sábado, 16 de abril de 2011

Solo 4 “361” del 16 de abril de 2011

LA CITA

“Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad”
Milan Kundera, La Insoportable levedad del ser
Nicolas Matayoshi:
Los tesoros de Catalina Huanca

Luis Puente de la Vega Rojas

Un mito cuenta que Catalina Huanca ocultó durante su vida un tesoro de riquezas incalculables, por el cual cientos de investigadores, arqueólogos, y cazarecompensas, han llegado hasta el Valle del Mantaro con la misión de encontrarlo. Hoy, Nicolas Matayoshi, partiendo de esta creencia, ha materializado los verdaderos tesoros ocultos en nuestro valle: todas las tradiciones orales de su población. Así, presenta hoy la segunda edición de su libro, “Los tesoros de Catalina Huanca”.

Este maravilloso y esperanzador texto es producto de un trabajo de campo realizado entre los años 1977 y 1979, en las comunidades de la zona sur del valle del Mantaro y del valle del Canipaco, mientras Matayoshi trabajaba en la promoción rural en dos ONG´s: el Instituto de Estudios Andinos y el Grupo Talpuy.

Ya en esos tiempos veía que los alumnos rurales estudiaban en escuelas y colegios, de sus localidades, pensando en emigrar y establecerse en las ciudades. Los maestros, siempre foráneos, no conocían la realidad de la zona donde trabajaban. En este contexto, se hacía necesaria, una propuesta educativa que restableciera el vínculo con la propia cultura del niño, y con la que el maestro tuviera una herramienta eficaz para acercarse a la profunda riqueza cultural de los pueblos donde laboraban.

El autor, por ese entonces ya planteaba una nueva forma de ver la educación: “Mucho se teoriza sobre los roles de la educación, lo cierto es que toda propuesta educativa plantea la construcción de un mundo futuro. ¿Cómo queremos que sea?: libre, solidario, justo, feliz, pleno, etc. Entonces, bajo esa utopía social, siempre se han planteado roles y objetivos educativos. Así, en “Los tesoros de Catalina Huanca”, también está mi visión de futuro: que tengamos una sociedad capaz de ser creativa, con soluciones propias, más solidaria, menos injusta; por eso, la educación debe impulsar la creatividad no sólo en las artes, sino, especialmente, en la ciencia y la tecnología, que seamos capaces de crear una economía donde se privilegie el compartir y la responsabilidad social, que nuestra educación supere los dogmatismos religiosos o políticos, para asumir compromisos con la vida misma, con nuestra gente, con nuestra cultura”.

Este libro, dirigido especialmente a niños y niñas, trae consigo una propuesta educativa diferente, con una guía para profesores que facilita el proceso de enseñanza y aprendizaje. Además, “Los tesoros de Catalina Huanca” no solo trata de mejorar la capacidad de lectura del participante, sino que, a diferencia de otros textos con este fin, pretende enseñar el orgullo de ser lo que somos, de encontrar sabiduría hasta en las cosas más simples, de reconocer y preservar el inmenso legado cultural que nos han dejado nuestros antepasados, porque se conserva aquello que da orgullo, que consideramos necesario y que sea útil. Esperamos que nuestras autoridades, nuevas y por venir, consideren esta propuesta, que cómo avizoramos, será la alternativa más destacable en cuanto a revalorización e inclusión de nuestras tradiciones orales para el Plan Lector, en nuestra educación.

El buen salvaje

Sandro Bossio Suárez
Lo fundacional en Oswaldo Reynoso

Al cumplir diecisiete años leí dos libros que cambiaron mi forma de ver el mundo. El primero fue “Satiricón”, de Petronio, en una edición española que me prestó un tío político afecto a la literatura clásica. El otro fue “Los inocentes”, de Oswaldo Reynoso, en una edición popular que hasta ahora conservo, y que compré en la desaparecida librería Pacífico de la calle Real de Huancayo.
Ambos libros me parecieron una revelación. En “Satiricón” encontré una de las más originales y complejas obras literarias de la época romana imperial, y en “Los inocentes” un hermoso texto social que habla del florecimiento de una generación al lado más abyecto, pero al mismo tiempo tierno, del hombre.
Por feliz coincidencia, tanto “Satiricón” como “Los inocentes” tienen extraordinarios puntos comunes. Los que destacan son, en primer lugar, la renovación del lenguaje. Petronio refresca el expresión poética empotrando, por primera vez en la literatura universal, frases coloquiales, germanías de la época, muchas de las groserías que se usaban en la sociedad de Nerón. Oswaldo Reynoso, por su lado, introduce en la literatura peruana (y aún latinoamericana) un extraordinario repertorio de la locución popular de los años cincuenta. Pero no hace solo eso, registrar palabras adolescentes, sino que hurga en la psicología de los jóvenes peruanos de clase baja, presentándolos como seres vívidos, reales, materiales.
Otra coincidencia es el tema homosexual. En el relato romano se cuentan las aventuras de Encolpio, poeta truhán y vagabundo, y de su amante Gitón, joven hermoso y sin escrúpulos, condenados a vagar debido a las iras del concupiscente dios Príapo. El mismo tópico encontramos en los relatos peruanos encarnados en Cara de Ángel, Colorete, el Príncipe, Carambola y Rosquita, esos inolvidables personajes peruanísimos, que vagan en una urbe inhumana mecidos por los vientos de otro dios concupiscente: la sobrevivencia.
Ambos libros incrustan numerosos episodios menores con autonomía y valor literario propios, y ambos, en su conjunto, conforman una galería de aventuras singulares, extravagantes y eróticas, que dan vida a todo tipo de personajes: robadores, fanfarrones, depravados, peluqueros, mujeres sometidas por la lujuria. En suma, los dos son libros de pícaros, que –a decir de María Pérez Royo–, moviéndose en un mundo en descomposición, intentan sobrevivir en él.
“Los inocentes” fue escandaloso en su momento, sobre todo por la descarnada descripción de la vida sexual de sus protagonistas, y desató una enorme marea de críticas absurdas y pacatas, que Oswaldo Reynoso festejó como todo en la vida. Debido a esa admiración que su obra estimuló en mí, una vez, cuando todavía era adolescente, quise entrevistarlo. Él había llegado de Pekín por una breve temporada y ofrecía una conferencia en una municipalidad, de modo que corrí a verlo con mi grabadora enfilada, pero, totémico y rodeado de un enjambre ávido de jovencitos encuestadores, no pude ni acercarme. La vida, sin embargo, se ha encargado de unirnos. Oswaldo Reynoso ahora es mi amigo. Cada vez que nos vemos terminamos en alguna taberna en “plan de cervezas”, como suele llamarle él a esas aventuras nocturnas que tanto nos placen. Más ahora que el gran maestro cumple ochenta años y su primer libro, perpetuo, cincuenta. En esos momentos, rodeados de espuma, humo y aserrín, pienso en la última coincidencia entre “Satiricón” y “Los Inocentes”: ambas son inmortales. Tan inmortales como el propio Oswaldo Reynoso.
El cisne negro

El vía crucis de la diosa

Jorge Jaime Valdez

Fui a ver “El cisne negro” con una gran expectativa, en vista que venía cargada de elogios y alabanzas de todo tipo, y me encontré con una película manipuladora, esquemática, conservadora, moralista, efectista y deshonesta a pesar que se diga todo lo contrario.
La historia es sencilla, Nina, una bailarina interpretada por Natalie Portman, aplicada, angelical y dulce deberá sacar su lado malo, cruel y reprimido por una madre castrante y controladora, para interpretar al cisne negro y para ese fin cuenta con un director interpretado por Vincent Cassel que parece un malo de melodrama cursi.
Desde el inicio vemos una y otra vez, hasta el hartazgo, la alteración mental de la protagonista, que es sometida a todo tipo de torturas. Mientras la pobre sufre durante toda la proyección, nosotros espectamos una película llena de movimientos de cámaras, imágenes aceleradas y reiterativas, todo es un ejercicio de pirotecnia visual y de efectos de montaje, las imágenes picadas y la cámara nerviosa, movida, adrenalítica todo el tiempo parece un video de MTV y todo con la intención de machacarnos la idea de que la sufrida protagonista tiene serios problemas mentales.
El Oscar como mejor actriz a Natalie Portman por su elogiada interpretación, parece también excesivo, hace poco, su doble, una bailarina profesional, salió a decir que ella había interpretado casi todas las escenas de baile y que la participación de la Portman había sido mínima. De ser esto cierto, su actuación no tendría mayor mérito; lo más rico en el filme son las secuencias de baile, el rigor del entrenamiento, el esfuerzo físico, que tanto gusta a la Academia. Entonces le habrían dado el premio solo por su rostro compungido, su cuerpo maltratado y sufrido, por su vía crucis personal, o por su piel lacerada, casi como el Cristo de “La pasión”, ese bodrio perpetrado por el ultra conservador Mel Gibson; o simplemente por su endemoniada belleza, si es por esto último, todos los premios del mundo estarían más que justificados y serían insuficientes.
Considero que Darren Aronofsky es un buen director y tiene mejores películas, “Réquiem por un sueño” o “El luchador”, muestran personajes excesivos pero son más sinceros, la pareja de heroinómanos autodestructivos de la primera cinta y el viejo peleador de la segunda son personajes memorables, sobre todo Mickey Rourke que encarna todo el dolor, todo el peso de los años y todo el fracaso de un personaje que no parece de ficción. La historia se parece mucho a la propia vida del protagonista.
“El cisne negro” es tramposa porque “dice” pero no “muestra”. La transformación de la protagonista de cisne blanco a negro incluye su incursión en drogas, sexo casual, masoquismo, lesbianismo y explota el lado sexual reprimido de la bailarina pero no muestra nada, todo está insinuado, hay un temor al desnudo, pero si muestra a cada rato su dolor físico: cortes, mutilaciones, sangrados, cutículas desgarradas, ojos rojos, hasta “le salen alas”. Todo es muy figurativo, menos la pulsión sexual a la cual alude la trama. Suponemos que por imposición de la actriz, que no suele protagonizar escenas con desnudos, o por tacañería del director; lástima, para los millones de admiradores de la hermosa actriz israelí, que ha hecho muchas cintas con temática sexual, pero dando cuenta de una férrea posición conservadora no muestra más de lo debido su piel de diosa. En “Closer” hace el papel de una nudista, que nunca se desnuda; en una comedia reciente: “Amigos con derecho” trae de vuelta y media a Ashton Kutcher porque entabla una relación solamente sexual con él, pero tampoco muestra nada. En una comedia que se estrenará pronto (“Caballeros, princesas y otras bestias”) hay una escena donde la actriz aparece en prendas breves pero en el trailer que circula por la web aparece la misma escena retocada por imposición de quién, no lo sabemos.
En la cinta que nos ocupa, el impulso erótico y tanático es el “leit motiv” de la historia pero sin embargo todo esta reprimido, quiere ser claustrofóbica y oscura pero es hipócrita y poco creíble. Como dato adicional, para los admiradores de la actriz, me incluyo obviamente, desde que la vi por primera vez en la gran película de Luc Besson, “El profesional” con Jean Reno y el notable Gary Oldman, quede prendado para siempre de su rostro que no parece de este mundo, parafraseando al poeta Luchito Hernández, diría que se excede en belleza. La actriz aparece en un corto de Wes Anderson llamado “Hotel Chevalier” como siempre la quisimos ver.
Finalmente, para hacer ver a un personaje esquizofrénico no es necesario hacerlo sufrir durante toda la cinta, películas parecidas al “Cisne Negro” abundan, pero sólo mencionaré como ejemplo: “La profesora de piano” del austriaco Michael Haneke con una Isabelle Huppert en estado de gracia, que es una película nada convencional, ni complaciente; todo lo contrario, es desgarradora, repulsiva y perturbadora, a su lado este cisne negro parece un cuento de hadas. “Mullholland Drive” de David Lynch, que muestra patologías más serias sin tanto truco y efecto audiovisual y las grandes películas de Roman Polansky, sobre todo “El bebé de Rosemary” y “El inquilino”, o “Dead ringers” de David Cronenberg, son filmes de visión obligatoria para notar la diferencia y no sobrevalorar tanto una cinta construida con muchas anfetaminas pero poca sustancia.

Microcuento

Mis fotografías
Alberto Benza González

Micaela siempre toma fotografías por el parque Centenario, dice que me ha tomado fotos con los cisnes, en el lago y con las estatuas. Hoy me dejó algunas en una banca y al costado un crucifijo con una estampita de la virgen de Lourdes. Su cámara debe estar fallando, porque en las fotos salgo de medio cuerpo y en algunos casos sólo se ve mi silueta transparente.

Las pinturas negras de Goya

Josué Sánchez

Considerado por unos el último de los clásicos y, por otros, el primero de los modernos, Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) fue un pintor de contrastes. De apasionada personalidad, su obra muestra una rebosante vitalidad o un profundo pesimismo, la ternura más honda o la más acerba ironía, producto de la fina sensibilidad de un genio enfrentado a las paradojas de su tiempo.
El siglo XVIII, época de transición y cambio, de fastuosas monarquías y revoluciones libertarias, donde las luces de la razón alumbraron monstruos de muerte y guerra, fue el escenario ambiguo que Goya pintó con maestría y agudo sentido crítico. Sus conocidos retratos de la nobleza, obras de corte realista mayormente realizadas por encargo, fueron estudiadas formas de mostrar la decadencia de esa clase social, en contraposición a los retratos de los anónimos personajes del pueblo tratados con singular afecto. Sus series de grabados “Los caprichos” y “Los desastres de la guerra” no sólo muestran la exuberante imaginación del pintor, sino también una feroz crítica a la sociedad de la época.
Pero donde Goya reveló realmente su libertad creativa fue en “Las pinturas negras”, serie de catorce pinturas al óleo ejecutadas entre 1820 y 1822 sobre las paredes estucadas con yeso de la Quinta del Sordo, su casa sobre el río Manzanares en Madrid, adquirida ya con ese nombre.
Goya era un anciano enfermo, sordo y casi ciego cuando pintó estos murales, así llamados por su contenido sombrío y tenebroso y por su gama de color reducida al blanco, al negro y a los tonos verdosos y castaños. En ellos aparece claramente delineada la idea general de la maldad y la crueldad humana, en visiones atormentadas de extraño significado, en las que se entrecruzan elementos profanos y sagrados.
En el “Aquelarre” es estremecedor ver una multitud deforme y sombría adorando al Mal, un macho cabrío vestido de fraile, rodeado por una multitud de brujas con ojos vidriosos, desfigurados por el vicio y la concupiscencia, una de ellas con toca de monja. La figura de “Saturno devorando a uno de sus hijos” muestra una repulsiva voracidad, alegoría tal vez del hambre universal. Un hambre que en la vejez se convierte en maldición, suma de apetitos soterrados, insatisfechos, como las desdentadas bocas de “Dos viejos comiendo”. Pero quizá la imagen más desoladora es la del “Perro enterrado en arena”, atrapado vivo en la oscura aridez de la arena, con el blanco ojo fijamente clavado en la amarilla vacuidad de la nada, terriblemente triste y abandonado a la desesperanza de una muerte anunciada.
¿Con qué propósito pintó Goya estas escenas? Unos dicen que se trató de una broma pesada del pintor. Otros opinan que fueron producto de una mente alterada por la enfermedad, la soledad y la melancolía. Nosotros compartimos con Ortega y Gasset el convencimiento de que expresan “una insólita pero auténtica y lúcida conciencia trágica de la existencia humana.” Goya sabía de eso. Sus últimos años estuvieron marcados por el aislamiento en que lo sumió su sordera y por la incomprensión de la gente. Amenazado y atacado por sus coterráneos, que lo tildaban de loco, se vio obligado a dejar España, muriendo en Burdeos, Francia, a los 82 años de edad., sin que la paz le alcanzara en la tumba Cuando años después sus restos fueron exhumados se descubrió que su cabeza había sido robada.

PERFUME DE MUJER

El crimen del padre Amaro
Eça de Queirós

Amaro se volvía hacia ella como hacia un refugio, le rezaba la Salve; pero, al contemplar la litografía, olvidaba la santidad de la Virgen, sólo veía ante sí a una hermosa muchacha rubia; la amaba, suspiraba, al desnudarse la miraba de reojo lúbricamente; y su curiosidad hasta se atrevía a levantar los castos pliegues de la túnica azul de la imagen y suponer formas, redondeces, la carne blanca.

Primera Feria del Libro Jaujino

Marx Espinoza Soriano

Es un duro e imprescindible aprendizaje llamar a las cosas por su nombre: “No existe gestión cultural en Jauja”, las autoridades locales y regionales son incapaces de plantear y mucho menos desarrollar políticas que promuevan, en diversas dimensiones, la esencia cultural de la Primera Capital del Perú, “cuna de intelectuales”, más aún en el marco de sus 477 años de Fundación Española.
Pero no todo es penumbra, la luz de las palabras se abre con el manantial incontenible de férreas voluntades, con los objetivos de difundir la producción intelectual de escritores jaujinos y de quienes han escrito sobre Jauja, además de estimular el hábito lector y lograr el acercamiento entre autores y lectores. La Sociedad Unión Artesanos, en coordinación con el Centro de Estudios Histórico-Sociales “Julio Espejo Núñez”, organizan la Primera Feria del Libro Jaujino, a realizarse los días 18, 19 y 20 de abril, en el local de la Sociedad Unión Artesanos (Jr. Junín 1006 – Jauja).
El evento comprende la presentación, exposición y venta de la más variada y reciente producción literaria de autores jaujinos, la participación especial del Gremio Nacional de Escritores del Perú en homenaje al Amauta José María Arguedas, ponencias, mesas redondas, videoforos, talleres con certificación oficial, recitales de poesía y música, cuenta cuentos, testimonios de autores emblemáticos, entre otras actividades.
El ingreso a la feria será libre y la convocatoria de autores continúa abierta, en pro de forjar una patria con esperanza y hacer del libro un instrumento para construir un mundo mejor.

sábado, 9 de abril de 2011

Solo 4 “360” del 09 de abril de 2011

LA CITA

“El hombre más buscado en Latinoamérica subió en el auto verde y allí se fue, abrazado a su maletín y temiendo todavía por su vida. No sabía que recién en ese momento había dejado de correr peligro.”

Carlos Paredes, La caída del héroe

I Concurso Nacional de Microcuento

El Suplemento Cultural “Solo 4”, en coordinación con el comité organizador de la III Feria del Libro Zona Huancayo, con la finalidad de alentar la creatividad y difundir este género literario en la Región Junín y en el resto del país, convocan al I Concurso Nacional de Microcuento, teniendo como fecha límite de recepción de trabajos, el 1 de junio. Este certamen contará con un grupo de selectos especialistas en este género, y será premiado en el marco de la FELIZH 2011. Las bases generales las pueden encontrar en el blog y perfil en Facebook de “Solo 4”.

Chipsa, heroína indomable

José Oregón Morales y “La casita del cedrón”

Joel Carrillo de la Cruz

De la mano del impecable trabajo de Thormus Ediciones, el entrañable escritor José Oregón Morales nos vuelve a ofrecer su novela corta La casita del cedrón (2011), que ya va en su cuarta edición.
¿Qué es lo que origina en esta novela su empatía con el lector? Seguramente es esa simplicidad, esa sinceridad, esa naturalidad con que Chipsa, la protagonista, nos cuenta su vida, años antes de convertirse en la reconocida intérprete folclórica Carmela Morales Lazo.
Hay dos partes distinguibles en la novela. Una es cuando Chipsa-niña debe lidiar con el indomable carácter de su padre, el causante de todos sus sufrimientos. El ambiente falto del amor materno (que también es anulado por el padre), origina que los animales se conviertan en sus compañeros y cómplices. Son los únicos que le dan el afecto que le es negado en casa, y llega a una relación filial con ellos. Ejemplos sobran, como cuando Chipsa clama por su vaca: “Mamacita Pillcacha, no te moverás lindita hasta que amanezca”; o cuando sus perros son los únicos que la pueden acompañar y les ruega: “¡No se vayan, padres míos, acompáñenme!”.
Hay gran diferencia entre el trato tosco que recibe del padre: “¡Despierta, carajo! ¡Anda notifica a los peones!” y el cariño de sus animales: “¡Yana, Tahua Ñahui! Me despertaron lamiéndome la cara, jadeando sobre mi pecho”. Otra escena contundente de La casita del cedrón ocurre cuando el padre intenta arrollar a Chipsa montado en el “Gringo Caballo”, y éste la miraba “con sus ojos desorbitados, torcía el cuerpo y hacía caer sus cascos lejos” de ella.
La narración en primera persona no es arbitraria. El hecho de que una niña, pobre y con escasa instrucción, nos relate su vida, le da el carácter picaresco de la novela del siglo XVI. Y hay varios asomos a El Lazarillo de Tormes, la labor de lazarilla de Chipsa con su tío ciego, por ejemplo.
La casita del cedrón es una bonita novela, tierna y muy fácil de leer.


Lo nuevo en esta edición
La cuarta edición de “La casita del cedrón” (Thormus Ediciones, 2011) de José Oregón Morales ofrece un cuidadoso trabajo. A diferencia de las ediciones anteriores, esta vez la novela cuenta con significativas mejoras e importantes cambios en el ámbito narrativo. En esta ocasión se han eliminado numerosas erratas que esta novela arrastraba desde sus primeras ediciones. Por eso su lectura esta vez se siente más fluida, más cómoda.

El buen salvaje

No todo lo que brilla es oro
Sandro Bossio Suárez

Muchas frases que usamos hoy en día han tenido un origen curioso, ingenioso y divertido. Por ejemplo, decir “lágrimas de cocodrilo” significa a llorar en vano y la frase proviene de una función biológica del cocodrilo, que necesita mantener la humedad de sus ojos al salir del agua y, por ello, llora constantemente. Ocurre lo mismo cuando mastica a su presa, puesto que sus glándulas lagrimales y salivales se estimulan mucho con esta acción.
“La manzana de la discordia” data de la mitología griega. En ella, Eris encarnaba la diosa de la discordia y, se dice, que no fue invitada a una fiesta en el Olimpo, pero de todas maneras se presentó en ella. Al ingresar entregó como obsequio una manzana dorada diciendo que era para la diosa más bella. En la reunión estaban Afrodita, Atenea, Hera y Palas, y, cada quien creyéndose la más bella, empezaron a pelear por la manzana que, en efecto, generó una gran discordia.
“Echarse un polvo” tiene ahora una connotación puramente sexual. Equivale a copular o mantener relaciones sexuales generalmente de modo subrepticio. Pero antes no tenía ese significado. La frase nació de la costumbre social de consumir rapé, o sea, polvo de tabaco (también llamado polvo de Sevilla). Como en una época se puso de moda absorber este producto en las fiestas, se implantó la costumbre de habilitar en ellas una habitación especial para “echarse un polvo”, es decir para consumir el rapé. Estas habitaciones se fueron convirtiendo con el tiempo en el refugio perfecto de los amantes ocasionales y, de esa manera, se cambió el sentido de “echarse un polvo”, que pasó, desde entonces, a significar “mantener relaciones sexuales”.
Ser un “cornudo" hoy en día no es tan elogioso como lo fue en los países nórdicos del Medioevo, donde los gobernadores de las comarcas tenían la potestad de escoger entre las mujeres a las que deseaban tenerlas por una noche. Esta era una decisión elogiosa tanto para la mujer como para el marido de ésta. Cuando eso ocurría, la familia “honrada” por la visita del gobernador colgaba los cuernos de un alce en la puerta para anunciar que habían sido privilegiados. Entonces los vecinos felicitaban al marido por “haberle puesto el cuerno”.
La expresión “a ojo de buen cubero” proviene de la habilidad que tenían los fabricantes de cubas (vasijas contenedoras) en la antigüedad, donde estos instrumentos tenían diversas capacidades de acuerdo al “ojo” del fabricante.
“Poner en tela de juicio”, un término sumamente usado en nuestra actualidad, proviene de épocas romanas antiguas, del antiguo Derecho Procesal. En este caso la voz latina “tela” significaba barrera, palestra, lugar cerrado destinado a los debates legales. Este tipo de “tela”, entonces, no tenía que ver con la textilería, sino con los anfiteatros judiciales. Por ello, “poner en tela de juicio” significa, más o menos “poner en debate” algo que merece esclarecerse.
Las ínfulas no siempre fueron sinónimo de vanidad o presunción: en la Antigüedad se llamaban así unos precintos (especie de vendas) de las que colgaban dos cintas que se llamaban “vittae” a cada lado de la cabeza. Estas ínfulas las lucían los nobles como distintivo de su dignidad. Con estas “ínfulas” se adornaban también los altares y los tabernáculos. Así, la persona que llevaba muchas ínfulas demostraba mucho poder y alcurnia, y por ello con el tiempo “llevar ínfulas” pasó a ser sinónimo de ser vanidoso y presumido.
Salvarse por un pelo no significa salvarse a las justas, como creemos, sino salvarse de un peligro grande. La frase se acuñó debido a que, en épocas pretéritas, los marineros eran salvados de los naufragios tirándolos de los cabellos, que siempre los tenían largos, es decir eran salvados “por los pelos”.
“Brillar por su ausencia” viene de los funerales Romanos, donde se mostraban las estatuas de los antepasados para revelar linaje. Cuando Casio y Bruto, los conspiradores que asesinaron a César, fueron condenados, sus efigies fueron retirados de la galería para que “brillaran por su ausencia”.
Durante mucho tiempo hemos dicho “poner las barbas en remojo”, pero hemos estado errados, pues la verdadera frase es “poner las bardas en remojo”. “Barda” significa “techo de hojas secas” y las familias de los pueblos donde sus casas tenían este tipo de techos, previendo los incendios forestales -que eran muchos y asolaban los pueblos- humedecían sus “bardas”, es decir “ponían las bardas en remojo”. Equivale a decir “anteponerse a los hechos”, “antelarse”.

Prospectiva y planificación para liderar el cambio

Gonzalo Betalleluz

La prospectiva es el estudio científico del futuro, para poder comprenderlo y tener la capacidad de influir en él. A diferencia del fatalismo, que asume que el futuro es equivalente a destino y por lo tanto, todo ya está predestinado a suceder inexorablemente, la prospectiva nos indica que el futuro es factible de ser construido, aplicando sobre él, acciones planificadas y sistemáticas, basadas en lo que se conoce como pensamiento estratégico.
En ese sentido, la prospectiva nos permite estudiar y comprender los futuros posibles, con el propósito de tomar decisiones en el presente, que nos ayuden a construir un futuro deseable. Al proceso de tomar decisiones en el presente, para construir un futuro deseable, se le denomina planificación estratégica. Sin embargo, para que sea considerada como tal, la planificación debe realizarse aplicando el pensamiento estratégico, el cual se caracteriza por ser flexible, tener un enfoque de largo plazo, aplicar la anticipación y la creatividad, incentivar la calidad y el mejoramiento continuo, así como el liderazgo compartido y la gestión del potencial humano.
Queda claro entonces que planificamos en el presente, para lograr un futuro mejor; es decir, para lograr cambios. Si el cambio contribuye a mejorar la calidad de vida de la gente, se le llama desarrollo o progreso. Por lo tanto, tenemos que adoptar una actitud frente al cambio y sólo tenemos cuatro opciones: nos resistimos al cambio, nos resignamos al cambio, nos adaptamos al cambio o lideramos el cambio, pero sin perder la perspectiva: mejorar la calidad de vida de la gente, idea fuerza que desde mi punto de vista significa el pleno ejercicio de nuestros derechos.
En la región, ya se viene trabajando la planificación estratégica hace varios años, tanto a nivel institucional como a nivel local y regional. Sin embargo, es necesario hacer un balance de cuánto éxito y fracaso se ha tenido hasta el presente. La experiencia ha demostrado que planificar es importante, pero que siempre será fundamental tener la capacidad de implementar con éxito lo planificado.
Por lo pronto, hay varios aspectos que no se están gestionando con planificación. Un ejemplo evidente es el crecimiento desordenado de la ciudad, sin urbanismo, que en pocos años nos dejará sin extensiones agrícolas y ganaderas en todo el Valle del Mantaro.

José Oregón presentó “La casita del cedrón”

Con el auspicio de “Solo 4”

El reconocido escritor José Oregón Morales presentó su novela “La casita del cedrón” (Thormus Ediciones, 2011), el pasado miércoles en el auditorio del ICPNA Región Centro. A cargo de los comentarios del libro estuvieron el poeta Gerardo Garcíarosales, el pintor Josué Sánchez y el novelista Sandro Bossio Suárez.
“La casita del cedrón” fue finalista en el Concurso Latinoamericano “Mujer, imágenes y testimonios”, en Cuenca, Ecuador; y en la categoría “Cuento” del Premio Horacio, en nuestro país. “La casita del cedrón” cuenta la vida de Chipsa, una niña de un poblado de la serranía cuyo padre, dominador y machista, la empuja a huir de casa. En su camino pasará por muchas adversidades hasta convertirse en la gran cantautora folclórica Carmela Morales. La brillante pluma de José Oregón nos lleva a recorrer, de la mano de su heroína, el mundo andino campesino y urbano de la década de 1940. La emotividad de la novela nos remite al tono de las mejores historias de José María Arguedas.
Debe resaltarse que este libro retrata el contexto machista que aún mantiene sojuzgada a la mujer andina, y que sólo puede resolverse con una actitud decidida y emprendedora de parte de las propias víctimas. Por su contenido, su facilidad de lectura y la empatía que logra con el lector, el libro ha sido especialmente recomendado para su uso en el Plan Lector de los colegios de Junín y Huancavelica.

Microcuento

Esperanza
Álvaro Sánchez Schwartz

Al ver caer la lluvia sobre las flores, María me dijo que todo iría mejor. Hacía más de un año que me habían traído a este hospital y ella me aseguraba que pronto saldría de ahí. En este tiempo, mis ideas habían ido cambiando y ese violento frenesí de delirios, voces y visiones que se apoderaban de mí ser, se habían alejado de mí para poder morir. María me decía que aquella lluvia no podía ser sino un augurio eterno y cierto de que esa etapa de mi vida desaparecería en el olvido. Gracias a sus palabras, la tristeza y la melancolía, aquella huella dolorosa de mi alma, dejaba de ser eterna. Le agradecí conmovido su compañía y sus palabras, y le hice un guiño cómplice a su voz. Apagué las luces, cerré mis ojos y la sombra de María voló hacia el jardín.

EL FOLKLORE QUE YO VÍ

El cuy salvó el matrimonio
Luis Cárdenas Raschio

Por los años 60 me contrataron para tomar unas fotos de un matrimonio en el barrio de Azapampa, perteneciente al distrito de Chilca en Huancayo. Un mes antes de la boda, acompañé a los padres del novio a la pedida la mano, acontecimiento al que llevaron unas doce cajas de cerveza, gallinas listas para la olla, ¬bien peladitas; una docena de cuyes, también peladitos; dos canastas con frutas y panes para los futuros compadres. Una orquesta típica acompañaba al novio y a sus amigos, el futuro suegro quien ya estaba bien picadito dijo: “Bueno pues, así, ya les doy la mano de mi hija, venga un abrazo a mi futuro yerno”, se abrazaron todos los presentes, después de una cena con “hualpachupe” y cuy colorado.
Y por fin llegó el día, un domingo 17 de julio a las nueve de la mañana, todos los invitados acudieron a la Capilla de Chilca, el novio estaba nervioso porque no llegaba la contrayente. El padre Cuadros impacientemente empezó la misa, porque tenía que ir a Sicaya a celebrar otra.
Casi a la mitad de la ceremonia llegó la novia acompañada por sus padrinos y familiares. El padre Cuadros empezó a realizar la boda, pero primero pidió las arras. Ésta es una antigua costumbre hebrea basada en usar 13 monedas, que simbolizan la promesa de cuidar los bienes familiares futuros. Ambos cónyuges las intercambian ante el altar, comprometiéndose a compartir responsabilidades –las monedas de plata eran de nueve décimos¬-, luego el cura procedió a bendecir los aros y continuó con la ceremonia. Al término tomé las fotos de estilo a todos los presentes. A la salida de la iglesia se acercaban los parientes y amigos para abrazar a los novios, dándole un clavel rojo al novio y uno blanco a la novia. Una vez terminados los abrazos y besos, tomamos un carro de la empresa Soria, que fueron los primeros omnibuses Tambo - Azapampa, con el cual llegamos a la fiesta. La puerta de entrada estaba adornada con un arco hecho de eucalipto y de retama, y a los costados llevaba dos tallos de maíz con sus respectivos choclos, en la parte superior de la puerta colgaban dos muñecas, una blanca y otra negra, también colgaban un par de platos blancos enlozados, dos tazas, cubiertos, un pellejo y al medio una “huayunca”.
- La muñeca blanca representa al hijo legítimo, la negra es para que no venga un hijo ajeno. Los platos, tenedores y cucharas, para que no falte con qué comer, la “huayunca”, para que abunde la comida, y el pellejito para que siempre haya amor y abrigo.
La orquesta empezó a tocar el Danubio Azul, pero ni los novios, ni los padrinos sabían bailar. Alguien gritó: “Un Huayno”, y así empezó la jarana. Todos bailaron con los recién casados, los novios se dirigieron a la mesa, especial para los recién casados, y empezó un desfile con todos los invitados para saludarlos y entregarles una caja de cerveza. La pareja les convidaba chicha, mesclada con los pétalos de claveles y, en un ratito, se juntaron más de 50 cajas. La orquesta comenzó a tocar la música de las “once” y al compás de ella apareció la familia de los novios llevando lechones, gallinas, canastas de frutas y panes, todo para los padrinos, quienes, conocedores de las costumbres, habían llevado costalillos para guardar todo lo obsequiado.
Después de un almuerzo suculento en papa a la huancaína, mondongo con abundante carne, y como plato de fondo: arroz, papas y medio cuy colorado, acompañado con chicha de jora, anís y vino. Terminado este pequeño almuerzo empezó “La palpa”. Se formaron dos grupos entre la familia de la novia y la del novio. En primer lugar los padrinos ingresaron llevando una cocina a kerosene y un juego de ollas. Le siguió el padre de la novia, quien les dio una cama de dos plazas con colchón y fresadas; los padres del novio, no se quedaron atrás y en una fuente llevaron un terrón cúbico de tierra acompañado por la escritura de una chacra, todos los asistentes aplaudieron este gesto. Luego los demás asistentes llevaron a los recién casados sus regalos al compás de las dos orquestas. Los nuevos esposos retribuían esto otorgando una o dos cajas de cerveza, de acuerdo al regalo.
Así avanzaba el día y el novio estaba inquieto, algo buscaba en sus bolsillos y no encontraba lo que buscaba, se me acercó y me dijo:

—Tienes que ayudarme a salvar mi matrimonio, de lo contrario esto va a ser una batalla entre todos.
—¿Qué es lo que tengo que hacer?—pregunté.
—Tienes que conseguirme un poco de sangre en una botellita— respondió mientras me daba 20 soles.

Lo primero que hice fue buscar un envase y me acordé que tenía el estuche de la película fotográfica, entonces pregunté entre las tiendas aledañas si había algo parecido a sangre y no hallé nada. Parecía que una de las tías ya sabía del problema y me llevó a su casa, agarramos un cuy macho, le cortamos el cuello y llené el envase que tenía. Así, volvimos a la fiesta recomendándole que no diga nada.
Los padrinos habían tomado la palabra y dijeron: “Ha llegado la hora esperada del Palomay”. Se formaron dos colas a puertas del cuarto nupcial; las damas daban consejos a la novia sobre cómo debía comportarse. Unas decían que no grite, que aguante, que no duele mucho, y los varones al novio le aconsejaban diferentes estilos y formas. Yo tuve que darle mi consejo: “Si puedes haz el salto del tigre”, y en un descuido, de los que seguían a la cola, le di el estuche con la sangre de cuy. Terminados los consejos, entraron los novios al cuarto, el padrino cerró la puerta poniéndole siete candados, y después de media hora empezaron a sacarlos diciendo: “Van uno, van dos”, hasta llegar al último, la orquesta comenzó a tocar un Santiago y las jovencitas cantaban: “Ya no puedes, ya no jalas”, todos esperaban que salga el novio hasta que por fin lo hizo y todos gritaron: “¡viva, todavía podía!”. El recién casado llevaba consigo la sábana blanca manchada de sangre, el cuy salvó el matrimonio.

PERFUME DE MUJER

El Enano
Pär Lagerkvist

Continuaron como antes su repugnante orgía, y su conducta se hizo cada vez más desvergonzada y escandalosa, al punto que yo, obligado como estaba a presenciarlo todo, me sentí lleno de vergüenza y de asco. Se abrazaban y se besaban, con los rostros enrojecidos, groseramente excitados de placer, anhelantes y vulgares. Aquello era indescriptiblemente nauseabundo. Tras una fingida resistencia, las mujeres se quitaron sus ropas dejando al descubierto sus senos desnudos, y la más bella tenía un lunar sobre uno de ellos, no muy grande, pero lo suficiente para que fuera completamente imposible que pasara inadvertido.

POESíA

Plenilunio
Yo canto
En mi noche de luna.
Canto mi esperanza
que me sonríe…como ninguna.

Yo sueño
en su mirada constelada.
Sueño tus ojos, tus labios…
hermosa luz de luna argentada.

Y ruego: ¡Dios Misericordioso!
que ya mi ilusión se desvanece.
Y entonces muero sobre tus blancas
manos, ante el día que amanece.

Daniel Gala