Jorge Escobar Galván
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Jean Paul Sartre (París, 21 de junio de 1905 – 15 de abril de 1980). |
En sus obras, Sartre trata de
investigar los vínculos entre lo real y lo imaginario construyendo una teoría
de la imagen. En concreto, aporta al esclarecimiento del problema de las relaciones de la imagen con el
pensamiento. Sostiene que hay una «existencia como cosa» y una «existencia como
imagen» que no permite que lleguemos a confundir la imagen del objeto con el
objeto mismo.
Postula que entre la imagen y la cosa
existe una identidad de esencia, pero no una identidad de existencia. Vendrían
a ser dos tipos distintos de identidad, dos modos de ser diferentes, porque la
imagen no existe del mismo modo que el objeto.
La imagen, concluye Sartre, es, como
la conciencia, «imagen de algo»; no es una cosa sino un acto: es propiamente «un
cierto tipo de conciencia», es «conciencia de algo». Afirmaba que «una imagen
no es una sensación despierta, o remodelada por el intelecto, ni tampoco una antigua
percepción alterada y atenuada por el saber, sino algo enteramente diferente,
una realidad ausente, revelada en su ausencia misma a través de lo que yo
llamaba un “analogon”: un objeto sirviendo de soporte analógico y atravesado
por una intención».
En el pensamiento actual, la
imaginación entendida como creatividad, es decir, orientada hacia un objetivo
concreto, se opone a la fantasía, entendida como pura producción de imágenes.
Appadurai, desde la antropología,
plantea que en la actualidad los medios de comunicación y los movimientos
migratorios producen una serie de efectos en la imaginación al ofrecer nuevos
recursos para la construcción de la imagen de uno mismo y de una imagen del
mundo, tendiendo a cuestionar, subvertir o transformar las formas expresivas
vigentes o dominantes en cada contexto particular, transformando el discurso
cotidiano, entre otros. En suma, los medios electrónicos y las migraciones
masivas caracterizarían al mundo de hoy como fuerzas que parecen instigar (y a
veces, obligar) al trabajo de la imaginación.
Reconoce que todas las sociedades han
producido su propio arte, sus propios mitos y leyendas, expresiones que
implicaron un desvanecimiento de la vida social cotidiana. En ellas todas las
sociedades demostraron tener la capacidad de trascender y enmarcar su vida
social cotidiana recurriendo a mitologías de diversa índole en las que esa vida
social era reelaborada e imaginativamente deformada. Por último, en sueños, aun
los individuos de las sociedades más simples han encontrado un lugar para
reorganizar su vida social, darse el gusto de experimentar sensaciones y
estados emocionales prohibidos, y descubrir cosas que se han ido incorporando
en su sentido de la vida cotidiana.
En la antropología concebimos las
representaciones colectivas como hechos sociales (que trascienden la voluntad
individual, que están cargadas con la fuerza de la moral social y como
realidades sociales objetivas). Según el citado antropólogo hindú, en los
últimos tiempos, apoyado en los cambios tecnológicos ocurridos a lo largo del
último siglo, la imaginación ha pasado a ser un hecho social y colectivo, que
es la base de la actual pluralidad de los mundos imaginados.
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