Miguel Angel
Villalobos Caballero

Así, hace poco, estaba viendo Manhattan, de uno de mis actores y
directores preferidos, Woody Allen, donde, en una de las escenas, se ve al
actor corriendo por las calles de esta ciudad (a pesar de sus más de cuarenta
años) casi al atardecer, como un jovenzuelo, en busca de la chica deseada que
apenas frisaba los dieciocho. Era el tipo de amor del hombre maduro con una mujer
joven, que algunos cuestionan y otros no, entre ellos el Tribunal
Constitucional.
Me encanta el encuentro que tuvieron,
luego de una mediana separación, en el que la chica, ya lista para viajar a
Londres, es encontrada por él para tratar de recuperarla a través de la
persuasión; así, le dice que es una separación de seis meses y expresa su temor
de perderla, a lo que ella responde: «No todos nos corrompemos, debes tener
algo de fe en la humanidad».
Antes de pensar en esta oración, me
parece algo extraordinario el correr o hacer cosas asombrosas por amor,
teniendo cuidado en no confundir éste con lo que es la pasión. Tengo entendido
que la pasión o deseo tiene que ver con un carácter pasivo, como lo diría el
filósofo español José Ortega y Gasset en su obra Estudios sobre el amor, por cuanto el desear es querer que el
objeto venga hacia uno, por el contrario, el amor es actividad, es el ir hacia
el objeto.
Pensamos que este sentimiento es algo
maravilloso y no tiene límites cuando es voluntario y de buena fe, además de ser
correspondido. Él se expresa en una gran actividad humana como el bailar o
gritar al espacio; sin embargo, y respondiendo a la pregunta, pensamos que
tiene sus límites, y esos límites, aunque parezca mentira, los pone la
racionalidad de lo posible.
Así vemos que en este tipo de
sociedad, que parece neurótica y donde debería abundar los psicoanalistas, el
amor es mal entendido cuando se denota crueldad en la relación, es algo
enfermizo que destruye al otro cuando a la pareja se le hace sentir mal, se le
maltrata con los verbos y los hechos; muchos casos trágicos se dan y se saben
por las noticias; esto tiene que parar por el bien no solo de la familia sino
por el de la sociedad.
El maltrato que definitivamente no es
amor ni pasión, se ha vuelto un quehacer diario y se ha diversificado en todas
las áreas humanas, políticas, sociales y más. Ya no se toma en cuenta lo que
dijo Ortega y Gasset: «El hablar de amor no es hablar de 'amores'» y agregaría
que a éste se le ha estado confundiendo, porque vemos que ahora hay de todo,
menos eso que en rigor vale llamarse amor.
La fe en la humanidad, por último,
sería volver a creer en este sentimiento como un valor positivo, que sana las
heridas políticas, sociales, familiares y otras, y se desarrolla en una
sociedad que todos queremos sea mejor y, por qué no, feliz.
Las personas deben aprender nuevamente a correr, a
expresar su felicidad, su esperanza en ideales nobles, pues pase lo que pase,
el amor es solo aquello que se puede tener en la humanidad. ¿Usted qué piensa?
coincide con el escritor, por cuanto, la gente debe aprender nuevamente a expresar sus sentimientos sinceros.
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