sábado, 1 de enero de 2011

Luces y sombras:


Lo mejor y lo peor del cine 2010

Jorge Jaime Valdez

El 2010 fue cinematográficamente hablando inferior al 2009. Llegaron muy pocas películas de calidad, y la cartelera local estuvo plagada de malas películas. La formula infalible de los programadores de Cineplanet es poner una o dos películas de terror, películas para niños y blockbusters en dos o tres salas todas las semanas y negar la proyección de películas de interés, léase, cine de autor, películas no comerciales o ajenas al cine esquemático y de formula de Hollywood. Con decir que llegaron cintas europeas y latinoamericanas contadas con los dedos de una mano y ninguna película asiática.

A continuación las películas que se estrenaron en Huancayo y que considero las más destacadas. Son muy pocas pero son. A inicios del año vimos “Invictus”, probablemente la mejor película del año. Clint Eastwood nos cuenta la vida de Nelson Mandela en una película optimista, extraña en este director de estilo más bien desencantado, crepuscular y triste. “La Isla Siniestra” del gran Martin Scorsese fue otra buena película; claustrofóbica, oscura y laberíntica como es su cine. “Toy Story 3” de los estudios Pixar es una joyita. No es una inocente historia para niños como se cree sino todo lo contrario. “El Origen” (Inception) de Christopher Nolan, director de la mejor película sobre Batman (“El Caballero de la noche”), fue otra notable película sobre el poder de los sueños y la complejidad de la mente humana. Una cinta divertida e irreverente fue “Kick-Ass”, traducida absurdamente como “Un superhéroe sin superpoderes”, que es un filme lúdico e iconoclasta al mejor estilo de Tarantino, sobre un perdedor que quiere ser un superhéroe. “El secreto de sus ojos” de Juan José Campanella le arrebató el Oscar de mejor película extranjera a “La teta asustada” de Claudia Llosa, y es una película redonda, un policial de época con magistrales actuaciones de los argentinos Ricardo Darín y Guillermo Franchella. Finalmente, la sorpresa del año fue la película de Ben Affleck, “Atracción peligrosa” (“The Town”), un policial poderoso sobre unos asaltantes de bancos en Boston. Quién diría que un actor poco dotado podría ser un talentoso director de cine.

Lo peor del año es que las buenas películas no llegaron a nuestra ciudad, y eso es lamentable y reprochable. ¿Por qué Cineplanet no trae películas de interés? Existe una demanda de los cinéfilos que esperamos buen cine, que llega a cuentagotas o simplemente no llega. Nos tenemos que conformar viendo copias en DVDs piratas porque no queda otra forma de acceder al cine valioso. ¿Qué sentido tiene tener un multicine si es que pasan una sola película en tres o cuatro salas?

Las películas del Festival de Lima que organiza la Universidad Católica proyecta sus películas en competencia en las salas de Cineplanet de toda Lima, e incluso en algunas ciudades del interior, pero ninguna llega a Huancayo. Eso nos parece injusto. Esperamos que este año que comienza sea diferente, aunque eso suene a consuelo de tontos.

No se estrenaron

No llegaron a Huancayo las oscarizadas: “Amor sin escalas”, “Preciosa”, “Loco Corazón”, “Enseñanza de vida” y “Zona de miedo” (ganadora del Oscar a mejor película). Tampoco “Los abrazos rotos” de Pedro Almodovar, “Criatura de la noche” ni el estupendo melodrama de James Gray “Los Amantes” (estás dos últimas, seguramente, estarán en todas las listas de las mejores del año). “La pontífice”, “Enemigo interno”, “Un hombre solo”, “El último camino”, “Red Social”, “Machete”, “La cinta blanca” y la lista de ausencias podría seguir. Todas éstas se vieron en Lima, pero nosotros como pobres provincianos estamos privados del buen cine por miopía y mezquindad de los programadores del único cine que tenemos, que parecen esmerarse en traer solo lo peor.

Este fue un muy buen año para el cine peruano pero no para nosotros, porque no pudimos ver: “Octubre” de los hermanos Vega, “Paraíso” de Héctor Gálvez, “Ella” de Francisco Lombardi, ni “La vigilia” de Augusto Tamayo. La única cinta peruana que llegó fue “Contracorriente”.

Perfume de mujer


El animal moribundo

Philip Roth

La cintura, cilíndrica como un tallo; la anchura pélvica y los muslos de suave curvatura; el llameante triángulo de vello en el lugar donde los muslos se separan; el desnudo que tiene el sello de Modigliani, la accesible y longilínea muchacha soñada que él pintaba como un ritual y que Consuelo había elegido para enviármela, con tan poco recato, por el correo nacional. Un desnudo cuyos senos, voluminosos y algo inclinados al lado, podrían haber tomado los suyos como modelo. Un desnudo representado con los ojos cerrados, sin más defensa, como Consuelo, que su poder erótico y, también como Consuelo, elemental y elegante al mismo tiempo. Un desnudo de piel dorada, inexplicablemente dormido sobre un abismo de terciopelo negro que, dado mi estado de ánimo, asocié con la tumba.

“En los altos infiernos”:

Obviando a los cadáveres exquisitos

Alberto Chavarría Muñoz

Solo la filosofía, la reflexión y la estética nos han aproximado, en sus preguntas y respuestas, y en las imágenes poéticas, a esa esencialidad que podríamos denominar el sentido de lo humano.

Sobre esto último trata de discernir, poéticamente, Ariel Marzal. Su búsqueda engarza la filosofía con la estética. Sus constataciones se tornan preguntas y sus respuestas se realizan como imágenes y símbolos líricos. En el desarrollo de sus poemas Marzal pareciera decirnos, al tono del simbolismo baudelariano, nada de edulcoramientos al mirar el sino de los hombres y mujeres, nada de autocomplacencias. Las travesías humanas son viajes para recoger la vitalidad que se pierde con la muerte, son destinos agónicos que intentan desbaratar la fragilidad del ser.

Se juega su propio destino al mostrar lo que le toca en este reparto de humanismos desgajados, destruidos, prisioneros y desesperanzadores.

El discurrir filosófico que plantea Ariel Marzal busca ajustar cuentas con la filosofía medieval o cristiana, que ha construido una visión desgraciada del ser humano, sin posibilidades de salir del hoyo en que nos metieron Adán y Eva. Este poemario nos hacer recorrer, en una travesía dolorosa, infernal, el camino humano desde la perspectiva del ser que no comprende su destino, del que no acepta su condición, del que está llagado por el sufrimiento, del cristo que se repite en cada uno de los hombres y mujeres que pueblan la tierra, del que siente que la nada es su rumbo y que la nada es su destino.

Uno podría preguntarse sobre el por qué de la visión desoladora de Ariel Marzal. Si ella es real o es la ficción que permite atisbar el alma humana. También podría preguntarse cuáles son las hondas soledades que anidan en el corazón del poeta. Como vemos, la poesía es el sustento de la filosofía. La estética es la savia que llena, por ahora y en este poemario, la reflexión sobre la condición humana. Como buen poeta que filosofa, o filósofo que poetiza, deja más preguntas que respuestas. Lo que indica la calidad del poemario.

EL LIBRO QUE CAMBIÓ MI VIDA


“La vida exagerada de Martín Romaña”, Alfredo Bryce Echenique

Romy Acevedo Zárate


La entrañable historia de Martín Romaña llegó a mis manos hace muchos años de manera casual. Ciertamente, mi modesto presupuesto de estudiante me convirtió, por un tiempo, en una entusiasta lectora de libros prestados. Sus indiferentes propietarios solían procurarme el primer libro que encontraban en sus estantes. Para suerte mía, Martín Romaña se toparía casualmente con el prestamista de turno y dejaría de ser un libro más de entre los muchos que se apilaban en el deshonroso estante del olvido.

Martín Romaña, como ninguna otra criatura novelesca, educó mi adolescencia. En efecto, la primera lección que me dio este sentimental irremediable versa sobre el amor. Pero ¿qué puede enseñar sobre el amor un personaje que aún no logra desentrañar las razones por las que un día su Inés lo abandonó? ¿Qué clase de educación sentimental puede proporcionar un sujeto que dice llegar tarde a todas las edades de la vida? Es simple. A pesar de los exagerados errores en su vida amorosa, Martín Romaña me contagió esa profunda fe en los libros para mejorar y enriquecer las relaciones personales. No olvidemos que, para conquistar y conservar a Inés, adhirió a su personalidad toques de Freud, chispazos de Bécquer y retazos de Henry Miller. Era, como vemos, un amor cultivado que no se limitaba al placer puramente físico, sino enriquecido con rituales, situaciones y gestos que lo dignificaban.

Pero la razón fundamental que me llevó a elegir a Martín Romaña como mi personaje favorito fue la enorme semejanza entre él y yo: esa torpeza, esa timidez, esas ganas de “no molestar”, y lo más importante, por ser ese hombre que escribe porque quiere comprender, pues hasta el momento es un hombre caído; pero al escribir, al contar lo que ha vivido, logra perdonarse y reconciliarse con el mundo. Y es que uno está metido en vivencias que no entiende y las empieza a entender cuando las verbaliza, cuando el lenguaje da a los hechos cierto orden.

Seguramente mi generoso prestamista de libros no entenderá nunca por qué me rehusé a devolverle el ejemplar de “La vida exagerada de Martín Romaña” arguyendo mil excusas. Pero leer a Bryce me puso en contacto con sentimientos que ignoraba que tenía, me puso en contacto con mi “otredad”; y, por eso, me niego a aceptar que el libro que tantas enseñanzas me brindó regrese al antiguo estante de la indiferencia.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Solo 4 “345” del 25 de diciembre de 2010

Concierto de fin de año en el ICPNA Región Centro

Este miércoles 29, desde las 7.30 p.m., como cierre del año 2010, el ICPNA Región Centro ofrecerá un concierto gratuito de música variada, a cargo de talentosos y jóvenes artistas, integrantes de la asociación cultural Música para todos. Entre los artistas participantes se cuenta a Manuel y Daniel Álvarez en la guitarra, Edison Román en la flauta y el saxo, Iván Paucar en los teclados, Pedro Cerrón en el bajo, Michael Flores en la percusión, Ricardo Rodríguez en los vientos y Ángela Rojas será la vocalista. El programa incluye jazz, blues, bossanova y música popular de Perú, Irlanda y Francia. El ingreso al concierto es libre, y se realizará en el auditorio del Jr. Ayacucho 169 Huancayo.



La cita de la semana

Cielo e infierno son dos grandes poemas que expresan los dos únicos puntos en torno a los cuales gira toda nuestra existencia: alegría o dolor.

Honoré de Balzac, La mujer de treinta años.

La infancia de la Navidad

Sandro Bossio Suárez

Huancayo, como pueblo cristiano, mostraba su fervor desde tiempos coloniales. Se dice que en el siglo XVIII, en el convento principal del pueblo, se armaba ya con hierbas regionales el Nacimiento del Niño Manuelito para que la gente lo adorara en la noche de Navidad con velas de sebo. Ricardo Tello Devotto dice en sus crónicas sobre la ciudad que “todos los vecinos armaban sus nacimientos una semana antes de la Navidad para que los amigos de los solares los fueran a ver”. Cada visitante llegaba a la casa con una vela encendida y los dueños del nacimiento estaban obligados a recibirlos con un vaso de jora, chicha de maíz o cualquier otra horchata serrana, llamadas comúnmente “Orines de Niño”.

Desde épocas coloniales, los nacimientos en Huancayo se arman sobre una mesa, previamente forrada con un mantel. Sobre éste se disponen cuadros de pasto, musgo, líquenes y helechos de las alturas. Para formar los desniveles se usa una variedad botánica llamada vernacularmente “champa bulto” o cerritos. Para adornar las vértices del nacimiento hay varias especies de espinas: quichua (o cola de cerdo), alas “sumay suncho” y ramas de arrayán.
Huancayo, como reducción de indios, estuvo desde el principio del virreinato poblado de artesanos y menestrales. Los que destacaban eran los tejedores y los alfareros, estos últimos encargados de fabricar las imágenes santas para los nacimientos populares. Las iglesias y residencias de principales mandaban traer las imágenes desde Turín, Madrid o de la Compañía de las Indias, y eran generalmente finas esculturas de cristal, benjuí o loza. La imaginería ayacuchana, labrada en “piedra de Huamanga” (alabastro) tampoco era extraña a estas tierras.
Desde épocas coloniales, los nacimientos en Huancayo se arman sobre una mesa, previamente forrada con un mantel. Sobre éste se disponen cuadros de pasto, musgo, líquenes y helechos de las alturas. Para formar los desniveles se usa una variedad botánica llamada vernacularmente “champa bulto” o cerritos. Para adornar las vértices del nacimiento hay varias especies de espinas: quichua (o cola de cerdo), alas “sumay suncho” y ramas de arrayán. Cuando surgen los primeros movimientos antagónicos a la monarquía española, es decir a comienzos del siglo XIX (levantamientos de Aliaga, Astocuri, Tagle y llegada de las expediciones libertadoras), los pueblerinos huancas desistieron de seguir usando las costumbres españolas, mas no así de su fe, de modo que decidieron continuar con la celebración a su manera: es decir la andina.
Los pueblerinos huancas desistieron de seguir usando las costumbres españolas, mas no así de su fe, de modo que decidieron continuar con la celebración a su manera: es decir la andina.

El estudioso Simeón Orellana Valeriano anota al respecto: “¿Quién no ha observado un nacimiento huanca? Allí están el Niño Jesús con su chullo, sus ojotas y ropaje andino; Manco Cápac, que representa a San José y una Coya, que la identifican con la Virgen María. Los animales que rodean al pesebre son vicuñas, llamas, tarucas. Los personajes que vienen a rendir su adoración al Niño, están conformados por danzarines huancas, puneños o cusqueños. Las iglesias y las casas son las que forman parte de nuestra arquitectura andina. La simbología es la misma, la forma es la que ha variado, gracias a la imaginación del artista nativo, que reinterpreta a su manera toda la sacralizad de la Natividad cristiana”.
Asegura que cada pueblo del Valle del Mantaro tiene su forma peculiar de “recibir” la Navidad andina. “Un ejemplo: Acolla. El pueblo se viste de pachahuara, salen los negros esclavos, unos que trabajan en el campo, otros que integran la servidumbre de las casonas solariegas, unos son los chacranegros, otros son los pachahuareros. Aquellos directamente y éstos en forma disimulada realizan la adoración del Niño”.
Como en todo nacimiento, los animales que acompañan el monumento vienen de todas partes del mundo, aunque, antaño, los únicos animales que adoraban nuestros niños en nuestros pueblos, eran los del ganado local. Luego de que los animales europeos se integraran a la fauna local, empezaron a adornarse los nacimientos con reses y ovinos. Antes se colocaban en los nacimientos algunos cerdos, pero después fueron quitados por considerarlos “animales indignos por la Iglesia”. Igual marginación sufrieron las llamas y alpaquitas que, poco a poco, fueron extinguiéndose en los nacimientos huancaínos para dar paso a los elefantes, las cebras y las jirafas.
Se cuenta que en nuestra ciudad, a principios de siglo, se conservaba todavía una Navidad auténticamente andina (es decir, sin panetones, champán ni pavo), pues la cena navideña, luego de adorar al Niño Jesús, consistía en lonjas de cerdo, jamón serrano, pepián de gallina acompañado de rafañote y, por supuesto, abundante chicha. Había un famoso manjar llamado “sánguche navideño”, que contenía las carnes más deliciosas, las salsas más extravagantes y los panes de trigo y de semeta más sabrosos.




La Navidad en las “Tradiciones peruanas”


Juan Carlos Suárez Revollar

Las “Tradiciones peruanas” de Ricardo Palma son, acaso, el mayor muestrario que tiene la historia peruana, pero en clave de ficción. En el siguiente artículo se hace una revisión de la totalidad de tradiciones enfocada en la Navidad.

El tradicionista Ricardo Palma en retrato al óleo por Teófilo Castillo

Ricardo Palma ha sido parco al abordar la Navidad en sus “Tradiciones peruanas”. Tras una minuciosa revisión apenas si se encuentra un puñado de tradiciones que, de forma sucinta, considera esta fecha, salvo “El mes de diciembre en la Lima antigua”, y bastante relacionada a ésta, “Los barbones”.
Buen número de las menciones a la Navidad son sólo eso: «con más garbo que una reina y con más ángel en la cara que un retablo de Navidad» en “Haz bien sin mirar a quién”. O se usa esta celebración para contabilizar la edad: «frisaba su señoría el marqués en las sesenta navidades», o «contaba nada menos que ciento veinte navidades», en “Un drama íntimo” y “La venganza de un cura” respectivamente. Así también en “Refranero limeño” Palma nos habla de «un refrán numismático que usaban las abuelitas cuando querían ponderar el número de navidades que una persona carga a cuestas. Decir de una mujer, por ejemplo: ‘Fulana no tiene ya cara ni sello’, era declararla moneda antigua, fea y gastada».
De “Batalla de frailes”, por su parte, si bien no es de tema navideño, su nudo narrativo transcurre durante la Nochebuena y la Navidad de 1680, en que unos frailes hacen un cómico intento de revolución, con incendio, represión armada y muertos incluidos. Igualmente, “Los pasquines de Yauli” tiene su arranque en la Navidad de 1780, cuando aparece en la puerta de la iglesia un pasquín subversivo más explícito que otros anteriores, y nos lleva a la torpe busca de los autores, donde aparece además una conciudadana nuestra: «en el pueblo había una muchacha de respingón y ojo alegre, conocida con el apodo de la ‘Coquerita’, oriunda de Huancayo, que sabía leer y escribir y que siempre andaba echando versos a sus galanes».
La aristocracia marchaba a la misa del Gallo, seguida de
«opípara cena, en la que el ‘tamal’ era plato obligado»,
y luego se bebía y bailaba hasta el amanecer.
“La primera campana de Lima”, en cambio, relata cómo, para evitar orar acompañados por el poco cristiano toque de corneta y redoble del tambor, los conquistadores junto al propio Pizarro forjaron una campana «que pesaba mil trescientas libras y que resultó muy sonora, y se dejó oír por primera vez en la Nochebuena de diciembre, con gran contentamiento del vecindario limeño».
Por otra parte, “Truenos en Lima” y “Una chanza de inocentes” tocan dos temas cercanos a la Navidad: la primera el siniestro fin de año de 1877 con «una gruesa lluvia, acompañada de relámpagos, seguidos de la detonación de cuatro truenos»; y la segunda una broma por el día de los inocentes gastada al siempre lúbrico Simón Bolívar, que marcó el fin de su estancia en Bolivia.

Ilustración del acuarelista limeño Pancho Fierro para la tradición “El mes de diciembre en la antigua Lima”, donde se aprecia la feria navideña en la Plaza Mayor.

Navidades propiamente
La sarcástica “Sabio como Chavarría” contiene una alusión a la época en que vivía Palma: «hoy papás, mamás y padrinos derrochan por pascua de diciembre un dineral en juguetes para los nenes, que así duran en sus manos como mendrugo en boca de hambriento. La vanidad ha penetrado hasta en los pasatiempos de la infancia». “Refranero” menciona, en el apartado referido a “Estar a la cuarta pregunta”, que «preguntado si era cierto que en la Nochebuena de Navidad gastó en esto y lo otro y lo de más allá, dijo no ser cierto, por ‘estar a la cuarta pregunta’», es decir por ser pobre.
Finalmente, “El mes de diciembre en la Lima antigua” nos dice que «desde las cinco de la tarde del 24 de diciembre los cuatro lados de la Plaza Mayor ostentaban mesitas» sobre las que se vendía desde flores y juguetes hasta licores, dulces y pastas; que «a las doce todo el populacho quedaba en la plaza multiplicando las libaciones», mientras la aristocracia marchaba a la misa del Gallo, seguida de «opípara cena, en la que el ‘tamal’ era plato obligado», y luego se bebía y bailaba hasta el amanecer. Se armaba en las casas, también, los nacimientos, y los visitantes amigos eran invitados a beber chicha morada o jora, llamadas durante la ocasión “orines del Niño”. «El más famoso de los nacimientos de Lima era el que se exhibía en el convento de los padres belethmitas o barbones. Y era famoso por la abundancia de muñecos automáticos y por los villancicos con que festejaban al Divino Infante».
Efectivamente, y como se cuenta más ampliamente en “Los barbones”, este nacimiento era exhibido «desde el 24 de diciembre hasta el 6 de enero en la capilla de su convento», donde «la Virgen, San José y el Niño, que movía la manita como para bendecir», eran contemplados por el pequeño Ricardo Palma y otros boquiabiertos rapazuelos.



Perfume de mujer: Tradiciones en salsa verde


La cosa de la mujer

Ricardo Palma
La madama de nuestro relato no había de ser la excepción de la regla y, en la caída, viniósele sobre el pecho la parte delantera del faldellín junto con la camisa, quedando a espectación pública y gratuita, el ombligo y sus alrededores.
El espectáculo fue para alquilar ojos y relamerse los labios. ¡Líbrenos San Expedito de presenciarlo!
Un marquesito, muy currutaco, acudió presuroso a favorecer a la caída, principiando por bajar el subversivo faldellín, para que volviera a cubrir el vientre y todo lo demás, que no sin embeleso contemplara el joven; el suyo fue peor que el suplicio de Tántalo.

Microcuento: Bombardas



Alberto Benza Gonzáles

Recuerdo la Navidad con tremendas bombardas. Mi padre, abrazándome, decía: “Hijo, no tengas miedo, se avecina la llegada de Papá Noel”, y mi miedo se transformaba en paz. Después empezaba a sentir más fuertes los fuegos artificiales y mi padre me exponía: “Hijo, son los renos Donner (Trueno) y Blitzen (Relámpago) que están pasando por la chimenea”.
Esa noche recibí un tractor de regalo. Me hubiera gustado que fuera uno real, para así limpiar los escombros que dejó la guerra en mi ciudad aquella Navidad.

La Navidad andina


Leonardo Carlos Mendoza Mesías*

La Navidad está a la vuelta de la esquina, y con ella llega todo un mundo de algarabía, sobre todo para los más pequeños. Esta desbordante expresión humana también llega a las zonas rurales y ni qué decir de los pueblos andinos.

“Músicos” de Jesús Víctor Salvador.

La Navidad, en un principio, fue un elemento exógeno a las culturas andinas. Hoy en día son parte de ella y están enraizadas en su conciencia y su sentir, sobre todo en lo referente a la llegada del Niño Jesús y la maternidad de la Virgen María.
En el contexto rural actual, la llegada del Niño Jesús ha significado, por un lado, la celebración de su Natividad mediante la realización de festividades como su mismo nacimiento, “la bajada del niño”, el 24 de diciembre por la noche. Así también, la preparación de la cena navideña con platos especiales y reuniones familiares, hasta la bajada de los reyes, el reconocimiento social que debe dársele al recién nacido.
La llegada de Jesús se ve representada de las más diversas, primorosas y especiales formas, como por ejemplo, los nacimientos, los retablos, los tallados, todas aludiendo al Niño Jesusito o Niño Manuelito.
Si bien las celebraciones son las muestras de afecto fraterno entre seres humanos, las representaciones y recreaciones del nacimiento de Jesús son la del afecto del hombre andino hacia el hijo de Dios, su protector. Es evidente, entonces, que la llegada de la Navidad exalta la espiritualidad del poblador andino, pero también su creatividad artesanal, el sentido estético y su devoción religiosa.
La Navidad andina ha ido desarrollando características peculiares, integrando elementos propios en cada región. Estos elementos, digamos, particulares, son integrados con sumo cuidado. Son visibles principalmente en dos: los nacimientos de iglesias y casas y en las comidas. Así, es común ver en muchos nacimientos que el Niño Jesús está ataviado con su ropita andina: chullo, pantaloncito de bayeta, poncho y ojotas, al igual que la virgen María y San José. También son habituales con una fisonomía de rasgos andinos.
En cuanto a la comida encontramos que, si bien el pavo es una tradición citadina, es reemplazado por el lechón o gallina al horno, sobre todo en hogares andinos o en los que provienen de él; y es complementado casi siempre con un plato de mondongo.
Ya casi estamos en Navidad. Recordemos que todos esos elementos, como las festividades, representaciones de nacimientos, los retablos o nuestras comidas son parte nuestra y de nuestros pueblos.

* Docente de la Universidad Nacional del Centro del Perú.



¿Vamos a reventar cuetes, cohetes o qué?



Rafael Alarcón Lama

Recuerdo que cuando era más pequeño escuchaba a los vendedores gritar: “cuete, cuete, cuete”. Y todos se acercaban para comprar algo que yo imaginaba que llevaba un nombre equivocado, pues en realidad debería ser “cohete”, puesto que vuelan al espacio, igual que esa maquinaria usada en la NASA.

Estos artefactos son en general fuegos artificiales, que nacieron en la China, donde además se inventó la pólvora. Los cohetes estallaban en la noche, en dirección al cielo, porque se dice que así ahuyentaban a los malos espíritus en México. Se podría decir entonces que cohete es aquel objeto que, como los espaciales, se dirige al cielo, desmembrando alguna parte para poder salir de la atmósfera, como el fuego pirotécnico suelta su varilla.
La Real Academia Española lo define como “fuego de artificio que consta de un canuto resistente cargado de pólvora y adherido al extremo de una varilla ligera”, lo que confirma que cohetes son aquellos objetos voladores que se lanzan tanto en Año Nuevo y Navidad.
Existen varios tipos de cohetes. Cuando vas por algunas zonas de Lima, como El Hueco, jirón de la Unión o Mercado Central, encuentras a algunos personajes que sacan de debajo de sus enormes sacos o de detrás de la mesa que usan como mostrador un manojo de pequeñas dinamitas, como cartuchitos rojos y sartas de ellos, que ahora vienen cada vez más grandes.
Pero también está la mamarrata, rata blanca, cuetones y otros,
y me pregunto si alguno de esos nombres estará en el diccionario.
En Huancayo, creo yo, son los “cuetes”. No tienen diferencia entre una rata blanca, una mariposa o una sarta. En realidad se trata de tracas. Una clasificación que me gusta más los divide así: buscapiés o carretillas, colitas, viboritas; bombas pirotécnicas o carcasas; cohetes o cañitas voladoras; petardos, bombas de estruendo, rompe portones; mariposas y abejitas, brujas, conitos, volcanes; Chasqui-boom, chaski-boom , estrellitas y candelas.
Pero también está la mamarrata, rata blanca, cuetones y otros. Me pregunto si alguno de esos nombres estará en el diccionario. En la web de la Academia Peruana de la Lengua hay una escasa lista de peruanismos descritos por Martha Hildebrandt, pero no aparece ninguna clasificación de estos artefactos. ¿Por qué no existen esas palabras en los diccionarios?
Hay muchas clasificaciones, pero no hay un nombre adecuado para ninguna, algún “nombre culto”. Solamente son fuegos pirotécnicos o explosivos. Pero ¿qué pasa cuando quiero mencionar a uno de ellos específicamente? En especial, al más conocido, ese cigarrito rojo con una pequeña mecha, que en el Perú se le llama “cuete”.
Cuál es el nombre correcto, qué es lo que realmente debo hacer reventar en estas fiestas de fin de año: ¿un cohete o un cuete?



El libro que cambió mi vida: "La casa verde"


“La casa verde” de Mario Vargas Llosa
Portada de la primera edición de “La casa verde”.
Jorge Jaime Valdez

Intenté leer “La casa verde” cuando estaba en el colegio, pero me perdí en su estructura endemoniada. Volví al intento años después con muchas más páginas leídas y un poco más de tinta entre los dedos. Leí como pocas veces, con lapicero y papel, anotando y siguiendo el devenir de la historia. Quedé deslumbrado por su maravillosa arquitectura y por la riqueza del lenguaje. Pocos libros me impactaron tanto, por las posibilidades enormes que la imaginación, la prosa y el talento literario podían alcanzar.
Otro hecho que me sorprendió fue que viajé a Piura hace un par de años. Era la primera vez que visitaba esa ciudad calurosa y amable, pero era como si ya la hubiera conocido antes. Con “La casa verde” sentí y viví Piura, y esa experiencia que enriqueció mi vida de lector ordinario, me hizo recorrerla mucho antes de pisar sus calles. También conozco el Sertón brasileño con sus miedos y fanatismos y a ese circo mítico y triste que lo recorría, o la Lima gris del jirón Huatica; y a la Pies Dorados, el colegio militar con sus perros, el poeta y el esclavo; o la corrupción galopante del gobierno de Odría, a Cayo Mierda y a Zavalita preguntándose en qué momento se había jodido el Perú; o la selva exótica, enmarañada y los cuentos inmemoriales del hablador machiguenga.
Con “La casa verde” sentí y viví Piura, y esa experiencia que enriqueció mi vida de lector ordinario, me hizo recorrerla mucho antes de pisar sus calles.
Escribo sobre mi libro favorito, pero ésta es una decisión imposible. Podría elegir, por igual, “La guerra del fin del mundo”, “La ciudad y los perros”, “Conversación en La Catedral” o “El hablador”, pero traicionándolos menciono sólo “La casa verde”, sus ecos prostibularios y nostálgicos, sus pasillos con olor a picantería y pecado que aún oigo bulliciosa y lasciva, a sus habitantas, a la Chunga y a los Inconquistables.
Ese prostíbulo legendario es la imagen más fuerte que tengo de Piura y los piuranos. A pesar del paso del tiempo, ese recuerdo aún resuena como un eco en mi memoria, como seguirán sonando otros tantos personajes entrañables de la incomparable narrativa vargasllosiana.



Agenda semanal

Concierto navideño
Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil e Infantil
Dirigida por el Maestro Wilfredo Tarazona
Coro Schola Cantorum
Dirigida por el Maestro José Quezada Machiavello
Martes 28. Hora: 4 p.m.
Iglesia del Convento de Santa Rosa de Ocopa - Concepción
Ingreso libre

Concierto de Fin de Año
Agrupación Música para Todos
Organiza: ICPNA Región Centro
Miércoles 29. Hora: 7:30 p.m.
Auditorio del ICPNA Región Centro, Jr. Ayacucho 169 Huancayo
Ingreso libre

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