sábado, 31 de julio de 2010

La fundación española de Tarma

(Edición Nº 323 del 24 de julio de 2010)

Reflexiones a propósito de un aniversario más

Carlos L. Orihuela Espinoza

Universidad de Alabama en Birmingham
Estados Unidos


El 26 de julio se celebra el 472 aniversario de la fundación española de Tarma. Los estudios históricos —aún con muchas imprecisiones— afirman que la ciudad de Tarma fue fundada en 1538 bajo el nombre de Santa Ana de la Ribera de Tarma. Al margen de la controversia sobre fechas y circunstancias, esta celebración, como todas las de su naturaleza, constituye una buena razón para reflexionar y renovar reconocimientos justicieros de una ciudad y una provincia de indudable prestigio e influencia regional y nacional, y a la que con mucha exactitud y trazo poético Antonio Raymondi bautizara como “La perla de los Andes”.
La creación oficial de Tarma por la corona española, en años del arribo colonialista europeo, resulta un hito cronológico interesante y oportuno, pero no un detalle crucial para delinear sus rasgos geográficos y culturales esenciales, ni menos para resumir sus roles sociales y culturales históricos. Los inicios de este importante centro urbano se remiten a épocas aún más remotas, a los albores mismos de la cultura andina. El topónimo “Tarma” se debería —entre otras hipótesis— a los términos “taramas” o “tarumas” con que se designa a una etnia regional integrada al proceso y grandeza del Tahuantinsuyo. Los numerosos restos arqueológicos, sobrevivientes a la corrosión de los siglos y la negligencia, en los alrededores de la provincia, son testimonios elocuentes de tiempos sin duda de admirable esfuerzo y desarrollo.
Enclavada en la tibieza de un valle secreto del lado oriental de la cordillera, a pocos minutos de la algarabía y densidad natural de la selva amazónica, Tarma se constituye en una urbe de antecedentes históricos notables, de un protagonismo regional prestigiado por la riqueza de su agricultura, la laboriosidad de sus habitantes, la hermosura espectacular de sus paisajes, la variedad y alegría de sus tradiciones, la generosidad de su clima, y la participación ejemplar de su gente, tanto a modo colectivo como individual, en hechos importantes de nuestro país.
La cercanía geográfica a los primeros contrafuertes andinos de la selva alta desarrolla un complejo microclima que hace posible el cultivo de múltiples especies de verduras (zanahorias, habas, coles, betarragas, coliflores, apios, nabos, lechugas, alcachofas, rabanitos, etc.) de calidad insuperable en los mercados de la metrópolis, maíces de desbordantes granos sólo comparables a los del valle del Cusco, sabrosas papas de invariabilidad genética codiciadas como buena semilla en las plantaciones de la costa y la sierra, frutas jugosas y desmesuradas como duraznos, tunas, manzanas, peras, tumbos, higos, capulíes, damascos y guindas, cuyo peso y abundancia suelen vencer a la flexibilidad de sus ramas, árboles de utilidad milenaria como la tara, el molle, el sauco y el kishuar. Es impensable el valle tarmeño sin la sinfonía de colores de la tierra, la solidez del cielo azul, los extensos mantos de flores silvestres, las muchedumbres de árboles, las chacras de verdes estridentes, y los trinos, zumbidos y lamentos de gorriones, picaflores, zorzales y tórtolas que celebran la erupción de luces del amanecer y la nitidez de las tardes soleadas, e interpretan el desangrado pentagrama de los crepúsculos.
La fertilidad y la abundancia de este valle se extienden igualmente a las artes y tradiciones populares. Los sentimientos y la imaginación de sus pobladores adquieren expresiones genuinas en la poesía y delicadeza melódica de la muliza. Este género musical enraizado a lo largo de la región central del Perú, desarrolla en Tarma una particular retórica y función comunal. Diríase que la muliza tarmeña condensa de manera fiel y vibrante la sicología, la conciencia histórica y el flujo imaginativo del poblador de una tierra abigarrada de sensaciones y asombros. La historiografía de las letras considera la valiosa contribución de intelectuales y poetas como José Gálvez Barrenechea, Eleodoro Vargas Vicuña y Adolfo Vienrich, entre otros, cuya obra ha irrumpido de manera desafiante y creativa en el cuerpo de la literatura y los estudios literarios del Perú moderno. Podemos decir lo mismo de artistas plásticos como José G. Otero, Enrique Orihuela y una generación de pintores muy reciente cuya calidad profesional representa ya un boom de la plástica nacional.
El proceso político y social del Perú ha contado también con la participación de tarmeños sin duda paradigmáticos en la defensa nacional y la construcción de una sociedad independiente e igualitaria. Requieren especial mención Juan Santos Atahualpa, Francisco de Paula Otero, Fray Pedro Marieluz, mártir de la independencia, Cecilio Limaymanta y el Batallón Tarma, heroicos combatientes que resistieron la abominable invasión chilena. De igual modo mencionemos el abultado número de políticos y estadistas que han regido la vida nacional, de los que, a modo de ejemplo, mencionamos a Pedro Pablo Bermúdez Ascarza y Manuel Arturo Odría Amoretti, que ocuparon la silla presidencial de la República en 1834 y 1948 respectivamente.
Sin duda, al referirnos a Tarma y su historia y realidad presente estamos hablando de una preciosa ciudad, de una bella parcela andina, de una comunidad ejemplar, que integra con méritos suficientes lo mejor de nuestros centros urbanos y de desarrollo del país. Que la conmemoración de su fundación española, además de mover a una reflexión sobre su devenir histórico, sea también una oportunidad para el regocijo de sus hijos, para el reencuentro y la renovación de proyectos. Muchas felicidades al pueblo de Tarma.

Pintura Tarma I, de Teodoro Núñez Ureta (Arequipa 1914-1988).

3 comentarios:

  1. INTERESANTE PARA MÍ, SABER QUE LA PLUMA DE CARLOS ESTÁ BIEN NUTRIDA, SOBRE TODO POR LA FORMA DE AMALGAMAR ESOS DATOS TAN DIDÁCTICOS QUE ME RECUERDAN LAS CLASES EN LAS AULAS DEL GLORIOSO "SAN RAMÓN" EN LAS QUE SU SABIDURÍA, CONVERTIDA SAVIA, SE INOCULARON EN MIS VENAS PARA FORMAR MI VOCACIÓN DOCENTE.
    MAURO C,

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  2. Muy interesante, todo un recorrido a traves del tiempo de la mano del sr Orihuela, explicativo sin lugar a dudas, gracias.

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