La provincia de Tarma ya tiene un nuevo centro cultural, que fue inaugurado la semana pasada y lleva el nombre de Fortunato Cárdenas, en honor a uno de los grandes nombres de la cultura tarmeña del siglo XX. Esta institución, administrada por la Municipalidad Provincial de Tarma, se ubica en la calle Cuzco, a espaldas del Centro Cívico y frente a la EPS Sierra Central. Cárdenas fue compositor de mulizas y huaynos; y es autor de varios libros, entre los que destaca la novela costumbrista “La llamita de Capia”.
LA CITA:
Me gusta ir a lugares donde hay cines, librerías y periódicos. No se me ocurriría ir a la selva, porque no soy un aventurero.
Fernando Trueba
sábado, 25 de septiembre de 2010
SUPLEMENTO SOLO 4 Nº 332 DEL 25/09/2010
Presencias inadvertidas, ausencias evidentes
Salas de cine, ayer y hoy
Diana Casas
Una atractiva exposición fotográfica comparativa sobre las salas de cine en Lima en la década de los 50 y en la actualidad es la que se viene realizando en la galería del centro cultural del ICPNA Región Centro. Además de ello, también se pueden apreciar algunas fotografías de los antiguos cines de Huancayo en distintas épocas. A continuación, un recorrido por esta muestra y por la historia del cine en nuestro país.
Nada como el cine para tomar conciencia de que el Perú es un maravilloso espacio donde los sueños pueden hacerse posibles.
Apenas un año y un mes después de la célebre función de los hermanos Lumière en el boulevar Des Capucines en París, el cine arribó al Perú, y antes de que terminara el siglo ya había llegado a los pueblos más alejados de los Andes peruanos llevado por acucios
os empresarios itinerantes. En las dos primeras décadas del siglo XX, se constituyeron las primeras empresas exhibidoras y las primeras productoras, se empezó a filmar documentales y películas de ficción, y el cine ferial cedió el paso a los primeros cines construidos con ese fin. Para 1950, el cine ya era parte establecida de la historia y, para muchos, la “fábrica de sueños” se había convertido en la oportunidad, no sólo de soñar, sino de hacer realidad los sueños. Las salas de cine florecían y, junto con el éxito de los empresarios, crecía el número de cinéfilos y de aquellos cineastas y productores que sentaron las bases para la constitución de la industria nacional del cine, ese cine que hoy obtiene galardones y nos llena de orgullo.El valor cultural del cine es innegable. Arte en el que se dan cita las otras artes, ha creado ilusiones, fantásticas alegorías, sueños y pesadillas, ha contado historias y ha hecho surgir leyendas, pero también ha caminado de la mano de la historia, ha sido testigo y constructor de ella y se ha entrelazando con todas las actividades humanas, creando ciencia y tecnología, haciendo empresa, convirtiéndose en industria, integrando el paisaje urbano.
Estos múltiples significados del cine es lo que muestra la exposición fotográfica de salas de cine limeñas, que el ICPNA Región Centro realiza actualmente, con la colaboración del Comité Peruano para la Conservación del Patrimonio Industrial (Copecopi) y el Centro de la Imagen de Lima.
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La ciencia y la tecnología, aplicadas a la actividad industrial,
son también parte del legado histórico del hombre.
son también parte del legado histórico del hombre.
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Titulada “Presencias inadvertidas/Ausencias evidentes. Salas de cine limeñas, 50 años después”, la exposición es un viaje al pasado para descubrir en él parte de la historia del cine peruano. Las salas de cine han sido siempre espacios constructiva y emotivamente fascinantes. De un diseño arquitectónico por lo general hermoso, cómodos y adaptados a cada época, acudir a ellos ha sido siempre un acto amable, rodeado de la misma magia que el cine proyecta en la pantalla; ese misterio que fluye del sumergirse en el e
spacio oscuro y poblado, pero a la vez, solitario, donde es posible alejarse de todo, soñar y vivir otras vidas y situaciones, para luego, en un estado casi virtuoso, regresar o casa o ir a un café a continuar soñando.La exposición muestra todo esto, pero, además, el modo cómo han cambiado esos espacios. Es una muestra comparativa entre el ayer y el hoy que nos plantea el reto de volver a soñar juntos y hacer realidad el sueño de que los peruanos demos a nuestro patrimonio cultural la atención que se merece y aprendamos a conservarlo.
El patrimonio cultural no es un concepto restringido al arte, la arqueología, la música, la gastronomía o el folklore; la ciencia y la tecnología, aplicadas a la actividad industrial, son también parte del legado histórico del hombre, constituyen nuestro patrimonio industrial y sus expresiones: edificios, fábricas, puentes, caminos, centrales energéticas, etc. tienen un inmenso valor histórico, tecnológico, social, arquitectónico y científico.
Sin duda, vale la pena ver esta exposición sustentada en el archivo fotográfico de Antar Giacomotti, el trabajo de los fotógrafos Gladys Alvarado, Eduardo Hirose y Ricardo Yui y la curaduría del arquitecto Víctor Mejía; y complementada con fotografías de cines de Huancayo, de los archivos de Eduardo Mubarak Saba, Sandro Bossio Suárez, David García Puente y Josué Sánchez Cerrón.
Crónica sobre Silvio Rodríguez
Presencia de Silvio, el unicornio
Sandro Bossio Suárez
Silvio Rodríguez es un hombre popular, amado por su gente, pese a que no es el mejor de los anfitriones. Talentosos músicos y cantantes —como León Gieco, Fito Páez, Juanes— se muestran cordiales y derrochan sencillez, mientras que Silvio hace lo contrario: desplanta, hace esperar a los periodistas, no permite que le fotografíen. Pero sigue siendo un hombre amado.
Llego con Beatriz y Catalina al concierto de Silvio en la Plaza de las Luces (antigua Plaza Cisneros) de Medellín y mostramos nuestras manillas que nos dan acceso a la zona VIP. Nos sentamos en la segunda fila (yo al lado de una fotógrafa del Miami Herald que tiene una cámara que parece un telescopio) mientras los teloneros se desgañitan en la escena. Cuando termina de cantar Jorge Drexler, finalmente, anuncian a Silvio. Los músicos se instalan detrás de sus instrumentos
(guitarras, timbales, batería) y la luz cerúlea, humosa, se extiende en el escenario. Entonces aparece Silvio, el divo, se sienta, acuna la guitarra y empieza a cantar “Yo te quiero libre”.
Un mar de voces se eleva en una gigantesca oleada y los aplausos se baten sobre los graderíos. Los fotógrafos y reporteros gráficos (yo con mi camarita de 3 megapixels) intentamos acercarnos a las vallas, pero llegan los cancerberos del concierto y con sus anchas espaldas y sus chalecos verdes nos vedan: “Están prohibidas las fotos”. Todavía pugnamos, pero los cancerberos se ponen más tercos, accionan, casi empujan y alguien dice: “Si siguen tomando fotos, Silvio deja de tocar”. Como si se hubiera soltado la palabra mágica, todos retroceden, algunos guardan sus cámaras, otros las mantienen ocultas pero se resignan.
Catalina me toma de la mano y me dice: “Este Silvio es una actriz”. Recuerdo entonces, a fragmentos, las respuestas de la actriz (es decir, de Silvio) del día anterior en la conferencia de prensa del Museo de Medellín (en la Plaza Botero), porque no ha quedado nada escrito: también estaba prohibido tomar apuntes y grabar. “Comencé a escribir canciones en 1964, en el campamento militar de Managua, unas canciones vivenciales porque acababa de regresar de mi segundo periplo por Angola. Ese año también viajé por primera vez a España. Siempre había vivido pensando en el futuro. Y creo que el crisol que cristalizó lo que era el joven cantar de entonces, fue la Revolución Cubana”, dijo en otras palabras. Un periodista moreno le preguntó, en seguida, cómo fue que se hizo famoso con las canciones sobre el mar que escribió cuando era joven (seguro se refiere a “Canciones del mar”) y Silvio, sin modestia, le respondió que aún sin esas canciones él ya era bastante famoso. Sin embargo, aceptó que eso le dio la oportunidad de entregarse en cuerpo y alma a algo que le gustaba y que no consideraba un trabajo sino un placer: inventar canciones.
Allá, en medio del escenario, Silvio sigue cantando su trova, su poesía, su política, envuelto en luces azules. Unos fantasmas índigos llegan a él en crespas ondulaciones. No les da importancia. Sus manos se mueven, rasgan la guitarra, su cabeza cubierta con una gorrita se menea apenas y, aún a la distancia, se le notan sus orejas grandes a contraluz. Ahora canta “Yolanda”.
Sigo evocando: “¿Y cómo define Silvio Rodríguez al Movimiento de la Nueva Trova?”. “El Movimiento de la Nueva Trova (MNT) es la organización que se creó en diciembre de 1972. Para entonces ya teníamos una coincidencia anímica entre los jóvenes trovadores, es decir ya había una generación cantante. Muchas de esas canciones forman parte del cancionero popular. Ninguna ha ganado un Grammy y posiblemente no lo hagan, pero eso no importa porque ya la gente ha decidido premiarlas que es lo más importante”.
Como todo intérprete (porque aunque defensor de la revolución y del socialismo, Silvio es también un cantante que debe ganarse a su público con estrategias de los del Woodstock), termina de cantar y se retira a la espera de que el gentío empiece a corear: “otra, otra, otra”. Y cuando ocurre, retorna, guitarra en mano, más orejudo que nunca, seguramente con el pecho lleno de la suficiencia que te dan los aplausos por más revolucionario y socialista que seas. Su última canción es, claro, “El unicornio”. La gente grita, las chicas se desvanecen, Catalina aprisiona mi mano con más fuerza. “Es una actriz, pero canta como nadie”, me susurra.
El día anterior Silvio Rodríguez ha confesado que “el término canción de protesta comenzó a usarse a partir de los 60 a raíz de la guerra de Vietnam y llegó a Cuba en 1967, a la Casa de las Américas, donde había una reunión internacional de cantores de diferentes países. A partir de entonces la canción de protesta fue mi bandera. He defendido mi revolución, la sigo defendiendo, pero creo que ha envejecido. Creo que Cuba debe suprimir la ‘erre’ de ’revolución’ y pasar ahora a la ‘evolución’, debemos revitalizarnos”.
“Como nadie”, le respondo a Catalina. Vendría una noche inolvidable en el jacuzzi.
Sandro Bossio Suárez
Silvio Rodríguez es un hombre popular, amado por su gente, pese a que no es el mejor de los anfitriones. Talentosos músicos y cantantes —como León Gieco, Fito Páez, Juanes— se muestran cordiales y derrochan sencillez, mientras que Silvio hace lo contrario: desplanta, hace esperar a los periodistas, no permite que le fotografíen. Pero sigue siendo un hombre amado.
Llego con Beatriz y Catalina al concierto de Silvio en la Plaza de las Luces (antigua Plaza Cisneros) de Medellín y mostramos nuestras manillas que nos dan acceso a la zona VIP. Nos sentamos en la segunda fila (yo al lado de una fotógrafa del Miami Herald que tiene una cámara que parece un telescopio) mientras los teloneros se desgañitan en la escena. Cuando termina de cantar Jorge Drexler, finalmente, anuncian a Silvio. Los músicos se instalan detrás de sus instrumentos
(guitarras, timbales, batería) y la luz cerúlea, humosa, se extiende en el escenario. Entonces aparece Silvio, el divo, se sienta, acuna la guitarra y empieza a cantar “Yo te quiero libre”.Un mar de voces se eleva en una gigantesca oleada y los aplausos se baten sobre los graderíos. Los fotógrafos y reporteros gráficos (yo con mi camarita de 3 megapixels) intentamos acercarnos a las vallas, pero llegan los cancerberos del concierto y con sus anchas espaldas y sus chalecos verdes nos vedan: “Están prohibidas las fotos”. Todavía pugnamos, pero los cancerberos se ponen más tercos, accionan, casi empujan y alguien dice: “Si siguen tomando fotos, Silvio deja de tocar”. Como si se hubiera soltado la palabra mágica, todos retroceden, algunos guardan sus cámaras, otros las mantienen ocultas pero se resignan.
Catalina me toma de la mano y me dice: “Este Silvio es una actriz”. Recuerdo entonces, a fragmentos, las respuestas de la actriz (es decir, de Silvio) del día anterior en la conferencia de prensa del Museo de Medellín (en la Plaza Botero), porque no ha quedado nada escrito: también estaba prohibido tomar apuntes y grabar. “Comencé a escribir canciones en 1964, en el campamento militar de Managua, unas canciones vivenciales porque acababa de regresar de mi segundo periplo por Angola. Ese año también viajé por primera vez a España. Siempre había vivido pensando en el futuro. Y creo que el crisol que cristalizó lo que era el joven cantar de entonces, fue la Revolución Cubana”, dijo en otras palabras. Un periodista moreno le preguntó, en seguida, cómo fue que se hizo famoso con las canciones sobre el mar que escribió cuando era joven (seguro se refiere a “Canciones del mar”) y Silvio, sin modestia, le respondió que aún sin esas canciones él ya era bastante famoso. Sin embargo, aceptó que eso le dio la oportunidad de entregarse en cuerpo y alma a algo que le gustaba y que no consideraba un trabajo sino un placer: inventar canciones.
Allá, en medio del escenario, Silvio sigue cantando su trova, su poesía, su política, envuelto en luces azules. Unos fantasmas índigos llegan a él en crespas ondulaciones. No les da importancia. Sus manos se mueven, rasgan la guitarra, su cabeza cubierta con una gorrita se menea apenas y, aún a la distancia, se le notan sus orejas grandes a contraluz. Ahora canta “Yolanda”.
Sigo evocando: “¿Y cómo define Silvio Rodríguez al Movimiento de la Nueva Trova?”. “El Movimiento de la Nueva Trova (MNT) es la organización que se creó en diciembre de 1972. Para entonces ya teníamos una coincidencia anímica entre los jóvenes trovadores, es decir ya había una generación cantante. Muchas de esas canciones forman parte del cancionero popular. Ninguna ha ganado un Grammy y posiblemente no lo hagan, pero eso no importa porque ya la gente ha decidido premiarlas que es lo más importante”.
Como todo intérprete (porque aunque defensor de la revolución y del socialismo, Silvio es también un cantante que debe ganarse a su público con estrategias de los del Woodstock), termina de cantar y se retira a la espera de que el gentío empiece a corear: “otra, otra, otra”. Y cuando ocurre, retorna, guitarra en mano, más orejudo que nunca, seguramente con el pecho lleno de la suficiencia que te dan los aplausos por más revolucionario y socialista que seas. Su última canción es, claro, “El unicornio”. La gente grita, las chicas se desvanecen, Catalina aprisiona mi mano con más fuerza. “Es una actriz, pero canta como nadie”, me susurra.
El día anterior Silvio Rodríguez ha confesado que “el término canción de protesta comenzó a usarse a partir de los 60 a raíz de la guerra de Vietnam y llegó a Cuba en 1967, a la Casa de las Américas, donde había una reunión internacional de cantores de diferentes países. A partir de entonces la canción de protesta fue mi bandera. He defendido mi revolución, la sigo defendiendo, pero creo que ha envejecido. Creo que Cuba debe suprimir la ‘erre’ de ’revolución’ y pasar ahora a la ‘evolución’, debemos revitalizarnos”.
“Como nadie”, le respondo a Catalina. Vendría una noche inolvidable en el jacuzzi.
El libro que cambió mi vida: “El lobo estepario”, Hermann Hesse
Teatro mágico, sólo para locos
Lucía Baquerizo Sedano
A los 16 años, reconocí mejor la doble naturaleza que había sospechado tener desde que la razón poseyó mi cabeza. El crédito es de un libro que, sobre mi mano sudorosa, empezó a embrujarme y a llevarme por el más fascinante d
e todos los mundos, un mundo oculto que está debajo de la ropa, de las cosas y de las palabras, en el que el tiempo no existe y uno encuentra placer y respuestas sin esfuerzo. No sé bien si para descubrir ese nuevo mundo existen leyes de causalidad que pueden entenderse como el destino, o si, más bien, sólo se dan meras casualidades. Empezar a leer, en mi caso, derivó de la sugerencia imperativa de un profesor de literatura al terminar una conversación extraña: “Lobo estepario, Hesse, Lobo estepario, ese libro es para ti”. Cuando después de renunciar al trabajo y dejar mis estudios de Arquitectura, leí la última página de ese libro, supe que no se equivocaba, y que pueden darse conexiones sublimes entre dos personas.“El lobo estepario” narra una historia genial y terrible que cambia de sentidos y direcciones. Los días no transcurren del modo en que solían hacerlo desde que se conoce a Harry Haller, aquel hombre que en el fondo de su corazón sabía que no era realmente un ser humano, sino un lobo de estepa, solitario y torpe socialmente por naturaleza, como lo somos muchos, casi siempre sin quererlo.

Los griegos crearon a Kayros, el momento justo, existencial, de “insight”. Los libros son hijos de ese dios, vienen en un instante fugitivo que hay que atrapar sin pensar mucho para sentir su esencia. Harry Haller sabía, como yo, que “estaban en mi bolsillo todas las cien mil figuras del juego de la vida. Presentía su significación; tenía el propósito de empezar otra vez el juego, de volver a gustar sus tormentos, de estremecerme de nuevo y recorrer una y muchas veces más el infierno de mi interior”. Iniciaría la tarea de encontrarse y darle el papel exacto a cada personaje, inhalar en ese mundo oculto y exhalar en éste; aprender la risa eterna, entender la ley de las contradicciones, pues ser parte del teatro mágico es sólo para locos. Ojalá que aumenten, que aumentemos, los locos.
Entrevista a Hildebrando Pérez Grande
“Tanto Arguedas como Alarco reafirmaron mi vocación”
Pat Salazar-Caso
Hildebrando Pérez, además de autor del poemario Aguardiente, Forever, es un gran especialista en literatura oral y prehispánica, y docente de literatura en las universidades San Marcos y Antonio Ruiz de Montoya. Desde Lima, concedió una entrevista a “Solo 4”.
Usted vivió parte de su infancia en Orcotuna.
Casi hasta los ocho o nueve años. Todo mi imaginario inicial es andino. Yo descubrí el mundo, los paisajes andinos, los ritos andinos, la sociedad, los mitos, las leyendas en la casa de mi
abuela materna. Podría decir, como García Márquez, que “soy hechura de mi abuela”. Todo eso se acabó el día en que mi padre decidió traerme a Lima para ser estudiante, a fines del 48 o 49.
¿Cómo era su relación con José María Arguedas?
En el segundo año de San Marcos, llevé un curso de introducción a la Antropología que dictaba José María. Fui durante dos años alumno suyo. Entonces a Arguedas lo teníamos a nuestro costado, todos los días, conversando, discutiendo, escuchándolo. Y se formó una especie de tribu en Letras. Los más cercanos a él eran los de Puquio, los de Lucanas. Todos ellos hijos de los ayacuchanos de ese entonces, que vivían en pensiones. Y ahí caía Arguedas con su Volkswagen verde, a cantar, a llorar, a contar, a conversar. Hablaba en quechua con ellos, porque todos eran quechuahablantes. Fue una cosa muy linda.
Pero también en San Marcos usted fue muy cercano a la musicóloga Rosa Alarco.
Mira, la verdad que hablar de Rosita Alarco me conmueve, me llena de emoción. Con ella pude entablar una relación, digamos, compleja. Fue como una madre espiritual, como una guía, como una profesora. Fue una amiga, una cómplice, una compañera de sueños. Tantas cosas fue Rosa Alarco. Mucha de mi formación académica, de mi aproximación al universo andino, y a lo que denominamos “cultura popular”, se la debo a las inquietudes que supieron sembrar en mí, tanto José María Arguedas como Rosa Alarco Larrabure.
Todas esas vivencias desde su niñez hasta su contacto con Arguedas y Alarco, ¿influyeron en Aguardiente, forever?
Podría decir que tanto Arguedas como Alarco reafirmaron mi vocación que ya se había iniciado años antes. Ese universo, esa concepción del mundo que uno adquiere en sus primeros años, se fortalecieron luego en las cátedras que recibí, en las lecciones de Emilio Choy, en las conversaciones con Lucho Lumbreras, y con mis amigos músicos, cantantes. Creo que Aguardiente, forever no es el producto de una adhesión a una cultura, o a unos valores y principios. Lo que he escrito quiere ser la evidencia de vivencias, de emociones, sensaciones, experiencias que viví y compartí hasta un tiempo determinado. Después vinieron visitas cada vez más esporádicas, más distantes, al área andina y a las comunidades campesinas para participar en sus ritos religiosos, en sus fiestas patronales.
¿Y cómo fue la fundación de la Cátedra de Literatura Oral en San Marcos?
No fue fácil. Porque estaba contra el canon, pues. Ahora es fácil hablar, después de 25 años. Tú sabes que hace 50 años, en todas las universidades del país se enseñaba literatura peruana, y dentro de ella, un capítulo, pequeñito, mezquino, de literatura quechua. Ahora en San Marcos hay dos cursos de literatura quechua, hay seminario de literatura quechua. Pero te hablo del 81, del 82. Yo pedí y recibí el apoyo, es verdad, de algunos profesores, para crear el curso de literaturas orales. Porque esa oralidad desbordaba temáticamente a la propuesta de un curso de literatura quechua. Apenas vi que había éxito, creamos literatura oral I y II, dedicados a la cultura andina específicamente. Creo que mi pequeña contribución a la vida académica en San Marcos ha sido fomentar, auspiciar e impulsar la creación tanto del estudio, de la recopilación y de la difusión de las literaturas oral y prehispánica en el Perú.
Una de las obras, inicialmente recopilada para extirpar las idolatrías, fue Dioses y hombres de Huarochirí. ¿Cuál sería la importancia de ese texto?
Creo que la importancia social de este viejo informe recogido por Francisco de Ávila, y traducido libremente por José María Arguedas, en una edición que felizmente, con el auspicio de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, pude hacer en versión bilingüe, es porque cubre una necesidad: conocer las raíces culturales de nuestros pueblos, para ver con exactitud de dónde venimos; así también los procesos de transculturación, de hibridación, de sincretismos culturales, el peso del aporte de las culturas nativas y de las culturas primigenias de nuestro país. Leer esa literatura creo que nos da luces para poder descubrirnos a nosotros mismos.
¿A qué se refiere con el aguardiente del título de su poemario?
La palabra aguardiente es muy rica. En diversos contextos adquiere resonancias singulares. Pensar en saborear el aguardiente, de lleno te lleva hacia Baco, al mundo de la ilusiones con las bebidas alcohólicas. El aguardiente hasta hace algunos años era la bebida más popular en el mundo andino. El del valle del Mantaro venía desde la ceja de selva, de La Merced, de Satipo. Con esa bebida se abrigaban los campesinos. Soñaban que el mundo podía ser mejor, por decirlo de alguna manera. Era también el acompañante de los ritos sociales, de los ritos religiosos. Una botella de aguardiente la tiene el chamán, el curador o el brujo de la comunidad, con sus cigarrillos nacionales Inca. El aguardiente lo he visto desde muy niño en mi casa. Lo recuerdo ahorita, vívidamente. Yo entiendo que la poesía es como el aguardiente desde esa perspectiva. Calma la sed del sediento, porque es un líquido. Pero es un líquido ardiente: que te entropa, te ilusiona como una utopía, que te anima, que te da fuerzas. Y la poesía cumple esa función social: alentar la vida, alentar la esperanza en un mundo mejor. Por eso escribo poesía.
MÁS DATOS:
Hildebrando Pérez Grande es poeta, editor, periodista y profesor universitario. Ha editado las obras de Javier Heraud, Edgardo Tello y Juan Ojeda, y dirigió algunas revistas literarias. Obtuvo en 1978 el Premio de Poesía “Casa de las Américas”, y es autor de Epístola a Marcos Ana (1963), El sueño inevitable (1963), Aguardiente, Forever (1978) y Sol de Cuba (1979).
Contacte a Pat Salazar Caso en Facebook: http://www.facebook.com/pat.salazarcaso
Pat Salazar-Caso
Hildebrando Pérez, además de autor del poemario Aguardiente, Forever, es un gran especialista en literatura oral y prehispánica, y docente de literatura en las universidades San Marcos y Antonio Ruiz de Montoya. Desde Lima, concedió una entrevista a “Solo 4”.
Usted vivió parte de su infancia en Orcotuna.
Casi hasta los ocho o nueve años. Todo mi imaginario inicial es andino. Yo descubrí el mundo, los paisajes andinos, los ritos andinos, la sociedad, los mitos, las leyendas en la casa de mi
abuela materna. Podría decir, como García Márquez, que “soy hechura de mi abuela”. Todo eso se acabó el día en que mi padre decidió traerme a Lima para ser estudiante, a fines del 48 o 49.¿Cómo era su relación con José María Arguedas?
En el segundo año de San Marcos, llevé un curso de introducción a la Antropología que dictaba José María. Fui durante dos años alumno suyo. Entonces a Arguedas lo teníamos a nuestro costado, todos los días, conversando, discutiendo, escuchándolo. Y se formó una especie de tribu en Letras. Los más cercanos a él eran los de Puquio, los de Lucanas. Todos ellos hijos de los ayacuchanos de ese entonces, que vivían en pensiones. Y ahí caía Arguedas con su Volkswagen verde, a cantar, a llorar, a contar, a conversar. Hablaba en quechua con ellos, porque todos eran quechuahablantes. Fue una cosa muy linda.
Pero también en San Marcos usted fue muy cercano a la musicóloga Rosa Alarco.
Mira, la verdad que hablar de Rosita Alarco me conmueve, me llena de emoción. Con ella pude entablar una relación, digamos, compleja. Fue como una madre espiritual, como una guía, como una profesora. Fue una amiga, una cómplice, una compañera de sueños. Tantas cosas fue Rosa Alarco. Mucha de mi formación académica, de mi aproximación al universo andino, y a lo que denominamos “cultura popular”, se la debo a las inquietudes que supieron sembrar en mí, tanto José María Arguedas como Rosa Alarco Larrabure.
Entonces a Arguedas lo teníamos a nuestro costado, todos los días, conversando, discutiendo, escuchándolo.
Todas esas vivencias desde su niñez hasta su contacto con Arguedas y Alarco, ¿influyeron en Aguardiente, forever?
Podría decir que tanto Arguedas como Alarco reafirmaron mi vocación que ya se había iniciado años antes. Ese universo, esa concepción del mundo que uno adquiere en sus primeros años, se fortalecieron luego en las cátedras que recibí, en las lecciones de Emilio Choy, en las conversaciones con Lucho Lumbreras, y con mis amigos músicos, cantantes. Creo que Aguardiente, forever no es el producto de una adhesión a una cultura, o a unos valores y principios. Lo que he escrito quiere ser la evidencia de vivencias, de emociones, sensaciones, experiencias que viví y compartí hasta un tiempo determinado. Después vinieron visitas cada vez más esporádicas, más distantes, al área andina y a las comunidades campesinas para participar en sus ritos religiosos, en sus fiestas patronales.
¿Y cómo fue la fundación de la Cátedra de Literatura Oral en San Marcos?
No fue fácil. Porque estaba contra el canon, pues. Ahora es fácil hablar, después de 25 años. Tú sabes que hace 50 años, en todas las universidades del país se enseñaba literatura peruana, y dentro de ella, un capítulo, pequeñito, mezquino, de literatura quechua. Ahora en San Marcos hay dos cursos de literatura quechua, hay seminario de literatura quechua. Pero te hablo del 81, del 82. Yo pedí y recibí el apoyo, es verdad, de algunos profesores, para crear el curso de literaturas orales. Porque esa oralidad desbordaba temáticamente a la propuesta de un curso de literatura quechua. Apenas vi que había éxito, creamos literatura oral I y II, dedicados a la cultura andina específicamente. Creo que mi pequeña contribución a la vida académica en San Marcos ha sido fomentar, auspiciar e impulsar la creación tanto del estudio, de la recopilación y de la difusión de las literaturas oral y prehispánica en el Perú.
Una de las obras, inicialmente recopilada para extirpar las idolatrías, fue Dioses y hombres de Huarochirí. ¿Cuál sería la importancia de ese texto? Creo que la importancia social de este viejo informe recogido por Francisco de Ávila, y traducido libremente por José María Arguedas, en una edición que felizmente, con el auspicio de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, pude hacer en versión bilingüe, es porque cubre una necesidad: conocer las raíces culturales de nuestros pueblos, para ver con exactitud de dónde venimos; así también los procesos de transculturación, de hibridación, de sincretismos culturales, el peso del aporte de las culturas nativas y de las culturas primigenias de nuestro país. Leer esa literatura creo que nos da luces para poder descubrirnos a nosotros mismos.
¿A qué se refiere con el aguardiente del título de su poemario?
La palabra aguardiente es muy rica. En diversos contextos adquiere resonancias singulares. Pensar en saborear el aguardiente, de lleno te lleva hacia Baco, al mundo de la ilusiones con las bebidas alcohólicas. El aguardiente hasta hace algunos años era la bebida más popular en el mundo andino. El del valle del Mantaro venía desde la ceja de selva, de La Merced, de Satipo. Con esa bebida se abrigaban los campesinos. Soñaban que el mundo podía ser mejor, por decirlo de alguna manera. Era también el acompañante de los ritos sociales, de los ritos religiosos. Una botella de aguardiente la tiene el chamán, el curador o el brujo de la comunidad, con sus cigarrillos nacionales Inca. El aguardiente lo he visto desde muy niño en mi casa. Lo recuerdo ahorita, vívidamente. Yo entiendo que la poesía es como el aguardiente desde esa perspectiva. Calma la sed del sediento, porque es un líquido. Pero es un líquido ardiente: que te entropa, te ilusiona como una utopía, que te anima, que te da fuerzas. Y la poesía cumple esa función social: alentar la vida, alentar la esperanza en un mundo mejor. Por eso escribo poesía.
MÁS DATOS:
Hildebrando Pérez Grande es poeta, editor, periodista y profesor universitario. Ha editado las obras de Javier Heraud, Edgardo Tello y Juan Ojeda, y dirigió algunas revistas literarias. Obtuvo en 1978 el Premio de Poesía “Casa de las Américas”, y es autor de Epístola a Marcos Ana (1963), El sueño inevitable (1963), Aguardiente, Forever (1978) y Sol de Cuba (1979).
Contacte a Pat Salazar Caso en Facebook: http://www.facebook.com/pat.salazarcaso
Perfume de mujer
Ernesto SábatoSobre héroes y tumbas
Se echa sobre la hierba, abriendo todo lo que puede sus brazos y sus piernas. La luna le da de pleno sobre su cuerpo desnudo y siente su piel estremecida por la hierba. Así permanece largo tiempo: está como borracha y no tiene ninguna idea precisa en la mente. Siente arder su cuerpo y pasa sus manos a lo largo de sus flancos, sus muslos, su vientre. Al rozarse apenas con las yemas sus pechos siente que toda su piel se eriza y se estremece como la piel de los gatos.
Centro cultural de Tarma

Premian por concurso de logotipo
La docente Nancy Rojas Güere fue la ganadora del Concurso “Identidad Gráfica del Centro Cultural de Tarma” a fin de elegir el logotipo oficial del Centro Cultural Fortunato Cárdenas. Nancy Rojas es además una reconocida declamadora de Tarma, y autora de poesía y narrativa breve, por lo que es una activa participante de la vida cultural de esta provincia. Su diseño, elegido de entre 92 trabajos, muestra una casa típica de la ciudad adornada con faroles y con un balcón. Recibió además la suma de quinientos dólares americanos como parte del premio.
Función continuada: Contracorriente
El fantasma y su amante
Juan Carlos Suárez Revollar
El realizador peruano Javier Fuentes-León rodó en 1997 el cortometraje “Espacios”, que fue muy bien recibido por la crítica nacional. A partir de entonces trabajó principalmente escribiendo y editando para la televisión, y escribiendo sus
propios proyectos. “Contracorriente” es su primer largo, por el que obtuvo, entre otros premios, el de la “Audiencia Competencia Internacional Dramática” en el festival de Sundance. Gracias a ello ha recibido la atención necesaria para asegurar su estreno en diversas partes del mundo.El filme plantea un tópico, si no nuevo en el cine nacional, sí inusual en su forma de abordarlo. La temática tiene como centro la historia de amor entre Miguel (Cristian Mercado), un joven pescador —cuya esposa Mariela (Tatiana Astengo) espera su primer hijo—, y Santiago (Manolo Cardona), pintor y fotógrafo que es rechazado por la comunidad a causa de su homosexualidad manifiesta.
Ahí aparece una de las principales cuestiones del filme: la intolerancia, debidamente acentuada a través de las acciones de aceptación-rechazo por parte del grupo (el machismo y la hipocresía son lo más resaltante), que servirán como agente antagónico de los protagonistas a lo largo de la historia.
Hay dos partes muy marcadas en “Contracorriente”: la primera comprende los encuentros furtivos entre Miguel y Santiago, y la segunda se viene tras la muerte d
e éste, y su posterior regreso como un ente al que sólo puede ver Miguel (pese a esta situación fantástica, no se pierde credibilidad). Otro aspecto resaltante es el retrato de costumbres del poblado, donde se incluyen con solvencia y pertinencia las tradiciones y creencias (vistas al inicio por Santiago con simpatía, pero también con incredulidad; y más adelante —durante el segundo entierro—, como partícipe directo y, por eso mismo, ya como integrante de la comunidad).El filme, desde el inicio, mantiene un ritmo sostenido y ascendente. La bella fotografía, aunada a una buena historia que tiene el valor agregado de haber sido bien contada, y a la buena interpretación de los actores, hacen de “Contracorriente” un filme de calidad indiscutible, que hay que procurar no dejar de ver.
CONTRACORRIENTE
Director: Javier Fuentes-León
Duración: 102 minutos
Países y año: Perú, Colombia, Francia y Alemania, 2009
Agenda semanal
Lectura teatralizada con niños
Escolares de primaria de los barrios San Cristóbal y San Fernando de Chilca teatralizarán pasajes y personajes de obras literarias.
En coordinación con el Programa Pirwala Pirwa “Niños del Futuro”.
Hoy, sábado 25, a partir de las 9 am.
Lugar: Casa de la Cultura “Héroes de Azapampa” de Chilca.
INGRESO LIBRE
Exposición fotográfica:
"Presencias inadvertidas/Ausencias evidentes
Salas de cine limeñas, 50 años después"
Organiza ICPNA Región Centro
Galería de arte del ICPNA Región Centro Jr Ayacucho 169 Hancayo
Abierta hasta el 14 de octubre.
INGRESO LIBRE
Cine foro
Ciclo: Los Beatles
“Let it be”
Forista: Roberto Loayza
Y un acústico en vivo
Lunes 27, 7pm.
Centro Cultural Continental, Sede Central, calle Real 125, Huancayo.
INGRESO LIBRE
Noches de Arte
"Hernán Chilo y Adolfo Ramos, amor por el arte"
Organiza ICPNA Región Centro
Miércoles 29 y jueves 30
7:00 pm
Auditorio del ICPNA Región Centro Jr Ayacucho 169, Huancayo
INGRESO LIBRE
Cátedra libre
Problemática del patrimonio arquitectónico - Región Junín
Por: Arquitecto Armando Chipana
Jueves 30, 7pm.
Centro Cultural Continental, Sede Central, Real 125, Huancayo.
INGRESO LIBRE
Escolares de primaria de los barrios San Cristóbal y San Fernando de Chilca teatralizarán pasajes y personajes de obras literarias.
En coordinación con el Programa Pirwala Pirwa “Niños del Futuro”.
Hoy, sábado 25, a partir de las 9 am.
Lugar: Casa de la Cultura “Héroes de Azapampa” de Chilca.
INGRESO LIBRE
Exposición fotográfica:
"Presencias inadvertidas/Ausencias evidentes
Salas de cine limeñas, 50 años después"
Organiza ICPNA Región Centro
Galería de arte del ICPNA Región Centro Jr Ayacucho 169 Hancayo
Abierta hasta el 14 de octubre.
INGRESO LIBRE
Cine foro
Ciclo: Los Beatles
“Let it be”
Forista: Roberto Loayza
Y un acústico en vivo
Lunes 27, 7pm.
Centro Cultural Continental, Sede Central, calle Real 125, Huancayo.
INGRESO LIBRE
Noches de Arte
"Hernán Chilo y Adolfo Ramos, amor por el arte"
Organiza ICPNA Región Centro
Miércoles 29 y jueves 30
7:00 pm
Auditorio del ICPNA Región Centro Jr Ayacucho 169, Huancayo
INGRESO LIBRE
Cátedra libre
Problemática del patrimonio arquitectónico - Región Junín
Por: Arquitecto Armando Chipana
Jueves 30, 7pm.
Centro Cultural Continental, Sede Central, Real 125, Huancayo.
INGRESO LIBRE
sábado, 18 de septiembre de 2010
EDICIÓN 331 DEL 18 DE SETIEMBRE
Muestra fotográfica “Presencias inadvertidas – Ausencias evidentes” en el ICPNA Una visión comparativa de las antiguas salas de cine de Lima con las actuales es lo que se podrá apreciar en la muestra fotográfica que se inaugura este viernes 24 y que irá hasta el 15 de octubre en la galería del centro cultural del ICPNA Región Centro. Las fotografías de las antiguas fachadas de distintas salas de cine de la década de 1950 son del fallecido Antar Giacomotti, y las actuales de los fotógrafos Gladys Alvarado, Eduardo Hirose y Ricardo Yui. Esta exposición será además un recorrido por dos épocas del cine y de la ciudad de Lima.
LA CITA:
No soy como Ingmar Bergman. Yo no necesito dormir con mis actrices. Más bien necesito sentir que hay comunicación y respeto mutuo con ellas.
Claude Chabrol, cineasta francés
(24 de junio de 1930 - 12 de setiembre de 2010)
Walter Carreño: La perversidad de la disciplina
Héctor Meza Parra
La obra del pintor Walter Carreño Medrano retrata vivencias históricas o indígenas. Aunque natural de Lima, es tarmeño de corazón, pues ha vivido gran parte de su vida en Tarma y su pintura tiene como tópico principal a esta provincia. A continuación, el escritor Héctor Meza Parra nos habla más de él a través de una emotiva crónica.
Nunca se enfada, nunca se le ve apresurado y nunca se le va a ver tomando sol. Jamás puede estar lejos de lo que más ama: la pintura. Pudiera prescindir fácilmente de la tecnología y los amigos pero nunca de los colores. Todas sus fantasías, todos sus sueños y todos sus proyectos están metidos allí, en su
pincel. Vive entregado a la poesía de las gamas y a los matices de los cerros las veinticuatro horas del día. Casi no pinta rostros sino ciudades de barro y teja. Pinta palomitas como si fueran nubes blancas. Walter me ha confesado que desde la partida de su más grande amor, Cristina Ayllón Galleres, y a quién en verdad le debe todo el éxito de su carrera, no ha encontrado otro cobijo mejor que aislarse en su taller. Allí está su vida y quizás su muerte. No necesita más que una paleta, un pincel, un recuerdo y su imaginación para crear microcosmos inexistentes como un sueño de aquello que nunca podrá alcanzar.
Walter ha transitado mucho por la vida y por el mundo, pero Argentina ha sido el primer país que le dio el espaldarazo a su carrera. Allá también formó a otras jóvenes promesas. Más de una vez le pidieron que se quedara pero él se negó; siempre prefirió la tierra de sus padres. “Es que siento su magia dentro”, me confesó alguna vez. Pero Walter ha sido y sigue siendo el hombre que se ha valido de su talento para conseguir sus grandes viajes. Por ejemplo, ahora tiene una próxima visita a Canadá, donde llevará el límpido cielo serrano envuelto en lienzos para ser mostrado con sencillez y orgullo frente al cosmos del automatismo, esto gracias a la filantropía de un gran hombre, el ingeniero Carlos Contreras.
En realidad, Walter es un apasionado, un artista comprometido con su vocación. A estas alturas y a estas horas, estoy seguro que debe estar pintando, y si no es con el pincel es con la imaginación. Hace p
oco estuvimos tomando una taza de café en su casa y mientras él se demoraba atendiendo la puerta del primer piso, yo aprovechaba para conversar con esos seres extraños que habitan los recovecos de su habitación: sus pinceles, sus fotos, sus diplomas. El más viejo de los pinceles habló: “Señor —me dijo— si usted se fija en las pinturas de Walter va a ver que hay algo de él en cada una de ellas, sobre todo en esos de color ladrillo-greda. Es como si al pintar salpicara y dejara su espíritu sobre esas piedras. Sí, le encanta pintar paisajes más que rostros. ¿Quiere que le confiese algo? Walter es perfecto cuando emplea la técnica del carboncillo”. Al rato, pidió la palabra otro pincel en voz alta, y lo hizo para quejarse de Walter, decía que no le daba vacaciones hacía mucho tiempo, que lo explotaba demasiado, y no contento con dejarlo mocho también le dejó sin dientes. “Es malo, a veces” —me dijo otra voz— y yo, curioso, seguí preguntando: “y ¿por qué es malo Walter?”, “porque a nosotros los niños también nos hace trabajar hasta muy tarde…no nos deja descansar”.
Después se formó un coro de protestas exigiendo que se respeten sus derechos. “Haga algo por nosotros, señor”. Cuando iba a hablar, Walter subía, así que les hice un guiño cómplice y les prometí regresar. Pero sentí que no me creyeron.
Walter ya no tiene tiempo para seguir escarbando en su pasado. Me dice con gran cariño y respeto que lo acompañe a su taller. Efectivamente, al llegar, me explica el por qué de las mantas multicolores, la bicharra y el asustadizo cuy que va cobrando vida en aquel cuadro de la esquina. Luego de imponerse un silencio de claustro, se coloca el mandil esas manos frágiles y se transforma en el artista que es para completar lo último de sus creaciones. Siente que le falta algo, entonces recuerda que debe prender el equipo. Sale la música de Vivaldi y Walter se eleva. Yo lo observo y él empieza a desconectarse de este mundo. Al rato, desciende hacia el pie del boceto inconcluso y se queda pensando dónde debe mejorar. Mientras se pierde en esas punas, yo cojo mi cartapacio, lo limpio y me dirijo a la puerta. Él sabe que lo estimo, por eso salgo casi d
e puntillas, sin despedirme.
Sé que a partir de esa hora empezará la orgía entre los colores y él.
MÁS DATOS:
El pintor Walter Carreño nació en Lima. Hizo sus estudios en la Academia de Lima, y desde 1973 en Buenos Aires con el Maestro Ernesto Murillo y en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes "Ernesto de la Carcova". Ha trabajado en Argentina, Francia, Holanda y Suecia.
Imágenes de arriba abajo: (1) Walter Carreño con su madre. (2) Walter Carreño en una muestra de su obra. (3) Mujer andina. (4) Trabajando el paisaje.
La obra del pintor Walter Carreño Medrano retrata vivencias históricas o indígenas. Aunque natural de Lima, es tarmeño de corazón, pues ha vivido gran parte de su vida en Tarma y su pintura tiene como tópico principal a esta provincia. A continuación, el escritor Héctor Meza Parra nos habla más de él a través de una emotiva crónica.
Nunca se enfada, nunca se le ve apresurado y nunca se le va a ver tomando sol. Jamás puede estar lejos de lo que más ama: la pintura. Pudiera prescindir fácilmente de la tecnología y los amigos pero nunca de los colores. Todas sus fantasías, todos sus sueños y todos sus proyectos están metidos allí, en su
pincel. Vive entregado a la poesía de las gamas y a los matices de los cerros las veinticuatro horas del día. Casi no pinta rostros sino ciudades de barro y teja. Pinta palomitas como si fueran nubes blancas. Walter me ha confesado que desde la partida de su más grande amor, Cristina Ayllón Galleres, y a quién en verdad le debe todo el éxito de su carrera, no ha encontrado otro cobijo mejor que aislarse en su taller. Allí está su vida y quizás su muerte. No necesita más que una paleta, un pincel, un recuerdo y su imaginación para crear microcosmos inexistentes como un sueño de aquello que nunca podrá alcanzar.Walter ha transitado mucho por la vida y por el mundo, pero Argentina ha sido el primer país que le dio el espaldarazo a su carrera. Allá también formó a otras jóvenes promesas. Más de una vez le pidieron que se quedara pero él se negó; siempre prefirió la tierra de sus padres. “Es que siento su magia dentro”, me confesó alguna vez. Pero Walter ha sido y sigue siendo el hombre que se ha valido de su talento para conseguir sus grandes viajes. Por ejemplo, ahora tiene una próxima visita a Canadá, donde llevará el límpido cielo serrano envuelto en lienzos para ser mostrado con sencillez y orgullo frente al cosmos del automatismo, esto gracias a la filantropía de un gran hombre, el ingeniero Carlos Contreras.
En realidad, Walter es un apasionado, un artista comprometido con su vocación. A estas alturas y a estas horas, estoy seguro que debe estar pintando, y si no es con el pincel es con la imaginación. Hace p
oco estuvimos tomando una taza de café en su casa y mientras él se demoraba atendiendo la puerta del primer piso, yo aprovechaba para conversar con esos seres extraños que habitan los recovecos de su habitación: sus pinceles, sus fotos, sus diplomas. El más viejo de los pinceles habló: “Señor —me dijo— si usted se fija en las pinturas de Walter va a ver que hay algo de él en cada una de ellas, sobre todo en esos de color ladrillo-greda. Es como si al pintar salpicara y dejara su espíritu sobre esas piedras. Sí, le encanta pintar paisajes más que rostros. ¿Quiere que le confiese algo? Walter es perfecto cuando emplea la técnica del carboncillo”. Al rato, pidió la palabra otro pincel en voz alta, y lo hizo para quejarse de Walter, decía que no le daba vacaciones hacía mucho tiempo, que lo explotaba demasiado, y no contento con dejarlo mocho también le dejó sin dientes. “Es malo, a veces” —me dijo otra voz— y yo, curioso, seguí preguntando: “y ¿por qué es malo Walter?”, “porque a nosotros los niños también nos hace trabajar hasta muy tarde…no nos deja descansar”.
Después se formó un coro de protestas exigiendo que se respeten sus derechos. “Haga algo por nosotros, señor”. Cuando iba a hablar, Walter subía, así que les hice un guiño cómplice y les prometí regresar. Pero sentí que no me creyeron.Walter ya no tiene tiempo para seguir escarbando en su pasado. Me dice con gran cariño y respeto que lo acompañe a su taller. Efectivamente, al llegar, me explica el por qué de las mantas multicolores, la bicharra y el asustadizo cuy que va cobrando vida en aquel cuadro de la esquina. Luego de imponerse un silencio de claustro, se coloca el mandil esas manos frágiles y se transforma en el artista que es para completar lo último de sus creaciones. Siente que le falta algo, entonces recuerda que debe prender el equipo. Sale la música de Vivaldi y Walter se eleva. Yo lo observo y él empieza a desconectarse de este mundo. Al rato, desciende hacia el pie del boceto inconcluso y se queda pensando dónde debe mejorar. Mientras se pierde en esas punas, yo cojo mi cartapacio, lo limpio y me dirijo a la puerta. Él sabe que lo estimo, por eso salgo casi d
e puntillas, sin despedirme.Sé que a partir de esa hora empezará la orgía entre los colores y él.
MÁS DATOS:
El pintor Walter Carreño nació en Lima. Hizo sus estudios en la Academia de Lima, y desde 1973 en Buenos Aires con el Maestro Ernesto Murillo y en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes "Ernesto de la Carcova". Ha trabajado en Argentina, Francia, Holanda y Suecia.
Imágenes de arriba abajo: (1) Walter Carreño con su madre. (2) Walter Carreño en una muestra de su obra. (3) Mujer andina. (4) Trabajando el paisaje.
Entrevista a Hernán Romero
“El actor es un estudioso del alma humana”
Juan Carlos Suárez Revollar
Hernán Romero (Callao, 1942) llegó a Huancayo para dictar un taller de teatro y para interpretar un monólogo sobre el Evangelio según San Marcos, un espectáculo que ha sido visto por más de 25 mil personas por todo el mundo. Se trata de uno de los principales actores —y una de las voces más autorizadas— del país, no sólo del teatro, sino del cine y la televisión. Concedió a Solo 4 una entrevista que reproducimos a continuación.
¿Qué nos puede decir del teatro peruano?
El teatro peruano tiene un gran futuro. Hay una gran cantidad de elementos jóvenes, tanto en la actuación, como en la dirección y en la dramaturgia. A diferencia de cuando yo empecé, hace cincuenta años, y ensayábamos tres meses para hacer tres funciones; ahora se ensaya tres meses para hacer temporadas de seis meses. Vamos avanzando.
¿Es eso influencia de la forma de trabajo de las grandes compañías teatrales europeas o estadounidenses?
No, yo más bien creo que es la inquietud de los muchachos, que han visto esa labor quijotesca de quienes veníamos desde antes. De alguna manera hemos sembrado y ellos están cosechando.
Últimamente se ve con más frecuencia un teatro más intelectual en el Perú.
La finalidad del teatro es educar. Existe un teatro digestivo, de la risa, que también es válido porque así como el ser humano necesita dormir, necesita también reír y pasar un buen rato. Ese tipo de teatro que no deja ningún mensaje, sino que lleva momentos de hilaridad y de diversión es también necesario. Pero otro tipo de teatro más comprometido es el que deja en el espectador una inquietud, y le hace salir del teatro cuestionando algo de la conducta humana, pensando en los motivos que inducen al ser humano a adoptar tales o cuales actitudes y determinaciones. Esa es la finalidad del teatro, despertar en el ser humano la necesidad de confrontar y cuestionar en sí mismo sus conductas.
Pero ese tipo de teatro es más difícil de poner en escena y de llegar al espectador.
Yo no hago ninguna diferencia entre el teatro comercial y no comercial. Todo es comercial. Yo acabo de hacer muchas temporadas, Las manos sucias, de Jean Paul Sartre, Cristales rotos o Las brujas de Salem, de Arthur Miller, que es teatro artístico, y con la sala llena los cinco meses. Eso de lo comercial y no comercial debemos empezar a dejarlo de lado. Ahora que si hacemos una obra con el propósito de llenarnos de dinero, eso ya no es válido. Yo hago una obra con el propósito de divertir a la gente o de transmitir un mensaje. Esos son
los objetivos, el resto viene por añadidura, como resultado del respeto por el trabajo y por el público.
Recuerdo de mi niñez una telenovela que veía con mi madre, El hombre que debe morir, en que usted interpretaba al malo de la historia.
Esa telenovela la dirigí yo. Era un psicópata, un hombre enfermo que había visto a su madre teniendo relaciones con un esclavo en un plantío de algodón, y estaba traumatizado por eso. Y era un lindo personaje. Los personajes con conflictos, retorcidos, le plantean al actor posibilidades de mostrar versatilidad, temperamento, posibilidad de cambio. Fue un trabajo muy grato para mí. Además, cuando murió ese personaje, Otto Müller, a pesar de que era el malo, la gente lloró. Y si tú no me crees, hace poco en Cusco me reconocieron por Otto Müller, lo mismo en Juliaca.
¿Alguna otra participación actoral, a su juicio, memorable?
¿Memorable? Demasiado pretencioso, yo no me puedo juzgar (risas). No voy a opinar acerca de mi trabajo. Personajes que me hayan gustado muchísimo, en el teatro, por ejemplo, don Juan Tenorio, el que hice en Los cristales rotos, en La celebración o en Las brujas de Salem. Son personajes llenos de vida interior, llenos de carga, que permiten al actor una investigación. El actor es un estudioso del alma humana.
¿Y qué nos puede decir del cine?
Yo he estudiado cinematografía con Armando Robles Godoy, quien ha fallecido recién. Era mi maestro, que en paz descanse. He dirigido cortometrajes, publicidad, televisión. El cine es un lenguaje distinto al del teatro. En el teatro tenemos un gran plano general, dentro del cual los actores se mueven. El cine tiene la particularidad de que la cámara se acerca, se aleja, se mueve, y tiene su propio lenguaje. La cámara apoya el momento dramático con el movimiento. Un ejemplo de cómo su movimiento puede crear terror es El resplandor, de Stanley Kubrick. Comienza con un travelling por un pasillo vacío, donde un chiquito va entrando desde un primer plano hacia el fondo en un triciclo que suena ¡chic!, ¡chic!, y eso le pone a uno los pelos de punta. El cine presenta al actor posibilidades expresivas insospechadas, porque con una mirada en un plano cerrado uno puede expresar lo que está sintiendo. En el teatro a la cuarta o quinta fila la expresión del rostro se pierde, entonces hay que expresar más con el cuerpo. En el cine se puede susurrar, en el teatro hay que hablar fuerte, porque son 500 o 600 personas que tienen que escuchar lo que se dice.
El cine, a diferencia del teatro es, digamos, imperecedero, porque deja un registro.
El teatro es similar a la vida; ambos empiezan y terminan, no dejan un registro, salvo algunas fotos amarillentas de los abuelos por ahí. En el cine sí hay los registros, pero cuando vemos los de las películas de los años cincuenta nos da risa. Por ejemplo, cuando yo estudiaba Historia del cine, veía Frankenstein, Nosferatu o los primeros Drácula; eran películas que hacían gritar a la gente. Ahora las vemos con otros ojos, y sonreímos. Respetamos el talento de sus directores, pero las épocas son otras. En el teatro, cuando se graba, no queda bien, no es grato de ver, pierde encanto, pierde magia. Si se quiere grabar, pues en estudio, y hacemos un montaje cinematográfico o televisivo.
Juan Carlos Suárez Revollar
Hernán Romero (Callao, 1942) llegó a Huancayo para dictar un taller de teatro y para interpretar un monólogo sobre el Evangelio según San Marcos, un espectáculo que ha sido visto por más de 25 mil personas por todo el mundo. Se trata de uno de los principales actores —y una de las voces más autorizadas— del país, no sólo del teatro, sino del cine y la televisión. Concedió a Solo 4 una entrevista que reproducimos a continuación.
¿Qué nos puede decir del teatro peruano?El teatro peruano tiene un gran futuro. Hay una gran cantidad de elementos jóvenes, tanto en la actuación, como en la dirección y en la dramaturgia. A diferencia de cuando yo empecé, hace cincuenta años, y ensayábamos tres meses para hacer tres funciones; ahora se ensaya tres meses para hacer temporadas de seis meses. Vamos avanzando.
¿Es eso influencia de la forma de trabajo de las grandes compañías teatrales europeas o estadounidenses?
No, yo más bien creo que es la inquietud de los muchachos, que han visto esa labor quijotesca de quienes veníamos desde antes. De alguna manera hemos sembrado y ellos están cosechando.
Últimamente se ve con más frecuencia un teatro más intelectual en el Perú.
La finalidad del teatro es educar. Existe un teatro digestivo, de la risa, que también es válido porque así como el ser humano necesita dormir, necesita también reír y pasar un buen rato. Ese tipo de teatro que no deja ningún mensaje, sino que lleva momentos de hilaridad y de diversión es también necesario. Pero otro tipo de teatro más comprometido es el que deja en el espectador una inquietud, y le hace salir del teatro cuestionando algo de la conducta humana, pensando en los motivos que inducen al ser humano a adoptar tales o cuales actitudes y determinaciones. Esa es la finalidad del teatro, despertar en el ser humano la necesidad de confrontar y cuestionar en sí mismo sus conductas.
Pero ese tipo de teatro es más difícil de poner en escena y de llegar al espectador.
Yo no hago ninguna diferencia entre el teatro comercial y no comercial. Todo es comercial. Yo acabo de hacer muchas temporadas, Las manos sucias, de Jean Paul Sartre, Cristales rotos o Las brujas de Salem, de Arthur Miller, que es teatro artístico, y con la sala llena los cinco meses. Eso de lo comercial y no comercial debemos empezar a dejarlo de lado. Ahora que si hacemos una obra con el propósito de llenarnos de dinero, eso ya no es válido. Yo hago una obra con el propósito de divertir a la gente o de transmitir un mensaje. Esos son
los objetivos, el resto viene por añadidura, como resultado del respeto por el trabajo y por el público.Recuerdo de mi niñez una telenovela que veía con mi madre, El hombre que debe morir, en que usted interpretaba al malo de la historia.
Esa telenovela la dirigí yo. Era un psicópata, un hombre enfermo que había visto a su madre teniendo relaciones con un esclavo en un plantío de algodón, y estaba traumatizado por eso. Y era un lindo personaje. Los personajes con conflictos, retorcidos, le plantean al actor posibilidades de mostrar versatilidad, temperamento, posibilidad de cambio. Fue un trabajo muy grato para mí. Además, cuando murió ese personaje, Otto Müller, a pesar de que era el malo, la gente lloró. Y si tú no me crees, hace poco en Cusco me reconocieron por Otto Müller, lo mismo en Juliaca.
¿Alguna otra participación actoral, a su juicio, memorable?
¿Memorable? Demasiado pretencioso, yo no me puedo juzgar (risas). No voy a opinar acerca de mi trabajo. Personajes que me hayan gustado muchísimo, en el teatro, por ejemplo, don Juan Tenorio, el que hice en Los cristales rotos, en La celebración o en Las brujas de Salem. Son personajes llenos de vida interior, llenos de carga, que permiten al actor una investigación. El actor es un estudioso del alma humana.
¿Y qué nos puede decir del cine?
Yo he estudiado cinematografía con Armando Robles Godoy, quien ha fallecido recién. Era mi maestro, que en paz descanse. He dirigido cortometrajes, publicidad, televisión. El cine es un lenguaje distinto al del teatro. En el teatro tenemos un gran plano general, dentro del cual los actores se mueven. El cine tiene la particularidad de que la cámara se acerca, se aleja, se mueve, y tiene su propio lenguaje. La cámara apoya el momento dramático con el movimiento. Un ejemplo de cómo su movimiento puede crear terror es El resplandor, de Stanley Kubrick. Comienza con un travelling por un pasillo vacío, donde un chiquito va entrando desde un primer plano hacia el fondo en un triciclo que suena ¡chic!, ¡chic!, y eso le pone a uno los pelos de punta. El cine presenta al actor posibilidades expresivas insospechadas, porque con una mirada en un plano cerrado uno puede expresar lo que está sintiendo. En el teatro a la cuarta o quinta fila la expresión del rostro se pierde, entonces hay que expresar más con el cuerpo. En el cine se puede susurrar, en el teatro hay que hablar fuerte, porque son 500 o 600 personas que tienen que escuchar lo que se dice.
El cine, a diferencia del teatro es, digamos, imperecedero, porque deja un registro.
El teatro es similar a la vida; ambos empiezan y terminan, no dejan un registro, salvo algunas fotos amarillentas de los abuelos por ahí. En el cine sí hay los registros, pero cuando vemos los de las películas de los años cincuenta nos da risa. Por ejemplo, cuando yo estudiaba Historia del cine, veía Frankenstein, Nosferatu o los primeros Drácula; eran películas que hacían gritar a la gente. Ahora las vemos con otros ojos, y sonreímos. Respetamos el talento de sus directores, pero las épocas son otras. En el teatro, cuando se graba, no queda bien, no es grato de ver, pierde encanto, pierde magia. Si se quiere grabar, pues en estudio, y hacemos un montaje cinematográfico o televisivo.
Perfume de mujer

Oscar Wilde, Salomé
HERODES: ¿No tiene un aspecto extraño? Es como una mujer loca, una mujer loca que está buscando amantes por todas partes. Está desnuda, además. Absolutamente desnuda. Las nubes están tratando de cubrir su desnudez, pero ella no lo permite. Se muestra desnuda en el cielo. Vacila a través de las nubes como una mujer ebria... Estoy seguro de que está buscando amantes. ¿No vacila como una mujer ebria? Es como una mujer loca, ¿verdad?
Función continuada: En cartelera

Tras largas semanas, dos buenas películas se pueden ver ahora en la cartelera comercial de Huancayo: la española “Apariciones del más allá” y, particularmente, la peruana “Contracorriente” (Javier Fuentes León, 2010), que ha recibido muy buenas críticas dentro y fuera del país, y que por fin llega a nuestra ciudad. ” Por cierto, representará al Perú en la competición inicial para la selección por el Premio Oscar 2011, y ya está siendo exhibida en España. En Estados Unidos, por su parte, se estrenará bajo el título de “Undertow”. Cabe señalar que obtuvo varios premios en diversos festivales internacionales, como en el de Sundance, dedicado al cine independiente.
Cítrica crítica: Trabajar soñando
Javier Arévalo
Tengo una amiga, Sheila Alvarado, dibujante, grabadora, artista plástica, que trabaja más de catorce horas al día, como yo. Eventualmente, cuando nos vemos en la noche, nos preguntamos: “¿por qué estoy tan cansado?”.
La respuesta más truculenta —para nosotros— es que quizá ya no tenemos 20, ni ella ni yo. Pero la respuesta más lógica es que trabajar catorce horas al día no es humano ni saludable. ¿Por qué lo hacemos entonces? Somos artistas, ella pintora y yo escritor. Hace muchos años nos negamos a pertenecer a las tribus de seres humanos que día a día acuden a una oficina, hacen un trabajo con el que pagan sus cuentas, y regresan a sus casas a ver televisión.
Ella dibuja, ilustra, escribe libros, algunos para niños, algunos para nadie. Yo escribo mis propios proyectos, una historieta, una novela, pero también artículos para diarios, y dirijo a dibujantes que ilustran libros para niños y adolescentes, todo desde mi casa, sin moverme, usando el teléfono para entrevistar, la Internet para investigar, el celular para cerrar citas.
Son trabajos agotadores, pero los hacemos porque nos da la gana. Es curioso que ella y yo compartamos un gran desprecio por las escuelas donde nos “educaron”. Su dislexia, incomprendida entonces, la sometió a torturas psicológicas terribles: tenía dificultades para entender lo que leía porque veía las palabras al revés. Eventualmente, era castigada a portar un letrero en los brazos y pasear por el patio. El letrero decía “debo estudiar más, soy burra”.
Hace poco le dije que odiar la escuela es un rasgo más común de lo que parece entre gente que ha logrado cosas interesantes: Einstein sostenía que su aprendizaje estaba limitado por su educación y se aburría enormemente con sus maestros; García Márquez dijo que su educación terminó cuando lo metieron al colegio, Lennon era sometido a palizas por sus estrictos profesores ingleses que nunca se dieron cuenta de que era un genio, y veían en él solo a un líder de pandilla, belicoso y malhablado. Newton le tenía terror a un muchacho que lo hostigaba, eso decidió que se escondiera en la biblioteca. Si no fuera por ese matoncillo, quizá no tendríamos ley de la gravedad.
Todos ellos no entendían el trabajo como una maldición. Podían pasarse horas de horas en sus propios proyectos, uno escribiendo música, el otro inventando historias, o escuchándolas, o leyéndolas; los otros, fantaseando con teorías físicas y mecánicas. Dormir era más bien, muchas veces, un trámite odioso que paralizaba sus investigaciones y creaciones.
Decía el cantante Facundo Cabral: “quien trabaja en lo que no ama, aunque trabaje todo el día, es un desocupado.” Que el trabajo sea motivado por un sueño que ha de alcanzarse convierte al trabajo real en una proyección de ese sueño, de modo que, a veces, ir a dormir parece ser el verdadero momento de retornar a la realidad.
Tengo una amiga, Sheila Alvarado, dibujante, grabadora, artista plástica, que trabaja más de catorce horas al día, como yo. Eventualmente, cuando nos vemos en la noche, nos preguntamos: “¿por qué estoy tan cansado?”.
La respuesta más truculenta —para nosotros— es que quizá ya no tenemos 20, ni ella ni yo. Pero la respuesta más lógica es que trabajar catorce horas al día no es humano ni saludable. ¿Por qué lo hacemos entonces? Somos artistas, ella pintora y yo escritor. Hace muchos años nos negamos a pertenecer a las tribus de seres humanos que día a día acuden a una oficina, hacen un trabajo con el que pagan sus cuentas, y regresan a sus casas a ver televisión.
Ella dibuja, ilustra, escribe libros, algunos para niños, algunos para nadie. Yo escribo mis propios proyectos, una historieta, una novela, pero también artículos para diarios, y dirijo a dibujantes que ilustran libros para niños y adolescentes, todo desde mi casa, sin moverme, usando el teléfono para entrevistar, la Internet para investigar, el celular para cerrar citas.
Son trabajos agotadores, pero los hacemos porque nos da la gana. Es curioso que ella y yo compartamos un gran desprecio por las escuelas donde nos “educaron”. Su dislexia, incomprendida entonces, la sometió a torturas psicológicas terribles: tenía dificultades para entender lo que leía porque veía las palabras al revés. Eventualmente, era castigada a portar un letrero en los brazos y pasear por el patio. El letrero decía “debo estudiar más, soy burra”.
Hace poco le dije que odiar la escuela es un rasgo más común de lo que parece entre gente que ha logrado cosas interesantes: Einstein sostenía que su aprendizaje estaba limitado por su educación y se aburría enormemente con sus maestros; García Márquez dijo que su educación terminó cuando lo metieron al colegio, Lennon era sometido a palizas por sus estrictos profesores ingleses que nunca se dieron cuenta de que era un genio, y veían en él solo a un líder de pandilla, belicoso y malhablado. Newton le tenía terror a un muchacho que lo hostigaba, eso decidió que se escondiera en la biblioteca. Si no fuera por ese matoncillo, quizá no tendríamos ley de la gravedad.
Todos ellos no entendían el trabajo como una maldición. Podían pasarse horas de horas en sus propios proyectos, uno escribiendo música, el otro inventando historias, o escuchándolas, o leyéndolas; los otros, fantaseando con teorías físicas y mecánicas. Dormir era más bien, muchas veces, un trámite odioso que paralizaba sus investigaciones y creaciones.
Decía el cantante Facundo Cabral: “quien trabaja en lo que no ama, aunque trabaje todo el día, es un desocupado.” Que el trabajo sea motivado por un sueño que ha de alcanzarse convierte al trabajo real en una proyección de ese sueño, de modo que, a veces, ir a dormir parece ser el verdadero momento de retornar a la realidad.
Niños autores
La nueva sangre de la literatura
Huancayo es una ciudad de escritores precoces. En los años ochenta tuvimos un buen poeta niño: Angelino Sinchitullo; en los noventa una prometedora novelista niña: Antonia Sinchitullo; y en la primera década del nuevo milenio una muy buena cue
ntista niña: Isabel Gutarra.
Ahora ha surgido Ronald Santana Sovero, un inquieto niño de doce años que ha publicado su primera novela: “Cuando dos mundos hablan”. Se trata de un relato sencillo, lleno de la imaginación propia de un muchacho de su edad, donde se dan la mano la fantasía (magia negra, hechicería, muertos vivientes), tecnología (páginas web, juegos de video, rastreo satelital) y violencia propia de nuestra época. La imaginación fluye. Pero lo interesante del texto es que, además de estos elementos propios de una entelequia infantil sana, también hay componentes sociales y humanos, como la voz interna que protesta por la violencia desmedida de la nueva humanidad. El eterno enfrentamiento entre Ticos y Contíos es, a la sazón, la justificación que, literariamente, representa la postura que Ronald tiene contra esa violencia.
Un mayor aprendizaje de las técnicas y un mejor cuidado de la edición (responsabilidad entera del editor) son las recomendaciones para este jovencísimo autor, quien debe seguir bregando puesto que nos ha demostrado que no le falta talento.
Huancayo es una ciudad de escritores precoces. En los años ochenta tuvimos un buen poeta niño: Angelino Sinchitullo; en los noventa una prometedora novelista niña: Antonia Sinchitullo; y en la primera década del nuevo milenio una muy buena cue
ntista niña: Isabel Gutarra.Ahora ha surgido Ronald Santana Sovero, un inquieto niño de doce años que ha publicado su primera novela: “Cuando dos mundos hablan”. Se trata de un relato sencillo, lleno de la imaginación propia de un muchacho de su edad, donde se dan la mano la fantasía (magia negra, hechicería, muertos vivientes), tecnología (páginas web, juegos de video, rastreo satelital) y violencia propia de nuestra época. La imaginación fluye. Pero lo interesante del texto es que, además de estos elementos propios de una entelequia infantil sana, también hay componentes sociales y humanos, como la voz interna que protesta por la violencia desmedida de la nueva humanidad. El eterno enfrentamiento entre Ticos y Contíos es, a la sazón, la justificación que, literariamente, representa la postura que Ronald tiene contra esa violencia.
Un mayor aprendizaje de las técnicas y un mejor cuidado de la edición (responsabilidad entera del editor) son las recomendaciones para este jovencísimo autor, quien debe seguir bregando puesto que nos ha demostrado que no le falta talento.
¿Cómo es percibido el espacio público en Huancayo?
Máximo Orellana Tapia
Hace algunos meses, como parte de un trabajo académico sobre los espacios públicos en la ciudad, entrevisté a distintas personas para conocer sus puntos de vista y así confrontarlos con la realidad. Es así que a la pregunta de “¿Cómo define Ud. el espacio público de la ciudad de Huancayo?”, los resultados fueron que un escaso porcentaje (en promedio 8.3 %) utilizaron términos generales favorables como “pintoresco” o “lugar de descanso y tertulia”, mientras un gran porcentaje tenía la percepción de que son lugares reducidos con escasas áreas verdes, faltos de limpieza y abandonados entre otros indicadores.
También pudimos conocer la disconformidad con los espacios públicos, donde destaca la percepción de que éstos no son planificados y que son lugares mayormente de tránsito que “no invitan a estar en ellos”, cuyo diseño es “defectuoso y con mal gusto”, con una tendencia “kitsch” lejana a una ansiada modernidad. Por otro lado, ha sido aludida la excesiva “hibridez” con que son resueltos “muchos estilos nativos y extranjerizantes”. Asimismo, llamó nuestra atención la percepción de una entrevistada holandesa de que los espacios públicos de Huancayo “son sucios, la arquitectura es fea… pero algunas plazas son bonitas porque tienen flores y estatuas históricas”.
Otros entrevistados señalaron que los espacios públicos son “consecuencia del crecimiento desordenado, la tradición comercial de la ciudad que convierte el espacio de las calles en comercio”, por lo que en líneas generales “casi no tenemos espacio público”, inclusive teniendo en cuenta que la proporcionalidad cuantitativa respecto al número de habitantes es de sólo 2.13 metros cuadrados por persona.
Son considerables también las opiniones de que los espacios públicos se encuentran congestionados por los vehículos: “abrumados por la máquina y no para el hombre”, además de ser insuficientes y saturados, pues constantemente absorben múltiples actividades como desfiles, pasacalles, comparsas, marchas de diversa índole, etc. que los hacen excesivamente ruidosos con ausencia de espacios para exposiciones o teatro al aire libre.
Por ello, la percepción ciudadana, en su crudeza y situación real, es que la problemática de los espacios públicos aún no ha sido abordada con amplitud y profundidad. Por lo tanto, hace falta trabajar mayores y mejores propuestas que eleven la calidad de vida urbana en Huancayo, ya que constituyen uno de los pilares importantes en el logro de mejores ciudades.
Hace algunos meses, como parte de un trabajo académico sobre los espacios públicos en la ciudad, entrevisté a distintas personas para conocer sus puntos de vista y así confrontarlos con la realidad. Es así que a la pregunta de “¿Cómo define Ud. el espacio público de la ciudad de Huancayo?”, los resultados fueron que un escaso porcentaje (en promedio 8.3 %) utilizaron términos generales favorables como “pintoresco” o “lugar de descanso y tertulia”, mientras un gran porcentaje tenía la percepción de que son lugares reducidos con escasas áreas verdes, faltos de limpieza y abandonados entre otros indicadores.
También pudimos conocer la disconformidad con los espacios públicos, donde destaca la percepción de que éstos no son planificados y que son lugares mayormente de tránsito que “no invitan a estar en ellos”, cuyo diseño es “defectuoso y con mal gusto”, con una tendencia “kitsch” lejana a una ansiada modernidad. Por otro lado, ha sido aludida la excesiva “hibridez” con que son resueltos “muchos estilos nativos y extranjerizantes”. Asimismo, llamó nuestra atención la percepción de una entrevistada holandesa de que los espacios públicos de Huancayo “son sucios, la arquitectura es fea… pero algunas plazas son bonitas porque tienen flores y estatuas históricas”.
Otros entrevistados señalaron que los espacios públicos son “consecuencia del crecimiento desordenado, la tradición comercial de la ciudad que convierte el espacio de las calles en comercio”, por lo que en líneas generales “casi no tenemos espacio público”, inclusive teniendo en cuenta que la proporcionalidad cuantitativa respecto al número de habitantes es de sólo 2.13 metros cuadrados por persona.
Son considerables también las opiniones de que los espacios públicos se encuentran congestionados por los vehículos: “abrumados por la máquina y no para el hombre”, además de ser insuficientes y saturados, pues constantemente absorben múltiples actividades como desfiles, pasacalles, comparsas, marchas de diversa índole, etc. que los hacen excesivamente ruidosos con ausencia de espacios para exposiciones o teatro al aire libre.
Por ello, la percepción ciudadana, en su crudeza y situación real, es que la problemática de los espacios públicos aún no ha sido abordada con amplitud y profundidad. Por lo tanto, hace falta trabajar mayores y mejores propuestas que eleven la calidad de vida urbana en Huancayo, ya que constituyen uno de los pilares importantes en el logro de mejores ciudades.
El Perú de Alfonsina Barrionuevo
Es investigadora de la cultura nacional
José del Carmen Oregón Tapia
Alfonsina Barrionuevo es autora de un conjunto de libros, dentro de una serie denominada “Nuevos cuentos peruanos”, donde recoge mitos y leyendas de varias regiones del Perú, entre ellas J
unín. Estos relatos presentan enseñanzas morales y literatura regional del Perú dirigida especialmente a los niños.
Escritora nacida en el Cusco, su producción literaria es grande, así como sus reconocimientos nacionales e internacionales. Su obra comprende veinticuatro libros, desde los relacionados con el folclore del sur del Perú —en especial de las regiones del Cusco y de Puno—, hasta los libros de literatura infantil. Esta autora peruana demuestra de manera contundente una labor de investigación profundamente relacionada con la cultura nacional y un trabajo que refleja talento literario y el cultivo de géneros como la novela, el cuento, el artículo, entre otros.
Alfonsina Barrionuevo manifiesta que su relación con el valle del Mantaro (que conoce en su totalidad) nace de sus viajes de investigación por todo el territorio nacional y de su especial interés y compromiso por la problemática nacional. En sus propias palabras, ha dedicado toda su vida al Perú.
MÁS DATOS:
Por su obra y su trayectoria, Alfonsina Barrionuevo ha sido distinguida con el Premio Nacional de Periodismo, Palmas Culturales en grado de Maestro, Medalla Ciudad del Cusco, Premio Cámara de Turismo, Medalla de Honor del Consejo Nacional de Mujeres y el John Reitemeyer de la SIP por su defensa de la vida silvestre, con esto demuestra sensibilidad por diversos temas y por la problemática coyuntural de nuestro medio.
José del Carmen Oregón Tapia
Alfonsina Barrionuevo es autora de un conjunto de libros, dentro de una serie denominada “Nuevos cuentos peruanos”, donde recoge mitos y leyendas de varias regiones del Perú, entre ellas J
unín. Estos relatos presentan enseñanzas morales y literatura regional del Perú dirigida especialmente a los niños.Escritora nacida en el Cusco, su producción literaria es grande, así como sus reconocimientos nacionales e internacionales. Su obra comprende veinticuatro libros, desde los relacionados con el folclore del sur del Perú —en especial de las regiones del Cusco y de Puno—, hasta los libros de literatura infantil. Esta autora peruana demuestra de manera contundente una labor de investigación profundamente relacionada con la cultura nacional y un trabajo que refleja talento literario y el cultivo de géneros como la novela, el cuento, el artículo, entre otros.
Alfonsina Barrionuevo manifiesta que su relación con el valle del Mantaro (que conoce en su totalidad) nace de sus viajes de investigación por todo el territorio nacional y de su especial interés y compromiso por la problemática nacional. En sus propias palabras, ha dedicado toda su vida al Perú.
MÁS DATOS:
Por su obra y su trayectoria, Alfonsina Barrionuevo ha sido distinguida con el Premio Nacional de Periodismo, Palmas Culturales en grado de Maestro, Medalla Ciudad del Cusco, Premio Cámara de Turismo, Medalla de Honor del Consejo Nacional de Mujeres y el John Reitemeyer de la SIP por su defensa de la vida silvestre, con esto demuestra sensibilidad por diversos temas y por la problemática coyuntural de nuestro medio.
Breviario
En la Casa de la Cultura:
Exposición pictórica en Chilca
Con motivo del aniversario de la Asociación de Artistas Plásticos del Centro, esta entidad y la C
asa de la Cultura “Héroes de Azapampa” de la Municipalidad Distrital de Chilca, presentarán la exposición pictórica colectiva “Arte y cultura profunda”. Se expondrán veintiséis cuadros pertenecientes a los pintores más reconocidos de la región. La muestra va desde el 20 hasta el 22 de setiembre entre las 9 de la mañana y las 6 de la tarde en el auditorio de la Casa de la Cultura de Chilca (Calle Real 100, pasando la Av. Ferrocarril). La inauguración protocolar de esta muestra será el lunes 20 a las 6.30 p.m.
Exposición pictórica en Chilca
Con motivo del aniversario de la Asociación de Artistas Plásticos del Centro, esta entidad y la C
asa de la Cultura “Héroes de Azapampa” de la Municipalidad Distrital de Chilca, presentarán la exposición pictórica colectiva “Arte y cultura profunda”. Se expondrán veintiséis cuadros pertenecientes a los pintores más reconocidos de la región. La muestra va desde el 20 hasta el 22 de setiembre entre las 9 de la mañana y las 6 de la tarde en el auditorio de la Casa de la Cultura de Chilca (Calle Real 100, pasando la Av. Ferrocarril). La inauguración protocolar de esta muestra será el lunes 20 a las 6.30 p.m.
Agenda semanal
Exposición pictórica
Veintiséis cuadros de los pintores de la Asociación de Artistas Plásticos del Centro.
Lunes 20 al miércoles 22, de 9 am. a 6 pm.
Auditorio Casa de la Cultura “Héroes de Azapampa” de Chilca
Real 100, Chilca
Cine foro
Yellow Submarine
Ciclo: Los Beatles
Forista: Roberto Loayza
Lunes 20, 7pm.
Centro Cultural Continental, Sede Central. Real 125, Huancayo.
INGRESO LIBRE
Taller de apreciación cinematográfica
Martes 21, Juan Carlos Suárez Revollar
Miércoles 22, Jorge Jaime Valdez
Jueves 23, Luis Puente de la Vega
Hora: 7:00 pm.
Auditorio del ICPNA Región Centro
INGRESO LIBRE
Portafolio
Claroscuros
Rubén Alana
Miércoles 22, 7pm.
Centro Cultural Continental, Sede Central. Real 125, Huancayo.
INGRESO LIBRE
Conferencia
Conservación del Patrimonio Industrial
Dr. Luis Repetto Málaga, presidente del Comité Peruano de Conservación del Patrimonio Industrial.
ICPNA Región Centro, COPECOPI y Centro de la Imagen de Lima
Jr. Ayacucho 169, Huancayo
Viernes 24, 7:30 pm.
INGRESO LIBRE
Exposición fotográfica
“Presencias inadvertidas / ausencias evidentes (Salas de cine limeñas, 50 años después)”
Galería de arte del ICPNA Región Centro
Viernes 24, 7:30 pm.
Jr. Ayacucho 169, Huancayo
INGRESO LIBRE
Veintiséis cuadros de los pintores de la Asociación de Artistas Plásticos del Centro.
Lunes 20 al miércoles 22, de 9 am. a 6 pm.
Auditorio Casa de la Cultura “Héroes de Azapampa” de Chilca
Real 100, Chilca
Cine foro
Yellow Submarine
Ciclo: Los Beatles
Forista: Roberto Loayza
Lunes 20, 7pm.
Centro Cultural Continental, Sede Central. Real 125, Huancayo.
INGRESO LIBRE
Taller de apreciación cinematográfica
Martes 21, Juan Carlos Suárez Revollar
Miércoles 22, Jorge Jaime Valdez
Jueves 23, Luis Puente de la Vega
Hora: 7:00 pm.
Auditorio del ICPNA Región Centro
INGRESO LIBRE
Portafolio
Claroscuros
Rubén Alana
Miércoles 22, 7pm.
Centro Cultural Continental, Sede Central. Real 125, Huancayo.
INGRESO LIBRE
Conferencia
Conservación del Patrimonio Industrial
Dr. Luis Repetto Málaga, presidente del Comité Peruano de Conservación del Patrimonio Industrial.
ICPNA Región Centro, COPECOPI y Centro de la Imagen de Lima
Jr. Ayacucho 169, Huancayo
Viernes 24, 7:30 pm.
INGRESO LIBRE
Exposición fotográfica
“Presencias inadvertidas / ausencias evidentes (Salas de cine limeñas, 50 años después)”
Galería de arte del ICPNA Región Centro
Viernes 24, 7:30 pm.
Jr. Ayacucho 169, Huancayo
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