lunes, 10 de diciembre de 2012

Solo 4, “447”, del 08 de DICIEMBRE de 2012, año IX


LA CITA:

«Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra.»

Julio Cortázar, Rayuela

LO ÚLTIMO: Solo 4: edición especial “Fin del mundo”



A lo largo de este año, hemos escuchado, visto y leído, distintas opiniones y posiciones acerca del apocalíptico Calendario Maya, que este próximo 21 de diciembre llega a su fin, y con él, la supuesta extinción de toda forma de vida sobre la tierra.
Una serie de catástrofes se desatarán sobre nosotros, acompañando al solsticio de invierno, y a la alineación del Sol y la Tierra, con lo cual se cerrará un ciclo de 5000 años del antiguo Calendario Maya. No hay de qué preocuparse, según científicos y arqueólogos, expertos en el tema, esta ancestral civilización predestinó “una nueva era”, mas no el término de la vida.
Es por eso que el próximo sábado les traeremos la edición especial “Solo 4: fin de los tiempos”, donde abordaremos desde distintas perspectivas y con mucho humor, la llegada de nuestra destrucción.
No lo olvide, prepárese para el exterminio de la raza humana con agua embotellada, una radio a baterías, alimentos no perecibles, y su “Solo 4: fin de los tiempos”. No lo olvide, el próximo sábado con Correo.

El Padrino, 40 años de una oferta imposible de rehusar


Roberto Loayza Cárdenas



Para 1971, Francis Ford Coppola tenía muchos problemas encima, sus primeros pasos como director habían sido erráticos con producciones de bajo nivel y casi nula aceptación por parte del público. Su compañía “American Zoetrope” había producido la cinta de ciencia ficción de su amigo y socio George Lucas, “THX 1138”, que lo había dejado en la bancarrota.
En esos momentos aciagos la Paramount se le acercó para que dirija el “best seller” del italoamericano Mario Puzo, un libro que ya se encontraba entre los más leídos por un público norteamericano ávido por conocer las entrañas de una poderosa familia de mafiosos, liderada por el irresistible don Vito Corleone.
Coppola se negó, al igual que otros grandes como Sergio Leone y Peter Bogdanovich lo habían hecho antes que él. Francis adujo que no podía hacer un filme tan violento que involucre a los italianos, y menos a los de la zona sur de donde provenían los ancestros del director: Basilicata, y también donde se encontraban los más famosos y sanguinarios exponentes de la mafia: Sicilia.
Sin embargo, el director, un poco urgido por las necesidades monetarias en las que se encontraba, aceptó siempre y cuando las cosas se hagan según sus condiciones.
Luego de superar cientos de inconvenientes y de enfrentarse a los todopoderosos directivos de la Paramount, Coppola empezó a tejer la obra cumbre de la cinematografía mundial, arriesgando el pellejo al elegir al problemático Marlon Brando para el papel de don Vito, y al desconocido y menudo Al Pacino como su hijo menor, Michael. Amenazaron con despedirlo, con desaparecerlo de Hollywood, pero Francis persistió, conservó su honor y siguió trabajando durante los 77 días que duró el rodaje.
El 15 de marzo de 1972, la cinta era estrenada y el éxito fue absoluto. Por primera vez, la gente se ponía inevitablemente del lado del villano, mas no de cualquiera, de un villano al que no se le puede reprochar nada de lo que hace para proteger lo más valioso que tiene, su familia.
Como nunca antes hicieron, la historia de la mafia era contada desde adentro de sus paredes, en medio de una pomposa fiesta de bodas o de casuales cenas rápidas, y ahí radica su encanto y familiaridad, en esos cuartos oscuros, llenos de grandilocuentes muebles, olor a espaguetis y cabellos engominados, en esos ambientes se nos presenta a los Corleone, el dominante Don Vito y sus hijos: el irascible Sonny, el tímido y algo torpe Fredo, la candorosa Connie y el brillante Michael, además del hijo adoptado de la familia, el “consigliere” Tom Hagen.
A pesar de que es don Vito el personaje del libro de Puzo, en la cinta es su hijo menor Michael quien prepondera. Un joven héroe de la II Guerra Mundial quien no aprueba las “actividades” de su familia, pero que se ve obligado a integrarse cuando la vida de su padre corre peligro, dando un giro en su existencia con la  memorable escena del beso de mano de hijo a padre. A partir de entonces, el rostro antes tranquilo de Michael adquiere una tonalidad siniestra y distante que lo llevará a tomar las riendas de la familia.
Muchas de las escenas del filme se encuentran en los anales de la historia del arte, y son constante fuente de estudio de todo aquel que aspire a ser cineasta, como cuando el magnate Jack Woltz encuentra sobre su cama a su caballo, el atentado contra el Padrino mientras compra fruta, el asesinato del traficante de drogas y el policía corrupto en el restaurante italiano, el acribillamiento de Sonny en la caseta y, especialmente, la shakesperiana secuencia bautismal hacia el final de la obra.
Un deleite audiovisual eterno, sazonado con la inolvidable música del romano Nino Rota, fundamentalmente en el “Vals” y en el “Tema de amor” que ya forma parte del soundtrack de nuestras vidas.
Con decenas de premios, records de taquilla y múltiples números 1 en diversas listas de las mejores películas de todos los tiempos, “El Padrino” cumple 40 años y sigue mostrándonos toda su grandeza.
Suerte de pocos poder verla en las salas por estos días en su remozada edición digital, culpa de  algún despistado programador de cine que, en medio de su ignorancia, repleta de boberías las salas de nuestra sufrida y culturalmente olvidada ciudad.

COLUMNA: EL BUEN SALVAJE


Del teatro al cine

Sandro Bossio Suárez

¿Quién no recuerda la escena en que Ben Hur (Charlon Heston) desciende al Valle de los Leprosos y ve a su madre, Miriam (Martha Scott), salir a recibir los víveres que le lleva Esther (Haya Harareet)? ¿Quién podría olvidar el momento en que el desconsolado hijo se esconde y, vuelto contra el roquedal, llora metiendo el rostro entre los brazos? Esa es, desde luego, una actuación auténticamente teatral.
Escuchamos y leemos permanentemente que el cine es vástago de la fotografía, es más –y quienes lo afirman tienen mucha razón–, que el cine es fotografía; pero pocas veces hemos asistido a la defensa de la otra gran verdad: el cine es también vástago del teatro.
Para entenderlo mejor es necesario acercarnos al teatro previo al nacimiento del cine. En la segunda mitad del siglo XIX el clasicismo romántico está de moda. Los decorados teatrales se han adecuado a la historia, se utiliza la luz de gas para la iluminación, pero, sobre todo, se ha modificado la actuación. Ésta se hace más dramática, con acentuación de los brazos y gestos corporales.
Es precisamente lo que encontramos en los inicios del cine, sobre todo en las películas épicas (“Cabiria” e “Intolerancia”). Esta actuación, a veces sobreactuación, se extiende hasta mediados del siglo XX, más notorias en las péplum más famosas de la época: “Hércules”, “Ben Hur”, “Los diez mandamientos”, “Cleopatra”, “Espartaco”, “Quo Vadis?”.
Algunas películas de Alfred Hichcok (“Corresponsal extranjero”) y de John Huston (“El halcón maltés”) muestran también este ingrediente. Incluso ahora último encontramos actuaciones teatrales trasvasadas al cine en filmes tan modernos como “Titanic” (recordemos la escena en que Zane dispara a Di Caprio y Winslet en el inundado salón del barco), “Gladiador” o “Ágora” (otra vez péplum contemporáneas).
El teatro y el cine tienen una relación de alianza solidaria: el primero le otorgó historias y técnicas actorales al segundo, y éste le confirió métodos modernos al primero. Citemos a “El ángel exterminador” de Buñuel como referente obligado de esta unión. O a “Los idus de marzo”, de George Clooney, basada en una obra teatral de Beau Willimon. O a “Doce hombres sin piedad”, de Sidney Lumet, sobre una obra de teatro de Reginald Rose. El dramaturgo que destaca es Tennessee Williams, cuya obra maestra “Un tranvía llamado deseo” fue dirigida por Elia Kazan en 1951 con Marlon Brando y Vivien Leigh. Otro autor al que no podemos ignorar es William Shakeaspere: “Macbeth” fue adaptada por Orson Welles en 1948 y por Akira Kurosawa en 1957. En 1999 Michael Hoffman vuelve a llevar a Shakespeare al cine con “El sueño de una noche de verano”.
Ahora último se ha realizado “¿Sabes quién viene?” del maestro Roman Polanski, basada en una obra teatral de Yasmina Reza. Extraordinaria como todas las de Polanski, se trata de una puesta en escena prácticamente dramática en la que dos matrimonios discuten después de que sus respectivos hijos han peleado en el parque. La vimos en Lima porque desde hace mucho no guardamos esperanzas de ver nada bueno en Huancayo, aunque a veces, por milagro, encontramos buenas  películas independientes a las que le han cambiado de nombre para hacerlas más atractivas a la taquilla.
Es realmente una lástima que las distribuidoras, como Delta Films, y la cadena de cine que tenemos en la ciudad, subestimen a los espectadores huancaínos (y no digo cinéfilos), exhibiendo películas tramposas, comedias oportunistas, melodramas insulsos, trilogías de sangre espesa, películas peruanas baratas (la buena “Cielo oscuro”, aun siendo de un director local, sólo estuvo en cartelera unos días).
Tristemente, no hemos recibido el homenaje a “El padrino”, como sí lo vieron los limeños, chiclayanos, arequipeños y piuranos; así como no vimos “Temple de acero”, de los Coen; “El peleador” de David Rusell; “Amigos” de Olivier Nakache; y, un verdadero crimen, “A roma con amor” del genial Woody Allen. Imagino que, aunque está anunciada, tampoco veremos “Las curvas de la vida” de Clint Estawood. Por ello, levantamos nuestra voz de protesta por esa marginación. Ocurre porque, es claro, estas películas no son comerciales. Pero hay una solución: adaptar una sala (quizás la más pequeña y lejana del pasadizo) para estrenos de este tipo en horarios nocturnos, como lo hacen varios cines de la misma cadena en otras ciudades importantes.
Para terminar con el tema del teatro y el cine, también ocurre lo contrario: obras cinematográficas que fueron adaptadas con éxito a las tablas. “Historias de la radio” es una estupenda adaptación del cine español que duró muchos años sobre el escenario.

La cultura del kitsch


Enrique Ortiz Palacios



     Las imágenes en la que una modelo brasileña se fotografía en el desastre del huracán Sandy, que por cierto también afectó a países como Cuba y poco o nada se ha difundido; la histeria y largas colas de un grupo de fanáticas esperando a su grupito de cantantes coreanos; el tipo ése con su desentonado y monótono “Baile del caballo”; o la “brillante” publicidad contra el cáncer de piel, en la que solo se resalta la frivolidad; todo ello es ejemplo del “kitsch”, es decir, de la cultura del mal gusto, que además coincide con las épocas de desintegración de valores.
     Hace unas semanas, les sugerí a mis alumnos de Diseño Gráfico, urgidos de dinero para un proyecto, que fotografiaran a uno de sus compañeros  previamente maquillado de tal manera que sugiriera que estaba muy enfermo, luego que subieran la imagen a Facebook pidiendo una colaboración a tal o cual cuenta bancaria, y esperaran los pingues resultados.
Cuando noté en sus rostros una iluminación, como cuando Colón llegó a las Américas, tuve que decepcionarlos al decirles que eso constituía una inmoralidad y hasta un delito. Además los del entorno fujimorista ya se me habían adelantado a la idea.
Umberto Eco en su libro “Apocalípticos e integrados”, desarrolla de manera más amplia la cultura del “kitsch”, de las masas fácilmente manipulables a través de repetitivos mensajes publicitarios que apelando a recursos simples y vulgares —como el mencionado líneas arriba—, y recurriendo a palabras redundantes o sonidos monótonos, casi primitivos como en el “Baile del caballo”, logran su cometido: consumir, consumir, consumir y para nada pensar.
Se le engaña al consumidor haciéndole creer que cuanto más moderno es el celular que lleva, más cerca está de la gente “bien”, de aquel grupo privilegiado que conversa con Dios. Y ese monstruo llamado publicidad está ahí, husmeando en nuestros lugares más privados, más íntimos, estudiando nuestras carencias, nuestros defectos, y no para tratar de corregirlos sino para aprovecharse de ello. Por eso no es raro escuchar decir a los dueños de Telefónica  que el Perú ya tiene más de treinta millones de celulares, o sea, un celular por cada peruano.
Y ¿cómo combatir la cultura del mal gusto?, si los colegios están preocupados en “preparar” a los muchachos para las universidades, esas universidades en donde ni laboratorios, ni buenas bibliotecas encontramos, donde los profesores repiten, todos al unísono, las clases que ya están en un manual, en un librito o en una separata.
El mal gusto se combate con debates, con intercambio de ideas, con la discusión de lecturas, con la asistencia a un maravilloso espectáculo teatral, pero lamentablemente ni una butaca, ni un local o espacio para la cultura tenemos en esta ciudad, para no retroceder en la escala evolutiva y terminar convertidos en unos elementales cuadrúpedos.

IMPRESCINDIBLES / CINE


Selección y textos: Jorge Jaime Valdez

Un mundo perfecto (1993)

Probablemente sea el mejor trabajo de Clint Eastwood y eso es decir mucho, considerando que se trata de uno de los mayores artistas del cine actual. Nos cuenta la historia de una fuga sin esperanza, de un asesino de buen corazón, encarnado por Kevin Costner en la actuación de su vida, y de su secuestrado, un niño sin padre. Entre ambos nacerá una amistad sincera. Es la película más triste del maestro y también la más hermosa. Una obra maestra.



Tiempos violentos (1994)

Es la segunda cinta de Quentin Tarantino, el iconoclasta de Hollywood. En ésta encontramos todo lo mejor de su cine: historias exageradas, inverosímiles, divertidas, herederas del cómic y del cine de serie B. También, mezcla de géneros, colores chirriantes y música popular disco; además, de grandes “performances” de actores medianos u olvidados, y secuencias de antología. Su estructura rompe con la narrativa del cine y quedará como un clásico moderno. La mejor cinta de su autor hasta la fecha.



Siete pecados capitales (1995)

Este filme de David Fincher es uno de los mejores thrillers de la historia. Un inquietante asesino en serie, mesiánico, impone su justicia personal predicando en base a los siete pecados capitales a través de una ciudad lluviosa, sucia y gris. Ante esto, un detective inteligente y un impulsivo novato tratan de frenarlo. El viejo encarnado por Morgan Freeman es sensato y sabio, el joven, Brad Pitt, impulsivo e idealista. Un policial redondo, oscuro, con un final impredecible y memorable.


PLAN LECTOR N°3: TRADICIONES ORALES ANDINAS


El condenado

Isabel Córdova Rosas



Hace muchos años, en un pueblo de nuestra sierra, vivía un agricultor, su esposa y sus cuatro hijos. El hombre aparte de maltratarlos, era egoísta, avaro, ambicioso y mujeriego. Todo el dinero de la venta de su cosecha y del ganado,  lo disfrutaba él solo.
La carne de sus ovejas la vendía, y sólo las vísceras le daba a su familia. Hacía rumos de papas agusanadas, maíz malogrado, habas y arvejas que nadie le compraba, y con prepotencia advertía:
—Teodora, esta comida te tiene que durar hasta la próxima cosecha.
—¡Dios mío!, otro año de miseria. Cómo podré sobrevivir con mis hijos.  ¿Qué haces con nuestro dinero, si yo trabajo de sol a sol en el campo? —le reclamó, la mujer.
—Todavía te das de mal servida. No me fastidies —tirando la puerta se iba a las fiestas de los pueblos, a derrochar su fortuna.
Pasaron meses y a la pobre mujer se le acabaron sus provisiones. Pensó en su compadre Marcial, padrino de los niños: «Él siempre me ha sacado de apuros. Es un hombre muy bueno».
Marcial era propietario de muchas tierras, y una de ellas colindaba con el terreno de sus compadres.
—Compadre, ayúdeme, por favor. Sus ahijados no tienen qué comer.
—No te preocupes, comadre. Son tiempos malos.
El buen hombre le regalaba papa, maíz, trigo, verduras y dinero.
—Toma comadre, para alguna cosa que necesites.
—Dios lo bendiga, compadre. Gracias —las lágrimas brotaban de sus ojos, esta vez, de agradecimiento.
Una noche, Marcial regresaba después de abrir la toma de agua y regar su sementera. Eran las 12, cuando de repente, el ambiente fue invadido por un penetrante olor a azufre. Para su asombro, en la otra orilla del riachuelo vio un bulto negro, que se arrastraba sigilosamente por entre los hierbajos. Su caballo se encabritó, algo le impedía cruzar. Con el fuete le dio dos latigazos, pero el animal ni se inmutó.
Marcial, se armó de valor y gritó:
—¡¿Eres de esta vida, o  de la otra vida?! ¡Responde!
—Compadre, soy Timoteo. Vengo a despedirme y darle un encargo para Teodora y mis hijos —la claridad de la luna, redonda y brillante, le daba de pleno en la cara.
«No hay ninguna duda. Es mi compadre», pensó Marcial.
—¿Por qué no te despides de ellos tú mismo?
—Su comadre está enfadada conmigo, porque me he portado como un miserable. He sido un mal esposo y un mal padre. El dinero de la cosecha y de la venta de mis animales, lo he gastado en diversiones. Pero he guardado una parte, cerca del pozo, debajo de una piedra. Dígale que es para ella y para mis hijos, y que me perdonen.
—Compadre ¿a dónde te vas? —le preguntó.
—A un viaje muy largo, compadre. Adiós —y desapareció.
Esta vez, el caballo cruzó el río con tranquilidad.
En la puerta de la casa de Timoteo, había mucha gente. Se apeó del caballo y preguntó por sus compadres.
 Teodora al verlo, soltó un llanto incontenible y le contó que su esposo había muerto a las 8 de la noche, en un accidente.
 —Timoteo se ha despedido de mí —le dijo y le dio el encargo.
Fueron al pozo. Marcial quitó la piedra y encontraron el dinero envuelto en un periódico.
—Comadre —afirmó Marcial—, te ha dejado dinero para ti, para sus hijos y su entierro. Tienes que rezar para que su alma no siga vagando por los caminos solitarios.

PERFUME DE MUJER:


“Mujeres apasionadas”

Carmen Ollé



Si la segunda mujer ha sentido atracción por la primera, la misma que sintió por todos sus ex amantes, si para ella el placer es sinónimo del amor y éste mueve el mundo (…) entonces la segunda mujer está sola y se prepara para seguir estándolo por el resto de sus días.
Cuando la primera mujer haya olvidado a la segunda, ésta repasará el modo en que se le entregó la primera, sus gemidos, sus ojos en blanco. El sello de su más íntimo placer: el color de su trusa y el encaje en el preciso lugar donde se ha de romper.

BREVIARIO:


WhyNot magazine nº 13

Solo 4



La propuesta de “WhyNot” es única en Junín, ya que ha logrado congregar a escritores, periodistas y articulistas de la mejor data, incluso internacionales, entre sus páginas, además de ser una publicación muy visual y estética, de diagramación impecable e impresa en la mejor calidad, para no envidiar a otras de todo el país.
Este magazine cultural de bolsillo, vendido al menor precio (S/. 1) trata temas diversos de manera breve, pero con artículos de muy buena calidad que gustan, entretienen y se leen ágilmente. Búsquenlo en las librerías Íbero y La Familia, y en los quioscos de periódicos del centro de nuestra ciudad.

Zaha Hadid, reflexiones acerca de la arquitectura


Máximo Orellana Tapia

Centro Acuático de los Juegos Olímpicos Londres 2012, obra de Zaha Hadid
Zaha Hadid es una arquitecta iraquí, la primera mujer que ha obtenido el máximo galardón de la arquitectura o Premio Pritzker en el año 2004. Recientemente, fue nominada como la mujer del año 2012 por la revista británica “Glamour”.
Las reflexiones desde su oficio parten de que actualmente la arquitectura, en líneas generales, se halla escindida en dos vertientes o tendencias: la que está arraigada en la modernidad, y la que tiende a la sensibilidad poética. En esa perspectiva, manifiesta pertenecer a una tradición distinta, más emocional e intuitiva, aclarando que lo intuitivo no significa instintivo, por el contrario, la intuición es la suma de racionalismo y experiencia por lo que debiéramos ser capaces de operar con la lógica e intuición juntas.
La conexión de una obra con el entorno no es ajena a su preocupación, ella afirma que todo debiera encajar perfectamente, porque no tiene sentido que un edificio resulte adecuado en su propuesta formal, y no así en la estructura urbana del lugar, y que la nueva modernidad no debería hacer lo que el movimiento moderno, que “acabó con todo para empezar de nuevo”.
En cuanto al papel de la representación gráfica en el proyecto arquitectónico, explica que es “una forma de investigación” y a veces el resultado, pero que no debe llegar al extremo de “tomar el control del proyecto”, sino aportar información sobre el mismo para que, a través de los dibujos, podamos “recorrer” el proyecto al punto de entender la propuesta. Es así que las perspectivas, por ejemplo, nos pueden dar una idea no sólo del espacio sino de la calidad de la luz y su impacto.
Resalta la importancia de la planta de distribución, no sólo como “extrusión del volumen” sino más que eso, una “caligrafía” dentro de la que los espacios tienen que discurrir como una “línea”, como una “frase”. Refiere en su trabajo que nunca piensa en la planta sin la inmediata y respectiva sección, que para ella es decisiva y que tiene que desarrollarse al mismo tiempo, al igual que los elementos estructurales como el soporte o el espacio que también deben ser contemplados desde el principio.
Respecto a la utilidad y el uso de las computadoras en la gestación de sus proyectos, concluye que nunca las ha utilizado como herramientas de diseño, y es enfática al decir que las manos son mucho más ágiles; incide en que la enseñanza de la arquitectura en los últimos años está muy dominada por la tecnología, a tal punto que se pueden estar perdiendo muchas habilidades, quedando sólo la del manejo de los ordenadores, lo cual, como es de prever, resultaría negativo.
En su despacho se realizan y emplean con preponderancia maquetas físicas como “herramienta de elucubración espacial”, más allá de ser sólo el resultado final tridimensional de los dibujos.
En lo que concierne al “Concepto” en la arquitectura, menciona que es una dimensión interesante e ineludible que forma parte de su trabajo en los proyectos que aborda. Precisa que esta labor debe, al final, arribar a una forma de pensar, no sobre el objeto en sí sino sobre la arquitectura. A menudo olvidamos que ésta debe proporcionar placer, aquel que uno puede sentir al encontrarse en un lugar espléndido, en una habitación muy agradable y que por ello siempre tendría que existir el compromiso de crear espacialidad como objetivo esencial dentro de la composición.
Estos meditados consejos, síntesis de una entrevista “in extenso” publicada en 62 páginas aproximadamente de la revista española “Croquis”, me parecen interesantes y se suman al homenaje a su inigualable trayectoria —más aun cuando en el año 2010 tuve la posibilidad de visitar una de sus obras en el Reino Unido: el Centro Acuático de los Juegos Olímpicos Londres 2012—, y constituyen un aporte importante para quienes formamos profesionales en las diferentes escuelas de Arquitectura, así como en la constante búsqueda y preocupación por una mejor calidad en nuestros entornos construidos, donde el ejercicio arquitectónico juega un papel preponderante.

martes, 4 de diciembre de 2012

Solo 4, “446”, del 01 de DICIEMBRE de 2012, año IX

LA CITA:

«Como no llevaba un céntimo encima, el camarero le prestó dinero para pagar, y, tras dejar una generosa propina, el Mayor sin darse cuenta se embolsó lo que sobraba... »

Boris Vian, Las murallas del sur

LO ÚLTIMO: El padrino, 40 años de su estreno



Era 1972, Francis Ford Coppola junto a su productor Albert S. Ruddy estrenan la que es considerada mejor película de la historia: “El padrino”.
Con un reparto de lujo: Marlon Brando, Al Pacino, Robert Duvall, Diane Keaton, James Caan y más, este filme cautivó a la crítica y a los espectadores del mundo entero, y recaudó más de 245 millones de dólares en la taquilla.
Después de 40 años, vuelve a las salas como un homenaje a su vigencia, y con sustanciales mejoras digitales a su ya incontrastable calidad.
Lo que nos resulta increíble es que la única cadena de cines con presencia en la región central del Perú, no haya traído “El padrino”, cuando una película interminablemente inferior, sobre lobos amanerados y modelos chupasangre, tiene hasta ocho horarios en sus mejores salas, además de que sí la estrenaron en otras provincias como Arequipa, Trujillo y Chiclayo, o en todo Lima.
Soportamos el hecho de que paulatinamente suban los precios, o que irregularmente traigan filmes de autor, los pongan en las peores salas y los quiten de cartelera a la semana, pero también queremos saber ¡¿hasta cuándo van a continuar con esta infausta marginación?!

Los Sinlogismos de Sofocleto


Jhony Carhuallanqui



El silogismo es una forma de expresión lógica que parte de premisas para obtener una conclusión. Es decir, es una proposición cuya lógica que se articula entre el humor y el sarcasmo, que nos divierte, sorprende o mortifica, pero que siempre nos invita a la reflexión.
El creador de esta forma particular de plasmar ideas fue Luis Felipe Angell o simplemente “Sofocleto”, quién siempre afirmaba  que la ignorancia consiste en saberlo todo, pero de otra manera.
Sofocleto cuestionaba por qué «el capitalista vive explotando, y sale ileso», además aseveraba rotundamente: «Cuando un vicio social es inextirpable, se llama tradición», y «Arpía es una suegra que toca el arpa». Sus Sinlogismos han dado paso a otra forma de interpretar (o reinterpretar) las cosas, y que al leerlas terminamos con un asentimiento cómplice. Por ejemplo:
«El hombre regresa cuando ya no es el mismo que se fue». «Sí, ya lo sé. Todos los demás maridos son perfectos». «El monólogo consiste en tratar de explicarle algo a una mujer», o «Meditar es pensar qué medias ponerse».
Este osado personaje señalaba con esmero que «Lo malo de la inteligencia es que no se contagia a nadie», y que «El peligro de los analfabetos está en que comiencen a escribir».
Luchó contra el autoritarismo desde muy joven: a los 12 años publicó en su colegio religioso el manuscrito “abajo los curas”, lo que le valió su expulsión. Digamos, fue un promiscuo mártir por la tolerancia. También fue encarcelado y expatriado en el gobierno militar de Velasco Alvarado, experiencia que en lugar de amilanarlo, lo estimuló para escribir su célebre “Manual del perfecto deportado”, escrito en el que apunta: «Yo no necesito la libertad de expresión porque en mi país cada quién sabe lo que pienso de él». 
Sus “Peditoriales” en “Don Sofo” —en el que era redactor, corrector, digitador, diagramador y demás— fueron del gusto popular, y los apodos allí vertidos, patrimonio de la época: Luis Bedoya era “El tucán”; Fernando Belaúnde, “El architecto”; y el impávido Víctor Raúl Haya de la Torre, “Papaya”.
Diplomático distinguido y humorista consagrado, dejó el pasatiempo para volverlo pasión. Su ingeniosa  pluma se expuso desde los mayores diarios de Lima hasta “Selecciones” del “Reader´s Digest”. Era políglota por su labor diplomática pero para “romper el hielo” nada mejor que su “Diccionario loco”, que era mejor que la valeriana para los nervios:
Adefesio: Idea brillante que tuvo otro antes que nosotros.
Alameda: Grosera interjección china usada para mandar a la gente a un lugar sucio e innombrable.
Antílope: Enemigo de Lope de Vega.
Barbarie: Época en la que los hombres se mataban de uno en uno.
Budín: Hijo menor de buda.
Camarón: Aparato enorme que saca fotos.
Capuchino: Aplicase al chino que ha sufrido castración.
Lengua: Instrumento cortante que usan las mujeres para convertir en tajadas al prójimo.
Mosquetón: Mosco afeminado.
Santurrón: Patrono de los pasteleros.
Solterona: Mercadería que no se entregó a tiempo.
Su libro “Los Cojudos” terminó siendo una catarsis social donde pormenoriza la escala de “vivansky” y “lobinsky” para medir los grados de “acojudamiento”, y hace una rigurosa clasificación de los “cojudos” para terminar con la “cojudez como institución”. Toda una teoría.
“Clavó el pico” —cómo él diría— en 2004. Además, sobre esto afirmaba: «Lo bueno de la muerte es que jamás se repite». Seguramente él hubiera escrito en su epitafio su ya célebre Sinlogismo: «Dios hizo a los cojudos para que los demás peruanos no se murieran de hambre».

DESLECTURAS (PERUANAS): Tradiciones en salsa verde / Ricardo Palma


Un picante y licencioso giro de las Tradiciones Peruanas

Juan Carlos Suárez Revollar



Ricardo Palma dedicó más de medio siglo a la escritura de la tradición, un género eminentemente americano al que dio forma y llevó a su máximo esplendor. A su humor e ironía se unen el uso de la oralidad y un lenguaje pulcro aunque satírico, lleno de sesgos idiomáticos locales y neologismos (pues Palma fue uno de los lingüistas más destacados en lengua castellana de la época).
Surgida antes de la consolidación del cuento-ficción (que la reemplazó completamente desde el segundo tercio del siglo XX), la tradición es el relato con fondo histórico creado a partir de un hecho real —por banal que fuera— y contado como una anécdota a la que se han añadido detalles ficticios para llenar los vacíos que la fuente documental u oral no registra. Palma la definió como «una de las formas que puede revestir la Historia, pero sin los escollos de esta».
A las más de cuatrocientas tradiciones publicadas entre 1860 y 1918, se suma un pequeño grupo titulado «Tradiciones en salsa verde». Manteniendo el mismo aliento que las otras, relatan hechos pícaros, casi impúdicos, de humor voluptuoso y escarnecedor. La edición príncipe y sus derivadas provienen de una copia mecanografiada que Palma obsequió en 1904 a su amigo Carlos Basadre, con la indicación de «no consentir que sean leídas por gente mojigata, que se escandaliza no con las acciones malas sino con las palabras crudas». No vieron la luz de manera oficial hasta 1973, pues Palma tenía la seguridad de que no estaban «destinadas para la publicidad», y por esa razón no aparecen entre las «Tradiciones Peruanas Completas» que hicieran su hija Angélica en 1924, ni en la de su nieta Edith, en 1953.
Se trata de 16 tradiciones brevísimas y dos composiciones satíricas en verso, precedidas por una dedicatoria, en cuyos títulos se puede encontrar palabras y palabrotas como «La pinga del Libertador», «La cosa de la mujer» o «El carajo de Sucre»: he ahí la razón de la aprensión de Palma por la reprobación que habría significado su difusión. En opinión de Alberto Rodríguez Carucci, el título sugiere que «nos encontramos ante unos textos condimentados con un aderezo picante, y con unos tonos subidos de color, maliciosos y chispeantes, quizás crudos, escabrosos y hasta obscenos».
Antes que un giro de tuerca o conclusión del relato —a la manera del cuento—, finalizan en su mayoría con un efecto cómico, similar al chiste o la chanza, que se asienta en el uso rimbombante de una palabrota o en anécdotas mínimas, habitualmente licenciosas.
Bajo la candente salsa verde de estas tradiciones, no solo reímos de respetados personajes históricos —entre ellos Bolívar, Sucre o Castilla—, sino también de religiosos y nobles. «Fatuidad humana», por ejemplo, relata «los polvos» del rey don Juan de Portugal, y hasta lo califica de «braguetero». Entre las digresiones que Palma solía utilizar para deslizar sus propias opiniones, tuvo la libertad de escribir: «sospecho que Patrocinio era tan puta como cualquier chuchumeca de Atenas», al referirse a la linda y ardiente mulata que llenaba de cuernos la cabeza de este desafortunado rey.
Destaca, además, un ánimo venenoso y burlón sobre el clero y el gobierno, tal cual ocurre con las asustadizas monjitas de «El lechero del convento», obligadas a escuchar de jodiendas y cascadas masturbatorias; o del Mariscal Ramón Castilla, quien destierra al amante de su hembra pretextando que su «gobierno no quiere aguantar cuernos».
Las dos composiciones poéticas —que aparecen bajo título individual— están conectadas al conjunto del libro porque su autoría se atribuye a Monseñor Cuero y Fray Francisco del Castillo, personajes de las tradiciones «El carajo de Sucre» y «Un Calembourg», respectivamente. En esta última aquel díscolo fraile se mete en problemas por comparar los cojones del padre provincial con los del chivato de Cimbal.
En el plano lingüístico, Palma se adelantó a los autores modernos que hurgaron en la jerga y el argot para retratar el lenguaje coloquial popular. Así, acopió para la literatura expresiones como «los riñones de la concha», o los americanismos «culear», «chucha», «cojudo» o «pájaro».
Cerca a los 40 años de publicadas, las «Tradiciones en salsa verde» siguen haciéndonos reír, ya sin rubor, de los chismes y rumores que circulaban siglos atrás en esta tierra criolla, de cuya historia Ricardo Palma se sirvió para inventar el género literario que le dio inmortalidad.

IMPRESCINDIBLES: GEORGE HARRISON


Selección y textos: Roberto Loayza

All Things Must Pass (1970)

Sin duda alguna, el debut del Beatle silencioso es su obra maestra, haciendo palidecer, incluso, a los primeros trabajos solistas del resto del grupo. Una perfecta mixtura de su enorme espiritualismo con su conocido sonido tan rico en texturas, que Harrison fue puliendo en los últimos trabajos de la banda. Phil Spector hace una estupenda labor con un pródigo trabajo orquestal en un disco triple tremendamente ambicioso y apasionante, que cuenta con el invalorable apoyo de su gran amigo Eric Clapton.



Concert For Bangladesh (1971)

Este concierto elevó a Harrison a un status de súper estrella comprometida con causas justas, el mismo que dejó un legado invaluable para siguientes eventos de similar carácter. A instancias de su amigo y maestro, el músico indio Ravi Shankar, el 1 de agosto de 1971, el Madison Square Garden de Nueva York fue testigo de un concierto legendario con la participación de luminarias como Ringo Starr, Clapton, Badfinger, Leon Russell, Billy Preston y la participación estelar de Bob Dylan, todos guiados por la mano maestra de George. Eran tiempos en que las estrellas del rock pensaban que podían salvar el mundo.



Brainwashed (2002)

15 años después del estupendo y exitoso “Cloud Nine” sale a la luz este extraordinario disco. Por desgracia Harrison no pudo verlo terminado, puesto que el 29 de noviembre del 2001, falleció en su casa de Los Ángeles. Una gema humilde, de perfil bajo, como le gustaba al buen George, finamente producida por el gran Jeff Lynne, cerebro de la Electric Light Orchestra y gran amigo. Introspectivo, profundo y sazonado con un delicioso buen humor. Se puede percibir que la injusta batalla contra el cáncer la libraba con ironía y desbordante talento. Una dulce despedida.


TODAVÍA NO PINTO CANAS / CUARTA ENTREGA


El príncipe pintor que llegó del frío

Josué Sánchez

James Chaytor, Diana Casas, y Josué Sánchez sujetando a su hijo Álvaro.

Llegó con la melena rubia y el bléiser azul que pronto nos acostumbraríamos a ver. Vino por una semana y se quedó más de tres años. El día que conocimos a James despedíamos a Sigi, un amigo alemán que regresaba a su país con su familia después de ocho años. Casualmente nos visitaba también una francesa. Seguramente con tanto europeo en casa se sintió cómodo, y fue por eso que regresó otro día, y luego otro. Más tarde nos preguntó si podíamos alquilarle una habitación. Así, se fue quedando.
Primero fue sólo cosa de pintar, pero meses después, Ilse y Bernard, un matrimonio de voluntarios amigos nuestros —austríaca ella, suizo él— fueron a visitarnos para anunciarnos que pronto regresarían a Europa, y entonces surgió la idea de escribir un libro antes de que partieran.
Una noche, Bernard llamó para decir que el siguiente sábado se iría a Suiza por una semana. Era miércoles, pero sin pensarlo dos veces, decidimos que llevaría el proyecto. El lunes siguiente, el proyecto estaba aprobado.
Así empezamos a estudiar las plantas. Pronto nos dimos cuenta de lo difícil que sería. Sólo Ilse y Bernard eran agrónomos. El campo de Diana es el comercio exterior; el mío, la cultura andina; James no sólo había estudiado arte, sino además filosofía y medicina alternativa. Pero no había un solo biólogo o botánico entre nosotros. Tuvimos que aprender aceleradamente. Hicimos investigación de campo, leímos mucho. Trabajamos día y noche.
Fue entonces cuando surgieron las discrepancias. Europa y Perú se confrontaron. Tuvimos discusiones memorables. Fue un representante de la financiera quien nos enrumbó. A mediados del 2000, el libro estaba terminado. El día de la presentación nos sentimos liberados. 
"Plantas en la cultura andina" tuvo gran aceptación en los medios especializados. Tal vez fue que las distintas visiones norte-sur y las diferencias de orientación profesional lo enriquecieron. Pero su mayor mérito fue forjar una amistad sólida entre nosotros, aún en la distancia.
James se quedó dos años más, pintando. Al principio sus colores eran de tonalidades frías; un día, cruzó con un violento amarillo una pintura, así pudimos ver cuánto estaba sintiendo el color y el calor del sur.
Fue realmente un tiempo abrigado, algunas noches encendíamos el fuego en una cabaña que tenemos al costado de la casa, tocábamos guitarra y cantábamos.
Aludiendo a su talla, 2,05 metros, Ilse solía decir que debía ser un noble. Él contestaba que lo decía por ella misma. Un día, mientras censuraba a Diana por su acento al hablar inglés, ella molesta le contestó refiriéndose al célebre colegio inglés: «Bueno, yo no he estudiado en Eton».
Fue una sorpresa para todos cuando él increíblemente contestó alarmado: «¿Cómo lo has averiguado?»
Así, poco a poco, fuimos enterándonos que teníamos un principito inglés en casa. Cuando luego de uno de sus viajes regresó con un libro acerca de su familia y su histórico pueblo, supimos que lo era. Después de ver sus dos escudos de armas, los restos del castillo familiar y su enorme casa en el norte de Inglaterra, nos preguntamos: ¿qué hacía con nosotros?
Tal vez simplemente soñar y jugar un poco. Como en esa ocasión de fines del 2000 cuando nos tomamos esa "antigua" foto, para perennizar la época cuando el príncipe pintor llegó del frío. (Del blog “Todavía no pinto canas” en BBCMundo.com)

PERFUME DE MUJER:


“Fatuidad Humana”

Ricardo Palma



Dicen las crónicas que Patrocinio, tal se llamaba la bagaza, era caliente y alborotada de rabadilla, lo que la producía gran titilación y reconcomio en el clítoris.
Con ella, los cortesanos no tenían más que invitarla a beber una copa de onfacomelí (licor africano), y… a cabalgar se ha dicho…
Sospecho que Patrocinio era tan puta como cualquier chuchumeca de Atenas; cuando a un hombre le venía en gana echar un polvo con una de esas pécoras, no tenía para qué gastar palabras; bastábale con cerrar el puño, levantando el dedo índice.

MICROCUENTO:


Rubén

Manuel Araníbar Luna



Los diarios inventaron todo. Y la culpa es mía por creer en este mamarracho. Eso sí, siempre tuve el presentimiento de que estabas vivo. Me alegra saber que te has rehabilitado, pero en tus ojos veo aún el resentimiento.
Prometo cambiar esa historia si me dejas vivir. Hoy sí creo en tus palabras, pero créeme también que tengo aún miedo en aceptar tu ofrecimiento de cortarme el cabello, amigo Pedro Navaja.

Los mataperros de ayer y de hoy


Ernesto Chagua Blanco

“Los mataperros”, de Héctor Meza Parra, recrea sus travesuras de niñez y de dos de sus primos. Se trata de una de las novelas juveniles más divertidas de toda la literatura de la región centro. En la siguiente crónica, Ernesto Chagua Blanco, un amigo cercano del autor, nos cuenta su encuentro con los tres protagonistas del libro.

“Los mataperros”, 40 años después



Cuando leí las aventuras de los mataperros Elver, Angel y Luis —convertidas en una novela por Héctor Meza Parra bajo el título de “Los mataperros”—, quedé extasiado con las travesuras de estos tres mosqueteros infantiles, que consumaron sus diferentes jugarretas en un mundo llamado Tarma.
Pienso que todos, sin excepción, tuvimos nuestras diabluras cuando niños, y de escribirlas enriqueceríamos la literatura de las “mataperradas”. Pero Dios solo dio a unos pocos el don de escribir y saber contar tan bien como nuestro amigo Héctor Meza Parra.
Quizá esta obra sea el punto de partida para que otros escritores prosigan enriqueciendo la literatura de las “mataperradas”, con travesuras sanas, inocentes y nada maliciosas.
Pero el motivo principal de este comentario es que hace unos días conocí a los tres personajes de la obra: Elver, Ángel y Luis. En verdad, casi no han cambiado. Sigue su humor redondo de la niñez. Ninguno es más que otro ni este menos que aquel. Con sus bromas y chistes —como en el libro—, en tanto increpaban diversas cosas al autor, me carcajeaba a mandíbula batiente, como cuando bosteza un hipopótamo.
Ese día estuvimos cruzando bromas en la esquina de los jirones Jauja y Leoncio Prado, en la tienda de don “Cushti”, en Tarma, mientras saboreábamos una Coca-Cola.
Fue una experiencia fuera de serie, porque entrevistarse con estos personajes de novela, pero en su versión de carne y hueso, sería la envidia de cualquiera. Para perennizar este encuentro les tomé una fotografía. Se situaron en el mismo orden en que aparecen en otra foto, de su primera comunión, a la edad en que cometían sus “mataperradas”.
Y no está descartado que podría salir a la luz otro libro con las nuevas aventuras de los mataperros, esta vez ambientada en su juventud.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Solo 4, “445”, del 24 de NOVIEMBRE de 2012, año IX


LA CITA:

«Si la memoria existiera fuera de la carne, no sería memoria, porque no sabría de qué se acuerda, y así cuando ella dejó de ser, la mitad de la memoria dejó de ser, y si yo dejara de ser, todo el recuerdo dejaría de ser.»

William Faulkner