La larga lista de los Benedictos
Sandro Bossio Suárez
Benedicto I (575-579) Trata inútilmente de restablecer el orden en Italia y en Francia.
San Benedicto II (684-685) Logra desligar a la Iglesia del poder imperial. Señala que sólo aquel que pague sus impuestos será salvo.
Benedicto III (855-858). Su carácter piadoso agrieta el poder y en su papado empiezan las intríngulis vaticanas: es derrocado por el antipapa Anastasio, quien usurpa sus funciones durante un mes, y él debe hacerse socorrer con las sectas enemigas del catolicismo para recuperar el solio.
Benedicto IV (900-903) Baronio lo describe como un Papa miedoso y lleno de manías que alienta «la corrupción universal».
Benedicto V (964-966) Débil de carácter, permite el poder «tras el trono», dándole potestad al futuro Papa Bonifacio VII (quien encarcelaría a Juan XIV y entregaría su cadáver desnudo para ser arrastrado por Roma).
Benedicto VI (973-974) Empieza con él la peor época de los Benedictos. Se dice que muere estrangulado por el Papa Bonifacio VII. A raíz de ello, el asesino es llamado en el “Sacrorum Conciliorum”, «horrendo monstruo que sobrepasó a todo mortal en su maldad».
Benedicto VII (974-983) Da un gran impulso a la agricultura, pero se le acusa de hacerse de las tierras de los pobres para la iglesia.
Benedicto VIII (1012-1024) Endurece las reglas del celibato sacerdotal. El «Liber pontificalis» asegura que compra el oficio papal por medio de chantaje. Su hermano Juan XIX soborna a los cardenales para pasar de laico a Papa en un solo día.
Benedicto IX (1032-1044) Es elegido Santo Padre a los doce años a instancias de unos negocios que hace su padre, el Conde Alberic III, con la curia. Este «papita» crece en la maldad y «comete homicidios y adulterios, y es un horrendo criminal a quien el pueblo destierra de Roma», según el libro «Italia Medieval». Mediante arreglos monetarios, encabeza la iglesia durante dos períodos más. En el segundo (de 1045 a1045), profesa sólo veinte días, al cabo de los cuales tiene que alejarse por corrupto. Elegido por tercera vez en 1047, renuncia al pontificado ocho meses después. Cuenta la leyenda que, arrepentido de su vida turbulenta, se hizo monje.
Benedicto X Fue un antipapa.
Benedicto XI (1303-1304). Beato. Muere después de comer higos envenenados. El gran Dante Alighieri lo instala en el infierno de su «Comedia» junto a Bonifacio VIII (aquél que dijo que «el darse placer a uno mismo, con mujeres o con niños, es tanto pecado como frotarse las manos»), con Nicolás III y Clemente V. El poeta describe El Vaticano como «el alcantarillado de la corrupción».
Benedicto XII (1335-1342) Durante su papado, Petrarca escribe que el establecimiento papal es un lugar de violación, adulterio y toda clase de fornicación, y que «el papa se hace servir la comida por siete mujeres desnudas», lo cual, más tarde, sería repetido por Lutero para su Reforma.
Benedicto XIII (1724-1730) Jacobo Fo lo sindica en su libro «El libro prohibido del cristianismo» como el Papa más «arrogante y dispendioso», pues inaugura la escalera de Trinidad de los Montes en Roma, cuando había hambre a causa de una peste. Gustaba de almorzar huevos. Se bautizan los «huevos Benedictinos» en su honor.
Benedicto XIV (1740-1758) En sus dieciocho años de pontificado sólo se ocupa de hacer pintar los retratos de los Papas en la Basílica de Roma y de establecer las fiestas santas. Casi no se trabajaba de tanto feriado.
Benedicto XV (1914-1922) Su verdadero nombre fue Giacomo della Chiesa. Canoniza a Juana de Arco 489 años después de la que Inquisición la quemara viva. Se le incrimina parcializarse con Alemania durante la I Guerra Mundial.
Benedicto XVI (2005) Sin comentarios.
martes, 17 de abril de 2012
DESLECTURAS: Vladímir Nabokov: «Lolita»
La nínfula y el hechicero
Juan Carlos Suárez Revollar

Vladímir Nobokov (1899-1977) redactó «Lolita» en inglés, luego de mudarse a Estados Unidos. La historia no es completamente original. A finales de 1939, cuando vivía en París, había escrito en ruso una novela corta con lo que sería el sustrato de «Lolita», a la que llamó «Volshebnik». Por considerarla imperfecta, destruyó el manuscrito, pero se salvó una copia que tiempo después él mismo ofreció a su editor, aunque no se publicó sino póstumamente (la versión en español lleva por título «El hechicero»).
En ambas novelas una mujer madura es desposada por un pedófilo —Humbert Humbert en «Lolita», un personaje anónimo en «El hechicero»— solamente para tener cerca a su hija preadolescente y finalmente poseerla. Si bien el punto de vista común es el del pedófilo, en «Lolita» es este mismo quien cuenta la historia, en primera persona, mientras en «El hechicero» —donde todos los personajes son innominados— hay un narrador omnisciente que hábilmente incluye el sentir de su protagonista. La niña es el centro de las dos historias, pero de apenas participar en la primera, adquiere en «Lolita» una poderosa voluntad sobre los demás personajes, su propio destino y el curso de la historia, que continuará todavía largamente desde donde «El hechicero» tiene su desenlace. Llamada Dolores Haze, Lolita es una niña-mujer de doce años a la que Humbert caracteriza como nínfula («nymphet» en el texto original). Su inconsciente perversidad —así intenta darlo a entender el narrador con ese especial tono suyo, entre cínico e irónico— tiene el poder de destruir a cuantos la rodean. El contacto inicial con Humbert es juguetón, pero según avanza la novela adquiere mayor dominio sobre él. Labra así su propia perdición, que toca fondo con Quilty. Una última imagen suya, ya perdida su belleza, embarazada, arruinada y comprometida con un «White Trash» de futuro poco prometedor, es la que tanto desespera a Humbert.
Humbert es quien impone una relación furtiva a Lolita, a diferencia de a Annabel, la otra niña iniciática de su vida, cuando ambos tenían trece años, aunque entonces no la pudo consumar. Se trata del equivalente de Lolita, un personaje con características tan parecidas a las suyas, que da la impresión de tratarse del mismo. Algo similar ocurre entre Humbert y Quilty, pese a sus aparentes diferencias, que bien podrían ser meras invenciones del narrador. La tendencia de Humbert a alterar la realidad en su relato hace que el lector jamás tenga la seguridad sobre lo que es verdad y lo que no. Algo que refuerza esta impresión son las grandes coincidencias de la historia, como la oportuna muerte de la madre de Lolita —cabe la posibilidad de que él la asesinara—. Igualmente, Humbert resalta sus propios defectos y se muestra a sí mismo como un ser abyecto. Aquellos que le caen mal, además, son retratados de manera feroz y tienen un terrible final; su primera esposa, por ejemplo, quien acaba humillada hasta un nivel absurdo, y muere al dar a luz, como parece ser el destino de toda nínfula. Otro indicio de que Humbert podría no decir la verdad son las temporadas que pasó en tratamiento psiquiátrico (Nabokov se aprovecha de esto para burlarse de psiquiatras y psicólogos, por cuya profesión sentía un desprecio nada gratuito).
Lolita está desamparada y no le queda más alternativa que sostener una relación con Humbert. Este la colma de regalos como una forma de ganar su afecto y de resarcir su propia culpa. Pero eso también significa que podrá exigir a cambio sus favores. Por eso lo suyo se convierte en una sucesión de transacciones y una pugna entre ambos en la que, aunque parece que Lolita sale bien librada, es más bien sometida a los deseos de su padrastro. Ello toma su cariz más patético cuando el narrador informa al lector que ella llora todas las noches. La particular atracción que Humbert siente por Lolita, y no por cualquier otra niña-mujer, se debe al perturbador, oscuro y perverso fondo incestuoso de la relación.
Apasionante y nebulosa es la persecución de la que es objeto Humbert por Gustave Trapp, un nombre ficticio del ficticio perseguidor. Y aquella presencia, infalible y permanente, de Quilty, no puede ser más fascinante y retorcida.
El testimonio autobiográfico de Humbert, que constituye el libro, se supone escrito para ser leído de manera póstuma. Un relato tan subjetivo como «Lolita», que además tiene el agravante de ser contado por un maniático, neurótico y paranoico, nos crea esa duda, inquietante, de que nada es verdad, porque la realidad podría haber sido inventada por la mente perturbada del narrador.
Como en el resto de la obra de Nabokov, hay en la novela una bellísima prosa. Humbert se convierte en un personaje que inspira lástima, que se autodestruye y que, de la mano del lector, vive, ama y muere víctima de sus propias obsesiones.
Juan Carlos Suárez Revollar

Vladímir Nobokov (1899-1977) redactó «Lolita» en inglés, luego de mudarse a Estados Unidos. La historia no es completamente original. A finales de 1939, cuando vivía en París, había escrito en ruso una novela corta con lo que sería el sustrato de «Lolita», a la que llamó «Volshebnik». Por considerarla imperfecta, destruyó el manuscrito, pero se salvó una copia que tiempo después él mismo ofreció a su editor, aunque no se publicó sino póstumamente (la versión en español lleva por título «El hechicero»).
En ambas novelas una mujer madura es desposada por un pedófilo —Humbert Humbert en «Lolita», un personaje anónimo en «El hechicero»— solamente para tener cerca a su hija preadolescente y finalmente poseerla. Si bien el punto de vista común es el del pedófilo, en «Lolita» es este mismo quien cuenta la historia, en primera persona, mientras en «El hechicero» —donde todos los personajes son innominados— hay un narrador omnisciente que hábilmente incluye el sentir de su protagonista. La niña es el centro de las dos historias, pero de apenas participar en la primera, adquiere en «Lolita» una poderosa voluntad sobre los demás personajes, su propio destino y el curso de la historia, que continuará todavía largamente desde donde «El hechicero» tiene su desenlace. Llamada Dolores Haze, Lolita es una niña-mujer de doce años a la que Humbert caracteriza como nínfula («nymphet» en el texto original). Su inconsciente perversidad —así intenta darlo a entender el narrador con ese especial tono suyo, entre cínico e irónico— tiene el poder de destruir a cuantos la rodean. El contacto inicial con Humbert es juguetón, pero según avanza la novela adquiere mayor dominio sobre él. Labra así su propia perdición, que toca fondo con Quilty. Una última imagen suya, ya perdida su belleza, embarazada, arruinada y comprometida con un «White Trash» de futuro poco prometedor, es la que tanto desespera a Humbert.
Humbert es quien impone una relación furtiva a Lolita, a diferencia de a Annabel, la otra niña iniciática de su vida, cuando ambos tenían trece años, aunque entonces no la pudo consumar. Se trata del equivalente de Lolita, un personaje con características tan parecidas a las suyas, que da la impresión de tratarse del mismo. Algo similar ocurre entre Humbert y Quilty, pese a sus aparentes diferencias, que bien podrían ser meras invenciones del narrador. La tendencia de Humbert a alterar la realidad en su relato hace que el lector jamás tenga la seguridad sobre lo que es verdad y lo que no. Algo que refuerza esta impresión son las grandes coincidencias de la historia, como la oportuna muerte de la madre de Lolita —cabe la posibilidad de que él la asesinara—. Igualmente, Humbert resalta sus propios defectos y se muestra a sí mismo como un ser abyecto. Aquellos que le caen mal, además, son retratados de manera feroz y tienen un terrible final; su primera esposa, por ejemplo, quien acaba humillada hasta un nivel absurdo, y muere al dar a luz, como parece ser el destino de toda nínfula. Otro indicio de que Humbert podría no decir la verdad son las temporadas que pasó en tratamiento psiquiátrico (Nabokov se aprovecha de esto para burlarse de psiquiatras y psicólogos, por cuya profesión sentía un desprecio nada gratuito).
Lolita está desamparada y no le queda más alternativa que sostener una relación con Humbert. Este la colma de regalos como una forma de ganar su afecto y de resarcir su propia culpa. Pero eso también significa que podrá exigir a cambio sus favores. Por eso lo suyo se convierte en una sucesión de transacciones y una pugna entre ambos en la que, aunque parece que Lolita sale bien librada, es más bien sometida a los deseos de su padrastro. Ello toma su cariz más patético cuando el narrador informa al lector que ella llora todas las noches. La particular atracción que Humbert siente por Lolita, y no por cualquier otra niña-mujer, se debe al perturbador, oscuro y perverso fondo incestuoso de la relación.
Apasionante y nebulosa es la persecución de la que es objeto Humbert por Gustave Trapp, un nombre ficticio del ficticio perseguidor. Y aquella presencia, infalible y permanente, de Quilty, no puede ser más fascinante y retorcida.
El testimonio autobiográfico de Humbert, que constituye el libro, se supone escrito para ser leído de manera póstuma. Un relato tan subjetivo como «Lolita», que además tiene el agravante de ser contado por un maniático, neurótico y paranoico, nos crea esa duda, inquietante, de que nada es verdad, porque la realidad podría haber sido inventada por la mente perturbada del narrador.
Como en el resto de la obra de Nabokov, hay en la novela una bellísima prosa. Humbert se convierte en un personaje que inspira lástima, que se autodestruye y que, de la mano del lector, vive, ama y muere víctima de sus propias obsesiones.
COLUMNA: DESDE EL ATELIER
Cruces y Cristos populares
Josué Sánchez / Diana Casas

Probablemente el símbolo espiritual más conocido de todos los tiempos sea la cruz cristiana. Con su terrible carga de dolor y sufrimiento, representa el camino cristiano a la salvación, la memoria de un Dios que da testimonio de sí mismo no sólo a través de la fe sino también de una experiencia de libertad. La incomprensible libertad de un Dios que se ofrece a la muerte por los hombres.
Sacrificio y redención como ideas generadoras, aparecen ya desde la mitología órfica, indesligablemente vinculadas a la visión occidental del mundo, su orden, su sentido y su ligazón con el Ser. Cristo, su vida y su muerte, como parte de esta visión, aparece como una figura engrandecida por el martirologio de la crucifixión, y es así que dos simples maderos cruzados alcanzan el valor de una verdad por la cual morir. Verdad que bajo este símbolo va extendiéndose y penetrando otras culturas, entremezclando su contenido filosófico con el de otras corrientes doctrinales, conservando su pureza unas veces, constantinizándose otras, adquiriendo nuevos contenidos, encubriendo viejas resistencias.
En el mundo andino, esta cruz, que en la lectura cotidiana pareciera ser de origen cristiano y español tiene, sin embargo, contenidos y significados propios, que hablan más bien de un sincretismo religioso.
Resulta sorprendente que, a la llegada de los españoles, la imposición de la cruz cristiana no encontrara mayor resistencia. Esta aparente facilidad tuvo su origen en la coincidencia entre la forma simbólica de la cruz cristiana y la que se deriva de la unión imaginaria de las cuatro estrellas que conforman la Cruz del Sur, elemento principal en la cosmovisión del hombre andino.
Punto central del firmamento en el hemisferio austral, la observación astronómica de esta constelación tuvo particular importancia en la determinación del ciclo agrícola marcando el inicio y el término de las épocas de cosecha y de siembra. Siendo fundamentalmente agraria la cultura andina, no resulta extraña entonces su fuerte inserción en la estructura del pensamiento andino, que le atribuyó connotaciones políticas y religiosas, además de las astronómicas ligadas al ciclo agrario, enriqueciéndose paralelamente su iconografía.
Políticamente, la Cruz del Sur representaba la división en ayllus, barrios o cuarteles, asumiendo en tal caso la forma simbólica de un rombo dividido en cuatro, cuyo centro constituía la patria.
De otro lado, el surgimiento de un culto estelar a la Cruz del Sur parece estar vinculado a la especulación del hombre andino acerca de la existencia de una quinta estrella en la intersección de las líneas imaginarias que unen las cuatro estrellas en forma de cruz y que representaría al Dios supremo, creador del mundo, que en la cosmogonía andina tomó el nombre de Wiracocha, dios desconocido bajo forma humana o material quien, a la llegada de los españoles y con ellos la figura de Cristo, fue identificado con éste, iniciándose así un proceso de sincretismo entre ambas religiosidades, que aún sigue evolucionando, y del cual dan cuenta los rostros andinos en dolientes Cristos, las cruces con “pasiones” presididas por el Sol y la Luna, los “taita Cristos” con nombres de wamanis, las flores y los productos agropecuarios ofrendados a la Cruz en acción de gracias por la buena cosecha.
Una realidad que los artistas populares han sabido plasmar en cada una de sus obras, recogiendo en ellas el sentimiento místico andino, siempre con su muy particular carga personal. Así, desde una simple cruz de espinas hasta una colorida cruz constructivista, pasando por una cruz de zafacasa o una cruz barroca de imaginería; desde una solitaria cruz de apacheta hasta un esplendoroso “calvario” de iglesia, cada artista ha dejado en cada cruz un trozo de historia, una humana pregunta y un pedazo de vida.
Josué Sánchez / Diana Casas

Probablemente el símbolo espiritual más conocido de todos los tiempos sea la cruz cristiana. Con su terrible carga de dolor y sufrimiento, representa el camino cristiano a la salvación, la memoria de un Dios que da testimonio de sí mismo no sólo a través de la fe sino también de una experiencia de libertad. La incomprensible libertad de un Dios que se ofrece a la muerte por los hombres.
Sacrificio y redención como ideas generadoras, aparecen ya desde la mitología órfica, indesligablemente vinculadas a la visión occidental del mundo, su orden, su sentido y su ligazón con el Ser. Cristo, su vida y su muerte, como parte de esta visión, aparece como una figura engrandecida por el martirologio de la crucifixión, y es así que dos simples maderos cruzados alcanzan el valor de una verdad por la cual morir. Verdad que bajo este símbolo va extendiéndose y penetrando otras culturas, entremezclando su contenido filosófico con el de otras corrientes doctrinales, conservando su pureza unas veces, constantinizándose otras, adquiriendo nuevos contenidos, encubriendo viejas resistencias.
En el mundo andino, esta cruz, que en la lectura cotidiana pareciera ser de origen cristiano y español tiene, sin embargo, contenidos y significados propios, que hablan más bien de un sincretismo religioso.
Resulta sorprendente que, a la llegada de los españoles, la imposición de la cruz cristiana no encontrara mayor resistencia. Esta aparente facilidad tuvo su origen en la coincidencia entre la forma simbólica de la cruz cristiana y la que se deriva de la unión imaginaria de las cuatro estrellas que conforman la Cruz del Sur, elemento principal en la cosmovisión del hombre andino.
Punto central del firmamento en el hemisferio austral, la observación astronómica de esta constelación tuvo particular importancia en la determinación del ciclo agrícola marcando el inicio y el término de las épocas de cosecha y de siembra. Siendo fundamentalmente agraria la cultura andina, no resulta extraña entonces su fuerte inserción en la estructura del pensamiento andino, que le atribuyó connotaciones políticas y religiosas, además de las astronómicas ligadas al ciclo agrario, enriqueciéndose paralelamente su iconografía.
Políticamente, la Cruz del Sur representaba la división en ayllus, barrios o cuarteles, asumiendo en tal caso la forma simbólica de un rombo dividido en cuatro, cuyo centro constituía la patria.
De otro lado, el surgimiento de un culto estelar a la Cruz del Sur parece estar vinculado a la especulación del hombre andino acerca de la existencia de una quinta estrella en la intersección de las líneas imaginarias que unen las cuatro estrellas en forma de cruz y que representaría al Dios supremo, creador del mundo, que en la cosmogonía andina tomó el nombre de Wiracocha, dios desconocido bajo forma humana o material quien, a la llegada de los españoles y con ellos la figura de Cristo, fue identificado con éste, iniciándose así un proceso de sincretismo entre ambas religiosidades, que aún sigue evolucionando, y del cual dan cuenta los rostros andinos en dolientes Cristos, las cruces con “pasiones” presididas por el Sol y la Luna, los “taita Cristos” con nombres de wamanis, las flores y los productos agropecuarios ofrendados a la Cruz en acción de gracias por la buena cosecha.
Una realidad que los artistas populares han sabido plasmar en cada una de sus obras, recogiendo en ellas el sentimiento místico andino, siempre con su muy particular carga personal. Así, desde una simple cruz de espinas hasta una colorida cruz constructivista, pasando por una cruz de zafacasa o una cruz barroca de imaginería; desde una solitaria cruz de apacheta hasta un esplendoroso “calvario” de iglesia, cada artista ha dejado en cada cruz un trozo de historia, una humana pregunta y un pedazo de vida.
MICROCUENTO:
Caídas
Joel Anicama

Ya voy perdiendo la cuenta de las veces que no hemos podido contemplar juntos la lluvia: cogerte de la mano y caminar despacio para no caerme, empapándome contigo, sin que nos importe el frío porque de hecho vamos muy abrigaditos o abrazados. Pero no, como ahora, ya van muchas veces que observo a solas la lluvia, e incluso sus secuelas, cuando escampa y dejan de crepitar aquellos espejos que yacen desparramados por el suelo de las avenidas. En ellos solo aparecen mi rostro, mis ideas y la calle de turno, los cuales hacen que te vuelva a extrañar una y otra vez. Es así como estoy ahora, liquidado en medio de una calle, observando unas hermosas caídas de agua que se me unen, hundiéndose en el lugar en el que no estás.
Joel Anicama

Ya voy perdiendo la cuenta de las veces que no hemos podido contemplar juntos la lluvia: cogerte de la mano y caminar despacio para no caerme, empapándome contigo, sin que nos importe el frío porque de hecho vamos muy abrigaditos o abrazados. Pero no, como ahora, ya van muchas veces que observo a solas la lluvia, e incluso sus secuelas, cuando escampa y dejan de crepitar aquellos espejos que yacen desparramados por el suelo de las avenidas. En ellos solo aparecen mi rostro, mis ideas y la calle de turno, los cuales hacen que te vuelva a extrañar una y otra vez. Es así como estoy ahora, liquidado en medio de una calle, observando unas hermosas caídas de agua que se me unen, hundiéndose en el lugar en el que no estás.
PERFUME DE MUJER
Diario de una ninfómana
Valeri Tasso

Yo, a pesar de no verle la cara, puedo sentir el frenesí con el cual se menea y eso me excita un poco más. A partir de ese momento, me atan las manos con una cuerda, luego, uno de ellos me tumba en el suelo, al lado del agujero que han hecho para el entierro, y mi cabeza queda suelta en el vacío, de modo que puedo ver el fondo de la tumba. Noto que uno se libera cuando un enorme calor inunda mi vientre.
Valeri Tasso

Yo, a pesar de no verle la cara, puedo sentir el frenesí con el cual se menea y eso me excita un poco más. A partir de ese momento, me atan las manos con una cuerda, luego, uno de ellos me tumba en el suelo, al lado del agujero que han hecho para el entierro, y mi cabeza queda suelta en el vacío, de modo que puedo ver el fondo de la tumba. Noto que uno se libera cuando un enorme calor inunda mi vientre.
El artista
Álvaro Sánchez Schwartz

Tras la muerte de Rodolfo Valentino, Hollywood buscó al siguiente gran amante de la naciente historia del cine norteamericano y encontró a John Gilbert, quien a finales de los años veinte se convertiría en su sucesor y en una de las estrellas más taquilleras y renombradas del cine mudo.
Por aquellos años también llegaba a tierras norteamericanas y, a Hollywood exactamente, una desconocida Greta Garbo, procedente de Suecia después de haber sido descubierta por Louis B. Mayer, dueño de la Metro-Goldwyn-Mayer, en su búsqueda europea de talentos nuevos.
En 1925, después de haber compartido protagónicos con Lon Chaney, Lillian Gish, y ser dirigido por Erich Von Stroheim, quien había colaborado con David W. Griffith en las primeras superproducciones de Hollywood, Gilbert rueda la que se convertiría en un éxito de taquilla “El gran desfile”, de King Vidor, película con la segunda mayor recaudación dentro de la historia del cine mudo. Para 1926, protagoniza la primera cinta con Garbo: “El demonio y la carne”, producción que, a través de la fuerza expresiva de las escenas de amor, hizo de ambos los favoritos del público y logró que la relación se trasladara de los sets a la vida real. Incomparable es la escena donde Greta Garbo hace girar la copa para que sus labios tocaran el lugar exacto por donde Gilbert acababa beber. “Anna Karenina” fue otro rodaje en el cual aparecieron juntos, cuando ya se sabía de su relación fuera de las pantallas. La Metro-Goldwyn-Mayer aprovechando aquella situación no dudo en llamar al filme “Love”.
Aunque “La Garbo” como la llamaban, vivía en la mansión de Gilbert, el romance llegó a su culminación cuando en un confuso incidente y durante una ceremonia doble donde habrían de casarse King Vidor y la actriz Eleanor Boardman, así como John Gilbert y Greta Garbo, esta última no acudió. Mientras muchos convidados intentaban consolar a Gilbert, Louis B. Mayer fue golpeado por éste, después de que Mayer le comentara de forma poco atinada que sólo debía acostarse con ella más no casarse. Ese sería el inicio de la caída de Gilbert.
A finales de los años 20, hizo su aparición el cine sonoro. Actores como John Barrymore superaban el cambio; mas Gilbert, por la enemistad de Louis B. Mayer, no lo hacía con la película “His glorious nigth”. Su voz, aguda para algunos, grotesca para otros, marcaría su hundimiento y decidió su retiro temprano del cine. Greta Garbo por su parte, y ante la expectación del público, salió airosa con su voz grave que se unió para siempre a ese rostro perfecto del cual las cámaras, desde su primera aparición, aprendieron a amar. A pesar de que ambos habían tomado sendas distintas —una ascendía a la gloria y al parnaso del cine y el otro se hundía sin remedio en el olvido—, Garbo acudió en su ayuda y grabaron juntos “La Reina Cristina de Suecia”. Las sendas actuaciones fueron descollantes, pero no impidieron el hundimiento de la carrera de Gilbert, quien moriría alcoholizado en 1936, a los 39 años.
La historia de Gilbert y de Garbo sirvió de inspiración para la historia contada en la gran ganadora de este año de cinco premios Oscar y dos globos de oro: “El Artista”. Valentín y Miller, protagonistas de esta historia tienen muchas semejanzas con los actores de la vida real, empezando por el actor taquillero y a la desconocida actriz llegada de Suecia. Si en la cinta ganadora del Oscar la estrella Peppy Miller (Greta Garbo) convence al productor (Louis B. Mayer) para filmar una película (“La Reina Cristina de Suecia”) con el actor en desgracia Valentín (Gilbert), logrando salvarlo de la ruina y el alcohol, en la vida real, como vimos, no hubo para John Gilbert un final Capriano.

Tras la muerte de Rodolfo Valentino, Hollywood buscó al siguiente gran amante de la naciente historia del cine norteamericano y encontró a John Gilbert, quien a finales de los años veinte se convertiría en su sucesor y en una de las estrellas más taquilleras y renombradas del cine mudo.
Por aquellos años también llegaba a tierras norteamericanas y, a Hollywood exactamente, una desconocida Greta Garbo, procedente de Suecia después de haber sido descubierta por Louis B. Mayer, dueño de la Metro-Goldwyn-Mayer, en su búsqueda europea de talentos nuevos.
En 1925, después de haber compartido protagónicos con Lon Chaney, Lillian Gish, y ser dirigido por Erich Von Stroheim, quien había colaborado con David W. Griffith en las primeras superproducciones de Hollywood, Gilbert rueda la que se convertiría en un éxito de taquilla “El gran desfile”, de King Vidor, película con la segunda mayor recaudación dentro de la historia del cine mudo. Para 1926, protagoniza la primera cinta con Garbo: “El demonio y la carne”, producción que, a través de la fuerza expresiva de las escenas de amor, hizo de ambos los favoritos del público y logró que la relación se trasladara de los sets a la vida real. Incomparable es la escena donde Greta Garbo hace girar la copa para que sus labios tocaran el lugar exacto por donde Gilbert acababa beber. “Anna Karenina” fue otro rodaje en el cual aparecieron juntos, cuando ya se sabía de su relación fuera de las pantallas. La Metro-Goldwyn-Mayer aprovechando aquella situación no dudo en llamar al filme “Love”.
Aunque “La Garbo” como la llamaban, vivía en la mansión de Gilbert, el romance llegó a su culminación cuando en un confuso incidente y durante una ceremonia doble donde habrían de casarse King Vidor y la actriz Eleanor Boardman, así como John Gilbert y Greta Garbo, esta última no acudió. Mientras muchos convidados intentaban consolar a Gilbert, Louis B. Mayer fue golpeado por éste, después de que Mayer le comentara de forma poco atinada que sólo debía acostarse con ella más no casarse. Ese sería el inicio de la caída de Gilbert.
A finales de los años 20, hizo su aparición el cine sonoro. Actores como John Barrymore superaban el cambio; mas Gilbert, por la enemistad de Louis B. Mayer, no lo hacía con la película “His glorious nigth”. Su voz, aguda para algunos, grotesca para otros, marcaría su hundimiento y decidió su retiro temprano del cine. Greta Garbo por su parte, y ante la expectación del público, salió airosa con su voz grave que se unió para siempre a ese rostro perfecto del cual las cámaras, desde su primera aparición, aprendieron a amar. A pesar de que ambos habían tomado sendas distintas —una ascendía a la gloria y al parnaso del cine y el otro se hundía sin remedio en el olvido—, Garbo acudió en su ayuda y grabaron juntos “La Reina Cristina de Suecia”. Las sendas actuaciones fueron descollantes, pero no impidieron el hundimiento de la carrera de Gilbert, quien moriría alcoholizado en 1936, a los 39 años.
La historia de Gilbert y de Garbo sirvió de inspiración para la historia contada en la gran ganadora de este año de cinco premios Oscar y dos globos de oro: “El Artista”. Valentín y Miller, protagonistas de esta historia tienen muchas semejanzas con los actores de la vida real, empezando por el actor taquillero y a la desconocida actriz llegada de Suecia. Si en la cinta ganadora del Oscar la estrella Peppy Miller (Greta Garbo) convence al productor (Louis B. Mayer) para filmar una película (“La Reina Cristina de Suecia”) con el actor en desgracia Valentín (Gilbert), logrando salvarlo de la ruina y el alcohol, en la vida real, como vimos, no hubo para John Gilbert un final Capriano.
IMPRESCINDIBLES / CINE - SEMANA SANTA:
Selección y textos: Luis Puente de la Vega
La última tentación de Cristo (1988)
Martin Scorsese

La historia de Jesús llegó a nuestras pantallas de la mano del que sería el extraordinario director de “Buenos Muchachos”. El Cristo decide atender la constante llamada de Dios, pero cuando está a punto de completar su misión, debe hacer frente a la mayor tentación de todas: el no sacrificarse por los hombres. Esta película (The Last Temptation of Christ) es un homenaje a la humanidad y al valor que tuvo “el mesías” como hombre que nos obliga a respondernos: ¿qué sería de nuestra fe si él nunca hubiera sido crucificado? Definitivamente imprescindible.
Ben Hur (1959)
William Wyler

Esta larga película se desarrolla durante los reinados de los emperadores Augusto y Tiberio. Judá Ben-Hur, interpretado por Charlton Heston, es hijo de una familia noble de Jerusalén, y Mesala, es el tribuno romano que dirige los ejércitos de ocupación. Son muy amigos, pero un accidente involuntario los convierte en enemigos irreconciliables: Ben-Hur es acusado de atentar contra la vida del nuevo gobernador romano, y Mesala seve obligado a encarcelar a él y a su familia. Sobre estos acontecimientos gira esta épica historia, cargada de intrigas y redención. Ambientada en la época de Jesucristo, es el máximo exponente del cine religioso, y el clásico imprescindible de Semana Santa.
El manto sagrado (1953)
Henry Koster

En la Roma de Tiberio, un importante militar, Marcelo Galio, se enfrenta en una subasta al heredero imperial, Calígula, a quien logra arrebatarle un esclavo griego. El emperador enterado de la disputa y de la vergüenza de su hijo, decide castigar a Marcelo enviándolo a Palestina, donde Pilato acaba de condenar a Jesucristo a morir crucificado. Uno de los grandes clásicos del cine religioso (The Robe), que a diferencia de muchas cintas de su clase, casi carece completamente del maniqueísmo que acostumbramos ver en este género. Imprescindible.
La última tentación de Cristo (1988)
Martin Scorsese

La historia de Jesús llegó a nuestras pantallas de la mano del que sería el extraordinario director de “Buenos Muchachos”. El Cristo decide atender la constante llamada de Dios, pero cuando está a punto de completar su misión, debe hacer frente a la mayor tentación de todas: el no sacrificarse por los hombres. Esta película (The Last Temptation of Christ) es un homenaje a la humanidad y al valor que tuvo “el mesías” como hombre que nos obliga a respondernos: ¿qué sería de nuestra fe si él nunca hubiera sido crucificado? Definitivamente imprescindible.
Ben Hur (1959)
William Wyler

Esta larga película se desarrolla durante los reinados de los emperadores Augusto y Tiberio. Judá Ben-Hur, interpretado por Charlton Heston, es hijo de una familia noble de Jerusalén, y Mesala, es el tribuno romano que dirige los ejércitos de ocupación. Son muy amigos, pero un accidente involuntario los convierte en enemigos irreconciliables: Ben-Hur es acusado de atentar contra la vida del nuevo gobernador romano, y Mesala seve obligado a encarcelar a él y a su familia. Sobre estos acontecimientos gira esta épica historia, cargada de intrigas y redención. Ambientada en la época de Jesucristo, es el máximo exponente del cine religioso, y el clásico imprescindible de Semana Santa.
El manto sagrado (1953)
Henry Koster

En la Roma de Tiberio, un importante militar, Marcelo Galio, se enfrenta en una subasta al heredero imperial, Calígula, a quien logra arrebatarle un esclavo griego. El emperador enterado de la disputa y de la vergüenza de su hijo, decide castigar a Marcelo enviándolo a Palestina, donde Pilato acaba de condenar a Jesucristo a morir crucificado. Uno de los grandes clásicos del cine religioso (The Robe), que a diferencia de muchas cintas de su clase, casi carece completamente del maniqueísmo que acostumbramos ver en este género. Imprescindible.
jueves, 5 de abril de 2012
Bases de los Concursos Nacionales de Cuento y Poesía Premio FELIZH 2012
El Comité Organizador de la Feria del Libro Zona Huancayo, con la finalidad de alentar el desarrollo de la creación literaria en la región Junín y en todo el país, así como fomentar la lectura y promover la oferta editorial, convoca al cuarto Concurso Nacional de Cuento y tercer Concurso Nacional de Poesía Premio Felizh-2012, con arreglo a las siguientes bases:
1.- Tanto en los concursos de cuento y poesía podrán participar todos los peruanos y peruanas, mayores de edad residentes en el Perú o en el extranjero, siempre que los trabajos presentados hayan sido escritos en español y se envíen en este idioma. Asimismo, solo participarán obras que no se hayan presentado con anterioridad a otro premio o concurso nacional o internacional cuyo fallo esté pendiente.
2.- El tema en cuento es libre. El tema, metro (métrica) y rima son libres.
3.- El cuento deberá ser inédito –no se considerará inédito el cuento que haya sido publicado aun parcialmente por cualquier medio–. La extensión mínima será de seis páginas y la máxima de ocho páginas. El cuento deberá presentarse digitado por una sola cara en papel A4, a doble espacio, en letra Arial 12.
4.- Los poemas deben conformar un poemario inédito –no se considerará inédita la obra que haya sido publicada parcialmente por cualquier medio–. La extensión mínima será de trescientos versos y la máxima de seiscientos. En caso de que se escriba en computadora, deberá usarse letra Arial 12.
5.- Los participantes tanto de cuento como de poesía concursarán bajo un seudónimo.
6.- Cada participante podrá presentar sólo un cuento. Asimismo los participantes de poesía solo presentarán un poemario al concurso.
7.- Los trabajos tanto en el concurso de cuentos y poemas se presentarán en soporte electrónico- grabado en un disco compacto (CD), con el archivo en el programa Microsoft Word- y en papel- tres ejemplares legibles, debidamente compaginados, numerados en el extremo inferior derecho. Cada ejemplar impreso deberá contar con una carátula en la que se consignará el nombre del cuento o poemario y el seudónimo del participante. Asimismo, deberán ser acompañados por un sobre tamaño carta o similar, cerrado, que en su exterior consigne también el correspondiente nombre del cuento y/o el poemario, el seudónimo, y en el interior los nombres y apellidos del autor, una fotocopia legible del documento de identidad por ambos lados, lugar de nacimiento, dirección domiciliaria, dirección electrónica, teléfono y resumen biográfico.
8.- El soporte electrónico— con el archivo del cuento y/o el poemario—, los tres ejemplares impresos del cuento y los poemas, y el sobre tamaño carta o similar con los datos biográficos del participante tanto del concurso de cuento como de poesía, deberán guardarse en un sobre manila (o similar), y se entregarán en la dirección de la editorial PuntoCom, Jirón Moquegua Nº 257 - Huancayo.
9.- La fecha límite de recepción de los trabajos en ambos certámenes será el tres de mayo del presente año. Los trabajos enviados por correo serán considerados válidos siempre y cuando se registre en el matasellos la fecha mencionada.
10.- El fallo del jurado es inapelable. El Jurado del Concurso de Cuento está integrado por los renombrados escritores peruanos: Alonso Cueto, Giovanna Pollarolo y Gaby Cevasco. El Jurado del concurso de poesía está integrado por tres reconocidas y respetadas poetisas, representantes del mundo académico-literario, ellas son: Rossella Di Paolo, Carmen Ollé y Ana María Gazzolo.
11.- El Jurado Calificador en el concurso de cuento elegirá tres trabajos ganadores, que se harán acreedores a: el primer puesto a un premio de S/. 1,000.00 (mil nuevos soles) el segundo puesto a un premio de S/. 700.00 (setecientos nuevos soles) y el tercer puesto a un premio de S/. 300.00 (trescientos nuevos soles) y la publicación de la obra. En el concurso de cuento el Jurado Calificador también proclamará a los cuentos finalistas que crea conveniente, de acuerdo a la calidad estética de las obras presentadas. El cuento ganador, el segundo, el tercer puesto y los cuentos finalistas serán publicados.
12.- El premio del tercer Concurso Nacional de Poesía “Premio Felizh-2011” al poemario ganador, será del monto de S/. 700 soles (setecientos nuevos soles) más la financiación del 100% del costo de publicación de la obra con la editorial PuntoCom, el premio al segundo puesto es de S/. 300 (trescientos nuevos soles), más una mini-biblioteca.
13.- El acto de premiación y la presentación del libro con los cuentos ganadores y finalistas y del poemario ganador del concurso de poesía se realizará en el marco del programa cultural de la cuarta Feria del Libro Zona Huancayo-Felizh.
14.- Finalizados ambos concursos, los trabajos que no hayan ganado serán reciclados.
15.- La participación en este certamen implica la aceptación de todos los puntos antes señalados.
16.- Cualquier caso no previsto en las presentes bases se resolverá a criterio del Jurado Calificador de ambos concursos y los organizadores.
Huancayo, febrero de 2012.
1.- Tanto en los concursos de cuento y poesía podrán participar todos los peruanos y peruanas, mayores de edad residentes en el Perú o en el extranjero, siempre que los trabajos presentados hayan sido escritos en español y se envíen en este idioma. Asimismo, solo participarán obras que no se hayan presentado con anterioridad a otro premio o concurso nacional o internacional cuyo fallo esté pendiente.
2.- El tema en cuento es libre. El tema, metro (métrica) y rima son libres.
3.- El cuento deberá ser inédito –no se considerará inédito el cuento que haya sido publicado aun parcialmente por cualquier medio–. La extensión mínima será de seis páginas y la máxima de ocho páginas. El cuento deberá presentarse digitado por una sola cara en papel A4, a doble espacio, en letra Arial 12.
4.- Los poemas deben conformar un poemario inédito –no se considerará inédita la obra que haya sido publicada parcialmente por cualquier medio–. La extensión mínima será de trescientos versos y la máxima de seiscientos. En caso de que se escriba en computadora, deberá usarse letra Arial 12.
5.- Los participantes tanto de cuento como de poesía concursarán bajo un seudónimo.
6.- Cada participante podrá presentar sólo un cuento. Asimismo los participantes de poesía solo presentarán un poemario al concurso.
7.- Los trabajos tanto en el concurso de cuentos y poemas se presentarán en soporte electrónico- grabado en un disco compacto (CD), con el archivo en el programa Microsoft Word- y en papel- tres ejemplares legibles, debidamente compaginados, numerados en el extremo inferior derecho. Cada ejemplar impreso deberá contar con una carátula en la que se consignará el nombre del cuento o poemario y el seudónimo del participante. Asimismo, deberán ser acompañados por un sobre tamaño carta o similar, cerrado, que en su exterior consigne también el correspondiente nombre del cuento y/o el poemario, el seudónimo, y en el interior los nombres y apellidos del autor, una fotocopia legible del documento de identidad por ambos lados, lugar de nacimiento, dirección domiciliaria, dirección electrónica, teléfono y resumen biográfico.
8.- El soporte electrónico— con el archivo del cuento y/o el poemario—, los tres ejemplares impresos del cuento y los poemas, y el sobre tamaño carta o similar con los datos biográficos del participante tanto del concurso de cuento como de poesía, deberán guardarse en un sobre manila (o similar), y se entregarán en la dirección de la editorial PuntoCom, Jirón Moquegua Nº 257 - Huancayo.
9.- La fecha límite de recepción de los trabajos en ambos certámenes será el tres de mayo del presente año. Los trabajos enviados por correo serán considerados válidos siempre y cuando se registre en el matasellos la fecha mencionada.
10.- El fallo del jurado es inapelable. El Jurado del Concurso de Cuento está integrado por los renombrados escritores peruanos: Alonso Cueto, Giovanna Pollarolo y Gaby Cevasco. El Jurado del concurso de poesía está integrado por tres reconocidas y respetadas poetisas, representantes del mundo académico-literario, ellas son: Rossella Di Paolo, Carmen Ollé y Ana María Gazzolo.
11.- El Jurado Calificador en el concurso de cuento elegirá tres trabajos ganadores, que se harán acreedores a: el primer puesto a un premio de S/. 1,000.00 (mil nuevos soles) el segundo puesto a un premio de S/. 700.00 (setecientos nuevos soles) y el tercer puesto a un premio de S/. 300.00 (trescientos nuevos soles) y la publicación de la obra. En el concurso de cuento el Jurado Calificador también proclamará a los cuentos finalistas que crea conveniente, de acuerdo a la calidad estética de las obras presentadas. El cuento ganador, el segundo, el tercer puesto y los cuentos finalistas serán publicados.
12.- El premio del tercer Concurso Nacional de Poesía “Premio Felizh-2011” al poemario ganador, será del monto de S/. 700 soles (setecientos nuevos soles) más la financiación del 100% del costo de publicación de la obra con la editorial PuntoCom, el premio al segundo puesto es de S/. 300 (trescientos nuevos soles), más una mini-biblioteca.
13.- El acto de premiación y la presentación del libro con los cuentos ganadores y finalistas y del poemario ganador del concurso de poesía se realizará en el marco del programa cultural de la cuarta Feria del Libro Zona Huancayo-Felizh.
14.- Finalizados ambos concursos, los trabajos que no hayan ganado serán reciclados.
15.- La participación en este certamen implica la aceptación de todos los puntos antes señalados.
16.- Cualquier caso no previsto en las presentes bases se resolverá a criterio del Jurado Calificador de ambos concursos y los organizadores.
Huancayo, febrero de 2012.
Solo 4, “411”, del 31 de marzo de 2012
LA CITA:
“Enciende el último cigarrillo de la noche y deja caer el cerillo sobre los techos de lámina y respira la madrugada de la ciudad, el vapor de trenes, la somnolencia de la carne, los tufos de gasolina y alcohol y la voz de Ixca Cienfuegos, que corre, con el tumulto silencioso de todos los recuerdos”.
Carlos Fuentes, La región más transparente
“Enciende el último cigarrillo de la noche y deja caer el cerillo sobre los techos de lámina y respira la madrugada de la ciudad, el vapor de trenes, la somnolencia de la carne, los tufos de gasolina y alcohol y la voz de Ixca Cienfuegos, que corre, con el tumulto silencioso de todos los recuerdos”.
Carlos Fuentes, La región más transparente
LO ÚLTIMO: Premio FELIZH 2012: concursos de cuento y poesía
El comité organizador de la IV Feria del Libro Zona Huancayo convoca al IV Concurso Nacional de Cuento y III de Poesía “Premio Felizh-2012”, teniendo como fecha límite de recepción de trabajos el 03 de mayo del presente. Los jurados calificadores para el concurso de cuento serán los prestigiosos escritores: Alonso Cueto, Giovanna Pollarolo y Gaby Cevasco. Y para el certamen de poesía estarán: Rossella Di Paolo, Carmen Ollé y Ana María Gazzolo. Las bases generales las pueden encontrar en el blog y perfil de Facebook de “Solo 4”.
Por la equidad de género en la danza
Consuelo Arriola Jorge
Estamos asistiendo a la Globalización como un signo de la época postmoderna, y “entre los cambios más obvios y rotundos experimentados por los modelos de realización personal o grupal, se halla el rol que ha asumido la mujer media frente a sus clásicas funciones maternas y domésticas, junto al esfuerzo de readecuación que ello le demanda a los varones”, según afirma Hugo Biagini en su libro “Entre la identidad y la globalización”.
Algunos antropólogos, como el suizo Bachofen, sostienen que a una primera etapa de promiscuidad sucedió otra de matriarcado y, en un tiempo posterior, el patriarcado, tal como hoy lo conocemos. Parece que tiene razón pues, en nuestro país, la Dama de Cao es un indicio de que la organización social también estuvo a cargo del género femenino.
¿No será tiempo de que la mujer retome su rol protagónico y participe en todo el ámbito cultural? Pese al reconocimiento de la equidad de género, ésta no puede participar en ciertas danzas como La Huaconada de Mito.
Desde tiempos inmemoriales, los varones y las propias mujeres del distrito decían que quien se pone la máscara del Huacón se vuelve “descarado” (sinvergüenza). Debe ser cierto en el mejor sentido, pues la mujer al igual que el hombre se siente empoderada al ocultarse, porque la careta puede “transformarnos”, como en el teatro, para poder dar vida a un personaje que, quizás, somos en el fondo.
Por machismo y presión social, la mujer se limita a observar con prudencia la danza o a preparar el vestuario. Sin embargo, también desde tiempos remotos no son pocas las mujeres valientes que, desafiando el riesgo y aprovechando la máscara, se integran a la pandilla en horas de la noche o a la víspera, que por las veredas del parque “Bedoya” marcan el paso al compás de la orquesta, o que en sus casas danzan al son de tarareos que se llevan en el alma.
Tenemos el ejemplo de la Srta. Ramírez a quien al hacerle el “corta rabo” (bautizo para los nuevos integrantes), fue descubierta por su sufriente exclamación de dolor. El padrino tuvo que agasajar a los reunidos para mantener en reserva el hecho, y no recibir el castigo por haber permitido la participación de una mujer.
Volviendo al tema, postulamos la participación de las mujeres en la Huaconada, conocida mundialmente desde su reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Los niños han logrado integrarse al tercer día, antes solo se iniciaban como huacones aproximadamente a los 14 años; el Huacón antiguo tiene una cuarta jornada porque se estaba extinguiendo, ya que los jóvenes prefieren el vestuario moderno. Y ¿por qué las mujeres no podríamos tener un quinto día?
Somos conscientes que falta aún mucho camino por recorrer, pero a todos los invito a reflexionar con la preclara frase de González Prada: “La elevación moral de un hombre se mide por el concepto que se forma de la mujer: para el ignorante y brutal no pasa de ser una hembra, para el culto y pensador es un cerebro y un corazón”.
Que las mujeres no sigan bailando a escondidas: la apertura permitirá ampliar los horizontes de la danza. Cuando ella tome de manera renovada su rol de “sacerdotisa del Dios Kon” en estos tiempos de postmodernidad, sobreviviremos a la globalización sin perder nuestra identidad.
Treinta años construyendo una nueva historia
María Teresa Zúñiga
Por el Día Mundial del Teatro, 27 de marzo del presente, el Ministerio de Cultura llevó a cabo, en la Sala de Ceremonias del Museo de la Nación, el reconocimiento: “Personalidad Meritoria de la Cultura”, destinado a homenajear a siete destacados actores, directores y grupos de teatro peruanos, por su trascendental labor artística y su aporte al desarrollo de la cultura, dentro y fuera de nuestro país. Esta ceremonia estuvo encabezada por el Ministro de Cultura, Luis Peirano, acompañado por una serie de personalidades del arte escénico.
Así, es meritorio mencionar a César Escuza Norero, director del Grupo “Vichama Teatro” en Lima, quien al recibir tan preciado reconocimiento no solo pone en alto a la escena nacional, sino a Huancayo, su tierra natal.
Hace treinta años, después de algunas experiencias teatrales en nuestra ciudad con el Grupo “Sierra intensa” y “La muralla”, Escuza viaja a Lima e inicia una tarea titánica en Villa El Salvador: una experiencia teatral que se manifiesta dentro de la historia de esta ciudad que en la década de los ochenta se ha de convertir en uno de los bastiones democráticos del país. Por aquí, transita la presencia de aquellos pobladores sin tierra que van a levantar una ciudad sin límites, hoy, uno de los distritos más progresistas de la capital; así mismo, la presencia de María Elena Moyano y las luchas de las mujeres por el respeto y la vida con una organización vecinal digna de ser imitada. Todo ello hizo que Villa El salvador fuera reconocida con el “Premio Príncipe de Asturias” de España.
Escuza, va a ser parte de esta historia al poner en escena obras teatrales que expresen el sentir de los pueblos, haciendo de esta experiencia un laboratorio de interculturalidad. Su labor de años dentro del Centro de Comunicación Popular hizo que se acercara a muchos jóvenes que más adelante sentarían los cimientos de esta actividad teatral, que se multiplicaría a través de diversos grupos representativos en todo Villa El Salvador.
Hoy, César Escuza está considerado como uno de los directores más importantes del país, quien evoca el principio de un teatro transformador, visionario y sanador. Así, el teatro comunitario es el principal espacio para su creación. Actualmente, participa en diversos festivales en Colombia, Canadá, Brasil, China, Taiwan, Corea y Chile, como director y pedagogo internacional, conjuntamente con su grupo. Él afirma: “Para nosotros el arte es una manera de estar en el mundo, de defender el derecho a la creación, para que deje de ser un privilegio y sea accesible a todos. Pensamos que el teatro es un laboratorio de vida y un espacio que permite meditar y actuar sobre la historia”.
Para quienes hemos seguido de cerca su trabajo teatral, nos complace sobremanera el reconocimiento que se le ha otorgado: “Personalidad Meritoria de la Cultura”, que nos convoca a referirnos sólo a él, porque hoy Huancayo se inclina ante uno de sus hijos más virtuosos, y levantamos sombreros y sembramos “huapidos” al aire en señal de regocijo.
Resaltamos así mismo a otros grandes artistas que fueron reconocidos con esta distinción: Tomás Temoche, Eduardo Valentín, Ana Correa, Alfonso Santiesteban y Jorge Guerra.
Por el Día Mundial del Teatro, 27 de marzo del presente, el Ministerio de Cultura llevó a cabo, en la Sala de Ceremonias del Museo de la Nación, el reconocimiento: “Personalidad Meritoria de la Cultura”, destinado a homenajear a siete destacados actores, directores y grupos de teatro peruanos, por su trascendental labor artística y su aporte al desarrollo de la cultura, dentro y fuera de nuestro país. Esta ceremonia estuvo encabezada por el Ministro de Cultura, Luis Peirano, acompañado por una serie de personalidades del arte escénico.
Así, es meritorio mencionar a César Escuza Norero, director del Grupo “Vichama Teatro” en Lima, quien al recibir tan preciado reconocimiento no solo pone en alto a la escena nacional, sino a Huancayo, su tierra natal.
Hace treinta años, después de algunas experiencias teatrales en nuestra ciudad con el Grupo “Sierra intensa” y “La muralla”, Escuza viaja a Lima e inicia una tarea titánica en Villa El Salvador: una experiencia teatral que se manifiesta dentro de la historia de esta ciudad que en la década de los ochenta se ha de convertir en uno de los bastiones democráticos del país. Por aquí, transita la presencia de aquellos pobladores sin tierra que van a levantar una ciudad sin límites, hoy, uno de los distritos más progresistas de la capital; así mismo, la presencia de María Elena Moyano y las luchas de las mujeres por el respeto y la vida con una organización vecinal digna de ser imitada. Todo ello hizo que Villa El salvador fuera reconocida con el “Premio Príncipe de Asturias” de España.
Escuza, va a ser parte de esta historia al poner en escena obras teatrales que expresen el sentir de los pueblos, haciendo de esta experiencia un laboratorio de interculturalidad. Su labor de años dentro del Centro de Comunicación Popular hizo que se acercara a muchos jóvenes que más adelante sentarían los cimientos de esta actividad teatral, que se multiplicaría a través de diversos grupos representativos en todo Villa El Salvador.
Hoy, César Escuza está considerado como uno de los directores más importantes del país, quien evoca el principio de un teatro transformador, visionario y sanador. Así, el teatro comunitario es el principal espacio para su creación. Actualmente, participa en diversos festivales en Colombia, Canadá, Brasil, China, Taiwan, Corea y Chile, como director y pedagogo internacional, conjuntamente con su grupo. Él afirma: “Para nosotros el arte es una manera de estar en el mundo, de defender el derecho a la creación, para que deje de ser un privilegio y sea accesible a todos. Pensamos que el teatro es un laboratorio de vida y un espacio que permite meditar y actuar sobre la historia”.
Para quienes hemos seguido de cerca su trabajo teatral, nos complace sobremanera el reconocimiento que se le ha otorgado: “Personalidad Meritoria de la Cultura”, que nos convoca a referirnos sólo a él, porque hoy Huancayo se inclina ante uno de sus hijos más virtuosos, y levantamos sombreros y sembramos “huapidos” al aire en señal de regocijo.
Resaltamos así mismo a otros grandes artistas que fueron reconocidos con esta distinción: Tomás Temoche, Eduardo Valentín, Ana Correa, Alfonso Santiesteban y Jorge Guerra.
A la luz del amanecer

Betty Martínez
Son cerca de las 6 de la tarde (16 de junio de 2011), y estoy cómodamente instalada en el sillón de mi dormitorio, leyendo, realmente ensimismada, “A la luz del amanecer”, preciosa novela que Edgardo (Rivera Martínez) acaba de dar por finalizada en estos días. De pronto asoma él por la puerta, me mira de esa especial manera que tiene para mí, y con gesto entre cómplice y gracioso me reprocha que en la mañana no lo dejara arrodillarse “para rendirme pleitesía o algo así”. Me río, sorprendida, él hace una venia y sin más me toma de la mano y me pide ir un momento a su estudio.
Allá vamos, y ya desde el pasillo escucho, como muchas veces, esas tonadas griegas que suelen acompañarlo cuando escribe. Leo el breve texto que me señala, relacionado con la novela. Cuando termino y me dispongo a salir me toma de las manos y empieza a bailar. No me cuesta seguirlo, nos dejamos llevar por la música, iluminados, y no me importa que en Grecia las mujeres no bailen, pues en ese momento somos dos Zorbas encantados, felices, porque Edgardo, esta mañana, ha puesto un punto final y porque, imagino, los dos sabemos que será difícil que nos olvidemos de mirar a las estrellas.
La música termina, Edgardo me da un beso y vuelve a su escritorio, yo a mi dormitorio, pues tengo urgencia por seguir leyendo mi bellísima novela. Mientras camino, me figuro a Azrael caminando por los campos anochecidos de Quishuar.
IMPRESCINDIBLES / CARICATURA:
Selección y textos: Roberto Loayza
Blanco y negro
Sergio Langer

Una manera de entender el humor gráfico como un gesto destructor y liberador al mismo tiempo. “Blanco y negro” es el primer libro del extraordinario Sergio Langer, en donde recorremos maravillados por los caminos favoritos del autor, el poder y sus abusos. Nuestra deformación inexorable vista con tanta crueldad y honestidad.
Monos y monadas
Selecciones Varias

Desde 1905 este semanario de caricaturas y sátiras políticas fue infaltable dentro de nuestra fauna periodística, incluso el célebre Abraham Valdelomar colaboró con esta legendaria publicación en la parte gráfica. El más importante proyecto de humor político de nuestra historia, creado por Leonidas Yerovi, sigue vivo más de 100 años después en http://monosymonadas.blogspot.com/
Grandes de lo macabro
Joan Boix

Una recopilación de obras propias y geniales adaptaciones de escritos de Lovecraft, Kafka, Conan Doyle, Becquer, Victor Hugo, Poe. El Español Boix y su siniestro trazo nos trasladan a 20 pesadillas exquisitamente graficadas. Verdaderos clásicos de los 70 y 80. Un macabro e imprescindible hallazgo.
Blanco y negro
Sergio Langer

Una manera de entender el humor gráfico como un gesto destructor y liberador al mismo tiempo. “Blanco y negro” es el primer libro del extraordinario Sergio Langer, en donde recorremos maravillados por los caminos favoritos del autor, el poder y sus abusos. Nuestra deformación inexorable vista con tanta crueldad y honestidad.
Monos y monadas
Selecciones Varias

Desde 1905 este semanario de caricaturas y sátiras políticas fue infaltable dentro de nuestra fauna periodística, incluso el célebre Abraham Valdelomar colaboró con esta legendaria publicación en la parte gráfica. El más importante proyecto de humor político de nuestra historia, creado por Leonidas Yerovi, sigue vivo más de 100 años después en http://monosymonadas.blogspot.com/
Grandes de lo macabro
Joan Boix

Una recopilación de obras propias y geniales adaptaciones de escritos de Lovecraft, Kafka, Conan Doyle, Becquer, Victor Hugo, Poe. El Español Boix y su siniestro trazo nos trasladan a 20 pesadillas exquisitamente graficadas. Verdaderos clásicos de los 70 y 80. Un macabro e imprescindible hallazgo.
COLUMNA: UN MUNDO PERFECTO
J. Edgar: el poder, la soledad y el amor

Jorge Jaime Valdez
John Edgar Hoover fue un protagonista importante de la política norteamericana del siglo XX. Fundador del FBI, fue durante más de cuarenta años el poder a la sombra; por sus manos y “oídos” pasaron ocho presidentes, y un sinnúmero de políticos, artistas y más. Fue un personaje complejo de muchos matices y Clint Eastwood se encargó de retratarlo con maestría.
“J. Edgar” es un “biopic”, una biografía filmada. Nos cuenta la vida de este antihéroe durante varias décadas con una narración que va y viene, entre años mozos y su vejez solitaria, a través de “flashbacks”. Ya viejo, Hoover dicta, a un biógrafo, su versión de la historia, empañada siempre por los caprichos de la memoria o, acaso, por la mitomanía compulsiva que lo caracterizaba. También es la historia de los Estados Unidos, donde se van alternando presidentes, pero el poder sigue siendo el mismo. Hoover es un personaje huraño, solamente tres personas influyeron y lo acompañaron en vida: su madre que lo marcó definitivamente, su leal secretaria, y su compañero de siempre: Clyde Tolson.
La película es sombría y oscura como el propio protagonista. Leonardo Di Caprio encarna a Hoover y lo hace con notable solvencia. Demuestra, con creces, que ya maduró y es un buen actor, cuatro filmes con el maestro Scorsese han decantado su oficio. La cinta muestra a un ser contrariado, triste, temeroso, débil que sin embargo, debe mostrar lo contrario. Lo esconde todo y lleva una doble vida. Su vida pública es tan secreta como la privada. No puede mostrar afecto, es calculador, megalómano, frío y mitómano, aunque en el fondo sienta, sufra y tema como el común de los mortales. Hoover odiaba, en proporciones similares, a los comunistas y a los homosexuales, a los negros y a los Kennedy. Vivía y sufría su sexualidad reprimida. En una parte de la cinta su madre le dice: “Prefiero a un hijo muerto que a un hijo maricón”. Escondió su homosexualidad como escondía los archivos y grabaciones de mucha gente, y a través de éstos podía chantajearlos y someterlos a sus intereses.
Las virtudes de esta película compleja y extraordinaria son muchas. Clint Eastwood, como pocos cineastas, puede dar vida, es una suerte de demiurgo, y sus personajes dejan de ser ficticios para convertirse en seres de carne y hueso. Un antihéroe como Hoover en manos de Eastwood se convierte en un personaje entrañable, y la actuación de Di Caprio le da los matices necesarios. Todo el tiempo su rostro nos trasmite duda, miedo, fragilidad, pero también sarcasmo y cinismo. Es tremendamente injusto que Di Caprio no fuera nominado al Oscar y que este filme no recibiera ninguna nominación. Debe incomodar mucho a los conservadores miembros de la Academia que una cinta, de un maestro del cine, cuente una historia vergonzosa para algunos nacionalistas norteamericanos. Es una producción políticamente incorrecta y seguramente ese motivo la dejó fuera de competencia. De lejos es mejor que muchas de las nominadas.
La música precisa es compuesta, como en sus últimas cintas, por el propio Eastwood. La fotografía es oscura, llena de claroscuros, que le dan el clima opresivo, sórdido, descolorido a la historia. La vida “edípica” de Hoover debió verse de ese color. “J. Edgar” es también una hermosa historia de amor: sorprende que el viejo Eastwood cuente a sus 82 años, una historia de amor homosexual con tanta sutileza y respeto; quién imaginaría al duro policía o al vaquero de rostro inmutable dirigiendo y poniendo en escena, con singular maestría, dramas humanos tan profundos y complejos.
Finalmente, “J. Edgar” pasa a formar parte de esa notable lista de grandes obras que nos deja Eastwood, probablemente, esté al mismo nivel de “Los imperdonables”, “Un mundo perfecto”, “Los puentes de Madison” (con la que comparte una leyenda de amor eterno),”Río Místico”, “Million Dollar Baby”, su díptico sobre Iwo Jima (con los que coincide en el tema histórico contemporáneo) y “Gran Torino”.
Jorge Jaime Valdez
John Edgar Hoover fue un protagonista importante de la política norteamericana del siglo XX. Fundador del FBI, fue durante más de cuarenta años el poder a la sombra; por sus manos y “oídos” pasaron ocho presidentes, y un sinnúmero de políticos, artistas y más. Fue un personaje complejo de muchos matices y Clint Eastwood se encargó de retratarlo con maestría.
“J. Edgar” es un “biopic”, una biografía filmada. Nos cuenta la vida de este antihéroe durante varias décadas con una narración que va y viene, entre años mozos y su vejez solitaria, a través de “flashbacks”. Ya viejo, Hoover dicta, a un biógrafo, su versión de la historia, empañada siempre por los caprichos de la memoria o, acaso, por la mitomanía compulsiva que lo caracterizaba. También es la historia de los Estados Unidos, donde se van alternando presidentes, pero el poder sigue siendo el mismo. Hoover es un personaje huraño, solamente tres personas influyeron y lo acompañaron en vida: su madre que lo marcó definitivamente, su leal secretaria, y su compañero de siempre: Clyde Tolson.
La película es sombría y oscura como el propio protagonista. Leonardo Di Caprio encarna a Hoover y lo hace con notable solvencia. Demuestra, con creces, que ya maduró y es un buen actor, cuatro filmes con el maestro Scorsese han decantado su oficio. La cinta muestra a un ser contrariado, triste, temeroso, débil que sin embargo, debe mostrar lo contrario. Lo esconde todo y lleva una doble vida. Su vida pública es tan secreta como la privada. No puede mostrar afecto, es calculador, megalómano, frío y mitómano, aunque en el fondo sienta, sufra y tema como el común de los mortales. Hoover odiaba, en proporciones similares, a los comunistas y a los homosexuales, a los negros y a los Kennedy. Vivía y sufría su sexualidad reprimida. En una parte de la cinta su madre le dice: “Prefiero a un hijo muerto que a un hijo maricón”. Escondió su homosexualidad como escondía los archivos y grabaciones de mucha gente, y a través de éstos podía chantajearlos y someterlos a sus intereses.
Las virtudes de esta película compleja y extraordinaria son muchas. Clint Eastwood, como pocos cineastas, puede dar vida, es una suerte de demiurgo, y sus personajes dejan de ser ficticios para convertirse en seres de carne y hueso. Un antihéroe como Hoover en manos de Eastwood se convierte en un personaje entrañable, y la actuación de Di Caprio le da los matices necesarios. Todo el tiempo su rostro nos trasmite duda, miedo, fragilidad, pero también sarcasmo y cinismo. Es tremendamente injusto que Di Caprio no fuera nominado al Oscar y que este filme no recibiera ninguna nominación. Debe incomodar mucho a los conservadores miembros de la Academia que una cinta, de un maestro del cine, cuente una historia vergonzosa para algunos nacionalistas norteamericanos. Es una producción políticamente incorrecta y seguramente ese motivo la dejó fuera de competencia. De lejos es mejor que muchas de las nominadas.
La música precisa es compuesta, como en sus últimas cintas, por el propio Eastwood. La fotografía es oscura, llena de claroscuros, que le dan el clima opresivo, sórdido, descolorido a la historia. La vida “edípica” de Hoover debió verse de ese color. “J. Edgar” es también una hermosa historia de amor: sorprende que el viejo Eastwood cuente a sus 82 años, una historia de amor homosexual con tanta sutileza y respeto; quién imaginaría al duro policía o al vaquero de rostro inmutable dirigiendo y poniendo en escena, con singular maestría, dramas humanos tan profundos y complejos.
Finalmente, “J. Edgar” pasa a formar parte de esa notable lista de grandes obras que nos deja Eastwood, probablemente, esté al mismo nivel de “Los imperdonables”, “Un mundo perfecto”, “Los puentes de Madison” (con la que comparte una leyenda de amor eterno),”Río Místico”, “Million Dollar Baby”, su díptico sobre Iwo Jima (con los que coincide en el tema histórico contemporáneo) y “Gran Torino”.
MICROCUENTO:
Distracción

Guadalupe Espinoza
Yo estaba tan feliz. "Pellízcame para saber si esto es real", le pedí a mi hermanita. Ella, toda chiquita como sólo las hermanitas menores pueden serlo, me miró con sus ojos precisos y preguntó: "¿Por qué?, ¿acaso si te duele significa que es verdad?". Yo qué le iba a responder. La pellizqué, pero fue un pellizco chiquito nomás, como para distraerla.

Guadalupe Espinoza
Yo estaba tan feliz. "Pellízcame para saber si esto es real", le pedí a mi hermanita. Ella, toda chiquita como sólo las hermanitas menores pueden serlo, me miró con sus ojos precisos y preguntó: "¿Por qué?, ¿acaso si te duele significa que es verdad?". Yo qué le iba a responder. La pellizqué, pero fue un pellizco chiquito nomás, como para distraerla.
PERFUME DE MUJER
Historia de O

Pauline Réage
De pronto, ella perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, ¿Qué brazos la sostenían?, mientras alguien la obligaba a abrir las piernas y le separaba suavemente los labios vaginales. Unos cabellos le rozaron el interior de los muslos. Oyó decir que había que ponerla de rodillas. Y así lo hicieron. Estaba mal de rodillas, pues debía mantenerlas separadas y al tener las manos atadas a la espalada había que inclinar el cuerpo hacía adelante. Entonces le permitieron que se sentara sobre los talones.

Pauline Réage
De pronto, ella perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, ¿Qué brazos la sostenían?, mientras alguien la obligaba a abrir las piernas y le separaba suavemente los labios vaginales. Unos cabellos le rozaron el interior de los muslos. Oyó decir que había que ponerla de rodillas. Y así lo hicieron. Estaba mal de rodillas, pues debía mantenerlas separadas y al tener las manos atadas a la espalada había que inclinar el cuerpo hacía adelante. Entonces le permitieron que se sentara sobre los talones.
Centros culturales: espacios para la construcción de interculturalidad

Manuel Perales Munguía
En los últimos años la actividad cultural en Huancayo se ha visto animada por el quehacer de nuevos espacios institucionales gracias a los cuales numerosos artistas e intelectuales, oriundos de la región o foráneos, han podido compartir con el público local sus experiencias y producción. Estos espacios, representados por centros culturales de instituciones académicas de nuestra ciudad, han hecho posible el acercamiento entre distintos actores culturales del medio, de la mano con la participación activa de colectivos y agrupaciones culturales de naturaleza diversa, y con el apoyo permanente de profesionales de la comunicación y medios como el Suplemento Cultural Solo 4.
Sin embargo, pese a estos avances importantes en la promoción de la cultura en nuestra ciudad, aún tenemos en frente nuestro un conjunto importante de retos que debemos asumir si es que queremos posicionar mejor a Huancayo en la escena cultural del país. Quizás uno de los retos más grandes es el de articular mejor la labor de las distintas instituciones comprometidas con la cultura, y ello implica el establecimiento de alianzas que hagan posible desarrollar una oferta cultural de primera calidad y más atractiva para nuestro público. En el caso de los centros culturales, por su propia naturaleza, deben constituirse en espacios para la creación cultural, además de ser entes productores de este tipo de actividad. Esto implica entender a un centro cultural como un escenario para la convergencia de conocimientos y experiencias entre lo local y lo global, en donde podamos comenzar a reconocernos a partir del intercambio entre las contribuciones culturales nuestras y aquellas que nos ofrecen otros pueblos. Es decir, los centros culturales deben constituirse, en última instancia, en los espacios para la construcción de aquella interculturalidad de la cual tanto se habla, pero que aún se mantiene etérea en nuestra realidad.
En este contexto tenemos la grata satisfacción de comunicar a nuestros lectores el relanzamiento del Centro Cultural de la Universidad Continental, con el mismo compromiso de trabajo y servicio que este pionero espacio institucional asumió desde su fundación algunos años atrás. Expresamos, asimismo, nuestra decisión de desarrollar un trabajo concertado con instituciones, artistas, intelectuales, académicos y público en general, a fin de asumir, a una sola voz, los retos que hemos señalado líneas atrás. Huancayo nos necesita unidos, porque Huancayo lo merece.
Jurados de lujo en la FELIZH 2012
Para el concurso de cuento
Alonso Cueto (Lima, 1954)
Este reconocido escritor, miembro electo de la Real Academia de la Lengua desde el año 2009, es uno de los narradores nacionales más reconocidos dentro y fuera de nuestro país. Entre sus obras más destacadas están “La hora azul”, que ganó el Premio Herralde (2005) y “El susurro de la mujer ballena”, premio Planeta Casa de América (2007). Entre otros de sus libros encontramos: “La batalla del pasado”, “El tigre blanco”, “Los vestidos de una dama”, “La hora azul” y más.
Giovanna Pollarolo (Tacna, 1952)
Es destacada narradora es también poeta, ensayista y guionista. Estudió literatura y lingüística en la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde también ejerció la docencia. Entre sus publicaciones tenemos: “Atado de nervios” (1999), en relato; Dos veces por semana (2008), novela; y “Donde mis ojos te vean”. También ha publicado los poemarios “Huerto de los Olivos” (1987), “Entre mujeres solas” (1991), y “La ceremonia del adiós” (1997). Además, ha incursionado en el cine como co guionista en los largometrajes “La boca del lobo” y “Caídos del cielo”.
Gaby Cevasco (Ica)
Periodista y escritora, ha publicado los libros de cuento “Sombras y rumores” (1990) y “Detrás de los postigos” (2000). En poesía nos entregó “Nuevo Testamento” (2010). Sus relatos han sido comentados en distintas revistas especializadas de nuestro país y el extranjero. Es Directora Ejecutiva del Centro de la Mujer Peruana “Flora Tristán”, y realiza investigaciones sobre la teoría feminista, especialmente en relación a la literatura y a la filosofía.
Para el concurso de poesía
Rossella Di Paolo (Lima, 1960)
Su obra poética ha sido reconocida y reseñada en diferentes países, ha publicado los poemarios “Prueba de galera” (1985), “Continuidad de los cuadros” (1988), “Piel alzada” (1993), y “Tablillas de San Lázaro” (2001). Durante su carrera literaria ha estado a cargo de diversos talleres de creación poética en la Casa José Carlos Mariátegui, Corriente Alterna, y en la Casa de Poesía Eguren; y ha sido escritora invitada en la Escuela de Escritura Creativa del Centro Cultural de la Universidad Católica.
Carmen Ollé (Lima, 1947)
Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos la carrera de pedagogía y se especializó en Lengua y literatura. Entre sus publicaciones se encuentra “Noches de adrenalina” (1981), poemario emblemático en la poesía peruana; “Todo Orgullo humea la noche” (1988). En narrativa ha publicado las obras “¿Por qué hacen tanto ruido?” (1992), “1994: Las dos caras del deseo” (1994), “Pista falsa” (1999) y “Una muchacha bajo su paraguas”. Su novela más reciente se titula “Halcones en el parque” (2011).
Ana María Gazzolo (Lima, 1951)
Realizó estudios de letras y literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la Universidad Católica y en Universidad de los Estudios de Florencia. Publicó poesía por primera vez en la revista “Creación & Crítica”. Ha entregado trabajos de crítica sobre literatura peruana contemporánea en la prestigiosa revista “Cuadernos Hispanoamericanos”, de Madrid. Es autora de los poemarios “Contra tiempo y distancia” (1978), “Cabo de las tormentas” (1990) y “Arte de la noche” (1997).
Alonso Cueto (Lima, 1954)
Este reconocido escritor, miembro electo de la Real Academia de la Lengua desde el año 2009, es uno de los narradores nacionales más reconocidos dentro y fuera de nuestro país. Entre sus obras más destacadas están “La hora azul”, que ganó el Premio Herralde (2005) y “El susurro de la mujer ballena”, premio Planeta Casa de América (2007). Entre otros de sus libros encontramos: “La batalla del pasado”, “El tigre blanco”, “Los vestidos de una dama”, “La hora azul” y más.
Giovanna Pollarolo (Tacna, 1952)
Es destacada narradora es también poeta, ensayista y guionista. Estudió literatura y lingüística en la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde también ejerció la docencia. Entre sus publicaciones tenemos: “Atado de nervios” (1999), en relato; Dos veces por semana (2008), novela; y “Donde mis ojos te vean”. También ha publicado los poemarios “Huerto de los Olivos” (1987), “Entre mujeres solas” (1991), y “La ceremonia del adiós” (1997). Además, ha incursionado en el cine como co guionista en los largometrajes “La boca del lobo” y “Caídos del cielo”.
Gaby Cevasco (Ica)
Periodista y escritora, ha publicado los libros de cuento “Sombras y rumores” (1990) y “Detrás de los postigos” (2000). En poesía nos entregó “Nuevo Testamento” (2010). Sus relatos han sido comentados en distintas revistas especializadas de nuestro país y el extranjero. Es Directora Ejecutiva del Centro de la Mujer Peruana “Flora Tristán”, y realiza investigaciones sobre la teoría feminista, especialmente en relación a la literatura y a la filosofía.
Para el concurso de poesía
Rossella Di Paolo (Lima, 1960)
Su obra poética ha sido reconocida y reseñada en diferentes países, ha publicado los poemarios “Prueba de galera” (1985), “Continuidad de los cuadros” (1988), “Piel alzada” (1993), y “Tablillas de San Lázaro” (2001). Durante su carrera literaria ha estado a cargo de diversos talleres de creación poética en la Casa José Carlos Mariátegui, Corriente Alterna, y en la Casa de Poesía Eguren; y ha sido escritora invitada en la Escuela de Escritura Creativa del Centro Cultural de la Universidad Católica.
Carmen Ollé (Lima, 1947)
Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos la carrera de pedagogía y se especializó en Lengua y literatura. Entre sus publicaciones se encuentra “Noches de adrenalina” (1981), poemario emblemático en la poesía peruana; “Todo Orgullo humea la noche” (1988). En narrativa ha publicado las obras “¿Por qué hacen tanto ruido?” (1992), “1994: Las dos caras del deseo” (1994), “Pista falsa” (1999) y “Una muchacha bajo su paraguas”. Su novela más reciente se titula “Halcones en el parque” (2011).
Ana María Gazzolo (Lima, 1951)
Realizó estudios de letras y literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la Universidad Católica y en Universidad de los Estudios de Florencia. Publicó poesía por primera vez en la revista “Creación & Crítica”. Ha entregado trabajos de crítica sobre literatura peruana contemporánea en la prestigiosa revista “Cuadernos Hispanoamericanos”, de Madrid. Es autora de los poemarios “Contra tiempo y distancia” (1978), “Cabo de las tormentas” (1990) y “Arte de la noche” (1997).
Solo 4, “410”, del 24 de marzo de 2012
LO ÚLTIMO: Edición especial de Solo 4: Comic
En esta edición queremos presentar a todos nuestros lectores, un especial dedicado al Comic, a ese híbrido perfecto de imagen y texto que cautiva por más de un siglo a grandes y pequeños, en todo el mundo.
En este número, consideramos a los personajes más trascendentes desde Norteamérica y Europa hasta el Perú. Sin embargo, el mundo de la iconografía es tan extenso que considerar a todos sería una tarea imposible. Este es el caso del “manga” japonés, para el cual dedicaremos, en lo próximo, una edición completa. Disfrute de este homenaje a Mafalda, Superman, Tin Tin, Condorito y más, a todos esos personajes que hasta hoy nos hacen vibrar de emoción con solo mirar sus figuras hechas de tinta viva.
En este número, consideramos a los personajes más trascendentes desde Norteamérica y Europa hasta el Perú. Sin embargo, el mundo de la iconografía es tan extenso que considerar a todos sería una tarea imposible. Este es el caso del “manga” japonés, para el cual dedicaremos, en lo próximo, una edición completa. Disfrute de este homenaje a Mafalda, Superman, Tin Tin, Condorito y más, a todos esos personajes que hasta hoy nos hacen vibrar de emoción con solo mirar sus figuras hechas de tinta viva.
Las mujeres de mi vida
Sandro Bossio Suárez

A los siete años me enamoré perdidamente. Y de tres niñas al mismo tiempo. Y con el consentimiento de mi padre, quien patrocinaba –y alimentaba– el triple romance. Era él quien las traía a casa cada semana.
La primera se llamaba Periquita, y era una criatura encantadora, ingeniosa, voraz, un torbellino. Era tan distinta a mí, que me pasaba las tardes cuidando de no ensuciar mis ternitos y corbatas michi para evitarme las palizas de mamá. Periquita era libre, encantadora, pragmática, y casi siempre andaba confundida. Se apellidaba Ritz y era mayor que yo, pues tenía ocho años. Vivía con tía Dorita (esa hermosa rubia de cintura de avispa, parecida a mi hermana Mariella, aficionada a la música country). Periquita había venido al mundo en 1922, de la mano de Larry Whittington, pero tres años después había sido adoptada por Bushmiller. Mi noviazgo con Periquita fue largo y tortuoso.
Yo, enamorado hasta los tuétanos, la celaba con Tito Pérez, un niño calvo y holgazán, inseparable de ella. Creo que las repetidas escenas de celos por causa de este arrapiezo fueron mermando la relación. Así fue como después de un largo romance, terminamos mal, sin hablarnos más (nos cruzamos varias veces en el Facebook, pero ninguno de los dos quiso darse por enterado), porque ella me mintió: no se llamaba Periquita sino Nancy, Nancy Ritz. Y lo peor es que Tito sabía su secreto y los dos me lo habían ocultado.
En fin, nuestro rompimiento fue atenuado por la presencia de mi segundo amor: Lulú Mota. Todos la conocían como La Pequeña, y se trataba de otra traviesa, rapaz y desenfadada niña que todo lo podía. Se parecía algo a Periquita, probablemente en lo lista, pero, a la distancia, la veo más decidida y peligrada. Me encantaba cuando se vestía de “cowgirl” y salvaba la diligencia de unos malhechores con mascada. Cuánto la amé, Dios mío, sobre todo cuando con igual valentía se enfrentaba a la banda del panzón de Tobi Tapia. A él también yo le tenía celos, hasta cierta envidia, sobre todo cuando asumía sus aires de detective y se hacía llamar “La Araña” (“La tarántula”, le decía yo, muerto de celos, cada vez que él lograba resolver un caso, descubriendo al “enemigo público número uno”, es decir a don Jorge Mota, mi suegro). Tobi y su pandilla (Fito, Lalo, Memo, Tino) me caían muy mal, pero no tanto como Pepe del Salto, ese rubio superficial del cual estaban enamoradas todas las chicas (la bella Gloria, Anita, Susi, Cati), inclusive la propia Lulú que tanta fidelidad me juraba, pero, en cuanto lo tenía delante, se derretía como un helado en verano.
Con Lulú, felizmente, no terminamos tan mal, pero, igual, un día tuvimos una grave desavenencia debido a una trastada de Chobi y Robi, los primos de Tobi. Estoy seguro que todo fue planeado por éste, gordo y traicionero, quien después del incidente se me reveló como un felón de mala entraña.
Terminar fue, probablemente, lo mejor, porque para entonces ya mi corazón tenía otra dueña: Mafalda. Con ella viví el amor más imperecedero de los tres. Nuestra relación se extendió mucho más que los anteriores, porque, del impacto inicial, de la gran fascinación que sentía por ella, nació esta pasión que todavía quema en mis venas. La admiración por su inteligencia será eterna. Con ella aprendí a interpretar el mundo, a filosofar sobre las gansadas de la política, a aborrecer las guerras y las dictaduras, a repeler la sopa y a armar trabalenguas con los fideítos de letras. Con ella aprendí cosas sobre el Congo y Burundi. Realmente, fue mi primera maestra y, ahora que lo pienso, lo sigue siendo.
Era menor que yo (me avergüenza reconocerlo, pero solo tenía cuatro años, y de ese modo a mí hasta podían acusarme de pedófilo). Además, recién estaba en el jardín de infantes, mientras que yo ya cursaba el cuarto grado de primaria. Aun así ella me enseñaba cosas: a idolatrar a los Beatles y al Pájaro Loco, a jugar en el parque a los vaqueros, a esconder la sopa y el huevo sancochado, a comer solo panqueques con manjar blanco. Me contaba sus planes de vida: viajaría, estudiaría idiomas y trabajaría de intérprete en la ONU para contribuir con la paz mundial.
Compartió sus travesuras, su idealismo, su quijotería conmigo. También sus amigos. Por buenos años anduvimos juntos en patota: Mafalda, Manolito Goreiro, Susanita (Susana Clotilde Chirusi me enteré que se llamaba), Miguelito Pitti y la diminuta Libertad que a todo le llamaba “morondanga”.
Tiempo después, ya terminando la primaria, me enteré que mi gran amor tenía un papá biológico, que se llamaba Quino y al que todo el mundo adoraba tanto como a ella. Quino, después, se descubrió como el padre más lúcido y brillante de todos los padres de la generación, porque supo insuflarle vida, talento y brillantez a su regordeta y rebelde hija desde 1964. Guille, mi pequeño cuñado, también nos acompañaba. Un día de elecciones (Belaúnde le devolvía a democracia al país), caí sentado sobre Burocracia, la tortuguita de mi gran amor, y ese fue el inicio del fin.
La fractura de mi relación con Mafalda, que ya había crecido y tomaba cuerpo ideológico en defensa del feminismo y la revolución social, fue traumática. Nunca lloré tanto, ni me sentí tan solo, ni perdí el apetito (creo que desde entonces me puse así de flaco) cuando no respondía a mis llamadas.
Al parecer, mi padre se dio cuenta de mi calamitoso estado, así que un buen día llegó a casa y me dijo: “Un clavo saca a otro clavo, hijo, nunca lo olvides”. Y me presentó al cuarto amor de mi vida: Marvila, la Mujer Maravilla. Pero esa es otra historia.

A los siete años me enamoré perdidamente. Y de tres niñas al mismo tiempo. Y con el consentimiento de mi padre, quien patrocinaba –y alimentaba– el triple romance. Era él quien las traía a casa cada semana.
La primera se llamaba Periquita, y era una criatura encantadora, ingeniosa, voraz, un torbellino. Era tan distinta a mí, que me pasaba las tardes cuidando de no ensuciar mis ternitos y corbatas michi para evitarme las palizas de mamá. Periquita era libre, encantadora, pragmática, y casi siempre andaba confundida. Se apellidaba Ritz y era mayor que yo, pues tenía ocho años. Vivía con tía Dorita (esa hermosa rubia de cintura de avispa, parecida a mi hermana Mariella, aficionada a la música country). Periquita había venido al mundo en 1922, de la mano de Larry Whittington, pero tres años después había sido adoptada por Bushmiller. Mi noviazgo con Periquita fue largo y tortuoso.
Yo, enamorado hasta los tuétanos, la celaba con Tito Pérez, un niño calvo y holgazán, inseparable de ella. Creo que las repetidas escenas de celos por causa de este arrapiezo fueron mermando la relación. Así fue como después de un largo romance, terminamos mal, sin hablarnos más (nos cruzamos varias veces en el Facebook, pero ninguno de los dos quiso darse por enterado), porque ella me mintió: no se llamaba Periquita sino Nancy, Nancy Ritz. Y lo peor es que Tito sabía su secreto y los dos me lo habían ocultado.
En fin, nuestro rompimiento fue atenuado por la presencia de mi segundo amor: Lulú Mota. Todos la conocían como La Pequeña, y se trataba de otra traviesa, rapaz y desenfadada niña que todo lo podía. Se parecía algo a Periquita, probablemente en lo lista, pero, a la distancia, la veo más decidida y peligrada. Me encantaba cuando se vestía de “cowgirl” y salvaba la diligencia de unos malhechores con mascada. Cuánto la amé, Dios mío, sobre todo cuando con igual valentía se enfrentaba a la banda del panzón de Tobi Tapia. A él también yo le tenía celos, hasta cierta envidia, sobre todo cuando asumía sus aires de detective y se hacía llamar “La Araña” (“La tarántula”, le decía yo, muerto de celos, cada vez que él lograba resolver un caso, descubriendo al “enemigo público número uno”, es decir a don Jorge Mota, mi suegro). Tobi y su pandilla (Fito, Lalo, Memo, Tino) me caían muy mal, pero no tanto como Pepe del Salto, ese rubio superficial del cual estaban enamoradas todas las chicas (la bella Gloria, Anita, Susi, Cati), inclusive la propia Lulú que tanta fidelidad me juraba, pero, en cuanto lo tenía delante, se derretía como un helado en verano.
Con Lulú, felizmente, no terminamos tan mal, pero, igual, un día tuvimos una grave desavenencia debido a una trastada de Chobi y Robi, los primos de Tobi. Estoy seguro que todo fue planeado por éste, gordo y traicionero, quien después del incidente se me reveló como un felón de mala entraña.
Terminar fue, probablemente, lo mejor, porque para entonces ya mi corazón tenía otra dueña: Mafalda. Con ella viví el amor más imperecedero de los tres. Nuestra relación se extendió mucho más que los anteriores, porque, del impacto inicial, de la gran fascinación que sentía por ella, nació esta pasión que todavía quema en mis venas. La admiración por su inteligencia será eterna. Con ella aprendí a interpretar el mundo, a filosofar sobre las gansadas de la política, a aborrecer las guerras y las dictaduras, a repeler la sopa y a armar trabalenguas con los fideítos de letras. Con ella aprendí cosas sobre el Congo y Burundi. Realmente, fue mi primera maestra y, ahora que lo pienso, lo sigue siendo.
Era menor que yo (me avergüenza reconocerlo, pero solo tenía cuatro años, y de ese modo a mí hasta podían acusarme de pedófilo). Además, recién estaba en el jardín de infantes, mientras que yo ya cursaba el cuarto grado de primaria. Aun así ella me enseñaba cosas: a idolatrar a los Beatles y al Pájaro Loco, a jugar en el parque a los vaqueros, a esconder la sopa y el huevo sancochado, a comer solo panqueques con manjar blanco. Me contaba sus planes de vida: viajaría, estudiaría idiomas y trabajaría de intérprete en la ONU para contribuir con la paz mundial.
Compartió sus travesuras, su idealismo, su quijotería conmigo. También sus amigos. Por buenos años anduvimos juntos en patota: Mafalda, Manolito Goreiro, Susanita (Susana Clotilde Chirusi me enteré que se llamaba), Miguelito Pitti y la diminuta Libertad que a todo le llamaba “morondanga”.
Tiempo después, ya terminando la primaria, me enteré que mi gran amor tenía un papá biológico, que se llamaba Quino y al que todo el mundo adoraba tanto como a ella. Quino, después, se descubrió como el padre más lúcido y brillante de todos los padres de la generación, porque supo insuflarle vida, talento y brillantez a su regordeta y rebelde hija desde 1964. Guille, mi pequeño cuñado, también nos acompañaba. Un día de elecciones (Belaúnde le devolvía a democracia al país), caí sentado sobre Burocracia, la tortuguita de mi gran amor, y ese fue el inicio del fin.
La fractura de mi relación con Mafalda, que ya había crecido y tomaba cuerpo ideológico en defensa del feminismo y la revolución social, fue traumática. Nunca lloré tanto, ni me sentí tan solo, ni perdí el apetito (creo que desde entonces me puse así de flaco) cuando no respondía a mis llamadas.
Al parecer, mi padre se dio cuenta de mi calamitoso estado, así que un buen día llegó a casa y me dijo: “Un clavo saca a otro clavo, hijo, nunca lo olvides”. Y me presentó al cuarto amor de mi vida: Marvila, la Mujer Maravilla. Pero esa es otra historia.
martes, 3 de abril de 2012
Vargas Llosa
Omar

Mi paisano, el laureado escritor, es el personaje que caricaturicé hace ya algún tiempo. Hace un tiempo hice una caricatura de nuestro afamado escritor, que luego se la obsequié en una visita que le hice en su hermoso departamento barranquino en Lima. La hice a lápiz y él está sonriente como es su característica.

Mi paisano, el laureado escritor, es el personaje que caricaturicé hace ya algún tiempo. Hace un tiempo hice una caricatura de nuestro afamado escritor, que luego se la obsequié en una visita que le hice en su hermoso departamento barranquino en Lima. La hice a lápiz y él está sonriente como es su característica.
MICROCUENTO:

Honestidad
Amilcar Gamarra Casanova
Las luces estaban apagadas y un hilo frío de sudor rodó por sus mejillas. Se persignaba y pedía a todos los santos salir de esta terrible situación, tan perplejo que ni la cabeza podía mover. Luego de cinco minutos respiró fuerte y caminando abandonó, en blanco, su examen de admisión.
COLUMNA: DESDE EL ATELIER

Georg Grosz, en la trinchera del humanismo
Josué Sánchez
“Yo estaba lleno de luz, de color y de júbilo", decía Georg Grosz, el más grande dibujante satírico alemán del siglo XX en sus memorias, publicadas en 1946, refiriéndose a su obra europea, mordaz e intensa como un látigo que golpeaba las conciencias. Vivía entonces en Nueva York, sumido en el olvido y la resignación, con una obra ajena a lo mejor de su talento. Había llegado a Estados Unidos en 1933 huyendo del poder nazi, al cual había cuestionado duramente. Pero, como diría años más tarde, el “sueño americano resultó ser una burbuja de jabón”, había perdido la furia, sus trazos ya no tenían vida. Sus dibujos, que años atrás hablaban y denunciaban las injusticias y los excesos del poder, ya no tenían la facultad de interpelar a la sociedad.
Mientras unos escogen el vivir de espaldas a la realidad y la encubren con la comicidad de la risa, Grosz, apenas un joven de 21 años cuando estalló la I Guerra Mundial, vivió los terrores de ésta y denunció la gangrena social de la Alemania de la posguerra decadente y pro nazi en sorprendentes dibujos, pinturas y litografías, que muestran un extraordinario manejo del lenguaje visual.
Principal exponente del movimiento “Neue Sachlichkeit” (Nueva objetividad) y uno de los fundadores del dadaísmo, adhirió a la corriente expresionista, pero estuvo fuertemente influenciado por los pintores cubistas y futuristas, con los que estuvo en contacto durante su estancia en Francia, el año 1913. Tres años después, luego de ser dado de baja en el ejército prusiano víctima de una fuerte neurosis de guerra, su experiencia en el frente le llevaría a realizar dibujos y litografías en los que a través de la caricatura social y la sátira política, mostró todo el horror de la guerra y la crisis moral de la casta militar prusiana.
Desde entonces se volvió un implacable enemigo del naciente Partido Nacionalsocialista Alemán y de su líder Adolfo Hitler, logrando gran celebridad con sus dibujos políticos, en los que fustigó duramente el totalitarismo y la absurda ideología militarista nazi; así como la avaricia y depravación de las clases dominantes de la posguerra. De esa época, la década de 1920, datan sus libros de dibujos “Ecce Homo” y “El rostro de la clase gobernante”, por los que fue multado al ser considerados como injuriantes al ejército y a la sociedad alemanes. Otra de sus obras “Dios con nosotros” fue destruida.
En 1933, impelido por el asfixiante clima político alemán, la continua hostilidad nazi y la imposibilidad de seguir con sus impresiones litográficas y dibujos, Grosz se trasladó a Nueva York de donde no regresaría a Alemania hasta el año de su muerte, acaecida en 1959. Para la posteridad han quedado sus brillantes y ácidos dibujos de sus primeros tiempos, su despiadada crítica de la barbarie de la guerra y la doble moral burguesa, y sus memorias, recogidas en el libro “Un pequeño sí y un gran no”, retrato de un artista capaz de iluminar las conciencias con el fulgor del pincel.
Solo 4, “409”, del 17 de marzo de 2012
LA CITA
“Hay golpes en la vida, tan fuertes. ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma. ¡Yo no sé!
Son pocos; pero son. Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte”.
César Vallejo, Los heraldos negros
“Hay golpes en la vida, tan fuertes. ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma. ¡Yo no sé!
Son pocos; pero son. Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte”.
César Vallejo, Los heraldos negros
LO ÚLTIMO: Premio FELIZH 2012: concursos de cuento y poesía
El comité organizador de la IV Feria del Libro Zona Huancayo convoca al IV Concurso Nacional de Cuento y III de Poesía “Premio Felizh-2012”, teniendo como fecha límite de recepción de trabajos el 03 de mayo del presente. Los jurados calificadores para el concurso de cuento serán los prestigiosos escritores: Alonso Cueto, Giovanna Pollarolo y Gaby Cevasco. Y para el certamen de poesía estarán: Rossella Di Paolo, Carmen Ollé y Ana María Gazzolo. Las bases generales las pueden encontrar en el blog y perfil de Facebook de “Solo 4”.
Vallejo, el incendiario

Luis Puente de la Vega Rojas
Vallejo vaticinó casi con exactitud el advenimiento de su muerte, pero jamás imaginó que a 120 años de su nacimiento nadie dudaría de su inmortalidad. Poeta, narrador, dramaturgo y ensayista, un escritor completo en todas sus vertientes, un hombre cabal que revolucionaría nuestra literatura, uno de los pocos poetas capaces de incendiar las mentes y de darle belleza al sufrimiento.
Vino al mundo en Santiago de Chuco, una localidad en la sierra de La Libertad, el 16 de marzo de 1892, “un día que Dios estuvo enfermo”. Su padre lo educó para entregarlo al sacerdocio, tal vez de ahí es que se desprenden tantas referencias religiosas en sus escritos.
En 1910 ingresa a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de Trujillo, que abandona por falta de ingresos —situación que lo acompañaría por toda su vida—. Al año siguiente viaja a Lima para matricularse en la Escuela de Medicina de San Marcos, pero por la misma razón tiene que frustrar este proyecto. Regresa a Trujillo para retomar sus estudios en Letras y trabaja como maestro en el Colegio Nacional de San Juan, donde tendría como alumno a Ciro Alegría. Para 1917, ya habiendo terminado la universidad, retorna a Lima, a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, para obtener su doctorado en Letras y Derecho.
Se dice que Vallejo dio un discurso dirigido a la juventud, donde afirmaba que los jóvenes debían actuar, hacer algo, lo que sea, y nunca estar pasivos, que debían ser incendiarios, pero que no podían estar dormidos. Sin embargo, ésta era una metáfora, “el incendiar las mentes para revitalizar las sociedades”. Poco después, en 1920, unos soldados por falta de salarios, incendiaron la casa de unos potentados norteños, la familia Santa María Calderón. Así, lo acusan de haber azuzado a las masas y pasa 112 días de prisión en Trujillo.
Sale bajo palabra y viaja a Lima, donde en octubre de 1922 publica “Trilce”, que según Antenor Orrego: "Inicia una nueva época de la libertad, de la autonomía poética, de la vernácula articulación verbal". Este libro funda el vanguardismo, llevando a la lengua española a límites desconocidos, desnudando la palabra, recreando la sintaxis y dejándose llevar por el Dadaísmo y el Surrealismo. Sin embargo, fue muy criticado y vapuleado por los intelectuales de la época.
Vallejo se deja invadir por la desazón de la “mediocridad” poética del momento, y viendo en peligro nuevamente su libertad, se marcha del Perú a bordo del vapor Oroya, en 1923, para nunca más volver y jamás olvidar su origen. Sus dos primeros años en París fueron de mucha pobreza, tanta que muchas veces tuvo que dormir a la intemperie. Sin embargo, contacta con importantes intelectuales afincados en Europa, como Pablo Neruda, Miguel de Unamuno, Federico García Lorca o Rafael Alberti, iniciando en él, un nuevo periodo de producción e inspiración, donde descarnaría la angustia de la humanidad y exhibiría impúdicamente sus sentimientos, para con ello dejar al mundo impávido ante la grandeza de su obra.
En el viejo continente profundiza sus conocimientos sobre el Marxismo, viaja a Rusia y a su retorno a París, funda el Partido Socialista, que a su vez será replicado por su amigo José Carlos Mariátegui en nuestro país.
Como algunos de los más grandes artistas, vive atormentado por los amores, la decepción y la soledad, pero en Francia, parece conseguir, después de mucho, cierta estabilidad al lado de Georgette Philippart Travers, con quien se casa en 1934.
El 24 de marzo de 1938, Vallejo es hospitalizado por una enfermedad desconocida para entonces, pero que luego se confirmaría como la reactivación del paludismo que había sufrido de niño. Así, fallece el 15 de abril, un viernes santo con aguacero en París, pero no un jueves, como había vaticinado. El 3 de abril de 1970, 32 años después y en invierno, su viuda, Georgette, cumplió el sueño más caro del poeta: trasladó sus restos al cementerio de Montparnasse, dejando en su epitafio: “He nevado tanto para que duermas”.
DESLECTURAS: Stieg Larsson, Millennium

El reino de los malditos
Juan Carlos Suárez Revollar
Una mirada rápida a las tres partes de la trilogía «Millenium» parecería mostrar que los personajes son, en todos sus niveles, infames gentes de alma retorcida, con desórdenes sicológicos, intolerancia, corrupción o simplemente avaricia, a las que Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist se empeñan en combatir. Cualquiera de las tres puede leerse de manera independiente, aunque hacerlo secuencialmente configura un todo de amplia solidez. Fueron publicadas poco después de la repentina muerte de su autor, el periodista y escritor sueco Stieg Larsson, con los distintivos títulos de «Los hombres que no amaban a las mujeres», «La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina» y «La reina en el palacio de las corrientes de aire».
Lisbeth Salander es una heroína inconfundible: con una extraña moralidad y de temperamento indoblegable, es poco comunicativa, bajita y muy delgada, llena de tatuajes y “piercings” y con el cabello cortado a cepillo. Viste vaqueros negros y chaquetillas de cuero con broches de acero, a la usanza de los punkis. Gracias a su increíble habilidad para reunir información y a sus conocimientos informáticos, es capaz de acceder a cualquier computadora y, por ende, a los secretos de sus propietarios (sean estos sus rivales o aliados). Esa característica le permite un nivel de omnisciencia que no alcanza ningún otro personaje en toda la trilogía. Su «partner» —y a su modo, su contraparte— es el periodista Mikael Blomkvist, diestro investigador y cabeza de la revista «Millenium», un medio independiente y muy comprometido a la hora de denunciar a corruptos, sinvergüenzas y rufianes. Es únicamente con la combinación de esfuerzos que ambos son capaces de hacer frente y vencer a aquellos despreciables empresarios, miembros del gobierno y hasta delincuentes cuyas actividades tienen un rasgo común: violan los derechos de los otros y, en la mayoría de los casos, son misóginos, racistas o sicópatas con poder. Pero Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist no están solos. Junto a ellos hay un puñado de personajes que se juegan el futuro profesional, y aun la vida, para defender a una desconocida, por ejemplo, de la injusticia de la que ha sido víctima a lo largo de su vida, primero por un intocable padre lunático y misógino, y después por unas autoridades corrompidas hasta niveles extremos. Ese es el «bien» y el «mal» que se ha retratado tan puntillosamente en la novela: el primero vulnerable, altruista y desinteresado, cuya única arma es el buen periodismo; y el segundo dotado del poder político más infecto, de manipulación, ocultación e incluso de control de la vida y la muerte.
Un tema central de la novela es la misoginia, extendida como una epidemia en todos los estratos sociales —sobre la que Lisbeth Salander es particularmente sensible—; pero también las feroces relaciones familiares y en particular las que van en la senda padre-hijo. Hay muchos personajes memorables, como Zala, en la segunda parte, a quien es imposible no relacionar con Kurtz, de «El corazón de las tinieblas», así como el dueto Salander-Blomkvist.
«Los hombres que no amaban a las mujeres» es una historia en la misma línea que las de Agatha Christie. Se enmarca en el viejo subgénero policial del «recinto cerrado», pero en vez de una habitación o una casa, los hechos a investigar han ocurrido casi cuarenta años atrás en una isla. Si bien «Millenium» arranca como un policial convencional —al menos lo es en su armazón más superficial—, en la segunda y tercera parte de la trilogía se termina convirtiendo en un híbrido de novela de espionaje y thriller político, donde los personajes luchan contra un complot de magnitudes internacionales, y ocurren hechos de tal inverosimilitud que, a no ser por la extraordinaria pericia del autor, se estropearía la historia completa. Precisamente, la trama se ha construido siguiendo cánones formales propios de la novela de aventuras, con acción creciente, acentuada por la alternancia de hechos simultáneos —y a su vez, de puntos de vista— en los bloques aislados que son la base de su estructura; aunque, claro, Larsson incorporó también elementos de casi todos los subgéneros policiales.
La organización formal es sencilla, y a grandes rasgos, incluso lineal, salvo en los pequeños retrocesos al pasado para explicar algo más sobre un hecho o un personaje, lo cual dota de profundidad a cada arista de la historia. Las técnicas narrativas presentes son de lo más diversas, y abarcan desde aquellas más comunes, como el dato oculto (podría decirse que la trilogía completa está construida en base al ocultamiento temporal de información al lector), hasta las cinematográficas: el ojo móvil, el travelling o la cámara lenta. Por eso secuencias enteras tienen un aparente caos en el punto de vista, que salta de un personaje a otro. Lo que no hace ininteligible a la novela es que Larsson jamás pierde el hilo conductor de la historia.
Muchas veces el éxito de difusión de una novela obedece a factores tan azarosos que difícilmente tienen que ver con su calidad. Pero en el caso de «Millenium» es perfectamente justo, como ocurriera en su tiempo con otras grandes novelas de Víctor Hugo, Tolstoi o Balzac.
IMPRESCINDIBLES / LITERATURA: El acertijo de oro
Isabel Córdova Rosas
La pérdida de un amuleto único y de gran valor sentimental provoca el nacimiento de la amistad entre Miguel y Trastolillo, un niño y un duende, quienes vivirán la aventura de sus vidas tratando de descifrar un viejo acertijo rodeado de misterio. Esta nueva entrega (Libros & Libros, 2012) de nuestra más prolija escritora internacional, es un homenaje a la solidaridad y a la fantasía que a pesar de su perfil de libro para niños, tiene lo suficiente para enternecer y deleitar a jóvenes y adultos. Definitivamente imprescindible.
IMPRESCINDIBLES / LITERATURA: Horrores cotidianos
David Roas
“Ya sé que es imposible fundir el realismo mágico gallego de Cunqueiro con el horror gótico de Lovecraft y los relatos fantásticos de Cortázar, pero esa fusión existe y se llama David Roas. Después de leer 'Horrores cotidianos' uno advierte las sutiles conexiones entre los mundos de Conrad y Groucho Marx, pues él no deja títere sin cabeza”. Es así como Fernando Iwasaki describe, este libro (Borrador editores, 2009): con contundencia y fascinación. Definitivamente imprescindible.
IMPRESCINDIBLES / LITERATURA: Tras los pasos de Joaquín de Almeyda

Camilo Espinoza Beas
“Era septiembre del ochenta y nueve, vivía en ciudad Esperanza, tenía once años y faltaban pocos meses para nuestra fiesta de promoción de primaria”, así empezamos a seguirle los pasos a Joaquín, desde su infancia hasta una adultez compleja y anecdótica, llena de amores y desventuras, depresión y melancolía, pero siempre con una halo de esperanza a donde lo lleve. Esta es la primera novela (Mesa Redonda, 2011) del autor, quien promete. Una buena historia que merece ser compartida. Imprescindible.
COLUMNA: UN MUNDO PERFECTO

El Oscar no llega a Huancayo
Jorge Jaime Valdez
Hace poco pasó la fiebre de los Oscar. Las películas que fueron nominadas, en su mayoría, se proyectan o proyectaron en Lima y en algunas ciudades del país. En los meses próximos a la entrega de la codiciada estatuilla, la cartelera se anima un poco, para volver, luego, a su mediocridad habitual. Pero esa alegría, aunque pasajera, nunca llega a la cartelera local. Los filmes que vemos son los mismos de siempre, (“Blockbusters Hollywoodenses”) y la fórmula de programación se repite incesantemente: una o dos de terror, una comedia, una para niños y “blockbusters” para la masa. Los cinéfilos huancaínos no podemos ver las películas que ven en la capital y eso es tremendamente injusto.
De todas estas cintas que, se supone, son lo mejor que produce Hollywood, solamente vimos y comentamos la estupenda filmación de Martin Scorsese: “La invención de Hugo Cabret”, y nada más. Llegó también “Historias cruzadas” de Tate Taylor, pero resultó fallida. Llena de buenos sentimientos e intenciones, pero previsible, manipuladora, efectista y sobre todo melodramática. Salvo las notables actuaciones de las protagonistas negras, Viola Davis y Octavia Spencer, las demás resultaron decepcionantes. Es una historia agradable, hecha con la intención de aleccionar y gustar. Nos cuenta los abusos y vejámenes que sufren unas sirvientas negras en el sur de los Estados Unidos, en la década de los 60, a manos de sus desalmadas y racistas amas blancas.
Sin embargo, la lista de películas que no llegaron y probablemente nunca lleguen como sucedió antes con otros filmes, incluso ganadores del Oscar a mejor película, es deprimente. Nos preguntamos si traerán una cinta arriesgada como “El Artista” que es muda y filmada en blanco negro, si no trajeron largometrajes tan comerciales como “La chica del dragón tatuado” de David Fincher, que es el “remake”americano de la exitosa trilogía sueca: “Millennium” de Stieg Larsson, “El juego de la fortuna” (“Moneyball”) con Brad Pitt, “Caballo de guerra” de Steven Spielberg, “Los descendientes” con George Clooney, o “La dama de Hierro” que le dio su tercer Oscar a Meryl Streep. Tampoco llegó la cinta italiana de Nanni Moretti, absurdamente exhibida como si se tratara de una comedia: “Un papa en apuros”. Otras olvidadas fueron: “Poder y traición”, la aclamada cinta de George Clooney, o “Un cuento chino” que cuenta con una actuación excepcional del gran Ricardo Darín, que, seguramente, es el mejor actor argentino de los últimos tiempos. Tiene papeles memorables, que ya muchos quisieran exhibir, sino recuerden: “Nueve reinas”, “El aura”, “El hijo de la novia”, “Carancho” o “El secreto de sus ojos”.
Con este panorama desolador posiblemente no llegue a nuestra ciudad el último trabajo de Clint Eastwood que hizo un “biopic” poderoso sobre J. Edgar Hoover, que es un personaje, de por sí, fascinante. Un hombre oscuro, homofóbico y homosexual a la vez, cazador de comunistas y el poder a la sombra detrás de varios presidentes de los Estados Unidos. Además cuenta con la interpretación soberbia de Leonardo Di Caprio, que se ha convertido en un buen actor después de ser perfeccionado por el maestro Scorsese, ahora es dirigido por el maestro mayor, con resultados que fueron injustamente ignorados por la academia en la reciente entrega del Oscar —“J. Edgar”, no fue nominada en ninguna categoría—. Otras películas esperadas que no se estrenaron fueron: “Medianoche en París” de Woody Allen, “El árbol de la vida” de Terrence Malick, “Melancolía” del danés Lars Von Trier, y “La piel que habito” de Pedro Almodóvar.
Lo curioso es que todas estas cintas se pueden encontrar en DVDs “piratas” con gran facilidad. Las distribuidoras y los cines se jalan los pelos ante la “piratería”, pero no se dan cuenta que es la única forma que tenemos, los que amamos el cine y queremos ver películas de calidad, de acceder a historias que no llegarán al cine local. Es un consuelo de tontos, pero qué nos queda, viajar a Lima para ver algunas buenas películas o verlas en casa pagando dos soles cincuenta.
MICROCUENTO:

Piropos
Jorge Quiñones
Héctor solía decirle muchas cosas bonitas a Marianela. Al principio ella se reía o se sonrojaba, pero últimamente las escuchaba y se molestaba un poco.
Un día fueron a la playa. Héctor la fue a recoger a su casa y al verla con su shortsito y top le dijo: “Amorcito, ahora sí te como toditita”.
Desde entonces Marianela no ha regresado a su casa y a Héctor lo anda buscando la policía.
PERFUME DE MUJER

La ciudad de los herejes
Federico Andahazi
Entonces sus cuerpos se conmovieron en espasmos, como si los demonios se resistieran a abandonarlas, asumiendo posiciones insólitas, proternándose en el suelo, arrastrándose con el trasero, yendo y viniendo con los músculos increíblemente separados (…) las monjas se entrelazaban entre sí, alternándose unas con otras de a dos, de a tres o bien todas juntas. Durante este trance, por momentos suplicaban de rodillas a Jesús y luego ofrecían sus partes posteriores descubierta al demonio.
Luna de agua y su riqueza ancestral

Lilia Figueroa Manyari
Toda obra literaria es creada a partir del mundo que rodea al autor, es él quien reflexiona, analiza, cuestiona y propone respecto de su entorno histórico social. Por ello es importante analizarla a partir de dos momentos: el contexto interno de la obra en sí, y a partir de la perspectiva históricosocial que rodea al texto. Es de esta manera que podremos profundizar la intencionalidad, fundamentación, leivmotiv y, así, extrapolar la intencionalidad de su creación.
En el caso de la obra literaria “Luna de agua”, del escritor Gerardo Garcíarosales, el tratamiento temático, el lenguaje y la estructura textual están ligados indisolublemente al pensamiento del hombre andino. Por ello podemos enmarcar a “Luna de agua” como una magnifica representación de la literatura andina. Julia Centurión Morton (de la Universidad Randolph-Macon, Virginia) enfatiza esta característica básica como un aporte a la literatura peruana, pues entrecruza en cada uno de sus relatos elementos andinos reales —la visión del hombre del valle del Mantaro sobre la luna— y su sentido de pertenencia a partir de su interpretación metafísica. Pero además Garcíarosales entiende, interpreta y crea a partir de ello relatos que se fundamentan en este pensamiento.
Por otro lado, el tratamiento del lenguaje, al igual que el tratamiento temático, está elaborado en dos niveles: el habla tradicional, popular, en labios de la abuela y el nieto. Y la interpretación connotativa de la vida colocada bajo las reflexiones del narrador múltiple, dando de este modo la posibilidad de entender con mayor profundidad la visión del mundo y la capacidad interpretativa de la vida en el valle.
En cuanto a la estructura narrativa, Garcíarosales ha optado por brindarnos una nueva propuesta organizacional en que dos personajes se encuentran inmersos en un diálogo donde, curiosamente, sólo se escucha la voz de la abuela, quien revela, confiesa y transmite su experiencia; mientras el nieto, en forma introspectiva, reflexiona, relaciona y toma como suya la información recibida; reproduciendo de esta manera el sentido oral existente en las comunidades y/o sociedades con arraigo histórico. Es esta cualidad narrativa la que hace de “Luna de agua” un libro único, como remarca Edgardo Rivera Martínez en el prólogo.
En una conversación con el autor pudimos entender su interés por plasmar una de las riquezas de nuestra cultura madre, como modo de transmisión de nuestra interpretación del mundo. Es decir, la importancia de la transmisión oral para la preservación de nuestra riqueza cultural, pero además la urgencia de evidenciar un recurso importante de comunicación. Podremos, así, entendernos y preservar de este modo nuestra singularidad frente a la globalización.
Solo 4, “408”, del 10 de marzo de 2012
LA CITA:
“Creo que perdemos la inmortalidad porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado; sus perfeccionamientos insisten en la primera idea, rudimentaria; retener vivo todo el cuerpo. Solo habría que buscar la conservación de lo que interesa a la conciencia.”
Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel
“Creo que perdemos la inmortalidad porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado; sus perfeccionamientos insisten en la primera idea, rudimentaria; retener vivo todo el cuerpo. Solo habría que buscar la conservación de lo que interesa a la conciencia.”
Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel
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