martes, 26 de octubre de 2010

V Festival Internacional de Narración Oral

Déjame que te cuente

José Oregón Morales
Déjame que te cuente, lectores de Huancayo, fue en el Teatro de la Alianza Francesa. Sus silencios nos acogen con el ritual de las funciones teatrales; cuidados escenográficos, luminotécnicos y disciplinarios para propiciar esa magia entre el actor y el público, la entrega generosa y el retorno sublime de la aceptación. Actuamos todos los narradores. Retrocedí 50 años en mi vida, volví a ser aquel niño actuando en los teatros de mi pueblo, Pampas. El telón que se abre, mi canto quebrado que irrumpe, mis palabras cargadas de las esperanzas de fructificar de los maicitos, con ellos “huaylasyé” y acariciamos con nuestro canto las mejillas blancas de la luna llena en las noches de siembra; concluí con el desgarrado canto de Carlos Huamán: “maíz hermano, granito eterno, abrigo de niños tristes”. Hice llegar ese mensaje de las semillas, felices de dar la vida a los cristianos del mundo, sentimiento del hombre andino expresado a través de fabulaciones que no son otra cosa que su vida misma. Prolongados aplausos. Hermanos narradores del mundo que me abrazan fuertemente contra sus pechos. Lloré de alegría, como cuando era niño, en Pampas.
Los días siguientes subieron a las tablas Hanna Cuenca, joven y extraordinaria actriz de Colombia con sus relatos “De vocación princesa”: “El viaje de princesa a plebeya de la colombiana resaltó el valor de la figura femenina y la indiferencia del macho. Un espectáculo que sacudió el piso a hombres y mujeres”. (Alajuela, Ciudad de la palabra). Juan Madrigal de Costa Rica, actor, músico y cantautor; genio de la interactividad, nos devolvió la alegría de tener un alma de niños con sus “Cuentos para jugar y cantar”.
El hermano chileno Carlos Genovesse hizo gala de un eximio trabajo de texto y de un cautivante dominio escénico, atrapando al público con las intrigas, llevándolos al clímax de la ansiedad y descargando en finales inimaginables con sus cuentos de “Misterios profundos y sucesos extraordinarios”.
En nuestra actuación central me tocó compartir escena con Marcela Romero de México. Tocó fuertemente las fibras más íntimas de la sensibilidad humana con sus narraciones “Hay que ir para quedarse”, sobre las tragedias de los migrantes en Estados Unidos y las peripecias de las mujeres latinas que para poder sobrevivir a veces tienen que cruzar “otra frontera”. La antecedí en escena con Sara Poccochi, memorial de los comoniros, el Banquete moyano, Loro ccolluchi, el Burro Benigno y los cantos quechuas de mi Huancavelica. Puse todo mi corazón y técnica en mi actuación. Los organizadores tuvieron que hacerme regresar de los camerinos porque el público seguía aplaudiendo.
Jota Villaza de Colombia, un paisa con los atuendos típicos de su país, nos regaló una muestra asombrosa del realismo mágico en la narrativa popular de su tierra, voz extraordinaria, actuación impecable, hizo reír al público hasta el llanto con las portentosas historias de los Blakamanes, que son en Colombia algo así como los huantinos en el Perú.
Con la francoperuana Yara de Zatter y la española Paula Carballeira compartimos escenario en la Casa de la Literatura Peruana. La primera nos hizo reflexionar sobre la magia y el sentido de la vida a través de “Cuentos de la creación”. La española demostró ser una maestra del suspenso con las narraciones de su patria: “Cuentos de los tres avisos” e “Historias de escalofrío”.
Huancayo, caminemos juntos. Tenemos fe en que las nuevas autoridades ediles ya no serán las cavernarias que niegan permisos para los eventos culturales. Confiamos también en que las casas de la cultura ya no serán refugio de los fracasados políticos. Huancayo tiene profesionales jóvenes y creativos que esperan su oportunidad, pero que se las usurpan inútiles burócratas. Sólo en Huancayo cualquiera puede acceder a director de la casa de la cultura para recuperar la inversión de la campaña. ¿Estaremos en condiciones de organizar para el 2011 una actividad cultural internacional que merezca Huancayo? El “VI Déjame que te cuente” debe ser uno de los nutrientes culturales para nuestro pueblo. Sí, lo haremos.

Temporada teatral del grupo “Expresión”

Empieza este sábado 23 de octubre

No es gratuito que tanto el grupo "Expresión", como la dramaturgia de María Teresa Zúñiga, hayan crecido de la mano: nacieron juntos. Y es que ella, al lado de Jorge Miranda Silva, fundó este elenco en 1986, habiendo cosechado en poco tiempo reconocimientos nacionales e internacionales, y escribiendo la mayoría de sus obras para ser representadas bajo este sello teatral. "Expresión", de ese modo, se ha convertido en los últimos veinte años en uno de los baluartes del teatro peruano, emergido del corazón del país, con notable crítica y recepción. En los círculos limeños, y esto debido al centralismo cultural, no se concibe que obras tan universales puedan hacerse en el interior del país.
Con el tiempo, el grupo creció y, tanto Jorge Miranda Zúñiga como Marco Miranda Zúñiga, aportaron talento y técnica a los montajes, el primero como actor y el segundo como director técnico. Igualmente, el actor y productor Marco Ríos Calderón y el actor Víctor Meza Mucha contribuyeron con su competencia al crecimiento del grupo. De ese modo, la experiencia de “Expresión” crece y se proyecta con mayor fuerza, montando con éxito obras teatrales cuya temática sufraga a favor de la historia del teatro peruano. Con el tiempo, incluso, el nombre de “Expresión” rompió linderos y empezó a vocearse en el extranjero (Venezuela, Dinamarca, Estados Unidos, Colombia y otros lugares).
Apenas concebido, el grupo empezó a montar obras de diversos autores (como “Clave 2 manan” de Gregor Díaz, “El Cruce sobre el Niágara” de Alonso Alegría, entre otros), pero con “Corazón de fuego” inicia una nueva etapa con dramaturgia propia, pues María Teresa Zúñiga se convierte desde entonces en la dramaturga exclusiva del grupo y con su enorme talento escribe y pone en escena “Santiago, el Organillero”, “Pinocho, el último viaje”, “El celoso extremeño”, “Encendiendo el fuego” y otros. Pero, en 1996, cuando se monta “Zoelia y Gronelio”, el grupo entra en etapa más universal y moderna, que ha aglutinado los aplausos unánimes tanto en el Perú como en el extranjero. La experiencia poética de María Teresa Zúñiga le sirve claramente para insuflarle inspiración, un profundo y rico lirismo, a otra de las obras que vendría después: “Mades Medus” (1999). Le siguieron “Laberinto” (2001), “Alas de mariposa” (2002) y “Atrapados” (1999). Así también “Metamorfosis” (1998), “Danzando en las tinieblas” (2003) y “Tinieblas del emperador” (2006).
Ahora tenemos la oportunidad de ver una retrospectiva de este importante grupo teatral en nuestra ciudad.

MÁS DATOS:
Obras a presentarse:
“Zoelia y Gronelio” - 23 de octubre y 05 de noviembre
“Mades Medus” - 29 de octubre y 06 de noviembre
“Tinieblas del emperador” - 03 de octubre, 06 y 27 de noviembre
“Atrapados” - 04 y 11 de diciembre
Local: Auditorio del Colegio Andino de Huancayo (Jr. Dos de Mayo 575 Huancayo) Horario 7.00 PM. Venta de entradas en Galería Café Imaginarte (Jr. Ancash 260 Huancayo).

El buen salvaje: El padre de la innovación

Sandro Bossio Suárez
Mario Vargas Llosa pudo haber ganado el Premio Nobel de Literatura seis veces. Uno por cada obra maestra. En cada una de ellas, acuñó elementos renovadores para la literatura, para narrar las historias de diferente manera, para ver la narración como nunca antes lo había hecho el mundo. Y precisamente de tanto halagarlo, enorgullecernos de él, olvidamos ese su lado innovador.
En realidad, el premio se debe, en gran medida, al peso estético de la obra de Vargas Llosa. Y ese peso no sería identificable, ni posible, si no nos refiriéramos a las transformadoras técnicas usadas en cada una de ellas.
En “La ciudad y los perros” el joven Vargas Llosa (tenía 24 años cuando la escribió) ya siembra los primeros elementos de lo que llegaría a su máxima expresión en obras futuras. Nos referimos, en primer lugar, al “dialogo telescopado”, ese que usa coloquios y pláticas de personajes en diferentes tiempos, dejando preguntas sueltas en un espacio temporal para ser respondidas en otros lugares y tiempos. Ocurre, sobre todo, en la secuencia final de la obra, cuando el Jaguar conversa con el flaco Higueras, y mientras ellos permanecen sentados en el bar tomando pisco, el dialogo que sostienen los va llevando físicamente al pasado. Otros elementos importantísimos que se cimientan en esta obra son “los vasos comunicantes”, técnica que consiste en unir varias historias con pequeños elementos afines: ocurre cuando, al final, por una escena (una pelea en la playa) nos enteramos que el Jaguar es el mismo narrador invisible y anónimo que nos ha contado su historia en varios capítulos. Esta técnica llegará a su esplendor en la siguiente novela, “La casa verde”, donde hasta siete historias aparentemente distintas terminan unidas, trenzadas, a través de estos “vasos” que la teoría literaria también llama “puentes literarios”.

En “La ciudad y los perros” el joven Vargas Llosa
(tenía 24 años cuando la escribió) ya siembra los
primeros elementos de lo que llegaría a su máxima
expresión en obras futuras.
El multiperspectivismo es otra de las técnicas usadas con mucho acierto en estas sus primeras novelas. Con toda la carga de William Faulkner (y a decir de Carlos Eduardo Zavaleta, también de Aldous Huxley), Vargas Llosa convierte estas novelas en verdaderos calidoscopios, en los cuales logra enfocar un mismo hecho desde diferentes puntos de vista, lo cual enriquece muchísimo la historia (a decir de los ingleses, el “plot” o discurso). El “dialogo telescopado”, los “vasos comunicantes” y el multiperspectivismo aparecen inmejorables en “Conversación en la Catedral”.
El monólogo interior y el fluir de la conciencia, desde el campo de James Joyce, son otros dispositivos tecnológicos envidiablemente utilizados en las obras de Vargas Llosa. Cobran gran poderío, sobre todo, en “La fiesta del Chivo”.
La estructuración novelesca, como técnica, es otro de los grandes aportes de Vargas Llosa a la literatura mundial. Esta técnica alcanza magnificencia (que ya la tenía en “La casa verde” o en “Conversación en La Catedral”) en la monumental “La guerra del fin del mundo”, donde múltiples personajes y situaciones van armando la gigantesca trama en diferentes tiempos y lugares. Desde esa mirada, el montaje literario que usa Vargas Llosa es fragmentario (los ingleses lo llaman “small and slow”) y es como un archipiélago, un rompecabezas, que finalmente un lector atento logra dominar.
Técnicas novedosas menores, como el dialogo libre y la narración regida, también llenan sus libros.
Todos estamos de acuerdo en que Vargas Llosa es actualmente el único representante del Boom Latinoamericano vigente, el que todavía produce —y con excelencia—, y el único que sigue renovándose en cada una de sus nuevas obras.
En definitiva, el pensamiento filosófico y político de Vargas Llosa pesa mucho en su nombradía intelectual, pero no debemos olvidar que es su obra artística la que atrajo (o debió atraer) el premio Nobel hacia él.

Microcuento

Fernando Manuel caminó largo

Pablo Ávila Oré

Fernando Manuel caminó largo por la berma, pensando en sí mismo, tratando de convencerse de que vale la pena equivocarse. Caminó hacia el café de siempre, “Café-café”, era el único lugar donde se atrevía a dejar de pensar. Ese día fue uno de los pocos en que no pudo realizar su cometido, se sintió más infeliz que de costumbre. Antes, por la mañana, no pudo más con el destino y conoció a Manuela Fuentes. El corazón se le partió en pedazos, del sueño paradisíaco pasó a la más terrible de las realidades. Se dio cuenta, a la mala, de que Manuela, su Manuela, era de carne y hueso.

Perfume de mujer

Antonio Skármeta:
El cartero de Neruda


Mario le bajó la trabajosa minifalda y cuando la fragante vegetación de su chucha halagó su acechante nariz, no tuvo otra inspiración que untarla con la punta de su lengua. En ese preciso instante, Beatriz emitió un grito nutrido de jadeo, de sollozo, de derroche, de garganta, de música, de fiebre, que se prolongó unos segundos, en que su cuerpo entero tembló hasta desvanecerse. Se dejó resbalar hasta la madera del piso, y después de colocarle un sigiloso dedo sobre el labio que la había lamido, lo trajo húmedo hasta la rústica tela del pantalón del muchacho.

Pablo Picasso: "Angel Fernández de Soto con una mujer".

I Festival Latinoamericano de Poesía

Y homenaje a Juan Ramírez Ruiz, de Hora Zero:
“Un par de vueltas por la realidad”

Pat Salazar-Caso
El martes último se dio inicio al I Festival Latinoamericano “Un par de vueltas por la realidad” en la Casa de la Literatura Peruana. Este festival, que se desarrollará hasta hoy, cuenta con la presencia de diversos poetas peruanos y latinoamericanos. La finalidad del evento es la presentación de la producción literaria de los participantes y el fortalecimiento de sus relaciones y la crítica entre ellos.
El evento, por su naturaleza, permite un contacto directo de los poetas con el público: este festival no sólo consta de una serie de recitales, sino también de varias muestras de poesía visual.
Una de las actividades más resaltantes del festival es el homenaje al poeta Juan Ramírez Ruiz, integrante y fundador del movimiento Hora Zero, cuyo poemario da título al evento.
Entre sus distintas locaciones, se cuentan las universidades San Marcos, Federico Villarreal, así como las “Brisas del Titicaca” y la Alameda Chabuca Granda.
Algunos de los nombres más resaltantes son el de la poeta brasileña Diana de Hollanda, y de los peruanos Miguel Ildefonso (Lima) y Augusto Rubio (Ancash), así como de los organizadores y también poetas Diego Lazarte y Giancarlo Huapaya, ambos de Lima.



Homenaje a Juan Ramírez Ruiz

El Festival Latinoamericano de Poesía sirvió también para ofrecer un homenaje al poeta Juan Ramírez Ruiz, creador del concepto del “poema integral” y fundador, junto a Jorge Pimentel, de “Hora Zero”, el movimiento vanguardista más importante de la poesía de la década de los 70.
El homenaje se inició con la proyección de un vídeo donde Pimentel dedica un poema al fotógrafo Carlos “Chino” Domínguez, quien se encuentra actualmente mal de salud. Durante la parte protocolar el poeta Tulio Mora señaló que “‘Hora Zero’ cambió la visión estética de la poesía, y las expresiones actuales donde el Perú se reconoce se las deben a nosotros”. Reconoció también las muchas voces que conforman “Hora Zero”, al decir que “hay tantos horazerianos como miembros hubo”. Asimismo, añadió que “la poesía es lo que somos todos los peruanos”.
En el homenaje estuvieron presentes además Fernando Obregón, Enrique Verástegui, Eloy Jáuregui, Ángel Garrido, Bernardo Álvarez y Paul Guillén.



Diego Lazarte:
“Hace años que no ocurren recitales de esta magnitud”

¿Cómo surge la idea de organizar “Un par de vueltas por la realidad”?
De la necesidad de realizar actividades en Lima, porque hace años que no ocurren recitales de esta magnitud. Recordemos que la generación del dos mil, que es la gente que está participando en su mayoría en este recital, empezó como un boom generacional, en las universidades del Perú, en la de Lima más que todo, en San Marcos, Villareal, Católica. Ese grupo hasta ahora no ha pasado muchos recitales, entre ellos, el festival de Cajamarca “Patio Azul”, el Novíssima Verba, que se organizaba en la Católica con la editorial de Álvaro Lasso, después el “País Imaginario”. Y hace muchos años, por lo menos hace cinco, no se realizan cosas de esta envergadura.

¿Cómo ha sido la convocatoria para este festival?
Para este festival han sido invitados amigos poetas latinoamericanos y peruanos de quienes conocemos su trabajo. Es más que todo esto por asunto de trayectoria y por asunto de actividad cultural. Gente que conocemos que está trabajando y que está publicando, ha sido la llamada.

Ustedes están tratando que otros poetas sientan como propio al festival. ¿Piensan convertirlo en el Festival de la Poesía de Lima?
Claro. El festival ahora se llama Festival de Poesía de Lima, y será anualmente, cada mes de octubre. E igual, congregará a poetas latinoamericanos, y la invitación estará abierta. El comité seleccionará a los poetas por su trabajo.

El libro que cambió mi vida: “Ensayo sobre la ceguera”

“Ensayo sobre la ceguera”, José Saramago:
En la tierra de los ciegos...

Roberto Loayza

En épocas de profunda depresión las vías de escape son muchas, ya sea con alcohol, con comida o con mujeres. En mi caso fueron los libros, me puse como meta leer un mínimo de 3 libros por semana. Aún no salía de mi asombro con “La guerra del fin del mundo”, cuando cayó en mis manos “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago. ¿Ciencia ficción?, ¿realismo mágico?, ni idea, lo cierto es que resultó una lectura fuerte, difícil, pero inolvidable. Descubrir que en medio de esas espantosas 500 páginas se encontraba nuestra realidad desnuda fue un golpe, y uno muy fuerte.
La pesadilla de unas personas sin nombre en una ciudad sin nombre que al quedar ciegos (una blanca y espesa ceguera) encuentran lo peor de sí mismos. Casi se puede percibir el olor a podredumbre de las calles, casi podemos saborear la gallina cruda en la casa de la anciana. La esperanza, sin embargo, reside en la única persona que no pierde la vista, la mujer del doctor, de quien Saramago se vale para darnos un agrio ensayo sobre el comportamiento humano, sobre la vida y finalmente sobre la muerte.
Los gnósticos hablan siempre del espejo en donde, si miramos con cuidado, descubriremos a los horribles monstruos que llevamos dentro; es el efecto exacto que logra este autor portugués dentro de sus inmensos párrafos.
No apta para paladares sensibles, el “happy end” me dejó un mal sabor de boca, hubiera preferido un final más devastador. Sin embargo, la esperanza también es melancólica, como la vida misma.
La versión cinematográfica, dirigida por Fernando Meirelles, el mismo de la inolvidable “Ciudad de Dios”, sin ser un desastre, no le hace justicia al libro.
Saramago nos dejó hace poco y, perdón por la tristeza, se le extraña demasiado.

Srila Atulananda Acarya, del Hare Krishna

La visita de un maestro

Roberto Atencio Alvariño

A los siete años tuve por primera vez un encuentro con los Hare Krishna en la plaza San Martín del centro de Lima. Vestidos de color azafrán y con las cabezas rapadas, cantaban y bailaban. Cuando mi tío y mi mamá quisieron acercarse, comencé a sentir una especie de miedo incontrolable, pues creía que eran seres raros que padecían de algún extraño mal y que podían contagiarme. Inmediatamente me tiré al piso, e hice uno de los berrinches más exitosos de toda mi vida, con lo cual los desanimé a acercarse a los devotos de Krishna.
Después de diez años cayó en mis manos un libro cuya portada llevaba la foto de John Lennon, y en la contraportada los cuatro integrantes de los Beatles. El título del libro era “En busca de la liberación”, y era una conversación entre Srila Prabhupada (líder del movimiento internacional para la conciencia de Krishna en occidente) y John Lennon, George Harrison y Yoko Ono. Pienso que ese momento fue trascendental para mí, puesto que en cada párrafo encontraba respuestas sobre las inquietudes que siempre había tenido sobre el sufrimiento, la muerte y el sentido de la vida.
Srila Atulananda Acarya maestro Hare Krishna, estudió filosofía en la Universidad de Buenos Aires, y en sus frecuentes viajes a la India ha profundizado en el conocimiento Védico, el idioma sánscrito, Hindú, Bengalí y diferentes escrituras antiguas de Oriente. Domina seis idiomas y ha recorrido el mundo entero dictando miles de conferencias, las cuales continúa ofreciendo diariamente en las ciudades que visita.
Para mí una de las actividades más agradables de conciencia de Krishna es el canto de los mantras védicos, en casi todos los templos los mantras se recitaban y cantaban en su idioma original el sánscrito. Srila Atulananda ha realizado las adaptaciones de gran cantidad de estos mantras védicos del sánscrito al castellano, esto es muy importante, pues cada mantra o canción nos enseña a orar, a dirigirnos a Dios, e incluso a sentir en forma apropiada y a pensar.

MÁS DATOS:
Srila Atulananda Acarya es un maestro espiritual que difunde la conciencia de Krishna por todo el mundo. Ha establecido más de 20 centros de Yoga y Ashrams (Comunidades espirituales) en distintos países de Sudamérica y se encuentra visitando esta semana Huancayo.
Entre sus obras más importantes se cuentan "Los bellos pasatiempos de Krishna", "El dulce canto del infinito", "Poemas para el alma", "Cantos al Sadhaka", "Ejemplos de mi maestro", o "El loto rojo". Srila Atulananda se encuentra visitando esta semana Huancayo para dar conferencias magistrales los días 15 y 16 de octubre en los auditorios del gobierno regional de Junín, la municipalidad provincial de Huancayo y el Instituto Continental, el ingreso es libre.

lunes, 11 de octubre de 2010

Especial de homenaje a Mario Vargas Llosa




Mario Vargas Llosa, el más importante escritor peruano, acaba de obtener el Premio Nobel de Literatura por la “cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”. Este galardón, el máximo reconocimiento literario del mundo, nos enorgullece y emociona, como peruanos, como latinoamericanos, y principalmente como lectores y admiradores suyos. Con ese motivo, “Solo 4” le ofrece un homenaje en una edición especial íntegra.








La cita:
"Es muy difícil para un escritor latinoamericano evadir la política. La literatura es una expresión de la vida, y no se puede erradicar la política de la vida”.
Mario Vargas Llosa tras obtener el Premio Nobel

Especial Vargas Llosa: El condiscípulo Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa pasó un año en el Colegio Militar Leoncio Prado, donde fue compañero de carpeta de César Espinoza Sueldo. A continuación, una crónica a partir de este testimonio sobre ese alumno, el cadete Vargas Llosa, cuando todavía lo era, claro.

Habían estudiado juntos. Al inicio, cuando acababan de iniciar el año escolar, debían quedarse en el colegio, en la cuadra todo el tiempo, aún los fines de semana, en que todos se marchaban a casa.
“Los sábados y domingos no salíamos a la calle”, explica César Espinoza Sueldo. “Nos quedábamos en las cuadras porque no teníamos a donde ir. Los domingos, después del almuerzo, nos poníamos a conversar”.
Corría 1950, y el recientemente fundado colegio militar Leoncio Prado era un lugar a donde muchos padres enviaban a sus hijos para “terminar de convertirse en hombres”, de la mano de la estricta educación militar. Por su naturaleza, esta institución había incorporado modernas metodologías para la educación, por lo que llegaban estudiantes de todo el país, y de todas las clases sociales.
Fue ahí que coincidieron César Espinosa Sueldo, huancaíno, y Mario Vargas Llosa, cuyo padre, recién reconciliado con la madre tras largos años de ausencia, estimaba que el hijo no era lo “suficientemente hombre” y por eso lo sacó del exclusivo colegio La Salle de Lima y lo inscribió en el Leoncio Prado. Esas vivencias servirían años después a Vargas Llosa para la novela “La ciudad y los perros”, que está escrita en clave de ficción, pero con aliento autobiográfico: “hay cosas que se exageran un poco en ‘La ciudad y los perros’, incluso algunas que no se produjeron, como la muerte del Esclavo”, señala Espinosa Sueldo.
Una de las anécdotas más resaltantes —en la novela y en sus recuerdos— es el bautizo de los perros, donde los cadetes les ordenaban a pelearse entre sí, a “nadar” sobre el polvo del estadio, o a “calificar” la intensidad de los golpes que recibían. Todos pasaron por ello, unos más que otros. “Mario era un tipo muy apuesto, de muchas cualidades, y los demás muchachos, los del norte por ejemplo, como Javier Silva Ruete, lo protegían, y por eso no debió soportar lo que los demás sufrimos”.
El bautizo, explica Espinosa Sueldo, era una costumbre muy castrense, institucionalizada tácitamente, pues “los que ingresábamos al colegio éramos los perros; los que estaban en cuarto eran los cadetes, y los de quinto eran los técnicos, los que mandaban”.

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Me cuenta la destinataria que cuando leía la carta
se ponía a llorar, pero no sabía que no eran
mis frases, mis palabras, sino las de Mario.
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Un episodio célebre es el de las cartas amorosas que Mario Vargas Llosa escribía a pedido para sus colegas, sin cobrarles nada. “Era tan gentil que, incluso, cuando yo le daba la oportunidad de escribir algo, él hacía mis cartas amorosas”, sonríe Espinosa Sueldo. “Me cuenta la destinataria que cuando leía la carta se ponía a llorar, pero no sabía que no eran mis frases, mis palabras, sino las de Mario”.
Todas las noches, a partir de las 9, se tocaba el silencio en el colegio, recuerda, “pero Mario salía de la cuadra y con la luz del baño se ponía a leer, porque era muy asiduo a la lectura. En ocasiones leía bajo el poste del parque, de noche, para aprovechar la luz artificial”.
“Había un lugar llamado ‘La perla’”, sigue contando, “adonde solíamos ir los jóvenes a hacer juegos de envite o a poner de manifiesto nuestras potencialidades en el box. Pero a Mario nunca lo vi en esas lides. Él era un muchacho muy serio, tenía una mirada muy penetrante, y pasaba mucho tiempo observando a sus compañeros”.
Algunos hechos presentes en la novela que no distan mucho de la realidad son, por ejemplo, un muchacho alto, de quinto, muy soberbio, que gustaba maltratar a los indefensos, y quería imponer la disciplina en base a su fuerza: era el Jaguar.
Una vez, cuenta, acompañó a algunos muchachos que tiraban “contra” (se escapaban del colegio arriesgando su vida sobre los acantilados) “e iban a jaranearse al Callao. Pero Mario no, él era muy disciplinado, no era de los que participaban en esas palomilladas”.
A Mario Vargas Llosa, sonríe Espinosa Sueldo conmovido, “tendría que decirle que nuestro país le agradece por haber puesto muy en alto el nombre del Perú. Y tus colegas del Leoncio Prado, Mario, nos sentimos muy orgullosos de ti”.





Especial Vargas Llosa: El libro que cambió mi vida

El libro que cambió mi vida:
La guerra del fin del mundo

José Soriano Marín
Desde que empecé a leer novelas en serio, el nombre de “La guerra del fin del mundo” me sonaba poderosa, bélica, apocalíptica, arrasadora, aún sin conocerla en detalle. Había tenido gratos momentos ya con “La ciudad y los perros”, con “Pantaleón y las visitadoras” y, por supuesto, con “Conversación en la Catedral”. Hacía tiempo llenaba mis días con “Cien años de soledad” de García Márquez, y por encargo académico quedé encantado con “El nombre de la rosa” de Umberto Eco en mis noches de noctámbulo universitario. Fue un periodo de crecimiento en mi vida de exploración literaria. Las últimas obras leídas eran de largo aliento y no escatimaba tiempo para el disfrute. Cada vez que podía, adquiría libros originales; por eso, mi amigo Jorge Jaime me convenció de comprar la edición definitiva de “La guerra del fin del mundo”, aunque ello significaría quedarme 30 días sin pasajes. Leí la obra en poco más de una noche, entre tazas de café y marcadas ojeras. Me moví arrastrado por ese vendaval incesante: el recorrido del Consejero en el estado de Bahía predicando la palabra de Dios, reconstruyendo iglesias y profetizando la llegada del Anticristo que, entre cercana y lejana, era universal.
En esta novela todo prolifera: la movilidad de los personajes, historias y escenarios; los tiempos y perspectivas; el ritmo acelerado. Podría pensarse en un diseño de círculos concéntricos con Canudos como centro. La religión, la sociedad, los conflictos, el periodismo, las relaciones humanas se atan con un espléndido manejo de técnicas que proyectan arte literario.
Con esta novela, Mario Vargas Llosa me mostró una literatura seria, respetable y, por qué no, de culto. No hay medias tintas ni arrumacos románticos entre el autor y el lector. Si hay algo que caracteriza al escritor es su universalidad, su erudición y el tremendo esfuerzo desplegado a la hora de contar una historia que funciona en cualquier lugar de la Tierra.

Especial Vargas Llosa: El pisco de Vargas Llosa

Sandro Bossio Suárez

Madrid. 05 de mayo de 2005. 11 de la noche. Residencia diplomática del Embajador del Perú. Ágape para los escritores peruanos invitados al Congreso de Narrativa Peruana. Mientras todos conversábamos y degustábamos los anticuchos, los pisco souers y la papa a la huancaína que Gastón Acurio había preparado para la ocasión, apareció, de pronto, la figura insigne de Mario Vargas Llosa. El salón quedó en absoluto silencio.

Hacía rato que conversaba con mis amigos Carlos García Miranda, Roberto Tarazona, Christian Reynoso y Ricardo Virhuez sobre temas relacionados con la literatura contemporánea. De pronto, sin siquiera sospecharlo, apareció en la sala la figura refinada, imponente, de Mario Vargas Llosa. Recuerdo mucho su traje plomo y su corbata negra moteada de puntos blancos. Caminaba a pasos lentos, con una copa de vino en la mano, deteniéndose apenas cinco minutos con cada grupo al que llegaba para saludar. De pronto Carlos, que hacía rato seguía con inquietud sus lentas evoluciones en cada grupo, se me arrimó con desasosiego:
—Oye, huevas, si haces que Vargas Llosa se quede más de cinco minutos con nosotros, te pongo una botella de pisco peruano.
No le respondí, pero tomé nota de su ofrecimiento. Poco después, Vargas Llosa, en efecto, llegaba a nuestro grupo. Cuando me vio y yo le recordé que nos habíamos conocido en 2003, en una otoñal Madrid (gracias a la presentación personal de mi compadre Carlos Villanes Cairo durante la conferencia de prensa de una de sus últimas novelas), él me miró y me dio una respuesta que me emocionó: “Claro, nos conocimos en la Casa de la América; es la tercera vez que nos vemos; ya somos viejos amigos”. Contaba, desde luego, el encuentro de esa misma mañana durante la apertura del Congreso. Brindó con nosotros, nos preguntó sobre banalidades del Perú (el clima, las obras de la municipalidad de Lima, su primo perdido Pedro Llosa, escritor como él) y, pasados los cinco minutos, pretendía emprender la retirada, cuando sentí el codazo de Carlos.
—Doctor —me atreví entonces—, Carlos y yo enseñamos literatura en la universidad y tenemos una duda: él dice que Joanot Martorell era francés y yo digo que era Valenciano.
Vargas Llosa, que tenía el pie enfilado para el repliegue, se detuvo y, milagrosamente, volvió a prestarnos toda su atención. La pregunta sobre Martorell había sido científicamente calculada, pues sabía yo que Vargas Llosa se había doctorado con una tesis sobre ese autor, a quien admiraba enormemente, y que era uno de los pocos especialistas vivos en novelas de caballería.
—Pues, los dos tienen razón —nos respondió—. Joanot era valenciano pero conocía la cultura francesa.

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Vargas Llosa, que tenía el pie enfilado para
el repliegue, se detuvo y, milagrosamente,
volvió a prestarnos toda su atención.
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Y se despachó con una cátedra brillante de literatura provenzal que duró media hora. La lección fue tan brillante, tan sobrecogedora, que todos nos olvidamos del tiempo y yo, personalmente, del pisco. Terminada la cátedra, el maestro pasó al grupo siguiente, que lo esperaba con ansiedad.
En el grupo todos quedamos satisfechos y, durante el resto de la velada, nos dedicamos a bebernos todo el vino que había disponible. A las 2 de la madrugada debimos retirarnos. Parte del grupo (Christian, Carlos y yo) recalamos en el mismo departamento en Coslada, cerca del Aeropuerto (de mi gran amigo Mario Suárez Simich) y a las 3 de la mañana nos encontramos frente a frente, inermes, pero con ganas suicidas de seguir la borrachera hasta las últimas. Entonces nos enfocamos en Carlos y con nuestras miradas le reclamamos el pisco peruano que nos habíamos ganado a pulso.
—¿Y el Pisco de Vargas Llosa? —le pregunté.
Él nos devolvió una mirada pícara, nada inocente, que nos restituyó alguna esperanza.
—Aquí está — respondió, sacando como un prestidigitador de sus ropas una botella de pisco acholado de etiqueta verde.
Nos miramos, estupefactos, mientras Carlos abría la botella con gran fruición. Él no había tenido la oportunidad de salir a las calles a comprar un trago, y menos un pisco acholado a esas horas de la madrugada, así que volvimos a mirarlo con incredulidad. Carlos terminó de abrir la botella, escanció una copita al tope, y nos hizo un guiño cómplice:
—El bar del embajador estaba bien surtido —nos dijo.

Especial Vargas Llosa: Perfume de mujer

Mario Vargas Llosa, El Paraíso en la otra esquina
Con fiebre en el cuerpo, se tumbó junto a ella, pero, en vez de montarse encima, la hizo girar sobre sí misma y quedar bocabajo, en la postura en que la había sorprendido. Tenía todavía en los ojos el espectáculo imborrable de esas nalgas fruncidas y levantadas por el miedo. Le costó trabajo penetrada —la sentía ronronear, quejarse, encogerse, y, por fin, chillar—, y, apenas sintió su verga allí adentro, apretada y doliendo, eyaculó, con un aullido.

Especial Vargas Llosa: Queremos tanto a Mario

Juan Carlos Suárez Revollar

Difícilmente olvidaré el impacto que fue para mí leer por primera vez “La guerra del fin del mundo”. Por entonces, hastiado, acababa de abandonar una carrera universitaria pese a la oposición de mi familia y a la reprobación de mis amigos. Refugiarme en los sertones junto al periodista miope, a los menesterosos seguidores del Consejero, y a los soldados que iban a acabar con ellos me mostró que mis problemas eran demasiado insignificantes para tomarlos en serio.
“La ciudad y los perros” y “La casa verde” son otras dos novelas poderosísimas de Mario Vargas Llosa, muy modernas y, particularmente la segunda, una suerte de manual de tecnología literaria, que por eso no pierde su poder de persuasión para el lector, ni hace de la anécdota (la historia contada) algo tedioso o pesado, como suele ocurrir con la mayoría de las novelas que privilegian demasiado la narratología. El gran nivel de ambas novelas —escritas cuando su autor apenas bordeaba los 30 años— es realmente sorprendente. Poco después “Conversación en la Catedral” iba a significar su verdadero salto, y lo colocaría a la vanguardia de los escritores del Boom —de esta época datan las mejores novelas del grupo—, donde se mantiene aún, y además haciendo que el Boom retumbe permanentemente, y se mantenga vivo, activo.
“Conversación en la Catedral” hace una exploración de una época, la de Odría, y además, es una radiografía de las dictaduras. Su complejísima estructura nos recuerda al mejor William Faulkner, pero con un estilo distinto, propio. Esta novela es también un testimonio del paso de Vargas Llosa por la militancia socialista, de la que después se iba a desprender para convertirse en uno de los más distinguidos representantes del liberalismo.
“Los cachorros”, en sus poco más de cuarenta páginas, es una revelación técnica y artística, que además ha dado pie a diversas interpretaciones. “La tía Julia y el escribidor” y “Pantaleón y las visitadoras” son dos novelas que marcan un cambio estilístico; y “La guerra del fin del mundo”, por su lado, un retorno a la novela total, con una apasionante historia que, además, logra articular de modo equilibrado la tecnología narrativa con la historia. Guardo aún ese ejemplar del libro, viejísimo, repleto de anotaciones, que después reemplacé por otro mejor, sin contar aquel de una primera edición que conseguí por casualidad, y perdí poco después por confiar demasiado en los amigos.

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Poco después “Conversación en la Catedral”
iba a significar su verdadero salto, y lo colocaría
a la vanguardia de los escritores del Boom.
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“Historia de Mayta”, “¿Quién mató a Palomino Molero?” y “El hablador” son novelas de gran nivel; y “Elogio de la madrastra”, “Lituma en los Andes” y “Los cuadernos de don Rigoberto” son importantes ejercicios narrativos, aunque no igualen a sus mejores libros. Pero “La fiesta del Chivo” entra al grupo de lo más valioso de su novelística; y “El Paraíso en la otra esquina” y “Travesuras de la niña mala”, también novelas bastante buenas, han mantenido la vigencia de Vargas Llosa en la literatura mundial.
Hace poco más de una semana, cuando retomé por fin la escritura de una tesis cuyo tema acaricio desde hace casi tres años, y que es mi forma de homenajear a Vargas Llosa, un autor al que admiro tanto, y cuya obra ha influido tanto en mí, no imaginé que recibiría una grata noticia, que esperaba ya resignado cada año: el Premio Nobel. Será sólo un motivo adicional para querer tanto más a Mario.

Especial Vargas Llosa: Sobre Mario

Exclusivo para Solo 4:
Sobre Mario Vargas Llosa

Pedro Noli, El tucumano de Argentina
Mario Vargas Llosa es uno de los más grandes escritores latinoamericanos. Nadie puede negar su calidad como escritor, como novelista, como uno de las más grandes renovadores de la narrativa latinoamericana y mundial. Pero, sobre todo, Vargas Llosa es uno de los pensadores más grandes que ha dado el Perú. A mí me parece, incluso, que su obra ensayística, con el tiempo, va a determinar su carrera. Un premio largamente esperado y muy justo.


Catalina Villa, El País de Colombia
Primero fue Machu Picchu con el tema turístico. Luego vino la gastronomía con el fenómeno Gastón. Después el cine peruano dio un giro gigantesco con Magaly Solier. Y ahora es Vargas Llosa quien pone al Perú en el pináculo del mundo. Sus novelas, sus cientos de premios, sus miles de ensayos, ya lo habían colocado como el hombre más prestigioso del Perú y uno de los más grandes intelectuales del mundo, pero todos pensábamos que nunca le iban a dar el Nobel por su posición política. Este es un premio a la libertad de todos los latinoamericanos.


Fernando Iwasaki, ABC de Madrid
El premio Nobel de Literatura 2010 a Mario Vargas Llosa representa una verdadera fiesta para la lengua española y es, a no dudarlo, un galardón muy merecido para el mundo de las letras. Es, en todo caso, un premio muy justo y esperado desde hace tiempo. Estoy convencido de que España recibirá este premio como suyo, igual que lo harán países como México, Chile o Perú y, en general, toda América Latina. Vargas Llosa es un verdadero referente para los escritores de la generación del sesenta en adelante.


Javier Ágreda, La República de Perú
La calidad e importancia de la obra de Mario Vargas Llosa lo hacían merecedor desde hace décadas del premio Nobel de Literatura. Con toda seguridad, desde 1981, cuando se publicó “La guerra del fin del mundo”, para muchos su mejor novela. Sin embargo, sus opiniones políticas siempre lo ponían demasiado a la derecha de lo que la Academia sueca consideraba “políticamente correcto”. Le entregan el Nobel “Por su cartografía de las estructuras del poder y sus afiladas imágenes de la resistencia, rebelión y derrota del individuo”. Les faltó mencionar sus aportes en materia de técnicas narrativas, su propuesta de la “novela total”, sus ficciones metaliterarias o sus brillantes libros de interpretación de las obras de otros escritores, entre otras cosas.

Especial Vargas Llosa: Cítrica crítica

Un cafecito y un interrogatorio:
El curioso Vargas Llosa

Javier Arévalo
El año 2001 le dejé un ejemplar de mi novela “El beso de la Flama” a Mario Vargas Llosa en su departamento de Barranco, con una carta que comenzaba diciendo: a los 14 años me hubiera gustado ser “Sugar” Ray Leonard, John Lennon y Mario Vargas Llosa: el orden no importa
Algunos días después, su secretaria me llamó para decirme que el escritor me invitaba a tomar un café en su departamento.
Una biblioteca maravillosa, una mesa entre nosotros, y dos cafés. Cuarenta minutos de una conversación que primero fue un interrogatorio: él me entrevistaba.
¿Cómo hacía para ser escritor en el Perú? ¿Cómo se comportaban las editoriales? ¿Qué sucedía entre los escritores y el poder? ¿Se podía tener una carrera literaria hoy en el Perú? ¿Cómo había sido ser escritor durante la dictadura? ¿Hubo escritores que se habían puesto al servicio de Fujimori? Fue una metralla de cuestiones que contesté sin darme cuenta del tiempo que transcurría. Su curiosidad era la de un niño que quiere saberlo todo. Seguí hablando hasta que tomé conciencia que yo también quería hacer una pregunta, solo una: ¿cómo ocurrió que pudo dedicarse solamente a escribir?
Enseñaba en Inglaterra, me dijo, y recibía unos setecientos dólares mensuales. Ya había ganado varios premios, y era un reconocido protagonista del Boom latinoamericano, pero tenía que trabajar como profesor para mantener a su familia.
Un día, apareció Carmen Balcells, la agente literaria, y le dijo que le pagaría el sueldo durante un año entero si se dedicaba solo a escribir.
Balcells lo promocionó, lo conectó con la industria cultural europea, puso en evidencia el valor del peruano. Sus gestiones canalizaron el talento del escritor hacia los confines de la tierra donde hoy brilla con un Nobel que nos chorrea a todos con un poquito de su gloria.

Especial Vargas Llosa: Por fin

Javier Garvich Rebatta
Hay motivos por los cuales estoy muy feliz con el Nobel a don Mario.
Posiblemente, a los jóvenes, les devuelva el gusto por la literatura y el placer de escribir. En un país donde la oralidad, la cultura audiovisual y las nuevas tecnologías han arrinconado a la palabra escrita; el Nobel servirá para devolver —aunque sea un poquillo— el prestigio perdido de este hermoso arte. Y, ojalá, ese gusto por las letras no siga atrapado en los círculos acomodados limeños y pueda romper las proverbiales barreras discriminatorias de este país, extendiéndose el cariño por los libros al interior del Perú. Ojalá los chicos de diversas provincias sigan apostando por ser escritores y que los escritores del interior tengan mayor audiencia (audiencia en sus lugares de origen, que ya sabemos que en Lima apenas si nos fijamos en ellos).
Y, finalmente, a ver si esta es una oportunidad en que los libros de Vargas Llosa se puedan vender a un precio accesible. Libros legales, subvencionados por el sector público, pulcramente editados y que puedan competir contra la poderosa industria pirata patria. Que estas chicas puedan adquirir una bonita edición de “La tía Julia y el escribidor” (con prólogo de Javier Ágreda) a tres solcitos o “Conversación en la Catedral” (con prólogo de Miguel Gutiérrez) a no más de cinco lucas. Al actual gobierno el gasto de esas iniciativas les costaría muchísimo menos que esa carísima y cosmética remodelación del Estadio Nacional, remodelación hecha para colmar la egolatría presidencial y para que Shakira tenga un escenario de presentación más chic.
Que Varguitas se ponga otra vez de moda, que las tribulaciones del Poeta se comenten en los colegios, que sin salir de aulas polvorientas y cerros arenosos viajemos al Alto Marañón, al barrio de La Gallinacera y a los Sertones del noreste brasileño. Y que en las universidades regresemos nuevamente a los debates (esa gimnasia intelectual tan abandonada en muchos claustros) acerca de esa contradictoria, atormentada y retorcida imagen del Perú que él dibujó en “Lituma en los Andes”.
Se acerca el Año Arguedas. Y será excitante que volvamos a leer lo que pensaba Don Mario del autor de “Los Ríos Profundos”. Que volvamos a confrontar dos maneras de sentir la literatura. Y, sobre todo, que estudiemos esas dos formas distintas —¿antagónicas?— de entender este país.
Este país que ahora celebra su primer Nobel.

Especial Vargas Llosa: Cartas de un novelista

Edvan Ríos
No fue todo lo que leí de Vargas Llosa lo que me convenció de su compromiso literario por la libertad y la democracia. No fueron esas escenas indelebles creadas a partir de sus oraciones entretejidas con la pasión fácil del artesano culto: la sangre caliente que hacía salpicar en la arena un hábil cojo chavetero, la música divertida de un prostíbulo desolado con paredes verdes, aquel aterrorizado adolescente castrado por un perro traicionero en los camerinos de un colegio pituco o las melosas radionovelas que prometen sueños de felicidad prohibida. No fue la batalla del periodista miope para ponerse a salvo de una guerra apocalíptica, ese cabo costeño subiendo incrédulo por el caminito de Huancayo, aquella niña blanquísima obligada a rejuvenecer el sexo de un dictador, ni el magnate chino y voyeurista agasajándose en una habitación de hotel con el reencuentro de dos amantes. No fue ni siquiera esa novela total y amplia que se puede resumir en la pregunta: “¿En qué momento se había jodido el Perú?”. No fueron las decenas de cuentos, novelas y ensayos cuyos personajes persiguen en sueños reclamando vigencia. Fue una carta. Una sola carta que costó minutos en hacerse y cuyo párrafo más sublime decía: “La razón de mi renuncia es el reciente Decreto Legislativo 1097 que, a todas luces, constituye una amnistía apenas disfrazada”. Estaba dirigida al presidente de la República, Alan García, en respuesta a un infame decreto nacido del Ejecutivo que buscaba favorecer a un grupo de procesados por violación de Derechos Humanos y por el cual, Vargas Llosa renunciaba a presidir el Lugar de la Memoria. Habían bastado esas líneas para borrar de un plumazo la norma. El escritor peruano había logrado deshacer un decreto supremo con una carta, algo que solo pueden hacer los que dominan, al antojo, el poder de la palabra. Y Varguitas, por supuesto, es un maestro en esas artes.

Lea la carta de renuncia de Mario Vargas Llosa al Lugar de la memoria. Clic aquí.

Especial Vargas Llosa: Para entender a Vargas Llosa

Especial para “Solo 4”

Ricardo Cayuela*
Un autor de la trascendencia, del peso, de la inteligencia de Mario Vargas Llosa finalmente ha sido reconocido universalmente con el premio Nobel de Literatura. Es un premio que esperábamos hacía mucho tiempo.
Para entenderlo y analizarlo, tenemos que remitirnos al tema del “poder”. "Conversación en la catedral" es un retrato del poder, de la relación de los latinoamericanos con las figuras gobernantes y, a partir de allí, creo que nace la preocupación central en todo lo que vendría después. Incluso desde antes, desde “La ciudad y los perros” ya había esa línea argumental. Por ello, estoy de acuerdo en que el poder es la línea central de la obra de Vargas Llosa como bien lo ha señalado la Academia Sueca.
En realidad, no creo que haya ningún peruano contemporáneo que haya hecho más por su país, puesto que ahora, pese a la vindicta de mucha gente, ha encumbrado al Perú no solo a nivel latinoamericano, sino a nivel universal.

* Ricardo Cayuela es autor del libro “Para entender a Vargas Llosa”.

sábado, 2 de octubre de 2010

Suplemento Solo 4 Nº 333 del 2 de octubre de 2010


Exhibición pictórica en La Oroya
Como parte de las actividades por su 47 aniversario, la Cooperativa de Servicios Múltiples del Centro (Centrocoop) desarrollará a partir de este martes 5 de octubre la III Exhibición Pictórica en La Oroya. Esta muestra contará con 35 pinturas de diversos géneros y técnicas, cuya autoría es de estudiantes y docentes de la Escuela Superior de Formación Artística de San Pedro de Cajas. El evento irá hasta el 22 de octubre en las instalaciones de Centrocoop (Av. José Carlos Mariátegui 239, cuarto nivel, La Oroya). El ingreso es libre.






La cita:

Tony Blair no necesitaba a la ciudadanía para gobernar. La necesitaba para adularla a la hora de las elecciones, retirándose, en seguida, a un mundo del poder donde lo peor que se puede hacer es hacerle caso al ciudadano.

Carlos Fuentes, setiembre de 2010.

Arguedas, Kundera, los zorros

La novela moderna no europea

Carlos Calderón Fajardo

El día que se suicida José María Arguedas en la universidad Agraria, había almorzado minutos antes con Luis Alberto Ratto. Cuenta Ratto que en ese almuerzo, el escritor había comentado con entusiasmo sobre el “Gargantúa y Pantagruel” de François Rabelais, al parecer el último libro que leyó en su vida. Curiosamente, “Gargantúa y Pantagruel” es para Milán Kundera el libro con que se inicia la novela europea moderna.
Para Kundera novelas escritas por escritores no europeos son novelas europeas escritas fuera de Europa por escritores no europeos. No estoy de acuerdo con esta afirmación. Existe una novela moderna no europea, escrita por novelistas con una identidad no europea, una sensibilidad surgida de una cultura y un paisaje que no es el europeo, y que enfrentan problemas históricos que no son europeos.
La idea que la novela es la expresión artística por excelencia de la modernidad europea es también debatible. ¿Si no hubo modernidad en América Latina, entonces de dónde salió nuestra novelística auténticamente moderna? Una respuesta posible es que en América Latina se produjo otro tipo de modernidad, una que generó un tipo de novela moderna no europea. Rulfo, Asturias, García Márquez y Arguedas, entre otros, crearon una novela no europea de un nivel estético original y de alcance universal.
Arguedas es un escritor moderno de este tipo. Él se llamaba a sí mismo: un hombre “quechua moderno”. “El zorro de arriba y el zorro de abajo” no sólo es una gran novela, sino un testimonio novelesco de la crisis de la novela no europea en su intento de representar la realidad en los márgenes de occidente. Arguedas no elige al azar a Chimbote como escenario de su novela. Había viajado a ese puerto norteño a efectuar un estudio antropológico por encargo de la Universidad Agraria. Encontró en el puerto norteño el escenario perfecto para lo que deseaba expresar en su última novela: la destrucción que ocasiona la gran industria moderna en la identidad y la cultura andina pre moderna. Al insertar Arguedas su diario en la novela, donde narra cómo se procesa su suicidio, el novelista nos cuenta sobre la rajadura en su sensibilidad y en su inteligencia, y da testimonio de la crisis final que produce la imposibilidad de la forma novelesca para enfrentar a la realidad social y a los problemas personales. En su última novela José María Arguedas parece decirnos que la novela como género no sólo ya no puede dar cuenta de la realidad destruida, devastada por la modernidad, sino que la novela ya no sirve para realizar el que fue su sueño personal, su proyecto de vida: el encuentro de la cultura occidental y la cultura andina en una misma forma expresiva.

EL DATO:
Carlos Calderón Fajardo (Juliaca, 1946) es autor de “Así es la pena en el Paraíso” (Premio Gaviota Roja de Novela), “La colina de los árboles” (Premio Unanue), así como de los libros de cuentos “Playas” o “El que pestañea muere”. Ha obtenido los premios Hispamérica de Cuento, y ha sido finalista en el Tusquets de Novela y en el Juan Rulfo. Recientemente Editorial Altazor ha editado “La conciencia del límite último” (1990) y las novelas de la serie de Sarah Ellen: “El viaje que nunca termina” (2009) y “La novia de Corinto” (2010).

2011, año Arguedas

El suplemento cultural “Solo 4” se une al pedido de diversos intelectuales y artistas del país para que la nominación oficial del próximo año sea “Año del centenario del natalicio de José María Arguedas”, y no únicamente “Año de todas las sangres”, como al parecer se planea. Desde todo punto de vista, ello nos parece injusto. El destacado poeta y periodista Pedro Escribano lanzó la primera voz de esto en un artículo publicado esta semana en “La República”, donde hace un llamado a las altas autoridades del país para que el año 2011 lleve el nombre de Arguedas. Se aduce que la nominación oficial del año no puede contener nombres propios, pero hay buen número de antecedentes que contradicen esta afirmación.
Por eso, por la importancia de José María Arguedas para la literatura nacional y universal, exhortamos a nuestras autoridades que reconsideren esta disposición, y hacemos el llamado a nuestros lectores a apoyar esta petición.

ANTECEDENTES:
2003: “Año de los derechos de las personas con discapacidad y del centenario del nacimiento de Jorge Basadre Grohmann”. 1992: “Año de César Vallejo y el encuentro de dos mundos”. 1990: “Año del centenario del fallecimiento del sabio Antonio Raimondi”. Asimismo, también están los nombres del Inca Garcilaso de la Vega (1989), José Faustino Sánchez Carrión (1987), Santa Rosa de Lima (1986), Daniel Alcides Carrión (1985), Simón Bolívar (1983), y Tupac Amaru y Micaela Bastidas (1981).

El buen salvaje: Un año para Arguedas

Sandro Bossio Suárez

El 18 de enero de 2011 José María Arguedas cumplirá 100 años. Este gigantesco novelista, que además fue un imbatible luchador por la cultura peruana (fue antropólogo, folclorólogo, recuperador de espacios arqueológicos y propulsor cultural de amplio espectro), tiene ya un espacio ganado en las entrañas del pueblo. Por ello, dejábamos por sentado que el 2011 iba a ser denominado con el nombre de tan insigne personaje. Sin embargo, nos sorprendemos con la noticia de que el próximo año ya tendría nombre: “Año de todas las sangres”.
Mala decisión del gobierno, porque “Todas las sangres”, en alusión a la novela más ambiciosa (pero lamentablemente fallida) de Arguedas, no tiene celebración en 2011: recién cumplirá 50 años en 2014.
Parece que el gobierno, pese a todos los esfuerzos que varios colectivos hicieron (entre ellos “Patria Verde, Movimiento de Acción Ecológica y Social”, que envió la propuesta al Ejecutivo Nacional y al Congreso de la República para que el año 2011 se denomine “Año del centenario del natalicio de José María Arguedas”), no quiere abrirse a la realidad.
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Entonces, queda desvirtuada la boba disculpa para no
ponerle el nombre de José María Arguedas al próximo año.


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Muchos intelectuales peruanos, como Gonzalo Portocarrero, Nelson Manrique, Rodolfo Cerrón Palomino, Tomás Escajadillo, Jorge Puccinelli, Abelardo Oquendo, Oswaldo Reynoso, Miguel Gutiérrez, Marco Martos, Manuel Pantigoso, Ismael Pinto, Wilfredo Kapsoli, Pablo Macera, Sinesio López, Luis Lumbreras, Roland Forgues, entre otros, han mostrado su respaldo a esta iniciativa, pero el gobierno ha seguido en sus trece y ha respondido que no se estila poner nombres de personas a los años.
Al parecer nuestras autoridades no han vivido las últimas décadas en el Perú o, al menos, no han escrito un oficio porque no se acuerdan que hay varios antecedentes que desbaratan sus argumentos: el año 2003 fue del Centenario del Nacimiento de Jorge Basadre; 1992 el año de César Vallejo; 1989 del 450 Aniversario del Nacimiento del Inca Garcilaso de la Vega; 1987 del Bicentenario del Nacimiento de don Faustino Sánchez Carrión; y 1980 de Túpac Amaru II.
Entonces, queda desvirtuada la boba disculpa para no ponerle el nombre de José María Arguedas al próximo año y, por ello y más que nunca, nos sumamos a la noble cruzada iniciada por nuestro amigo Pedro Escribano para que, en efecto, el 2011 lleve el nombre de Arguedas. Y no sólo eso. Proponemos que se forme una comisión de alto nivel para las celebraciones por los 100 años de su nacimiento. Y, por supuesto, para que se impriman billetes conmemorativos (yo creo que de 100 soles por los 100 años) con el rostro del autor de “Los ríos profundos” como se hizo con Santa Rosa de Lima, Víctor Raúl Haya de la Torre y Jorge Basadre en su momento y en diferentes denominaciones.
El recientemente creado Ministerio de Cultura debería intervenir de oficio.

¿Qué es Cultura?

Leonardo Mendoza Mesías*

Una de las primeras acepciones que le damos al término cultura es la de señalar las buenas costumbres, el buen comportamiento, la refinada forma de ser y expresarse, al nivel alto de conocimiento, al buen vestir, a una buena lectura, entre otras. Esta es la forma cotidiana con que nos referimos a la cultura o a quien la practica considerándola como “persona culta”.
Pero desde otra óptica, encontramos que la definición de cultura es mucho más amplia: es todo aquello que el hombre ha creado, es decir, sus ideas, sus acciones y los materiales que ha generado. Bajo este paradigma, la cultura es una oposición a la naturaleza, porque es artificial, porque es creación del hombre y no procede de la naturaleza. Por otro lado, la cultura se orienta a satisfacer las necesidades del hombre, no sólo las básicas, sino también las secundarias. Es decir, no sólo satisfacemos mediante nuestro recurso cultural (o cultura) nuestra sed o hambre, sino también nuestro anhelo de reconocimiento o valoración individual o colectiva, como cuando escribimos un libro, plantamos un árbol o creamos una empresa. Esto nos hace pensar que la cultura no sólo atañe a la persona, sino también a la humanidad, porque tal sistema intrincado de simbolismo cultural que nos permite trasmitirla, como este mismo lenguaje o el de los colores o los números, sólo concierne a la especie humana.
La cultura es una oportunidad de cambio, porque nos alimenta y retroalimenta a través del tiempo a cada individuo y sociedad. Así por ejemplo, el pensamiento que nos impulsó cuando éramos jóvenes ha cambiado en gran manera ahora que somos adultos. Respecto a las sociedades, por ejemplo, éstas se convencen cada vez más que las guerras no son una alternativa, sino todo lo contrario.
Entonces, de todo lo anterior, la cultura no es sólo vestirse o portarse bien, es también todo aquello que el hombre piensa, siente y construye a nivel individual y también como colectivo humano. En última instancia, la cultura es toda creación humana.

* El autor es docente de Antropología en la Universidad Nacional del Centro del Perú.

Microcuento

El subte

Beto Benza

Bajo raudamente al subte de Acoyte y me doy con la sorpresa de que está Marilyn esperando el tren que la llevará a la estación Lima. Me dije: “Esta vez no puedo dejarla ir”. Compro mi boleto, paso el control y la tomo de sorpresa por espalda, pero caigo en la riel. El tren viene y miro hacia ella desesperado. Ella me mira sonriente, me guiña el ojo y se desvanece.

Perfume de mujer



Alessandro Baricco, Seda

Hervé Joncour no había visto nunca a esa muchacha, ni verdaderamente la vio nunca esa noche. En el cuarto sin luz sintió la belleza de su cuerpo y conoció sus manos y su boca. La amó durante horas, con gestos que no había hecho nunca, dejándose enseñar una lentitud que no conocía. En la oscuridad era fácil amarla sin amarla a ella.

“Junín, donde late el corazón del Perú”

Los latidos de Junín

La particular cosmovisión del poblador de la zona centro del país ha sido plasmada por un grupo de escritores peruanos en el libro “Junín, donde late el corazón del Perú”.
La edición del libro, con atractivas imágenes y fino acabado, fue posible gracias al Gobierno Regional de Junín y al empresariado privado de la región.
Este compendio cuenta entre sus autores a intelectuales de la talla de Nelson Manrique Gálvez, Teófilo Altamirano Rúa, Sandro Bossio Suárez, Diana Casas Rivera y Carlos Eduardo Aramburú, entre otros, quienes plasmaron el pasado, presente y futuro de Junín en los campos gastronómicos, económicos, sociales y culturales de la región.
El libro fue presentado el pasado sábado 25 de septiembre en el auditorio del Centro de Exposiciones del Jockey Club del Perú, como parte de las actividades de la Feria de Regiones 2010 (III Feria Regional de Turismo, Entretenimiento, Gastronomía y Artesanía) con la presencia del presidente regional Vladimiro Huaroc Portocarrero y del viceministro de interculturalidad, el huancaíno José Vilcapoma Ignacio.
Una mejor corrección de estilo hubiera asegurado un excelente libro.

Cítrica crítica: El peligroso poder de los pastores

Javier Arévalo
Una adolescente me dijo: “quiero hacerle una confesión. Yo me casaré virgen”. No conozco a la chica, pues me escribe esto por el “Messenger”. Su profesora le dio mi correo para que me entrevistara porque había leído un libro mío. Infiero que es un tema importante para ella. Supongo que ha de ser un asunto recurrente entre sus amigas del colegio.
Ella me cuenta que muchas de sus compañeras no son vírgenes y que algunas le dicen que es una tonta por no tener sexo.
—Si eso es lo que has decidido —le dije—, no le hagas caso a nadie y sé firme en tus decisiones.
Pero entonces me suelta una perla:
—Porque, acaso, ¿usted comería una manzana que ha sido mordisqueada por otros?
La metáfora me ofendió y creo que es ofensiva para todas las mujeres. Le respondí:
—Mira, no sé si mi madre se casó virgen; yo me casé con una mujer que no lo era; muchas de mis enamoradas tampoco lo fueron y eso nunca me interesó. Tú las comparas con manzanas podridas, solo porque una parte de sus cuerpos, el himen precisamente, no lo tienen intacto.
Le pregunté quién le había enseñado eso de la manzana podrida. Y ella me dijo que su pastor.
—Dile a tu pastor que si te ha enseñado que ser virgen te da una superioridad moral, se equivoca. Ser virgen no te hace ni mejor ni peor que tus compañeras no vírgenes.
No sé qué clase de pastor es ese, pero me sorprendió que una semana antes, la madre de mi asistente llamara “esposo” al hombre con el que no vive hace más de diez años, y que en ese tiempo ha tenido tres nuevos hijos con dos mujeres.
—¿Por qué tu mamá sigue llamando “esposo” a tu papá?
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« Cuando yo era un escolar, pensaba que el acelerado avance de la
ciencia nos conduciría a todos a prescindir de creencias religiosas.


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—Es porque el pastor de su iglesia le ha dicho que si ella es una buena cristiana, tiene que seguir honrando a su esposo, que es el padre de sus hijos.
Hace poco, el ayatola Hojatoleslam Kazem Sedighi dijo a los periodistas de su país que “muchas mujeres no se visten recatadamente... llevan a hombres jóvenes por el mal camino, corrompen su castidad y diseminan el adulterio en la sociedad, lo que, en consecuencia, aumenta los terremotos”.
En Lima, hay una organización religiosa que se llama “Pare de sufrir”. En sus templos la gente compra agua del mar muerto, tierra de Jerusalén, pañuelos milagrosos, cosas que sus pastores consagran y convierten en objetos que sanan mágicamente a la gente.
Cuando yo era un escolar, pensaba que el acelerado avance de la ciencia nos conduciría a todos a prescindir de creencias religiosas. Pero es evidente que me equivocaba. Cada día nacen más cultos religiosos y los fieles y las iglesias son cada vez más numerosos.
No me preocupa que la gente crea en un Dios, que debe ser una cosa muy bonita. Lo preocupante es la autoridad moral que de pronto adquieren los líderes de una iglesia. Bien aprovechada puede darnos un luchador por la libertad, como Martin Luther King. Mal aprovechada, puede influenciar en ideas tan absurdas como la de creer que los pecadillos sexuales producen terremotos o que los religiosos son tan buenos que debemos confiar en ellos porque están mas cerca de Dios. Cientos de niños violados nos hacen ver ahora que, por encima de sus creencias, los líderes religiosos sólo son seres humanos.

María Teresa Zúñiga representó al Perú en encuentro de dramaturgia

El evento fue en Cali, Colombia
Roberto Perinelli de Argentina, Marco Antonio de la Parra de Chile, Luis Mario Moncada de México, entre otros, asistieron al lado de la huancaína María Teresa Zúñiga de Perú, al Encuentro Internacional de la Dramaturgia Contemporánea, que se realizó en la ciudad de Santiago de Cali, Colombia, del 19 al 26 de setiembre pasados.
María Teresa Zúñiga Norero, dramaturga y actriz de gran apariencia internacional, se hizo presente con la lectura representada de su obra “Zoelia y Gronelio”, la conferencia sobre “La Dramaturgia Femenina” y el taller de “Método y Práctica Escritural” dirigida por Roberto Perinelli. De ese modo ubicó su dramaturgia como la más representativa de nuestro país.
Los autores invitados mostraron sus obras a través de lecturas representadas y plasmaron su experiencia mediante talleres sobre “Método y Práctica Escritural”, así como en conversatorios y conferencias sobre dramaturgia contemporánea. El evento fue organizado por la Fundación Festival de Teatro de Cali, bajo la dirección de Luz Estella Gil, actriz y gestora cultural de Colombia.
Este espacio cultural movilizó a más de 200 dramaturgos y actores de las diferentes escuelas de formación actoral de Cali, demostrando su capacidad organizativa y un movimiento cultural de gran envergadura, además de un público que no dejó de asistir a los 12 locales en donde se realizaron las presentaciones.
Arístides Vargas de Ecuador, Beatriz Camargo de Colombia y Junior García de Cuba, fueron otros de los asistentes al encuentro.




MÁS DATOS:
La universidad de Minesotta ha declarado a la huancaína María Teresa Zúñiga la dramaturga latinoamericana más importante del siglo XX.

Hallan fotografía de Rimbaud adulto

Le fue tomada a sus 26 años

Luego de largos meses de deliberaciones por diversos estudiosos, una fotografía de 1880 donde aparece el gran poeta simbolista francés Arthur Rimbaud (1854-1891) ya adulto, y que fue presentada en abril último, fue dada por buena. La instantánea fue tomada en la terraza del “Hôtel de l'Univers” en Adén, durante su estancia de cuatro años en Yemen. Entre sus acompañantes, aparece el famoso explorador Henri Loucereau.
La fotografía fue hallada por los libreros Alban Caussé y Jacques Desse mientras revisaban algunos libros viejos y documentos de un lote de cosas invendibles de un coleccionista anónimo, y ya forma parte de las 9 fotografías donde aparece el poeta.
Arthur Rimbaud, genio precoz, había escrito a los dieciséis años sus dos obras maestras: “Iluminaciones” y “Una temporada en el infierno”. Su tempestuosa relación con el también poeta Paul Verlaine (1844-1896), once años mayor que él, con quien inició una vida errante y llena de excesos, escandalizó al círculo literario parisino, y terminó dos años después con Rimbaud herido de bala y con Verlaine en prisión. Abandonó la escritura a los diecinueve años, y a partir de entonces poco se sabe de su existencia, salvo que viajó por diversas partes de Europa, se enroló en el ejército francés y recaló en Indonesia; estuvo en Chipre, se estableció brevemente en Yemen y pasó por Etiopía. Una sinovitis en la rodilla lo llevó de nuevo a Francia, donde finalmente murió a los 37 años.

Platos huancas

Gustos y sabores de exportación

Leonardo Carlos Mendoza Mesías
¡Comer, beber y amar! Son los principales placeres que tiene el hombre desde que nace hasta que muere. Hoy sólo hablaremos del comer, y qué mejor que referirnos a esos platillos que nacieron en esta hermosa región, la de los huancas.
Un placer equiparable es saborear una buena comida a base de tiernas carnes y vegetales, condimentados por laboriosas y mágicas manos veteranas que más saben por experiencia que por teoría. Estos potajes divinos, si bien satisfacen al más exigente paladar, satisfacen también al estómago más exigente; y hasta es posible que el letargo invada a quienes los degustan invitándolos a hacer la digestión mediante una siestecilla. Los potajes huancas indudablemente son una delicia, un homenaje al sentido del gusto.
¿Pero de qué estamos hablando? De los manjares que el poblador huanca está acostumbrado a degustar cada vez que se le antoja, y que al visitante le apetece cada vez que los evoca o los mira en la televisión. Señores, estamos hablando de platos de fondo tan exquisitos como el patachi, el caldo de cabeza, el caldo de gallina, el mondongo, el picante de cuy, la pachamanca (hasta cinco sabores), el chicharrón colarao, el lechón, la trucha frita, el alwish lulo o un pogtecito de arvejas o de habas y otros platos más. Pero cómo obviar los riquísimos postres que embrujan al más exigente paladar, cómo olvidar la gelatina de pata, las mazamorras de chuño, chancaca, maíz o caya; las ricas humitas, las mermeladas y dulces preparados a base de nísperos y layan (sauco).
Pero si queremos ser más exóticos, como no salivar al recordar la machka acompañada de leche de vaca, el sango, las habas pushpo, las habas pumpo, la cancha, el yuyo o shita. Todas estas delicias, acompañadas de las más agradables bebidas como la chicha de jora o la de maíz morado, son tan agradables como la hecha a base de molle. Pero a la vez todas estas exquisiteces se logran gracias al punto que se les da en el fogón, que es el que impregna el último aroma, pues la leña con la que son cocinadas (sea de eucalipto, arrayan o retama) le pone el toque final del sabor.
Evocar estas delicias culinarias nos permite destacar lugares como Ingenio, San Jerónimo, Sapallanga o Chupaca. Y recordar al valle del Mantaro es recordar al poblador Huanca y a su comida tradicional, que es, además, un importante legado cultural que nos da la posibilidad de conquistar nuevos mundos de ultramar, haciendo de Huancayo la “Tierra de sorpresas inequívocas”.

Breviario


“Déjame que te cuente” se realizó en Lima:
José Oregón en festival de narración oral
El quinto festival de narración oral denominado “déjame que te cuente” tuvo en escena a algunos de los mejores narradores orales de diversas partes del mundo. Dentro de la representación del Perú participó el escritor y gestor cultural José Oregón Morales, uno de los más importantes actores culturales de nuestra región.
El evento tuvo como emblema: “Diez años de vuelo, palabra por palabra”, y estuvieron presentes narradores orales de Colombia, Costa Rica, Chile, España, Francia, México y Perú; y se desarrolló entre el 14 y el 19 de setiembre. Oregón, quien es además director del grupo de danzas folclóricas nativas “Tuky”, presentó el libro “Kutimanco, cuentos quechuas”, entre otros relatos orales.








Presentará nuevo libro:
Gioconda Belli en el Perú

La escritora nicaragüense Gioconda Belli arribará a Lima para presentar su última novela “El país de las mujeres”, recientemente ganadora del Premio Hispanoamericano de Novela “La otra orilla 2010”, organizado por el Grupo Editorial Norma, y que en esta edición contó entre sus miembros del jurado con el peruano Santiago Roncagliolo, quien estuvo acompañado por el colombiano Mario Mendoza y Pere Sureda de España. En “El país de las mujeres” Gioconda Belli nos cuenta con mucho humor lo que sería un gobierno sin varones, únicamente regido por la feminidad. La presentación será este martes 5 de octubre desde las 7:30 pm, en la Galería Dédalo (Pasaje Sáenz Peña 295, Barranco).







Libro de emprendimiento:
“Pachawanka para el mundo”
Con la unión de los términos “Pachamanca” y el gentilicio de la población original de Huancayo, “Huanca”, Lizardo Romero Urrutia lanzó el libro “Pachawanka para el mundo”. Este texto contiene la historia de superación personal y empresarial de Ceferino, quien gracias a su empuje, coraje y capacidad de emprendimiento, así como a la valoración de su identidad, a la determinación de objetivos claros, y a su fuerza de voluntad y perseverancia, desarrolla estrategias que le permiten alcanzar una vida exitosa y, además, revalorar el auténtico legado cultural y milenario del hombre andino. El libro obtuvo el premio nacional “Historias de éxito”, otorgado por Confiep y el Grupo Gloria.

Agenda semanal

Cine foro
Ciclo: Sueños: “8 ½” de Fellini
Forista: Roberto Loayza
Lunes 4. Hora: 7 pm.
Centro cultural Continental, calle Real 125, Huancayo.
INGRESO LIBRE

Cátedra libre
Arquitectura residencial del periodo arcaico tardío en el Valle de Supe.
Arq. Arturo Espinoza
Martes 5. Hora: 7 pm.
Centro cultural Continental, calle Real 125, Huancayo.
INGRESO LIBRE