viernes, 14 de octubre de 2011

Solo 4, “386”, del 08 de octubre de 2011



LA CITA
“Jekyll era ahora mi ciudad de refugio; si dejaba asomar a Hyde aunque sólo fuera por un instante, las manos de todos los hombres caerían sobre él para matarlo”.

R. L. Stevenson, Dr. Jekyll y Mr. Hyde

LO ÚLTIMO

Ricardo Quesada Céspedes: “Prohibido suicidarse en primavera”
A través de los años, en este suplemento, hemos conocido a una serie de personalidades que se han caracterizado por su amor a la cultura, a las artes, y por su gran sensibilidad. Ricardo Quesada, poeta del asfalto, prolijo escritor, amigo nuestro y extraordinario ser humano, no fue la excepción. Falleció el pasado jueves, 29 de setiembre, presa de la soledad y el desencanto, dejando sus últimos escritos: “Prohibido suicidarse en primavera”, como una metáfora contradictoria en la estación de la juventud y la vida, y una ola enorme de tristeza para sus amigos. Desde “Solo 4” queremos rendirle este merecido, aunque tardío, homenaje al “Charly”.

A Ricardo Quesada

La última parada on the road

Alberto Chavarría Muñoz

Cuando llegué a la reunión de “Dos Amarus”, un miércoles por la noche de hace cuatro años, lo vi sentado hacia una esquina de la oficina, con las piernas cruzadas, su brazo izquierdo, en un ángulo de 90 grados, sobre una de sus extremidades y su mano sostenía el codo del brazo derecho, y la mano diestra sostenía su mentón. Me pareció flaco, mostraba ser alto, un tanto asustado y que se escondía detrás de unos lentes redondos estilo John Lennon. Al sernos presentado su discurso me dejó claro su condición de poeta marginal, contracultura y amante de las transgresiones.
Su poesía sembraba imágenes más que palabras. Su poética recogía los avatares de Hora Zero, Allen Ginsberg, Bukowski, Kerouac, Kloaka, Neón y de los poetas cuasi malditos de Quilca. Era uno de los consuetudinarios de los llamados “poetas del asfalto”, de aquellos que fueron llamados “Los hijos de El Averno”, de aquellos que buscaban superar con sus metáforas el espacio de la violencia política, el pesimismo del primer aprismo, sobrevivir los tiempos del fujishock y construirse como un lugar donde la poesía no muriese de tanto pragmatismo, eficiencia y de la “jodida” historia que preguntaba zavalita.
Vino al Valle del Mantaro (Obviaba las referencias a Huancayo y Jauja), así lo nombraba, por ciertas nostalgias (había vivido en La Oroya en su niñez y su pareja, Hilda, era de estos lares) y para renacer entre vientos, follajes y aire distinto a su Lima entrañable. Como buen poeta contracultural vivía resumiendo el espíritu “hippie”, la transhumancia, el amor pleno, la bohemia y la poesía vital. Entendía a plenitud aquello de “la vida es algo que pasa mientras uno está trabajando”, por lo que escogió vivirla en vez de verla pasar.
Anduvimos en varios recitales poéticos, eso que les causa aversión y miedo a muchos prosaicos, y dejaba su palabra dura y seca destilando metáforas. La ternura que brotaba de ellas no estaba en el significante sino en el juego rítmico, en el adjetivo contundente y en la narrativa creativa. Muchos lo miraban como un sujeto intemporal del hipismo, esa presencia marcaba un contenido de irreverencia, y su discurso asustaba a algunas señoras y señores “decentes”.
Hablar de poesía con él era recorrer, principalmente, toda la poética parnasiana hasta lo actual. Amaba a Rimbaud, Verlaine y Baudelaire. Sufría, por lo humano, con Vallejo. No rechazaba a Moro ni a Neruda. Comprendía mejor a Whitman, a Lucho Hernández y a los de la Generation Beat. Leía mucho y escribía bastante. Sabía corregir buscando el adjetivo y el ritmo.
Iba y venía, nos buscaba, nos mostraba fotos, poemas, canciones, collages, recortes de periódicos, CD´s musicales, especialmente de Jazz, alguna vez libros, y, sobre todo, quería conversar. Tal vez porque se sentía: “Soy solo un muchacho limeño… desorientado y rabioso… enojado por las pérdidas signadas de rumores que tocan sus manos y sus zapatos en el centro justo de su corazón / Cansado de hablar de angustias y enfermedades (…) las voces turbias (…) con un refugio invisible siempre en mente / con las ganas podridas de gemir y gritar oscuro a los cuatro vientos de por qué mierda ¡¡¡Que por qué!!!” (Poemario El creyente).
¿Por qué no fue un chico como los demás, tranquilo y correcto? Mi única hipótesis es que decidió ser libre, por ello mismo transgresor, y con el único sentido de vida que sentía: vivir la poesía hasta sus últimas consecuencias. Se convirtió, si vale el paralelo, en un militante apasionado de la poesía y la poética. Para él la utopía estaba en la poesía. Su vida es una demostración de ello, a pesar de Platón. Tal vez no sea un grande de la poesía peruana, pero nosotros, sus amigos y amantes de la verdadera poesía, lo sentiremos así y su divisa: Desakato, perdurará hasta que cerremos los ojos.

Dejaba su palabra dura y seca destilando metáforas. La ternura que brotaba de ellas no estaba en el significante sino en el juego rítmico, en el adjetivo contundente y en la narrativa creativa.

COLUMNA: EL BUEN SALVAJE

Sandro Bossio Suárez

Huancayo: todo lo que se mueve

A las doce del día del 24 de setiembre de 1908, rodeado de un mar de gente, se vio aparecer el primer convoy en la estación ferroviaria de Tres Esquinas. Se cuenta que el conductor, de apellido Beltrán, hizo sonar el pito del tren desde el paraje de Quebrada Honda, y que estacionó la bufante máquina en medio de una profusa vaharada y algarabía general. La locomotora, como consta en la historia de la ciudad, fue una de fabricación inglesa, llamada «Rogers», y signada con el número 34.
Según los anales locales, en 1921 Juan Ancilloto, aviador italiano, hizo el primer vuelo desde Lima hasta Huancayo, en dos horas, utilizando un avión Balila, monomotor.
En 1927 el comandante Charles Grow, jefe de la Misión de Aviación de EE.UU. en el Perú, al volar de Lima a San Ramón, se desvió de su ruta, debido al mal tiempo, aterrizando con maestría en la hacienda La Mejorada.
Pero estos fueron vuelos de prueba no inscritos oficialmente en nuestra historia. La nueva etapa se inicia con la Resolución Suprema del 17 de diciembre de 1932, que declaraba la exigencia de la construcción de un campo de aterrizaje en el entonces fundo «Yauris». Una vez rasado el terreno y apisonada la pista, el aviador de las Fuerzas Aéreas del Perú, capitán Leonardo Alvariño Herr, trajo vía ferrocarril un aeroplano bimotor de fabricación francesa, que un mecánico de apellido Rubio montó en esta ciudad. Alzó vuelo en el nuevo campo, siendo el primer aviador nacional que cruzó «con oficialidad» el cielo huancaíno. Lamentablemente, días después, desapareció junto con la máquina en vuelo a Iquitos. Ese mismo año, Nelson Rockefeller, nieto del archimillonario estadounidense, vino en avión especial desde el Cusco.
En la década de los cuarenta, el teniente de aviación Julio Carvo Tenaut, huancaíno, se estrelló y murió durante un vuelo de reconocimiento por los alrededores.
El 28 de noviembre de 1934, dos aviones «Curtis» de guerra, llegados de Lima, volaron hacia Huancavelica con la misión de debelar un conato revolucionario. Fue el primer vuelo Lima-Huancayo realizado por aviadores nacionales.
En 1913, un alemán de apellido Guinche presentó en Huancayo una bicicleta plegable. Si esto fue un acontecimiento, imaginémonos el episodio suscitado por la aparición del primer automóvil: fue en 1917 y se trataba de un Overland, perteneciente al comerciante escocés Saunders. Este vehículo, según descripción técnica, llevaba un motor de 2.2 litros, con poder sólo en la rueda posterior derecha, aunque con frenos en las cuatro. En ese mismo año, el Concejo Municipal de Huancayo decidió empedrar la Calle Real y algunas principales para darle mayor fluidez a los automóviles que empezaron a llegar.
Ricardo Tello Devotto cuenta que en 1918 se organizaron «dos raids automovilísticos, uno de Huancayo a Acopalca, y otro hasta Jauja». En 1919 se pusieron a la venta las placas de rodaje de carros motorizados. Ese fue un año de interesantes logros en el transporte pesado, pues un particular trajo un camión para servicio de carga, pero lamentablemente el ensayo de tractores Avery fue negativo por la altura.
Uno de los autos más elegantes que paseó por la ciudad fue un costoso Ford modelo «T», de 1922, propiedad del que sería alcalde en 1925, J.H. Taylor.

El 28 de noviembre de 1934, dos aviones «Curtis» de guerra, llegados de Lima, volaron hacia Huancavelica (…). Fue el primer vuelo Lima-Huancayo realizado por aviadores nacionales.

“Wanka Limay” o Idioma Wanka

José Carlos Vilcapoma
Ex Vice Ministro de Interculturalidad del Perú

La diversidad cultural y biológica de los pueblos constituye el patrimonio común de la humanidad. La preservación de esta pluralidad está sustentada en principios que la comunidad internacional ha suscrito y ratificado a través de Convenios, Protocolos y Recomendaciones, un ejemplo de ello es el Convenio 169 de OIT sobre los pueblos indígenas y tribales, que el Perú ha escrito y ratificado en 1993, que determina la protección de "los valores y prácticas sociales, culturales, religiosos y espirituales propios" de los pueblos indígenas.
La protección de las prácticas tradicionales de los pueblos indígenas contribuye al desarrollo sostenible y equitativo del medio en el que se desarrollan. Por ello, la política intercultural del Estado Peruano garantiza y reconoce la necesidad de la articulación de estas poblaciones para garantizar su desarrollo económico y gobernabilidad democrática en un contexto de unidad en la diversidad.
La pluralidad cultural se manifiesta a través de la abundancia lingüística que se ve amenazada en todos los pueblos indígenas. Como consecuencia de la erosión lingüística, gran parte de la enciclopedia de conocimientos tradicionales indígenas que suelen transmitirse oralmente de una generación a otra, corre el riesgo de perderse para siempre. Preservar las lenguas de los pueblos originarios es una cuestión de suma urgencia, es fundamental para asegurar la protección de la identidad de los pueblos y para salvaguardar nuestro patrimonio cultural.
La diversidad biológica, lingüística y cultural son inseparables y se refuerzan recíprocamente, de modo que cuando se pierde un idioma nativo, también se pierden los conocimientos tradicionales sobre cómo conservar la multiplicidad biológica del mundo y hacer frente al cambio climático y otros problemas ambientales. Por eso, el libro “Wanka Limay” (Idioma WanKa) es una expresión genuina de la preocupación de un hijo prominente de la zona, un valioso aporte etnográfico para la preservación de la cultura Wanka. A través de sus páginas, su autor, Sebastián Paredes Buendía nos presenta la variedad cultural de sus pueblos, enfatizando la importancia de su lengua para preservar su identidad como herederos de una cultura milenaria, por ello, y por su probada constancia, nuestro reconocimiento y felicitación por su magnífico esfuerzo.

El libro “Wanka Limay” (Idioma WanKa) es una expresión genuina de la preocupación de un hijo prominente de la zona, un valioso aporte etnográfico para la preservación de la cultura Wanka.


Homenaje a Ricardo Quesada, el “Charly”

Nuestro buen amigo Ricardo Quesada nos dejó tristemente durante la semana pasada. Al lado de su cuerpo se encontró un poema inédito, reflejo de su silenciosa soledad, y de su insoslayable sensibilidad. Aquí solo un fragmento para todos sus amigos y demás personas que lo admiraban y hoy, más que nunca, lo recuerdan.

Strange Days Indeed
o Prohibido suicidarse en primavera


Me desperté
sabía que ya pues, sí
ya pues
mi rodilla hecha mierda.
Desayunamos
melón,
café
leche
queso
pancitos serranos,
¡era el paraíso!
Y hablamos tanto, tanto,
de tantas cosas,
poesía,
el Wony,
la gente,
la bohemia limeña,
la poesía,
los poetas,
el Luchito Hernández,
tema recurrente,
su hierba,
su música,
su dolor,
el tren, la banderita,
mi Buenos Aires,
el llanto en el regreso,
why?
tell me why?
el riesgo de ser realmente poeta
otra vez:
el riesgo de ser
realmente poeta
poeta poeta poeta
era como con Julio en New York
¿recuerdas?
tratar de entender tantas cosas
tantas!!
hoy mi simplicidad
es lo que buscaba Rimbaud
lo que imaginaba Gauguin,
lo que enardeció a Van Gogh,
eso es lo que vale
es como volver al principio principito
de la palabra
la Biblia
el Zen
el Corán
hoy es 27 de Setiembre
y es martes y llueve,
llueve tanto y tanto.
Mis planes arruinados
eso es lo que me jode: ya no quiero seguir acá
es demasiado
te recuerdo,
tu sonrisa,
tu voz,
nuestras manos, siempre juntas.
¿Qué pasó?
¿Qué mierda pasó?
Solo,
solo,
solo,
tan solo.
Llueve
y me resbalo,
y salgo embarrado,
canto como cigarra interior,
la cigarra canta y muere sabes,
la cigarra.
Limpio,
hermoso,
embarrado,
lleno de poesía
de versos
creo poder captar hoy tantas cosas,
tantas,
y creo
creo, creo,
creo en los corazones
yo poeta del camino
mojado,
lleno de lluvia,
de truenos,
de rayos,
de aguacero, que es tormenta ¡ya!
escuchando en el alma
las raras canciones del Fito,
de los Beatles,
de… ¡oh! tantos y tan pocos que nombrar,
al lado del camino,
donde siempre estamos solos... ¡Eso es!

jueves, 13 de octubre de 2011

Agujero pleno o del cuervo

Especulaciones sobre "Strange Days Indeed"
o Prohibido suicidarse en primavera"
de Ricardo Quesada

Cuando un agujero se abre y devora la sustancia del día, “iza el cerebro al cielo azul en el alba”. Fue, y sigue siendo la soledad nuestros escombros, lo que va con nosotros a donde quiera que vayamos. Y desde ese agujero, regresas a las trampas importantes de tu vida, visitas a tus amigos, conservas a pesar de lo forzoso, el tono inexorable, ácido, la nieve en tu lengua girando. Cantando al agua como un santo condenado a no oír su sonrisa.
Pero la solemnidad de la muerte se llena de lluvia. Un cuerpo definitivamente rendido en la oscuridad. Afinas ese simple hecho de la mierda tenazmente reacia, embarrada en el corazón de un corazón que funciona tediosamente mal. Y cantas atado a otros nudos. Ricardo cantas y la columna se derrumba húmeda.
Porque hay seres que viven bajo la pesadilla sagrada del fin, solo para defenderse de la realidad traidora.
Porque hay ríos de poesía donde se hunde nuestra cabeza, donde se junta la muerte y tu mano, atraída por la misma lasitud de un ave que busca sólo “un lugar donde dormir en este maldito manicomio”.

Roberto Salazar

COLUMNA: DESDE EL ATELIER

ANGTS: Graffitis y sociedad

Josué Sánchez Cerrón

Situada en la frontera con Bélgica y Holanda, la ciudad alemana de Aachen, la antigua Aquisgrán, fue fundada por Carlomagno en el siglo VIII.
Carlomagno, rey de los francos y emperador de Occidente, extendió el Cristianismo, fundó escuelas, protegió la literatura, las ciencias y el arte, dando lugar al denominado renacimiento carolingio. En esa época se creó en Aquisgrán la Escuela Palatina, dirigida por el teólogo y sabio inglés Alcuino de York.
Un inconfundible aire a historia y cultura antiguas recorre las empedradas, angostas y milenarias calles de la ciudad. Ahí está la cúpula de la Capilla Palatina con su inusual estructura octogonal que conserva los restos del gran emperador franco. Ahí los muros de piedra y las puertas de entrada del trazado concéntrico original. Da la impresión de que en cualquier momento un caballero medieval con su cota de malla y su lanza en ristre hará su aparición.
La ciudad sobrecoge, predispone el espíritu al estudio y a la reflexión. Debiera ser el reino de las humanidades, pero es la ciudad universitaria de la ciencia y la técnica.
¿Quién dice, sin embargo, que el mundo de la ciencia es ajeno al mundo de las ideas, del arte y de la filosofía?
Por el contrario, esta ciudad de austera arquitectura, luce en sus calles sorprendentes muestras del arte y el pensamiento filosófico contemporáneos. Más de 50 murales se integran al entorno: a la pared, a la calle, al barrio, confrontando al observador.
Un esqueleto danzante festeja, tocando el tambor, la muerte de un maestro alemán, mientras a sus espaldas flamea una bandera con la esvástica: «¡Muera el fascismo!», concluye el texto explicativo. «De un día al otro», es el título de otro mural que gráfica la desesperación y la angustia del que perdió su trabajo.
Filosofía barata, arte ilegal, pintura que jamás estará en los museos, simples graffitis, son algunos de los epítetos que los sectores oficialistas han aplicado a estas expresiones contestatarias del sentimiento popular. Lo cierto es que para el poder toda crítica es antidemocrática, carece de importancia, no tiene fundamento y es de mal gusto. Sucede en Alemania y sucede aquí. Jamás suscita una reflexión ni una autocrítica. Lo hemos visto estas últimas semanas. Es que una rosa sólo puede brotar de un baño sucio, cuando lo hace en gráfica ironía.
Un estudiante muerto es una verdad incuestionable. Colgado de una cuerda o traspasado por una bala es una vida joven que se apaga sin haber vivido. Después de eso sólo queda la angustia y tal vez la agridulce ternura de Violeta Parra cantando: «Que vivan los estudiantes jardín de nuestra alegría, son aves que no se asustan de ánima ni policía, y no le asustan las balas ni el ladrar de la jauría. Caramba y samba la cosa que viva la astronomía. Me gustan los estudiantes porque son la levadura del pan que saldrá del horno con toda su sabrosura para la boca del pobre que come con amargura. Caramba y samba la cosa viva la literatura».
No hacer el sordomudo. Esa es la lección de los jóvenes.

Esta ciudad de austera arquitectura, luce en sus calles sorprendentes muestras del arte y el pensamiento filosófico contemporáneos. Más de 50 murales se integran al entorno: a la pared, a la calle, al barrio, confrontando al observador.


MICROCUENTO

Trueque
Holgue Valqui Casas

Anduvo rondando durante meses la casa para confesárselo. Pero al final no llegó a hacerlo. Se avergonzó de sí mismo, se maldijo.
Espiando la casa había descubierto la verdad.

PERFUME DE MUJER

Los cuadernos de don Rigoberto
Mario Vargas Llosa

Adelita la ayudó a subirse sobre él y se acuclilló también, pasando una de sus piernas sobre el hombre y acomodándose de modo que él tuviera su boca a la altura de su sexo depilado, en el que doña Lucrecia percibió apenas una línea ralita de vellosidad. En eso se sintió corneada. ¿Había crecido tanto al entrar en ella esa cosita menuda, a medio atiesar, que segundos antes se frotaba contra sus piernas?

Inglaterra en la independencia del Perú y América Latina

Pedro Guillén Huayllasco

La vida y muerte de los héroes ingleses durante el proceso de emancipación del Perú y América Latina, forma parte de una de las páginas más hermosas de la historia británica, donde destacan episodios y figuras excepcionales. El itinerario de la bravura de los ingleses fueron: Río de la Plata, Chile, Maipú, Arica, Moquegua, Los Andes, los desiertos, Pichincha, Apure, Carabobo, Junín y Ayacucho. Licenciados del ejército de Wellington, soldados que combatieron en Borodino, Bailén, África e Italia. Tal es el número de ingleses que lucharon por la Independencia del Perú y Latinoamérica, que faltaría tiempo y espacio para citar a todos. Combatieron sin descanso, realizaron todas las proezas, sufrieron grandes privaciones y sacrificios, atravesaron todos los climas y la hora del denuedo los encontró siempre listos y en el puesto de honor. Con MacGregor atravesaron desiertos para dar el triunfo de Carabobo; decidieron el triunfo de Pichincha, asaltaron y capturaron la “Esmeralda” con Cochrane en el Callao; cayeron con Sowersby cuando las dianas clamaban el triunfo de Junín; se escuchaba la enérgica voz de Miller para arengar la victoria de Ayacucho. Otros, los más gloriosos: Cochrane, O’Leary, Miller, O’Connor, Stevenson, cuando llegaron a viejos, escribieron al calor del hogar los impresionantes libros de sus memorias.
Las primeras acciones de los británicos comienzan en junio de 1806, cuando una flotilla al mando del Comodoro Sir Home Riggs Popham ocupó Buenos Aires con 1600 soldados bajo las órdenes del Brigadier General William Carr Beresford. Luego, en 1807 las fuerzas del Mayor General Sir Samuel Auchmuty tomaron por asalto Montevideo; continuaron en las mismas acciones John Whitelocke, en mayo, y Robert Craoford, en junio. La lista de oficiales británicos que comandaron expediciones contra puertos españoles en América es larga y distinguida: Anson, Vernon, Knowles, Pocock, Nelson, Harvey, Bowles, Hardy, Hall, Smythe, Courcy y más.
Resulta difícil creer que Inglaterra arriesgue a sus soldados, armamentos y tesoros por defender un ideal glorioso, alentando los primeros movimientos insurgentes de las colonias; enviando legiones de sus hijos a combatir por la libertad y a morir sin compensación por la gloria. Con Bolívar en Venezuela, el Condottieri inglés D’Evercux condujo 3000 hombres que formaron la legión británica. La batalla de Carabobo, decidió la libertad de Venezuela; allí los ingleses dieron el triunfo.
En estas campañas, los nombres británicos suenan al lado de Bolívar en los más álgidos combates: MacGregor, Richards, Smith, Rook, Minchin, Chamberlain. Cuando granadinos y venezolanos flanqueaban, Rook le decía a Bolívar: “General, yo os seguiré hasta el Cabo de Hornos”. Por tal razón, los mejores depositarios de la confianza de Bolívar fueron los edecanes ingleses: O’Leary, Wilson y Chamberlain y Ferguson. Este último llevó su fidelidad hasta la muerte; el día en que los conjurados querían matar a Bolívar, atacaron el Palacio de Bogotá. Ferguson acudió a defender a su jefe y murió en el puesto del deber. O’Leary es otro ejemplo de honradez, de rectitud y constancia. Fue el historiador de la emancipación con solo 24 años de edad. En 1826, al surgir la discordia entre Paez y Santander, Bolívar lo envía en misión de pacificador, ante la inminencia del quebrantamiento de la Gran Colombia.
Vinieron al Perú con el ejército de San Martín, numerosos soldados y marinos ingleses como Cochrane, Miller y Guisse. Guillermo Brown llegó en 1816 con una flotilla inglesa atacando el Callao, Tumbes y Guayaquil. En agosto de 1820, la Expedición Libertadora del Sur zarpa de Valparaíso al Perú con 4500 hombres, entre ellos: ingleses, irlandeses, escoceses, norteamericanos, chilenos y argentinos, con una escuadra de 18 naves de transporte y siete buques de guerra.
El escocés Lord Thomas Cochrane, conde de Dondonald, después de haber servido en Inglaterra, entra al servicio de Chile en 1818 y organiza las primera expediciones navales a la costa del Perú. Tomó la inexpugnable fortaleza de Valdivia (Chile) dando lecciones de insólita estrategia. En setiembre de 1819, realizó su hazaña culminante en el Callao, con el abordaje y captura de la fragata española “Esmeralda”, con Guisse, Crosby y otros 240 expertos marinos ingleses. Cochrane, impaciente y orgulloso, se retira del Perú en 1822 por una desavenencia con San Martín. Después luchó por la independencia de Brasil y la libertad de Grecia.
Otro inglés, Miller, se gana la simpatía por la nobleza y la sencillez de su carácter. Lo hirieron en casi todos los combates donde se decidió nuestra emancipación, desde Chile hasta la batalla de Ayacucho. Era un guerrillero nato, jefe cordial que compartió con sus tropas los riesgos y penalidades, pertenecía a la estirpe de los ingleses caballeros sin miedo y sin tacha. Miller escogió Lima para el retiro de su vejez y, como O’Leary en Bogotá, O’Connor en Bolivia o Minchín en Caracas, vivió rodeado de la veneración unánime.
Guisse representa la abnegación, la hidalguía, la noble devoción al deber. Con su buque “Hecate” va de Inglaterra a Chile donde se incorpora a la escuadra de Cochrane; al retirarse del Perú, se encarga de la marina peruana y forma la primera escuadra nacional. Al frente de ella y luchando bajo la nuestra bandera muere en Guayaquil, en la guerra con Colombia en 1829.
Muchos otros valientes ingleses pelearon o murieron por la independencia del Perú: Forster, Wilkinson, Carter, Spry, Crosby, O’Brien ilustraron la epopeya del mar. Illingrot cooperó, disciplinado y tenaz en el Callao; Charles murió en Pisco; Sowerby, que había vencido en Maipú, en Ríobamba y en Pichincha falleció en la batalla de Junín; MacKintosh se distinguió por su bizarría en Pichincha; Latus vino a morir en Lima; el marino Elmore, que navegó por la India, después de servir con honor en nuestra escuadra, fundó su hogar en Lima. Y así tantos otros soldados y marinos ingleses combatieron por la emancipación de nuestra patria nacional y continental.

Vinieron al Perú con el ejército de San Martín, numerosos soldados y marinos ingleses como Cochrane, Miller y Guisse.



AGENDA SEMANAL

Cine foro
Película: Amador
Forista: Paúl Cárdenas
Organiza: Centro Cultural Continental
Fecha: lunes, 10 de octubre
Hora: 7 pm
Lugar: Auditorio Menor, Casa de la Juventud y la Cultura de Huancayo.
INGRESO LIBRE

jueves, 6 de octubre de 2011

Solo 4, “385”, del 01 de octubre de 2011

LA CITA
“Lo malo de la gran familia humana es que todos quieren ser el padre”
Quino, Mafalda

LO ÚLTIMO

Mafalda cumplió 47 años de amor a la vida y de odio a la sopa
Mafalda apareció como tira cómica un 29 de setiembre de 1964 y saltó a la fama el mismo año que los Beatles, su grupo favorito. El caricaturista Joaquín Salvador Lavado "Quino" la engendró en su estudio en Argentina, como una niña de cuatro años, adelantada a su época y súper crítica al entorno que vivía su país en los 60.
Mafalda era tan popular que Julio Cortázar no dudó en opinar así: "No tiene importancia lo que yo pienso de Mafalda. Lo importante es lo que Mafalda piensa de mí". De la misma forma el Nobel Gabriel García Márquez la recordó: "Después de leer a Mafalda me di cuenta de que lo que te aproxima más a la felicidad es la quinoterapia".
Aunque la tira dejó de publicarse en 1973, este personaje se mantiene vigente y con gran popularidad en diversos países del mundo, conservando una lengua mordaz, su curiosidad insaciable, y por supuesto, odiando la sopa.

Sandro Bossio Suárez: Hacedor de mentiras

Luis Puente de la Vega Rojas

De la mano de la editorial huancaína Acerva Ediciones —especializada en literatura de la Región Centro—, Sandro Bossio Suárez acaba de publicar “Kassandra y nueve mentiras menores”, libro que, además, abre la colección “Pasiones narrativas”.

Los diez cuentos seleccionados en “Kassandra y nueve mentiras menores” son una muestra representativa de la obra narrativa de Sandro Bossio Suárez, tanto en el ámbito temático como en el estilo, y principalmente en la calidad.
Una característica de este libro es su facilidad de lectura. Está concebido para ofrecer una lectura amena y ágil. Pero más importante aún, es que contiene relatos que, en conjunto, ofrecen las características más saltantes de la labor literaria de Bossio Suárez. Por eso, a través de “Kassandra y nueve mentiras menores” se puede tener una mirada panorámica de la totalidad de su obra. Ese es, en suma, su mayor mérito, además de la impecable edición.
A ello, se puede agregar que todos los cuentos han sido minuciosamente revisados y han sufrido pequeñas variantes respecto de sus versiones anteriores. En ese proceso, la fijación textual definitiva ha sido decidida por el autor.
A propósito de este libro, el también escritor y reputado promotor de la lectura en el Perú, Javier Arévalo, ha escrito que “Bossio Suárez tiene una relación pasional con la sorpresa. No solo es un prosista fascinado con el giro, con la sonoridad de la expresión, sino que estas cualidades están atadas a la amabilísima —para sus lectores— particularidad de buscar sorprender en cada página”. Agrega además que el autor “cuenta, encanta, captura al lector en una trama que no lo deja ir, porque siempre querrá saber qué pasará”.

ESTA EDICIÓN
La labor editorial de este libro —desde la coordinación hasta la corrección y los cuidados— estuvo a cargo de Juan Carlos Suárez Revollar, de Acerva Ediciones. “Kassandra y nueve mentiras menores” es el primer título de la que será una colección que ya viene reuniendo la mejor literatura de la Región Centro, y en ediciones impecables. Los libros que se vienen para lo que queda del año, señaló Suárez Revollar, son “un volumen que contendrá algunos de los mejores cuentos del escritor huancaíno Augusto Effio Ordóñez, que llevará el título de su relato ‘Dos árboles’, con el que fue finalista del Premio Internacional Juan Rulfo”. También están en proceso de edición el libro de narraciones “Luna de agua”, del poeta Gerardo Garcíarosales; una antología de Zein Zorrilla; la nueva edición de la novela “La casita del cedrón”, de José Oregón Morales; y una reunión de cuatro piezas teatrales de la dramaturga y poeta María Teresa Zúñiga, entre los que estará la genial “Mades Medus”, que además dará título al libro y abrirá la colección “Pasiones teatrales”.

DATO
Cuatro de los relatos de “Kassandra y nueve mentiras menores” integran el volumen “Crónica de amores furtivos”, aunque años antes ya habían sido publicados dos de ellos —“El hombre que habló con la muerte” y “Kassandra”— en algunas antologías. Los otros dos son “En busca del Paititi” y “El largo tren del olvido”. De los seis restantes, “El capítulo de los obsesos” y “Sedas de medianoche” fueron incluidos también en otros libros, mientras “El hambre de Anabela” formó parte de la exitosa colección “Sobrenatural”. Hay tres cuentos que ven la luz por primera vez: “Tatuaje” y “Entidades insidiosas” —de temática fantástica y de horror, respectivamente—, así como “La ventana”. En particular el último constituye la primera incursión de Bossio Suárez en el género de la microficción. “Entidades insidiosas”, por su parte, es un cuento gótico, con un poderoso clima y ambientes, y acaso, uno de los relatos más logrados de toda la narrativa breve de Bossio Suárez.

A través de “Kassandra y nueve mentiras menores” se puede tener una mirada panorámica de la totalidad de la obra de Bossio Suárez.



FOTO: Jorge Jaime Valdez

Mi nombre es Jorge Luis Borges

Saulo Balvín

Mientras andaba por sendas de penumbra, me dije: Este es un sueño donde mi nombre era Jorge Luis Borges, y es disímil decir, en nombre de Zeus, que todos conozcan de mí. El último hombre con quien dialogué, no tenía ni el rumor de saber que su aliento que emanaba a sables Otomanos, estaban siendo conquistados por el cristianismo. A eso debe la cristiandad de disfrutar de un imperio. Para ese entonces, el oriente siempre confabuló a la religión como una escudería guerrera en nombre de Dios y occidente también se escudó de credos. Confieren su culpabilidad, ante la misericordia divina, que creen que justificará su obrar. Humanos…
La Argentina del sur de América no sería encontrada en Europa, yo que pisé Ginebra, oí de Alemania y departí por los ingleses en mi idioma, en una ferviente Buenos Aires. Que ahora mis detractores verán magnánimos a la Argentina, porque soy de allí como mi amigo Casares.
Siempre con el mal, inherente al hombre, pero que los lectores no paguen, me hizo ver desde las habitaciones rodeadas de arcanos, de donde rebosan los misterios, del lado penumbroso del camino de donde todos se repelen, los secretos universales, pesimistas y escépticos en que me embarcaba. El francés y el inglés amoldaron mi espíritu idiomático. Pero el español, el acento del Rio de la Plata, formaron uno solo en las ficciones.
Nunca se sabe lo que antecede al inicio de una labor, tampoco lo que prosigue al final de cada tarea. Nadie es testigo de su propio calvario, porque ser testigo es necedad de contarlo al jurado, y nadie más que uno viaja por el tártaro. Culpable o inocente. De uno en uno. Es que dicen que el hombre decide valerse de su egocentrismo cuando está entre los suyos, pero el viaje es indivisible. Y es necesario no contactar con los vivos, ni los criminales ni los dotados de santidad. Cada uno en lo suyo, y por lo suyo.
Sabrán más que yo, porque yo escribo una vez y ustedes leen varias veces, releen, e indican que el gusto está en repetirlas. Las enciclopedias, ustedes las descifran como consulta, para mí era lectura inminente. Tal vez, llegué a sorprender mis expectativas al interpretar esos ensayos de respuestas de los misterios del orbe, yo creo en los misterios por eso no los descifro, la solución es vana, solo queda entenderlas, y juzgarse así mismo por esos enigmas.
A saber de mi labor, soy un amanuense, por eso escribo. Porque me dictan y la memoria siempre está, al son de la rima y la métrica, para reservarlas, para forjarlas bajo el metro o en el transcurso a que me aventura la distancia de la biblioteca a mi hogar, hasta el infinito. En cualquier parte, hasta la lejanía inconmensurable del conocimiento humano, donde ya no llegan las mentes de hoy, al Olimpo de los dioses. Ya no requieren de la ayuda de Ulises para aventurarse, a riesgo de la tentación y la muerte, para conocer el inicio de esta civilización. Acaso mi ceguera los distingue de esa forma deforme. La razón de occidente está en esa morada sobre la montaña que separa a Macedonia de Tesalia. Donde se forjaron los héroes griegos, y de donde Dionisio enseñó a los mortales que las fiestas, orgias y la vid eran una trilogía teatral de la vida, inseparable, impostergable. Y el vino, el nenúfar de los dioses que sacía la sed, de pasiones y cóleras, de hombres, de héroes y mundanos, se delegan hoy por la fermentación del arroz, del azúcar, de la malta. Ya no cantan las musas como en la anterioridad, solo en las abras del Olimpo resuena Eco. Y se deleitan los últimos héroes de los hombres que navegan en el Egeo hacia el más allá.
Posiblemente la Grecia de los griegos, del país y su gentilicio, no procuran olvidar a Homero. Pero por este lado, entre el reverso y al anverso del mundo, el torrente que conduce la insignia de babel sigue arrasando con su desorden la biblioteca de Alejandría, que hasta hoy en día su estancia es temida. El saber es temido. Y me llamo Jorge Luis Borges, de prosa propia y de fantasía redentora. Redentora de la confusión de tantos géneros.
Como me dije; Yo, Borges: “Que el cielo exista aunque nuestro lugar sea el infierno”. Que sobre el dintel de la puerta de Poe, se posó el pájaro de la noche en aquel busto de la diosa de la sabiduría para eternizarse en los relatos dotados de asombro, de temor, de impresiones vanguardistas y que las ficciones muy bien se atrevieron a obrarlas y consagrarlas como reales, como propias. Como que Dios existe y no existe, para Jesús y Siddhartha, respectivamente donde orbitamos. Alrededor del sol.
Las melodías románticas de Brahms y las palabras de Schopenhauer se sintonizaron en los conductos sensitivos de mi entidad, o de algo llamado espíritu para los creyentes. La esencia disoluble del hombre en la naturaleza, en el viento, en el rio, volviendo a las diminutas partículas de la tierra y fundiéndose en los crisoles de Vulcano, conforman una vez más la materia de mi ya extinguido cuerpo, contrariamente a que sigo siendo Jorge Luis Borges en la eternidad literaria.
Los libros que me rodearon presumen de sapiencia, y lo son hasta que el hombre suele leerlas para que estas páginas de papiro y lomo de carnero traten de ser entendidas. Traten de entenderme. De no bifurcarse del jardín que sembraron mis trabajos y congenien nombrar a las plantas y los frutos con un “nomeninis scientificus”.
Mi nombre es Jorge Luis Borges, acentué en un léxico mortal cuando me identificara en las puertas del infierno de Dante. Beatriz en lo alto con su aura celestial clamaba: “Mi amado, que los laureles ornan tu comprensión. Dejad libre a este hombre de toda tortura”.
En vano se exige el indulto, ¿la obra de Dios merece su corrección? Yo no soy obra de Dios, y el silencio reverberó entre los labios de Beatriz.

Las melodías románticas de Brahms y las palabras de Schopenhauer se sintonizaron en los conductos sensitivos de mi entidad, o de algo llamado espíritu para los creyentes.


IMPERDIBLES

La Danza de las Tijeras de Huancavelica
Juan Rojas De la Cruz nos entrega este importante estudio sobre la Danza de las Tijeras, en el cual ahonda la investigación sobre esta tradición con su presencia, sobre todo, en Huancavelica. Hace aportes significativos con respecto a su desarrollo, historia, la presencia de la mujer, fechas en las que se presenta y más, logrando una investigación antropológica que explica y absuelve muchas dudas sobre esta manifestación cultural.



El dos veces nacido
Esta, aunque a primera vista pequeña publicación (por su formato), es la primera micronovela publicada en nuestro país. Jomar Cristóbal, de la mano de la editorial Micrópolis (2011), escribe una serie de microrelatos que no tienen relación entre sí, pero que concatenados e intrínsecamente resultan en esta pieza fundamental para la literatura peruana. Giácomo y Almudena, los personajes, se enfrascan en una realidad que no existe, pero a la que pertenecen, y que se lee, a pesar de sus 30 páginas, como cualquier novela mayor. Definitivamente imperdible.



Tradiciones isabelinas
Desde su creación en 1852, nuestro colegio mayor “Santa Isabel” ha sido la cuna educativa de miles de estudiantes de toda la región centro, y claro, también de personajes tan ilustres como José María Arguedas. Es por esto que Ricardo Gago y Vidal Maldonado ha escrito este libro que recoge una serie de hechos anecdóticos entorno al colegio lorentino. Con sobrecogedor entusiasmo e hilarantes lecciones, los maestros, alumnos, y todos los isabelinos encontrarán una razón más para superar sus problemas y recordar la esencia del “Santi”.

Antonio Tabucchi, “Sostiene Pereira”

Esa oculta pasión por la libertad
Juan Carlos Suárez Revollar

Contextualizada en la dictadura semifascista de Oliveiro Salazar, “Sostiene Pereira” (1994), del italiano Antonio Tabucchi (Pisa, 1943), es una novela política —acaso la mejor de las dos últimas décadas—, y un valioso documento sobre la represión a las libertades del individuo —a través de los ciudadanos que espiaban a sus vecinos y eran confidentes de la policía salazarista, por ejemplo— durante el “Estado Novo”, que mantuvo sometido a Portugal por más de cincuenta años.
La narración es peculiar: está construida en forma de declaración, donde un anónimo interrogador deja constancia por escrito de aquella verdad que Pereira “sostiene”: su historia, en la Lisboa de 1938, seguramente acusado de algo (este dato queda oculto hasta el final de la novela). A través de ese peculiar personaje velado que hace de narrador, hay fragmentos en que el autor interviene con opiniones y juicios.
Pereira es un personaje solitario, resignado, indiferente y apolítico. Guarda una maniática fidelidad por su esposa muerta, a cuyo retrato habla y hasta hace consultas. En la página cultural de un periodiquito al servicio del régimen que está a su cargo —el “Lisboa”—, se ha convertido en poco menos que un elemento inofensivo, meramente decorativo, que trabaja desde su casa. Su mayor acto de sedición se limita a traducir y publicar a Maupassant y a Balzac, autores cuasivetados solo por ser franceses.
El elemento de quiebre se da con la aparición de Monteiro Rossi, un joven al que Pereira contrata para ser su asistente como redactor de necrológicas (obituarios adelantados), pero que, de manera misteriosa, y en complicidad con su encantadora noviecita (más bien influido por ella), tiene una activa militancia política de lucha contra el régimen. Pereira se asume, sin buscarlo, como protector de este joven, cuyo ardor político lo perturba y exaspera, pero a quien nunca despide pese a su flagrante incompetencia. No quiere reconocer que hay una suerte de complicidad entre ambos —se establece una difusa relación padre-hijo—, y por eso su acto final parece ser un ajuste de cuentas con el régimen.
El apoliticismo de Pereira es solo aparente. Si bien intenta ser neutral, el régimen lo asquea, aunque se cuida de guardárselo para evitar complicaciones. Entonces la novela, más que el relato de un cambio en su postura política, es el de su paso de la apatía y pasividad a una activa participación política “en contra de un sistema cuya asfixiante coerción y crueldad se le acaban de revelar, y arriesga en ello su libertad y, acaso, la vida” (Mario Vargas Llosa, “Héroe sin atributos”). Ese cambio no llega solo. También va abandonando, en aquel proceso, el recuerdo de la esposa muerta, así como muchas de sus antiguas costumbres.
Sin ser una novela militante —como la mayor parte de la literatura soviética de propaganda: desde Gorki hasta Ostrovski—, “Sostiene Pereira” es el mejor ejemplo de que la buena literatura no tiene por qué ser apolítica y, más bien, contener un profundo discurso libertario sin estropear por eso su alcance artístico. Al fin y al cabo, la pasión por la libertad puede estar a flor de piel o, como en Pereira, oculta, pero lista para actuar en el momento justo.



Antonio Tabucchi (Italia, 1943).
“Sostiene Pereira” es el mejor ejemplo de que la buena literatura no tiene por qué ser apolítica y, más bien, contener un profundo discurso libertario.

MICROCUENTO

Clarividente
Oriana Pickmann Sotomayor

Entré. Allí estaba ella, sentada, haciendo lo suyo. Por un segundo cruzamos nuestras miradas, tiempo suficiente para que ella adivinara cuáles eran mis intenciones.
—Léame la fortuna —le pedí.
—Setecientos cincuenta y nueve euros —respondió.
—Gracias —le dije, y salí del banco.

PERFUME DE MUJER

El curandero del amor
Washington Cucurto

Estaba genialísimo y más cuando las guainitas de la poetry comenzaron a sacarse la ropa que tenían puesta, que por cierto era bien poca y minúscula; y ya que estaban se manoseaban las tetitas, la cola, el pelito, todo. Las Infantas Poéticas (…) hacían de todo con sus lenguas, mientras también pronunciaban ruidos guturales y referencias sexuales de todo tipo. Vero, pelirroja, la más grande de edad por meses, creo que tenía 13. Se levantó la pollera y se sacó la bombacha, y nos mostró su conchita roja. El silencio fue absoluto.