impele a mordisquear una ciruela, como si de un luminoso pezón se tratara.
Marco Tulio Capica
El título: Filósofo chino comiendo ciruela. En él debe figurar un anciano chino de cabello y barba canosa, milenario en sí, cara de filósofo, pues, comiendo una ciruela de manera un tanto simiesca, cogido y encogido por sobre el pequeño fruto, como si el resto del mundo nada fuera, y acaso nada es, y con la pueril expresión de haber sido encontrado haciendo algo terrible o nítidamente indebido, mirando a la cámara de reojo sobremanera culposo. Blanco y negro, las arrugas profundas y primer plano.
La ironía: llevar a cuestas un apetito tan humano que te impele a mordisquear una ciruela, como si de un luminoso pezón se tratara.
PERFUME DE MUJER
El club Dumas
Arturo Pérez-Reverte
Al deslizar hacia abajo la cremallera, la chica descubrió un triángulo de piel oscura en contraste con el algodón blanco de sus braguitas, arrastradas por los tejanos cuando se desembarazó de ellos; y sus piernas largas, bronceadas, extendidas sobre la cama (…). Entonces el contraste fue mayor: más algodón blanco, esta vez deslizándose hacia arriba sobre la piel atezada, la carne tensa, cálida, la cintura esbelta; las tetas pesadas y perfectas, perfiladas por el contraluz en la penumbra; el nacimiento del cuello, la boca entreabierta y otra vez los ojos, con toda la luz arrebatada al cielo.
Arturo Pérez-Reverte
Al deslizar hacia abajo la cremallera, la chica descubrió un triángulo de piel oscura en contraste con el algodón blanco de sus braguitas, arrastradas por los tejanos cuando se desembarazó de ellos; y sus piernas largas, bronceadas, extendidas sobre la cama (…). Entonces el contraste fue mayor: más algodón blanco, esta vez deslizándose hacia arriba sobre la piel atezada, la carne tensa, cálida, la cintura esbelta; las tetas pesadas y perfectas, perfiladas por el contraluz en la penumbra; el nacimiento del cuello, la boca entreabierta y otra vez los ojos, con toda la luz arrebatada al cielo.
La primera multinacional del idioma
Pedro Guillén
A partir de finales del siglo XIX, todas las generaciones e investigadores del bolero reconocen a éste como la primera multinacional del idioma. Con el que se alcanzó la fusión y hermandad panamericana: el viejo romancero de los conquistadores se había convertido en el romance de los conquistados. Ese “corruptor de adultos” tuvo un desarrollo sin fronteras.
De fabricación urbana, tez oscura, sin vestigios de la violencia heredada por siglos de esclavitud en las plantaciones caribeñas, creado y consolidado en Cuba, el bolero tomó carta de naturalización en México, donde maduró y se desarrolló profusamente, gracias al talento de los músicos que lo llevaron a la radio y al cine. Hacia 1860, la música cubana, de clara fuente europea, comenzó a criticar discretamente al opresor colonial y oscurecía lentamente su pigmentación, despojándose de su ropaje europeizante en gradual proceso de amulatamiento; surgió, entonces, un tipo de canción de estirpe popular en Cuba. En 1883, Pepe Sánchez, espigado mulato, sastre de oficio y comprometido con la causa revolucionaria de José Martí, inauguró un nuevo género vocal y bailable que cambiaría radicalmente la música popular latinoamericana. Sánchez compuso el primer bolero en Santiago de Cuba, “Tristezas”: “Tristezas me dan tus quejas mujer / profundo dolor que dudes de mí, / cuánto sufro y padezco por ti”.
Luego aparecieron autores cualificados como Gonzalo Roig, Eliseo Grenet y Ernesto Lecuona en Cuba; en México: Guty Cárdenas, María Grever, Austín Lara y Alfonso Esparza Oteo. El bolero fue el único género musical que se convirtió en una verdadera pasión en toda América Latina, luego invadió España. Fue más allá del tango argentino, la cumbia y el porro colombiano, el corrido y la canción ranchera mexicana, el joropo venezolano, el pasillo ecuatoriano, la guaranía paraguaya, la cueca chilena o el son cubano. La razón fue que el único destinatario del amor es el propio yo, y a ese amor, y sus percances, le cantó el bolero en infinidad de matrices. A la fecha, el bolero cuenta con 128 años de vida.
Durante los últimos años, el bolero fue objeto de una especie de revival, de reintegración y valoración a través de intérpretes como Soledad Bravo, Pablo Milanés, Gloria Estefan, Luis Miguel, Eydie Gorme, Julio Iglesias, Dyango, María Martha Serra Lima, Plácido Domingo, Andrea Bocelli, etc. El revival también coincidió con la revolución literaria sentimental, por lo que habría que insertar hechos literarios, narraciones, poemas y ensayos protagonizados por escritores de la talla de: Gabriel García Márquez, Guillermo Cabrera Infante, Alejo Carpentier o Luis Rafael Sánchez, cuya sensibilidad se formó en la época de mayor auge del bolero. En casi todos estos casos, el bolero fue usado como telón de fondo. También, reapareció en películas de Pedro Almódovar: “Tacones lejanos” y “Mujeres al borde de un ataque de nervios”; también, en la cinta mexicana “Danzón”; en el film venezolano, “Señora bolero”; en “Los Reyes del mambo” se escucha la voz de Benny Moré cantando “Cómo fue” y a Linda Ronstadt en “Perfidia” y “Frenesí”.
En suma, el bolero es la expresión de la identidad afectiva de origen americano, como espejo de valores emocionales, eróticos y morales, en los espacios circunscritos por el idioma y como arte popular altamente creativo, testimonio de muestra idiosincrasia, como un hecho clave de la cultura musical hispanoamericana.
A partir de finales del siglo XIX, todas las generaciones e investigadores del bolero reconocen a éste como la primera multinacional del idioma. Con el que se alcanzó la fusión y hermandad panamericana: el viejo romancero de los conquistadores se había convertido en el romance de los conquistados. Ese “corruptor de adultos” tuvo un desarrollo sin fronteras.
De fabricación urbana, tez oscura, sin vestigios de la violencia heredada por siglos de esclavitud en las plantaciones caribeñas, creado y consolidado en Cuba, el bolero tomó carta de naturalización en México, donde maduró y se desarrolló profusamente, gracias al talento de los músicos que lo llevaron a la radio y al cine. Hacia 1860, la música cubana, de clara fuente europea, comenzó a criticar discretamente al opresor colonial y oscurecía lentamente su pigmentación, despojándose de su ropaje europeizante en gradual proceso de amulatamiento; surgió, entonces, un tipo de canción de estirpe popular en Cuba. En 1883, Pepe Sánchez, espigado mulato, sastre de oficio y comprometido con la causa revolucionaria de José Martí, inauguró un nuevo género vocal y bailable que cambiaría radicalmente la música popular latinoamericana. Sánchez compuso el primer bolero en Santiago de Cuba, “Tristezas”: “Tristezas me dan tus quejas mujer / profundo dolor que dudes de mí, / cuánto sufro y padezco por ti”.
Luego aparecieron autores cualificados como Gonzalo Roig, Eliseo Grenet y Ernesto Lecuona en Cuba; en México: Guty Cárdenas, María Grever, Austín Lara y Alfonso Esparza Oteo. El bolero fue el único género musical que se convirtió en una verdadera pasión en toda América Latina, luego invadió España. Fue más allá del tango argentino, la cumbia y el porro colombiano, el corrido y la canción ranchera mexicana, el joropo venezolano, el pasillo ecuatoriano, la guaranía paraguaya, la cueca chilena o el son cubano. La razón fue que el único destinatario del amor es el propio yo, y a ese amor, y sus percances, le cantó el bolero en infinidad de matrices. A la fecha, el bolero cuenta con 128 años de vida.
Durante los últimos años, el bolero fue objeto de una especie de revival, de reintegración y valoración a través de intérpretes como Soledad Bravo, Pablo Milanés, Gloria Estefan, Luis Miguel, Eydie Gorme, Julio Iglesias, Dyango, María Martha Serra Lima, Plácido Domingo, Andrea Bocelli, etc. El revival también coincidió con la revolución literaria sentimental, por lo que habría que insertar hechos literarios, narraciones, poemas y ensayos protagonizados por escritores de la talla de: Gabriel García Márquez, Guillermo Cabrera Infante, Alejo Carpentier o Luis Rafael Sánchez, cuya sensibilidad se formó en la época de mayor auge del bolero. En casi todos estos casos, el bolero fue usado como telón de fondo. También, reapareció en películas de Pedro Almódovar: “Tacones lejanos” y “Mujeres al borde de un ataque de nervios”; también, en la cinta mexicana “Danzón”; en el film venezolano, “Señora bolero”; en “Los Reyes del mambo” se escucha la voz de Benny Moré cantando “Cómo fue” y a Linda Ronstadt en “Perfidia” y “Frenesí”.
En suma, el bolero es la expresión de la identidad afectiva de origen americano, como espejo de valores emocionales, eróticos y morales, en los espacios circunscritos por el idioma y como arte popular altamente creativo, testimonio de muestra idiosincrasia, como un hecho clave de la cultura musical hispanoamericana.
El bolero es la expresión de la identidad afectiva de origen americano, como espejo de valores emocionales, eróticos y morales, en los espacios circunscritos por el idioma y como arte popular altamente creativo.
AGENDA SEMANAL
Ciclo de cine "De Colección" – Género Comedia
Forista: Sebastiano Pollock
Organiza: ICPNA Región Centro
Miércoles 14: Calendar girls (Las chicas del calendario)
Jueves 15: Young at heart (Corazones rebeldes)
Viernes 16: Saving grace (El jardín de la alegría)
Hora: 7 pm
Lugar: Auditorio del ICPNA Región Centro - Jr. Ayacucho 169, Huancayo.
INGRESO LIBRE
Exposición: "Vivienda Wanka, todas las tecturas del valle"
Muestra artístico arquitectónica abierta
Organizan: ICPNA Región Centro / Grupo Wanka Kawsay
Del 07 al 29 de setiembre
De lunes a viernes: 10 am – 8 pm / sábado: 4 pm – 12 m
Lugar: Galería de Arte del ICPNA Región Centro - Jr. Ayacucho 169, Huancayo.
INGRESO LIBRE
Forista: Sebastiano Pollock
Organiza: ICPNA Región Centro
Miércoles 14: Calendar girls (Las chicas del calendario)
Jueves 15: Young at heart (Corazones rebeldes)
Viernes 16: Saving grace (El jardín de la alegría)
Hora: 7 pm
Lugar: Auditorio del ICPNA Región Centro - Jr. Ayacucho 169, Huancayo.
INGRESO LIBRE
Exposición: "Vivienda Wanka, todas las tecturas del valle"
Muestra artístico arquitectónica abierta
Organizan: ICPNA Región Centro / Grupo Wanka Kawsay
Del 07 al 29 de setiembre
De lunes a viernes: 10 am – 8 pm / sábado: 4 pm – 12 m
Lugar: Galería de Arte del ICPNA Región Centro - Jr. Ayacucho 169, Huancayo.
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