LA CITA
“Siempre hay una salida”, se decía. Volvió la mirada hacia los militares, que no le quitaban un ojo, y luego al grupo de sombras, casi invisibles, de sus compañeros. Con profunda tristeza, pensó: “Aquí no veo ninguna salida”.
Isabel Córdova Rosas, Gritos en silencio
lunes, 18 de julio de 2011
Solo 4, “374”, del 16 de julio de 2011
LO ÚLTIMO
IV Congreso Latinoamericano de Comprensión Lectora “Jaime Cerrón Palomino”
Toda la población interesada está invitada a participar en el IV Congreso Latinoamericano de Comprensión Lectora “Jaime Cerrón Palomino”, a llevarse a cabo del jueves 21 al sábado 23 de julio, en los paraninfos de la Universidad Nacional del Centro del Perú.
Este evento es auspiciado por instituciones tan importantes como el Ministerio de Educación, la Universidad Nacional de Brasilia, la Universidad Augusto Motta de Río de Janeiro, la Universidad Nacional de la Plata de Buenos Aires, la Universidad Nacional de Guadalajara, y la Escuela de Post Grado de la UNCP.
Se cuenta con la asistencia de profesionales de trascendencia nacional e internacional que nos visitarán desde Ecuador, Argentina, Brasil y Bolivia. El objetivo del congreso es conocer diversas experiencias en comprensión lectora y fortalecer las mismas. Están todos invitados.
Toda la población interesada está invitada a participar en el IV Congreso Latinoamericano de Comprensión Lectora “Jaime Cerrón Palomino”, a llevarse a cabo del jueves 21 al sábado 23 de julio, en los paraninfos de la Universidad Nacional del Centro del Perú.
Este evento es auspiciado por instituciones tan importantes como el Ministerio de Educación, la Universidad Nacional de Brasilia, la Universidad Augusto Motta de Río de Janeiro, la Universidad Nacional de la Plata de Buenos Aires, la Universidad Nacional de Guadalajara, y la Escuela de Post Grado de la UNCP.
Se cuenta con la asistencia de profesionales de trascendencia nacional e internacional que nos visitarán desde Ecuador, Argentina, Brasil y Bolivia. El objetivo del congreso es conocer diversas experiencias en comprensión lectora y fortalecer las mismas. Están todos invitados.
Isabel Córdova: la embajadora huanca en el corazón de los niños
Isabel Córdova Rosas es una escritora huancaína que, hace más de 20 años, migró a Europa para conquistarla y convertirse en la narradora peruana más prolífica y traducida de toda nuestra historia. Estudió Literatura y Antropología en la UNCP, fue Directora de Cultura de Junín e hizo su doctorado en Filología Hispánica, Historia de América y Antropología Social en la Universidad Complutense de Madrid. Hoy, es una famosa novelista para niños y niñas con libros como: “Ada nunca tiene miedo”, “Pirulí”, “Colón, el grumete valiente” o “Tinko y Gaby en el Amazonas”. Sin embargo, con la sensibilidad desbordante que la caracteriza, ha presentado, en la FELIZH 2011, un conmovedor libro sobre violencia política que, durante la década sangrante de los noventa, se vivió en Huancayo: “Gritos en silencio”. Acompáñennos a conocer, en la siguiente entrevista, a nuestra embajadora cultural en España y en el corazón de todos los niños.
Luis Puente de la Vega Rojas
Usted es una narradora muy prolífica que ha escrito muchos libros. ¿Cómo se inicia en la literatura?
Es una cosa que le agradezco profundamente a mi madre que, desde muy pequeña, me trasladaba a mundos imaginarios, diferentes, con los relatos que me contara. Me leía obras, pues, en ese momento, no había libros para niños ni jóvenes. Me leía a Arguedas, a Julio Verne y más, desde muy pequeña. Ella era profesora y me inició en la literatura así.
¿Quiénes son los autores que más la han marcado o que mejor recuerda?
Mira de pequeña, una cosa que me fascinó es que mi madre me leía “Viaje al centro de la tierra” de Julio Verne, me encantaba. Era mi premio si hacía la tarea. Luego leía a Arguedas. A los 7 u 8 me leí completo “Yawar Fiesta”, después ya leí “Todas las sangres”. Otro referente que me ha encantado es Juan Rulfo. Luego, Ciro Alegría, Abraham Valdelomar y también los clásicos de la literatura universal: leer a “El avaro” de Moliere, a Dante Alighieri con “La divina comedia”, a Cervantes o a Dostoievski era algo que me fascinaba.
Pero de entre todos estos escritores, ¿quién es su autor cumbre?
Cervantes. Él, para mí, hace una novela (El Quijote) antropológica que copa la historia y que es un libro moderno para todos las épocas.
La mayoría de sus libros son para jóvenes, niños y niñas, ¿verdad?
Sí, tengo esta saga que se llama “Pirulí” que está en la 37ª edición. Está en griego, catalán, gallego, koreano. Las otras sagas son “Pirulí en el zoo” y “Pirulí va al cole”. Unos 30 mil ejemplares de cada uno han sido comprados por Korea. También tengo “Pico de oro”, “El zoo de verano”, “Urpy y la piedra mágica del Amazonas”, siempre con animales de la selva peruana para hablarles, de paso, a los niños y niñas de lo que es el Perú.
Usted ha publicado aquí y en España, ¿cuál es la mayor diferencia que ha encontrado?
Mira la anécdota de cómo te incentivan: aquí pagábamos por publicar. Allá, la primera vez, firmé un contrato y me dieron un sobre. Llegué a casa, abrí el sobre y había, por decir, 2500 dólares. Pensé que se habían equivocado, regresé a la editorial y me dijeron: “No Isabel, no nos hemos equivocado, aquí pagamos por publicar”, y encima el 10% de la venta. Eso te motiva a seguir adelante.
Una de sus últimas publicaciones, “Tinko y Gabi en el Amazonas”, es una de estas novelas para niños, pero tiene una profunda crítica social a la contaminación de la selva y a la exclusión del indígena.
Mira, te lo digo con total sinceridad, si un libro está bien escrito, es para personas de tres hasta 98 años. Así, hay que concienzar a nuestros compatriotas para que se solidaricen con lo que está pasando.
Su último libro para niños es “Urpy y la piedra mágica del Amazonas”, ¿de qué trata?
Trata de los garimpeiros que, en la vida real, secuestran a los niños de las fronteras de Colombia y Perú, y se los llevan para esclavizarlos sacando oro de los cerros. Entonces, es la lucha de unos niños, entre ellos Urpy, y algunos animales, para rescatar a la gente que está ahí. Cada página es pura aventura.
En la FELIZH 2011 ha presentado un libro diferente a lo que usted, usualmente, hace. ¿Ha sido difícil pasar de la literatura infantil a una, más dura, que trata un tema tan difícil como la violencia política de los noventa?
Sabes, lo más difícil que hay en el mundo es escribir para jóvenes y niños. Escribir esta novela, con esa profundidad y sentimiento ha sido bastante sencillo. Me he metido en la piel de cada personaje. Imagínate, si lo más difícil es escribir para jóvenes y para niños, esto ha sido bastante sencillo, con toda honestidad. Es una novela antropológica, de una realidad muy cruda y sangrante, que ocurrió en los 90 y me encantaría que la lean. La pinto tan imparcialmente que no todos son malos, hay gente buena, hay gente noble, pero también es necesario recordar a todos nuestros compatriotas que se quedaron sin poder gritar su nombre.
Luis Puente de la Vega Rojas
Usted es una narradora muy prolífica que ha escrito muchos libros. ¿Cómo se inicia en la literatura?
Es una cosa que le agradezco profundamente a mi madre que, desde muy pequeña, me trasladaba a mundos imaginarios, diferentes, con los relatos que me contara. Me leía obras, pues, en ese momento, no había libros para niños ni jóvenes. Me leía a Arguedas, a Julio Verne y más, desde muy pequeña. Ella era profesora y me inició en la literatura así.
¿Quiénes son los autores que más la han marcado o que mejor recuerda?
Mira de pequeña, una cosa que me fascinó es que mi madre me leía “Viaje al centro de la tierra” de Julio Verne, me encantaba. Era mi premio si hacía la tarea. Luego leía a Arguedas. A los 7 u 8 me leí completo “Yawar Fiesta”, después ya leí “Todas las sangres”. Otro referente que me ha encantado es Juan Rulfo. Luego, Ciro Alegría, Abraham Valdelomar y también los clásicos de la literatura universal: leer a “El avaro” de Moliere, a Dante Alighieri con “La divina comedia”, a Cervantes o a Dostoievski era algo que me fascinaba.
Pero de entre todos estos escritores, ¿quién es su autor cumbre?
Cervantes. Él, para mí, hace una novela (El Quijote) antropológica que copa la historia y que es un libro moderno para todos las épocas.
La mayoría de sus libros son para jóvenes, niños y niñas, ¿verdad?
Sí, tengo esta saga que se llama “Pirulí” que está en la 37ª edición. Está en griego, catalán, gallego, koreano. Las otras sagas son “Pirulí en el zoo” y “Pirulí va al cole”. Unos 30 mil ejemplares de cada uno han sido comprados por Korea. También tengo “Pico de oro”, “El zoo de verano”, “Urpy y la piedra mágica del Amazonas”, siempre con animales de la selva peruana para hablarles, de paso, a los niños y niñas de lo que es el Perú.
Usted ha publicado aquí y en España, ¿cuál es la mayor diferencia que ha encontrado?
Mira la anécdota de cómo te incentivan: aquí pagábamos por publicar. Allá, la primera vez, firmé un contrato y me dieron un sobre. Llegué a casa, abrí el sobre y había, por decir, 2500 dólares. Pensé que se habían equivocado, regresé a la editorial y me dijeron: “No Isabel, no nos hemos equivocado, aquí pagamos por publicar”, y encima el 10% de la venta. Eso te motiva a seguir adelante.
Una de sus últimas publicaciones, “Tinko y Gabi en el Amazonas”, es una de estas novelas para niños, pero tiene una profunda crítica social a la contaminación de la selva y a la exclusión del indígena.
Mira, te lo digo con total sinceridad, si un libro está bien escrito, es para personas de tres hasta 98 años. Así, hay que concienzar a nuestros compatriotas para que se solidaricen con lo que está pasando.
Su último libro para niños es “Urpy y la piedra mágica del Amazonas”, ¿de qué trata?
Trata de los garimpeiros que, en la vida real, secuestran a los niños de las fronteras de Colombia y Perú, y se los llevan para esclavizarlos sacando oro de los cerros. Entonces, es la lucha de unos niños, entre ellos Urpy, y algunos animales, para rescatar a la gente que está ahí. Cada página es pura aventura.
En la FELIZH 2011 ha presentado un libro diferente a lo que usted, usualmente, hace. ¿Ha sido difícil pasar de la literatura infantil a una, más dura, que trata un tema tan difícil como la violencia política de los noventa?
Sabes, lo más difícil que hay en el mundo es escribir para jóvenes y niños. Escribir esta novela, con esa profundidad y sentimiento ha sido bastante sencillo. Me he metido en la piel de cada personaje. Imagínate, si lo más difícil es escribir para jóvenes y para niños, esto ha sido bastante sencillo, con toda honestidad. Es una novela antropológica, de una realidad muy cruda y sangrante, que ocurrió en los 90 y me encantaría que la lean. La pinto tan imparcialmente que no todos son malos, hay gente buena, hay gente noble, pero también es necesario recordar a todos nuestros compatriotas que se quedaron sin poder gritar su nombre.
La pinto tan imparcialmente que no todos son malos, hay gente buena, hay gente noble, pero también es necesario recordar a todos nuestros compatriotas que se quedaron sin poder gritar su nombre.
Los sueños del indio Gálvez
José Oregón Morales
Los sueños de Ciro Gálvez Herrera expresados en su libro “Teoría del renacimiento Andino”, cobran vigencia palpitante en estos momentos históricos. Sostiene que los gobiernos de países, poderosos y no poderosos, no comprenden o no quieren comprender los urgentes mensajes que el hombre y la naturaleza lanzan, dramáticamente, como signos de los tiempos. Que para salvar nuestro equilibrio social y nuestro equilibrio ecológico deberíamos analizar estos mensajes y, en base a la filosofía y política de los pueblos andinos, revertir nuestra sociedad en una más justa. Es Luis E. Valcárcel quien le da la razón en este aspecto al afirmar que el mundo se ha beneficiado de Perú a lo largo de siglos, con el oro, el guano y el salitre, el petróleo y últimamente la coca. Que, el Perú ha dado al mundo la mayor cantidad de plantas domesticadas para alimentar a la humanidad: papa, quinua, cañigua, frijoles, maíz, pallares, maní, yuca, ají, tabaco, coca, algodón; por este motivo, nuestra patria es reconocida como “la patria del alimento”. Pero que el mundo hasta ahora no se beneficia con el mayor tesoro de los incas: el sistema social político de economía redistributiva, modelo de sistema de gobierno de nuestro imperio. Patria del socialismo y la felicidad colectiva.
Específicamente en el Perú, el Baguazo, los levantamientos violentos de los pueblos huancavelicanos, puneños , arequipeños y juninenses no son otra cosa que el grito clamoroso de pueblos secularmente olvidados, desatendidos en la satisfacción de las mínimas necesidades vitales: alimentación, salud, trabajo, servicios básicos y educación. Pero inexplicablemente expoliados en sus ingentes riquezas y destruidos en sus entornos naturales. A esto se añaden las escalofriantes cifras de muertos indígenas de habla quechua, como producto de la guerra interna que enfrentó a las fuerzas subversivas de Sendero-MRTA con las fuerzas represivas de la policía y el ejército. Al respecto Gálvez nos recuerda que el 75% de las víctimas (51,790) eran de habla quechua. “Esta espeluznante cantidad refleja que el enemigo común para ambas partes en el conflicto fueron las indefensas comunidades campesinas y nativas, andino amazónicas, varias de las cuales fueron exterminadas completamente”. Para las castas sobrevivientes del “opus dei” y la derecha cavernaria, en todo tiempo, indios más o indios menos es igual.
Gálvez pronostica una inevitable insurgencia de las comunidades indio amazónicas como consecuencia de la pobreza, abandono, centralismo y la corrupción en las altas esferas del gobierno peruano. De la misma manera, la iglesia católica pronosticó, con diez años de anticipación (Puebla 1968), que ocurrirían las guerras insurgentes de los años 80 como consecuencia imprevisible de las brechas, cada vez más grandes, entre pobres y ricos. Los gobernantes de turno jamás quisieron, ni quieren oír estos llamados de justicia social basados en signos sociales que se proyectaban dramáticamente. Esta desobediencia nos costó 60 000 muertos.
Gálvez enfoca otra realidad tan dramática y urgente como la primera: el equilibrio ecológico en nuestra patria. “Paradójicamente, dice, la ideología occidental del desarrollo orientado a la mayor producción y a la acumulación de capitales es incompatible con la preservación ambiental y con la reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas”. Díganlo sino los sendos movimientos sociales en contra de las mineras en Tía María, Arequipa, Puno, Huaraz y Cajamarca. Reclaman revertir estas agresiones a nuestros entornos naturales que llevarían al mundo a catástrofes impensables. Para esto plantea retomar la filosofía del hombre andino de vivir en armonía con la naturaleza, respetándola, cuidándola y aprovechándose de ella racionalmente, como lo hacían nuestros antepasados que consideraban sagrados el agua y la tierra.
Sostiene que en estos momentos se está revitalizando el renacimiento andino en los aspectos más sentidos de nuestra realidad. Tiene fe, al igual que Arguedas, en superar la discriminación y segregación de todos los pobres del mundo. Los postulados de Arguedas y Gálvez no son arcaicos, porque el ideal no es regresar al pasado, “sino más bien utilizar los valores del pasado, que existen todavía en las poblaciones actuales, herederas del pasado incaico y que esos valores tengan una utilidad en el futuro”, como sostiene Carmen Pinilla.
Los sueños de Ciro Gálvez Herrera expresados en su libro “Teoría del renacimiento Andino”, cobran vigencia palpitante en estos momentos históricos. Sostiene que los gobiernos de países, poderosos y no poderosos, no comprenden o no quieren comprender los urgentes mensajes que el hombre y la naturaleza lanzan, dramáticamente, como signos de los tiempos. Que para salvar nuestro equilibrio social y nuestro equilibrio ecológico deberíamos analizar estos mensajes y, en base a la filosofía y política de los pueblos andinos, revertir nuestra sociedad en una más justa. Es Luis E. Valcárcel quien le da la razón en este aspecto al afirmar que el mundo se ha beneficiado de Perú a lo largo de siglos, con el oro, el guano y el salitre, el petróleo y últimamente la coca. Que, el Perú ha dado al mundo la mayor cantidad de plantas domesticadas para alimentar a la humanidad: papa, quinua, cañigua, frijoles, maíz, pallares, maní, yuca, ají, tabaco, coca, algodón; por este motivo, nuestra patria es reconocida como “la patria del alimento”. Pero que el mundo hasta ahora no se beneficia con el mayor tesoro de los incas: el sistema social político de economía redistributiva, modelo de sistema de gobierno de nuestro imperio. Patria del socialismo y la felicidad colectiva.
Específicamente en el Perú, el Baguazo, los levantamientos violentos de los pueblos huancavelicanos, puneños , arequipeños y juninenses no son otra cosa que el grito clamoroso de pueblos secularmente olvidados, desatendidos en la satisfacción de las mínimas necesidades vitales: alimentación, salud, trabajo, servicios básicos y educación. Pero inexplicablemente expoliados en sus ingentes riquezas y destruidos en sus entornos naturales. A esto se añaden las escalofriantes cifras de muertos indígenas de habla quechua, como producto de la guerra interna que enfrentó a las fuerzas subversivas de Sendero-MRTA con las fuerzas represivas de la policía y el ejército. Al respecto Gálvez nos recuerda que el 75% de las víctimas (51,790) eran de habla quechua. “Esta espeluznante cantidad refleja que el enemigo común para ambas partes en el conflicto fueron las indefensas comunidades campesinas y nativas, andino amazónicas, varias de las cuales fueron exterminadas completamente”. Para las castas sobrevivientes del “opus dei” y la derecha cavernaria, en todo tiempo, indios más o indios menos es igual.
Gálvez pronostica una inevitable insurgencia de las comunidades indio amazónicas como consecuencia de la pobreza, abandono, centralismo y la corrupción en las altas esferas del gobierno peruano. De la misma manera, la iglesia católica pronosticó, con diez años de anticipación (Puebla 1968), que ocurrirían las guerras insurgentes de los años 80 como consecuencia imprevisible de las brechas, cada vez más grandes, entre pobres y ricos. Los gobernantes de turno jamás quisieron, ni quieren oír estos llamados de justicia social basados en signos sociales que se proyectaban dramáticamente. Esta desobediencia nos costó 60 000 muertos.
Gálvez enfoca otra realidad tan dramática y urgente como la primera: el equilibrio ecológico en nuestra patria. “Paradójicamente, dice, la ideología occidental del desarrollo orientado a la mayor producción y a la acumulación de capitales es incompatible con la preservación ambiental y con la reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas”. Díganlo sino los sendos movimientos sociales en contra de las mineras en Tía María, Arequipa, Puno, Huaraz y Cajamarca. Reclaman revertir estas agresiones a nuestros entornos naturales que llevarían al mundo a catástrofes impensables. Para esto plantea retomar la filosofía del hombre andino de vivir en armonía con la naturaleza, respetándola, cuidándola y aprovechándose de ella racionalmente, como lo hacían nuestros antepasados que consideraban sagrados el agua y la tierra.
Sostiene que en estos momentos se está revitalizando el renacimiento andino en los aspectos más sentidos de nuestra realidad. Tiene fe, al igual que Arguedas, en superar la discriminación y segregación de todos los pobres del mundo. Los postulados de Arguedas y Gálvez no son arcaicos, porque el ideal no es regresar al pasado, “sino más bien utilizar los valores del pasado, que existen todavía en las poblaciones actuales, herederas del pasado incaico y que esos valores tengan una utilidad en el futuro”, como sostiene Carmen Pinilla.
Los levantamientos violentos de los pueblos (…) no son otra cosa que el grito clamoroso de pueblos secularmente olvidados, desatendidos en la satisfacción de las mínimas necesidades vitales.
Whynot magazine nº 9
Solo 4
Esta es una revista que convierte y renueva todas las publicaciones hechas hasta hoy en Huancayo. Whynot es un magazine de bolsillo que trata temas diversos de manera breve, pero con artículos de muy buena calidad que gustan y se leen ágilmente.
Esta propuesta es única, ya que está elaborada por estudiantes universitarios que han congregado a escritores, periodistas y articulistas de la mejor data, además de ser, a la vez, una publicación muy visual y estética, con una diagramación impecable e impresa en la mejor calidad que no tiene nada que envidiar a otras de todo el país.
La publicación es mensual y la pueden adquirir a un precio módico (S/. 2), lo que demuestra que no tiene un afán comercial, sino de renovar el espíritu editorial de nuestra región. Búsquenla en la librería “La familia” y en distintos puntos de nuestra ciudad.
Esta es una revista que convierte y renueva todas las publicaciones hechas hasta hoy en Huancayo. Whynot es un magazine de bolsillo que trata temas diversos de manera breve, pero con artículos de muy buena calidad que gustan y se leen ágilmente.
Esta propuesta es única, ya que está elaborada por estudiantes universitarios que han congregado a escritores, periodistas y articulistas de la mejor data, además de ser, a la vez, una publicación muy visual y estética, con una diagramación impecable e impresa en la mejor calidad que no tiene nada que envidiar a otras de todo el país.
La publicación es mensual y la pueden adquirir a un precio módico (S/. 2), lo que demuestra que no tiene un afán comercial, sino de renovar el espíritu editorial de nuestra región. Búsquenla en la librería “La familia” y en distintos puntos de nuestra ciudad.
MICROCUENTO
Oferta
Diego Martín Eguiguren
Ayer me dirigí hacia una joyería y me encontré con una oferta inmejorable, sin dudarlo compré el anillo de compromiso para mi pareja y, tal como me lo habían prometido, me entregaron un ataúd para mi corazón completamente gratis y sin uso de tarjeta.
Diego Martín Eguiguren
Ayer me dirigí hacia una joyería y me encontré con una oferta inmejorable, sin dudarlo compré el anillo de compromiso para mi pareja y, tal como me lo habían prometido, me entregaron un ataúd para mi corazón completamente gratis y sin uso de tarjeta.
PERFUME DE MUJER
Las piadosas
Federico Andahazi
Mientras recorría con su lengua el pequeño promontorio —erguido y rojo— que asomaba brioso desde la comisura de los labios callados de la una, introducía y retiraba suavemente, primero uno, luego dos y, finalmente, tres de sus dedos finos, alargados y diligentes en los dulces antros ardientes de la otra. Mis hermanas gemían mientras se besaban y se acariciaban mutuamente los pezones.
Federico Andahazi
Mientras recorría con su lengua el pequeño promontorio —erguido y rojo— que asomaba brioso desde la comisura de los labios callados de la una, introducía y retiraba suavemente, primero uno, luego dos y, finalmente, tres de sus dedos finos, alargados y diligentes en los dulces antros ardientes de la otra. Mis hermanas gemían mientras se besaban y se acariciaban mutuamente los pezones.
“Gritos en silencio”: un viaje a la desesperanza
Sandro Bossio Suárez
Un grupo de ciudadanos inocentes son atrapados por las Fuerzas Armadas y subidos a un camión para ser trasladados a un lugar incognoscible donde les espera la muerte. El camión parte y, mientras asciende la montaña, vamos enterándonos de la vida, de las reminiscencias, de sus esperanzas, de las de los más profundos entresijos vitales de los prisioneros que viajan atemorizados por los cañones negros de los fusiles que no dejan de amenazarlos.
Este es el poderoso argumento de la nueva novela de Isabel Córdova Rosas, la escritora huancaína más aplaudida y reconocida internacionalmente, que acaba de ser lanzada a nivel nacional en Huancayo.
Los detenidos que viajan en este camión son variopintos y representan diversos estratos y sociedades. Tenemos jóvenes universitarios, obreros, profesores, campesinos, entre otros. Estos personajes se alzan poderosos psicológica y socialmente. A lo largo de la novela, recorremos sus vidas, sus derroteros, sus perdidas ilusiones, y somos partícipes de sus terrores macerados por ese viaje a lo ignoto.
Julia es el soporte de la novela, pues en torno a ella se desarrolla toda la trama: ha sido secuestrada y violada por un pelotón de militares, y, ya en el camión, tiene que aprenderse de memoria los nombres, apellidos y ocupación de un grupo de prisioneros para que, una vez lograda su fuga con la ayuda de todos, avise a los medios de comunicación de la situación y así los familiares de las víctimas dejen de buscarlos en las morgues.
Se trata, pues, de una novela de camino (en el cine el género se llama “Road movie”), donde la historia y el flujo narrativo se circunscriben al viaje que realiza este camión desde Lima hasta las serranías. El conocimiento social es el apropiado, el tono es exacto, el ritmo (siempre dinámico) es sostenido, la dosificación de los conflictos y los suspensos es inmejorable, el manejo de los diálogos es extraordinario. Todo esto hace que la nueva novela de Isabel Córdova Rosas se convierta en una de los libros más bellos y reveladores de todos los que se han escrito en el Perú sobre la violencia política.
Sobre la obra, el eminente sociólogo Nelson Manrique ha escrito: “A través de las vicisitudes de los viajeros de este viaje macabro se despliega como una gran metáfora la imagen de un país donde no hay ciudadanos; donde unos tienen deberes y no tienen derechos (y entonces son súbditos) y otros sólo tienen derechos y no tienen deberes (y entonces son privilegiados). En el orden social de los privilegiados cualquier reclamo, queja, demanda de derechos es subversiva; por eso los pasajeros del camión de la muerte están sentenciados”.
Haciendo eco de esta justísima crítica podemos decir que la obra de Córdova Rosas nos adentra en un mundo plagado por el odio ideológico, por los falsos patriotismos (patrioterismo que tanta sangre derramó en la humanidad), por la barbarie y el ensañamiento de la casta militar que, a razón de no poder derrotar a su enemigo invisible, daba manotazos en la oscuridad culpando a cualquiera que se atravesara en su camino. La novela es un testimonio de lo que vivimos, pero también es un clamor antropológico que nos habla de explotación ancestral, la exclusión, la segregación, el despotismo de los poderosos, el cumplimiento infeliz de las órdenes de un Estado que no ha podido librarse de sus propios demonios y lo hace encarnándolos en los más débiles.
El propio libro dice que se trata de una excelente novela antropológica. Y es cierto. Que la autora se mete en la piel de cada uno de los protagonistas y que a través de ellos va describiendo la realidad del Perú. Y también es cierto. Que es la primera vez que una escritora narra con profundidad y valentía sobre la espeluznante época de la violencia armada. Y eso es lo más cierto que nos muestra este libro que mueve las conciencias y las entrañas más inconmovibles.
Una lectura necesaria y forzosa en nuestros colegios y universidades para que aquello no nos vuelva a pasar.
Un grupo de ciudadanos inocentes son atrapados por las Fuerzas Armadas y subidos a un camión para ser trasladados a un lugar incognoscible donde les espera la muerte. El camión parte y, mientras asciende la montaña, vamos enterándonos de la vida, de las reminiscencias, de sus esperanzas, de las de los más profundos entresijos vitales de los prisioneros que viajan atemorizados por los cañones negros de los fusiles que no dejan de amenazarlos.
Este es el poderoso argumento de la nueva novela de Isabel Córdova Rosas, la escritora huancaína más aplaudida y reconocida internacionalmente, que acaba de ser lanzada a nivel nacional en Huancayo.
Los detenidos que viajan en este camión son variopintos y representan diversos estratos y sociedades. Tenemos jóvenes universitarios, obreros, profesores, campesinos, entre otros. Estos personajes se alzan poderosos psicológica y socialmente. A lo largo de la novela, recorremos sus vidas, sus derroteros, sus perdidas ilusiones, y somos partícipes de sus terrores macerados por ese viaje a lo ignoto.
Julia es el soporte de la novela, pues en torno a ella se desarrolla toda la trama: ha sido secuestrada y violada por un pelotón de militares, y, ya en el camión, tiene que aprenderse de memoria los nombres, apellidos y ocupación de un grupo de prisioneros para que, una vez lograda su fuga con la ayuda de todos, avise a los medios de comunicación de la situación y así los familiares de las víctimas dejen de buscarlos en las morgues.
Se trata, pues, de una novela de camino (en el cine el género se llama “Road movie”), donde la historia y el flujo narrativo se circunscriben al viaje que realiza este camión desde Lima hasta las serranías. El conocimiento social es el apropiado, el tono es exacto, el ritmo (siempre dinámico) es sostenido, la dosificación de los conflictos y los suspensos es inmejorable, el manejo de los diálogos es extraordinario. Todo esto hace que la nueva novela de Isabel Córdova Rosas se convierta en una de los libros más bellos y reveladores de todos los que se han escrito en el Perú sobre la violencia política.
Sobre la obra, el eminente sociólogo Nelson Manrique ha escrito: “A través de las vicisitudes de los viajeros de este viaje macabro se despliega como una gran metáfora la imagen de un país donde no hay ciudadanos; donde unos tienen deberes y no tienen derechos (y entonces son súbditos) y otros sólo tienen derechos y no tienen deberes (y entonces son privilegiados). En el orden social de los privilegiados cualquier reclamo, queja, demanda de derechos es subversiva; por eso los pasajeros del camión de la muerte están sentenciados”.
Haciendo eco de esta justísima crítica podemos decir que la obra de Córdova Rosas nos adentra en un mundo plagado por el odio ideológico, por los falsos patriotismos (patrioterismo que tanta sangre derramó en la humanidad), por la barbarie y el ensañamiento de la casta militar que, a razón de no poder derrotar a su enemigo invisible, daba manotazos en la oscuridad culpando a cualquiera que se atravesara en su camino. La novela es un testimonio de lo que vivimos, pero también es un clamor antropológico que nos habla de explotación ancestral, la exclusión, la segregación, el despotismo de los poderosos, el cumplimiento infeliz de las órdenes de un Estado que no ha podido librarse de sus propios demonios y lo hace encarnándolos en los más débiles.
El propio libro dice que se trata de una excelente novela antropológica. Y es cierto. Que la autora se mete en la piel de cada uno de los protagonistas y que a través de ellos va describiendo la realidad del Perú. Y también es cierto. Que es la primera vez que una escritora narra con profundidad y valentía sobre la espeluznante época de la violencia armada. Y eso es lo más cierto que nos muestra este libro que mueve las conciencias y las entrañas más inconmovibles.
Una lectura necesaria y forzosa en nuestros colegios y universidades para que aquello no nos vuelva a pasar.
Todo esto hace que la nueva novela de Isabel Córdova Rosas se convierta en una de los libros más bellos y reveladores de todos los que se han escrito en el Perú sobre la violencia política.
La tristeza como color de identidad
Marlon Zenteno Mayorca
La madrugada del 9 de julio Facundo Cabral fue acribillado por un grupo de sicarios mientras era transportado hacia el aeropuerto de la Aurora en Guatemala.
El compositor, había ido a ese país a realizar lo habitual en un músico de su calibre: un magistral concierto. Sin embargo, no encontró en él otra cosa que el final de su inmejorable camino, de su trayectoria impecable como artista y trovador, y de la gratificante cosecha que había conseguido como contestario y poeta revoltoso que no pocos hubieran querido ver en las sombras. Hoy, éstos parecen haber sido complacidos. Pero, sólo aparentemente, porque el mensaje de Cabral siempre trascendió sus limitaciones como ser humano y lo catapultó desde aquel lejano “Vuele bajo”, esa emotiva canción de cuna que fue la primera pieza que Cabral compuso emborrachado de ensoñación y quien sabe qué más, pero que resultó ser la piedra angular de una carrera más que admirable.
Recuerdo haber tenido mi primer contacto con Cabral siendo aún un niño que apenas era presentado a este mundo. Mi papá solía rasgar el inmortal “No soy de aquí, ni soy de allá” y poner aquellas reliquias de registro para audio conocidas como “cassettes” en una grabadora negra y enorme que reproducía la guitarra dolorosa de Cabral, y me hacía pensar en qué clase de loco podría haber escrito una canción tan desafiante para la racionalidad como lo había hecho este argentino, a quien nunca comprendí del todo, pero siempre admiré.
Amigo de Borges, admirador de Whitman, seguidor de Jesucristo, Gandhi, la madre Teresa de Calcuta (sí, todo lo escrito en Wikipedia es cierto). Cabral fue un hombre que no necesitó de ningún mérito académico, de ninguna formación rígidamente establecida para convertirse en un grande la canción o para grabar junto a Neil Diamond.
Sus inicios humildes con “los paisanos, con la familia Techeiro”, su subterraneidad como “El indio Gasparino” y su constante prédica en pro del pacifismo y de las filosofías anarquistas, le han otorgado el perfecto halo de marginalidad, de una suerte de malditismo angelical que sólo toca a unos cuantos.
Ahora, el Premio Nobel de la Paz jamás será estrechado entre sus manos de vagabundo (siempre y cuando lo hubiera aceptado). Ahora muchos tendremos la duda de sí su asesinato fue una confusión, de si él no era el destinado a esa cita con las balas insanas y criminales, de si no se trata de algo similar a lo ocurrido a Pasolini. Tendremos que consolarnos oyendo “no soy de aquí, ni soy de allá. No tengo hogar, ni porvenir y ser feliz es mi color de identidad”, aunque la felicidad no sea lo primero que nos embargue al escuchar una de las canciones más bellas y tristes de la historia.
La madrugada del 9 de julio Facundo Cabral fue acribillado por un grupo de sicarios mientras era transportado hacia el aeropuerto de la Aurora en Guatemala.
El compositor, había ido a ese país a realizar lo habitual en un músico de su calibre: un magistral concierto. Sin embargo, no encontró en él otra cosa que el final de su inmejorable camino, de su trayectoria impecable como artista y trovador, y de la gratificante cosecha que había conseguido como contestario y poeta revoltoso que no pocos hubieran querido ver en las sombras. Hoy, éstos parecen haber sido complacidos. Pero, sólo aparentemente, porque el mensaje de Cabral siempre trascendió sus limitaciones como ser humano y lo catapultó desde aquel lejano “Vuele bajo”, esa emotiva canción de cuna que fue la primera pieza que Cabral compuso emborrachado de ensoñación y quien sabe qué más, pero que resultó ser la piedra angular de una carrera más que admirable.
Recuerdo haber tenido mi primer contacto con Cabral siendo aún un niño que apenas era presentado a este mundo. Mi papá solía rasgar el inmortal “No soy de aquí, ni soy de allá” y poner aquellas reliquias de registro para audio conocidas como “cassettes” en una grabadora negra y enorme que reproducía la guitarra dolorosa de Cabral, y me hacía pensar en qué clase de loco podría haber escrito una canción tan desafiante para la racionalidad como lo había hecho este argentino, a quien nunca comprendí del todo, pero siempre admiré.
Amigo de Borges, admirador de Whitman, seguidor de Jesucristo, Gandhi, la madre Teresa de Calcuta (sí, todo lo escrito en Wikipedia es cierto). Cabral fue un hombre que no necesitó de ningún mérito académico, de ninguna formación rígidamente establecida para convertirse en un grande la canción o para grabar junto a Neil Diamond.
Sus inicios humildes con “los paisanos, con la familia Techeiro”, su subterraneidad como “El indio Gasparino” y su constante prédica en pro del pacifismo y de las filosofías anarquistas, le han otorgado el perfecto halo de marginalidad, de una suerte de malditismo angelical que sólo toca a unos cuantos.
Ahora, el Premio Nobel de la Paz jamás será estrechado entre sus manos de vagabundo (siempre y cuando lo hubiera aceptado). Ahora muchos tendremos la duda de sí su asesinato fue una confusión, de si él no era el destinado a esa cita con las balas insanas y criminales, de si no se trata de algo similar a lo ocurrido a Pasolini. Tendremos que consolarnos oyendo “no soy de aquí, ni soy de allá. No tengo hogar, ni porvenir y ser feliz es mi color de identidad”, aunque la felicidad no sea lo primero que nos embargue al escuchar una de las canciones más bellas y tristes de la historia.
Cabral fue un hombre que no necesitó de ningún mérito académico, de ninguna formación rígidamente establecida para convertirse en un grande la canción.
Facundo, el profeta
Pio Altamirano Melgarejo
Su partida deja la sensación de una pérdida irreparable. Un amigo muy querido se ha ido. Nosotros lo encontramos allá por los años ochenta; alguien apareció con un cassette de Facundo y celebramos su sabiduría y el enorme sentido de humor de aquel que mantiene la memoria de lo vivido como lección de vida. Como admirador de Atahualpa Yupanqui y José Larralde, payadores mayores del norte de la Argentina, heredó el toque de la guitarra, la poesía sabia y popular de la Milonga pampeana, pero además, incluyó, con mucha ironía, la temática urbana y las sin razones de lo moderno: “Vamos cruzando por la vida en el tren de la muerte, viendo como el progreso acaba con la gente”.
Su espíritu profundamente religioso, lo convirtió casi en un profeta de la paz, de la tolerancia, del entendimiento, pues decía que la música no es más que un pretexto para que la gente se una. Su lenguaje claro, prístino, profundo, dejaba ver una vida muy dura: pasó una niñez de carencias, por el abandono del padre al día de nacido. La imagen de una abuela y una madre analfabeta pero sabia y digna en la pobreza, cimentó su espíritu para la posteridad. Cada ocasión dramática que le tocó vivir, pudo soportarla con el enorme espíritu de esperanza que tenía y la infaltable ironía: “Soy el orgullo de mi abuela, que es la vergüenza de la familia”
Como todo cantor que opina tiene gente que lo admira y quiere, otros que critican sus posturas filosóficas, y aquellos que fueron tocados por su sarcasmo —casi siempre personalidades políticas— andarán celebrando su partida.
Podríamos llenar muchas páginas con citas textuales de sus ocurrencias, puntos de vista controvertidos sobre la sociedad de consumo, citas bíblicas e interpretaciones, sus alabanzas al amor, a la paz, a la convivencia; podríamos decir que admiró a Jesús, el de la cruz; a Gandhi y a la madre Teresa de Calcuta, que parafraseó a Tagore, a Walt Whitman y a Borges. Lo que no podemos afirmar es que se fue. Queda en nosotros toda la amistad y el amor que siempre le sobró.
Dijo alguna vez: “Existe el secuestro y el narcotráfico porque hay pendejos que no tienen los cojones para vivir la vida y prefieren asesinar”, y le quitaron la vida a un corajudo militante de la esperanza. Quienes no lo conocieron tienen ahora la ocasión de escucharlo, disfrutar, analizar, entender y solazarse con su obra. “Cuando un amigo se va, queda un tizón encendido, que no se puede apagar ni con las aguas de un río”. Hasta siempre Facundo.
Su partida deja la sensación de una pérdida irreparable. Un amigo muy querido se ha ido. Nosotros lo encontramos allá por los años ochenta; alguien apareció con un cassette de Facundo y celebramos su sabiduría y el enorme sentido de humor de aquel que mantiene la memoria de lo vivido como lección de vida. Como admirador de Atahualpa Yupanqui y José Larralde, payadores mayores del norte de la Argentina, heredó el toque de la guitarra, la poesía sabia y popular de la Milonga pampeana, pero además, incluyó, con mucha ironía, la temática urbana y las sin razones de lo moderno: “Vamos cruzando por la vida en el tren de la muerte, viendo como el progreso acaba con la gente”.
Su espíritu profundamente religioso, lo convirtió casi en un profeta de la paz, de la tolerancia, del entendimiento, pues decía que la música no es más que un pretexto para que la gente se una. Su lenguaje claro, prístino, profundo, dejaba ver una vida muy dura: pasó una niñez de carencias, por el abandono del padre al día de nacido. La imagen de una abuela y una madre analfabeta pero sabia y digna en la pobreza, cimentó su espíritu para la posteridad. Cada ocasión dramática que le tocó vivir, pudo soportarla con el enorme espíritu de esperanza que tenía y la infaltable ironía: “Soy el orgullo de mi abuela, que es la vergüenza de la familia”
Como todo cantor que opina tiene gente que lo admira y quiere, otros que critican sus posturas filosóficas, y aquellos que fueron tocados por su sarcasmo —casi siempre personalidades políticas— andarán celebrando su partida.
Podríamos llenar muchas páginas con citas textuales de sus ocurrencias, puntos de vista controvertidos sobre la sociedad de consumo, citas bíblicas e interpretaciones, sus alabanzas al amor, a la paz, a la convivencia; podríamos decir que admiró a Jesús, el de la cruz; a Gandhi y a la madre Teresa de Calcuta, que parafraseó a Tagore, a Walt Whitman y a Borges. Lo que no podemos afirmar es que se fue. Queda en nosotros toda la amistad y el amor que siempre le sobró.
Dijo alguna vez: “Existe el secuestro y el narcotráfico porque hay pendejos que no tienen los cojones para vivir la vida y prefieren asesinar”, y le quitaron la vida a un corajudo militante de la esperanza. Quienes no lo conocieron tienen ahora la ocasión de escucharlo, disfrutar, analizar, entender y solazarse con su obra. “Cuando un amigo se va, queda un tizón encendido, que no se puede apagar ni con las aguas de un río”. Hasta siempre Facundo.
Su espíritu profundamente religioso, lo convirtió casi en un profeta de la paz, de la tolerancia, del entendimiento, pues decía que la música no es más que un pretexto para que la gente se una.
Caligrama en homenaje a Machu Picchu
Solo 4
Un caligrama es una composición visual que con el uso y disposición deliberada de letras, frases, oraciones u otros, se forman figuras diversas. Las líneas del dibujo son reemplazadas por los textos que, a su vez, expresan visualmente lo que las palabras dicen.
“Machu Picchu encima del Mundo” es el título del caligrama hecho en homenaje al centenario de este monumento arquitectónico. Fue escrito y diseñado por Rodolfo Rojas Villanueva, un reconocido activista ecológico nacido en Cerro de Pasco, quien hoy, con esta composición, demuestra que Machu Picchu no solo es importante para el Cuzco o los turistas, sino para todos los peruanos.
Los caligramas han estado presentes en el arte desde hace más de medio siglo. Así, Rojas Villanueva comparte el diseño de estas “poesías visuales” con el poeta cubista francés Guillaume Apollinaire; con el chileno Vicente Huidobro; el cubano Guillermo Cabrera Infante; el argentino Oliverio Girondo o con los peruanos Carlos Oquendo de Amat, Jorge Eduardo Eielson y Arturo Corcuera.
Esta es parte de su creación: “Machu Picchu/alma y espíritu planetario/ciudad estelar de los Incas/arquitectura inacabable/rama de Caral, hoja de Chavín/pétalo de Wari, nieto de Sipán/de ti nacieron la papa y el maíz/para salvar del hambre a Europa/Hoy, nuevamente nace de ti/ la esperanza para el hombre”.
Un caligrama es una composición visual que con el uso y disposición deliberada de letras, frases, oraciones u otros, se forman figuras diversas. Las líneas del dibujo son reemplazadas por los textos que, a su vez, expresan visualmente lo que las palabras dicen.
“Machu Picchu encima del Mundo” es el título del caligrama hecho en homenaje al centenario de este monumento arquitectónico. Fue escrito y diseñado por Rodolfo Rojas Villanueva, un reconocido activista ecológico nacido en Cerro de Pasco, quien hoy, con esta composición, demuestra que Machu Picchu no solo es importante para el Cuzco o los turistas, sino para todos los peruanos.
Los caligramas han estado presentes en el arte desde hace más de medio siglo. Así, Rojas Villanueva comparte el diseño de estas “poesías visuales” con el poeta cubista francés Guillaume Apollinaire; con el chileno Vicente Huidobro; el cubano Guillermo Cabrera Infante; el argentino Oliverio Girondo o con los peruanos Carlos Oquendo de Amat, Jorge Eduardo Eielson y Arturo Corcuera.
Esta es parte de su creación: “Machu Picchu/alma y espíritu planetario/ciudad estelar de los Incas/arquitectura inacabable/rama de Caral, hoja de Chavín/pétalo de Wari, nieto de Sipán/de ti nacieron la papa y el maíz/para salvar del hambre a Europa/Hoy, nuevamente nace de ti/ la esperanza para el hombre”.
AGENDA SEMANAL
Ciclo de cine policial "De colección"
Organiza: ICPNA Región Centro
Forista: Luis Puente de la Vega Rojas
Miércoles 20: Fuego contra fuego
Jueves 21: Seven
Viernes 22: Dueños de la noche
Hora: 7 pm
Lugar: Auditorio del ICPNA Región Centro - Jr. Ayacucho 169 Huancayo
INGRESO LIBRE
Organiza: ICPNA Región Centro
Forista: Luis Puente de la Vega Rojas
Miércoles 20: Fuego contra fuego
Jueves 21: Seven
Viernes 22: Dueños de la noche
Hora: 7 pm
Lugar: Auditorio del ICPNA Región Centro - Jr. Ayacucho 169 Huancayo
INGRESO LIBRE
Un mensajero de la paz: Facundo Cabral
Leonardo Mendoza Mesías
Rodolfo Enrique Facundo Cabral nació un 22 de mayo de 1937, en Argentina. Este destacado cantautor, compositor y productor tuvo una niñez muy dura por el desamparo paternal que sufrió, y la pobreza familiar que lo rodeaba.
A pesar de ello, y sobreponiéndose a una experiencia carcelaria, se impulsó como músico y cantante, cuyo nombre artístico inicial fue “El indio Gasparino”; posteriormente, se presentaría con su apellido verdadero. Es así que, en 1970, grabó: “No soy de aquí, ni soy de allá”, éxito que lo consagra al nivel de Alberto Cortez, Julio Iglesias y otros.
Fallecido el presidente argentino Perón, el gobierno es asumido por la Vicepresidenta María Estela Martínez de Perón quien, al poco tiempo, deja el cargo en manos del gobierno militar encabezado por Jorge Rafael Videla. Transcurría 1976 cuando por estas causas, y por ser considerado un cantautor de protesta, Facundo Cabral se ve obligado a salir de su país, radicando en México y recorriendo, según dicen, más de 159 países.
Una de las más destacadas presentaciones fue la realizada junto a Alberto Cortez titulada: “Lo Cortez no quita lo Cabral”, en la cual unen el humor, poesía, canciones y música. Enviudó trágicamente a los 40 y conoció a su padre a los 46.
Pero además de la música, Facundo Cabral destacó por su intensa espiritualidad basada en Jesús, Gandhi y Teresa de Calcuta, predicando una especie de misticismo cristiano, aunque, declarándose siempre reacio a practicar religión alguna. Esta tendencia espiritual inconformista se enrumbo en una crítica social constructiva matizada por el más fino humor. Por otro lado, no se conoce que Cabral haya tenido participación militante en movimiento político alguno; sin embargo, por muchos años abogó por el “pacifismo” como forma de solucionar conflictos autodefiniéndose como "violentamente pacifista" y "vagabundo de primera clase”.
Este febril cantautor argentino, a sus 74 años, fue asesinado el pasado 9 de julio, en ciudad de Guatemala, víctima de un atentado, aparentemente, dirigido a su anfitrión, el empresario Henry Fariña. Es una pena, pero hay mucho que tenemos que aprender de él, por ejemplo, y para terminar, recordemos algunos de sus más célebres pensamientos: “Cuando un pueblo trabaja, Dios lo respeta. Pero cuando un pueblo canta, Dios lo ama”. “Ahora mismo le puedes decir basta al miedo que heredaste, porque la vida es aquí y ahora mismo”, y por último: “Borra el pasado para no repetirlo, para no tratarte como te trataron ellos; pero no los culpes, porque nadie puede enseñar lo que no sabe, perdónalos y te liberarás de esas cadenas”.
Rodolfo Enrique Facundo Cabral nació un 22 de mayo de 1937, en Argentina. Este destacado cantautor, compositor y productor tuvo una niñez muy dura por el desamparo paternal que sufrió, y la pobreza familiar que lo rodeaba.
A pesar de ello, y sobreponiéndose a una experiencia carcelaria, se impulsó como músico y cantante, cuyo nombre artístico inicial fue “El indio Gasparino”; posteriormente, se presentaría con su apellido verdadero. Es así que, en 1970, grabó: “No soy de aquí, ni soy de allá”, éxito que lo consagra al nivel de Alberto Cortez, Julio Iglesias y otros.
Fallecido el presidente argentino Perón, el gobierno es asumido por la Vicepresidenta María Estela Martínez de Perón quien, al poco tiempo, deja el cargo en manos del gobierno militar encabezado por Jorge Rafael Videla. Transcurría 1976 cuando por estas causas, y por ser considerado un cantautor de protesta, Facundo Cabral se ve obligado a salir de su país, radicando en México y recorriendo, según dicen, más de 159 países.
Una de las más destacadas presentaciones fue la realizada junto a Alberto Cortez titulada: “Lo Cortez no quita lo Cabral”, en la cual unen el humor, poesía, canciones y música. Enviudó trágicamente a los 40 y conoció a su padre a los 46.
Pero además de la música, Facundo Cabral destacó por su intensa espiritualidad basada en Jesús, Gandhi y Teresa de Calcuta, predicando una especie de misticismo cristiano, aunque, declarándose siempre reacio a practicar religión alguna. Esta tendencia espiritual inconformista se enrumbo en una crítica social constructiva matizada por el más fino humor. Por otro lado, no se conoce que Cabral haya tenido participación militante en movimiento político alguno; sin embargo, por muchos años abogó por el “pacifismo” como forma de solucionar conflictos autodefiniéndose como "violentamente pacifista" y "vagabundo de primera clase”.
Este febril cantautor argentino, a sus 74 años, fue asesinado el pasado 9 de julio, en ciudad de Guatemala, víctima de un atentado, aparentemente, dirigido a su anfitrión, el empresario Henry Fariña. Es una pena, pero hay mucho que tenemos que aprender de él, por ejemplo, y para terminar, recordemos algunos de sus más célebres pensamientos: “Cuando un pueblo trabaja, Dios lo respeta. Pero cuando un pueblo canta, Dios lo ama”. “Ahora mismo le puedes decir basta al miedo que heredaste, porque la vida es aquí y ahora mismo”, y por último: “Borra el pasado para no repetirlo, para no tratarte como te trataron ellos; pero no los culpes, porque nadie puede enseñar lo que no sabe, perdónalos y te liberarás de esas cadenas”.
Por muchos años abogó por el “pacifismo” como forma de solucionar conflictos autodefiniéndose como "violentamente pacifista".
domingo, 10 de julio de 2011
Solo 4 “373” del 09 de julio de 2011
EDICIÓN ESPECIAL
LA CITA
“Me detuve en el Perú y subí hasta las ruinas de Macchu Picchu (…) Desde la ciudadela carcomida y roída por el paso de los siglos se despeñaban torrentes. Masas de neblina blanca se levantaban desde el río Wilcamayo. Me sentí infinitamente pequeño en el centro de aquel ombligo de piedra; ombligo de un mundo deshabitado, orgulloso y eminente, al que de algún modo yo pertenecía”.
Pablo Neruda, Confieso que he vivido
LA CITA
“Me detuve en el Perú y subí hasta las ruinas de Macchu Picchu (…) Desde la ciudadela carcomida y roída por el paso de los siglos se despeñaban torrentes. Masas de neblina blanca se levantaban desde el río Wilcamayo. Me sentí infinitamente pequeño en el centro de aquel ombligo de piedra; ombligo de un mundo deshabitado, orgulloso y eminente, al que de algún modo yo pertenecía”.
Pablo Neruda, Confieso que he vivido
El grupo de arte “Tuky” organiza actividades pro reconstrucción de su taller de danza
El “Tuky” viene organizando diversas actividades para la reconstrucción de su taller de danza. Entre las actividades programadas están la Primera Muestra de Danza Folklórica por Pareja y el Primer Festival de Cuenta de Cuentos. Estos eventos se llevarán a cabo en el Instituto de la Juventud y la Cultura de Huancayo, los días 14,15, 21 y 22 de julio.
El grupo de arte “Tuky” viene trabajando, desde hace mucho, en la conservación y promoción de nuestro arte y folclor, a nivel nacional e internacional, lo cual lo ha convertido, sin lugar a dudas, en uno de los talleres más representativos e importantes de la región Junín. Es por esto que la Dirección Regional de Cultura de Junín invita a toda la población huancaína, y a todos lo que se encuentran en el quehacer cultural, a unirse a estas actividades en beneficio de la recuperación de las instalaciones de esta renombrada organización, parte de nuestro patrimonio cultural.
El grupo de arte “Tuky” viene trabajando, desde hace mucho, en la conservación y promoción de nuestro arte y folclor, a nivel nacional e internacional, lo cual lo ha convertido, sin lugar a dudas, en uno de los talleres más representativos e importantes de la región Junín. Es por esto que la Dirección Regional de Cultura de Junín invita a toda la población huancaína, y a todos lo que se encuentran en el quehacer cultural, a unirse a estas actividades en beneficio de la recuperación de las instalaciones de esta renombrada organización, parte de nuestro patrimonio cultural.
Machu Picchu y el incanato en la literatura
Sandro Bossio Suárez
Pablo Neruda, el extraordinario poeta chileno, viajó al Cusco en 1943 y, tras visitar Machu Picchu, escribió maravillado un conjunto de poemas (“Alturas de Machu Picchu”, incluido en “Canto genral”). Sin embargo, no es el único que escribió sobre las misteriosas ruinas; también lo hizo el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal (“El secreto de Machu Picchu”); y luego los poetas peruanos César Toro (quien escribió “Torres y praderas de Machu Picchu”), Martín Adán (con “La Mano Desasida, Canto a Machu Picchu”) y el huancaíno Tulio Mora (que incluye varios poemas sobre el gigante de piedra en “País interior”).
Ahora bien, la literatura inspirada por la temática incaica es luenga, pues ya en
1912 eclosiona en el Perú un frente cultural amplio y multiforme, expresado en un súbito interés por los temas incaicos, y en un resurgimiento de las manifestaciones quechuas y nativistas. Se le conoce como «incaísmo».
En 1914 cuando Abraham Valdelomar se deja ganar por un proyecto literario de esa envergadura. Inicialmente, su plan circundaba una novela incaica, pero con el tiempo se convirtió en cuentos incaico, publicados en 1921 con el nombre de “Los hijos del sol”.
Estas nuevas influencias determinan que un escritor arequipeño, de nombre Augusto Aguirre Morales, se aparte de la mirada tierna y pasional sobre el incanato, que hasta entonces obra en los relatos preexistentes, y se embarque en la fragua de “El Pueblo del Sol”. Pese a las muchas décadas que nos separan de ella, esta novela continúa ejerciendo la hegemonía dentro del género. La historia, estructurada a manera de las grandes epopeyas clásicas, gira en torno a la revuelta castrense de los chinchacamac en contra de sus conquistadores incas. El héroe de la novela es Mallku, rey de los chinchas, quien, inicia una guerra rebelde contra los incas en el propio Kosko. Publicada en 1927, fruto quizás de un incaísmo tardío, esta corpulenta ficción persigue dos propósitos: reconstruir fielmente la época prehispánica y demostrar que el imperio incaico era, al contrario de lo que se pensaba entonces, una nación despótica y desigual.
Para lograr lo primero, considerando que para este fin no basta solo la imaginación, Aguirre Morales opta por afianzarse en una rigurosa investigación histórica, que, según él mismo cuenta, duró casi una década. Al iniciar estas pesquisas, el autor entra en contacto con los nuevos descubrimientos en materia prehispánica y se detiene largamente no sólo en los cronistas hispanos, sino además en abundante material iconográfico y arqueológico. Es así que logra una construcción novelesca rigurosa del Imperio de los Incas.
En cuanto a su segundo propósito, Aguirre Morales utiliza como vehículo el heroísmo novelesco de su libro para concluir que «el régimen inkaico fue despótico y teocrático», y, lo que enardeció a una cierta élite intelectual de la época, que «no fue comunista». La hipótesis de la novela parece reposar en la razón de que el pueblo incaico fue un pueblo esclavo, infeliz, porque careció de libertad.
La temática incaica también ha calado en autores extranjeros. Varios de ellos, de diferentes nacionalidades, han escrito en las últimas décadas una serie de novelas históricas ambientadas en el incanato.
Dos de ellos son el belga Gérard Delteil y el español Alberto Vásquez Figueroa. En sendas novelas tituladas “El oro del Inca” y “El Inca” (2002), respectivamente, estos autores recrean similares historias en una hipotética civilización incaica.
En “El oro del Inca”, Deilteil rescata a Ollantay, personaje principal del conocido drama incaico del mismo nombre, quien después de su azarosa aventura amorosa con Cusi Coyllor, se encuentra retirado de la vida pública, convertido en un pacífico pescador. La misión que tiene Ollantay en esta ocasión es, a instancias de Túpac Yupanqui, investigar el asesinato del sacerdote Uruca a manos de unos conspiradores.
Entretanto, Vásquez Figueroa cuenta en “El Inca” una historia de amor imposible protagonizada por Rusti Cayambe, oficial del ejército imperial, y la princesa Ima, destinada a perpetuar la sangre real del inca. La trama, con interesantes momentos en el clímax, se encuentra circuida por un marco bélico.
Tristemente, ninguno de los dos escritores ha logrado obras verosímiles, pues, la ambientación incaica de las obras es artificiosa y poco convincente, y las incongruencias abundan.
Otro autor que debió haber recurrido al Archivo de Indias, o a los cronistas itinerantes de nuestro pasado colonial, es Antoine Daniel (que en realidad es el seudónimo en singular de tres escritores diferentes), autor de la exitosísima trilogía “Inca”, publicada en tres tomos a partir de 1997. Solo de arranque, la novela resbala en lo étnico: Anamaya es una princesa inca «de asombrosos ojos azules». En la contratapa del libro tercero dice: «La trilogía Inca es una apasionante historia de amor y de aventura ambientada en el fascinante y misterioso continente americano», y, en efecto, estamos de acuerdo, pues este continente sigue siendo un verdadero misterio no solo para Daniel, sino también para Gérard Delteil, para Vásquez Figueroa y, últimamente, para Rafael Marín, quien ha publicado “El muchacho inca”, una novela juvenil ágil y entretenida, pero con las mismas limitaciones de las otras.
Pablo Neruda, el extraordinario poeta chileno, viajó al Cusco en 1943 y, tras visitar Machu Picchu, escribió maravillado un conjunto de poemas (“Alturas de Machu Picchu”, incluido en “Canto genral”). Sin embargo, no es el único que escribió sobre las misteriosas ruinas; también lo hizo el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal (“El secreto de Machu Picchu”); y luego los poetas peruanos César Toro (quien escribió “Torres y praderas de Machu Picchu”), Martín Adán (con “La Mano Desasida, Canto a Machu Picchu”) y el huancaíno Tulio Mora (que incluye varios poemas sobre el gigante de piedra en “País interior”).
Ahora bien, la literatura inspirada por la temática incaica es luenga, pues ya en
1912 eclosiona en el Perú un frente cultural amplio y multiforme, expresado en un súbito interés por los temas incaicos, y en un resurgimiento de las manifestaciones quechuas y nativistas. Se le conoce como «incaísmo».
En 1914 cuando Abraham Valdelomar se deja ganar por un proyecto literario de esa envergadura. Inicialmente, su plan circundaba una novela incaica, pero con el tiempo se convirtió en cuentos incaico, publicados en 1921 con el nombre de “Los hijos del sol”.
Estas nuevas influencias determinan que un escritor arequipeño, de nombre Augusto Aguirre Morales, se aparte de la mirada tierna y pasional sobre el incanato, que hasta entonces obra en los relatos preexistentes, y se embarque en la fragua de “El Pueblo del Sol”. Pese a las muchas décadas que nos separan de ella, esta novela continúa ejerciendo la hegemonía dentro del género. La historia, estructurada a manera de las grandes epopeyas clásicas, gira en torno a la revuelta castrense de los chinchacamac en contra de sus conquistadores incas. El héroe de la novela es Mallku, rey de los chinchas, quien, inicia una guerra rebelde contra los incas en el propio Kosko. Publicada en 1927, fruto quizás de un incaísmo tardío, esta corpulenta ficción persigue dos propósitos: reconstruir fielmente la época prehispánica y demostrar que el imperio incaico era, al contrario de lo que se pensaba entonces, una nación despótica y desigual.
Para lograr lo primero, considerando que para este fin no basta solo la imaginación, Aguirre Morales opta por afianzarse en una rigurosa investigación histórica, que, según él mismo cuenta, duró casi una década. Al iniciar estas pesquisas, el autor entra en contacto con los nuevos descubrimientos en materia prehispánica y se detiene largamente no sólo en los cronistas hispanos, sino además en abundante material iconográfico y arqueológico. Es así que logra una construcción novelesca rigurosa del Imperio de los Incas.
En cuanto a su segundo propósito, Aguirre Morales utiliza como vehículo el heroísmo novelesco de su libro para concluir que «el régimen inkaico fue despótico y teocrático», y, lo que enardeció a una cierta élite intelectual de la época, que «no fue comunista». La hipótesis de la novela parece reposar en la razón de que el pueblo incaico fue un pueblo esclavo, infeliz, porque careció de libertad.
La temática incaica también ha calado en autores extranjeros. Varios de ellos, de diferentes nacionalidades, han escrito en las últimas décadas una serie de novelas históricas ambientadas en el incanato.
Dos de ellos son el belga Gérard Delteil y el español Alberto Vásquez Figueroa. En sendas novelas tituladas “El oro del Inca” y “El Inca” (2002), respectivamente, estos autores recrean similares historias en una hipotética civilización incaica.
En “El oro del Inca”, Deilteil rescata a Ollantay, personaje principal del conocido drama incaico del mismo nombre, quien después de su azarosa aventura amorosa con Cusi Coyllor, se encuentra retirado de la vida pública, convertido en un pacífico pescador. La misión que tiene Ollantay en esta ocasión es, a instancias de Túpac Yupanqui, investigar el asesinato del sacerdote Uruca a manos de unos conspiradores.
Entretanto, Vásquez Figueroa cuenta en “El Inca” una historia de amor imposible protagonizada por Rusti Cayambe, oficial del ejército imperial, y la princesa Ima, destinada a perpetuar la sangre real del inca. La trama, con interesantes momentos en el clímax, se encuentra circuida por un marco bélico.
Tristemente, ninguno de los dos escritores ha logrado obras verosímiles, pues, la ambientación incaica de las obras es artificiosa y poco convincente, y las incongruencias abundan.
Otro autor que debió haber recurrido al Archivo de Indias, o a los cronistas itinerantes de nuestro pasado colonial, es Antoine Daniel (que en realidad es el seudónimo en singular de tres escritores diferentes), autor de la exitosísima trilogía “Inca”, publicada en tres tomos a partir de 1997. Solo de arranque, la novela resbala en lo étnico: Anamaya es una princesa inca «de asombrosos ojos azules». En la contratapa del libro tercero dice: «La trilogía Inca es una apasionante historia de amor y de aventura ambientada en el fascinante y misterioso continente americano», y, en efecto, estamos de acuerdo, pues este continente sigue siendo un verdadero misterio no solo para Daniel, sino también para Gérard Delteil, para Vásquez Figueroa y, últimamente, para Rafael Marín, quien ha publicado “El muchacho inca”, una novela juvenil ágil y entretenida, pero con las mismas limitaciones de las otras.
Tristemente, ninguno de los dos escritores ha logrado obras verosímiles, pues, la ambientación incaica de las obras es artificiosa y poco convincente, y las incongruencias abundan.
Alturas de Machu Picchu
Boris Espezúa Salmón
En 1943, el poeta chileno Pablo Neruda nos visitó en el Perú, y de modo especial, viajó a la ciudadela prehispánica ubicada en el Cusco. Después de haber recorrido el fatigoso camino hacia el lugar, la primera exclamación que tuvo el poeta, al ver la majestuosidad de Machu Picchu, fue: “Que buen lugar para un cordero asado”, para luego quedar impresionado por el mágico lugar, y luego de algunos años escribir poemas dedicados a Machu Picchu que obedecen al tiempo de su poesía épica, imprecatoria, de alegato y de profundo americanismo reunido en el libro “Canto General” que editó en 1950, y que fue el momento más alto de la poesía del Premio Nobel de Literatura de 1971, con más 250,000 ediciones vendidas en más de ocho idiomas hasta la fecha.
Pero, no sólo “Alturas de Machu Picchu” es conocida en nuestro medio como una de las únicas creaciones que recibió la ciudadela más importante de la época prehispánica en el continente, sino tenemos también un memorable poemario del Poeta Nicaragüense Ernesto Cardenal quien en su libro “Homenaje a los Indios Americanos” tiene en varios poemas en alusión a Machu Picchu, posteriormente se conoce que escribieron de la misma manera los poetas peruanos Martín Adán, César Toro, y Tulio Mora.
Neruda tuvo un brillante designio de poeta desde que a los 20 años cuando escribió “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” que fue el poemario obligado de los enamorados de la segunda mitad del siglo XX en Hispanoamérica; sin embargo, con los poemas dedicados a Latinoamérica alcanzaría la consagración mundial. Algunos versos a Machu Picchu son: “En la más alta vasija, estuvo reunido el silencio / Yo vengo hablar por vuestra boca muerta / a través de la tierra juntad todos los silenciosos labios derramados. Afilad los cuchillos que guardasteis / ponedlos en mi pecho y en mi mano / como un río de rayos amarillos / como un río de tigres enterrados / y dejadme llorar, horas, días, años, edades ciegas, siglos estelares”. En estos versos Neruda tiene la cualidad de encarnar la voz milenaria de nuestros ancestros, y reconocerse uno más de quienes labraron la piedra, alisaron los peñascos, y construyeron las murallas, este sentir hace que llegue a expresar una adhesión por la causa indígena, por su visión sideral, por un imprecación de hondo latinoamericanismo.
También, tenemos a un poeta que hace suyo un pasado que fue derruido, que impreca para que sea revalorado, para que se restituya el sufrimiento desde las profundidades de la piedra, donde se encuentra el grito, y la mirada de aquellos que como los agricultores, albañiles, alfareros, artesanos son la expresión viva de ese pasado, y que se repite en poemas como del “Del aire al aire”, La poderosa muerte”, “Amor Americano”, “Águila sideral”, y “Sube a nacer conmigo hermano”. En el año de 1981, La Universidad Católica de Chile y conjuntamente con el novelista Mario Vargas Llosa, prepararon un histórico musical con la agrupación “Los Jaivas” en la misma ciudadela, donde se musicalizaron poemas de Pablo Neruda dedicados a Machu Picchu, con ello se logró tener mayor interés tanto por sus poemas, como en el aumento de visitas a la ciudadela, hasta hacer más creciente su atractivo como una de las siete maravillas del mundo.
Personalmente recuerdo, las primeras cintas que grabaron la voz de Pablo Neruda, y fieles a una pequeña grabadora nos reuníamos en casa de algunos amigos de estudios, después de terminar las clases de secundaria para deleitarnos con la voz de Neruda, que era muy peculiar y contagiante, ya que encandilaba a quien lo escuchaba a vivenciar el poema de un modo pausado, con altas entonaciones cuando se trataba de poemas épicos, y cadenciosos en la poesía lírica, creo que uno de los pocos poetas, que para entonces había registrado su voz, en cintas como de sus libros: “Veinte poemas de Amor”, “Alturas de Machu Picchu”. Posteriormente, más bien impulsado por las pesquisas de este tipo de registros, pude encontrar la voz de Cortázar, de Borges, Octavio Paz, García Márquez o de Mario Benedetti. Pero, entre muchas cosas que se atesoran tendrá siempre un lugar especial, Pablo Neruda.
Neruda antes de morir, en sus memorias que fueron bastante difundidas, escribió sobre Machu Picchu diciendo: “Me sentí muy minúsculo ante ésta maravilla del mundo, y pude saber que había sido uno de los que construyó estas piedras, como chileno, peruano y americano”, sentimiento que a veces nosotros mismos como peruanos no tenemos, ni asumimos frente al pasado que no es sino el presente y el sentido hacia el futuro. Tanto en textos como: “Confieso que he vivido” o “Para nacer he nacido”, Neruda habla de su viajes, de su trabajo en la diplomacia que le permitió conocer el mundo, y por cierto, de sus experiencias poéticas y su permanente compromiso social. Entre estos escritos hay uno que es dedicado a la muerte de Vallejo: “Ya en los últimos tiempos, hermano, tu cuerpo, tu alma te pedían tierra americana, pero la hoguera de España te retenía en Francia, en donde nadie fue más extranjero. Porque era el espectro indoamericano, como nosotros, un espectro de nuestra martirizada América, un espectro madura en la libertad y en la pasión. Tenías algo de mina, de socavón lunar, algo terrenalmente profundo. Eres interior y grande, como un gran palacio de piedra subterránea, con mucho silencio mineral, con mucha esencia de tiempo y de especie”. En estas palabras resume lo que fue y es César Vallejo para el mundo. Neruda entró a la posteridad por su profundo arraigo al latinoamericanismo, por ser testigo de un tiempo, cuando vimos en él, la posibilidad de asumir el trabajo de escritor militante con responsabilidad al futuro y a la historia como lo quería Antonio Gramsci, para los jóvenes europeos de la década del 70.
No hay duda que la cultura es una sola, que es posible engarzar un canto mayor, si el compromiso ciudadano pasa por asumir en esa vasija mayor de la unidad y del consenso propuestas para conciliar las verdades y los cambios para la ruta que poetas como Vallejo, Neruda, Paz, Cardenal, Borges o Benedetti nos allanaron, y así, transitar sobre una nueva conciencia latinoamericana.
En 1943, el poeta chileno Pablo Neruda nos visitó en el Perú, y de modo especial, viajó a la ciudadela prehispánica ubicada en el Cusco. Después de haber recorrido el fatigoso camino hacia el lugar, la primera exclamación que tuvo el poeta, al ver la majestuosidad de Machu Picchu, fue: “Que buen lugar para un cordero asado”, para luego quedar impresionado por el mágico lugar, y luego de algunos años escribir poemas dedicados a Machu Picchu que obedecen al tiempo de su poesía épica, imprecatoria, de alegato y de profundo americanismo reunido en el libro “Canto General” que editó en 1950, y que fue el momento más alto de la poesía del Premio Nobel de Literatura de 1971, con más 250,000 ediciones vendidas en más de ocho idiomas hasta la fecha.
Pero, no sólo “Alturas de Machu Picchu” es conocida en nuestro medio como una de las únicas creaciones que recibió la ciudadela más importante de la época prehispánica en el continente, sino tenemos también un memorable poemario del Poeta Nicaragüense Ernesto Cardenal quien en su libro “Homenaje a los Indios Americanos” tiene en varios poemas en alusión a Machu Picchu, posteriormente se conoce que escribieron de la misma manera los poetas peruanos Martín Adán, César Toro, y Tulio Mora.
Neruda tuvo un brillante designio de poeta desde que a los 20 años cuando escribió “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” que fue el poemario obligado de los enamorados de la segunda mitad del siglo XX en Hispanoamérica; sin embargo, con los poemas dedicados a Latinoamérica alcanzaría la consagración mundial. Algunos versos a Machu Picchu son: “En la más alta vasija, estuvo reunido el silencio / Yo vengo hablar por vuestra boca muerta / a través de la tierra juntad todos los silenciosos labios derramados. Afilad los cuchillos que guardasteis / ponedlos en mi pecho y en mi mano / como un río de rayos amarillos / como un río de tigres enterrados / y dejadme llorar, horas, días, años, edades ciegas, siglos estelares”. En estos versos Neruda tiene la cualidad de encarnar la voz milenaria de nuestros ancestros, y reconocerse uno más de quienes labraron la piedra, alisaron los peñascos, y construyeron las murallas, este sentir hace que llegue a expresar una adhesión por la causa indígena, por su visión sideral, por un imprecación de hondo latinoamericanismo.
También, tenemos a un poeta que hace suyo un pasado que fue derruido, que impreca para que sea revalorado, para que se restituya el sufrimiento desde las profundidades de la piedra, donde se encuentra el grito, y la mirada de aquellos que como los agricultores, albañiles, alfareros, artesanos son la expresión viva de ese pasado, y que se repite en poemas como del “Del aire al aire”, La poderosa muerte”, “Amor Americano”, “Águila sideral”, y “Sube a nacer conmigo hermano”. En el año de 1981, La Universidad Católica de Chile y conjuntamente con el novelista Mario Vargas Llosa, prepararon un histórico musical con la agrupación “Los Jaivas” en la misma ciudadela, donde se musicalizaron poemas de Pablo Neruda dedicados a Machu Picchu, con ello se logró tener mayor interés tanto por sus poemas, como en el aumento de visitas a la ciudadela, hasta hacer más creciente su atractivo como una de las siete maravillas del mundo.
Personalmente recuerdo, las primeras cintas que grabaron la voz de Pablo Neruda, y fieles a una pequeña grabadora nos reuníamos en casa de algunos amigos de estudios, después de terminar las clases de secundaria para deleitarnos con la voz de Neruda, que era muy peculiar y contagiante, ya que encandilaba a quien lo escuchaba a vivenciar el poema de un modo pausado, con altas entonaciones cuando se trataba de poemas épicos, y cadenciosos en la poesía lírica, creo que uno de los pocos poetas, que para entonces había registrado su voz, en cintas como de sus libros: “Veinte poemas de Amor”, “Alturas de Machu Picchu”. Posteriormente, más bien impulsado por las pesquisas de este tipo de registros, pude encontrar la voz de Cortázar, de Borges, Octavio Paz, García Márquez o de Mario Benedetti. Pero, entre muchas cosas que se atesoran tendrá siempre un lugar especial, Pablo Neruda.
Neruda antes de morir, en sus memorias que fueron bastante difundidas, escribió sobre Machu Picchu diciendo: “Me sentí muy minúsculo ante ésta maravilla del mundo, y pude saber que había sido uno de los que construyó estas piedras, como chileno, peruano y americano”, sentimiento que a veces nosotros mismos como peruanos no tenemos, ni asumimos frente al pasado que no es sino el presente y el sentido hacia el futuro. Tanto en textos como: “Confieso que he vivido” o “Para nacer he nacido”, Neruda habla de su viajes, de su trabajo en la diplomacia que le permitió conocer el mundo, y por cierto, de sus experiencias poéticas y su permanente compromiso social. Entre estos escritos hay uno que es dedicado a la muerte de Vallejo: “Ya en los últimos tiempos, hermano, tu cuerpo, tu alma te pedían tierra americana, pero la hoguera de España te retenía en Francia, en donde nadie fue más extranjero. Porque era el espectro indoamericano, como nosotros, un espectro de nuestra martirizada América, un espectro madura en la libertad y en la pasión. Tenías algo de mina, de socavón lunar, algo terrenalmente profundo. Eres interior y grande, como un gran palacio de piedra subterránea, con mucho silencio mineral, con mucha esencia de tiempo y de especie”. En estas palabras resume lo que fue y es César Vallejo para el mundo. Neruda entró a la posteridad por su profundo arraigo al latinoamericanismo, por ser testigo de un tiempo, cuando vimos en él, la posibilidad de asumir el trabajo de escritor militante con responsabilidad al futuro y a la historia como lo quería Antonio Gramsci, para los jóvenes europeos de la década del 70.
No hay duda que la cultura es una sola, que es posible engarzar un canto mayor, si el compromiso ciudadano pasa por asumir en esa vasija mayor de la unidad y del consenso propuestas para conciliar las verdades y los cambios para la ruta que poetas como Vallejo, Neruda, Paz, Cardenal, Borges o Benedetti nos allanaron, y así, transitar sobre una nueva conciencia latinoamericana.
Neruda tiene la cualidad de encarnar la voz milenaria de nuestros ancestros, y reconocerse uno más de quienes labraron la piedra, alisaron los peñascos, y construyeron las murallas.
Alturas de Machu Picchu
(Fragmento)
VI
Entonces en la escala de la tierra he subido entre la atroz maraña de las selvas perdidas hasta ti, Macchu Picchu.
Alta ciudad de piedras escalares, por fin morada del que lo terrestre no escondió en las dormidas vestiduras. En ti, como dos líneas paralelas, la cuna del relámpago y del hombre se mecían en un viento de espinas.
Madre de piedra, espuma de los cóndores.
Alto arrecife de la aurora humana.
Pala perdida en la primera arena.
Ésta fue la morada, éste es el sitio:aquí los anchos granos del maíz ascendierony bajaron de nuevo como granizo rojo.
Aquí la hebra dorada salió de la vicuñaa vestir los amores, los túmulos, las madres,el rey, las oraciones, los guerreros.
Aquí los pies del hombre descansaron de nochejunto a los pies del águila, en las altas guaridascarniceras, y en la aurorapisaron con los pies del trueno la niebla enrarecida,y tocaron las tierras y las piedrashasta reconocerlas en la noche o la muerte.
Miro las vestiduras y las manos, el vestigio del agua en la oquedad sonora, la pared suavizada por el tacto de un rostro que miró con mis ojos las lámparas terrestres, que aceitó con mis manos las desaparecidas maderas: porque todo, ropaje, piel, vasijas, palabras, vino, panes, se fue, cayó a la tierra.
Y el aire entró con dedosde azahar sobre todos los dormidos:mil años de aire, meses, semanas de aire,de viento azul, de cordillera férrea,que fueron como suaves huracanes de pasoslustrando el solitario recinto de la piedra.
De Canto general, Pablo Neruda, 1950.
VI
Entonces en la escala de la tierra he subido entre la atroz maraña de las selvas perdidas hasta ti, Macchu Picchu.
Alta ciudad de piedras escalares, por fin morada del que lo terrestre no escondió en las dormidas vestiduras. En ti, como dos líneas paralelas, la cuna del relámpago y del hombre se mecían en un viento de espinas.
Madre de piedra, espuma de los cóndores.
Alto arrecife de la aurora humana.
Pala perdida en la primera arena.
Ésta fue la morada, éste es el sitio:aquí los anchos granos del maíz ascendierony bajaron de nuevo como granizo rojo.
Aquí la hebra dorada salió de la vicuñaa vestir los amores, los túmulos, las madres,el rey, las oraciones, los guerreros.
Aquí los pies del hombre descansaron de nochejunto a los pies del águila, en las altas guaridascarniceras, y en la aurorapisaron con los pies del trueno la niebla enrarecida,y tocaron las tierras y las piedrashasta reconocerlas en la noche o la muerte.
Miro las vestiduras y las manos, el vestigio del agua en la oquedad sonora, la pared suavizada por el tacto de un rostro que miró con mis ojos las lámparas terrestres, que aceitó con mis manos las desaparecidas maderas: porque todo, ropaje, piel, vasijas, palabras, vino, panes, se fue, cayó a la tierra.
Y el aire entró con dedosde azahar sobre todos los dormidos:mil años de aire, meses, semanas de aire,de viento azul, de cordillera férrea,que fueron como suaves huracanes de pasoslustrando el solitario recinto de la piedra.
De Canto general, Pablo Neruda, 1950.
POEMA
Machu Picchu
Machu Picchu, dos veces
me senté en tu ladera
para mirar mi vida.
Para mirar mi vida
y no para contemplarte,
porque necesitamos
menos belleza, padre,
y más sabiduría.
De Informe al rey y otros libros secretos, Juan Gonzalo Rose, 1963.
Machu Picchu, dos veces
me senté en tu ladera
para mirar mi vida.
Para mirar mi vida
y no para contemplarte,
porque necesitamos
menos belleza, padre,
y más sabiduría.
De Informe al rey y otros libros secretos, Juan Gonzalo Rose, 1963.
Machu Picchu: cien años para el mundo
Manuel Perales Munguía
Tal como señalamos en una publicación anterior en este mismo suplemento, un día 24 de julio del año 1911 el norteamericano Hiram Bingham, profesor de historia latinoamericana en la Universidad de Yale, alcanzó a ver por vez primera los vestigios del fabuloso complejo arqueológico de Machu Picchu, todavía cubiertos por una densa vegetación tropical que luego fue retirada para que él y su equipo levantaran los primeros planos, registraran fotográficamente la arquitectura visible y llevaran a cabo las primeras excavaciones en dicho lugar. Ciertamente, aunque fue Bingham quien mostró esta maravilla de la civilización inca al mundo, en especial a la comunidad académica, la existencia de Machu Picchu ya era conocida desde finales del siglo XVIII, de lo cual queda constancia en una correspondencia escrita por el coronel cusqueño Baltazar La Torre y en un mapa del “partido de Urubamba” de Pablo José Oricain. Un poco más tarde, en el siglo XIX, también se escribieron referencias sobre el mencionado yacimiento arqueológico, esta vez a cargo del naturalista italiano Antonio Raimondi y el viajero francés Charles Wiener. Teniendo en cuenta esto, resulta claro que las presentes celebraciones del “centenario” de Machu Picchu conmemoran en realidad su “descubrimiento” por parte de la academia norteamericana y europea, en buena parte gracias al importante apoyo económico brindado a Hiram Bingham por parte de la National Geographic Society.
No obstante la importancia de la información obtenida gracias a sus criticadas intervenciones a nivel de mapeos y excavaciones en Machu Picchu, Bingham alentó una visión más bien romántica sobre este complejo arqueológico, al cual denominó más tarde “la ciudad perdida de los incas” en un libro publicado en 1948, no llegando a desarrollar un estudio con mayor rigor científico. Es por esta razón que hasta el día de hoy los especialistas siguen debatiendo en torno a lo que en realidad fue Machu Picchu. Por ejemplo, en declaraciones algo recientes el arqueólogo Federico Kauffmann ha manifestado que dicho complejo habría constituido un lugar de culto y un centro administrativo de los territorios al oriente del Cusco, establecido como parte de un proyecto estatal inca orientado a la ampliación de la frontera agrícola hacia esos territorios. Esta posición ha sido respaldada en parte por Fernando Astete, jefe del Parque Arqueológico de Machu Picchu, quien asegura además que, como centro administrativo, Machu Picchu debió ser el nexo entre los valles interandinos cusqueños y la selva alta del Urubamba. Por su parte la historiadora Mariana Mould de Pease, artífice del retorno a nuestro país de una parte de las piezas obtenidas por Bingham en Machu Picchu, señala que este lugar debió desempeñar el papel de centro religioso estatal puesto que en su entorno se encuentran muchas montañas tutelares y accidentes geográficos que solían tener un carácter sagrado para la sociedad inca, tal como ha aclarado el arqueólogo Julinho Zapata, quien ha llevado a cabo algunas investigaciones en la zona. A estos planteamientos podríamos agregar que, según Peter Kaulicke, profesor de arqueología en la Pontificia Universidad Católica del Perú, en Machu Picchu existen indicios que sugieren que allí se llevaron a cabo actividades rituales en las cuales el agua fue un elemento sumamente importante.
Desde el punto de vista de la arqueoastronomía también se ha propuesto que la arquitectura de Machu Picchu está estrechamente ligada a fenómenos astronómicos, según sostiene Gary Urton, profesor de antropología en la Universidad de Harvard, quien incluso ha señalado que en los andenes del lugar se habrían cultivado plantas ornamentales cuyo significado se habría asociado a fechas importantes del calendario inca como los solsticios que suceden tanto en junio como en diciembre, momentos en los cuales se realizaban las principales festividades del calendario inca como el Inti Raymi y el CápacRaymi. Sin embargo, el planteamiento que ha encontrado mayor respaldo en las fuentes históricas hasta el momento, particularmente en un documento que data del año 1568, propone que Machu Picchu habría constituido un complejo palaciego perteneciente al inca Pachacutec, una suerte de gran hacienda a modo de una descomunal casa de retiro donde este gobernante y su familia real habrían disfrutado de momentos de solaz y descanso, comiendo en vajilla de plata, aseándose en un baño de piedra labrada y gozando de la belleza de hermosos jardines reales llenos de orquídeas exóticas. No obstante las críticas frente a estos planteamientos, especialistas como Richard Burger, profesor de antropología en la Universidad de Yale, dicen que este excelso complejo de edificios debió además expresar simbólicamente el dominio inca sobre la región del Urubamba. Finalmente, y aunque guardan alguna relación con lo que se acaba de mencionar, los planteamientos del prestigioso arqueólogo Luis G. Lumbreras apuntan más bien en señalar a Machu Picchu como un conjunto arquitectónico que tenía como elemento central un gran mausoleo real, destinado precisamente a conservar el cuerpo momificado del mismo inca Pachacutec, además de la presencia de varias criptas que debieron estar destinadas a personajes importantes, ligados a este soberano inca.
Como vemos, los planteamientos son varios y diversos, y ello obliga a que se efectúen más investigaciones serias en Machu Picchu, sin embargo aún existen algunos problemas importantes que podrían privarnos de nuestro derecho a conocer lo que en realidad fue este portentoso conjunto arquitectónico. Entre tales problemas destaca fundamentalmente el de su conservación, la misma que se encuentra en riesgo grave debido al excesivo número de turistas que a diario visitan el lugar y al hecho que hasta el día de hoy el espacio que ocupa el complejo aún no se encuentra debidamente registrado y saneado legalmente. Por último, todavía está pendiente la devolución de buena parte de las piezas arqueológicas extraídas por Bingham de Machu Picchu y trasladadas por éste al Museo Peabody de la Universidad de Yale en los Estados Unidos, donde permanecen hasta el día de hoy, no obstante los reclamos del Estado Peruano pidiendo su retorno. Entendemos, junto a arqueólogos como Miguel Aguilar, que la devolución de dichos materiales arqueológicos constituiría una suerte de “reparación” por parte de la Universidad de Yale por haberse apropiado de parte de nuestra herencia cultural y, por ende, de nuestra memoria. Asimismo, esperamos que con estas efusivas celebraciones no sólo se festejen el “descubrimiento” de Machu Picchu, su calificación como maravilla del mundo “moderno” y todo el trasfondo comercial y económico que se halla detrás de esto, sino también el reconocimiento de la urgente necesidad de una reconciliación cultural y social entre todos los peruanos, entre “todas las sangres”.
Tal como señalamos en una publicación anterior en este mismo suplemento, un día 24 de julio del año 1911 el norteamericano Hiram Bingham, profesor de historia latinoamericana en la Universidad de Yale, alcanzó a ver por vez primera los vestigios del fabuloso complejo arqueológico de Machu Picchu, todavía cubiertos por una densa vegetación tropical que luego fue retirada para que él y su equipo levantaran los primeros planos, registraran fotográficamente la arquitectura visible y llevaran a cabo las primeras excavaciones en dicho lugar. Ciertamente, aunque fue Bingham quien mostró esta maravilla de la civilización inca al mundo, en especial a la comunidad académica, la existencia de Machu Picchu ya era conocida desde finales del siglo XVIII, de lo cual queda constancia en una correspondencia escrita por el coronel cusqueño Baltazar La Torre y en un mapa del “partido de Urubamba” de Pablo José Oricain. Un poco más tarde, en el siglo XIX, también se escribieron referencias sobre el mencionado yacimiento arqueológico, esta vez a cargo del naturalista italiano Antonio Raimondi y el viajero francés Charles Wiener. Teniendo en cuenta esto, resulta claro que las presentes celebraciones del “centenario” de Machu Picchu conmemoran en realidad su “descubrimiento” por parte de la academia norteamericana y europea, en buena parte gracias al importante apoyo económico brindado a Hiram Bingham por parte de la National Geographic Society.
No obstante la importancia de la información obtenida gracias a sus criticadas intervenciones a nivel de mapeos y excavaciones en Machu Picchu, Bingham alentó una visión más bien romántica sobre este complejo arqueológico, al cual denominó más tarde “la ciudad perdida de los incas” en un libro publicado en 1948, no llegando a desarrollar un estudio con mayor rigor científico. Es por esta razón que hasta el día de hoy los especialistas siguen debatiendo en torno a lo que en realidad fue Machu Picchu. Por ejemplo, en declaraciones algo recientes el arqueólogo Federico Kauffmann ha manifestado que dicho complejo habría constituido un lugar de culto y un centro administrativo de los territorios al oriente del Cusco, establecido como parte de un proyecto estatal inca orientado a la ampliación de la frontera agrícola hacia esos territorios. Esta posición ha sido respaldada en parte por Fernando Astete, jefe del Parque Arqueológico de Machu Picchu, quien asegura además que, como centro administrativo, Machu Picchu debió ser el nexo entre los valles interandinos cusqueños y la selva alta del Urubamba. Por su parte la historiadora Mariana Mould de Pease, artífice del retorno a nuestro país de una parte de las piezas obtenidas por Bingham en Machu Picchu, señala que este lugar debió desempeñar el papel de centro religioso estatal puesto que en su entorno se encuentran muchas montañas tutelares y accidentes geográficos que solían tener un carácter sagrado para la sociedad inca, tal como ha aclarado el arqueólogo Julinho Zapata, quien ha llevado a cabo algunas investigaciones en la zona. A estos planteamientos podríamos agregar que, según Peter Kaulicke, profesor de arqueología en la Pontificia Universidad Católica del Perú, en Machu Picchu existen indicios que sugieren que allí se llevaron a cabo actividades rituales en las cuales el agua fue un elemento sumamente importante.
Desde el punto de vista de la arqueoastronomía también se ha propuesto que la arquitectura de Machu Picchu está estrechamente ligada a fenómenos astronómicos, según sostiene Gary Urton, profesor de antropología en la Universidad de Harvard, quien incluso ha señalado que en los andenes del lugar se habrían cultivado plantas ornamentales cuyo significado se habría asociado a fechas importantes del calendario inca como los solsticios que suceden tanto en junio como en diciembre, momentos en los cuales se realizaban las principales festividades del calendario inca como el Inti Raymi y el CápacRaymi. Sin embargo, el planteamiento que ha encontrado mayor respaldo en las fuentes históricas hasta el momento, particularmente en un documento que data del año 1568, propone que Machu Picchu habría constituido un complejo palaciego perteneciente al inca Pachacutec, una suerte de gran hacienda a modo de una descomunal casa de retiro donde este gobernante y su familia real habrían disfrutado de momentos de solaz y descanso, comiendo en vajilla de plata, aseándose en un baño de piedra labrada y gozando de la belleza de hermosos jardines reales llenos de orquídeas exóticas. No obstante las críticas frente a estos planteamientos, especialistas como Richard Burger, profesor de antropología en la Universidad de Yale, dicen que este excelso complejo de edificios debió además expresar simbólicamente el dominio inca sobre la región del Urubamba. Finalmente, y aunque guardan alguna relación con lo que se acaba de mencionar, los planteamientos del prestigioso arqueólogo Luis G. Lumbreras apuntan más bien en señalar a Machu Picchu como un conjunto arquitectónico que tenía como elemento central un gran mausoleo real, destinado precisamente a conservar el cuerpo momificado del mismo inca Pachacutec, además de la presencia de varias criptas que debieron estar destinadas a personajes importantes, ligados a este soberano inca.
Como vemos, los planteamientos son varios y diversos, y ello obliga a que se efectúen más investigaciones serias en Machu Picchu, sin embargo aún existen algunos problemas importantes que podrían privarnos de nuestro derecho a conocer lo que en realidad fue este portentoso conjunto arquitectónico. Entre tales problemas destaca fundamentalmente el de su conservación, la misma que se encuentra en riesgo grave debido al excesivo número de turistas que a diario visitan el lugar y al hecho que hasta el día de hoy el espacio que ocupa el complejo aún no se encuentra debidamente registrado y saneado legalmente. Por último, todavía está pendiente la devolución de buena parte de las piezas arqueológicas extraídas por Bingham de Machu Picchu y trasladadas por éste al Museo Peabody de la Universidad de Yale en los Estados Unidos, donde permanecen hasta el día de hoy, no obstante los reclamos del Estado Peruano pidiendo su retorno. Entendemos, junto a arqueólogos como Miguel Aguilar, que la devolución de dichos materiales arqueológicos constituiría una suerte de “reparación” por parte de la Universidad de Yale por haberse apropiado de parte de nuestra herencia cultural y, por ende, de nuestra memoria. Asimismo, esperamos que con estas efusivas celebraciones no sólo se festejen el “descubrimiento” de Machu Picchu, su calificación como maravilla del mundo “moderno” y todo el trasfondo comercial y económico que se halla detrás de esto, sino también el reconocimiento de la urgente necesidad de una reconciliación cultural y social entre todos los peruanos, entre “todas las sangres”.
Está pendiente la devolución de buena parte de las piezas arqueológicas extraídas por Bingham de Machu Picchu y trasladadas por éste al Museo Peabody de la Universidad de Yale en los Estados Unidos, donde permanecen hasta el día de hoy.
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