martes, 16 de abril de 2013

La literatura oral en latinoamérica


Isabel Córdova Rosas


La literatura oral ha servido de base para el nacimiento de las literaturas nacionales en todos los países y continentes. En américa, ha sido la oralidad tradicional el elemento fundador del arte de la palabra. Está tan arraigada que, hasta nuestros días, los más notables escritores, desde México a la Patagonia, continúan haciendo uso de ella como referente, notablemente sincretizada con la mejor tradición del buen uso de la lengua española.
De esta sorprendente amalgama surge la obra literaria de autores que en muchos casos han recibido el Premio Nobel o distinciones como los premios Cervantes o Príncipe de Asturias. Nombres como Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, César Vallejo, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Arturo Uslar Pietri, Augusto Roa Bastos y Octavio Paz. Es decir, las más importantes plumas de latinoamérica tienen en sus obras esa maravillosa mezcla literaria de lo español y americano.
El novelista guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1889-1974), Premio Nobel en 1967, durante su exilio en Londres tradujo al español el “Popol Vuh” que le valió para redescubrir la literatura oral del mundo Maya y lo plasma en su primer libro “Leyendas de Guatemala” (1930). Poco después escribiría “El señor Presidente”, “Hombres de maíz”, etc., con innegable raigambre oral que le permitieron convertirse en el segundo escritor hispanoamericano en conseguir el galardón de la Academia Sueca.
El gran poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973), Premio Nobel 1971, hace algo similar en su obra “Canto general”, voluminoso libro que recrea en verso la historia del continente americano, desde la creación del mundo hasta nuestros días. Las descripciones de la flora y la fauna. Los nacimientos y desarrollos de las culturas. Así como el canto épico más bello que se ha escrito a los restos arqueológicos de Machu Picchu. Neruda volvió a lo largo de su obra poética a sus raíces americanas.
Sin duda, el autor peruano de “España aparta de mí este cáliz”, César Vallejo (1892-1938) es uno de los más grandes poetas de América y otra prueba evidente del gran sincretismo cultural. Su lenguaje coloquial, con esquemas y recursos andinos escritos con una profunda sensibilidad, otorga a su poesía valores universales inextinguibles.
El escritor colombiano Gabriel García Márquez (1928), Premio Nobel 1982, es uno de los novelistas más importantes de Hispanoamérica. Recrea el mundo caribeño a través de una mezcla de oralidad, historia relatada a nivel popular y realismo mágico. La aparente realidad de Macondo y sus generaciones de caudillos y de amores prohibidos albergan imágenes y símbolos, que representan la amalgama del indígena americano, del africano y  los de origen europeo. “Cien años de soledad”, “El amor en los tiempos de cólera” y sus otras novelas son el triunfo de la conciliación entre lo humano, cultural y lingüístico.
Juan Rulfo, escritor mexicano (1918-1985), rescata la esencia de la “mexicanidad” en el lenguaje, a través situaciones y temas. Hay un gran armonización de la religión católica con el ancestral culto a la muerte de los aztecas, del caudillismo occidental y de la rebelión indígena. La magia, la superstición, el sentido hierofánico que Rulfo otorga a sus relatos y en su única novela “Pedro Páramo”, constituyen una muestra brillante de la oralidad.
Mario Vargas Llosa, excelente escritor peruano (1936), Premio Nobel 2010, en “El hablador” consigue poner ante sus lectores el permanente fenómeno de la oralidad y el sincretismo peruano. Recrea literariamente la mitología de los machiguengas, fruto de la gran imaginería popular y sobre todo oral. En “La casa verde”, “Conversación en La Catedral” y en “El sueño del celta”, introduce también elementos orales.

La Capilla del Copón de la Inquisición


Carlos Villanes Cairo


Ahí, al pie de la montaña escarpada en piedra viva, encima de la peana de un cristalino riachuelo, los wankas construyeron un adoratorio a su enseña tutelar: el dios Wallallo, porque en los días de cielo transparente se puede ver el nevado Huaytapallana, donde permanece prisionero el todopoderoso señor de estas tierras, rodeado de cuatro montañas de nieve; son sus hermanos que lo custodian, y cuya genealogía describió el cura Francisco de Ávila.
Debió de ser un santuario parco, pero imponente y bello. Construido con menudos bloques de piedra labrada, con algunas habitaciones para los oficiantes y una pequeña explanada exterior para rendir culto a Wallallo, especialmente en los atardeceres rojizos con filos de nevazón dorada en las montañas.
Un día aparecieron los bárbaros barbudos, al mando de Francisco Pizarro y el padre Valverde, y deslumbrados por el primor del santuario ordenaron: «Arrasadlo todo», dijo el cura. Y el ex porquerizo extremeño: «Oro que encontréis, en propiedad común», quería decir: «la mitad para vosotros, y la otra para mí y un décimo para el rey». Embrujados por el presunto tesoro no dejaron una piedra en pie, tampoco consiguieron mucho oro, pero sí objetos de arcilla, mates de calabaza, mantones de lana bordada y ofrendas para el dios.
El explícito servicio religioso del adoratorio inspiró a Valverde la construcción de una capilla. A 3 km de allí se arrasó un poblado wanka y sobre sus cenizas se fundó la villa de Santiago León de Chongos Bajo, destinando terrenos para una iglesia matriz, la residencia de los nuevos señores y se erigió una pilastra llamada Cani Cruz, “Cruz que muerde” —y a la que algún fanático masón le ha puesto un símbolo de su camada—.
Los chonguinos no aceptaron a los nuevos hombres ni a los nuevos dioses. Se autorizó el funcionamiento de la Inquisición y eligieron como sede la capilla devastada y la llamaron “Capilla del Copón de la Inquisición”, porque tenía un cáliz y una custodia más grandes que las fabricadas con el oro de Cajamarca. Le adosaron pequeñas habitaciones laterales que sirvieron de cárcel—hoy han desaparecido—, aprovecharon una gran piedra cercana para castigar feroz y públicamente a los herejes en la denominada Plaza de la Inquisición.
Instituida el 25 de julio de 1534, día de San Santiago, que de matar moros en África pasó a matar indios en América, la nueva villa de Chongos adquirió el rango de Gobernación y de allí salieron los frailes dominicos que ayudaron a Jerónimo de Silva, en 1571, a fundar Huancayo.
Convertido en Taita Shanti, el 25 de julio, por la mañana se le reza y luego día y noche se baila el Santiago, a los ocho días la octava y a los 16 el octavario. En abril nacen muchos niños gracias a esas fiestas, mientras el Santo, montado en su caballo blanco, cabalga por el cielo disparando rayos en días de lluvia, y cuando aparece un torbellino de viento y granizo, en forma de remolino, trata de fulminarlo a rayo limpio, mientras el tornado, que no es otro que el antiguo Amalu de los wankas, quiere subir y esconderse en una nube.

PERFUME DE MUJER:


El arte de amar

Ovidio Nasón


Créeme, no te afanes en llegar al término de la dicha; demóralo insensiblemente y la alcanzarás completa. La cúspide del placer se goza cuando los dos amantes caen vencidos al mismo tiempo. Esta es la regla que indico, si puedes disponer de espacio y el miedo no te obliga a apresurar tus robos placenteros; mas si en la tardanza se esconde el riesgo, es preciso bogar a todo remo y clavar el acicate en los ijares del corcel.

BREVIARIO: “FELIZH 2013”: próximo cierre de concursos


Falta menos de un mes para que el cierre del V Concurso Nacional de Cuento y el IV Concurso Nacional de Poesía “Premio FELIZH 2013”. Los ganadores del primer puesto en ambos certámenes viajarán a México por cuatro días para asistir a la 27° edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2013.
La fecha de cierre es el viernes 10 de mayo. Los interesados pueden encontrar las bases en la página www.feriadellibro.com.pe y entregar sus trabajos en las oficinas del diario Correo, jirón Cusco N° 337, o en la editorial gráfica Curisinche, jirón Cusco N°416 – Huancayo.
El jurado del concurso de cuento está conformado por el escritor y poeta Abelardo Sánchez León, la escritora y poeta Catalina Bustamante, y el escritor y periodista Fernando Ampuero. Mientras que el jurado del concurso de poesía lo integra el escritor y poeta Mirko Lauer, el poeta Arturo Corcuera y el ensayista Abelardo Oquendo.

La memoria olvidada


Enrique Ortiz Palacios


 He terminado de leer “Memorias de un soldado desconocido” y he podido, por primera vez, saber la versión del otro, del “terruco”, del malo. Digo esto porque leyendo “La cuarta espada” de Roncagliolo, percibo que esos desalmados fanáticos, como Abimael y Elena, no guardan ni un atisbo de arrepentimiento, cosa curiosa, ya que ellos obligaban a los suyos a participar en las sesiones de crítica y autocrítica.
Lurgio Gavilán es de aquellos que ha tenido el “privilegio” de desfilar por las instituciones que se hacen llamar tutelares: el ejército y la iglesia. Además de ello, ha sido un senderista a la edad de doce años. Así que su testimonio es de primerísima mano.
Su historia está contada de manera sencilla, directa, sin ambigüedades. La crudeza de muchos hechos narrados es tan espeluznante que uno no termina por entender qué desencadenó tanta violencia, qué sentimiento tan brutal anidó Abimael. Tal vez, este monstruo se aprovechó de las tremendas desigualdades sociales, de esas diferencias que todavía no han logrado acortarse. Por eso, es necesario no olvidar, recordar esos momentos, de lo contrario, estamos propensos a repetirlo.
Memorias de un soldado desconocido debe ser una lectura obligatoria para nuestros jóvenes y también podría servirle mucho al presidente de esta región que en sus palabras y gestos todavía percibimos resentimiento y odio. También le serviría a las autoridades para que, haciendo un acto de reflexión, dejen de meter la mano al dinero que les hemos encargado administrar.
Porque Lurgio nos demuestra que si el Estado se preocupara por mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, otra sería la historia. Pues todavía pervive entre nosotros ese afán mezquino de solo mostrar una versión de la historia. Aún escuchamos esos discursillos seudomarxistas o maoístas que pregonan que el único camino para el cambio verdadero de nuestra sociedad es a través de la muerte, la guerra, la violencia; ya sabemos que ello solo desencadena más violencia y deja secuelas que, hasta ahora, nuestra nación no ha podido curar. Este libro nos sirve de mucho para defendernos de ellos, «de los profetas del odio», como diría Portocarrero.
Transcribo algunas líneas del autor: «Los recuerdos son como un viaje a través del tiempo infinito, es volver a la tierra que te vio llorar, crecer y reír». Estas otras líneas impactan, pues explican, de alguna manera, la versión del otro, del no escuchado, del que no tiene voz. Es una respuesta al artículo “El síndrome del perro del hortelano” de nuestro último presidente: «Se les resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga: aquellos parajes son tierras ociosas, baldías para Alan García, pero para los campesinos esas rocas enormes son los dioses y gracias a ellos producen sus tierras; de ahí manan las aguas que calman la sed y riegan las sementeras de la vida. Las tierras del olvido también son importantes».
Para terminar, unas líneas que nos obligan a reflexionar sobre la necesidad de no olvidar: «La población no habla mucho de tales sucesos, no habla mucho de sus memorias», Lurgio Gavilán.

lunes, 8 de abril de 2013

Solo 4. Edición 464, del 06 de ABRIL de 2013. Año IX


LA CITA:

«Todo niño es un artista que canta, baila, pinta, cuenta historias y construye castillos. Los grandes artistas son personas extrañas que han logrado preservar en el fondo de su alma esa candidez sagrada de la niñez.»

Ernesto Sábato, La resistencia

LO ÚLTIMO: Edición de homenaje a Cancialina Laureano y la faja huanca


Cancialina Laureano nació en Viques (Huancayo), en 1926. En su prolífica existencia consolidó notablemente su trabajo como tejedora de fajas o “watraku”, que conservó y heredó de su familia. Sus tejidos se han paseado por el mundo, y la han convertido en una de sus más notables cultoras de este arte.
Falleció hace exactamente un mes, el 06 de marzo, es por ello, que con esta edición queremos rendir un especial homenaje a su extraordinaria labor y a la faja, ese elemento que por sus virtudes estéticas y técnica milenaria, hoy, nos enorgullece tanto como ella.
Además, con la intención de conservar el trabajo de Cancialina Laureano y todas las tejedoras de las comunidades de Viques, Breña y Huacrapuquio, hace pocos días, se conformó una comisión que tiene la finalidad de elaborar el expediente para obtener la declaratoria del “watraku” del valle del Mantaro como Patrimonio Cultural de la Nación.
En los próximos días se iniciarán las labores de campo, que permitirán recolectar los testimonios, conocimientos y experiencias de las tejedoras de las comunidades mencionadas, para luego proceder a su sistematización.
La comisión está encabezada por el eximio artista popular Pedro González Paucar, e integrada por el personal del Área de Patrimonio Inmaterial Contemporáneo de la Dirección Regional de Cultura, además de contar con la asesoría de la investigadora María Elena del Solar, experta en textiles andinos, voces importantes que se unieron también para este número especial de “Solo 4”.

Cancialina Laureano y su herencia patrimonial


María Elena del Solar D.

Foto: Archivo Pedro González
Una de las fuentes primordiales para la comprensión de la transcendencia del tejido en el mundo prehispánico fue escrita por el etnohistoriador, de origen ucraniano John Murra, en 1962, quien, más allá de la virtuosidad técnica de los “cumbicamayoc”, destacó la importancia de la función cumplida por los textiles en todas las esferas de la sociedad inca.
Más adelante, diversas perspectivas en la aproximación al estudio de los tejidos andinos han producido notables avances en el conocimiento de las técnicas, de las funciones económicas, sociales, rituales e ideológicas, tanto como en sus cualidades estéticas y de representación iconográfica. Todas conducen al entendimiento de la alta complejidad técnica, así como simbólica, de los tejidos andinos.
Tramadas en el mismo telar de tradición andina, de varillas móviles y una  estructura extremadamente simple, las fajas del valle del Mantaro, llamadas “watraku” en lengua huanca, constituyen una hermosa muestra de la persistencia de una prenda antigua, que hombres y mujeres del campo continúan vistiendo cotidianamente. Aunque el modelo de faja que conocemos implica una combinación de probables diseños prehispánicos, coloniales y republicanos, la técnica de producción conserva la tradición del tejido en telar de cintura de origen prehispánico, recontextualizada en procesos modernos como son la extrema movilidad poblacional, y la migración y expansión de los mercados de la región.
La construcción de la memoria nos refiere a problemas no solamente de la tradición sino también de las diversas maneras de su transmisión. Por lo general, su confección está a cargo de las mujeres, con algunas pocas excepciones, y la transmisión de este conocimiento especializado se da en el espacio familiar, donde hoy encontramos a niñas de doce años expertas en su producción, que además contribuyen con su venta al ingreso familiar.
Lo interesante aquí es resaltar procesos internos, o desde adentro, asociados a la consolidación de una identidad local, donde se reconfiguran y recrean elementos que van a representar, de manera notable, al grupo.
Desde las últimas décadas, esta tradición rural del empleo de fajas de cintura, extrapolada a la esfera urbana, ha entrado en gran vigencia influyendo de manera notable en su consumo local, como parte imprescindible de la vestimenta que acompaña los eventos performativos de la identidad huanca, entre la multitud de jóvenes danzantes de Huaylarsh. Éstos compiten en importantes concursos desarrollados en los diversos distritos de Huancayo y Lima, en la temporada de carnavales.
Es decir, no es la estandarización de una prenda destinada a su comercialización como recuerdo de una visita al Perú, es más que eso, es su incorporación como parte de una vestimenta que identifica a quien la porta como miembro de un territorio particular y de una comunidad étnica.
Conocí poco a doña Cancialina Laureano —magnífica tejedora de fajas— en el ámbito de la Asociación “Kamaq Maki”, extraordinario proyecto que logró rescatar y revitalizar muchas de las líneas artesanales más representativas del valle del Mantaro, allá por la década de los 80, gracias al tesón y entrega de doña Francisca Mayer y del equipo de artistas populares que la acompañaron sin desmayo. Las finas fajas tejidas por doña Cancialina lograron preservar la calidad de los diseños, en la justeza de las proporciones y la delicadeza de las tonalidades naturales, que destacaban el dibujo sobre el fondo listado.
Nadie como ella para mantener generosamente dispuestos los 840 hilos de la urdimbre —cuando el patrón actual alcanza escasamente los 440— distribuidos en los tres lisos que controlan los sectores de color. Otra excelencia de la diestra tejedora ha sido el mantenimiento y transmisión de este particular sistema de ideas, que configura una lógica matemática para escoger los pares de hilos y desarrollar los dibujos, desde la memoria, en las dos caras de las urdimbres complementarias.
Cancialina Laureano nunca recibió un homenaje oficial en vida, ella tejía recreando la cultura heredada de sus padres y estaba orgullosa de su tarea. Su aporte como portadora de la memoria del tejido tradicional huanca, recogido afortunadamente por su hija Blanca Huamán, abre perspectivas para incorporar este importante conocimiento especializado del tejido de fajas, de la zona sureña del valle, al gran panorama cultural e histórico del Mantaro y al mapa textil del país, reivindicando su valor patrimonial.

Adiós, mamá Cancialina


Pedro González Paucar

«Tengo grabada, en mi corazón, la imagen de encontrarla sentada en su corredor, con el telar estirado del poste a su cintura». - Foto: Soledad Mujica
Cancialina Laureano Marín, la tejedora del “challpi wathrako” (faja multicolor), partió de viaje a la eternidad el 6 de marzo. Su ausencia afecta profundamente y enluta el arte popular. Nos indigna que, en vida, no haya sido reconocida por autoridad alguna, siendo una de las más grandes exponentes de la textilería tradicional Wanka y del Perú.
Desde 1979 hasta mediados del 90, nuestra querida Cancialina —junto a otros artistas renombrados— perteneció a la asociación de artesanos “Kamaq Maki”. Gracias a su talento, sus tejidos se encuentran en colecciones, estudios y museos de Europa, Japón y EE.UU. Ha sido más conocida y respetada en el exterior por especialistas en textilería que en el Perú, donde solo un puñado de admiradores y artistas la frecuentábamos.
Para apreciar y comprender el valor de su trabajo, se requiere tener cierta sensibilidad y conocimiento de su uso, reconocer sus texturas, conocer el leguaje de sus figuras, la aplicación de los tintes naturales a sus hilos y más.
Para los conocedores, las fajas de Cancialina siempre despertaron admiración por su alta calidad artística, por la complejidad de su técnica y la armonía de sus colores. Para tener una idea, una faja de 10 cm contiene como mínimo 840 hilos de urdiembre y, a lo largo de 190 cm, desfilan un sin número de figuras estilizadas conservando aun las estructuras prehispánicas.
Pocos fuimos los que tuvimos la suerte de conocerla y el privilegio de recibir, alguna vez, sabias lecciones de la lectura iconográfica de la faja. Con su español entreverado con “Wanka limay” (hablar Wanka) y su risa fácil, se dejaba entender, inspiraba afecto, respeto y ternura. Me temo que con ella perdemos a la heredera de un conocimiento que viene desde hace miles de años.
Cancialina nació en Viques, en 1926, fueron tres hermanas las que aprendieron el arte de tejer de su madre María Marín, y ella, a su vez, lo recibió de la suya, Antonia Sinche. Guardaba entre sus prendas, como una joya, la faja fina de “pampa” azul de su mamá (gastada los bordes por el uso) que, de vez en cuando, mostraba para usarla como modelo.
Me contó que a los 12 años ya dominaba la “kallwa” (telar de cintura) y, a los 17, se inició llevando a la feria dominical sus tejidos. Nunca tuvo un puesto, solo colocaba su manta en algún rincón y ofrecía su trabajo a los turistas. En los últimos años, continuó tejiendo,  pero solamente por pedido.
Vivió en su casita de adobes y tejas, en la esquina de la plaza de Viques. Tengo grabada, en mi corazón, la imagen de encontrarla sentada en su corredor, con el telar estirado del poste a su cintura, concentrada con los dedos en la urdiembre, haciendo el “aklay” (selección de los hilos para la figura). Mamá Cancialina trabajó hasta que se derrumbó el techo de su habitación principal y, con ello, se desprendió el poste del corredor, por lo cual ya no pudo «estirar su urdiembre». Los últimos años, los pasó quejándose de sus hijos que no repusieron la columna para proseguir con su arte.
Con el viaje sin retorno, cierra una etapa y deja el camino de la creación a su hija Blanca Huamán (ganadora de un concurso nacional de tejidos el año pasado), para seguir las huellas de su extraordinaria madre. Esperamos que así sea.

La faja, milenaria prenda andina


Manuel F. Perales Munguía

Fotos: Archivo Pedro González
En los Andes, la actividad textil ha tenido gran importancia desde la época misma de la llegada de los primeros seres humanos a este territorio, tal como demuestran varios hallazgos que datan de los tiempos del periodo Precerámico. A partir de entonces, con el transcurso del tiempo, la textilería fue alcanzando paulatinamente niveles más altos de expresión estética y calidad técnica, que se pueden apreciar en los magistrales tejidos de pueblos como Paracas, Huari o Chancay.
En los tiempos del Tahuantinsuyo, los textiles cumplían un papel central en la política, al ser considerados elementos con los que se podían pactar acuerdos o sellar alianzas, entre líderes locales y funcionarios del Estado. El propio Inca solía regalar prendas muy finas, o ropa del tipo “cumbi”, a quienes le demostraban lealtad.
Por otro lado, en el aspecto mágico-religioso y ritual, la ropa servía también como un recurso que protegía a su portador de los malos espíritus o maleficios. En este sentido, gracias al estudioso John Murra, hoy sabemos que cuando había enfrentamientos bélicos entre bandos opuestos, se buscaba quitarle la ropa al enemigo, creyendo que con ello se le causaba daño y se le podía vencer.
Un tipo de prenda que ha tenido una fuerte presencia, como parte del vestuario de las poblaciones andinas prehispánicas, es la faja, cuyo uso fue generalizado en el antiguo Perú, y lo es aún en nuestros días. En cada región se le conoce con un nombre distinto e, incluso, en la sierra central peruana esta diversidad de términos es destacable. Así, por ejemplo, en Huancavelica se le denomina “chumpi”, en tanto que en el valle del Mantaro es llamada “watraku” o “watruku”, según la zona en la que nos encontremos.
En nuestra región, las fajas conservan aún muchos de los atributos que tenían sus similares de tiempos prehispánicos. Por ejemplo, todavía algunas de ellas se elaboran “por encargo”, con la finalidad de entregarlas en calidad de obsequio a otra persona, con ocasión de alguna celebración o acontecimiento especial. Asimismo, persiste todavía en varias comunidades la convicción de que esta prenda es un elemento protector frente a “daños” que podrían ser, eventualmente, causados por algún enemigo.
En el caso específico del valle del Mantaro, el uso tradicional del “watraku”, en contextos rituales y de trabajo, es todavía importante en varias comunidades, como se observa en las celebraciones de San Lucas en octubre, que marcan el inicio de la siembra, o en las fiestas de Santiago o “Tayta Shanti” en julio.
En el ámbito urbano, en ciudades como Huancayo y localidades vecinas, la presencia de la faja se ha afianzado en ocasiones como el tiempo de carnavales, donde esta prenda persiste aún como elemento indispensable del vestuario del Huaylarsh Moderno.
Por todo lo expuesto, resulta evidente que la faja es, quizás, la única prenda prehispánica que mantiene bastante vigencia hasta la actualidad. Su presencia debe considerarse, entonces, como una muestra clara de la fuerza y vigor de nuestra cultura andina, en el contexto actual de globalización. Por eso mismo, debe rescatarse su valor como referente de identidad para nuestros pueblos.

COLUMNA: UN MUNDO PERFECTO


Django sin cadenas

Jorge Jaime Valdez


Quentin Tarantino es uno de los pocos creadores que solo hace películas buenas. Incluso las que son consideradas menores como “Jackie Brown” o “A prueba de muerte” tienen un encanto indudable; las otras: “Perros del depósito”, “Kill Bill” o “Bastardos sin gloria” son soberbias, y “Pulp Fiction” es una obra maestra. “Django sin cadenas” es su última entrega y es un filme notable, que solo confirma el endemoniado talento de este alquimista del cine.
“Django Unchained” es un homenaje y una reinvención del Western, el género rey, como se le conoce, específicamente del “Spaghetti Western” o Western mediterráneo, un subgénero cuyo máximo representante fue Sergio Leone. Este tipo de cintas se rodaban en Europa, con presupuestos bajos y eran consideradas de Serie B.
Como en sus otras películas, Tarantino juega y mezcla los géneros y subgéneros que conoce muy bien por su cinefilia voraz. Puede saltar con facilidad de una situación dramática al humor, de lo normal a lo extravagante, o conmueve y divierte a la vez. También hace una revisión personal de la historia, en clave de ficción, obviamente, en “Bastardos sin gloria”, donde hizo que un grupo de judíos mataran a Hitler en afán justiciero. Esta vez, es un héroe negro que a balazos venga el abuso, el maltrato y la explotación que sufrieron los afroamericanos en el sur de los Estados Unidos, en los tantos años que duró la esclavitud.
Este western atípico nos cuenta la historia de un esclavo llamado Django que es liberado por un asesino a sueldo alemán con poses aristocráticas, para que lo apoye a encontrar y matar a unos hermanos que son perseguidos por la ley; a cambio, él ayudará al esclavo liberto a encontrar a su esposa que trabaja en la hacienda del despiadado y ambiguo señor Candie, interpretado con solvencia por Leonardo Di Caprio.
Otro talento del cineasta es su capacidad de dirigir actores, pone a artistas olvidados o subestimados en sus filmes, y ellos lucen notables. Di Caprio da la talla ante un extraordinario Christoph Waltz, o Samuel L. Jackson, su actor fetiche —sale en tres de sus cintas— que en éste hace un personaje corto pero muy bien logrado. En realidad, es él quien maneja “Candyland” y a su desalmado y sádico propietario. Compone una caracterización desagradable: un negro racista, con corazón de blanco, manipulador, intrigante y calculador. Waltz, por otra parte, se llevó el Oscar por “Bastardos sin gloria” donde interpretó a un nazi cruel y políglota, ahora repite el plato y vuelve a ganar la estatuilla encarnando a otro personaje “tarantiniano”.
La música es otro acierto, como en la mayoría de su filmografía: “Pulp Fiction” es un clásico contemporáneo en gran parte por su “soundtrack”, y ésta no es la excepción. Las tonadas de filmes del oeste se mezclan con una gran variedad de temas extraídos de la música popular. El artífice es el argentino Luis Bacalov.
La fotografía se luce al igual que la puesta en escena, y la violencia no parece terrible, sino estilizada y plástica. Es menos sangrienta que sus primeros filmes, pero incluye tiroteos y sangre a chorros como una marca personal.
También se rinde homenaje al “Django” original. En la escena donde el señor Candie observa a dos mandingos moliéndose a golpes, en la barra del bar vemos a Franco Nero, el primer Django, quien conversa brevemente con Jamie Foxx, el Django negro y justiciero. Al igual que otros cineastas, Quentin Tarantino hace un pequeño papel en la cinta, lo curioso es como desaparece: volado literalmente en mil pedazos.
Finalmente, sólo queda recomendar esta película desenfadada, fresca, lúdica que es otro gran acierto en el cine de Tarantino, a la espera de su próxima entrega que, seguramente, dinamitará otra vez los géneros del séptimo arte.

PERFUME DE MUJER:


La alfombrilla de los goces y los rezos

Li Yu


Cuando mi marido vivía, yo solía pedirle que sedujera a una criada y que lo hiciera lo más rápida y ruidosamente posible, para que la muchacha no pudiera contenerse y comenzara a gritar. Eso me transportaba y tosía, momento en que él volaba a mi cama y empujaba con todas sus fuerzas. Le hacía pasar por alto la estrategia habitual y lo arrojaba a un ataque continuo. Yo no sólo experimentaba una sensación placentera en mi interior, sino que ésta llegaba al fondo de mi corazón y me corría después de setecientas u ochocientas arremetidas.

BREVIARIO: “Los mataperros” regresan en nueva edición ilustrada



Una nueva edición de la novela juvenil “Los mataperros”, de Héctor Meza Parra, empezará a circular desde mediados de este mes. El libro, que fue elegido por la Dirección Regional de Educación de Junín para el XIX Concurso Regional de Comprensión y Producción de Textos en estudiantes del primero de secundaria, tendrá una edición popular que se distribuirá en toda la región Junín por cinco nuevos soles.
Meza Parra indicó que «este esfuerzo se hace para poner el libro al alcance de todos los bolsillos, en una edición completa e ilustrada, que busca combatir la piratería, pues los ejemplares piratas son ilegibles, tienen fragmentos mutilados y hasta graves errores de ortografía».
Esta nueva edición de “Los mataperros” cuenta con muchas ilustraciones de interiores y un diseño adecuado a lectores adolescentes, además, abre la colección “¡A leer en el cole!”, de Acerva Ediciones.
Por otra parte, se anunció el decomiso de una versión pirata que estaría circulando, e inmediatas acciones legales contra aquellos que la vengan comercializando ilegalmente.
El autor exhortó a los docentes a evitar entre sus estudiantes los ejemplares “bamba” que, por sus defectos, afectarían la comprensión de lectura y, por eso mismo, el desempeño en el próximo concurso de comprensión y producción de textos.

No hay ciudad sin espacios públicos de calidad

Máximo Orellana Tapia
The 5th Avenue: Los espacios públicos están asegurados para el ciudadano de a pie.

 Desde las pioneras y agudas observaciones de Jane Jacobs, se puede entender que uno de los soportes más importantes para que una urbe sea acogedora y humana, es la calidad de sus espacios públicos en sus diferentes niveles: suficiencia, accesibilidad, mobiliario adecuado, inexistencia de barreras arquitectónicas, etc.
Hace unas semanas, en Nueva York, donde esta celebre mujer desarrolló gran parte de su activismo en planificación y diseño urbano, luego de recorrer la impecable 5th Avenue, la bulliciosa Brooklyn o el emblemático Central Park, pude corroborar que los espacios públicos son los que caracterizan a una ciudad. Éstos constituyen una especie de “espíritu de la urbe”, ese algo que las vuelve inconfundibles, que permanezcan en la memoria y hace grato volver a visitarlas.
Este tema ha venido cobrando importancia en nuestro país, desde hace unas décadas, influenciado por intervenciones urbanas importantes a nivel mundial y por trabajos realizados en algunas metrópolis sudamericanas que han logrado revertir situaciones deplorables. Para nuestro caso, este tema requiere ser trabajado denodadamente, pues Huancayo y las demás ciudades del centro del país merecen verdadera calidad urbana.
Las instituciones de gobierno y la ciudadanía tenemos que saber construir áreas públicas que vayan más allá del adorno y la referencia “kitsch”, o cualquier otra preferencia trasnochada de algún político o técnico de turno.
El primer paso importante debe ser la toma de conciencia y sensibilización frente al comportamiento de las personas respecto a los espacios públicos, a través de campañas o programas por los diferentes medios de comunicación, para que el ciudadano pueda entender, entre otras cosas, que las calles, plazas y demás, pertenecen a todos, por tanto, su accesibilidad tiene que ser irrestricta en todo momento, debiendo no ser invadidas bajo ningún pretexto injustificado.
Las instituciones son las que deben liderar un esfuerzo importante para dignificar estos lugares, junto a los propietarios (sobre todo comerciantes) que al sobreponer sus intereses lucrativos parecen no tener idea alguna de lo que esto significa.
La siguiente acción sería suprimir o mejorar la gran cantidad de barreras arquitectónicas existentes: rampas mal realizadas o la carencia de las mismas, desniveles abruptos, postes u otros elementos mal ubicados y más; así también, la erradicación de elementos peligrosos: restos metálicos punzantes, residuos o salientes de concreto, escalones inadecuados, “placas recordatorias” que políticos delirantes dejan como “única huella” de su paso, etc.
Un tercer elemento clave es la contaminación visual que debe ser, progresivamente, erradicada mediante reglas sencillas y claras, pero llevadas a cabo con firmeza y oportunidad. Esto evitaría la anarquía y arbitrariedad en la colocación de cientos de anuncios publicitarios, que alteran la morfología de las edificaciones y distorsionan el paisaje construido.
Es importante saber que para que una ciudad sea vista como tal, y no sea solo la sumatoria de un conglomerado de edificaciones, el concepto de espacios públicos debe ser comprendido con mayor amplitud y calidad. Dentro de este contexto, lo señalado son solo algunas pautas viables, que imperiosamente requieren todas las urbes peruanas, en estos momentos en que abundan los discursos de desarrollo y sostenibilidad.

lunes, 1 de abril de 2013

Solo 4. Edición 463, del 30 de MARZO de 2013. Año IX


LA CITA:

«Es cierto que tengo edad y tengo muchos años, las penas se quedaron detrás de mis ojos y mis manos jamás pudieron hacer nada (…) ¡Y no me mire así que nada le oculto! Vea el iris de mis ojos, ¿qué ve? Nada, ¿verdad? Estoy limpio como las sábanas de los hospitales, como los ojos desaparecidos de los muertos.»

María Teresa Zúñiga, Mades Medus

LO ÚLTIMO: Marzo: mes de reconocimientos a nuestros artistas

Pedro Gonzales recibiendo el reconocimiento “Joaquín López Antay 2013”.

Durante las festividades por el Mes de la Artesanía Peruana 2013, el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo premió a uno de nuestros artistas más célebres: el cultor de la imaginería Pedro Gonzales Páucar, con el galardón “Joaquín López Antay 2013”, el pasado 21 de marzo. Con respecto a esta distinción, la Primera Vicepresidenta de la República, Marisol Espinoza, manifestó lo siguiente: «No solo valoramos y miramos a los artesanos, son una muestra del orgullo de nuestro legado (…) si reconocemos su trabajo en vida, podremos mantener éste y difundirlo de manera permanente (…) Ellos son el patrimonio de un país que avanza, de un país que se desarrolla».
Asimismo, el último 19 de marzo, el Ministerio de Cultura reconoció a Abel Beriche Macha, tallador de máscaras de Huacón, por su enorme aporte en la conservación y difusión de esta danza.
El principal objetivo de estos reconocimientos es «conmemorar y enaltecer la labor de los hombres y mujeres de todas las regiones de nuestro país, que se dedican a la actividad artesanal».
Otra de las alegrías en este mes, es el reconocimiento de nuestra dramaturga María Teresa Zúñiga, quien también recibió el título de Personalidad Meritoria de Cultura, el 27 de marzo, durante las celebraciones por el Día Mundial del Teatro. Felicidades a Pedro, Abel y María Teresa, son un orgullo para toda la región central del país.

María Teresa Zúñiga, personalidad meritoria del Perú


Solo 4

María Teresa Zúñiga Norero, “Personalidad Meritoria de la Cultura”.
La dramaturga y poeta María Teresa Zúñiga Norero acaba de ser reconocida como “Personalidad Meritoria de la Cultura” por su destacada labor teatral. En el Suplemento Cultural SOLO 4 expresamos nuestra alegría por este logro y reafirmamos nuestra admiración por ella y su importante obra, que llena de satisfacción a  Huancayo y la región central del Perú.

¡Un nuevo logro! La dramaturga huancaína María Teresa Zúñiga Norero fue declarada “Personalidad Meritoria de la Cultura”. Este reconocimiento, que viene de parte del Ministerio de Cultura, le fue conferido «por su destacada trayectoria como actriz, directora de teatro y fundamentalmente por su prolífica labor como dramaturga, así como por su incansable trabajo en la difusión y valoración del teatro peruano a nivel regional, nacional e internacional».
María Teresa Zúñiga ha representado al Perú en diversos eventos teatrales en América Latina. Su vasta obra —de más de sesenta piezas teatrales, entre las que destacan “Zoelia y Gronelio” (1995), “Mades Medus” (1999) o “Atrapados” (2002)— ha sido puesta en escena en diversos escenarios del Perú y el extranjero. Igualmente, “The Oxford Encyclopedia of Theatre and Performance” de Inglaterra la consideró como «una de las más ‘avant garde’ y prolíficas dramaturgas latinoamericanas de fin de siglo».
Nacida en Huancayo en 1962, es fundadora —junto a Jorge Miranda Silva—, del Grupo de Teatro Expresión, donde alterna roles de actuación y dirección. El grupo se inició a mediados de los ochenta, aunque fue con el montaje de “Corazón de fuego” (1989) que se consolidó y alcanzó el prestigio que lo acompaña hasta la actualidad.
¿Pero cuál es su importancia para la dramaturgia nacional? Su obra rebasa los tópicos habituales y aborda las contradicciones que abruman al ser humano. “Zoelia y Gronelio”, por ejemplo, es una historia que, bajo un telón posapocalíptico, reflexiona sobre las carencias de un mundo que se desmorona, pero que, pese a todo, mantiene un oscuro optimismo. Algo similar podría decirse de “Mades Medus”, obra donde también dos personajes —Mades, de 50 años, y Medus, de 19— se debaten entre ficción y realidad, y hacen del arte su razón de ser.
Su teatro se nutre de cánones vanguardistas como el absurdo o el existencialismo, que también fueran cultivados por Eugène Ionesco, Samuel Beckett o Harold Pinter, pero con una estética absolutamente personal. Eso es lo que hace de ella una gran autora: completar, texto a texto, una obra integral particular y original, que sin sacrificar su claridad para el espectador, profundiza en temas y caracteres de mucha complejidad.
Como se ve, este reconocimiento a María Teresa Zúñiga Norero es más que meritorio, y pone en su real ubicación a la dramaturga más destacada que ha dado la región centro. En la página siguiente de SOLO 4 aprovechamos para publicar un artículo suyo a propósito del Día Mundial del Teatro, y que fuera escrito horas antes de recibir la comunicación sobre este importante galardón.

MÁS DATOS:

¿Cómo recibe este reconocimiento?

María Teresa Zúñiga Norero: Me ha llenado de mucho entusiasmo. Es un impulso muy importante para continuar. Ya son 32 años de mi vida que estoy involucrada en esta labor que, para mí, es una opción de vida. El teatro es una actividad que nos da grandes satisfacciones que, finalmente, es lo que se lleva el hombre cuando ya cierra los ojos. Este logro que alcanzo en este año lo comparto con todos los cultores del teatro. (Fuente: Entrevista colegio Andino, difundida a través de Youtube)

El teatro, un paradigma interminable

María Teresa Zúñiga y Jorge Miranda Silva en “Zoelia y Gronelio” – Foto: Beto Benites.

Horas antes de saber que sería declarada “Personalidad Meritoria de la Cultura”, María Teresa Zúñiga Norero escribió este comentario sobre la significación que tiene para ella la que es su razón de ser: el teatro. Para toda la región central del Perú, el Día Mundial del Teatro tiene ahora una doble significación, pues tenemos a una de las mejores dramaturgas que ha dado el teatro nacional.

María Teresa Zúñiga Norero

Hoy, que vivimos tiempos imparables, en que la velocidad no tiene pausas; cuando la impaciencia y la intolerancia permanecen más fuertes que nunca, y los niveles de violencia arriban a una cúspide nunca antes vista, el teatro transita entre la observación del mundo y la creación de uno nuevo.
Este quehacer proviene desde tiempos incontables, desde la práctica primitiva del hombre en acción, tomando la historia de los pueblos, sus leyendas, e inventando situaciones con personajes que emergen de lo cotidiano a la eternidad.
Hoy, en el mundo, el teatro se levanta en las calles, sobre los múltiples escenarios, en diversos lenguajes, ataviados de maquillaje, vestuario y máscaras, con el fin de anunciar el Día Mundial del Teatro y sus festividades.
Muchos nombres y presencias se entretejen en este inmenso telar: texto y acción realizan la magia sobre las tablas. Autores, directores y actores logran el texto y la acción desde su visión del mundo, desde su capacidad técnica, desde su particular manera de afrontar el espacio escénico. No son meros improvisadores. Están dotados de disciplina, ética y sensibilidad, y podemos ver en cada propuesta diversos lenguajes, transportándonos a espacios y tiempos impredecibles para trasmitir un mensaje cargado de reflexiones, llamando al mundo (el espectador) a detenerse, a observarse, a memorizar y entender su humanidad.
Hacer teatro es invertir al mundo, voltearlo, hacer perder la materialidad subjetiva del hombre y colocarlo en un espacio donde las ideas recobran su objetividad; proponer una nueva manera de mirar, recobrar los sueños y que la verdad adquiera su verdadera prolongación: la existencia.
«¡Ser o no ser, he aquí la cuestión!» —nos recuerda Hamlet de Shakespeare—. Existir o no existir. Resolver este dilema es tarea del teatro, y por ello su búsqueda incansable a través de los siglos: la verdad dicha desde la ficción.
Saludamos con estas líneas a todos los hombres y mujeres del planeta que llevan en su agenda la hermosa tarea de la dramaturgia. Los alentamos a continuar, a heredarle al mundo los grandes secretos descubiertos en la sorprendente realidad escénica.
Esa es la magia de este día, en que podemos entrelazar sueños y posibilidades creando nuevas existencias desde la ficción, pero con mensajes reales y auténticos. En este día, el mundo se inclina desde sus butacas y aplaude a aquel que entreteje su vida y el arte en una escena inacabable.

COLUMNA: EL BUEN SALVAJE


Los sagrarios del pasado

Sandro Bossio Suárez

El sacerdote Rubén de Berroa, en su monografía sobre la diócesis de Huánuco, asegura que los dominicos habían construido, hacia 1544, un modesto convento en la Plaza Huamanmarca de Huancayo. Además, en 1553 hubo en Lima un cenáculo de dominicos, donde se hace mención del «convento de Guancayo», que administraba las doctrinas de Chupaca, Sapallanga, Sicaya, Chongos y La Mejorada. O sea, dos décadas antes de la visita de Jerónimo de Silva, quien ya habría encontrado un pueblo fundado autóctonamente, con su iglesia erigida.
Esto lo certifica la Real Provisión de Francisco de Toledo, fechada en 1571, quien dispone que «en el tambo de Huancayo se construya un nuevo monasterio e iglesia para que residan en él seis frailes y que sea cabecera a donde deben centralizarse los dos religiosos dominicos que se hallan en la doctrina de Ananhuanca». Si el virrey dice «que se construya un nuevo monasterio» y no dice «que se construya un monasterio», es lógico pensar que el citado convento existía desde antes de 1571.
Esto quiere decir que por órdenes virreinales, el primer convento de Huancayo fue refaccionado o tirado para la construcción de uno nuevo, en 1580. La piedra labrada (que hoy se encuentra en la fuente de la Plaza Huamanmarca), que data en efecto de 1580 y pertenece a la aludida iglesia, precisamente es la prueba de que en esa época empezó una segunda etapa para ella. Después fue convertida en priorato y tuvo a su cargo las doctrinas de Sapallanga, Mejorada, Conchangará, Chongos, Chupaca y Sicaya.
Esta iglesia, inicialmente, estuvo a cargo de los dominicos. Se trataba, por el dibujo dejado por Leonce Angrand, de una iglesia modesta, caracterizada por la sencillez de una fachada asimétrica, con una campana, balconetes y cupulinas. Estaba levantada  probablemente en piedras y barro, y dentro de ella había una sola nave. El presbiterio tenía los componentes básicos: el altar, al ambón y a la sede. El púlpito contaba con taza y baldaquino, y el sagrario poseía una guarda para las eucaristías y una pila bautismal. En sus paredes había pinturas coloniales, hornacinas, imafrontes, velos, pandeoros y tallas de madera.
Durante la visita pastoral de 1769, realizada por el presbítero Francisco Javier Echevarría, esta Iglesia Matriz poseía muchos bienes religiosos: una venera de oro con diamantes y esmeraldas; dos pares de zarcillos de oro de broquelitos; un par de candaditos de oro; tres tembleques de diamantes; una gargantilla de perlas con peso de media onza; un cetro de oro; una cadenita de oro; un rosario jerosolimitano y uno de perlas; una cruz de cristal; dos sortijas de oro y un picaflor de oro.
Detrás de la iglesia estaba el convento. Dicen las tradiciones que tanto el templo como el claustro eran las únicas edificaciones que tenían techo de tejas en el pueblo. Pero el convento era realmente famoso por su coro de indios, quienes cantaban alabanzas sacras en quechua y castellano, acompañados por un órgano de tuba y bajo de dirección de un maestro de canto gelaciano.
Este convento «que por sus ornamentos y retablos y galantes adornos de pinturas pudiera figurar en cualquiera de las mejores ciudades de Europa», a decir del dominico Juan Meléndez, se destruyó durante el terremoto de 1776.
En 1799 la prelatura decidió construir en la Plaza del Comercio (más delante de la Constitución) una Iglesia Matriz, que en el futuro sería consagrada como nuestra Catedral, en lugar de la antigua iglesia de la Santísima Trinidad de la Plaza Huamanmarca, ya desparecida. La catedral empezó a construirse el 18 de marzo de 1799 y se concluyó el 2 de marzo de 1831. Durante mucho tiempo fue conocidomo como “cuto torre”, porque quedó inconclusa y, hasta la década de los treinta del siglo XX, le faltaba un torreón.

PERFUME DE MUJER:


La última tentación de Cristo

Nikos Kazantzakis


La cogió, le echó hacia atrás la cabeza y la besó en la boca. Los dos habían palidecido y las piernas les flaqueaban. No podían continuar avanzando y rodaron por la tierra bajo un limonero en flor.
El sol se detuvo sobre ellos. Levantose viento y algunos azahares cayeron sobre los dos cuerpos desnudos. Lloviznaba suavemente, las gotas caían sobre ellos, refrescando los dos cuerpos ardientes. Ascendía un olor a tierra mojada. María Magdalena estrechaba al hombre contra su cuerpo y jadeaba débilmente.

Lágrimas negras


Roberto Loayza Cárdenas


Suecia era el segundo hogar de Dionisio Ramón Emilio Valdés Amaro, “Bebo” para los amigos. Fue en ese país de vikingos donde el pianista quivicanero residió, luego de enojarse con el barbón Castro y abandonar a su familia, entre ellos el también famoso teclista “Chucho”. Se casó con una gélida belleza sueca llamada Rose-Marie, y llevó una vida familiar mayormente alejado de los escenarios en Estados Unidos.
Fue a mediados de los 90 que, el gran saxofonista, Paquito D’Rivera lo saca de su confinamiento y le recuerda sus tiempos con la Orquesta Tropicana, sus tiempos con Beny Moré, animándolo a grabar su disco de retorno “Bebo Rides Again” (1994). En adelante, y como ocurrió con los casi extintos integrantes de la famosa “Buena Vista Social Club”, Bebo formó parte de los ancestrales músicos y ejecutores del son montuno, de la guaracha, el mambo y el chachachá cubano.
Fernando Trueba, cineasta español, conocido por la cinta romántica “Belle Epoque” (1992) y  sus gustos por las sabrosas cadencias de la isla, elevó más la popularidad de Bebo en sendos documentales como “Calle 54” (2000) y “El Milagro de Candeal” (2004); de la misma manera, fue el responsable del mayor éxito que el cubano tuvo en su breve pero inolvidable carrera, produciendo el disco “Lágrimas Negras” (2002), un visionario proyecto discográfico donde la mixtura de la música cubana y el flamenco, en la voz del cantaor Diego “El Cigala”, lo llevó a los escenarios de todo el planeta, y lo puso en las portadas de las más buscadas revistas musicales.
Su carrera despegó y en los siguientes años fue muy prolífico grabando con la Habana All Stars, Javier Colina en el mítico “Village Vanguard”, con el genial contrabajista Cachao López, y con su hijo “Chucho” en el extraordinario “Juntos para siempre” (2008).
El problema es que ese “siempre” suele ser una palabra tramposa y, a pesar de su retiro a tierras malagueñas, la muerte lo atrapó en Estocolmo, su segundo hogar. Lo enterraron junto a su querida Rose-Marie.

IMPRESCINDIBLES / HOMENAJE A BEBO VALDÉS


Bebo Rides Again (1994)


Luego de ser uno de los más grandes exponentes de la música cubana, treinta años atrás y rescatado de su exilio por Paquito D’Rivera, Bebo volvía a las salas de grabación junto al genial saxofonista, el guitarrista Carlos Emilio Morales y el percusionista Amadito Valdés. La increíble capacidad compositiva de Bebo, de 76 años, se distingue en 8 temas inéditos, creados en apenas 36 horas. Uno de los mejores discos de jazz latino de todos los tiempos.

 Lágrimas negras (2002)



Un amante de la música cubana y la más brillante estrella del flamenco se juntan al visionario pianista cubano para grabar, en Madrid, un breve, pero ecléctico disco que va desde composiciones de Lolita de la Colina, los hermanos Expósito, Jobim y Vinicius, o Miguel Matamoros, hasta sendos homenajes a Julio Gutiérrez, María Teresa Vera, Juan Mostazo y el tándem Cadicamo y Cobian. Un experimento que ya es considerado un clásico, donde destacan “Lágrimas negras” y “Corazón loco”.

Juntos para siempre (2008)



Debido a que Bebo dejó a su familia para huir de la Cuba, se forjó un resentimiento con su hijo, el también eximio pianista “Chucho”. Sin embargo, a mediados del 2007, la reconciliación llegó, y la mejor manera de materializarla fue grabando un disco en conjunto. A dos pianos, nos encontramos con boleros clásicos como “Sabor a mí” o “La gloria eres tú”, el clásico del jazz “Tea For Two” y, en especial, la conmovedora “A Chucho”. Así plasmaron el más grande deseo de padre e hijo: estar “Juntos para siempre”.

BREVIARIO: Ganadores de FELIZH 2013 viajarán a la FIL Guadalajara


La Feria Internacional del Libro de Guadalajara es uno de los eventos culturales más importantes en América Latina, que congregó, en su última edición, a más de 500 escritores de 18 países; además, se realizaron 60 foros literarios, 20 foros académicos y 128 actividades artísticas y musicales.
En el marco de la V Feria del Libro Zona Huancayo, los ganadores de los concursos nacionales de cuento y poesía podrán viajar a México para asistir a la FIL Guadalajara, en noviembre de este año.
Serán dos los afortunados que podrán conocer a escritores de talla mundial, y enriquecer su visión del mundo, pues una de las características de este evento es que, desde 1993, cuenta con un país o ciudad como invitado de honor. En el 2005, le tocó al Perú exponer nuestra riqueza cultural y literaria, más en esta versión también estará presente con los galardonados.
Los interesados en participar en los certámenes tienen hasta el 10 de mayo para presentar sus trabajos. Las bases generales las pueden encontrar en el blog y perfil de Facebook de “Solo 4”, o también en la página web: www.feriadellibro.com.pe

Abel Beriche, genio de los rostros de la Huaconada


Manuel F. Perales Munguía


En los Andes prehispánicos, la máscara era uno de los elementos atávicos más importantes de muchas danzas, tal como ocurría con el antiguo “taqui” del “guacon” o “saynata”, en el cual sus ejecutantes portaban caretas cuyas facciones «eran del puro demonio», según el jesuita José de Acosta, como consta en su “Historia natural y moral de las Indias”, publicado en 1590.
Por otro lado, los hallazgos arqueológicos de máscaras de madera y cerámica respaldan lo dicho en las fuentes escritas coloniales, como ha indicado el investigador Sergio Barraza.
Hoy, este elemento sigue jugando un papel fundamental en el desarrollo de distintas danzas andinas, incluso como elemento que permite al danzante apropiarse de aquello que le resulta foráneo y extraño, para así dominarlo. Por esta razón, especialistas como Gisela Cánepa han señalado que la máscara andina posee un particular poder mediador y transformador, con el cual sus portadores expresan y ocultan algo a la vez.
En el valle del Mantaro, ésta mantiene gran vigencia como expresión de identidad, mediación y transformación, gracias a artistas populares que, muchas veces desde el anonimato, mantienen viva esta tradición milenaria.
Precisamente, uno de ellos, el maestro Abel Beriche Macha, heredero de un linaje de talladores eximios, se dedica desde niño a la confección de las máscaras empleadas en la danza de la Huaconada, declarada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, en el 2010.
Don Abel, natural de Mito, vive en su sencilla casa de arquitectura tradicional cerca del paraje “La Huaycha”, donde encuentra la inspiración necesaria para tallar con sus manos mágicas, los magistrales rostros que, cada mes de enero, dan vida a los imponentes y admirados “huacones” en Mito y otras localidades vecinas. Su hijo, José Carlos, y sus hermanos también continúan con esta tradición y, gracias a ello, tenemos la seguridad que el arte de don Abel trascenderá los tiempos.
Como parte de las acciones de salvaguarda de nuestro patrimonio cultural, el pasado 19 de marzo, Día del Artesano Peruano, el Ministerio de Cultura otorgó a don Abel Beriche el reconocimiento como Personalidad Meritoria de la Cultura Peruana, máxima distinción en mérito a su arte y su persistencia tenaz en la conservación de una tradición cultural andina que, pese a la persecución, etnocidio y discriminación de la cual ha sido víctima, se alza vigorosa frente a la mal entendida modernidad.
Gracias a don Abel, tenemos hoy el privilegio de admirar las maravillosas máscaras que expresan aquellas facciones «del puro demonio» que siglos atrás impresionaran tanto a José de Acosta.