miércoles, 19 de septiembre de 2012

I Concurso Nacional de Cuento “Premio Solo 4”



 Diseño: Robhert Pimentel
El Suplemento Cultural “Solo 4” del diario Correo de Huancayo, en el marco de las celebraciones por los 50 AÑOS DE FUNDACIÓN DE CORREO en la región Junín, y la edición 444 de su suplemento, con la finalidad de contribuir a la producción literaria de nuestro país, convoca al I Concurso Nacional de Cuento “Premio Solo 4”, con arreglo a las siguientes bases:

Bases:

1.     Podrán participar todos los peruanos y peruanas mayores de 18 años.
2.     Cada participante podrá presentar hasta dos cuentos.
3.     Los participantes concursarán bajo seudónimo por cada cuento presentado.
4.     El tema es completamente libre.
5.     El cuento deberá ser INÉDITO, escrito en español, y no haber sido presentado con anterioridad a otro concurso nacional o internacional cuyo fallo esté pendiente.
6.     La extensión máxima será de 1200 palabras, digitadas a doble espacio, en fuente Arial 12.
7.     Los trabajos se presentarán en las instalaciones del diario Correo, Jr. Cuzco N° 337 – Huancayo, en un sobre de manila tamaño A4 CERRADO dirigido a: I Concurso Nacional de Cuento “Premio Solo 4”;  que deberá contener:
a)  El cuento impreso por una sola cara en papel A4, en TRES EJEMPLARES LEGIBLES, debidamente compaginados, numerados en el extremo inferior derecho. Cada ejemplar impreso deberá contar con una carátula en la que se consignará el nombre del cuento y el seudónimo del participante.
b)  El cuento en soporte electrónico, es decir grabado en un disco compacto (CD), rotulado con el título del cuento y el seudónimo del autor.
c)  Un sobre tamaño carta o similar CERRADO, que en su exterior consigne el correspondiente nombre del cuento y seudónimo, y en su interior una página con los nombres y apellidos del autor, lugar de nacimiento, dirección domiciliaria, dirección electrónica, teléfono (imprescindible) y un breve resumen biográfico, además de una fotocopia simple del documento de identidad (DNI) por ambos lados.
8.     La fecha y hora límites de recepción de los trabajos será el viernes, 05 de OCTUBRE de 2012, a las 6:00 pm. Los trabajos enviados por correo serán considerados válidos siempre y cuando se registre en el matasellos la fecha y hora mencionadas.
9.     El Jurado Calificador estará conformado por tres escritores de reconocido prestigio nacional e internacional, y se dará a conocer junto a su veredicto.
10.  El Jurado Calificador elegirá tres trabajos ganadores, que se harán acreedores a los siguientes premios:
1er puesto: S/. 1,000.00 (Mil Nuevos Soles) y diploma de honor.
2do puesto: S/. 700.00 (Setecientos Nuevos Soles) y diploma de honor.
3er puesto: S/. 300.00 (Trescientos Nuevos Soles)  y diploma de honor.
Además, según su criterio, elegirán a los cuentos finalistas que serán reconocidos por Menciones Honrosas.
11.  El cuento ganador, el segundo y tercer lugar serán publicados, indefectiblemente,  en la edición especial n° 444 del Suplemento Cultural “Solo 4” del diario Correo de Huancayo. Además, junto a los finalistas, serán publicados en los sitios web oficiales de “Solo 4”, en Facebook y en el respectivo blog.
12.  El fallo del Jurado Calificador será INAPELABLE y se publicará 30 días después del cierre de convocatoria, en el diario Correo y en su suplemento “Solo 4”.
13.  Finalizado el concurso, los trabajos que no hayan sido premiados serán incinerados.
14.  La participación en este certamen implica la ACEPTACIÓN DE TODOS LOS PUNTOS antes señalados.
15.  Cualquier omisión de cualquiera de los estamentos en las presentes bases implicará la inmediata descalificación del cuento concursante.
16.  Los casos no previstos se resolverán a criterio del Jurado Calificador y la organización.
                                                                                      
Huancayo, julio de 2012.

Solo 4, “435”, del 15 de SETIEMBRE de 2012, año IX


LA CITA:

"La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el ensayo de un camino, el boceto de un sendero."

Hermann Hesse, Demian

LO ÚLTIMO: Nuestra próxima edición especial: MÚSICA


Por miles de años, la música —que significa “Arte de la musas”— ha sido la mayor forma de expresión humana junto a la narración oral. No existen conceptos capaces de definirla y mucho menos de contenerla; sin embargo, coincidimos en que es la manera más bella de combinar los sonidos y silencios.
En “Solo 4” queremos rendirle un homenaje a este arte capaz de convertirse en el camino de muchos, la inspiración para otros, y en parte de la vida de todos.
No se pierda nuestra próxima edición que traerá para usted un número de colección, completamente dedicado a la música.

Nos faltaran días para celebrar…


Jhony Carhuallanqui



A partir de este año, el 01 de octubre tendremos que celebrar el “Día del Periodista” acompañado como mínimo de unas suculentas chocotejas, y es que dentro de la política de promoción de consumo, el Estado Peruano también ha instituido este día como el “Día del Cacao y el Chocolate”. Este apetitoso manjar de origen Mexicano (cuentan que el mismo Quetzalcoat regaló al hombre las primeras semillas de cacao),  se ha consolidado en un producto mundial: tiene su día de homenaje —informal a veces—, en México, EE.UU., Panamá, Colombia, Brasil, Argentina y claro, ahora en Perú.
Además, el café orgánico más exquisito del mundo es peruano: el Tunki, que libre de abonos artificiales, fungicidas, herbicidas y demás, ha cautivado por su aroma y sabor a rigurosos paladares, por eso, cada 4to. viernes del mes de agosto celebramos con benévola vanidad el “Día del Café Peruano”.
Y, obviamente, no podía estar ajena a las festividades, la papa, así que este nutritivo tubérculo tiene su “Día Nacional de la Papa” el 30 de mayo, pues acoger 2,800 variedades de las 3,900 existentes en el mundo, es un mérito extraordinario.
El año pasado, el Ministerio de Agricultura (MINAG) declaró el 3er. sábado de junio como “Día del Chicharrón de Cerdo Peruano” a fin de incentivar su consumo interno, agasajo que se suma a las celebraciones del 28 de junio, fecha que conmemora el “Día Nacional del Cebiche”, y no importa escribirlo “ceviche”, “seviche” o “sebiche” (para Pulgar Vidal deriva de una mala pronunciación de siwichi: “pescado fresco”), pues sigue siendo un plato inexcusable de consumo.
Y cómo olvidarnos del “Día del Pollo a la Brasa”, fijado para el 3er. domingo de julio, platillo en el que “chuparse los dedos” es una reacción casi natural a su sabor, pues el título de “especialidad culinaria peruana” no es un simple ornato. El Cuy y la Pachamanca ya están en lista de espera para un día de festividad.
De otro lado, en 2005 la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI) reconoció al Pisco como “Denominación de Origen Peruano”, así como lo es el Vodka en Rusia, el Champagne en Francia, el Tequila en México o el Singani  en Bolivia, pues en buena cuenta, la Denominación de Origen es un reconocimiento al lugar de procedencia del producto, convirtiéndolo entonces en un símbolo de identidad irrefutable. Así que a brindar cada 4to. domingo de julio en el “Día del Pisco” y claro, también, cada 1er. sábado de febrero en el “Día del Pisco Sour”.
A propósito de ello, el gobierno peruano (a través del D.S. 005-2003-PRODUCE) ha establecido que “en toda actividad oficial estatal se promoverá el uso de vinos y licores nacionales, preferentemente el pisco”. Así que hay que cumplir con la ley y a buscar nuestra copa en forma de tulipán (diseñada por la prestigiosa cristalería Riedel Glass Works) y hagamos peruanidad, si cabe el término.
Además, recordemos penosos que nuestro aguardiente de uva pretendió ser registrado por Chile, lo que llevó a situaciones adversas a las buenas prácticas comerciales que nuevamente se manifestaron cuando un spot promocional de la gastronomía chilena promovía la Causa y la Leche de Tigre como productos sureños, impase que fue superado con una apática disculpa.
Celebrar días claves no sólo es promover un plato, licor o producto, es darle el valor legal para que contribuya en el fortalecimiento de la identidad nacional. El único problema que tendremos, es que si celebramos la exquisita variedad de nuestro país, nos faltaran días en el año.

Una reflexión sobre nuestro pasado para entendernos hoy


José Soriano Marín

Max Hernández Camarero
Max Hernández Camarero es psicoanalista y fundador de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis. Ha sido secretario técnico del Acuerdo Nacional y fue distinguido con el Premio Simón Bolívar de la Asociación Psiquiátrica Americana. Además, recibió la Orden El Sol del Perú en el grado de Gran Oficial. Es autor del libro “En los márgenes de nuestra memoria histórica” (Lima, 2012), una aproximación ensayística sobre la historia del país. La semana pasada recibió la distinción Doctor Honoris Causa por la Universidad Continental de nuestra ciudad.

¿Cómo es posible entender el presente analizando nuestro pasado histórico?
Los hechos históricos son hechos psicológicos. Para entender los problemas de hoy, debemos recurrir al pasado. Las viejas herencias han determinado los comportamientos actuales que producen conflictos con mucha violencia. La historia, a través del conocimiento y  comprensión, y el psicoanálisis a través del procesamiento. Estas son herramientas fascinantes. Todos, en esta vida, hemos tenido momentos difíciles, traumáticos, que han dejado huellas y, sin embargo, pudimos recuperarnos, mostrando resiliencia (capacidad de recuperar el estado previo a la deformación traumática) y eso ha sucedido en el país. La historia de nuestra patria nos da la clave de nuestra identidad y nos señala tareas por cumplir, y otras que aún no anticipamos.

En su libro, menciona algunos hitos históricos que marcaron al Perú.
Empezamos en la cultura cultura Chavín, momento en el que surge la sociedad enmarcada en pirámides sociales: imposición de un orden con bases jerárquicas y autoritarias. Luego, el Imperio Inca, basado en el control territorial gracias a la imposición y la violencia. La conquista que pone a los indígenas americanos como “los grandes perdedores del encuentro con occidente”. También están la Independencia, en contraparte de aquella herida infligida por la Guerra del Pacífico, gestas como las de Grau y Bolognesi marcaron la identidad nacional. Y el nacimiento de personajes en el siglo XX como Belaunde, Haya de la Torre y Mariátegui.

Más allá del legado cultural e innovación tecnológica, ¿qué bueno nos trajo la Conquista?
Es difícil plantear una suerte de contabilidad de estos hechos. La posibilidad de integrar el planeta era positiva, hiciera quien la hiciera, porque más allá de la identidad nacional está la del ser humano. No dudo de la servidumbre brutal y los gérmenes feroces de racismo durante la Conquista, pero debemos reconocer que la escritura implica una transformación mental muy importante. Creo que debemos evitar ese tipo de planteamientos.

También hace alusión al racismo y al amor, ¿qué relación tienen?
El racismo socava las bases del amor. Recordemos que la unificación del amor, sexo y matrimonio ha sido una construcción tardía. Los matrimonios se hacían por interés y el sexo por urgencias, ni siquiera por pasiones. Es posible hablar entonces de estos dos elementos sin amor. Por otro lado, debido al alto grado del mestizaje en el Perú, se crea una “pigmentocracia” gradual. Cuanto más me parezco a ti, más voy a enfatizar aquello que me distingue. No hallamos una relación amorosa con el prójimo.   

¿Qué sucede hoy entonces con situaciones violentas y conflictivas?
La democracia está inscrita en nuestras necesidades como especie, es el intento de mirarnos todos cara a cara. Pero hay una falsa mirada de la democracia, una errónea visión de las autoridades que no tienen idea de nuestra historia y esta se repite con algunas variantes. Los académicos o intelectuales nos estamos para decirles qué hacer. 

Para que no olvides…


Enrique Ortiz Palacios

Campesino llora la muerte de su hermano a manos de Sendero Luminoso – Foto: Nortecastilla.es
Usamos la memoria para recordar y de esa forma evitamos repetir errores, no es casualidad que la etimología latina de la palabra recordar es “volver a pasar por el corazón”, aclarando que los romanos y griegos asumían que en el pecho se encontraba la mente. Recordar significa entonces “volver a pasar por la mente”.
Son veinte años de la captura de Abimael Guzmán, el perpetrador de los hechos más violentos en nuestra historia republicana y debemos “recordari”.  Recordar, por ejemplo, que esos años de brutalidad no dejaron ganadores o perdedores, recordar que no hubo malos o buenos, debemos recordar que solo hubo “víctimas”, que fuimos todos los peruanos.
Mucho tiempo después de esta captura nos enteramos que la policía y las fuerzas armadas nunca coordinaron esfuerzos, que cada grupo buscaba atribuirse méritos. Nos enteramos que el servicio de inteligencia militar no era tan inteligente. Descubrimos que el dictador que se atribuyó la captura “del siglo” no estaba ni lo más remotamente al tanto del seguimiento que un grupo de policías realizaba (el día de la captura, el “chino” pescaba apaciblemente en la selva). 
Han pasado veinte años y me apena ver por la televisión, o en los periódicos, algunos mozalbetes levantando el puño en alto al estilo Abimael, exigiendo la liberación del genocida, y pienso que a ellos no les llegó el recuerdo, o tal vez creen que los años de violencia fueron como las películas hollywoodenses en donde se aprecia que las matanzas son un arte, una postura o un acto heroico. 
Todavía están en mi memoria los apagones, los rezos de aquel niño que fui para que papá regresara completo de la comisaria donde trabajaba. Aún no olvido el rostro de esa muchacha que me tocó empujar, porque se había quedado paralizada por el bombardeo en la universidad donde me tocó estudiar y que nos salvó de morir despedazados.
Recuerdo el rostro de mi amigo Nelson, de la Facultad de Medicina, cuando me contaba las torturas a las que habían sido sometidos los universitarios encontrados en plazas, calles o basurales. Todavía recuerdo a Ignacio, el amigo que tuvo que irse del país con toda la familia a un futuro incierto, aunque no quería hacerlo porque sabía que nunca más iba a ver a sus amigos.
¡Nunca más!, nunca más permitamos a los “abimaeles”, a los fanáticos, a los charlatanes, a los que son incapaces de escuchar al otro, a los que solo se imponen con el grito, la patada o el empujón, a aquellos que se creen los dueños de la verdad, los Robin Hood de los pobres. No olvides Lucanamarca, Pococro, Tarata, La Cantuta. No olvides.

COLUMNA: DESDE EL ATELIER


Halapakuy en el Canipaco: la despedida de las yuntas

Josué Sánchez

PINTURA: Josué Sáchez
Cada año, los dueños de ganado hacen bajar al pueblo los toros que pastan en las solitarias estancias de piedra de las frías punas, para ser usados como yuntas por los mozos de labranza o gañanes y sus asistentes, los boberos, durante la temporada de siembra.
Finalizada la siembra, ya en el mes de noviembre, se realiza el “Halapakuy” o despacho de las yuntas, fiesta  agraria que consiste en devolver el ganado a sus lugares de pastoreo. Los preparativos de la fiesta involucran a los dueños de los toros o patrones, a los gañanes y a sus pastores, que se afanan preparando abundante chicha de jora para hacerla madurar con tiempo en los grandes “ulpos” o porongos de barro cocido, pelando maíz y trigo para el mondongo y el patachi que se servirá después,  y elaborando panes de forma humana y de ave. Aguardiente, coca, cigarrillos y fruta no han de faltar, así que se compran con anticipación;  y, en la víspera, los gañanes recogen en las cercanías flores de “ayhuarsh” y “allinhuayta” (clavelinas) que guardan cuidadosamente. 
El primer día del “Halapakuy” comienza a tempranas horas, cuando los pastores y gañanes, acompañados de sus familiares, se acercan a la casa del patrón. Ya en ella, las mujeres trenzan guirnaldas de flores de “ayhuarsh” y preparan “huallas” o collares de panes, nísperos y otras frutas, mientras los invitados escancian licor y una cantora tañe la tinya, a cuyo son los gañanes colocan flores de “allinhuayta” en los sombreros de los asistentes.
Luego uno de los gañanes invita el almuerzo, concluido el cual los asistentes empiezan a “huayllachir” o adornar a los toros con las “huallas” y las guirnaldas de flores. Esta ceremonia es acompañada por una melodía especial, mezcla de sonidos procedentes de “huaqras” (cornetas o cachos), tinyas y la voz aguda de la cantora. Una vez que los toros están adornados, el patrón pasa a “huayllachir” a sus gañanes con “huallas” hechas con vellones de lana.
Después todos se dirigen danzando a la casa de los pastores, precedidos por los toros y con los gañanes al frente portando banderines de colores vistosos.
La danza prosigue en el hogar de los pastores y mientras éstos agasajan con licores a los asistentes, el dueño de los toros procede a “huayllachir” al pastor y su familia con vestidos, mantas, frazadas, sombreros, blusas, baldes, alimentos de pan llevar, frutas, etc. Al atardecer, los pastores  recogen en mantas las “huallas” de los toros y las suyas propias para llevarlas a la estancia. Siempre danzando, la esposa del patrón los despide arrojando al aire galletas, caramelos y frutas. Todos los concurrentes la siguen dirigiéndose al camino que conduce a la estancia. Perfectamente preparado, un arriero a caballo espera, y es él quien se encarga de conducir al ganado a sus lugares de pastoreo. A cambio, los concurrentes le obsequian fiambres, aguardiente, cigarrillos, coca y frutas.
Lentamente, el arriero,  los pastores y los toros se van alejando, y, mientras las sombras de la noche caen sobre ellos, la “huaqra” deja oír su melodía triste y melancólica, que parece salida de las entrañas de la tierra.

MICROCUENTO:


Rechazo

Dorian Rodas



La niña se encontró con palabras desconocidas en su texto. ¿Buscar en el diccionario de la RAE o en Wikipedia? De optar por lo primero, probablemente no tendría la oportunidad de hablar de las mismas cosas con sus compañeros del curso a distancia, y se burlarían de ella.

PERFUME DE MUJER


La caverna de las ideas

José Carlos Somoza



Andaban a gatas, y máscaras exóticas albergaban sus cabezas. Los pechos bailaban con más soltura en unas que en otras. Los cuerpos de unas cuadraban mejor con el canon de los efebos que los de otras. Las había diestras en el gateado, briosas y juncales, y las había obesas y torponas. Lomos y nalgas, que eran las porciones más palmarias, revelaban distintos matices de hermosura, edad y lozanía. Pero iban en cueros, a cuatro patas, soltando hozadores gruñidos de tarascas en celo.

Filmar para vencer


Ángel Pasquel / Claudia morales 



Se pone nervioso y cómodo a la vez, mira de reojo la cámara, pide abrir la internet para mostrarnos un video. “Ese presentamos para la exposición del concurso”, manifiesta. “Nos dieron solo 20 minutos para sustentar todo”, agrega. Vuelve a mirar a la cámara. Esta vez le toca enfrentar al lente. “El Chema se sorprendió cuando supo que sabía hablar quechua”, dice. “Ha sido difícil, no creían en nosotros quizás porque nos veían muy chibolos”, señala. Su nombre es Rómulo Sullca y acaba de ganar el concurso nacional de Desarrollo de Proyectos de Largometrajes del Dicine.

Su rostro cambia y se deja atrapar por las imágenes del Youtube y el recuerdo de lo que fue el concurso. “Hemos competido con productoras y personajes muy reconocidos como Lombardi”, expresa y se sumerge en las ventanas del Chrome y alguna producción cinematográfica de otras competencias.
El lunes 27 de agosto del 2012 el Ministerio de Cultura dio a conocer los resultados del Concurso de Desarrollo de  Proyectos de Largometrajes que realiza anualmente el DICINE (ex CONACINE), el cual tuvo como jurados a Víctor Krebs Pacussich (docente cinematográfico), José María Salcedo de la Torre (guionista cinematográfico) y Nelson Castillo Fernández (productor cinematográfico). En ellos recayó la responsabilidad de calificar a 6 proyectos ganadores entre 49 propuestas presentadas en la categoría Desarrollo de Proyectos de Largometraje y en el que fue elegido con “La guerra de la Cruz del Sur”, convirtiendo así a la Universidad Nacional del Centro, lugar de estudios de Rómulo, y a Junín, su pequeña patria adoptiva, en ganadores de este concurso cinematográfico.
En los últimos años, la producción cinematográfica huancaína se ha convertido en una ventana de ingenio y sensibilidad para poder transmitir realidades subjetivas o situaciones reales de nóveles cineastas, quienes han encontrado en este arte el medio más sublime de la expresión humana.
Rómulo Sulca Ricra, estudiante de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional del Centro del Perú, es ahora el productor y director del proyecto ganador “La guerra de la cruz del sur”, guión basado en el cuento del mismo nombre del escritor Alberto Chavarría, docente de la UNCP. En su relato histórico se narra el surgimiento del amor entre una mujer de la sierra y un soldado chileno, idilio que se inicia bajo el contexto de la Guerra del Pacífico, convirtiéndose en la trama perfecta para que Rómulo Sulca, junto a su empresa productora Wanka Visión Audiovisuales SAC, inicien la elaboración de este proyecto.
El largometraje plasmaría el choque cultural entre Marcelo y Margarita, personajes de dos mundos distintos que no pueden comunicarse verbalmente por la diferencia de lenguajes y que, sin embargo, retratan una historia de amor ubicada en la sierra central que simboliza la unión entre dos sociedades que desde siglos atrás no encuentra la reconciliación.
La organización del Concurso de Proyecto Cinematográfico, se convirtió en una gran oportunidad para la presentación de “La guerra de la cruz del sur”, que clasificó entre tres documentales, 31 primeras obras y siete proyectos provenientes de las diversas regiones del país, cuatro de ellos pertenecientes a directores de renombre, como Francisco Lombardi y Josué Méndez. Además de este importante logro, Rómulo Sullca fue seleccionado para realizar el Taller de “La creación transmedia”, evento que tiene por objetivo fortalecer a pequeñas y medias empresas del Sector Audiovisual del Mercosur que se realiza cada año dentro de las actividades del 16° Festival de Cine de Florianópolis, Brasil. Otro resultado merecido del proyecto de Sullca fue la participación en el Bolivia Lab, espacio de formación  y trabajo para directores y productores de proyectos cinematográficos bolivianos e iberoamericanos que son presentados frente a invitados nacionales e internacionales de reconocida trayectoria en la realización de trabajos del séptimo arte.
“Tenia miedo”, recuerda Rómulo. “Podemos hacer muchas cosas más”, agrega. Las propuestas de cine ganadoras del concurso fueron descritas como “una nueva ola de cine nacional inteligente, entretenido y de importancia popular”. Este logro es el inicio de un camino y esfuerzo que apuesta por la difusión de nuestra cultura y su revaloración en nuestra sociedad.

martes, 11 de septiembre de 2012

Solo 4, “434”, del 08 de SETIEMBRE de 2012, año IX



LA CITA:

“Sin darse cuenta, a través del cuerpo incorrupto de su hija, llevaba ya veintidós años luchando en vida por la causa legítima de su propia canonización.”

Gabriel García Márquez, “La santa”

LO ÚLTIMO: Convocatoria al I Concurso Nacional de Cuento “Premio Solo 4”


En el marco de las celebraciones por los 50 años de fundación de Correo en la región Junín, y la próxima edición 444 de nuestro suplemento, con la finalidad de contribuir a la producción literaria de nuestro país, convocamos al I Concurso Nacional de Cuento “Premio Solo 4”.
Los premios de este certamen serán de S/. 1000 para el primer lugar, S/. 700 para el segundo y S/. 300 para el tercero. El tema es totalmente libre. La fecha y hora límites de recepción de trabajos será el viernes, 05 de octubre, a las 6 pm, en las instalaciones del diario Correo, Jr. Cuzco N° 337 – Huancayo.
Las bases generales las podrán hallar en nuestro blog: www.suplementosolo4.blogspot.com; o en Facebook como “Suplemento Cultural Solo 4”.

Mamacha Cocharcas: fe, historia y tradición


Diana Casas



Borges decía que la historia encierra en sus espejos la memoria, y que el sueño y la fantasía, o el temor, tejieron mitologías y cosmogonías. En cada recodo de la historia se escribió un pedazo de vida, y el recuerdo de este trozo de vida se guardó en los espejos de la memoria para no olvidarlos.
La historia se hizo así, de realidad y razón, de sueños e ilusiones; quizá de esperanzas depositadas en el brillo de cientos de velas encendidas una fría madrugada serrana en una pequeña iglesia erigida en lo alto de un cerro sagrado, de una huaca, a cuyos pies, horas más tarde, un bucólico pueblo andino estalla en color y vida cuando, luego de la misa y de la procesión de la sagrada imagen de la Virgen bendita, el aire se llena del sonido de violines, “huaccras”, arpas, “tinyas”, “pinkullos”, clarinetes y saxos, y el paisaje se transforma con el alboroto de las bandas de músicos y la muchedumbre de danzantes que invade las calles colmando el corazón de alegría.
Pandillas de pastores “kalachaquis” luciendo sombreros de paja y patriótica banda bicolor; majestuosas coyas ataviadas con coronas de flores y plumas en actitud señorial; parejas de chonguinos de rizadas cabelleras negras: ella, vestida de cotón y con máscara de mujer coqueta, y muñeca a la espalda simulando su hijito mestizo, él con careta y vestimenta de español en actitud hierática; toda la negrería marinera de vasallos y guardacampos alineada en dos columnas, con anclas o galeones de plata en la mano; burlescos chutos con máscaras de cuero e indumentaria de “yanacaconas”.
Y como telón de fondo, los personajes de un drama aún no resuelto: un Inca y su corte de pallas, auquis, ñustas, cahuides, chasquis y chutos;  junto a un Pizarro de casco y coraza, acompañado de una comitiva de soldados ibéricos, el padre Valverde y el traidor intérprete Felipillo, para escenificar la captura del último inca, Atahualpa, el Gran Señor, el Apu Inca caído en desgracia, símbolo del fatal momento en que se fracturó el Tawantinsuyo y nació el Perú social y culturalmente contradictorio de las muchas sangres y realidades.
Toda una amalgama de expresiones populares de contenidos múltiples: identitarios, de control social, paródicos, de resistencia ideológica, moralizadores, reivindicativos, creados y recreados en el distrito de Sapallanga, 8 kilómetros al sur de Huancayo, en la margen izquierda del río Mantaro.
Con igual motivo, en la misma margen pero hacia el norte, en Apata, los personajes de la Tunantada marcan su rítmico paso; mientras, al frente, en la margen derecha, en Orcotuna, en columnas sincronizadas flanqueadas por negros y chutos, parejas de chonguinos ricamente ataviados bailan la suerte de aristocrático minué que es la Chonguinada, junto a comparsas de Avelinos de harapienta y singular ropa.
Más al sur, en Marcatuna, anexo del distrito de Huáchac, en la provincia de Chupaca, la danza de los Auquish, o de los “viejos”, celebra a la Virgen de Cocharcas parodiando con gracia los movimientos cansinos de los ancianos frente al brío de su espíritu juvenil. En tanto que otra danza local, la  Morenada, sirve de marco a la fiesta de la “Mamanchic” Cocharcas en Tres de Diciembre, también distrito de Chupaca.
En los cinco distritos del Valle del Mantaro, llegada la noche, los estallidos de los castillones llenan las plazas de soles y ruedas multicolores que giran locamente, y los olores sulfurosos que despiden los cohetes y bombardas, se confunden con los suculentos aromas que salen de las ollas de las vivanderas que atienden solícitamente a los danzantes de los conjuntos folclóricos que desfilan sin cesar por las calles, bailando, riendo y bebiendo; mientras en las casas municipales los poetas y escritores se reúnen en tertulias literarias y los  concursos de estampas reclaman la atención de los encantados visitantes.
Aunque el 8 de septiembre es el día central, la fiesta de la Mamacha Cocharcas dura varios días y en el caso de Sapallanga, más de una semana. Celebran los distritos ya nombrados y también Quichuay. Los pueblos de Ahuac, Iscos, Chupuro y Cocharcas, anexo de Sapallanga, lo hacen en los días de la “octava”. Son jornadas intensas cargadas del fulgor del fuego de  una cultura viva, en el valle más rico en historia y paisaje del país.

COLUMNA: EL BUEN SALVAJE


Cortázar a lo largo de mi vida

Sandro Bossio Suárez



Conocí a Julio Cortázar cuando tenía 14 años y leí un cuento sobre el extendido tema del doble: “Una flor amarilla”. Lo encontré en una antología de pocas páginas y, como era el único relato que allí figuraba del argentino, partí en busca de un libro completo de él. Así me topé con “Bestiario”, que me sacudió como una corriente eléctrica, sobre todo al leer “Casa tomada”, “Circe” y “Lejana”, tres monumentos de la cuentística latinoamericana donde Cortázar inaugura su más innovador y original estilo literario y ya se muestra como el maestro del relato corto.
Definitivamente, el segundo libro, con muchísimas más sorpresas, me subyugó hasta el límite: traía cuentos realmente magistrales, de golpes certeros, como “Continuidad de los parques”, esa maravilla de quinientas palabras que nos involucra en otro texto literario (el que lee el protagonista) y termina con una puñalada que nos devuelve a la realidad. “No se culpe a nadie” es el relato también en clave fantástica de un suicida paranoico y “La puerta condenada” un texto de horror que conmueve. “Las Ménades” y “El ídolo de las Cícladas” son otros dos relatos geniales, sobre todo el último en el que un idolillo histórico termina por absorber el espíritu y la voluntad de dos hombres. “Axolotl”, fascinante narración fantástica, es el relato que más me impresionó por su anécdota genial y su final impactante. “La noche boca arriba” es, desde luego, el cuento más portentoso del volumen, por su juego entre lo onírico y lo real, pero, personalmente, también me impacté con “Final del juego”, ese extraño cuento sobre niñas que juegan a ser estatuas y trenes de carbón que pasan lentamente por una extraña propiedad particular.
Luego vinieron otros libros y otros cuentos: “El perseguidor”, que narra la historia de un extraordinario saxofonista, Johnny, que muere de una imposible sobredosis de marihuana. “Todos los fuegos, el fuego” es otro pilar del cuento cortazariano.
Sin embargo, el libro que me zambulló por completo en su universo y que me hizo aficionarme a él fue, sin duda, “Rayuela”. Es la novela más rica, significativa, impresionante que tuve en mis manos durante mucho tiempo. Incluso, en varias oportunidades, por su factura y riqueza estructural, por su riqueza en la contextualización política y de personajes, pensé que era la novela más importante que había leído en mi vida. Ahora no pienso así, sin embargo, estoy convencido de que se trata de una obra maestra sin comparación, una verdadera revolución de la narrativa latinoamericana y mundial. Tanto que, recuerdo, cuando terminé de leer la y me enteré de que su autor acababa de morir, no pude contener el llanto.
Después, esporádicamente, mientras releía las maravillas ya conocidas, iba encontrando nuevas cosas: “La vuelta al día en ochenta mundos”, “Octaedro”, “Alguien que anda por ahí”, “Un tal Lucas”, “Territorios”, “Queremos tanto a Glenda”, “Deshoras”.
Destaca también su extraño libro “Historia de cronopios y famas”, colección de cuentos, reflexiones y minificciones en tono surrealista que tienen como finalidad desbordar la imaginación. El volumen se divide en cuatro partes: “Manual de instrucciones”, “ocupaciones raras”, “material plástico” e “historia de Cronopios y de Famas”.
Y también vinieron otras novelas: “Los premios”, “62 Modelo para armar”, “Libro de Manuel” y “Divertimento”, esta última publicada cuarenta años después de escrita y que, a diferencia de las otras, mantiene una línea narrativa más conservadora y una historia sugestiva que incluye médiums y misterios por resolver.
Últimamente, cuando ya no creí encontrar nada nuevo de Cortázar, salió a luz “Papeles inesperados”, un libro de misceláneas que, separados la paja y el ripio, contiene una serie de textos originales y algunas nuevas versiones de los ya publicados. En él, además, encontré un apotegma que me hizo conocer al Cortázar humano: “La risa ella sola ha cavado más túneles útiles que todas las lágrimas de la tierra”.

DESLECTURAS (PERUANAS): «Los cachorros» / Mario Vargas Llosa


La decadencia y el valor de la virilidad latinoamericana

Juan Carlos Suárez Revollar



«Los cachorros» es una de las novelas cortas más impactantes del último medio siglo. Esta nueva afirmación —por ser estrictamente personal— puede sonar dudosa: constituye el pico más alto de la obra de Mario Vargas Llosa, quien alcanzó con ella un nivel de perfección formal y estructural que supera largamente al resto de sus novelas, algunas de las cuales son genuinas piezas maestras.
Publicada en 1967, abarca desde la niñez hasta la adultez de cinco amigos miraflorinos. El centro de la narración es un integrante tardío del grupo, Pichulita Cuéllar, y en particular, lo que acontece con él tras el accidente —su tragedia; tal como los grandilocuentes planteamientos del estadounidense William Faulkner—. Haber sido capado por el feroz perro del colegio constituye el final de toda una etapa para él. De ser el alumno más brillante, capaz, perseverante y promisorio del grupo, con un brillante futuro en ciernes, se convierte —por los privilegios que le otorgan sus padres y maestros como compensación— en holgazán, inseguro, grosero y antipático. La causa es clara: la carencia del miembro viril lo obliga a estar en permanente autoafirmación. Es decir, a pretender demostrar que es el más fuerte, intrépido y osado, cualidades todas muy asociadas con la masculinidad latinoamericana.
«Los cachorros» es un audaz experimento en la presentación formal de los puntos de vista y del narrador. Vargas Llosa cuenta la historia a través de un narrador-testigo, que fluctúa entre los cuatro amigos de Pichulita Cuéllar; y también entre la primera y tercera persona. El narrador omnisciente y los cuatro personajes-narradores toman la posta del relato de oración en oración, y aun dentro de una misma frase.
Gabriel García Márquez escribió que «en el primer párrafo de una novela hay que definir todo: estructura, tono, estilo, ritmo, longitud, y a veces hasta el carácter de algún personaje». Uno de los mejores ejemplos de tal afirmación se encuentra en el arranque de «Los cachorros», donde se establece la multiplicidad de puntos de vista y de narradores-testigo, además del uso en una misma oración de la primera y tercera persona: «Todavía llevaban pantalón corto ese año, aún no fumábamos, entre todos los deportes preferían el fút­bol y estábamos aprendiendo a correr olas, a zambu­llirnos desde el segundo trampolín del Terrazas, y eran traviesos, lampiños, curiosos, muy ágiles, vora­ces. Ese año, cuando Cuéllar entró al Colegio Cham­pagnat».
La presentación cronológica de la novela es, en su mayor parte, lineal. Está organizada en seis capítulos, cada uno de los cuales comprende un ciclo de la vida del grupo: Cuéllar el niño modelo hasta el accidente; el inicio de la adolescencia; el final del colegio; desde los enamoramientos serios a la decepción con Teresita Arrarte; la desenfrenada y decadente vida del joven Pichulita Cuéllar hasta la resignación a quedar eunuco; y finalmente, los matrimonios y los umbrales del envejecimiento.
Pese a ciertas características individuales que insinúa el autor, los narradores mantienen más bien una personalidad grupal, que se superpone entre unos y otros, y absorbe a las respectivas novias en cuanto aparecen. Ya había un esbozo de este perfil entre los vecinos del Poeta, en «La ciudad y los perros», aunque esta vez el tratamiento ha sido distinto, y el grupo ha ganado profundidad en desmedro de los individuos. Cuéllar es la excepción. Sus pensamientos y conflictos interiores nunca son revelados directamente, pero aparecen como indicios a partir de lo percibido por sus amigos, y de esa manera lo podemos conocer más que a nadie.
Vargas Llosa ha afirmado que «Los cachorros» es su obra con la mayor cantidad de interpretaciones críticas. Como en otros ejemplos de gran literatura, son todas válidas. Pero más que un significado o una tesis, se imponen las placenteras horas de lectura de una breve novela que explora temas que también preocuparon a otros grandes novelistas de esta patria grande que es Latinoamérica.

Hemingway & Faulkner en Los cachorros

Hay dos características saltantes de la prosa de Ernest Hemingway y William Faulkner. Mientras en el primero se encuentran diálogos sencillos, vivaces, construidos en contrapunto y aparentemente triviales pero de gran significación; en el segundo está la escritura densa, de oraciones extensas, donde diestramente se salta de punto de vista o de tiempo narrativo. Mario Vargas Llosa tomó ambas formas de contar una historia, y en un genial híbrido que es «Los cachorros», integró las formas dialógicas y la fluidez narrativa de Hemingway en la compleja maraña —construida a partir de la intercalación de técnicas— de Faulkner (también habría que destacar como un antecedente los apartados titulados «El ojo de la cámara», de la «Trilogía USA», de John Dos Passos).

COLUMNA: UN MUNDO PERFECTO


Un método peligroso: eros y tánatos vistos por Cronenberg

Jorge Jaime Valdez



David Cronenberg es, actualmente, uno de los maestros del cine. Por esta razón causaba mucha expectativa, para sus seguidores, conocer su versión sobre el nacimiento del psicoanálisis. La mente y el cuerpo, la corrupción de la carne y los laberintos de la mente, desde sus inicios han sido tópicos tocados reiteradamente por el canadiense.
“Un método peligroso” nos cuenta la relación entre Sigmund Freud y Carl Jung. Entre ellos aparece Sabine Spielrein, paciente y después amante de Jung. Como se puede ver, se trata de un triángulo de personalidades distintas y complejas que se encontrarán para después separarse durante el periodo que abarca la cinta, influyéndose, admirándose, sometiéndose, deseándose y manipulándose.
En apariencia se trata de una película de época, sobria y muy cuidada, pero viéndola de cerca es una cinta perversa y compleja como la mayoría de los filmes de Cronenberg. Es verdad que está más cerca a “Dead Ringers” que a “Una historia de violencia”, a “M. Butterfly” que a “Videodrome”, sin embargo, en todas encontramos esa extraña dualidad entre la destrucción del cuerpo y de la mente, o en todo caso las alteraciones físicas o mentales, las mutaciones de la carne pero también las alteraciones psíquicas, y como no, el placer y el dolor; eros y tánatos nunca fueron mejor retratados que en el cine de Cronenberg.
Viggo Mortensen se ha convertido en un notable actor en manos del cineasta, con quien colaboró en sus últimos tres rodajes. Estuvo  bien en “Una historia de violencia”, mejoró considerablemente en “Promesas del este”, y en “Un método peligroso” interpretó magistralmente a Freud. Por su parte, el Jung que compone Michael Fassbender y la joven histérica que hace knightley no se quedan atrás. Quizás uno de los mayores atractivos de esta cinta está en las soberbias interpretaciones de los tres protagónicos.
La belleza endemoniada de Keira knightley aparece descuidada forzando la mandíbula, y conteniendo las palabras que se niegan a salir para encarnar a una joven que sufre de una histeria terrible, quien será la paciente de Jung y posteriormente se convertirá en una brillante psiquiatra, al extremo que ella teoriza sobre eros y tánatos, el impulso de vida y muerte, el cual se le atribuye al padre del psicoanálisis, Freud, con quien entabla una relación no erótica sino académica.
La película está llena de diálogos prolongados y, a diferencia de otras del autor, no muestra lo visceral, todo es controlado a excepción del cuerpo contorsionado por la histeria de Sabine. Lo sórdido está en las mentes y en sus juegos de seducción. Para Freud toda la conducta humana se ve reducida al impulso sexual; su discípulo y amigo, Jung, cree en el poder de la palabra. Entre ambos se da un duelo de inteligencias, el maestro perverso se va apropiando del discípulo y éste, a su vez, de su paciente, a quien convierte en su amante a pesar de que trata de evitarlo, pero gana el deseo a la razón.
El personaje de Sabine es el más complejo y atractivo, tras su neurosis está un cuerpo torturado por los recuerdos de un padre dominante, donde el deseo va de la mano con el dolor, que experimenta en su tortuosa relación con el controlado Jung.
La cinta es inquietante por lo que insinúa, se ve poco, a pesar de que  agazapado tras las máscaras de la normalidad está el mal, tratando de cubrirlo todo. Aparte de las actuaciones, del guión adaptado y de la puesta en escena, la fotografía y la música merecen una mención aparte. Cronenberg hace mucho trabaja con Pete Suschitzky, como director de fotografía, y con Howard Shore que se encarga de la banda sonora: ambos lo hacen de maravilla. La elegante fotografía va acompañada de una música igual de hermosa creando atmosferas sublimes.
Este espacio queda corto para escribir sobre este espléndido filme que se encuentra entre lo mejor de su apreciable filmografía, sin tener nada que envidiarle a sus antecesores.

MICROCUENTO:


Hades

Orlando Mazeyra



Si las monedas persisten sobre tus párpados, entonces todavía no abras los ojos. Sabido es que Caronte no da propinas, sólo las recibe.

PERFUME DE MUJER:


“Quédate a dormir”

Yeniva Fernández



Su cuerpo era frágil, de formas adolescentes, piernas estrechas y caderas poco desarrolladas. El busto, por el contrario, era pronunciado y firme, de aureolas grandes y doradas como gajos de durazno. La piel lucía erizada, así que se dio ligeros golpecitos antes de aplicarse la crema. Empezó por los brazos, de arriba a abajo hasta llegar a las puntas de los dedos, dedicando especial atención a los codos. En seguida subió a los hombros, el líquido lechoso se extendió tibio y ella dejó que se derramara un poco sobre sus pechos.

¿Quechuañol?


Enrique Ortiz Palacios





Alguna vez nos ha ocurrido, en nuestra interrelación social, que nos enfrentamos a la duda de la correcta escritura o pronunciación de una palabra o que alguien, de alguna manera, nos ha corregido un exabrupto idiomático que nos hizo sentir incómodos. Y tal vez deberíamos preguntarnos: ¿es el idioma una puerta de acceso a la cultura, a un grupo social, al mundo? Pues creo que sí. Hoy más que nunca necesitamos comunicarnos mejor, pues a estas alturas de la vida si no defendemos el idioma terminaremos siendo material didáctico de alguna clase de historia del futuro.
Te imaginas el primer día de clases presentándose a tu profesor de esta manera: “Empréstenme atención alumnos, en aquí, en esta institución se viene a aprender. Espero que haigan comprendido”. Tengo dos hipótesis, la primera que no te des cuenta en lo más minino de los horrores y errores de pronunciación; o la otra, que termines decepcionado. La relación con las palabras es similar a la pesca solitaria, si tienes las herramientas adecuadas serás preciso al “pescar”. Si intentas asirlas con las manos se podrían resbalar.
En mis años de “estudiante-profesor” he ido comprendiendo que la tarea de enseñar el “uso correcto del idioma” tiene sus complicaciones. Recuerdo, por ejemplo —en mi afán de defender el idioma— que realizaba las correcciones a mis estudiantes sin considerar su “contexto”, es decir la relación con los amigos y  padres. Que si quería corregir a un estudiante, tenía que ir más allá de las aulas, ir a sus casas, conversar con sus vecinos del barrio y eso es inconcebible, pues el idioma no es estático, tiende a diferenciarse y a ello llamamos sociolecto. Por eso es comprensible que nuestros jóvenes inventan formas de comunicación especiales, lo que solemos llamar jerga juvenil, con la intención de crear un espacio solo para ellos, en el que no tienen cabida los adultos.
Pero debemos explicarles que el uso pertinente del idioma nos integrará a otros grupos sociales, nos ampliará el horizonte cultural, nos ayudará a defendernos de los bravucones, nos permitirá argumentar de manera ordenada y sintética, nos hará más felices.
En el Perú no hablamos castellano o español y la mayoría tampoco el quechua. Cuando alguien dice: “comeré una rica pachamanca” o “yo soy limeño” se ha mezclado, si se quiere, dos idiomas: “pachamanca” y “limeño” no tienen origen español. Según Garcilaso de la Vega, el topónimo Lima es una degeneración de la voz "rimac", que en castellano significa "el que habla", en referencia a un oráculo muy venerado por los indígenas y que, por extensión, se llamó así a todo el valle y a su río.
¿Es que acaso soy ahora un partidario de la “indiginización” del  castellano? No. Lo que percibo es que el hombre de estas regiones, sintiéndose ajeno al castellano, se ve en la necesidad de modificarlo hasta convertirlo en un elemento propio, acaso un nuevo idioma: ¿el “quechuañol”?
Pero debemos tener en cuenta que la transformación de un idioma es lenta, paulatina, serena y no violenta, que el cambio de un idioma no atenta contra la gramaticalidad. Por eso no es conveniente decir “venguen muchachos” (dígase vengan) ni mucho menos “espero que no haiga clases” (dígase haya), “en aquí tengo una moneda” (quítese “en”).