lunes, 10 de diciembre de 2012
Solo 4, “447”, del 08 de DICIEMBRE de 2012, año IX
LA CITA:
«Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra.»
Julio Cortázar, Rayuela
LO ÚLTIMO: Solo 4: edición especial “Fin del mundo”
A lo largo de este año, hemos escuchado, visto y leído, distintas opiniones y posiciones acerca del apocalíptico Calendario Maya, que este próximo 21 de diciembre llega a su fin, y con él, la supuesta extinción de toda forma de vida sobre la tierra.
Una serie de catástrofes
se desatarán sobre nosotros, acompañando al solsticio de invierno, y a la
alineación del Sol y la Tierra, con lo cual se cerrará un ciclo de 5000 años
del antiguo Calendario Maya. No hay de qué preocuparse, según científicos y
arqueólogos, expertos en el tema, esta ancestral civilización predestinó “una
nueva era”, mas no el término de la vida.
Es por eso que el próximo
sábado les traeremos la edición especial “Solo 4: fin de los tiempos”, donde
abordaremos desde distintas perspectivas y con mucho humor, la llegada de
nuestra destrucción.
No lo olvide, prepárese
para el exterminio de la raza humana con agua embotellada, una radio a
baterías, alimentos no perecibles, y su “Solo 4: fin de los tiempos”. No lo
olvide, el próximo sábado con Correo.
El Padrino, 40 años de una oferta imposible de rehusar
Roberto Loayza
Cárdenas
Para 1971, Francis Ford Coppola tenía
muchos problemas encima, sus primeros pasos como director habían sido erráticos
con producciones de bajo nivel y casi nula aceptación por parte del público. Su
compañía “American Zoetrope” había producido la cinta de ciencia ficción de su
amigo y socio George Lucas, “THX 1138”, que lo había dejado en la bancarrota.
En esos momentos aciagos la Paramount
se le acercó para que dirija el “best seller” del italoamericano Mario Puzo, un
libro que ya se encontraba entre los más leídos por un público norteamericano
ávido por conocer las entrañas de una poderosa familia de mafiosos, liderada
por el irresistible don Vito Corleone.
Coppola se negó, al igual que otros
grandes como Sergio Leone y Peter Bogdanovich lo habían hecho antes que él. Francis
adujo que no podía hacer un filme tan violento que involucre a los italianos, y
menos a los de la zona sur de donde provenían los ancestros del director:
Basilicata, y también donde se encontraban los más famosos y sanguinarios
exponentes de la mafia: Sicilia.
Sin embargo, el director, un poco
urgido por las necesidades monetarias en las que se encontraba, aceptó siempre
y cuando las cosas se hagan según sus condiciones.
Luego de superar cientos de
inconvenientes y de enfrentarse a los todopoderosos directivos de la Paramount,
Coppola empezó a tejer la obra cumbre de la cinematografía mundial, arriesgando
el pellejo al elegir al problemático Marlon Brando para el papel de don Vito, y
al desconocido y menudo Al Pacino como su hijo menor, Michael. Amenazaron con
despedirlo, con desaparecerlo de Hollywood, pero Francis persistió, conservó su
honor y siguió trabajando durante los 77 días que duró el rodaje.
El 15 de marzo de 1972, la cinta era
estrenada y el éxito fue absoluto. Por primera vez, la gente se ponía
inevitablemente del lado del villano, mas no de cualquiera, de un villano al
que no se le puede reprochar nada de lo que hace para proteger lo más valioso
que tiene, su familia.
Como nunca antes hicieron, la historia
de la mafia era contada desde adentro de sus paredes, en medio de una pomposa
fiesta de bodas o de casuales cenas rápidas, y ahí radica su encanto y
familiaridad, en esos cuartos oscuros, llenos de grandilocuentes muebles, olor
a espaguetis y cabellos engominados, en esos ambientes se nos presenta a los
Corleone, el dominante Don Vito y sus hijos: el irascible Sonny, el tímido y
algo torpe Fredo, la candorosa Connie y el brillante Michael, además del hijo
adoptado de la familia, el “consigliere” Tom Hagen.
A pesar de que es don Vito el
personaje del libro de Puzo, en la cinta es su hijo menor Michael quien prepondera.
Un joven héroe de la II Guerra Mundial quien no aprueba las “actividades” de su
familia, pero que se ve obligado a integrarse cuando la vida de su padre corre
peligro, dando un giro en su existencia con la
memorable escena del beso de mano de hijo a padre. A partir de entonces,
el rostro antes tranquilo de Michael adquiere una tonalidad siniestra y
distante que lo llevará a tomar las riendas de la familia.
Muchas de las escenas del filme se
encuentran en los anales de la historia del arte, y son constante fuente de
estudio de todo aquel que aspire a ser cineasta, como cuando el magnate Jack
Woltz encuentra sobre su cama a su caballo, el atentado contra el Padrino
mientras compra fruta, el asesinato del traficante de drogas y el policía corrupto
en el restaurante italiano, el acribillamiento de Sonny en la caseta y,
especialmente, la shakesperiana secuencia bautismal hacia el final de la obra.
Un deleite audiovisual eterno,
sazonado con la inolvidable música del romano Nino Rota, fundamentalmente en el
“Vals” y en el “Tema de amor” que ya forma parte del soundtrack de nuestras
vidas.
Con decenas de premios, records de
taquilla y múltiples números 1 en diversas listas de las mejores películas de
todos los tiempos, “El Padrino” cumple 40 años y sigue mostrándonos toda su
grandeza.
Suerte de pocos poder verla en las
salas por estos días en su remozada edición digital, culpa de algún despistado programador de cine que, en
medio de su ignorancia, repleta de boberías las salas de nuestra sufrida y culturalmente
olvidada ciudad.
COLUMNA: EL BUEN SALVAJE
Del teatro al cine
Sandro Bossio
Suárez
¿Quién no recuerda la escena en que
Ben Hur (Charlon Heston) desciende al Valle de los Leprosos y ve a su madre,
Miriam (Martha Scott), salir a recibir los víveres que le lleva Esther (Haya
Harareet)? ¿Quién podría olvidar el momento en que el desconsolado hijo se
esconde y, vuelto contra el roquedal, llora metiendo el rostro entre los
brazos? Esa es, desde luego, una actuación auténticamente teatral.
Escuchamos y leemos permanentemente
que el cine es vástago de la fotografía, es más –y quienes lo afirman tienen
mucha razón–, que el cine es fotografía; pero pocas veces hemos asistido a la
defensa de la otra gran verdad: el cine es también vástago del teatro.
Para entenderlo mejor es necesario
acercarnos al teatro previo al nacimiento del cine. En la segunda mitad del
siglo XIX el clasicismo romántico está de moda. Los decorados teatrales se han
adecuado a la historia, se utiliza la luz de gas para la iluminación, pero,
sobre todo, se ha modificado la actuación. Ésta se hace más dramática, con
acentuación de los brazos y gestos corporales.
Es precisamente lo que encontramos en
los inicios del cine, sobre todo en las películas épicas (“Cabiria” e
“Intolerancia”). Esta actuación, a veces sobreactuación, se extiende hasta
mediados del siglo XX, más notorias en las péplum más famosas de la época:
“Hércules”, “Ben Hur”, “Los diez mandamientos”, “Cleopatra”, “Espartaco”, “Quo
Vadis?”.
Algunas películas de Alfred Hichcok
(“Corresponsal extranjero”) y de John Huston (“El halcón maltés”) muestran
también este ingrediente. Incluso ahora último encontramos actuaciones teatrales
trasvasadas al cine en filmes tan modernos como “Titanic” (recordemos la escena
en que Zane dispara a Di Caprio y Winslet en el inundado salón del barco),
“Gladiador” o “Ágora” (otra vez péplum contemporáneas).
El teatro y el cine tienen una
relación de alianza solidaria: el primero le otorgó historias y técnicas
actorales al segundo, y éste le confirió métodos modernos al primero. Citemos a
“El ángel exterminador” de Buñuel como referente obligado de esta unión. O a
“Los idus de marzo”, de George Clooney, basada en una obra teatral de Beau
Willimon. O a “Doce hombres sin piedad”, de Sidney Lumet, sobre una obra
de teatro de Reginald Rose. El dramaturgo que destaca es Tennessee
Williams, cuya obra maestra “Un tranvía llamado deseo” fue dirigida por Elia
Kazan en 1951 con Marlon Brando y Vivien Leigh. Otro autor al que no podemos ignorar es William
Shakeaspere: “Macbeth” fue adaptada por Orson Welles en 1948
y por Akira Kurosawa en 1957. En 1999 Michael Hoffman vuelve a llevar
a Shakespeare al cine con “El sueño de una noche de verano”.
Ahora último
se ha realizado “¿Sabes quién viene?” del maestro Roman Polanski, basada en una
obra teatral de
Yasmina Reza. Extraordinaria como todas las de Polanski, se trata de una puesta
en escena prácticamente dramática en la que dos matrimonios discuten después de
que sus respectivos hijos han peleado en el parque. La vimos en Lima porque
desde hace mucho no guardamos esperanzas de ver nada bueno en Huancayo, aunque
a veces, por milagro, encontramos buenas
películas independientes a las que le han cambiado de nombre para
hacerlas más atractivas a la taquilla.
Es realmente una lástima que las
distribuidoras, como Delta Films, y la cadena de cine que tenemos en la ciudad,
subestimen a los espectadores huancaínos (y no digo cinéfilos), exhibiendo
películas tramposas, comedias oportunistas, melodramas insulsos, trilogías de
sangre espesa, películas peruanas baratas (la buena “Cielo oscuro”, aun siendo
de un director local, sólo estuvo en cartelera unos días).
Tristemente, no hemos recibido el
homenaje a “El padrino”, como sí lo vieron los limeños, chiclayanos,
arequipeños y piuranos; así como no vimos “Temple de acero”, de los Coen; “El
peleador” de David Rusell; “Amigos” de Olivier Nakache; y, un verdadero crimen,
“A roma con amor” del genial Woody Allen. Imagino que, aunque está anunciada,
tampoco veremos “Las curvas de la vida” de Clint Estawood. Por ello, levantamos
nuestra voz de protesta por esa marginación. Ocurre porque, es claro, estas
películas no son comerciales. Pero hay una solución: adaptar una sala (quizás
la más pequeña y lejana del pasadizo) para estrenos de este tipo en horarios
nocturnos, como lo hacen varios cines de la misma cadena en otras ciudades
importantes.
Para terminar con el tema del teatro y
el cine, también ocurre lo contrario: obras cinematográficas que fueron
adaptadas con éxito a las tablas. “Historias de la radio” es una estupenda
adaptación del cine español que duró muchos años sobre el escenario.
La cultura del kitsch
Enrique Ortiz Palacios
Las
imágenes en la que una modelo brasileña se fotografía en el desastre del
huracán Sandy, que por cierto también afectó a países como Cuba y poco o nada
se ha difundido; la histeria y largas colas de un grupo de fanáticas esperando
a su grupito de cantantes coreanos; el tipo ése con su desentonado y monótono
“Baile del caballo”; o la “brillante” publicidad contra el cáncer de piel, en
la que solo se resalta la frivolidad; todo ello es ejemplo del “kitsch”, es
decir, de la cultura del mal gusto, que además coincide con las épocas de
desintegración de valores.
Hace
unas semanas, les sugerí a mis alumnos de Diseño Gráfico, urgidos de dinero
para un proyecto, que fotografiaran a uno de sus compañeros previamente maquillado de tal manera que
sugiriera que estaba muy enfermo, luego que subieran la imagen a Facebook
pidiendo una colaboración a tal o cual cuenta bancaria, y esperaran los pingues
resultados.
Cuando noté en sus rostros una
iluminación, como cuando Colón llegó a las Américas, tuve que decepcionarlos al
decirles que eso constituía una inmoralidad y hasta un delito. Además los del
entorno fujimorista ya se me habían adelantado a la idea.
Umberto Eco en su libro “Apocalípticos
e integrados”, desarrolla de manera más amplia la cultura del “kitsch”, de las
masas fácilmente manipulables a través de repetitivos mensajes publicitarios
que apelando a recursos simples y vulgares —como el mencionado líneas arriba—,
y recurriendo a palabras redundantes o sonidos monótonos, casi primitivos como
en el “Baile del caballo”, logran su cometido: consumir, consumir, consumir y
para nada pensar.
Se le engaña al consumidor haciéndole
creer que cuanto más moderno es el celular que lleva, más cerca está de la
gente “bien”, de aquel grupo privilegiado que conversa con Dios. Y ese monstruo
llamado publicidad está ahí, husmeando en nuestros lugares más privados, más
íntimos, estudiando nuestras carencias, nuestros defectos, y no para tratar de
corregirlos sino para aprovecharse de ello. Por eso no es raro escuchar decir a
los dueños de Telefónica que el Perú ya
tiene más de treinta millones de celulares, o sea, un celular por cada peruano.
Y ¿cómo combatir la cultura del mal
gusto?, si los colegios están preocupados en “preparar” a los muchachos para
las universidades, esas universidades en donde ni laboratorios, ni buenas
bibliotecas encontramos, donde los profesores repiten, todos al unísono, las
clases que ya están en un manual, en un librito o en una separata.
El mal gusto se combate con debates,
con intercambio de ideas, con la discusión de lecturas, con la asistencia a un
maravilloso espectáculo teatral, pero lamentablemente ni una butaca, ni un
local o espacio para la cultura tenemos en esta ciudad, para no retroceder en
la escala evolutiva y terminar convertidos en unos elementales cuadrúpedos.
IMPRESCINDIBLES / CINE
Selección
y textos: Jorge Jaime Valdez
Un mundo perfecto (1993)
Probablemente sea el mejor trabajo de Clint Eastwood y
eso es decir mucho, considerando que se trata de uno de los mayores artistas
del cine actual. Nos cuenta la historia de una fuga sin esperanza, de un
asesino de buen corazón, encarnado por Kevin Costner en la actuación de su
vida, y de su secuestrado, un niño sin padre. Entre ambos nacerá una amistad
sincera. Es la película más triste del maestro y también la más hermosa. Una
obra maestra.
Tiempos violentos (1994)
Es la segunda cinta de Quentin Tarantino, el iconoclasta
de Hollywood. En ésta encontramos todo lo mejor de su cine: historias
exageradas, inverosímiles, divertidas, herederas del cómic y del cine de serie
B. También, mezcla de géneros, colores chirriantes y música popular disco;
además, de grandes “performances” de
actores medianos u olvidados, y secuencias de antología. Su estructura rompe
con la narrativa del cine y quedará como un clásico moderno. La mejor cinta de
su autor hasta la fecha.
Siete pecados capitales (1995)
Este filme de David Fincher es uno de los mejores
thrillers de la historia. Un inquietante asesino en serie, mesiánico, impone su
justicia personal predicando en base a los siete pecados capitales a través de
una ciudad lluviosa, sucia y gris. Ante esto, un detective inteligente y un
impulsivo novato tratan de frenarlo. El viejo encarnado por Morgan Freeman es
sensato y sabio, el joven, Brad Pitt, impulsivo e idealista. Un policial
redondo, oscuro, con un final impredecible y memorable.
PLAN LECTOR N°3: TRADICIONES ORALES ANDINAS
El
condenado
Isabel Córdova Rosas
Hace muchos años, en un pueblo de
nuestra sierra, vivía un agricultor, su esposa y sus cuatro hijos. El hombre
aparte de maltratarlos, era egoísta, avaro, ambicioso y mujeriego. Todo el
dinero de la venta de su cosecha y del ganado,
lo disfrutaba él solo.
La carne de sus ovejas la vendía, y
sólo las vísceras le daba a su familia. Hacía rumos de papas agusanadas, maíz
malogrado, habas y arvejas que nadie le compraba, y con prepotencia advertía:
—Teodora, esta comida te tiene que
durar hasta la próxima cosecha.
—¡Dios mío!, otro año de miseria. Cómo
podré sobrevivir con mis hijos. ¿Qué
haces con nuestro dinero, si yo trabajo de sol a sol en el campo? —le reclamó,
la mujer.
—Todavía te das de mal servida. No me
fastidies —tirando la puerta se iba a las fiestas de los pueblos, a derrochar
su fortuna.
Pasaron meses y a la pobre mujer se le
acabaron sus provisiones. Pensó en su compadre Marcial, padrino de los niños: «Él
siempre me ha sacado de apuros. Es un hombre muy bueno».
Marcial era propietario de muchas
tierras, y una de ellas colindaba con el terreno de sus compadres.
—Compadre, ayúdeme, por favor. Sus
ahijados no tienen qué comer.
—No te preocupes, comadre. Son tiempos
malos.
El buen hombre le regalaba papa, maíz,
trigo, verduras y dinero.
—Toma comadre, para alguna cosa que
necesites.
—Dios lo bendiga, compadre. Gracias —las
lágrimas brotaban de sus ojos, esta vez, de agradecimiento.
Una noche, Marcial regresaba después
de abrir la toma de agua y regar su sementera. Eran las 12, cuando de repente,
el ambiente fue invadido por un penetrante olor a azufre. Para su asombro, en
la otra orilla del riachuelo vio un bulto negro, que se arrastraba
sigilosamente por entre los hierbajos. Su caballo se encabritó, algo le impedía
cruzar. Con el fuete le dio dos latigazos, pero el animal ni se inmutó.
Marcial, se armó de valor y gritó:
—¡¿Eres de esta vida, o de la otra vida?! ¡Responde!
—Compadre, soy Timoteo. Vengo a
despedirme y darle un encargo para Teodora y mis hijos —la claridad de la luna,
redonda y brillante, le daba de pleno en la cara.
«No hay ninguna duda. Es mi compadre»,
pensó Marcial.
—¿Por qué no te despides de ellos tú
mismo?
—Su comadre está enfadada conmigo,
porque me he portado como un miserable. He sido un mal esposo y un mal padre.
El dinero de la cosecha y de la venta de mis animales, lo he gastado en
diversiones. Pero he guardado una parte, cerca del pozo, debajo de una piedra.
Dígale que es para ella y para mis hijos, y que me perdonen.
—Compadre ¿a dónde te vas? —le
preguntó.
—A un viaje muy largo, compadre. Adiós
—y desapareció.
Esta vez, el caballo cruzó el río con
tranquilidad.
En la puerta de la casa de Timoteo,
había mucha gente. Se apeó del caballo y preguntó por sus compadres.
Teodora al verlo, soltó un llanto incontenible
y le contó que su esposo había muerto a las 8 de la noche, en un accidente.
—Timoteo se ha despedido de mí —le dijo y le
dio el encargo.
Fueron al pozo. Marcial quitó la
piedra y encontraron el dinero envuelto en un periódico.
—Comadre —afirmó Marcial—, te ha dejado dinero para ti,
para sus hijos y su entierro. Tienes que rezar para que su alma no siga vagando
por los caminos solitarios.
PERFUME DE MUJER:
“Mujeres apasionadas”
Carmen
Ollé
Si la segunda mujer ha sentido atracción por
la primera, la misma que sintió por todos sus ex amantes, si para ella el
placer es sinónimo del amor y éste mueve el mundo (…) entonces la segunda mujer
está sola y se prepara para seguir estándolo por el resto de sus días.
Cuando la primera mujer haya olvidado a la
segunda, ésta repasará el modo en que se le entregó la primera, sus gemidos,
sus ojos en blanco. El sello de su más íntimo placer: el color de su trusa y el
encaje en el preciso lugar donde se ha de romper.
BREVIARIO:
WhyNot
magazine nº 13
Solo 4
La propuesta de “WhyNot” es única en
Junín, ya que ha logrado congregar a escritores, periodistas y articulistas de
la mejor data, incluso internacionales, entre sus páginas, además de ser una
publicación muy visual y estética, de diagramación impecable e impresa en la
mejor calidad, para no envidiar a otras de todo el país.
Este magazine cultural de bolsillo,
vendido al menor precio (S/. 1) trata temas diversos de manera breve, pero con
artículos de muy buena calidad que gustan, entretienen y se leen ágilmente. Búsquenlo
en las librerías Íbero y La Familia, y en los quioscos de periódicos del centro
de nuestra ciudad.
Zaha Hadid, reflexiones acerca de la arquitectura
Máximo Orellana Tapia
![]() |
| Centro Acuático de los Juegos Olímpicos Londres 2012, obra de Zaha Hadid |
Zaha Hadid es una
arquitecta iraquí, la primera mujer que ha obtenido el máximo galardón de la
arquitectura o Premio Pritzker en el año 2004. Recientemente, fue nominada como
la mujer del año 2012 por la revista británica “Glamour”.
Las reflexiones desde su
oficio parten de que actualmente la arquitectura, en líneas generales, se halla
escindida en dos vertientes o tendencias: la que está arraigada en la modernidad,
y la que tiende a la sensibilidad poética. En esa perspectiva, manifiesta
pertenecer a una tradición distinta, más emocional e intuitiva, aclarando que
lo intuitivo no significa instintivo, por el contrario, la intuición es la suma
de racionalismo y experiencia por lo que debiéramos ser capaces de operar con
la lógica e intuición juntas.
La conexión de una obra
con el entorno no es ajena a su preocupación, ella afirma que todo debiera
encajar perfectamente, porque no tiene sentido que un edificio resulte adecuado
en su propuesta formal, y no así en la estructura urbana del lugar, y que la
nueva modernidad no debería hacer lo que el movimiento moderno, que “acabó con todo para empezar de nuevo”.
En cuanto al papel de la
representación gráfica en el proyecto arquitectónico, explica que es “una forma de investigación” y a veces
el resultado, pero que no debe llegar al extremo de “tomar el control del proyecto”, sino aportar información sobre el
mismo para que, a través de los dibujos, podamos “recorrer” el proyecto al punto de entender la propuesta. Es así
que las perspectivas, por ejemplo, nos pueden dar una idea no sólo del espacio
sino de la calidad de la luz y su impacto.
Resalta la importancia de
la planta de distribución, no sólo como “extrusión
del volumen” sino más que eso, una “caligrafía”
dentro de la que los espacios tienen que discurrir como una “línea”, como una “frase”. Refiere en su trabajo que nunca piensa en la planta sin la
inmediata y respectiva sección, que para ella es decisiva y que tiene que
desarrollarse al mismo tiempo, al igual que los elementos estructurales como el
soporte o el espacio que también deben ser contemplados desde el principio.
Respecto a la utilidad y
el uso de las computadoras en la gestación de sus proyectos, concluye que nunca
las ha utilizado como herramientas de diseño, y es enfática al decir que las
manos son mucho más ágiles; incide en que la enseñanza de la arquitectura en
los últimos años está muy dominada por la tecnología, a tal punto que se pueden
estar perdiendo muchas habilidades, quedando sólo la del manejo de los
ordenadores, lo cual, como es de prever, resultaría negativo.
En su despacho se realizan
y emplean con preponderancia maquetas físicas como “herramienta de elucubración espacial”, más allá de ser sólo el
resultado final tridimensional de los dibujos.
En lo que concierne al “Concepto” en la arquitectura, menciona
que es una dimensión interesante e ineludible que forma parte de su trabajo en
los proyectos que aborda. Precisa que esta labor debe, al final, arribar a una
forma de pensar, no sobre el objeto en sí sino sobre la arquitectura. A menudo
olvidamos que ésta debe proporcionar placer, aquel que uno puede sentir al
encontrarse en un lugar espléndido, en una habitación muy agradable y que por
ello siempre tendría que existir el compromiso de crear espacialidad como
objetivo esencial dentro de la composición.
Estos meditados consejos,
síntesis de una entrevista “in extenso”
publicada en 62 páginas
aproximadamente de la revista española “Croquis”,
me parecen interesantes y se suman al homenaje a su inigualable trayectoria —más
aun cuando en el año 2010 tuve la posibilidad de visitar una de sus obras en el
Reino Unido: el Centro Acuático de los Juegos Olímpicos Londres 2012—, y constituyen
un aporte importante para quienes formamos profesionales en las diferentes
escuelas de Arquitectura, así como en la constante búsqueda y preocupación por
una mejor calidad en nuestros entornos construidos, donde el ejercicio arquitectónico
juega un papel preponderante.
martes, 4 de diciembre de 2012
Solo 4, “446”, del 01 de DICIEMBRE de 2012, año IX
LA CITA:
«Como no llevaba un céntimo encima, el camarero le prestó dinero para pagar, y, tras dejar una generosa propina, el Mayor sin darse cuenta se embolsó lo que sobraba... »
Boris Vian, Las murallas del sur
LO ÚLTIMO: El padrino, 40 años de su estreno
Era 1972, Francis Ford Coppola junto a su productor Albert S. Ruddy estrenan la que es considerada mejor película de la historia: “El padrino”.
Con un reparto de lujo: Marlon Brando, Al Pacino, Robert Duvall, Diane Keaton, James Caan y más, este filme cautivó a la crítica y a los espectadores del mundo entero, y recaudó más de 245 millones de dólares en la taquilla.
Después de 40 años, vuelve a las salas como un homenaje a su vigencia, y con sustanciales mejoras digitales a su ya incontrastable calidad.
Lo que nos resulta increíble es que la única cadena de cines con presencia en la región central del Perú, no haya traído “El padrino”, cuando una película interminablemente inferior, sobre lobos amanerados y modelos chupasangre, tiene hasta ocho horarios en sus mejores salas, además de que sí la estrenaron en otras provincias como Arequipa, Trujillo y Chiclayo, o en todo Lima.
Soportamos el hecho de que paulatinamente suban los precios, o que irregularmente traigan filmes de autor, los pongan en las peores salas y los quiten de cartelera a la semana, pero también queremos saber ¡¿hasta cuándo van a continuar con esta infausta marginación?!
Los Sinlogismos de Sofocleto
Jhony
Carhuallanqui
El silogismo es una forma de expresión
lógica que parte de premisas para obtener una conclusión. Es decir, es una
proposición cuya lógica que se articula entre el humor y el sarcasmo, que nos
divierte, sorprende o mortifica, pero que siempre nos invita a la reflexión.
El creador de esta forma particular de
plasmar ideas fue Luis Felipe Angell o simplemente “Sofocleto”, quién siempre afirmaba que la ignorancia
consiste en saberlo todo, pero de otra manera.
Sofocleto cuestionaba por qué «el capitalista vive explotando, y sale ileso»,
además aseveraba rotundamente: «Cuando
un vicio social es inextirpable, se llama tradición», y «Arpía es una suegra
que toca el arpa». Sus Sinlogismos han dado paso a otra forma de
interpretar (o reinterpretar) las cosas, y que al leerlas terminamos con un
asentimiento cómplice. Por ejemplo:
«El hombre regresa cuando ya no es el mismo que se fue». «Sí, ya lo sé.
Todos los demás maridos son perfectos». «El monólogo
consiste en tratar de explicarle algo a una mujer», o «Meditar es pensar qué
medias ponerse».
Este osado personaje señalaba con
esmero que «Lo malo de la inteligencia es
que no se contagia a nadie», y que «El
peligro de los analfabetos está en que comiencen a escribir».
Luchó contra el autoritarismo desde
muy joven: a los 12 años publicó en su colegio religioso el manuscrito “abajo los curas”, lo que le valió su
expulsión. Digamos, fue un promiscuo mártir por la tolerancia. También fue
encarcelado y expatriado en el gobierno militar de Velasco Alvarado,
experiencia que en lugar de amilanarlo, lo estimuló para escribir su célebre “Manual del perfecto deportado”, escrito
en el que apunta: «Yo no necesito la
libertad de expresión porque en mi país cada quién sabe lo que pienso de él».
Sus “Peditoriales” en “Don Sofo”
—en el que era redactor, corrector, digitador, diagramador y demás— fueron del
gusto popular, y los apodos allí vertidos, patrimonio de la época: Luis Bedoya
era “El tucán”; Fernando Belaúnde, “El architecto”; y el impávido Víctor Raúl
Haya de la Torre, “Papaya”.
Diplomático distinguido y humorista
consagrado, dejó el pasatiempo para volverlo pasión. Su ingeniosa pluma se expuso desde los mayores diarios de
Lima hasta “Selecciones” del “Reader´s Digest”. Era políglota por su labor
diplomática pero para “romper el hielo” nada mejor que su “Diccionario loco”, que era mejor que la valeriana para los nervios:
Adefesio:
Idea brillante que tuvo otro antes que nosotros.
Alameda: Grosera
interjección china usada para mandar a la gente a un lugar sucio e innombrable.
Antílope: Enemigo de Lope de Vega.
Barbarie: Época en la que los hombres se
mataban de uno en uno.
Budín: Hijo menor de buda.
Camarón: Aparato enorme que saca fotos.
Capuchino: Aplicase
al chino que ha sufrido castración.
Lengua: Instrumento cortante que usan las
mujeres para convertir en tajadas al prójimo.
Mosquetón: Mosco afeminado.
Santurrón: Patrono de los pasteleros.
Solterona: Mercadería que no se entregó a
tiempo.
Su libro “Los Cojudos” terminó siendo una catarsis social donde pormenoriza
la escala de “vivansky” y “lobinsky” para
medir los grados de “acojudamiento”, y hace una rigurosa clasificación de los “cojudos” para terminar con la “cojudez como institución”. Toda una teoría.
“Clavó el pico” —cómo él diría— en
2004. Además, sobre esto afirmaba: «Lo
bueno de la muerte es que jamás se repite». Seguramente él hubiera escrito
en su epitafio su ya célebre Sinlogismo: «Dios
hizo a los cojudos para que los demás peruanos no se murieran de hambre».
DESLECTURAS (PERUANAS): Tradiciones en salsa verde / Ricardo Palma
Un
picante y licencioso giro de las Tradiciones
Peruanas
Juan Carlos Suárez Revollar
Ricardo Palma dedicó más de medio siglo a la escritura
de la tradición, un género eminentemente americano al que dio forma y llevó a
su máximo esplendor. A su humor e ironía se unen el uso de la oralidad y un
lenguaje pulcro aunque satírico, lleno de sesgos idiomáticos locales y
neologismos (pues Palma fue uno de los lingüistas más destacados en lengua
castellana de la época).
Surgida antes
de la consolidación del cuento-ficción (que la reemplazó completamente desde el
segundo tercio del siglo XX), la tradición es el relato con fondo histórico
creado a partir de un hecho real —por banal que fuera— y contado como una
anécdota a la que se han añadido detalles ficticios para llenar los vacíos que
la fuente documental u oral no registra. Palma la definió como «una de las
formas que puede revestir la
Historia , pero sin los escollos de esta».
A las más de cuatrocientas tradiciones
publicadas entre 1860 y 1918, se suma un pequeño grupo titulado «Tradiciones en salsa verde». Manteniendo
el mismo aliento que las otras, relatan hechos pícaros, casi impúdicos, de
humor voluptuoso y escarnecedor. La edición príncipe y sus derivadas provienen
de una copia mecanografiada que Palma obsequió en 1904 a su amigo Carlos
Basadre, con la indicación de «no consentir que sean leídas por gente mojigata,
que se escandaliza no con las acciones malas sino con las palabras crudas». No
vieron la luz de manera oficial hasta 1973, pues Palma tenía la seguridad de
que no estaban «destinadas para la publicidad», y por esa razón no aparecen
entre las «Tradiciones Peruanas Completas»
que hicieran su hija Angélica en 1924, ni en la de su nieta Edith, en 1953.
Se trata de 16 tradiciones brevísimas
y dos composiciones satíricas en verso, precedidas por una dedicatoria, en
cuyos títulos se puede encontrar palabras y palabrotas como «La pinga del
Libertador», «La cosa de la mujer» o «El carajo de Sucre»: he ahí la razón de
la aprensión de Palma por la reprobación que habría significado su difusión. En
opinión de Alberto Rodríguez Carucci, el título sugiere que «nos encontramos
ante unos textos condimentados con un aderezo picante, y con unos tonos subidos
de color, maliciosos y chispeantes, quizás crudos, escabrosos y hasta
obscenos».
Antes que un giro de tuerca o
conclusión del relato —a la manera del cuento—, finalizan en su mayoría con un
efecto cómico, similar al chiste o la chanza, que se asienta en el uso
rimbombante de una palabrota o en anécdotas mínimas, habitualmente licenciosas.
Bajo la candente salsa verde de estas
tradiciones, no solo reímos de respetados personajes históricos —entre ellos
Bolívar, Sucre o Castilla—, sino también de religiosos y nobles. «Fatuidad
humana», por ejemplo, relata «los polvos» del rey don Juan de Portugal, y hasta
lo califica de «braguetero». Entre las digresiones que Palma solía utilizar
para deslizar sus propias opiniones, tuvo la libertad de escribir: «sospecho
que Patrocinio era tan puta como cualquier chuchumeca de Atenas», al referirse
a la linda y ardiente mulata que llenaba de cuernos la cabeza de este
desafortunado rey.
Destaca, además, un ánimo venenoso y
burlón sobre el clero y el gobierno, tal cual ocurre con las asustadizas
monjitas de «El lechero del convento», obligadas a escuchar de jodiendas y
cascadas masturbatorias; o del Mariscal Ramón Castilla, quien destierra al
amante de su hembra pretextando que su «gobierno no quiere aguantar cuernos».
Las dos composiciones poéticas —que
aparecen bajo título individual— están conectadas al conjunto del libro porque
su autoría se atribuye a Monseñor Cuero y Fray Francisco del Castillo,
personajes de las tradiciones «El carajo de Sucre» y «Un Calembourg», respectivamente. En esta última aquel díscolo fraile
se mete en problemas por comparar los cojones del padre provincial con los del
chivato de Cimbal.
En el plano lingüístico, Palma se
adelantó a los autores modernos que hurgaron en la jerga y el argot para
retratar el lenguaje coloquial popular. Así, acopió para la literatura
expresiones como «los riñones de la concha», o los americanismos «culear»,
«chucha», «cojudo» o «pájaro».
Cerca a los 40 años de publicadas, las
«Tradiciones en salsa verde» siguen
haciéndonos reír, ya sin rubor, de los chismes y rumores que circulaban siglos
atrás en esta tierra criolla, de cuya historia Ricardo Palma se sirvió para
inventar el género literario que le dio inmortalidad.
IMPRESCINDIBLES: GEORGE HARRISON
Selección y textos: Roberto Loayza
All Things Must Pass (1970)
Sin
duda alguna, el debut del Beatle silencioso es su obra maestra, haciendo
palidecer, incluso, a los primeros trabajos solistas del resto del grupo. Una
perfecta mixtura de su enorme espiritualismo con su conocido sonido tan rico en
texturas, que Harrison fue puliendo en los últimos trabajos de la banda. Phil
Spector hace una estupenda labor con un pródigo trabajo orquestal en un disco
triple tremendamente ambicioso y apasionante, que cuenta con el invalorable
apoyo de su gran amigo Eric Clapton.
Concert For
Bangladesh (1971)
Este
concierto elevó a Harrison a un status de súper estrella comprometida con
causas justas, el mismo que dejó un legado invaluable para siguientes eventos
de similar carácter. A instancias de su amigo y maestro, el músico indio Ravi
Shankar, el 1 de agosto de 1971, el Madison Square Garden de Nueva York fue
testigo de un concierto legendario con la participación de luminarias como
Ringo Starr, Clapton, Badfinger, Leon Russell, Billy Preston y la participación
estelar de Bob Dylan, todos guiados por la mano maestra de George. Eran tiempos
en que las estrellas del rock pensaban que podían salvar el mundo.
Brainwashed (2002)
TODAVÍA NO PINTO CANAS / CUARTA ENTREGA
El príncipe pintor que llegó del frío
Josué Sánchez
| James Chaytor, Diana Casas, y Josué Sánchez sujetando a su hijo Álvaro. |
Llegó con la melena rubia y el bléiser
azul que pronto nos acostumbraríamos a ver. Vino por una semana y se quedó más
de tres años. El día que conocimos a James despedíamos a Sigi, un amigo alemán
que regresaba a su país con su familia después de ocho años. Casualmente nos
visitaba también una francesa. Seguramente con tanto europeo en casa se sintió
cómodo, y fue por eso que regresó otro día, y luego otro. Más tarde nos
preguntó si podíamos alquilarle una habitación. Así, se fue quedando.
Primero fue sólo cosa de pintar, pero
meses después, Ilse y Bernard, un matrimonio de voluntarios amigos nuestros
—austríaca ella, suizo él— fueron a visitarnos para anunciarnos que pronto
regresarían a Europa, y entonces surgió la idea de escribir un libro antes de
que partieran.
Una noche, Bernard llamó para decir
que el siguiente sábado se iría a Suiza por una semana. Era miércoles, pero sin
pensarlo dos veces, decidimos que llevaría el proyecto. El lunes siguiente, el
proyecto estaba aprobado.
Así empezamos a estudiar las plantas.
Pronto nos dimos cuenta de lo difícil que sería. Sólo Ilse y Bernard eran
agrónomos. El campo de Diana es el comercio exterior; el mío, la cultura
andina; James no sólo había estudiado arte, sino además filosofía y medicina
alternativa. Pero no había un solo biólogo o botánico entre nosotros. Tuvimos
que aprender aceleradamente. Hicimos investigación de campo, leímos mucho.
Trabajamos día y noche.
Fue entonces cuando surgieron las
discrepancias. Europa y Perú se confrontaron. Tuvimos discusiones memorables.
Fue un representante de la financiera quien nos enrumbó. A mediados del 2000,
el libro estaba terminado. El día de la presentación nos sentimos liberados.
"Plantas en la cultura
andina" tuvo gran aceptación en los medios especializados. Tal vez fue que
las distintas visiones norte-sur y las diferencias de orientación profesional
lo enriquecieron. Pero su mayor mérito fue forjar una amistad sólida entre
nosotros, aún en la distancia.
James se quedó dos años más, pintando.
Al principio sus colores eran de tonalidades frías; un día, cruzó con un
violento amarillo una pintura, así pudimos ver cuánto estaba sintiendo el color
y el calor del sur.
Fue realmente un tiempo abrigado,
algunas noches encendíamos el fuego en una cabaña que tenemos al costado de la
casa, tocábamos guitarra y cantábamos.
Aludiendo a su talla, 2,05 metros,
Ilse solía decir que debía ser un noble. Él contestaba que lo decía por ella
misma. Un día, mientras censuraba a Diana por su acento al hablar inglés, ella
molesta le contestó refiriéndose al célebre colegio inglés: «Bueno, yo no he
estudiado en Eton».
Fue una sorpresa para todos cuando él
increíblemente contestó alarmado: «¿Cómo lo has averiguado?»
Así, poco a poco, fuimos enterándonos
que teníamos un principito inglés en casa. Cuando luego de uno de sus viajes
regresó con un libro acerca de su familia y su histórico pueblo, supimos que lo
era. Después de ver sus dos escudos de armas, los restos del castillo familiar
y su enorme casa en el norte de Inglaterra, nos preguntamos: ¿qué hacía con
nosotros?
Tal vez simplemente soñar y jugar un poco. Como en
esa ocasión de fines del 2000 cuando nos tomamos esa "antigua" foto,
para perennizar la época cuando el príncipe pintor llegó del frío. (Del blog
“Todavía no pinto canas” en BBCMundo.com)
PERFUME DE MUJER:
“Fatuidad Humana”
Ricardo Palma
Dicen las crónicas que Patrocinio, tal se
llamaba la bagaza, era caliente y alborotada de rabadilla, lo que la producía
gran titilación y reconcomio en el clítoris.
Con ella, los cortesanos no tenían más que invitarla
a beber una copa de onfacomelí (licor africano), y… a cabalgar se ha dicho…
Sospecho que Patrocinio era tan puta como
cualquier chuchumeca de Atenas; cuando a un hombre le venía en gana echar un
polvo con una de esas pécoras, no tenía para qué gastar palabras; bastábale con
cerrar el puño, levantando el dedo índice.
MICROCUENTO:
Rubén
Manuel Araníbar Luna
Los
diarios inventaron todo. Y la culpa es mía por creer en este mamarracho. Eso
sí, siempre tuve el presentimiento de que estabas vivo. Me alegra saber que te
has rehabilitado, pero en tus ojos veo aún el resentimiento.
Prometo
cambiar esa historia si me dejas vivir. Hoy sí creo en tus palabras, pero
créeme también que tengo aún miedo en aceptar tu ofrecimiento de cortarme el
cabello, amigo Pedro Navaja.
Los mataperros de ayer y de hoy
Ernesto Chagua
Blanco
“Los
mataperros”, de Héctor Meza Parra, recrea sus travesuras de niñez y de dos de
sus primos. Se trata de una de las novelas juveniles más divertidas de toda la
literatura de la región centro. En la siguiente crónica, Ernesto Chagua Blanco,
un amigo cercano del autor, nos cuenta su encuentro con los tres protagonistas
del libro.
| “Los mataperros”, 40 años después |
Cuando leí las aventuras de los mataperros Elver, Angel y
Luis —convertidas en una novela por Héctor Meza Parra bajo el título de “Los
mataperros”—, quedé extasiado con las travesuras de estos tres mosqueteros
infantiles, que consumaron sus diferentes jugarretas en un mundo llamado Tarma.
Pienso que todos, sin excepción, tuvimos nuestras
diabluras cuando niños, y de escribirlas enriqueceríamos la literatura de las “mataperradas”.
Pero Dios solo dio a unos pocos el don de escribir y saber contar tan bien como
nuestro amigo Héctor Meza Parra.
Quizá esta obra sea el punto de partida para que otros
escritores prosigan enriqueciendo la literatura de las “mataperradas”, con
travesuras sanas, inocentes y nada maliciosas.
Pero el motivo principal de este comentario es que hace
unos días conocí a los tres personajes de la obra: Elver, Ángel y Luis. En
verdad, casi no han cambiado. Sigue su humor redondo de la niñez. Ninguno es
más que otro ni este menos que aquel. Con sus bromas y chistes —como en el
libro—, en tanto increpaban diversas cosas al autor, me carcajeaba a mandíbula
batiente, como cuando bosteza un hipopótamo.
Ese día estuvimos cruzando bromas en la esquina de los
jirones Jauja y Leoncio Prado, en la tienda de don “Cushti”, en Tarma, mientras
saboreábamos una Coca-Cola.
Fue una experiencia fuera de serie, porque entrevistarse
con estos personajes de novela, pero en su versión de carne y hueso, sería la
envidia de cualquiera. Para perennizar este encuentro les tomé una fotografía.
Se situaron en el mismo orden en que aparecen en otra foto, de su primera
comunión, a la edad en que cometían sus “mataperradas”.
Y no está descartado que podría salir a la luz otro libro
con las nuevas aventuras de los mataperros, esta vez ambientada en su juventud.
domingo, 25 de noviembre de 2012
Solo 4, “445”, del 24 de NOVIEMBRE de 2012, año IX
LA CITA:
«Si la memoria existiera fuera de la carne, no sería memoria, porque no sabría de qué se acuerda, y así cuando ella dejó de ser, la mitad de la memoria dejó de ser, y si yo dejara de ser, todo el recuerdo dejaría de ser.»
William Faulkner
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