martes, 8 de enero de 2013

TODAVÍA NO PINTO CANAS: ÚLTIMA ENTREGA


La generación romántica: viviendo en clave "tik"

Josué Sánchez

Josué Sánchez con Sergio Castillo, Félix Huamán, Antonio Altamirano, Nicolás Matayoshi, Sergio Castillo, Carlos Villanes y más.
(Izq. - der.)

La amistad es algo maravilloso. A veces llega envuelta en un halo de fantasía como sucedió con James, otras se forja en el trabajo y en los ideales, en ocasiones surge como un consuelo en la hora mala, pero siempre llega para quedarse en el corazón, y se vive como una fiesta inolvidable a la que todos están invitados.
Como aquella noche en que Sergio, un amigo poeta, y yo, decidimos detenernos a tomar un calientito en un kiosco ambulante.
La noche relumbraba de estrellas, pero el frío era helado. Llevábamos unos minutos allí, cuando llegó un amigo músico, con su mandolina: «Siéntate —le dijimos—, sírvete un calientito y dedícanos una pieza».
De pronto, en el kiosco vecino, un hombre que llevaba un saxofón se levantó y empezó a tocarlo.
«¡Buena! —exclamamos, batiendo palmas—. Un calientito para el vecino también».
En ese momento, llegó un guitarrista que conocíamos y mirando de soslayo al saxofonista, comentó: «Está buena la competencia».
«Es cosa de demostrarlo», respondió sonriendo el mandolinista.
Así, poco a poco, se formó un contrapunto de sonidos y voces. Todo el que llegaba a tomar un calientito empezaba a cantar. A las 12 de la noche ya éramos una multitud alegre y danzante, los dueños de las casas vecinas también se habían incorporado a la fiesta. Bailamos y cantamos hasta el amanecer. Fue una noche insólita e interminable. Una noche amable, ausente de desconfianza, feliz, sencilla, plena.
Así es la amistad. Un diálogo sin fronteras, abierto y cálido. Así la he sentido venir de ustedes amigos en estos días. Y así era también en los 60.
Cuando se habla de los 60 siempre se recuerda que teníamos los cabellos largos y los pantalones anchos. Que nos veíamos como "Enrique el antiguo". Que oíamos música de Bob Dylan o de Palito Ortega. Pero la generación del 60 fue algo más que romántica en la música o en el gesto. Pacifista o revolucionaria, fue una generación con ideales de igualdad y justicia, una generación apasionada y tierna, que quería cambiar el mundo y hacerlo más solidario. Éramos jóvenes que "no queríamos hacer el sordomudo", como cantaba Violeta Parra. Queríamos una sociedad más humana.
Ayer Diana comentó en su programa de radio —es una apasionada locutora—, un texto del pensador uruguayo Eduardo Galeano. El autor relata que en una reunión de la comunidad maya Tzeltal, a la que un amigo suyo asistió en 1972, la palabra más usada era “tik”. En medio de la conversación se decía tantas veces “tik”, que al amigo de Galeano le sonaba como lluvia loca. Él sabía que la palabra más frecuente en todas las lenguas es "yo". Pero tik, la palabra más usada en esa comunidad maya, significa "nosotros". Ése es el legado de nuestras culturas originarias. El conocimiento de que no estamos solos; somos una comunidad de seres, como diría Galeano, "en clave tik".
Estas semanas que he compartido con ustedes lo he sentido así y me he sentido más joven que nunca, como en los 60. Gracias Diana, compañera de ésta y tantas otras travesías, te pintaré de colores, como me encargan. Gracias BBC Mundo. Gracias Sergio, del mismo nombre que mi amigo poeta, ¡qué sería un día sin mexicanos!... Y sin tanta gente buena y generosa en el mundo, como ustedes, amigos. Como dice Alvarito al terminar cada programa: «Hasta muy pronto. Cuídense mucho. . .» (Del blog “Todavía no pinto canas” en BBCMundo.com)

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