lunes, 10 de diciembre de 2012

PLAN LECTOR N°3: TRADICIONES ORALES ANDINAS


El condenado

Isabel Córdova Rosas



Hace muchos años, en un pueblo de nuestra sierra, vivía un agricultor, su esposa y sus cuatro hijos. El hombre aparte de maltratarlos, era egoísta, avaro, ambicioso y mujeriego. Todo el dinero de la venta de su cosecha y del ganado,  lo disfrutaba él solo.
La carne de sus ovejas la vendía, y sólo las vísceras le daba a su familia. Hacía rumos de papas agusanadas, maíz malogrado, habas y arvejas que nadie le compraba, y con prepotencia advertía:
—Teodora, esta comida te tiene que durar hasta la próxima cosecha.
—¡Dios mío!, otro año de miseria. Cómo podré sobrevivir con mis hijos.  ¿Qué haces con nuestro dinero, si yo trabajo de sol a sol en el campo? —le reclamó, la mujer.
—Todavía te das de mal servida. No me fastidies —tirando la puerta se iba a las fiestas de los pueblos, a derrochar su fortuna.
Pasaron meses y a la pobre mujer se le acabaron sus provisiones. Pensó en su compadre Marcial, padrino de los niños: «Él siempre me ha sacado de apuros. Es un hombre muy bueno».
Marcial era propietario de muchas tierras, y una de ellas colindaba con el terreno de sus compadres.
—Compadre, ayúdeme, por favor. Sus ahijados no tienen qué comer.
—No te preocupes, comadre. Son tiempos malos.
El buen hombre le regalaba papa, maíz, trigo, verduras y dinero.
—Toma comadre, para alguna cosa que necesites.
—Dios lo bendiga, compadre. Gracias —las lágrimas brotaban de sus ojos, esta vez, de agradecimiento.
Una noche, Marcial regresaba después de abrir la toma de agua y regar su sementera. Eran las 12, cuando de repente, el ambiente fue invadido por un penetrante olor a azufre. Para su asombro, en la otra orilla del riachuelo vio un bulto negro, que se arrastraba sigilosamente por entre los hierbajos. Su caballo se encabritó, algo le impedía cruzar. Con el fuete le dio dos latigazos, pero el animal ni se inmutó.
Marcial, se armó de valor y gritó:
—¡¿Eres de esta vida, o  de la otra vida?! ¡Responde!
—Compadre, soy Timoteo. Vengo a despedirme y darle un encargo para Teodora y mis hijos —la claridad de la luna, redonda y brillante, le daba de pleno en la cara.
«No hay ninguna duda. Es mi compadre», pensó Marcial.
—¿Por qué no te despides de ellos tú mismo?
—Su comadre está enfadada conmigo, porque me he portado como un miserable. He sido un mal esposo y un mal padre. El dinero de la cosecha y de la venta de mis animales, lo he gastado en diversiones. Pero he guardado una parte, cerca del pozo, debajo de una piedra. Dígale que es para ella y para mis hijos, y que me perdonen.
—Compadre ¿a dónde te vas? —le preguntó.
—A un viaje muy largo, compadre. Adiós —y desapareció.
Esta vez, el caballo cruzó el río con tranquilidad.
En la puerta de la casa de Timoteo, había mucha gente. Se apeó del caballo y preguntó por sus compadres.
 Teodora al verlo, soltó un llanto incontenible y le contó que su esposo había muerto a las 8 de la noche, en un accidente.
 —Timoteo se ha despedido de mí —le dijo y le dio el encargo.
Fueron al pozo. Marcial quitó la piedra y encontraron el dinero envuelto en un periódico.
—Comadre —afirmó Marcial—, te ha dejado dinero para ti, para sus hijos y su entierro. Tienes que rezar para que su alma no siga vagando por los caminos solitarios.

PERFUME DE MUJER:


“Mujeres apasionadas”

Carmen Ollé



Si la segunda mujer ha sentido atracción por la primera, la misma que sintió por todos sus ex amantes, si para ella el placer es sinónimo del amor y éste mueve el mundo (…) entonces la segunda mujer está sola y se prepara para seguir estándolo por el resto de sus días.
Cuando la primera mujer haya olvidado a la segunda, ésta repasará el modo en que se le entregó la primera, sus gemidos, sus ojos en blanco. El sello de su más íntimo placer: el color de su trusa y el encaje en el preciso lugar donde se ha de romper.

BREVIARIO:


WhyNot magazine nº 13

Solo 4



La propuesta de “WhyNot” es única en Junín, ya que ha logrado congregar a escritores, periodistas y articulistas de la mejor data, incluso internacionales, entre sus páginas, además de ser una publicación muy visual y estética, de diagramación impecable e impresa en la mejor calidad, para no envidiar a otras de todo el país.
Este magazine cultural de bolsillo, vendido al menor precio (S/. 1) trata temas diversos de manera breve, pero con artículos de muy buena calidad que gustan, entretienen y se leen ágilmente. Búsquenlo en las librerías Íbero y La Familia, y en los quioscos de periódicos del centro de nuestra ciudad.

Zaha Hadid, reflexiones acerca de la arquitectura


Máximo Orellana Tapia

Centro Acuático de los Juegos Olímpicos Londres 2012, obra de Zaha Hadid
Zaha Hadid es una arquitecta iraquí, la primera mujer que ha obtenido el máximo galardón de la arquitectura o Premio Pritzker en el año 2004. Recientemente, fue nominada como la mujer del año 2012 por la revista británica “Glamour”.
Las reflexiones desde su oficio parten de que actualmente la arquitectura, en líneas generales, se halla escindida en dos vertientes o tendencias: la que está arraigada en la modernidad, y la que tiende a la sensibilidad poética. En esa perspectiva, manifiesta pertenecer a una tradición distinta, más emocional e intuitiva, aclarando que lo intuitivo no significa instintivo, por el contrario, la intuición es la suma de racionalismo y experiencia por lo que debiéramos ser capaces de operar con la lógica e intuición juntas.
La conexión de una obra con el entorno no es ajena a su preocupación, ella afirma que todo debiera encajar perfectamente, porque no tiene sentido que un edificio resulte adecuado en su propuesta formal, y no así en la estructura urbana del lugar, y que la nueva modernidad no debería hacer lo que el movimiento moderno, que “acabó con todo para empezar de nuevo”.
En cuanto al papel de la representación gráfica en el proyecto arquitectónico, explica que es “una forma de investigación” y a veces el resultado, pero que no debe llegar al extremo de “tomar el control del proyecto”, sino aportar información sobre el mismo para que, a través de los dibujos, podamos “recorrer” el proyecto al punto de entender la propuesta. Es así que las perspectivas, por ejemplo, nos pueden dar una idea no sólo del espacio sino de la calidad de la luz y su impacto.
Resalta la importancia de la planta de distribución, no sólo como “extrusión del volumen” sino más que eso, una “caligrafía” dentro de la que los espacios tienen que discurrir como una “línea”, como una “frase”. Refiere en su trabajo que nunca piensa en la planta sin la inmediata y respectiva sección, que para ella es decisiva y que tiene que desarrollarse al mismo tiempo, al igual que los elementos estructurales como el soporte o el espacio que también deben ser contemplados desde el principio.
Respecto a la utilidad y el uso de las computadoras en la gestación de sus proyectos, concluye que nunca las ha utilizado como herramientas de diseño, y es enfática al decir que las manos son mucho más ágiles; incide en que la enseñanza de la arquitectura en los últimos años está muy dominada por la tecnología, a tal punto que se pueden estar perdiendo muchas habilidades, quedando sólo la del manejo de los ordenadores, lo cual, como es de prever, resultaría negativo.
En su despacho se realizan y emplean con preponderancia maquetas físicas como “herramienta de elucubración espacial”, más allá de ser sólo el resultado final tridimensional de los dibujos.
En lo que concierne al “Concepto” en la arquitectura, menciona que es una dimensión interesante e ineludible que forma parte de su trabajo en los proyectos que aborda. Precisa que esta labor debe, al final, arribar a una forma de pensar, no sobre el objeto en sí sino sobre la arquitectura. A menudo olvidamos que ésta debe proporcionar placer, aquel que uno puede sentir al encontrarse en un lugar espléndido, en una habitación muy agradable y que por ello siempre tendría que existir el compromiso de crear espacialidad como objetivo esencial dentro de la composición.
Estos meditados consejos, síntesis de una entrevista “in extenso” publicada en 62 páginas aproximadamente de la revista española “Croquis”, me parecen interesantes y se suman al homenaje a su inigualable trayectoria —más aun cuando en el año 2010 tuve la posibilidad de visitar una de sus obras en el Reino Unido: el Centro Acuático de los Juegos Olímpicos Londres 2012—, y constituyen un aporte importante para quienes formamos profesionales en las diferentes escuelas de Arquitectura, así como en la constante búsqueda y preocupación por una mejor calidad en nuestros entornos construidos, donde el ejercicio arquitectónico juega un papel preponderante.

martes, 4 de diciembre de 2012

Solo 4, “446”, del 01 de DICIEMBRE de 2012, año IX

LA CITA:

«Como no llevaba un céntimo encima, el camarero le prestó dinero para pagar, y, tras dejar una generosa propina, el Mayor sin darse cuenta se embolsó lo que sobraba... »

Boris Vian, Las murallas del sur

LO ÚLTIMO: El padrino, 40 años de su estreno



Era 1972, Francis Ford Coppola junto a su productor Albert S. Ruddy estrenan la que es considerada mejor película de la historia: “El padrino”.
Con un reparto de lujo: Marlon Brando, Al Pacino, Robert Duvall, Diane Keaton, James Caan y más, este filme cautivó a la crítica y a los espectadores del mundo entero, y recaudó más de 245 millones de dólares en la taquilla.
Después de 40 años, vuelve a las salas como un homenaje a su vigencia, y con sustanciales mejoras digitales a su ya incontrastable calidad.
Lo que nos resulta increíble es que la única cadena de cines con presencia en la región central del Perú, no haya traído “El padrino”, cuando una película interminablemente inferior, sobre lobos amanerados y modelos chupasangre, tiene hasta ocho horarios en sus mejores salas, además de que sí la estrenaron en otras provincias como Arequipa, Trujillo y Chiclayo, o en todo Lima.
Soportamos el hecho de que paulatinamente suban los precios, o que irregularmente traigan filmes de autor, los pongan en las peores salas y los quiten de cartelera a la semana, pero también queremos saber ¡¿hasta cuándo van a continuar con esta infausta marginación?!

Los Sinlogismos de Sofocleto


Jhony Carhuallanqui



El silogismo es una forma de expresión lógica que parte de premisas para obtener una conclusión. Es decir, es una proposición cuya lógica que se articula entre el humor y el sarcasmo, que nos divierte, sorprende o mortifica, pero que siempre nos invita a la reflexión.
El creador de esta forma particular de plasmar ideas fue Luis Felipe Angell o simplemente “Sofocleto”, quién siempre afirmaba  que la ignorancia consiste en saberlo todo, pero de otra manera.
Sofocleto cuestionaba por qué «el capitalista vive explotando, y sale ileso», además aseveraba rotundamente: «Cuando un vicio social es inextirpable, se llama tradición», y «Arpía es una suegra que toca el arpa». Sus Sinlogismos han dado paso a otra forma de interpretar (o reinterpretar) las cosas, y que al leerlas terminamos con un asentimiento cómplice. Por ejemplo:
«El hombre regresa cuando ya no es el mismo que se fue». «Sí, ya lo sé. Todos los demás maridos son perfectos». «El monólogo consiste en tratar de explicarle algo a una mujer», o «Meditar es pensar qué medias ponerse».
Este osado personaje señalaba con esmero que «Lo malo de la inteligencia es que no se contagia a nadie», y que «El peligro de los analfabetos está en que comiencen a escribir».
Luchó contra el autoritarismo desde muy joven: a los 12 años publicó en su colegio religioso el manuscrito “abajo los curas”, lo que le valió su expulsión. Digamos, fue un promiscuo mártir por la tolerancia. También fue encarcelado y expatriado en el gobierno militar de Velasco Alvarado, experiencia que en lugar de amilanarlo, lo estimuló para escribir su célebre “Manual del perfecto deportado”, escrito en el que apunta: «Yo no necesito la libertad de expresión porque en mi país cada quién sabe lo que pienso de él». 
Sus “Peditoriales” en “Don Sofo” —en el que era redactor, corrector, digitador, diagramador y demás— fueron del gusto popular, y los apodos allí vertidos, patrimonio de la época: Luis Bedoya era “El tucán”; Fernando Belaúnde, “El architecto”; y el impávido Víctor Raúl Haya de la Torre, “Papaya”.
Diplomático distinguido y humorista consagrado, dejó el pasatiempo para volverlo pasión. Su ingeniosa  pluma se expuso desde los mayores diarios de Lima hasta “Selecciones” del “Reader´s Digest”. Era políglota por su labor diplomática pero para “romper el hielo” nada mejor que su “Diccionario loco”, que era mejor que la valeriana para los nervios:
Adefesio: Idea brillante que tuvo otro antes que nosotros.
Alameda: Grosera interjección china usada para mandar a la gente a un lugar sucio e innombrable.
Antílope: Enemigo de Lope de Vega.
Barbarie: Época en la que los hombres se mataban de uno en uno.
Budín: Hijo menor de buda.
Camarón: Aparato enorme que saca fotos.
Capuchino: Aplicase al chino que ha sufrido castración.
Lengua: Instrumento cortante que usan las mujeres para convertir en tajadas al prójimo.
Mosquetón: Mosco afeminado.
Santurrón: Patrono de los pasteleros.
Solterona: Mercadería que no se entregó a tiempo.
Su libro “Los Cojudos” terminó siendo una catarsis social donde pormenoriza la escala de “vivansky” y “lobinsky” para medir los grados de “acojudamiento”, y hace una rigurosa clasificación de los “cojudos” para terminar con la “cojudez como institución”. Toda una teoría.
“Clavó el pico” —cómo él diría— en 2004. Además, sobre esto afirmaba: «Lo bueno de la muerte es que jamás se repite». Seguramente él hubiera escrito en su epitafio su ya célebre Sinlogismo: «Dios hizo a los cojudos para que los demás peruanos no se murieran de hambre».

DESLECTURAS (PERUANAS): Tradiciones en salsa verde / Ricardo Palma


Un picante y licencioso giro de las Tradiciones Peruanas

Juan Carlos Suárez Revollar



Ricardo Palma dedicó más de medio siglo a la escritura de la tradición, un género eminentemente americano al que dio forma y llevó a su máximo esplendor. A su humor e ironía se unen el uso de la oralidad y un lenguaje pulcro aunque satírico, lleno de sesgos idiomáticos locales y neologismos (pues Palma fue uno de los lingüistas más destacados en lengua castellana de la época).
Surgida antes de la consolidación del cuento-ficción (que la reemplazó completamente desde el segundo tercio del siglo XX), la tradición es el relato con fondo histórico creado a partir de un hecho real —por banal que fuera— y contado como una anécdota a la que se han añadido detalles ficticios para llenar los vacíos que la fuente documental u oral no registra. Palma la definió como «una de las formas que puede revestir la Historia, pero sin los escollos de esta».
A las más de cuatrocientas tradiciones publicadas entre 1860 y 1918, se suma un pequeño grupo titulado «Tradiciones en salsa verde». Manteniendo el mismo aliento que las otras, relatan hechos pícaros, casi impúdicos, de humor voluptuoso y escarnecedor. La edición príncipe y sus derivadas provienen de una copia mecanografiada que Palma obsequió en 1904 a su amigo Carlos Basadre, con la indicación de «no consentir que sean leídas por gente mojigata, que se escandaliza no con las acciones malas sino con las palabras crudas». No vieron la luz de manera oficial hasta 1973, pues Palma tenía la seguridad de que no estaban «destinadas para la publicidad», y por esa razón no aparecen entre las «Tradiciones Peruanas Completas» que hicieran su hija Angélica en 1924, ni en la de su nieta Edith, en 1953.
Se trata de 16 tradiciones brevísimas y dos composiciones satíricas en verso, precedidas por una dedicatoria, en cuyos títulos se puede encontrar palabras y palabrotas como «La pinga del Libertador», «La cosa de la mujer» o «El carajo de Sucre»: he ahí la razón de la aprensión de Palma por la reprobación que habría significado su difusión. En opinión de Alberto Rodríguez Carucci, el título sugiere que «nos encontramos ante unos textos condimentados con un aderezo picante, y con unos tonos subidos de color, maliciosos y chispeantes, quizás crudos, escabrosos y hasta obscenos».
Antes que un giro de tuerca o conclusión del relato —a la manera del cuento—, finalizan en su mayoría con un efecto cómico, similar al chiste o la chanza, que se asienta en el uso rimbombante de una palabrota o en anécdotas mínimas, habitualmente licenciosas.
Bajo la candente salsa verde de estas tradiciones, no solo reímos de respetados personajes históricos —entre ellos Bolívar, Sucre o Castilla—, sino también de religiosos y nobles. «Fatuidad humana», por ejemplo, relata «los polvos» del rey don Juan de Portugal, y hasta lo califica de «braguetero». Entre las digresiones que Palma solía utilizar para deslizar sus propias opiniones, tuvo la libertad de escribir: «sospecho que Patrocinio era tan puta como cualquier chuchumeca de Atenas», al referirse a la linda y ardiente mulata que llenaba de cuernos la cabeza de este desafortunado rey.
Destaca, además, un ánimo venenoso y burlón sobre el clero y el gobierno, tal cual ocurre con las asustadizas monjitas de «El lechero del convento», obligadas a escuchar de jodiendas y cascadas masturbatorias; o del Mariscal Ramón Castilla, quien destierra al amante de su hembra pretextando que su «gobierno no quiere aguantar cuernos».
Las dos composiciones poéticas —que aparecen bajo título individual— están conectadas al conjunto del libro porque su autoría se atribuye a Monseñor Cuero y Fray Francisco del Castillo, personajes de las tradiciones «El carajo de Sucre» y «Un Calembourg», respectivamente. En esta última aquel díscolo fraile se mete en problemas por comparar los cojones del padre provincial con los del chivato de Cimbal.
En el plano lingüístico, Palma se adelantó a los autores modernos que hurgaron en la jerga y el argot para retratar el lenguaje coloquial popular. Así, acopió para la literatura expresiones como «los riñones de la concha», o los americanismos «culear», «chucha», «cojudo» o «pájaro».
Cerca a los 40 años de publicadas, las «Tradiciones en salsa verde» siguen haciéndonos reír, ya sin rubor, de los chismes y rumores que circulaban siglos atrás en esta tierra criolla, de cuya historia Ricardo Palma se sirvió para inventar el género literario que le dio inmortalidad.

IMPRESCINDIBLES: GEORGE HARRISON


Selección y textos: Roberto Loayza

All Things Must Pass (1970)

Sin duda alguna, el debut del Beatle silencioso es su obra maestra, haciendo palidecer, incluso, a los primeros trabajos solistas del resto del grupo. Una perfecta mixtura de su enorme espiritualismo con su conocido sonido tan rico en texturas, que Harrison fue puliendo en los últimos trabajos de la banda. Phil Spector hace una estupenda labor con un pródigo trabajo orquestal en un disco triple tremendamente ambicioso y apasionante, que cuenta con el invalorable apoyo de su gran amigo Eric Clapton.



Concert For Bangladesh (1971)

Este concierto elevó a Harrison a un status de súper estrella comprometida con causas justas, el mismo que dejó un legado invaluable para siguientes eventos de similar carácter. A instancias de su amigo y maestro, el músico indio Ravi Shankar, el 1 de agosto de 1971, el Madison Square Garden de Nueva York fue testigo de un concierto legendario con la participación de luminarias como Ringo Starr, Clapton, Badfinger, Leon Russell, Billy Preston y la participación estelar de Bob Dylan, todos guiados por la mano maestra de George. Eran tiempos en que las estrellas del rock pensaban que podían salvar el mundo.



Brainwashed (2002)

15 años después del estupendo y exitoso “Cloud Nine” sale a la luz este extraordinario disco. Por desgracia Harrison no pudo verlo terminado, puesto que el 29 de noviembre del 2001, falleció en su casa de Los Ángeles. Una gema humilde, de perfil bajo, como le gustaba al buen George, finamente producida por el gran Jeff Lynne, cerebro de la Electric Light Orchestra y gran amigo. Introspectivo, profundo y sazonado con un delicioso buen humor. Se puede percibir que la injusta batalla contra el cáncer la libraba con ironía y desbordante talento. Una dulce despedida.


TODAVÍA NO PINTO CANAS / CUARTA ENTREGA


El príncipe pintor que llegó del frío

Josué Sánchez

James Chaytor, Diana Casas, y Josué Sánchez sujetando a su hijo Álvaro.

Llegó con la melena rubia y el bléiser azul que pronto nos acostumbraríamos a ver. Vino por una semana y se quedó más de tres años. El día que conocimos a James despedíamos a Sigi, un amigo alemán que regresaba a su país con su familia después de ocho años. Casualmente nos visitaba también una francesa. Seguramente con tanto europeo en casa se sintió cómodo, y fue por eso que regresó otro día, y luego otro. Más tarde nos preguntó si podíamos alquilarle una habitación. Así, se fue quedando.
Primero fue sólo cosa de pintar, pero meses después, Ilse y Bernard, un matrimonio de voluntarios amigos nuestros —austríaca ella, suizo él— fueron a visitarnos para anunciarnos que pronto regresarían a Europa, y entonces surgió la idea de escribir un libro antes de que partieran.
Una noche, Bernard llamó para decir que el siguiente sábado se iría a Suiza por una semana. Era miércoles, pero sin pensarlo dos veces, decidimos que llevaría el proyecto. El lunes siguiente, el proyecto estaba aprobado.
Así empezamos a estudiar las plantas. Pronto nos dimos cuenta de lo difícil que sería. Sólo Ilse y Bernard eran agrónomos. El campo de Diana es el comercio exterior; el mío, la cultura andina; James no sólo había estudiado arte, sino además filosofía y medicina alternativa. Pero no había un solo biólogo o botánico entre nosotros. Tuvimos que aprender aceleradamente. Hicimos investigación de campo, leímos mucho. Trabajamos día y noche.
Fue entonces cuando surgieron las discrepancias. Europa y Perú se confrontaron. Tuvimos discusiones memorables. Fue un representante de la financiera quien nos enrumbó. A mediados del 2000, el libro estaba terminado. El día de la presentación nos sentimos liberados. 
"Plantas en la cultura andina" tuvo gran aceptación en los medios especializados. Tal vez fue que las distintas visiones norte-sur y las diferencias de orientación profesional lo enriquecieron. Pero su mayor mérito fue forjar una amistad sólida entre nosotros, aún en la distancia.
James se quedó dos años más, pintando. Al principio sus colores eran de tonalidades frías; un día, cruzó con un violento amarillo una pintura, así pudimos ver cuánto estaba sintiendo el color y el calor del sur.
Fue realmente un tiempo abrigado, algunas noches encendíamos el fuego en una cabaña que tenemos al costado de la casa, tocábamos guitarra y cantábamos.
Aludiendo a su talla, 2,05 metros, Ilse solía decir que debía ser un noble. Él contestaba que lo decía por ella misma. Un día, mientras censuraba a Diana por su acento al hablar inglés, ella molesta le contestó refiriéndose al célebre colegio inglés: «Bueno, yo no he estudiado en Eton».
Fue una sorpresa para todos cuando él increíblemente contestó alarmado: «¿Cómo lo has averiguado?»
Así, poco a poco, fuimos enterándonos que teníamos un principito inglés en casa. Cuando luego de uno de sus viajes regresó con un libro acerca de su familia y su histórico pueblo, supimos que lo era. Después de ver sus dos escudos de armas, los restos del castillo familiar y su enorme casa en el norte de Inglaterra, nos preguntamos: ¿qué hacía con nosotros?
Tal vez simplemente soñar y jugar un poco. Como en esa ocasión de fines del 2000 cuando nos tomamos esa "antigua" foto, para perennizar la época cuando el príncipe pintor llegó del frío. (Del blog “Todavía no pinto canas” en BBCMundo.com)

PERFUME DE MUJER:


“Fatuidad Humana”

Ricardo Palma



Dicen las crónicas que Patrocinio, tal se llamaba la bagaza, era caliente y alborotada de rabadilla, lo que la producía gran titilación y reconcomio en el clítoris.
Con ella, los cortesanos no tenían más que invitarla a beber una copa de onfacomelí (licor africano), y… a cabalgar se ha dicho…
Sospecho que Patrocinio era tan puta como cualquier chuchumeca de Atenas; cuando a un hombre le venía en gana echar un polvo con una de esas pécoras, no tenía para qué gastar palabras; bastábale con cerrar el puño, levantando el dedo índice.

MICROCUENTO:


Rubén

Manuel Araníbar Luna



Los diarios inventaron todo. Y la culpa es mía por creer en este mamarracho. Eso sí, siempre tuve el presentimiento de que estabas vivo. Me alegra saber que te has rehabilitado, pero en tus ojos veo aún el resentimiento.
Prometo cambiar esa historia si me dejas vivir. Hoy sí creo en tus palabras, pero créeme también que tengo aún miedo en aceptar tu ofrecimiento de cortarme el cabello, amigo Pedro Navaja.

Los mataperros de ayer y de hoy


Ernesto Chagua Blanco

“Los mataperros”, de Héctor Meza Parra, recrea sus travesuras de niñez y de dos de sus primos. Se trata de una de las novelas juveniles más divertidas de toda la literatura de la región centro. En la siguiente crónica, Ernesto Chagua Blanco, un amigo cercano del autor, nos cuenta su encuentro con los tres protagonistas del libro.

“Los mataperros”, 40 años después



Cuando leí las aventuras de los mataperros Elver, Angel y Luis —convertidas en una novela por Héctor Meza Parra bajo el título de “Los mataperros”—, quedé extasiado con las travesuras de estos tres mosqueteros infantiles, que consumaron sus diferentes jugarretas en un mundo llamado Tarma.
Pienso que todos, sin excepción, tuvimos nuestras diabluras cuando niños, y de escribirlas enriqueceríamos la literatura de las “mataperradas”. Pero Dios solo dio a unos pocos el don de escribir y saber contar tan bien como nuestro amigo Héctor Meza Parra.
Quizá esta obra sea el punto de partida para que otros escritores prosigan enriqueciendo la literatura de las “mataperradas”, con travesuras sanas, inocentes y nada maliciosas.
Pero el motivo principal de este comentario es que hace unos días conocí a los tres personajes de la obra: Elver, Ángel y Luis. En verdad, casi no han cambiado. Sigue su humor redondo de la niñez. Ninguno es más que otro ni este menos que aquel. Con sus bromas y chistes —como en el libro—, en tanto increpaban diversas cosas al autor, me carcajeaba a mandíbula batiente, como cuando bosteza un hipopótamo.
Ese día estuvimos cruzando bromas en la esquina de los jirones Jauja y Leoncio Prado, en la tienda de don “Cushti”, en Tarma, mientras saboreábamos una Coca-Cola.
Fue una experiencia fuera de serie, porque entrevistarse con estos personajes de novela, pero en su versión de carne y hueso, sería la envidia de cualquiera. Para perennizar este encuentro les tomé una fotografía. Se situaron en el mismo orden en que aparecen en otra foto, de su primera comunión, a la edad en que cometían sus “mataperradas”.
Y no está descartado que podría salir a la luz otro libro con las nuevas aventuras de los mataperros, esta vez ambientada en su juventud.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Solo 4, “445”, del 24 de NOVIEMBRE de 2012, año IX


LA CITA:

«Si la memoria existiera fuera de la carne, no sería memoria, porque no sabría de qué se acuerda, y así cuando ella dejó de ser, la mitad de la memoria dejó de ser, y si yo dejara de ser, todo el recuerdo dejaría de ser.»

William Faulkner

LO ÚLTIMO: Desde Bach a The Beatles en Huancayo


Musnat, Escuela de Música Natural, en un extraordinario esfuerzo por llenar de melodías nuestra ciudad, presenta hoy y mañana (24 y 25 de noviembre) el concierto “Desde J.S. Bach a Beatles”, en el cual podremos disfrutar de música clásica y contemporánea, desde las 7:00 pm (6:30 pm mañana), en el Auditorio de la Municipalidad de Huancayo.
Axel Arteaga, concertista de piano del Conservatorio Nacional de Música, interpretará piezas de Chopin, Mendelssohn, Rachmaninoff y Bach. Y el director musical, Paul Arteaga, encandilará a la audiencia con temas de Elvis Presley, y por supuesto, The Beatles. No deje de asistir a este concierto de lujo.

El placer de dormir

Eduardo Gonzalez Viaña



Recuerdo haber leído alguna vez un artículo científico en el que se afirmaba que los chinos no son chinos; lo que pasa es que se levantan tarde. Lo traigo a colación para explicar los ojos que pongo en una foto reciente en la cual estoy escuchando a un distinguido conferencista.
Debo añadir que caer dormido en medio de una sesuda charla, no significa que aquella no me pareciera interesante. Eso quiere decir, únicamente, que ya había agotado todos los procedimientos que uso para evitar la modorra.
Estaba fingiendo tomar notas hasta que el lapicero se me cayó de la mano. Me había pellizcado ambos brazos hasta que el sopor actuó como anestesia. Por último, durante minutos que fueron horas larguísimas, traté de hacer movimientos con la cabeza, como los de alguien que aprueba lo que dice el conferencista, cuando la verdad era que agitaba la cabeza para que se me fuera el sueño, hasta que mi barbilla toco el tórax y ya no pude levantarla.
Lo malo del asunto es que yo no era un espectador invisible, sino que acompañaba en la mesa de honor al interminable charlista, e incluso, minutos antes, se me había ocurrido presentarlo ante el público como ameno y entretenido. Además, la televisión me enfocaba cada vez que me posaba sobre el hombro derecho del grave hombre de letras.
Entonces, comencé a hacer fuerza mental para que el camarógrafo no me enfocara, pero el lente no cambiaba de posición, lo que me trajo el malvado pensamiento de que también ese hombre se había quedado dormido.
Ya los párpados no me permitían observar la cámara ni fingir un gesto adusto. Entonces, tuve que resignarme a la conjetura piadosa de que, tal vez, los televidentes lanzaban también breves ronquidos frente a sus receptores.
Los intelectuales “serios” confiesan, por lo general, que son malos oradores, y leen sentados sus sesudos textos. Éste, el que hablaba, era realmente serio y había cumplido al pie de la letra ese ritual. Incluso, me había lanzado una disimulada reprobación por el hecho de que yo hablara de pie, sin papel y dando vueltas por el auditorio, cuando me tocó hacer la introducción.
Ahora, sentado junto a él, apenas tuve fuerza para levantar los ojos por encima de su texto y comprobar con terror que había llegado a la página 20, y todavía le faltaban 37 cuartillas.
En honor a la verdad, y para dar satisfacciones a mi postmoderno amigo, debo confesar que este problema me ha ocurrido muchísimas veces, y que casi nunca ha tenido relación con la amenidad del espectáculo. El sueño ha venido a buscarme no solo en charlas eruditas, sino inclusive en funciones cinematográficas como “Psicosis” de Alfred Hitchcock, que vi varias veces y nunca llegué al momento en que se descubre que Anthony Perkins es el asesino.
Algo más triste me ha ocurrido en “Salomé”: siempre me he quedado dormido antes de que la bailarina llegara a quitarse el séptimo velo.
En el Senado de la universidad donde trabajo, he tenido que ir numerosas veces al baño para lavarme la cara, pero ni así siquiera he podido evitar la lenta caída de los párpados, el desplome de la nuca y el inicio de un bostezo delator cuando la primera autoridad lee las estadísticas raciales del claustro. Por fin, en un concierto de rock al que acudí en Berkeley, uno de mis ronquidos compitió en intensidad con los alaridos de un cantante desaforado.
Me acompañan en este mal, ilustres personajes. Hace algunos años, Manuel Alvar, por entonces presidente de la Real Academia Española, dio un ronquido aterrador —por sus consecuencias— durante una charla de Ernesto Sábato. He sido testigo personal, además, de cómo la esposa de Julián Marías roncaba abiertamente durante una clase del notable filósofo, quien fuera mi maestro en Madrid.
Hace pocos años, los diarios mostraron la foto de Felipe de Edimburgo con la cabeza caída sobre el plato, mientras su cónyuge, la reina Isabel de Inglaterra, leía su discurso en una cena a la que habían sido invitados por el presidente de Corea del Sur.
Más todavía, Clodomiro Almeyda, Canciller de Chile durante la época del presidente Allende, visitó al rey belga, y ambos se encerraron en uno de los regios salones durante varias horas. Sus respectivos sequitos estaban asombrados de la duración de lo que ellos habían supuesto que iba a ser una simple visita de cortesía.
Lo que ocurría es que los dos personajes pertenecían al mismo club de dormilones, y no bien se encontraron solos, cuando los ojos del monarca comenzaron a mostrar cierto sopor, el chileno le guiño el ojo y le planteó: «¿Qué le parece si echamos una pichanguita?».
Confieso que no soy tan valiente ni tan desinhibido y que, en el caso que estoy relatando, luego de haber intentado en vano que mis ojos simularan una mirada filosófica, debo haber caído en sueño devorador y delicioso. Sólo me despertó uno de mis propios ronquidos, y luego el aplauso del público que agradecía al orador por el hecho de haber terminado su discurso. Pero, ahora, que finalizo este artículo se me ocurre una idea, como dijo el canciller chileno: «¿Qué les parece si nos echamos una pichanguita, po?».

PLAN LECTOR: TRADICIONES ORALES ANDINAS N° 2


El pacto con el diablo

Isabel Córdova rosas

En las alturas de nuestro valle, había un pueblo muy pobre. Y para colmo, ese año, las heladas y la falta de lluvia habían terminado con la siembra. El jefe de la comunidad estaba muy preocupado.
—Los jóvenes y los adultos se irán a la ciudad a trabajar. Los que no podrán resistir el hambre serán los niños —le comentó a su esposa.
—Hasta el cielo nos ha quitado la lluvia —le contestó Josefa, con mucha tristeza.
—Soy capaz de hacer un pacto con el mismo diablo para salvar a nuestro pueblo. Uno de los comuneros me ha contado, que en la falda del gran cerro,  un hombre muy elegante le ha ofrecido mucho dinero. Pero él no le ha aceptado, porque a cambio, le pedía su alma.
—Es el diablo. Ten cuidado —le dijo su esposa, con miedo.
—Ya lo sé. Veré que trato hago con él.
—Domingo, tengo miedo por ti —le dijo llorando la mujer.
—No te preocupes. El diablo se queda chiquito frente a los políticos que nos prometen de todo. Nos dan dinero y nos regalan camisetas con sus nombres y después, se olvidan que existimos. Pero nosotros no somos tontos, nunca les hemos votado, porque preferimos a gente que nos apoye —le respondió.
Domingo salió muy entrada la noche. Tenía que estar en ese lugar a la una de la mañana, como le había dicho el comunero.
La luna llena y los millones de estrellas, le favorecieron en su escarpado camino hacia el cerro.
Domingo llegó puntual y en ese momento apareció un hombre delgado, vestido de negro y ojos rojizos y brillantes.
—Buenas noches señor diablo —le saludó.
—Nada de señor. Don diablo, a secas —le contestó con voz cavernosa, como salida de ultratumba, y fue directo al grano—. Estás aquí  porque quieres ser el hombre más rico de tu pueblo, ¿no es así?
—Sí, don diablo.
—¿Lo quieres sólo para ti?
—Sí, quiero todo el dinero, sólo para mí.
—Así me gusta. ¿Sabes que tienes que firmar un contrato?
—Sí, don diablo —respondió Domingo.
—Te convertirás en un hombre poderoso. Te doy diez años de riquezas. Cumplido el plazo, vendrás a esta misma hora a entregarme tu alma. Serás bien recibido en mi candente palacio —y desapareció.
Cuando llegó a su casa, encontró dos baúles grandes, repletos de billetes y  monedas de oro.
Al día siguiente, convocó a su comunidad y les contó lo ocurrido. Los comuneros sintieron pena y agradecimiento por el sacrificio que había hecho su jefe. Todos prometieron guardar el secreto.
Domingo y los comuneros fueron a la ciudad. Compraron semillas, abono, instrumentos de labranza, víveres, ropa y medicinas para todo el pueblo. Entre todos construyeron la escuela, la posta médica y arreglaron sus casas. Los niños ya no pasarían hambre.
Pasaron los diez años y llegó la fecha indicada. Domingo se fue con la misma ropa de siempre. Cargó en su burro los dos baúles. Sólo había gastado la mitad del dinero de uno de ellos. Su esposa, sus hijos y los comuneros, se despidieron llorando.
—No se preocupen —les dijo—, volveré para el desayuno.
El diablo le esperaba frotándose las manos.
—Llegas a tiempo. Nos vamos, le dijo el diablo.
—Usted se va solo, don diablo. El trato era que si yo me hacía rico, le entregaba mi alma.
Entonces, le dio la relación de los gastos que había hecho, explicándole que para él no había usado ni un sol.
El diablo, de pura rabia, explosionó junto con los dos baúles de dinero, dejando un fuerte olor a azufre. Domingo llegó a su pueblo para tomar el desayuno.

BREVIARIO: «La producción escolar es el primer paso para una vida plena»

Alumnos “San Pio X” en sus labores.

En el plan curricular del 2012, el colegio “San Pio X”, propuso que sus alumnos lograran producir distintas formas narrativas en el año escolar. Así lo hicieron. Durante esta semana, Vilma Rojas Orihuela, Directora Académica del colegio, y el Padre Claudio Chouinard, Director General, nos presentaron estás fabulosas obras, que abordan con sutileza y familiaridad los distintos aspectos de la vida del hombre y su entorno, calcados con fluidez en cuentos, crónicas, y anécdotas.
La directora afirmó: «La producción escolar es el primer paso para una vida plena, en los ámbitos personales y profesionales. Si nuestros niños y jóvenes entienden, con la experiencia, que pueden producir algo bueno, lo seguirán haciendo a lo largo de sus vidas, y terminaran cobrando los frutos de su esfuerzo con creces».
Los responsables de este logro son profesores del propio colegio, quienes motivaron a los estudiantes a plasmar su imaginación sobre el papel, algo digno de rescatar, y que muy pocos centros educativos en nuestro país estimulan con tanta responsabilidad y constancia, al grado de publicarlas institucionalmente, reconociendo dándoles a sus nóveles autores más impulso para seguir en la creación literaria. Nuestras felicitaciones a este gran esfuerzo, y a todos los maestros que desempeñan esta misma labor en todos los planteles de nuestras regiones.

POESÍA: Té para tres


En nuestra mesa de hogar
donde unimos fervores,
lenitivos y asombros;
seis manos de nieve
escriben un concierto
inesperado.

“Té para tres”,
dice la ternura.

Gerardo Garcíarosales

Huancayo Incontrastable, noviembre 14, 2012.

COLUMNA: UN MUNDO PERFECTO


Operación Skyfall: cuando los héroes envejecen

Jorge Jaime Valdez



El agente secreto Bond, James Bond, es un personaje que forma parte de la mitología cinematográfica. Lleva cincuenta años, desde 1962, acumulando espectadores y fanáticos a lo largo del mundo. Fueron seis actores quienes dieron vida al agente inglés, el primero fue Sean Connery y el último es Daniel Craig. Entre ellos también estuvieron George Lazenby, Roger Moore, Timothy Dalton y Pierce Brosnan.
La reciente entrega de esta larga saga es “Operación Skyfall”, y es la tercera participación de Daniel Craig como protagonista. Después de mucho tiempo, volvemos a ver una cinta convincente, que tiene la fuerza y la emoción de las grandes películas.
Después de un inicio convencional, la poderosa voz de Adele abre la historia con una animación magnética. Hacia la mitad del filme, aparece el villano encarnado por, el ganador del Oscar, Javier Bardem, en una actuación exagerada como el antagonista de Bond, pero que sabe darle el color y la ambigüedad necesaria que todo buen villano debe tener. Es amanerado, pero también sádico, rencoroso y pasional, débil mas también inteligente.
Logra que olvidemos por momentos, o al menos, que no lo confundamos con su notable interpretación de otro asesino, más sanguinario e inquietante: Anton Chigurh, que caracterizó en la formidable cinta de los hermanos Coen, “Sin lugar para los débiles” —o “No Country for Old Men” en su título original—, que lo consolidó como un gran actor y le dio su primera estatuilla dorada.
Esta presencia se luce junto a Judi Dench, y ambos logran relegar al agente 007 un poco más atrás. Esto no quiere decir que Craig no esté bien, todo lo contrario, es uno de los mejores Bond de la franquicia, es duro y envejece con dignidad, no tiene el glamour de Connery ni de Moore, pero demuestra más fuerza que ambos. Está envejeciendo, y se nota el paso del tiempo en su rostro maltrecho, descuidado, lleno de magulladuras que su oficio, y el paso del tiempo, le dieron. Para esta era moderna es un veterano y sede, de a poco, a los jóvenes llenos de avances tecnológicos que se burlan de los antiguos artefactos del disminuido detective.
Hay una crítica sutil a la tecnología. Los agentes de la vieja guardia, encarnados por Craig y Dench, sobrevivieron a la caída del Muro de Berlín y a la Guerra Fría, pero parecen retroceder ante los cambios del mundo.
Las mejores secuencias del filme se encuentran hacia el final, cuando Bond vuelve a Escocia a reencontrase con su pasado y a saldar cuentas. Resulta simbólico, por decir lo menos, ver a los “hermanos” —los dos son hechura de la agente M—, y a la “madre” de ambos, arreglando deudas de sangre bajo la cruz de una vieja iglesia. Esta parte es sombría y menos luminosa que en Turquía y China; sin embargo, está mejor.
La fotografía virtuosa de Roger Deakins se luce dándole aires de “Cine Noir” o de Gánsteres, géneros conocidos con creces por su director, e incluso hay referencias sutiles a la tradición del western.
Este final largo y épico, nos recuerda a “Batman, el caballero de la noche” de Cristopher Nolan, y también a cintas anteriores de Sam Mendes, sobre todo, “Camino a la perdición”.
Finalmente, solo queda recomendar con entusiasmo esta película, que no da respiro a pesar de su largo metraje. Bond sigue vigente a pesar del paso inexorable del tiempo, y Mendes, su director, supo ponerle su sello personal a un personaje que parecía haber perdido vigencia.

PERFUME DE MUJER:


Los pasos perdidos

Alejo Carpentier



Ruth me volvía del escenario, ahora, seguida por un rumor de aplausos, zafando presurosamente los broches de su corpiño. Cerró la puerta de un taconazo que, de tanto repetirse, había desgastado la madera, y el miriñaque, arrojado por sobre su cabeza, se abrió en la alfombra de pared a pared. Al salir de aquellos encajes, su cuerpo claro se me hizo novedoso y grato, y ya me acercaba para poner en él alguna caricia, cuando la desnudez se vistió de terciopelo caído de lo alto que olía como los retazos que mi madre guardaba, cuando yo era niño, en lo más escondido de su armario de caoba.

MICROCUENTO:


El lobo albino

Sara Bravo



El señor Fuentes heredó el último cuadro que había pintado su amigo, cuyo cuerpo se había encontrado mutilado y mordido en su casa. Se trataba de un hermoso paisaje frío. En él, las ramas de los árboles eran movidas suavemente por el viento. Había un cielo celeste con rayos brillantes de luz que hacía buena compañía a todo al panorama albino. Las líneas de los bajos montes blancos eran apenas nítidas. Entre ellas, y muy cerca al pino más alto, se encontraban unos ojos de mirada intensa y unas orejas se camuflaban con el color de los gruesos tallos. Un día, sintió que lo estaban observando. Recorrió su casa para cerciorarse si había alguien escondido. Hasta que llegó al cuadro y se detuvo para admirar el paisaje. Unos minutos después, cuando comenzó a caer una intensa nevada, el lobo excavaba para esconder su presa.

Jauja y los mitos coloniales


Armando Bravo Sáenz

Jauja republicana

Es interesante  ver cómo se reproducen y revitalizan, en la sociedad jaujina, los numerosos mitos que vienen desde la colonia.  Activos agentes sociales intervienen para mantenerlos vigentes e, incluso,  inventarlos o reinventarlos. La aparición del  novísimo culto a la “primera mestiza” y la ley de la “Primera Capital”,  revelan no solo la vigencia de prejuicios atávicos,  sino también ignorancia de la Historia.
¿Por qué es importante examinar esta estructura de mitos? Porque han construido, a través de los tiempos, el imaginario social, y éste, como  parte del subconsciente colectivo, puede construir o destruir la historia de un pueblo. Estos mitos han moldeado, laboriosa y pacientemente, los antivalores, las jerarquías, y han establecido los espacios físicos y culturales vigentes hoy.
El imaginario social puede ser motor o pesado lastre, puede impulsarnos al futuro o atarnos al pasado. Es un componente de la identidad de un  pueblo, tal vez su esencia. Por ello, el mestizaje no es un problema racial, sino, fundamentalmente, cultural. Lo prueban el papel determinante que han desempeñado los mitos españolizantes en la construcción de nuestro imaginario.
 Examinemos algunos mitos. «La primera capital»: esta vetusta y gastada etiqueta, ahora convertida en ley, es históricamente falsa y no nos otorga “identidad” como algunos ingenuos pregonan. Los pueblos no adquieren su identidad a través de leyes. Las dos primeras fundaciones de Jauja se hicieron a orillas del río Mantaro, en un lugar apartado de la “llacta” inca de Hatun Xauxa; de aquella no quedan ni vestigios. La Jauja actual fue fundada en octubre de 1565.
«Jauja, ciudad hidalga y valerosa»: la corona española no otorgó ese título a Jauja, son una invención junto a su “escudo”, que es la copia exacta de la heráldica de la ciudad española de Lucena.
«La primera mestiza»: posible siempre y cuando los españoles se hubieran mantenido abstemios desde su llegada a Tumbes en 1532, además ya los incas los habían madrugado —¿éstos no procrearon “mestizos”?—. Esta “primera mestiza” vivió y pensó como española, y se fue a vivir  —y morir— a España.
«Jauja ciudad colonial»: la arquitectura colonial fue notable en los centros donde prosperaron las haciendas y las minas, la arquitectura monumental de Jauja es mayoritariamente republicana.
«País de Jauja»: ocurrencia de cierto alcalde que intentaba revivir la patraña medieval europea, “nueva” inscripción que nos puso en ridículo. En fin, hay pues cierta obsesión por pegar rótulos y etiquetas a Jauja.
 El imaginario social fabricado por estos mitos ha producido, a través de nuestra historia, la ruptura social entre la ciudad (“española”) y los distritos. Reconstruir la unidad social implica la destrucción de esa mitología aberrante y desintegradora. No se puede construir un país, una nación o un pueblo, sobre la base de mitos. Ni puede construir su futuro un pueblo fracturado socialmente.
La identidad colectiva no es estática, la identidad de un pueblo se construye —o reconstruye— integrándola en la ejecución de su  Proyecto Estratégico de Desarrollo Territorial (Provincial), es decir, debemos asumir la Historia como creación.