sábado, 2 de octubre de 2010

Suplemento Solo 4 Nº 333 del 2 de octubre de 2010


Exhibición pictórica en La Oroya
Como parte de las actividades por su 47 aniversario, la Cooperativa de Servicios Múltiples del Centro (Centrocoop) desarrollará a partir de este martes 5 de octubre la III Exhibición Pictórica en La Oroya. Esta muestra contará con 35 pinturas de diversos géneros y técnicas, cuya autoría es de estudiantes y docentes de la Escuela Superior de Formación Artística de San Pedro de Cajas. El evento irá hasta el 22 de octubre en las instalaciones de Centrocoop (Av. José Carlos Mariátegui 239, cuarto nivel, La Oroya). El ingreso es libre.






La cita:

Tony Blair no necesitaba a la ciudadanía para gobernar. La necesitaba para adularla a la hora de las elecciones, retirándose, en seguida, a un mundo del poder donde lo peor que se puede hacer es hacerle caso al ciudadano.

Carlos Fuentes, setiembre de 2010.

Arguedas, Kundera, los zorros

La novela moderna no europea

Carlos Calderón Fajardo

El día que se suicida José María Arguedas en la universidad Agraria, había almorzado minutos antes con Luis Alberto Ratto. Cuenta Ratto que en ese almuerzo, el escritor había comentado con entusiasmo sobre el “Gargantúa y Pantagruel” de François Rabelais, al parecer el último libro que leyó en su vida. Curiosamente, “Gargantúa y Pantagruel” es para Milán Kundera el libro con que se inicia la novela europea moderna.
Para Kundera novelas escritas por escritores no europeos son novelas europeas escritas fuera de Europa por escritores no europeos. No estoy de acuerdo con esta afirmación. Existe una novela moderna no europea, escrita por novelistas con una identidad no europea, una sensibilidad surgida de una cultura y un paisaje que no es el europeo, y que enfrentan problemas históricos que no son europeos.
La idea que la novela es la expresión artística por excelencia de la modernidad europea es también debatible. ¿Si no hubo modernidad en América Latina, entonces de dónde salió nuestra novelística auténticamente moderna? Una respuesta posible es que en América Latina se produjo otro tipo de modernidad, una que generó un tipo de novela moderna no europea. Rulfo, Asturias, García Márquez y Arguedas, entre otros, crearon una novela no europea de un nivel estético original y de alcance universal.
Arguedas es un escritor moderno de este tipo. Él se llamaba a sí mismo: un hombre “quechua moderno”. “El zorro de arriba y el zorro de abajo” no sólo es una gran novela, sino un testimonio novelesco de la crisis de la novela no europea en su intento de representar la realidad en los márgenes de occidente. Arguedas no elige al azar a Chimbote como escenario de su novela. Había viajado a ese puerto norteño a efectuar un estudio antropológico por encargo de la Universidad Agraria. Encontró en el puerto norteño el escenario perfecto para lo que deseaba expresar en su última novela: la destrucción que ocasiona la gran industria moderna en la identidad y la cultura andina pre moderna. Al insertar Arguedas su diario en la novela, donde narra cómo se procesa su suicidio, el novelista nos cuenta sobre la rajadura en su sensibilidad y en su inteligencia, y da testimonio de la crisis final que produce la imposibilidad de la forma novelesca para enfrentar a la realidad social y a los problemas personales. En su última novela José María Arguedas parece decirnos que la novela como género no sólo ya no puede dar cuenta de la realidad destruida, devastada por la modernidad, sino que la novela ya no sirve para realizar el que fue su sueño personal, su proyecto de vida: el encuentro de la cultura occidental y la cultura andina en una misma forma expresiva.

EL DATO:
Carlos Calderón Fajardo (Juliaca, 1946) es autor de “Así es la pena en el Paraíso” (Premio Gaviota Roja de Novela), “La colina de los árboles” (Premio Unanue), así como de los libros de cuentos “Playas” o “El que pestañea muere”. Ha obtenido los premios Hispamérica de Cuento, y ha sido finalista en el Tusquets de Novela y en el Juan Rulfo. Recientemente Editorial Altazor ha editado “La conciencia del límite último” (1990) y las novelas de la serie de Sarah Ellen: “El viaje que nunca termina” (2009) y “La novia de Corinto” (2010).

2011, año Arguedas

El suplemento cultural “Solo 4” se une al pedido de diversos intelectuales y artistas del país para que la nominación oficial del próximo año sea “Año del centenario del natalicio de José María Arguedas”, y no únicamente “Año de todas las sangres”, como al parecer se planea. Desde todo punto de vista, ello nos parece injusto. El destacado poeta y periodista Pedro Escribano lanzó la primera voz de esto en un artículo publicado esta semana en “La República”, donde hace un llamado a las altas autoridades del país para que el año 2011 lleve el nombre de Arguedas. Se aduce que la nominación oficial del año no puede contener nombres propios, pero hay buen número de antecedentes que contradicen esta afirmación.
Por eso, por la importancia de José María Arguedas para la literatura nacional y universal, exhortamos a nuestras autoridades que reconsideren esta disposición, y hacemos el llamado a nuestros lectores a apoyar esta petición.

ANTECEDENTES:
2003: “Año de los derechos de las personas con discapacidad y del centenario del nacimiento de Jorge Basadre Grohmann”. 1992: “Año de César Vallejo y el encuentro de dos mundos”. 1990: “Año del centenario del fallecimiento del sabio Antonio Raimondi”. Asimismo, también están los nombres del Inca Garcilaso de la Vega (1989), José Faustino Sánchez Carrión (1987), Santa Rosa de Lima (1986), Daniel Alcides Carrión (1985), Simón Bolívar (1983), y Tupac Amaru y Micaela Bastidas (1981).

El buen salvaje: Un año para Arguedas

Sandro Bossio Suárez

El 18 de enero de 2011 José María Arguedas cumplirá 100 años. Este gigantesco novelista, que además fue un imbatible luchador por la cultura peruana (fue antropólogo, folclorólogo, recuperador de espacios arqueológicos y propulsor cultural de amplio espectro), tiene ya un espacio ganado en las entrañas del pueblo. Por ello, dejábamos por sentado que el 2011 iba a ser denominado con el nombre de tan insigne personaje. Sin embargo, nos sorprendemos con la noticia de que el próximo año ya tendría nombre: “Año de todas las sangres”.
Mala decisión del gobierno, porque “Todas las sangres”, en alusión a la novela más ambiciosa (pero lamentablemente fallida) de Arguedas, no tiene celebración en 2011: recién cumplirá 50 años en 2014.
Parece que el gobierno, pese a todos los esfuerzos que varios colectivos hicieron (entre ellos “Patria Verde, Movimiento de Acción Ecológica y Social”, que envió la propuesta al Ejecutivo Nacional y al Congreso de la República para que el año 2011 se denomine “Año del centenario del natalicio de José María Arguedas”), no quiere abrirse a la realidad.
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Entonces, queda desvirtuada la boba disculpa para no
ponerle el nombre de José María Arguedas al próximo año.


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Muchos intelectuales peruanos, como Gonzalo Portocarrero, Nelson Manrique, Rodolfo Cerrón Palomino, Tomás Escajadillo, Jorge Puccinelli, Abelardo Oquendo, Oswaldo Reynoso, Miguel Gutiérrez, Marco Martos, Manuel Pantigoso, Ismael Pinto, Wilfredo Kapsoli, Pablo Macera, Sinesio López, Luis Lumbreras, Roland Forgues, entre otros, han mostrado su respaldo a esta iniciativa, pero el gobierno ha seguido en sus trece y ha respondido que no se estila poner nombres de personas a los años.
Al parecer nuestras autoridades no han vivido las últimas décadas en el Perú o, al menos, no han escrito un oficio porque no se acuerdan que hay varios antecedentes que desbaratan sus argumentos: el año 2003 fue del Centenario del Nacimiento de Jorge Basadre; 1992 el año de César Vallejo; 1989 del 450 Aniversario del Nacimiento del Inca Garcilaso de la Vega; 1987 del Bicentenario del Nacimiento de don Faustino Sánchez Carrión; y 1980 de Túpac Amaru II.
Entonces, queda desvirtuada la boba disculpa para no ponerle el nombre de José María Arguedas al próximo año y, por ello y más que nunca, nos sumamos a la noble cruzada iniciada por nuestro amigo Pedro Escribano para que, en efecto, el 2011 lleve el nombre de Arguedas. Y no sólo eso. Proponemos que se forme una comisión de alto nivel para las celebraciones por los 100 años de su nacimiento. Y, por supuesto, para que se impriman billetes conmemorativos (yo creo que de 100 soles por los 100 años) con el rostro del autor de “Los ríos profundos” como se hizo con Santa Rosa de Lima, Víctor Raúl Haya de la Torre y Jorge Basadre en su momento y en diferentes denominaciones.
El recientemente creado Ministerio de Cultura debería intervenir de oficio.

¿Qué es Cultura?

Leonardo Mendoza Mesías*

Una de las primeras acepciones que le damos al término cultura es la de señalar las buenas costumbres, el buen comportamiento, la refinada forma de ser y expresarse, al nivel alto de conocimiento, al buen vestir, a una buena lectura, entre otras. Esta es la forma cotidiana con que nos referimos a la cultura o a quien la practica considerándola como “persona culta”.
Pero desde otra óptica, encontramos que la definición de cultura es mucho más amplia: es todo aquello que el hombre ha creado, es decir, sus ideas, sus acciones y los materiales que ha generado. Bajo este paradigma, la cultura es una oposición a la naturaleza, porque es artificial, porque es creación del hombre y no procede de la naturaleza. Por otro lado, la cultura se orienta a satisfacer las necesidades del hombre, no sólo las básicas, sino también las secundarias. Es decir, no sólo satisfacemos mediante nuestro recurso cultural (o cultura) nuestra sed o hambre, sino también nuestro anhelo de reconocimiento o valoración individual o colectiva, como cuando escribimos un libro, plantamos un árbol o creamos una empresa. Esto nos hace pensar que la cultura no sólo atañe a la persona, sino también a la humanidad, porque tal sistema intrincado de simbolismo cultural que nos permite trasmitirla, como este mismo lenguaje o el de los colores o los números, sólo concierne a la especie humana.
La cultura es una oportunidad de cambio, porque nos alimenta y retroalimenta a través del tiempo a cada individuo y sociedad. Así por ejemplo, el pensamiento que nos impulsó cuando éramos jóvenes ha cambiado en gran manera ahora que somos adultos. Respecto a las sociedades, por ejemplo, éstas se convencen cada vez más que las guerras no son una alternativa, sino todo lo contrario.
Entonces, de todo lo anterior, la cultura no es sólo vestirse o portarse bien, es también todo aquello que el hombre piensa, siente y construye a nivel individual y también como colectivo humano. En última instancia, la cultura es toda creación humana.

* El autor es docente de Antropología en la Universidad Nacional del Centro del Perú.

Microcuento

El subte

Beto Benza

Bajo raudamente al subte de Acoyte y me doy con la sorpresa de que está Marilyn esperando el tren que la llevará a la estación Lima. Me dije: “Esta vez no puedo dejarla ir”. Compro mi boleto, paso el control y la tomo de sorpresa por espalda, pero caigo en la riel. El tren viene y miro hacia ella desesperado. Ella me mira sonriente, me guiña el ojo y se desvanece.

Perfume de mujer



Alessandro Baricco, Seda

Hervé Joncour no había visto nunca a esa muchacha, ni verdaderamente la vio nunca esa noche. En el cuarto sin luz sintió la belleza de su cuerpo y conoció sus manos y su boca. La amó durante horas, con gestos que no había hecho nunca, dejándose enseñar una lentitud que no conocía. En la oscuridad era fácil amarla sin amarla a ella.

“Junín, donde late el corazón del Perú”

Los latidos de Junín

La particular cosmovisión del poblador de la zona centro del país ha sido plasmada por un grupo de escritores peruanos en el libro “Junín, donde late el corazón del Perú”.
La edición del libro, con atractivas imágenes y fino acabado, fue posible gracias al Gobierno Regional de Junín y al empresariado privado de la región.
Este compendio cuenta entre sus autores a intelectuales de la talla de Nelson Manrique Gálvez, Teófilo Altamirano Rúa, Sandro Bossio Suárez, Diana Casas Rivera y Carlos Eduardo Aramburú, entre otros, quienes plasmaron el pasado, presente y futuro de Junín en los campos gastronómicos, económicos, sociales y culturales de la región.
El libro fue presentado el pasado sábado 25 de septiembre en el auditorio del Centro de Exposiciones del Jockey Club del Perú, como parte de las actividades de la Feria de Regiones 2010 (III Feria Regional de Turismo, Entretenimiento, Gastronomía y Artesanía) con la presencia del presidente regional Vladimiro Huaroc Portocarrero y del viceministro de interculturalidad, el huancaíno José Vilcapoma Ignacio.
Una mejor corrección de estilo hubiera asegurado un excelente libro.

Cítrica crítica: El peligroso poder de los pastores

Javier Arévalo
Una adolescente me dijo: “quiero hacerle una confesión. Yo me casaré virgen”. No conozco a la chica, pues me escribe esto por el “Messenger”. Su profesora le dio mi correo para que me entrevistara porque había leído un libro mío. Infiero que es un tema importante para ella. Supongo que ha de ser un asunto recurrente entre sus amigas del colegio.
Ella me cuenta que muchas de sus compañeras no son vírgenes y que algunas le dicen que es una tonta por no tener sexo.
—Si eso es lo que has decidido —le dije—, no le hagas caso a nadie y sé firme en tus decisiones.
Pero entonces me suelta una perla:
—Porque, acaso, ¿usted comería una manzana que ha sido mordisqueada por otros?
La metáfora me ofendió y creo que es ofensiva para todas las mujeres. Le respondí:
—Mira, no sé si mi madre se casó virgen; yo me casé con una mujer que no lo era; muchas de mis enamoradas tampoco lo fueron y eso nunca me interesó. Tú las comparas con manzanas podridas, solo porque una parte de sus cuerpos, el himen precisamente, no lo tienen intacto.
Le pregunté quién le había enseñado eso de la manzana podrida. Y ella me dijo que su pastor.
—Dile a tu pastor que si te ha enseñado que ser virgen te da una superioridad moral, se equivoca. Ser virgen no te hace ni mejor ni peor que tus compañeras no vírgenes.
No sé qué clase de pastor es ese, pero me sorprendió que una semana antes, la madre de mi asistente llamara “esposo” al hombre con el que no vive hace más de diez años, y que en ese tiempo ha tenido tres nuevos hijos con dos mujeres.
—¿Por qué tu mamá sigue llamando “esposo” a tu papá?
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« Cuando yo era un escolar, pensaba que el acelerado avance de la
ciencia nos conduciría a todos a prescindir de creencias religiosas.


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—Es porque el pastor de su iglesia le ha dicho que si ella es una buena cristiana, tiene que seguir honrando a su esposo, que es el padre de sus hijos.
Hace poco, el ayatola Hojatoleslam Kazem Sedighi dijo a los periodistas de su país que “muchas mujeres no se visten recatadamente... llevan a hombres jóvenes por el mal camino, corrompen su castidad y diseminan el adulterio en la sociedad, lo que, en consecuencia, aumenta los terremotos”.
En Lima, hay una organización religiosa que se llama “Pare de sufrir”. En sus templos la gente compra agua del mar muerto, tierra de Jerusalén, pañuelos milagrosos, cosas que sus pastores consagran y convierten en objetos que sanan mágicamente a la gente.
Cuando yo era un escolar, pensaba que el acelerado avance de la ciencia nos conduciría a todos a prescindir de creencias religiosas. Pero es evidente que me equivocaba. Cada día nacen más cultos religiosos y los fieles y las iglesias son cada vez más numerosos.
No me preocupa que la gente crea en un Dios, que debe ser una cosa muy bonita. Lo preocupante es la autoridad moral que de pronto adquieren los líderes de una iglesia. Bien aprovechada puede darnos un luchador por la libertad, como Martin Luther King. Mal aprovechada, puede influenciar en ideas tan absurdas como la de creer que los pecadillos sexuales producen terremotos o que los religiosos son tan buenos que debemos confiar en ellos porque están mas cerca de Dios. Cientos de niños violados nos hacen ver ahora que, por encima de sus creencias, los líderes religiosos sólo son seres humanos.

María Teresa Zúñiga representó al Perú en encuentro de dramaturgia

El evento fue en Cali, Colombia
Roberto Perinelli de Argentina, Marco Antonio de la Parra de Chile, Luis Mario Moncada de México, entre otros, asistieron al lado de la huancaína María Teresa Zúñiga de Perú, al Encuentro Internacional de la Dramaturgia Contemporánea, que se realizó en la ciudad de Santiago de Cali, Colombia, del 19 al 26 de setiembre pasados.
María Teresa Zúñiga Norero, dramaturga y actriz de gran apariencia internacional, se hizo presente con la lectura representada de su obra “Zoelia y Gronelio”, la conferencia sobre “La Dramaturgia Femenina” y el taller de “Método y Práctica Escritural” dirigida por Roberto Perinelli. De ese modo ubicó su dramaturgia como la más representativa de nuestro país.
Los autores invitados mostraron sus obras a través de lecturas representadas y plasmaron su experiencia mediante talleres sobre “Método y Práctica Escritural”, así como en conversatorios y conferencias sobre dramaturgia contemporánea. El evento fue organizado por la Fundación Festival de Teatro de Cali, bajo la dirección de Luz Estella Gil, actriz y gestora cultural de Colombia.
Este espacio cultural movilizó a más de 200 dramaturgos y actores de las diferentes escuelas de formación actoral de Cali, demostrando su capacidad organizativa y un movimiento cultural de gran envergadura, además de un público que no dejó de asistir a los 12 locales en donde se realizaron las presentaciones.
Arístides Vargas de Ecuador, Beatriz Camargo de Colombia y Junior García de Cuba, fueron otros de los asistentes al encuentro.




MÁS DATOS:
La universidad de Minesotta ha declarado a la huancaína María Teresa Zúñiga la dramaturga latinoamericana más importante del siglo XX.

Hallan fotografía de Rimbaud adulto

Le fue tomada a sus 26 años

Luego de largos meses de deliberaciones por diversos estudiosos, una fotografía de 1880 donde aparece el gran poeta simbolista francés Arthur Rimbaud (1854-1891) ya adulto, y que fue presentada en abril último, fue dada por buena. La instantánea fue tomada en la terraza del “Hôtel de l'Univers” en Adén, durante su estancia de cuatro años en Yemen. Entre sus acompañantes, aparece el famoso explorador Henri Loucereau.
La fotografía fue hallada por los libreros Alban Caussé y Jacques Desse mientras revisaban algunos libros viejos y documentos de un lote de cosas invendibles de un coleccionista anónimo, y ya forma parte de las 9 fotografías donde aparece el poeta.
Arthur Rimbaud, genio precoz, había escrito a los dieciséis años sus dos obras maestras: “Iluminaciones” y “Una temporada en el infierno”. Su tempestuosa relación con el también poeta Paul Verlaine (1844-1896), once años mayor que él, con quien inició una vida errante y llena de excesos, escandalizó al círculo literario parisino, y terminó dos años después con Rimbaud herido de bala y con Verlaine en prisión. Abandonó la escritura a los diecinueve años, y a partir de entonces poco se sabe de su existencia, salvo que viajó por diversas partes de Europa, se enroló en el ejército francés y recaló en Indonesia; estuvo en Chipre, se estableció brevemente en Yemen y pasó por Etiopía. Una sinovitis en la rodilla lo llevó de nuevo a Francia, donde finalmente murió a los 37 años.

Platos huancas

Gustos y sabores de exportación

Leonardo Carlos Mendoza Mesías
¡Comer, beber y amar! Son los principales placeres que tiene el hombre desde que nace hasta que muere. Hoy sólo hablaremos del comer, y qué mejor que referirnos a esos platillos que nacieron en esta hermosa región, la de los huancas.
Un placer equiparable es saborear una buena comida a base de tiernas carnes y vegetales, condimentados por laboriosas y mágicas manos veteranas que más saben por experiencia que por teoría. Estos potajes divinos, si bien satisfacen al más exigente paladar, satisfacen también al estómago más exigente; y hasta es posible que el letargo invada a quienes los degustan invitándolos a hacer la digestión mediante una siestecilla. Los potajes huancas indudablemente son una delicia, un homenaje al sentido del gusto.
¿Pero de qué estamos hablando? De los manjares que el poblador huanca está acostumbrado a degustar cada vez que se le antoja, y que al visitante le apetece cada vez que los evoca o los mira en la televisión. Señores, estamos hablando de platos de fondo tan exquisitos como el patachi, el caldo de cabeza, el caldo de gallina, el mondongo, el picante de cuy, la pachamanca (hasta cinco sabores), el chicharrón colarao, el lechón, la trucha frita, el alwish lulo o un pogtecito de arvejas o de habas y otros platos más. Pero cómo obviar los riquísimos postres que embrujan al más exigente paladar, cómo olvidar la gelatina de pata, las mazamorras de chuño, chancaca, maíz o caya; las ricas humitas, las mermeladas y dulces preparados a base de nísperos y layan (sauco).
Pero si queremos ser más exóticos, como no salivar al recordar la machka acompañada de leche de vaca, el sango, las habas pushpo, las habas pumpo, la cancha, el yuyo o shita. Todas estas delicias, acompañadas de las más agradables bebidas como la chicha de jora o la de maíz morado, son tan agradables como la hecha a base de molle. Pero a la vez todas estas exquisiteces se logran gracias al punto que se les da en el fogón, que es el que impregna el último aroma, pues la leña con la que son cocinadas (sea de eucalipto, arrayan o retama) le pone el toque final del sabor.
Evocar estas delicias culinarias nos permite destacar lugares como Ingenio, San Jerónimo, Sapallanga o Chupaca. Y recordar al valle del Mantaro es recordar al poblador Huanca y a su comida tradicional, que es, además, un importante legado cultural que nos da la posibilidad de conquistar nuevos mundos de ultramar, haciendo de Huancayo la “Tierra de sorpresas inequívocas”.

Breviario


“Déjame que te cuente” se realizó en Lima:
José Oregón en festival de narración oral
El quinto festival de narración oral denominado “déjame que te cuente” tuvo en escena a algunos de los mejores narradores orales de diversas partes del mundo. Dentro de la representación del Perú participó el escritor y gestor cultural José Oregón Morales, uno de los más importantes actores culturales de nuestra región.
El evento tuvo como emblema: “Diez años de vuelo, palabra por palabra”, y estuvieron presentes narradores orales de Colombia, Costa Rica, Chile, España, Francia, México y Perú; y se desarrolló entre el 14 y el 19 de setiembre. Oregón, quien es además director del grupo de danzas folclóricas nativas “Tuky”, presentó el libro “Kutimanco, cuentos quechuas”, entre otros relatos orales.








Presentará nuevo libro:
Gioconda Belli en el Perú

La escritora nicaragüense Gioconda Belli arribará a Lima para presentar su última novela “El país de las mujeres”, recientemente ganadora del Premio Hispanoamericano de Novela “La otra orilla 2010”, organizado por el Grupo Editorial Norma, y que en esta edición contó entre sus miembros del jurado con el peruano Santiago Roncagliolo, quien estuvo acompañado por el colombiano Mario Mendoza y Pere Sureda de España. En “El país de las mujeres” Gioconda Belli nos cuenta con mucho humor lo que sería un gobierno sin varones, únicamente regido por la feminidad. La presentación será este martes 5 de octubre desde las 7:30 pm, en la Galería Dédalo (Pasaje Sáenz Peña 295, Barranco).







Libro de emprendimiento:
“Pachawanka para el mundo”
Con la unión de los términos “Pachamanca” y el gentilicio de la población original de Huancayo, “Huanca”, Lizardo Romero Urrutia lanzó el libro “Pachawanka para el mundo”. Este texto contiene la historia de superación personal y empresarial de Ceferino, quien gracias a su empuje, coraje y capacidad de emprendimiento, así como a la valoración de su identidad, a la determinación de objetivos claros, y a su fuerza de voluntad y perseverancia, desarrolla estrategias que le permiten alcanzar una vida exitosa y, además, revalorar el auténtico legado cultural y milenario del hombre andino. El libro obtuvo el premio nacional “Historias de éxito”, otorgado por Confiep y el Grupo Gloria.

Agenda semanal

Cine foro
Ciclo: Sueños: “8 ½” de Fellini
Forista: Roberto Loayza
Lunes 4. Hora: 7 pm.
Centro cultural Continental, calle Real 125, Huancayo.
INGRESO LIBRE

Cátedra libre
Arquitectura residencial del periodo arcaico tardío en el Valle de Supe.
Arq. Arturo Espinoza
Martes 5. Hora: 7 pm.
Centro cultural Continental, calle Real 125, Huancayo.
INGRESO LIBRE

sábado, 25 de septiembre de 2010

SUPLEMENTO SOLO 4 Nº 332 DEL 25/09/2010

Se inaugura Centro Cultural Fortunato Cárdenas en Tarma
La provincia de Tarma ya tiene un nuevo centro cultural, que fue inaugurado la semana pasada y lleva el nombre de Fortunato Cárdenas, en honor a uno de los grandes nombres de la cultura tarmeña del siglo XX. Esta institución, administrada por la Municipalidad Provincial de Tarma, se ubica en la calle Cuzco, a espaldas del Centro Cívico y frente a la EPS Sierra Central. Cárdenas fue compositor de mulizas y huaynos; y es autor de varios libros, entre los que destaca la novela costumbrista “La llamita de Capia”.



LA CITA:
Me gusta ir a lugares donde hay cines, librerías y periódicos. No se me ocurriría ir a la selva, porque no soy un aventurero.
Fernando Trueba

Presencias inadvertidas, ausencias evidentes

Salas de cine, ayer y hoy

Diana Casas

Una atractiva exposición fotográfica comparativa sobre las salas de cine en Lima en la década de los 50 y en la actualidad es la que se viene realizando en la galería del centro cultural del ICPNA Región Centro. Además de ello, también se pueden apreciar algunas fotografías de los antiguos cines de Huancayo en distintas épocas. A continuación, un recorrido por esta muestra y por la historia del cine en nuestro país.

Nada como el cine para tomar conciencia de que el Perú es un maravilloso espacio donde los sueños pueden hacerse posibles.
Apenas un año y un mes después de la célebre función de los hermanos Lumière en el boulevar Des Capucines en París, el cine arribó al Perú, y antes de que terminara el siglo ya había llegado a los pueblos más alejados de los Andes peruanos llevado por acuciosos empresarios itinerantes. En las dos primeras décadas del siglo XX, se constituyeron las primeras empresas exhibidoras y las primeras productoras, se empezó a filmar documentales y películas de ficción, y el cine ferial cedió el paso a los primeros cines construidos con ese fin. Para 1950, el cine ya era parte establecida de la historia y, para muchos, la “fábrica de sueños” se había convertido en la oportunidad, no sólo de soñar, sino de hacer realidad los sueños. Las salas de cine florecían y, junto con el éxito de los empresarios, crecía el número de cinéfilos y de aquellos cineastas y productores que sentaron las bases para la constitución de la industria nacional del cine, ese cine que hoy obtiene galardones y nos llena de orgullo.
El valor cultural del cine es innegable. Arte en el que se dan cita las otras artes, ha creado ilusiones, fantásticas alegorías, sueños y pesadillas, ha contado historias y ha hecho surgir leyendas, pero también ha caminado de la mano de la historia, ha sido testigo y constructor de ella y se ha entrelazando con todas las actividades humanas, creando ciencia y tecnología, haciendo empresa, convirtiéndose en industria, integrando el paisaje urbano.
Estos múltiples significados del cine es lo que muestra la exposición fotográfica de salas de cine limeñas, que el ICPNA Región Centro realiza actualmente, con la colaboración del Comité Peruano para la Conservación del Patrimonio Industrial (Copecopi) y el Centro de la Imagen de Lima.

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La ciencia y la tecnología, aplicadas a la actividad industrial,
son también parte del legado histórico del hombre.
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Titulada “Presencias inadvertidas/Ausencias evidentes. Salas de cine limeñas, 50 años después”, la exposición es un viaje al pasado para descubrir en él parte de la historia del cine peruano. Las salas de cine han sido siempre espacios constructiva y emotivamente fascinantes. De un diseño arquitectónico por lo general hermoso, cómodos y adaptados a cada época, acudir a ellos ha sido siempre un acto amable, rodeado de la misma magia que el cine proyecta en la pantalla; ese misterio que fluye del sumergirse en el espacio oscuro y poblado, pero a la vez, solitario, donde es posible alejarse de todo, soñar y vivir otras vidas y situaciones, para luego, en un estado casi virtuoso, regresar o casa o ir a un café a continuar soñando.
La exposición muestra todo esto, pero, además, el modo cómo han cambiado esos espacios. Es una muestra comparativa entre el ayer y el hoy que nos plantea el reto de volver a soñar juntos y hacer realidad el sueño de que los peruanos demos a nuestro patrimonio cultural la atención que se merece y aprendamos a conservarlo.
El patrimonio cultural no es un concepto restringido al arte, la arqueología, la música, la gastronomía o el folklore; la ciencia y la tecnología, aplicadas a la actividad industrial, son también parte del legado histórico del hombre, constituyen nuestro patrimonio industrial y sus expresiones: edificios, fábricas, puentes, caminos, centrales energéticas, etc. tienen un inmenso valor histórico, tecnológico, social, arquitectónico y científico.
Sin duda, vale la pena ver esta exposición sustentada en el archivo fotográfico de Antar Giacomotti, el trabajo de los fotógrafos Gladys Alvarado, Eduardo Hirose y Ricardo Yui y la curaduría del arquitecto Víctor Mejía; y complementada con fotografías de cines de Huancayo, de los archivos de Eduardo Mubarak Saba, Sandro Bossio Suárez, David García Puente y Josué Sánchez Cerrón.

Crónica sobre Silvio Rodríguez

Presencia de Silvio, el unicornio

Sandro Bossio Suárez
Silvio Rodríguez es un hombre popular, amado por su gente, pese a que no es el mejor de los anfitriones. Talentosos músicos y cantantes —como León Gieco, Fito Páez, Juanes— se muestran cordiales y derrochan sencillez, mientras que Silvio hace lo contrario: desplanta, hace esperar a los periodistas, no permite que le fotografíen. Pero sigue siendo un hombre amado.

Llego con Beatriz y Catalina al concierto de Silvio en la Plaza de las Luces (antigua Plaza Cisneros) de Medellín y mostramos nuestras manillas que nos dan acceso a la zona VIP. Nos sentamos en la segunda fila (yo al lado de una fotógrafa del Miami Herald que tiene una cámara que parece un telescopio) mientras los teloneros se desgañitan en la escena. Cuando termina de cantar Jorge Drexler, finalmente, anuncian a Silvio. Los músicos se instalan detrás de sus instrumentos (guitarras, timbales, batería) y la luz cerúlea, humosa, se extiende en el escenario. Entonces aparece Silvio, el divo, se sienta, acuna la guitarra y empieza a cantar “Yo te quiero libre”.
Un mar de voces se eleva en una gigantesca oleada y los aplausos se baten sobre los graderíos. Los fotógrafos y reporteros gráficos (yo con mi camarita de 3 megapixels) intentamos acercarnos a las vallas, pero llegan los cancerberos del concierto y con sus anchas espaldas y sus chalecos verdes nos vedan: “Están prohibidas las fotos”. Todavía pugnamos, pero los cancerberos se ponen más tercos, accionan, casi empujan y alguien dice: “Si siguen tomando fotos, Silvio deja de tocar”. Como si se hubiera soltado la palabra mágica, todos retroceden, algunos guardan sus cámaras, otros las mantienen ocultas pero se resignan.
Catalina me toma de la mano y me dice: “Este Silvio es una actriz”. Recuerdo entonces, a fragmentos, las respuestas de la actriz (es decir, de Silvio) del día anterior en la conferencia de prensa del Museo de Medellín (en la Plaza Botero), porque no ha quedado nada escrito: también estaba prohibido tomar apuntes y grabar. “Comencé a escribir canciones en 1964, en el campamento militar de Managua, unas canciones vivenciales porque acababa de regresar de mi segundo periplo por Angola. Ese año también viajé por primera vez a España. Siempre había vivido pensando en el futuro. Y creo que el crisol que cristalizó lo que era el joven cantar de entonces, fue la Revolución Cubana”, dijo en otras palabras. Un periodista moreno le preguntó, en seguida, cómo fue que se hizo famoso con las canciones sobre el mar que escribió cuando era joven (seguro se refiere a “Canciones del mar”) y Silvio, sin modestia, le respondió que aún sin esas canciones él ya era bastante famoso. Sin embargo, aceptó que eso le dio la oportunidad de entregarse en cuerpo y alma a algo que le gustaba y que no consideraba un trabajo sino un placer: inventar canciones.
Allá, en medio del escenario, Silvio sigue cantando su trova, su poesía, su política, envuelto en luces azules. Unos fantasmas índigos llegan a él en crespas ondulaciones. No les da importancia. Sus manos se mueven, rasgan la guitarra, su cabeza cubierta con una gorrita se menea apenas y, aún a la distancia, se le notan sus orejas grandes a contraluz. Ahora canta “Yolanda”.
Sigo evocando: “¿Y cómo define Silvio Rodríguez al Movimiento de la Nueva Trova?”. “El Movimiento de la Nueva Trova (MNT) es la organización que se creó en diciembre de 1972. Para entonces ya teníamos una coincidencia anímica entre los jóvenes trovadores, es decir ya había una generación cantante. Muchas de esas canciones forman parte del cancionero popular. Ninguna ha ganado un Grammy y posiblemente no lo hagan, pero eso no importa porque ya la gente ha decidido premiarlas que es lo más importante”.
Como todo intérprete (porque aunque defensor de la revolución y del socialismo, Silvio es también un cantante que debe ganarse a su público con estrategias de los del Woodstock), termina de cantar y se retira a la espera de que el gentío empiece a corear: “otra, otra, otra”. Y cuando ocurre, retorna, guitarra en mano, más orejudo que nunca, seguramente con el pecho lleno de la suficiencia que te dan los aplausos por más revolucionario y socialista que seas. Su última canción es, claro, “El unicornio”. La gente grita, las chicas se desvanecen, Catalina aprisiona mi mano con más fuerza. “Es una actriz, pero canta como nadie”, me susurra.
El día anterior Silvio Rodríguez ha confesado que “el término canción de protesta comenzó a usarse a partir de los 60 a raíz de la guerra de Vietnam y llegó a Cuba en 1967, a la Casa de las Américas, donde había una reunión internacional de cantores de diferentes países. A partir de entonces la canción de protesta fue mi bandera. He defendido mi revolución, la sigo defendiendo, pero creo que ha envejecido. Creo que Cuba debe suprimir la ‘erre’ de ’revolución’ y pasar ahora a la ‘evolución’, debemos revitalizarnos”.
“Como nadie”, le respondo a Catalina. Vendría una noche inolvidable en el jacuzzi.

El libro que cambió mi vida: “El lobo estepario”, Hermann Hesse

Teatro mágico, sólo para locos

Lucía Baquerizo Sedano
A los 16 años, reconocí mejor la doble naturaleza que había sospechado tener desde que la razón poseyó mi cabeza. El crédito es de un libro que, sobre mi mano sudorosa, empezó a embrujarme y a llevarme por el más fascinante de todos los mundos, un mundo oculto que está debajo de la ropa, de las cosas y de las palabras, en el que el tiempo no existe y uno encuentra placer y respuestas sin esfuerzo. No sé bien si para descubrir ese nuevo mundo existen leyes de causalidad que pueden entenderse como el destino, o si, más bien, sólo se dan meras casualidades. Empezar a leer, en mi caso, derivó de la sugerencia imperativa de un profesor de literatura al terminar una conversación extraña: “Lobo estepario, Hesse, Lobo estepario, ese libro es para ti”. Cuando después de renunciar al trabajo y dejar mis estudios de Arquitectura, leí la última página de ese libro, supe que no se equivocaba, y que pueden darse conexiones sublimes entre dos personas.
“El lobo estepario” narra una historia genial y terrible que cambia de sentidos y direcciones. Los días no transcurren del modo en que solían hacerlo desde que se conoce a Harry Haller, aquel hombre que en el fondo de su corazón sabía que no era realmente un ser humano, sino un lobo de estepa, solitario y torpe socialmente por naturaleza, como lo somos muchos, casi siempre sin quererlo.
Los griegos crearon a Kayros, el momento justo, existencial, de “insight”. Los libros son hijos de ese dios, vienen en un instante fugitivo que hay que atrapar sin pensar mucho para sentir su esencia. Harry Haller sabía, como yo, que “estaban en mi bolsillo todas las cien mil figuras del juego de la vida. Presentía su significación; tenía el propósito de empezar otra vez el juego, de volver a gustar sus tormentos, de estremecerme de nuevo y recorrer una y muchas veces más el infierno de mi interior”. Iniciaría la tarea de encontrarse y darle el papel exacto a cada personaje, inhalar en ese mundo oculto y exhalar en éste; aprender la risa eterna, entender la ley de las contradicciones, pues ser parte del teatro mágico es sólo para locos. Ojalá que aumenten, que aumentemos, los locos.

Entrevista a Hildebrando Pérez Grande

“Tanto Arguedas como Alarco reafirmaron mi vocación”

Pat Salazar-Caso

Hildebrando Pérez, además de autor del poemario Aguardiente, Forever, es un gran especialista en literatura oral y prehispánica, y docente de literatura en las universidades San Marcos y Antonio Ruiz de Montoya. Desde Lima, concedió una entrevista a “Solo 4”.

Usted vivió parte de su infancia en Orcotuna.
Casi hasta los ocho o nueve años. Todo mi imaginario inicial es andino. Yo descubrí el mundo, los paisajes andinos, los ritos andinos, la sociedad, los mitos, las leyendas en la casa de mi abuela materna. Podría decir, como García Márquez, que “soy hechura de mi abuela”. Todo eso se acabó el día en que mi padre decidió traerme a Lima para ser estudiante, a fines del 48 o 49.

¿Cómo era su relación con José María Arguedas?
En el segundo año de San Marcos, llevé un curso de introducción a la Antropología que dictaba José María. Fui durante dos años alumno suyo. Entonces a Arguedas lo teníamos a nuestro costado, todos los días, conversando, discutiendo, escuchándolo. Y se formó una especie de tribu en Letras. Los más cercanos a él eran los de Puquio, los de Lucanas. Todos ellos hijos de los ayacuchanos de ese entonces, que vivían en pensiones. Y ahí caía Arguedas con su Volkswagen verde, a cantar, a llorar, a contar, a conversar. Hablaba en quechua con ellos, porque todos eran quechuahablantes. Fue una cosa muy linda.

Pero también en San Marcos usted fue muy cercano a la musicóloga Rosa Alarco.
Mira, la verdad que hablar de Rosita Alarco me conmueve, me llena de emoción. Con ella pude entablar una relación, digamos, compleja. Fue como una madre espiritual, como una guía, como una profesora. Fue una amiga, una cómplice, una compañera de sueños. Tantas cosas fue Rosa Alarco. Mucha de mi formación académica, de mi aproximación al universo andino, y a lo que denominamos “cultura popular”, se la debo a las inquietudes que supieron sembrar en mí, tanto José María Arguedas como Rosa Alarco Larrabure.

Entonces a Arguedas lo teníamos a nuestro costado, todos los días, conversando, discutiendo, escuchándolo.

Todas esas vivencias desde su niñez hasta su contacto con Arguedas y Alarco, ¿influyeron en Aguardiente, forever?
Podría decir que tanto Arguedas como Alarco reafirmaron mi vocación que ya se había iniciado años antes. Ese universo, esa concepción del mundo que uno adquiere en sus primeros años, se fortalecieron luego en las cátedras que recibí, en las lecciones de Emilio Choy, en las conversaciones con Lucho Lumbreras, y con mis amigos músicos, cantantes. Creo que Aguardiente, forever no es el producto de una adhesión a una cultura, o a unos valores y principios. Lo que he escrito quiere ser la evidencia de vivencias, de emociones, sensaciones, experiencias que viví y compartí hasta un tiempo determinado. Después vinieron visitas cada vez más esporádicas, más distantes, al área andina y a las comunidades campesinas para participar en sus ritos religiosos, en sus fiestas patronales.

¿Y cómo fue la fundación de la Cátedra de Literatura Oral en San Marcos?
No fue fácil. Porque estaba contra el canon, pues. Ahora es fácil hablar, después de 25 años. Tú sabes que hace 50 años, en todas las universidades del país se enseñaba literatura peruana, y dentro de ella, un capítulo, pequeñito, mezquino, de literatura quechua. Ahora en San Marcos hay dos cursos de literatura quechua, hay seminario de literatura quechua. Pero te hablo del 81, del 82. Yo pedí y recibí el apoyo, es verdad, de algunos profesores, para crear el curso de literaturas orales. Porque esa oralidad desbordaba temáticamente a la propuesta de un curso de literatura quechua. Apenas vi que había éxito, creamos literatura oral I y II, dedicados a la cultura andina específicamente. Creo que mi pequeña contribución a la vida académica en San Marcos ha sido fomentar, auspiciar e impulsar la creación tanto del estudio, de la recopilación y de la difusión de las literaturas oral y prehispánica en el Perú.

Una de las obras, inicialmente recopilada para extirpar las idolatrías, fue Dioses y hombres de Huarochirí. ¿Cuál sería la importancia de ese texto?
Creo que la importancia social de este viejo informe recogido por Francisco de Ávila, y traducido libremente por José María Arguedas, en una edición que felizmente, con el auspicio de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, pude hacer en versión bilingüe, es porque cubre una necesidad: conocer las raíces culturales de nuestros pueblos, para ver con exactitud de dónde venimos; así también los procesos de transculturación, de hibridación, de sincretismos culturales, el peso del aporte de las culturas nativas y de las culturas primigenias de nuestro país. Leer esa literatura creo que nos da luces para poder descubrirnos a nosotros mismos.

¿A qué se refiere con el aguardiente del título de su poemario?
La palabra aguardiente es muy rica. En diversos contextos adquiere resonancias singulares. Pensar en saborear el aguardiente, de lleno te lleva hacia Baco, al mundo de la ilusiones con las bebidas alcohólicas. El aguardiente hasta hace algunos años era la bebida más popular en el mundo andino. El del valle del Mantaro venía desde la ceja de selva, de La Merced, de Satipo. Con esa bebida se abrigaban los campesinos. Soñaban que el mundo podía ser mejor, por decirlo de alguna manera. Era también el acompañante de los ritos sociales, de los ritos religiosos. Una botella de aguardiente la tiene el chamán, el curador o el brujo de la comunidad, con sus cigarrillos nacionales Inca. El aguardiente lo he visto desde muy niño en mi casa. Lo recuerdo ahorita, vívidamente. Yo entiendo que la poesía es como el aguardiente desde esa perspectiva. Calma la sed del sediento, porque es un líquido. Pero es un líquido ardiente: que te entropa, te ilusiona como una utopía, que te anima, que te da fuerzas. Y la poesía cumple esa función social: alentar la vida, alentar la esperanza en un mundo mejor. Por eso escribo poesía.


MÁS DATOS:
Hildebrando Pérez Grande es poeta, editor, periodista y profesor universitario. Ha editado las obras de Javier Heraud, Edgardo Tello y Juan Ojeda, y dirigió algunas revistas literarias. Obtuvo en 1978 el Premio de Poesía “Casa de las Américas”, y es autor de Epístola a Marcos Ana (1963), El sueño inevitable (1963), Aguardiente, Forever (1978) y Sol de Cuba (1979).

Contacte a Pat Salazar Caso en Facebook: http://www.facebook.com/pat.salazarcaso

Perfume de mujer

Ernesto Sábato
Sobre héroes y tumbas


Se echa sobre la hierba, abriendo todo lo que puede sus brazos y sus piernas. La luna le da de pleno sobre su cuerpo desnudo y siente su piel estremecida por la hierba. Así permanece largo tiempo: está como borracha y no tiene ninguna idea precisa en la mente. Siente arder su cuerpo y pasa sus manos a lo largo de sus flancos, sus muslos, su vientre. Al rozarse apenas con las yemas sus pechos siente que toda su piel se eriza y se estremece como la piel de los gatos.