sábado, 18 de junio de 2011

PERFUME DE MUJER

La ciudad de los herejes
Federico Andahazi
El corazón de la abadesa se agitó al ver como aquellos pechos, generosos y firmes, se movían sutilmente mientras la novicia hundía la pluma en el tintero. No pudo, ni quiso, evitar que su mano se metiera debajo del hábito, hasta encontrar el resquicio vertical que reclamaba caricias. El dedo mayor de la madre Michelle iba y venía de una comisura a la otra que formaban aquellos labios mudos, al tiempo que observaba cómo los pezones de la joven monja rozaban el papel mientras buscaba en el aire la palabra justa que habría de escribir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe tu comentario aquí.