
Las edades de Lulú
Almudena Grandes
Nunca he sido tan considerada como Pablo y no quería besos de él. Le puse la mano en la entrepierna. Estaba empalmado. No me pareció lógico. Pablo seguía inmóvil, mirándonos por el retrovisor a la luz lechosa de las farolas. Volví a tocarle. Estaba empalmado, desde luego. Entonces le levanté la blusa y me metí una de sus tetas en la boca sin apartar la mano. Era monstruoso. Me colgué de su teta, la besaba, la chupaba, la mordía y movía la mano sobre él, le frotaba a través del plástico azul, tan arremangado sobre sus muslos que rozaba el borde con la muñeca, y le notaba crecer.
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