domingo, 24 de julio de 2011

CONCURSO NACIONAL DE MICROCUENTO “PREMIO SOLO 4”

CONCURSO NACIONAL DE MICROCUENTO “PREMIO SOLO 4”
Microrelatos ganadores y finalistas

1ER PUESTO:

La muerte
Jovana Calderón Llacta
La muerte vino a llevarse al Pancho.
—Llegó la hora de irnos— le dijo la muerte.
Pancho le respondió:
—Pero antes juguemos las escondidas.
La muerte para desestresarse de su arduo trabajo aceptó y lo primero que hizo fue buscar un buen lugar donde esconderse mientras Pancho contaba, pero Pancho jamás la buscó y siguió con su vida de siempre. La muerte piensa que ella ganó.



2DO PUESTO:
Belleza 6
Marlon Caro Ojeda
El alma pecadora se maravilló al encontrarse rodeada de seres de belleza incomparable. Se recordó iracunda, fraudulenta y traicionera. Imaginó que, en el último instante, sus pecados habían sido lavados y que ahora estaba limpia, pronta a entrar en el Reino de los Cielos. Se postró ante la más hermosa de las figuras, convencida:
—Gracias, oh Dios…
—Nadie dijo que debíamos ser horribles— contestó el Diablo.



3ER PUESTO:
Cicatriz
Marco Alegre Palomino
Despertó, no sabía dónde, recordaba haber estado en un hostal sacudiendo los sesos al ritmo de “Deicide”, bebiendo alcohol, fumando marihuana y teniendo sexo, pero no pudo recordar cómo llegó allí, así que regresó al lugar. Al llegar vio un patrullero y periodistas en la puerta, y tras ellos cinco bolsas negras, por una de ellas asomaba una mano y reconoció la cicatriz que se hizo de niño.



FINALISTAS:

El crimen de mi sombra
Jean Quispe Chanca
Aún no lo podía creer, tras una larga discusión con la muerte —me había negado a aceptarlo—, comprendí que había sido asesinado.
“Fueron cuatro puñaladas”, me dijo. Sin embargo, lo que llamó más mi atención fue que mi victimario era mi propia sombra. Desconozco los motivos, pero muchos dicen que buscaba su libertad, al igual que los hombres.


Por siempre
Erik Robles Janampa
“¿Me esperarás por siempre?”, susurraba Leonor. Sus lágrimas rosaban su pálida mejilla, y regaban la negra tierra en que sus rodillas se hincaban. La lápida tenía cerca de doscientos años y el nombre era apenas visible. “Mi amado”, musitaba melancólicamente. El cielo tornábase lila, ella se despide y promete volver a la noche siguiente mientras piensa en cómo, su alma inmortal, podría alcanzar en la muerte a su amado.


Metamorfosis
Hugo Velazco Flores
Cuando Onkiri, el cazador de tapires, extravió su última flecha en la espesura del bosque, lejos de ir a buscarla, arrojó el arco en el río y volvió con un humano a casa, al amanecer.


Mesías
Marco Alegre Palomino
Sentado al lado derecho de su padre, observando las cicatrices en sus pies y manos, maldiciendo no haber gozado del poder que se le otorgó, arrepentido de haber salvado a los que no merecían ser salvados. Tomó la decisión de terminar con su eterna y desgraciada existencia, así que pidió a su padre que lo convierta en uno más de los errores de su creación…un hombre.


Hermanos
Irwin Aguilar Zevallos
Cuando nuestro padre dijo que nos tenía una gran prueba, no imaginé que tendríamos que morir. “Tendrán la gloria si cumplen su papel”, nos dijo. Y lo cumplimos. Yo fui el mal y mi hermano el bien. Por mi culpa él moriría, pero antes de su muerte tendría que suicidarme. Y ocurrió así, como estaba escrito, todo a la perfección. Maldito el momento en que elegí el papel de Judas.


Oveja
Graciela Ramírez Santos
De niña, mi madre decía que si era engreída y me portaba mal, todos mis peluches se irían. Buscarían una niña buena con quien quedarse.
Ayer H. trajo una oveja grande con capucha marrón, llegó en una caja inmensa y rosa en la parte de atrás de su auto guindo.
Le traje una silla, la senté al pie de mi cama. Aún no le pongo nombre.
No quiero que se vaya.
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Cuarto bestiario
Marlon Caro Ojeda
La ve y decide mantener las telarañas, pero si quisiera fulminaría a la intrusa. Sería fácil, el mismo método con que eliminó a sus hijas. A ella la deja vivir, apiadada de su suerte de alimaña indefensa, relegándola a la esquina más mugrosa de la habitación, aunque hay ocasiones en que antoja recuperar su soledad y se imagina acercándose, cada noche más vívida, al lecho de la intrusa para asestarle la picadura definitiva.



La promesa
Jovana Calderón Llacta
Aquella noche, nuestros corazones palpitaban cada vez más fuerte mientras nuestros cuerpos se consumían en el fuego interminable de la pasión, pero me agobiaba el recuerdo de tu engaño con la que decía ser mi amiga. De pronto, se detuvo el tiempo, un frío invadió mi cuerpo y, en ese instante, una fina daga atravesó tu pecho. Al fin cumplí con la promesa de amarte hasta tu muerte.


Respuesta
Graciela Ramírez Santos
Y si al final, ¿la respuesta que buscas fuera una pregunta?


3.
Enrique Contreras Gutiérrez
Limpio mi espada, mas no doy por muerto al demonio. Aún podría arrepentirse.

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