domingo, 17 de junio de 2012

Limpieza del fuego eterno

Eloy Jáuregui El Dante habita en nosotros, lo pensé como una luz que me ilumina mientras voy leyendo “En los altos infiernos”. Entonces los poemas son una provocación. El infierno tan temido siempre queda abajo, y aquí el poeta le cambia su plomada. Invierte su hallazgo y hace eterna una musicalidad que sube del cielo. De esta manera, oírlo es un arte de constricción, acaso de un amortiguamiento espiritual. Ese es secreto de este sumergirse en el socavón de una poética espacial que opone su lógica. Este conjunto de poemas demuestra que la escritura ejerce un acto de salvación, purificación y limpieza. Ariel Marzal sabe que del infierno también se redime, y se libera de lo asimétrico y caótico. Por ello, en este libro, hay un ejercicio de perfección con el texto redentor. A la confusa disposición del perturbado orden, el vate, a punta de cincelar su arte poética, asume una prosodia coherente con la mirada de su lampo manumisor. El arriba/abajo desintoxica aquel “Muro del subsuelo”. Así, cuando uno lo lee en los versos: “Te hundes en el suelo impuro y cuerdas apagadas/ y frágiles tripas precipicios y precipicios, arenas y arenas”, está logrando a contracorriente, la salvación de una textualidad que se encuentra en dos poetas que descifran aquel sino de ese Cerro de Pasco de tajos abiertos, César Gamarra y Ángel Garrido Espinoza. Marzal ha reunido un conjunto de poemas con una pulcritud de escritor ducho, pese a que solo se le conocía con un libro inaugural: “Cuarta pared”, del 2009. El uso ahora de una poética que trata de desenmarañar la muerte a secas, más su articulación al escenario de la dicotomía infierno/cielo o al revés, nos explica el destino final del humano concreto. De esta manera, su impronta es reveladora y se rebela. Toca la parte material de lo incorpóreo. Es poesía impalpable por ser precisamente contingente. Qué más poético puede ser el estilo de uno que escribe en ese “Tempestuoso existir” donde todo huele a flores muertas de muertos vivos, de remordimiento de haber sido asmático, estático, caótico, de innombrables glaciales vanos. Entonces Marzal anímico, crea un orden y ahí planta su etéreo reclamo en su canto mayor. Hay poemas que siempre “joden” la existencia de tanto refregar el vientre de las cosas dispuestas en discordancia. La existencia es así, injusta y retorcida. Pero hay libros que subsanan esta ira de la providencia. El de Marzal ya es uno de ellos. Escribir es queja, ruptura y nueva simetría. El mérito de este manual de quinta esencia es pues esa sensación que nos deja verso a verso, ese diseño estructural de un poeta en eterna búsqueda de una justicia rotunda, que ve cómo al hecho de estilar le infringe el tropo de la revelación. La vicaría poética de los creadores de esta región bien puede saludar a esta nueva voz consolidada en un ejercicio mayor de alta poesía. Marzal con su libro logra este reconocimiento con esta obra que libra bien el foco de la última/primera batalla. El vencer el destino de lo intocable con poesía de notificación salvadora, con confidencia de un desgarrado sino, con la atribución que tiene las letras mayores, la poética de un requerimiento tantas veces desvivido y que ahora está en sus manos.

jueves, 7 de junio de 2012

Solo 4, “420”, del 02 de abril de 2012, año VIII

LA CITA: "¿Por qué no he de continuar por estas olas indómitas y a la vez sumisas? ¿Qué podría detener un corazón decidido y la voluntad firme de un hombre?" Mary Shelley, Frankenstein

LO ÚLTIMO: Huancayo, más incontrastable que nunca

Fundada como Santísima Trinidad de Huancayo, un primer día de junio en 1572, Huancayo se formó bajo el título de “Pueblo de indios” por Jerónimo de Silva. Su nombre deriva del vocablo quechua “Wankayuq”, compuesto por la raíz “wanka” (peña o piedra) y el sufijo “yuq” (donde se tiene o posee). Por lo cual, según algunos historiadores, su significado derivaría en: "Donde reposa la piedra", o también “El lugar de la piedra”. Sin embargo, ante la inexistencia de esta peña, pues hasta el momento no se ha podido encontrar ni un vestigio, expertos afirman que el nombre es figurativo, y se basa en la fortaleza y carácter indómito e inamovible del poblador del valle. Es la Ciudad Incontrastable, inconfundible e incomparable. Huancayo se ha convertido en la metrópoli más distinguida de la sierra centro de nuestro país, por sus virtudes económicas, geográficas, y hoy más que nunca por sus importantes logros culturales que la van distinguiendo y enarbolando continuamente en el Perú.

Cannes, el festival de los sueños

Luis Puente de la Vega Rojas Francia, por algunos días, alberga a los más aclamados directores, productores y actores del mundo entero. Es el punto donde se consagran y convergen las más grandes estrellas del universo fílmico, y aparecen los sueños en forma de películas, de las obras de mayor valor artístico en la historia del Séptimo Arte. Así, el Festival de Cannes se ha anclado sólidamente y ha evolucionado por más de 65 años con fantasías destiladas del corazón mismo del celuloide, manteniendo los valores esenciales de su nacimiento: la cinefilia, el descubrimiento de nuevos talentos y formas de hacer cine, la acogida de las propuestas —sin distingos de nacionalidad, credo, productora, ni menos aún, recaudación en taquilla—, y de los medios que acuden de todas partes del mundo para contribuir al fortalecimiento y difusión de los filmes, siempre conservando su atención hacia lo novedoso y original. Tal es la importancia de este certamen que los directores más relevantes del planeta, como Clint Eastwood, Roman Polanski, Quentin Tarantino, o Pedro Almodóvar, estrenan sus cintas en primicia exclusiva para él. Además, algunas de las proyecciones se hacen en simultáneo en salas de toda Francia y Europa. Sin embargo, el contacto con el público es la base fundamental para la carrera de cualquier producción y la reputación de su autor, por ello, la organización hace todos los esfuerzos necesarios por incrementar anualmente la afluencia de los amantes del cine como de la crítica especializada. Por esta razón existe el Cinéma de la Plage, una sala sin paredes, donde se ofrece cada noche una cinta al aire libre, abierta a todos, fortaleciendo el vínculo entre la audiencia y la cultura, algo que por aquí debería tomarse más en cuenta para no continuar con una cartelera que muchas veces sólo merece el peor de nuestros desprecios. El premio máximo es la Palma de Oro que se otorga a la mejor película exhibida durante el festival, el cual estuvo abierto del 16 al 27 mayo, y que dio como ganadora máxima a “Amour” de Michael Haneke: un drama poderoso “seco y cuidadoso”, donde una mujer vital va perdiendo de a pocos la movilidad, para luego terminar postrada sin habla, debido a una tormentosa enfermedad. Este filme conquistó al jurado por su crueldad orgánica que esta vez —a diferencia de “La cinta blanca” con la cual Haneke ganó el mismo premio en 2009—, no está sujeta a una sociedad enajenada, ni mucho menos a la maldad intrínseca del ser humano. Este realizador alemán hace algún tiempo nos sorprendió con las extraordinarias “Funny Games” y “La profesora de piano”. El premio a mejor interpretación masculina, otra de las mayores preseas, se fue con el actor danés Mads Mikkelsen por su valioso trabajo en “Jagten” (La cacería), quien interpreta a un joven padre que tras una mentira fortuita tendrá que defender el honor familiar y su vida. En la propuesta a la mejor interpretación femenina no hubo titubeos del jurado al elegir a Cristina Flutur y Cosmina Stratan por su extraordinario desempeño en “Dupã Dealuri”, un drama lésbico donde las actrices encarnan la valiosa necesidad de amar y sentirse amadas, bajo la meticulosa conducción de Cristian Mungiu. Por otro lado, y a pesar de las duras críticas por su arriesgado estilo y contenidos, “Post Tenebras Lux” le valió el Premio de mejor dirección a Carlos Reygadas, autor de la controversial “Batalla en el cielo” o la contemplativa “Luz silenciosa”. El Premio del Jurado fue otorgado a Ken Loach por “The Angels' Share”, y el Gran Prix lo obtuvo el equipo de “Reality” dirigido por Matteo Garrone. La Palma de Oro al Mejor Cortometraje fue para “Sessiz-Be Deng”, de L. Rezan. El cine latinoamericano no estuvo ausente, y como siempre su trayectoria marcó el festival con huella indeleble, pues, además de la obra de Reygadas, la filmografía mexicana sumó tres trofeos: “Después de Lucía” fue premiada como mejor película en “Un Certain Regard” (Una cierta mirada), y “Aquí y allá” en la Semana de la Crítica. Este año, la Presidencia del Jurado recayó sobre el realizador italiano, Nanni Moretti quien hace poco llegó a las salas peruanas —aquí no, porque casi nunca llega cine de autor, más que por algunas casualidades— con “Un Papa en apuros” (Habemus Papam). Lo acompañaron en esta difícil misión los actores Ewan Mc Gregor, Hiam Abbas, Emmanuelle Devos y Diane Kruger, el famoso diseñador Jean-Paul Gaultier, además de los también directores Andrea Arnold, Alexander Payne y Raoul Peck. Tal vez, algún día, en algún momento, podremos disfrutar de estas obras maestras del cine, claro, siempre que algún “desubicado” las programe como películas de acción o comedia, y las traiga a nuestra cartelera. Aunque, eso es tan solo otra de tantas ilusiones.

COLUMNA: EL BUEN SALVAJE

La invisibilidad de un aeropuerto Sandro Bossio Suárez La ventolera de la aviación llegó a Huancayo en la década de los treinta del siglo XX. Oficialmente, el primer vuelo aéreo en esta ciudad se dio en 1933. Sin embargo, se sabe que en 1927, por un accidente, Huancayo vio el primer avión que surcaba sus cielos. El comandante Charles Grow, jefe de la Misión de Aviación de EE.UU. en el Perú, al volar de Lima a San Ramón, se desvió de la ruta debido al mal tiempo y se vio obligado a aterrizar en un campo de la hacienda Mejorada. El entonces alcalde de la ciudad, Juan F. Taylor, le dio la bienvenida. El comandante, cuya tarea era inaugurar un servicio aéreo en la montaña, tomó combustible y se elevó del campo improvisado, llegando a su destino sin novedad. Según los anales de nuestra historia, el conflicto del Perú con Colombia, en 1933, mostró la necesidad de establecer un servicio aéreo en Huancayo. De ese modo, con la Resolución Suprema de 17 de diciembre de 1937, se declaró la exigencia social la construcción de un campo de aterrizaje en el entonces «Fundo Yauris». Este lugar, de propiedad del señor Leandro Lora, abandonó su producción láctea cuando el Gobierno Central lo expropió a fin de convertirlo en el campo de aterrizaje y hangar de la Base Aérea de Huancayo, en cuya construcción trabajaron ingenieros peruanos y extranjeros. Una vez rasado el terreno y apisonada la pista, el aviador de las Fuerzas Aéreas del Perú, capitán Leonardo Alvariño Herr, trajo vía ferrocarril un aeroplano bimotor de fabricación francesa, que un mecánico de apellido Rubio armó en esta ciudad. Alzó vuelo en el nuevo campo, siendo el primer aviador nacional que cruzó oficialmente el cielo huancaíno. Lamentablemente, días después, ambos desaparecieron en vuelo a Iquitos. En la década del 40, el teniente de aviación Julio Carvo Tenaut, experto aeronauta huancaíno, se estrelló y murió durante un vuelo de reconocimiento por los alrededores. El 28 de noviembre de 1934, dos aviones «Curtis» de guerra, llegados de Lima, volaron hacia Huancavelica con la misión de debelar un conato revolucionario. De retorno, una de las máquinas tuvo que aterrizar en el campo aéreo local debido a problemas técnicos; sufrió desperfectos en el ala derecha y el tren de aterrizaje, que hicieron temer la explosión de las bombas que llevaba. Por suerte, no ocurrió ninguna desgracia. Los aviones estaban tripulados por los capitanes Humberto Galindo y César Álvarez, y los alféreces Carlos Moya y Víctor Arce. Fue el primer vuelo Lima-Huancayo realizado por aviadores nacionales. La base aérea de Yauris funcionó sólo un tiempo, pues los fondos que poseía para su mantenimiento y mejoras desaparecieron. Desde esa época, Huancayo empezó a codiciar un aeropuerto. Después de que el campo de aterrizaje de Yauris fue inhabilitado, el Senado de la República aprobó en 1960 la expropiación de 52,5 hectáreas (1500 metros de largo por 150 de ancho) de terrenos de Sicaya y Pilcomayo para el aeropuerto. Lastimosamente, autoridades y pobladores de Sicaya se opusieron, desabrigando la esperanza de realizar el sueño. Entonces se echó ojo a los terrenos de Huamanmarca, distrito donde hasta hace poco se hablaba de construir el aeropuerto internacional de Huancayo. Vagas ensoñaciones que nunca se cristalizaron. Es imperioso contar con un aeropuerto internacional si realmente queremos despegar como ciudad, si queremos lograr un verdadero ascenso físico y social (en educación, salud, arte, deporte, cultura), pues solo un aeropuerto, sinónimo de modernidad, logrará el milagro de traernos científicos, educadores de alta investidura, músicos reputados, deportistas, escritores que, por recargadas actividades, no pueden sino tomar un avión. A falta de un aeropuerto nuestra ciudad sigue relegada en las agendas nacionales. Entendamos que Huancayo, así, seguirá invisible en el mundo. Esta pujante ciudad, ya lo dijimos muchas veces, merece un aeropuerto desde hace muchísimo tiempo. Es hora de cristalizar ese acariciado sueño.

Internet y sus nativos digitales

Leonardo Mendoza Mesías Un párrafo sin errores. No se trataba de una pieza que pudiera pasar por literaria o de encontrar razones para defender un argumento resbaloso. No. Se trataba de condensar un texto de mayor extensión, es decir, un resumen, hacer un resumen de un párrafo, en el que cada frase dijera algo significativo sobre el texto original, donde se atendieran los más básicos mandatos del lenguaje escrito —ortografía, sintaxis, etc.— y se cuidaran las mínimas normas y pertinencias. Era solo componer un resumen de un párrafo sin errores vistosos, y no pudieron. No voy a generalizar, pero de 25, dos se acercaron y dos más hicieron su mejor esfuerzo. Veintiún muchachos en sus 20 años en promedio no lograron, durante dos meses, escribir el resumen de una obra. Jóvenes que estudiaron once años en colegios privados o públicos, que son hijos de adultos que están por los 40 y 50 años de edad, que tienen buenos trabajos, educación universitaria, o más. Estos estudiantes disfrutan de la banda ancha, y tienen la “tele” de su casa mucho tiempo encendida en canales de señal abierta. Ellos, que tomaron más Milo que matecitos, y comen más comida rápida que arroz con huevo. Ustedes saben a quiénes me refiero. El centro de todo era el programa de participación y escritura de textos breves a partir de otro texto mayor. Insistí siempre en la participación en clase para fomentar actividades que noto algo empañadas en la actualidad: la escucha atenta, la elaboración de razones y argumentos, oír lo que uno mismo dice y lo que dice el otro en una conversación. Muchos de los estudiantes nunca pudieron pasar el resumen, pero no siempre fue así. Varios alumnos tenían problemas para lograr una síntesis bien hecha, y en su elaboración nos tomábamos un buen tiempo, mas se llegaba a avanzar. Lo que siento no es que carezcan de capacidad sino, más bien, gozan de cierta apatía y aún menor curiosidad. Menos proyectos personales, autonomía, desconfianza, y menos espíritu crítico. Debe ser que no advertimos cuándo la atención de dichos estudiantes pasó de lo trascendente a lo insignificante. Del estado de Facebook al mensaje en el Blackberry. Estoy por pensar que la curiosidad se esfumó de estos veinteañeros, en algunos casos míos, quienes desde el momento en que comenzaron a usar el “doctor” Google y su hermano mellizo, otro “doctor”, Wikipedia, ya no les es útil el pequeño “Larousse” ni la enciclopedia más voluminosa y completa de los anaqueles del abuelo. Es fácil echar la culpa a la televisión, al Internet, al Nintendo, o a los teléfonos inteligentes. A los colegios, a las universidades, que se afanan en el bilingüismo, sin alcanzar un conocimiento básico de la propia lengua. Es cándido culpar al "sistema", pero algo está pasando en la educación básica, algún hecho está trascendiendo en las casas de quienes ahora están por los 20 años o menos. Mis sobrinos le dicen a su madre que leen mucho en Internet. Lo que debe preguntarse es cómo se lee en Internet. Lo que he visto es que se lee en medio del parloteo de las ventanas abiertas del chat, mientras se va cargando un video en Youtube, siguiendo una infinidad de vínculos. Lo que han perdido los nativos digitales es la capacidad de concentración, de introspección, de silencio. La capacidad de estar sin compañía. Sólo en soledad y silencio nacen las preguntas, las ideas. Los nativos digitales no conocen esto. Tienen 300 seguidores en Twitter, y 700 amigos en Facebook, o muchos más. Los jóvenes de hoy ya no son los nativos del rock o del “Enterprise”, sino más bien oriundos nativos digitales de un nuevo mundo llamado internet.

COLUMNA: DESDE EL ATELIER

Fajas, mantas, llicllas y mantillas Josué Sánchez Tradicionalmente, el Perú se ha distinguido por el alto nivel de desarrollo técnico alcanzado por su textilería artesanal. Desde los renombrados tejidos paracas de épocas prehispánicas hasta la actualidad, los artesanos peruanos han tejido fajas, mantas, “llicllas” y mantillas con gran maestría. Más allá de la técnica y el arte, estos tejidos tienen además otros contenidos culturales de gran valor, como el iconográfico, hoy en investigación. Las fajas se elaboran en telares de cintura, siendo su confección una actividad exclusivamente femenina. Los estudios indican que antiguamente todos los íconos contenidos en las fajas tenían significados lecturables. Actualmente, pese a que se ha perdido parte de la lectura, los temas se han enriquecido con elementos de la vida urbana moderna como barcos, aviones, carros, trenes y otros, que alternan con ornamentos geométricos y elementos naturales de costa, sierra y selva. La lectura iconográfica y el tratamiento del color merecen un estudio aparte. Contienen elementos importantes para la elaboración de una estética plástica andina, en función de las combinaciones de color, que se dan en la urdiembre, y de los diseños, llamados “aclla”, “challpi” o “watr´aco”, que se elaboran en la trama. La manta es, por lo general, de forma cuadrangular, de 1.20 m de lado y está trabajada en franjas multicolores. Estos matizados se realizan en la urdiembre, formando franjas de colores que pueden ir desde apenas tres hiladas hasta tres centímetros de ancho. Por el diseño, la dominancia de un color o el material de confección de la manta se puede reconocer la procedencia geográfica de la usuaria. Así, por ejemplo, amarillo y azul identifican a las jaujinas, y blanco con negro a las de Sapallanga. La manta está relacionada íntimamente a cada acto de la vida campesina. El niño desde que nace es llevado en ella, primero en los brazos de la madre y luego en la espalda. Durante la boda constituye símbolo de procreación. Está presente en el trabajo y en las fiestas. También en la medicina tradicional para la curación del susto y el recalco. Sobre ésta se realizan las ceremonias de pago a los dioses tutelares andinos, a los “apus”, a los “huamanis” y a la “pachamama”. Las “llicllas” son tejidos cuadrados de aproximadamente 1 m de lado, que llevan un ribete de 5 a 10 cm de ancho. Desde antiguo su uso es ceremonial y festivo. Algunas son similares a las mantillas, tienen diseños iconográficos semejantes; otras están bordadas con representaciones figurativas de aves y flores. Últimamente, se ha introducido la costumbre de llevar “llicllas” elaboradas de telas estampadas. Las mantillas reciben el nombre genérico de “pullukata”, pero por el tipo de material se diferencian en “uishkata”, si son de lana de carnero, y “llamakata”, si son de llama. Esta distinción se origina en las funciones rituales que cada una de ellas tiene. La “uishkata” se usa en ciertas ceremonias de tipo mágico religioso, como el pago a los dioses tutelares; y la “llamakata” en la curación de determinadas enfermedades. En los diseños y formas de las mantillas, así como en los colores utilizados, se mantienen vigentes códigos visuales aislados que contienen elementos que podrían servir para establecer parámetros y correlatos de interpretación. Su identificación permitiría determinar las correspondencias entre unidades iconográficas y el discurso contenido en el íntegro de una faja.

MICROCUENTO:

Solo sentirás un pellizco Carla García De la yema de ambos índices, de la vena del antebrazo izquierdo y del derecho, de ambas orejas y una vez de la pierna. Desde la parte interior del codo, desde el dorso de la mano, el antebrazo, alguna vértebra entre la veinte y la treinta, y desde una vena que aparece en el pulgar. El párpado, la barbilla, el brazo, las yemas de los demás dedos y la nariz. En las nalgas, echada y de pie. En el antebrazo, las orejas y en la planta del pie. Respuestas domingueras a: “¿De dónde me sacaron sangre?” “¿Desde cuándo me han dormido?” “¿Dónde he sido cosida?” “¿Agujas?”.

PERFUME DE MUJER

La ciudad y los perros Mario Vargas Llosa Cuando Alberto estuvo desnudo, con un gesto desganado se arrastró de espaldas sobre el lecho y abrió la bata. Estaba desnuda, pero tenía un sostén rosado, algo caído, que dejaba ver el comienzo de los senos. "Era rubia de veras”, pensó Alberto. Se dejó caer junto a ella, que rápidamente le pasó los brazos por la espalda y lo estrechó. Sintió que bajo el suyo, el vientre de la mujer se movía, buscando una mejor adecuación, un enlace más justo. Luego las piernas de la mujer se elevaron, se doblaron en el aire, y él sintió que los peces se posaban suavemente sobre sus caderas, se detenían un momento, avanzaban hacia los riñones y luego comenzaban a bajar por sus nalgas y sus muslos y a subir y a bajar, lentamente.

La voz de la luna

Juan Luis Espinoza Chinchón Leí “Luna de agua” de Gerardo Garciarosales con los ojos encharcados, llorosos como el día luctuoso en que enterraron a mi abuelo. ¿Cómo es posible que las palabras mágicas del libro originen un llanto incontenible? Al releer volví a llorar. Extasiado, absorto, encantado, aún con las mejillas empapadas, salí de mis aposentos para contemplar la luna. En el firmamento, adornada por las estrellas titilantes, encontré la imagen de mi abuelito. La obra que está narrada poéticamente, ha trastocado mis recuerdos. Las palabras mágicas de la abuela y el niño me han atrapado. Sorprendido, volví a oír la voz de mi abuelo: “La luna, hijo mío, dice que el año que viene no dará buena cosecha, así que medido nomás consumiremos”. Aquella noche lo miré a él y a su inspiración celestial. No encontré ninguna voz. Pensé que estaba sordo. Nadie esclareció mi inocencia. Después de romper la timidez que me empuñaba, le pregunté con voz temblorosa: “¿Cómo puedo conversar, abuelito, con la luna?” “Mira, mira a la luna”, me dijo. “En cuanto aprendas a leerla, podrás oír su voz”. Cuando fui a la escuela, pensé que el profesor me iba a enseñar a escuchar la voz de este satélite, incluso me lave bien las orejas, pero el señor destrozó raudamente mis deseos. Volví a buscar al anciano, mas éste gran maestro ya se había ido al mundo de Juan Preciado. Después, supe que él no sabía leer ni escribir, pero conversaba con la naturaleza. Leí las maravillas del mundo andino. Seguí sus pasos y hallé principios inmarcesibles. La luna con sus encantos me ofreció mucha sabiduría, me enseñó a tender las papitas menudas para el chuño con exactitud infalible. “Luna de agua” resume la imagen del mundo andino, la relación del silencio jaujino con este astro, sus costumbres, su vida, que no es otra cosa que la existencia del hombre del ande que aguarda con esperanza.

Cortázar para siempre

Saulo Balvín Es “Bestiario” que “El Perseguidor” de los que “Queremos tanto a Glenda” sea una “Historias de Cronopios y de famas” que, por “Las babas del diablo”, ya llegaron a sus cincuenta años. “Rayuelas”, su talento se extiende con relatos tan cortos. Por lo visto Julio Cortázar forjó desfigurar a la prosa formal sobre el rostro de la literatura de esos tiempos (mediados del s. XX), cambiándola inexorablemente. Las técnicas literarias eran las mismas, pero el estilo que innovó fue certero, trascendente y experimental, tanto que se disfruta hasta estos días. A partir de la primera publicación de “Presencias” (1938), vendría su colección de cuentos “La otra orilla” (1945), y más tarde llegarían como un artificio de juegos, entre párrafos y títulos, otros libros más. Una fluctuación de ideas que generan disonancias con lo normal, abstrayéndonos a la ficción por historias dotadas de imágenes inverosímiles, pero que eran escenas de la realidad poseedoras de una idea autónoma en cada relato. Como parte del “Boom”, y la vanguardia literaria, llegó hoy incólume: “Historias de Cronopios y de famas” (1962), un tributo a la narrativa y al relato breve, por sus cincuenta años y su permanencia en el tiempo. Julio Cortázar es de todas partes.

domingo, 27 de mayo de 2012

Solo 4, “419”, del 26 de mayo de 2012, año VIII

LA CITA: “Soledad es igual que independencia, la había deseado y conquistado en el transcurso de largos años. Resultaba fría, pero (…) maravillosamente quieta y grande como el espacio frío y silencioso en el que giran las estrellas”. Hermann Hesse, El lobo estepario

LO ÚLTIMO: Escritores que nos visitarán en la FELIZH 2012

A partir del 20 de junio, durante 12 días, Huancayo disfrutará de la visita de varios de los autores más representativos de la literatura nacional e internacional. En una primera lista, la organización de la FELIZH 2012, después de su reciente lanzamiento, compartió con nosotros los nombres de escritores y artistas que han confirmado su presencia para esta nueva versión. Aquí algunos de ellos: Edgardo Rivera Martínez, Mario Bellatín, Oswaldo Reynoso, Gonzalo Portocarrero, Catalina Bustamante, Carmen Ollé, Octavio Santa Cruz, Manuel Pantigoso, Rocío Silva Santisteban, Juan Manuel Chávez, Jaime Cabrera, Víctor Vich, Yolanda Westphalen, Carmen María Pinilla, Bertha Martínez Castilla, Marco Avilés, Daniel Silva, Carlos Calderón Fajardo, Giovanna Pollarolo, Jorge Eslava, Magaly Solier, José Gálvez, Félix Huamán Cabrera, Domingo de Ramos, Etienne Durt Vellut, Ulises Gutierrez Llantoy, Carlos Tovar ‘Carlín’, Rosalí León, Oscar Chacalcaje, José Ávila, Gerardo García Rosales, y muchos más.

Gustavo Cerati, otro crimen sin resolver

Roberto Loayza
El sábado 15 de mayo de 2010, cantó en el campo de fútbol de la Universidad Simón Bolívar de Caracas, en otro concierto impecable, presentando su “Fuerza Natural”, durante la gira que pocas semanas antes lo trajo a nuestro país. Vestido de negro, Gustavo Adrián Cerati Clark se despidió de sus fans venezolanos entonando “Lago en el cielo”, y en el puente de ese lago que une el cielo con la tierra fue donde se quedó hace ya dos años. Hijo del finado Juan José Cerati y Lilian Clark, desde muy pequeño se sintió atraído por la música, el dibujo y los deportes, pero en lo que más destacó en sus años escolares fue en el canto; sin duda Cerati es una de las voces más privilegiadas en nuestro idioma. Tras ser visitador médico y pasar por el servicio militar durante el infame gobierno militar argentino, su momento llegó en 1982, tras coincidir en la Facultad de Publicidad con Héctor Bosio, “Zeta”. Inspirados por el “boom” de The Police, fueron tentando a la suerte con grupos como Stress y Proyecto Erekto, junto a otro grande, Andrés Calamaro. Como la cosa no funcionaba decidieron virar y conocieron a Charly Alberti, Soda Stereo estaba en sala de parto. Tuvieron una discografía breve pero sumamente importante, que va desde su álbum epónimo de 1984 hasta “Sueño Stereo” del 95, pasando por las indiscutibles obras maestras del rock: “Signos” (1986) y especialmente “Canción Animal” (1990). Soda, los siempre amados Soda, ya habrá tiempo para hablar de ellos, mas ahora nos dedicaremos a Gustavo en su carrera como solista que para variar no tuvo la difusión merecida en un país por lo general sordo y de discutible gusto musical. La preferencia de Cerati por la música electrónica lo llevó a grabar en 1992, al mismo tiempo que el genial “Dynamo” de Soda, el gran “Colores Santos” junto al gurú de este género en Argentina, Daniel Melero. Sin embargo, el primer disco oficial en solitario sería “Amor Amarillo”, al año siguiente. Aplaudido por los fans y la crítica, esta producción está llena de psicodelia y temas claves como “Lisa”, “Pulsar”, su cover Spinettiano “Bajan” y especialmente la cándida “Te llevo para que me lleves”, donde colaboró en la interpretación, para entonces, su bellísima y embarazadísima esposa Cecilia Amenábar. Luego del concierto de despedida y sus “gracias totales”, en 1999 vería la luz “Bocanada” un extraordinario álbum que a todas luces es su obra maestra, desde las hipnóticas percusiones de “Tabú”, el bolero trip hop que da su nombre, a la inolvidable balada rock “Puente”, que tiene tal vez las mejores letras de Cerati, el desarmante “Perdonar es divino”, y el claustrofóbico y profano “Verbo Carne”: «Pequeño Cristo 3D, ¿podrás salvarme está vez?». Luego de componer el “soundtrack” de la película “+ Bien”, y de su proyecto “11 episodios sinfónicos”, presenta en 2002 “Siempre es hoy”, un plato con más de 70 minutos, el más largo y ecléctico de su discografía. Destacan “Karaoke”, “Artefacto” y “Altar”. El 2006, la inspiración de Cerati estaba al tope y saca “Ahí vamos”, dejando de lado los sintetizadores y volviendo a las guitarras y el buen rock. Todos caímos rendidos ante esta magnífica colección y a temas como “Crimen”, “Bomba de tiempo”, “La excepción” y “Adiós”. El 2009, lanza “Fuerza natural”, sofisticado, elegante y variado, con toques folclóricos, progresivos y una idea conceptual en sus videos promocionales. Este disco lo presentó a fines de ese año en México y lo llevó a Chile, Uruguay, Perú, Estados Unidos, México, Colombia y Venezuela. Después de su presentación del 15 de mayo de 2010, y de forma inexplicable, Cerati se desvaneció. Todos pensamos que era una descompensación debido al stress, pero la realidad fue mucho más cruel: la sangre dejó de llegar a su cerebro y se sumió en un profundo sueño del que, dos años después, no puede despertar. Ahora los carroñeros de siempre hablan de desconectarlo, de dejarlo dando vueltas por el universo, mas hay quienes nos aferramos a la idea de una recuperación, aunque claro eso es únicamente porque vivimos en un mundo de quimeras.
IMPRESCINDIBLES / LITERATURA: Ximena de dos caminos Laura Riesco Ximena es una niña que se ve atrapada entre el rebosante desarrollo de la sierra, y la paupérrima realidad que persigue a la mayor parte de la población. Capturada entre dos caminos, hace una mordaz crítica a la situación de nuestro país, brindándonos un recorrido intenso a través de nuestra historia, siempre desde el punto de vista infalible e inocente de la pequeña. Laura Riesco es una de las mayores escritoras peruanas del siglo XX, y esta novela es, para muchos, lo mejor de su obra. Definitivamente imprescindible.
Rostros de memoria Pedro Escribano Nuestros autores peruanos más controvertidos y afamados se encuentran reunidos en una sola obra. Este libro, flamantemente editado, comprende una colección de anécdotas y pasajes en la vida de escritores como Mario Vargas Llosa, Abraham Valdelomar, José María Arguedas, Julio Ramón Ribeyro, o César Vallejo, donde los hallamos tan humanos y sencillos como el más simple de los mortales. Además, la publicación está acompañada por las caricaturas de cada personalidad, dibujadas por César Aguilar “Chillico”. Si usted desea saber más sobre su autor favorito, este texto es definitivamente imprescindible.
El canto de las ballenas Carlos Villanes Cairo El escritor de “Las ballenas cautivas” regresa con esta impresionante historia, cargada de imaginación, aventura, y un creciente respeto por nuestro medio ambiente. La novela anterior culminó con la liberación de los cetáceos gracias al despliegue mediático, y la increíble cooperación del gobierno estadounidense y ruso. Ahora, estos gigantescos pero apacibles animales entregarán una hermosa lección de sobrevivencia y amor a los protagonistas, quienes se rendirán a su canto. Una novela recomendable para los más pequeños del hogar, que sin embargo, ningún adulto debe dejar de leer.

COLUMNA: UN MUNDO PERFECTO

Drive: los caminos de la vida Jorge Jaime Valdez
"Drive" es una película extraordinaria. Aparentemente, llegó como una cinta más de acción, de esas que trae el cine comercial por cantidades industriales, sin embargo, fue una grata sorpresa en la cartelera local. Nos cuenta la historia de un personaje solitario, inquietante, que trabaja en una mecánica, y como “doble” conduciendo autos y realizando escenas arriesgadas que las estrellas de la pantalla no pueden filmar. Por las noches maneja para delincuentes, cronometrando su tiempo y realizando escapes impecables. Vista de manera superficial es una historia de acción de principio a fin, pero a veces, las apariencias se equivocan. “Drive” es un “thriller” en buena forma, pero también es una historia de amor. El protagonista es un lobo solitario en la selva de concreto, que se enamora y, como suele pasar, está en el momento y lugar equivocados. Con un millón de dólares a cuestas, tiene que huir y hacer justicia como pueda en un mundo perverso y violento. Lo hace por amor a una mujer que vive con su hijo pequeño, y no hay más sorpresas en una cinta “en apariencia” del montón. Su artífice, el danés Nicolas Winding Refn, ganó con justicia el premio a mejor director en el Festival de Cannes 2011. Los méritos del filme son diversos, comenzaremos por la selección de actores: el papel que interpreta Ryan Gosling es notable. Es un conductor parco, nocturno, seco, agresivo y tierno a la vez. Esas características personales son, curiosamente, la atmósfera que se respira en todo el largometraje. La ciudad es brutal y sórdida, las personas se comunican muy poco y cada una está más distante y desconfiada de la otra, pero existe una extraña ternura en medio del caos. La fotografía y sobre todo la música (obra de Cliff Martínez) son soberbias. Con un oído privilegiado nos sumerge en un viaje sonoro estupendo. El tema introductorio con los créditos en tipografías rosadas, con planos abiertos y cenitales de la metrópoli como telón de fondo, y la fuga con los delincuentes, es una lección de buen cine, como lo son también las escenas en el ascensor. Las canciones están muy bien, pero la historia, sin ser diferente, está mejor. Se nota que el director es un cinéfilo, un amante del séptimo arte, de Godard, de Scorsese o de Lynch. Los guiños a estos maestros de la ilusión son constantes y muy logrados, sino veamos solamente al chofer que nos recuerda, todo el tiempo, al Robert De Niro de “Taxi driver”. La trama puede parecer violenta y convencional, tal vez lo sea, pero tiene una extraña dosis de dulzura, como en la relación del conductor con el niño. La tristeza de sus personajes parece un estigma. Son personajes ensimismados, condenados a perder, la espiral de violencia cruda los va envolviendo y sumergiendo cada vez más, sin posibilidad de salir librados del mal. Es interesante ver como el autor se mueve con gran soltura en una variedad de géneros: está el “thriller”, el policial, el “film noir”, además del drama y las películas baratas, las de serie B. Sin pecar de erudito o cinéfilo “snob” se puede ver la influencia de Scorsese en su violencia seca y brutal; Cronenberg, por lo visceral, por la carne y la sangre; y Tarantino por los giros inesperados y lúdicos, o los colores y la estética disco de sus mejores trabajos.

MICROCUENTO:

Mi amigo el pintor Piero Duharte “¡Corre! ¡Corre!”, me gritaba mi amigo desgarrándose la voz justo cuando un nuevo estallido nos ensordeció. Luego notó que yo ya no corría detrás. Volteó y me vio caído. Regresó por mí, me tomó de los brazos arrastrando mi cuerpo ya sin piernas, y no dejaba de gritarme que corriera, pero ahora el llanto armonizaba tristemente sus bramidos. Él siguió avanzando desesperado, sin soltarme, mientras mi cuerpo iba dejando una pincelada roja y continua sobre la tierra.

PERFUME DE MUJER

Los pilares de la tierra Ken Follet Una tarde de verano, mientras esperaba verla desde primera hora de la mañana, Aliena se había acercado al pozo, y después de sacar agua se había quitado la ropa para lavarse. El recuerdo de aquella imagen le ponía fuera de sí. Tenía senos turgentes y altivos, que se movían incitantes cuando ella levantaba los brazos para enjabonarse el pelo. Los pezones se le inflamaban de manera deleitable al echarse agua fría. Entre las piernas tenía una mata sorprendentemente grande de vello oscuro y rizado, y cuando se lavó allí, frotándose vigorosamente con la mano enjabonada, William, perdió el control.

Reynoso, un veto escandaloso

Lilia Figueroa Manyari Resulta que ahora la literatura puede ser vetada escandalosamente, a partir de criterios pasadistas y hasta ignaros. Estas acciones que nos remontan a las grandes censuras de siglos oscurantistas, fatalmente se vienen promoviendo en algunas instituciones educativas del sector educación de nuestra región. Ocurre que en pleno siglo XXI, una obra maestra que despliega parte de la realidad caótica de nuestra sociedad, como sucede con el libro “Los inocentes” de Oswaldo Reynoso, y que debe ser analizada con coherencia, acercándola analógicamente a la realidad del mundo adolescente peruano, para luego lograr apreciaciones críticas, hoy tiende a ser un crimen. Me pregunto ¿qué pasa con el sector educación? Con este tipo de actitudes ¿queremos que nuestros jóvenes lean? ¿Qué tipo de comprensión lectora intentan trabajar? O ¿nos quedamos en el siglo XVII? ¿Se quiere crear tabúes de obras literarias? ¿Nos gusta vivir en la ignorancia? "Los inocentes" es una novela que por su temática se actualiza constantemente, y radica ahí, justamente, su valía. No podemos olvidar que esta publicación es un ícono literario por su estilo, pues además de ser el primer libro peruano del siglo XX que incorpora en sus páginas el lenguaje de los jóvenes de la urbe, penetra en el pensamiento de este grupo humano. Este aporte hace de él un texto vigente, si bien en su época de aparición fue un escándalo, hoy la realidad ha superado la ficción. Recordemos que José María Arguedas dijo del autor: “Reynoso ha creado un estilo nuevo: la jerga popular y la alta poesía reforzándose, iluminándose. Nos recuerda un poco a Rulfo, en esto”. Ahora corresponde a los docentes trabajar una comprensión inferenciada y crítica, no solo literal. No se puede tener miedo de influir negativamente en los adolescentes. No justifiquemos la incapacidad con expresiones escandalosas, si uno de los alegatos para esta mezquina actitud es el uso de su lenguaje, imagínense a sus personajes hablando santurronamente, como lo hacen los protagonistas de la pésima línea de autoayuda. La ficción se nutre de la realidad y el lenguaje expresa el sentir de quien comunica y se codifica a partir de intencionalidades y voluntades de ciertos grupos determinados como sucede en la novela. Esta riqueza nos plasma Reynoso y puede ser aprovechada para analizar, por ejemplo, los planos fónicos, morfosintácticos o semánticos del lenguaje humano. Si tocamos el aspecto temático y se escandalizan por su tratamiento, analicen la semantización de la realidad a través de sus personajes. Es aquí donde se crea polémica, hecho fundamental para el desarrollo real del pensamiento del hombre. No seamos, pues, falsos cucufatos. Leer literatura implica necesariamente descubrir, a través de ella, el mundo complejo, caótico, pero sobre todo heterogéneo. No podemos tapar el sol con un dedo, ni mostrar modelos ideales, el hombre desde los albores es sumamente complejo y el proceso de comprender esta complejidad hace de nosotros seres mejores, y la literatura es un canal increíblemente dúctil para ello. Oswaldo Reynoso es un clásico de nuestra literatura peruana.

Solo 4, “418”, del 19 de mayo de 2012, año VIII

LA CITA: "Una de las figuras que más me aterrorizó fue la de Carlos Fuentes; aquel hombre no parecía un escritor, sino una máquina computadora; tenía una respuesta exacta y al parecer lúcida para cualquier problema o pregunta que se le planteara; lo único que había que hacer era apretar un botón." Reinaldo Arenas, Antes que anochezca

LO ÚLTIMO: Murió Carlos Fuentes, otro inmortal que nos deja

El escritor mexicano Carlos Fuentes, uno de los autores más prolíficos de la literatura hispanoamericana, murió el martes, 15 de mayo, con 83 años de edad, a consecuencia de una hemorragia masiva producto de una úlcera. Mario Vargas Llosa expresó su tristeza por el deceso de su gran amigo por décadas, y afirmó que su obra "no solo merece todos los reconocimientos, sino que seguirá teniendo lectores por mucho tiempo". Fuentes fue voceado, en múltiples ocasiones, para llevarse el Premio Nobel de Literatura, incluso se creyó que sería el próximo latino en recibir este galardón, lo cual causa aún más dolor en su país y mayor desazón en el mundo intelectual sudamericano. Fuentes acababa de terminar su última novela, "Federico en su balcón", donde Nietzsche resucita en su balcón una madrugada y sostiene una entretenida y profunda conversación con el autor.

Carlos Fuentes: el ajuste de cuentas con la historia

Juan Carlos Suárez Revollar
Carlos Fuentes ha muerto. Su obra prolífica, comprometida y genial, lo colocó a la vanguardia del «boom» de la literatura latinoamericana. Carlos Fuentes es aquel joven provocador que, igual que los entonces cuasidesconocidos Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, escribiría según sus propios cánones, a contracorriente de la literatura de su país. Lideraron así, los tres, la revolución de los cincuenta y sesenta que fue el «boom», y que hizo de la literatura latinoamericana —esa patria grande, tan semejante entre nación y nación— la mejor del mundo durante esos años. Desde «La región más transparente» se vislumbra aquel estilo suyo, inconfundible, de despachar de un plumazo años y décadas enteras. La historia de su país: un México en formación, lleno de conflictos, luchas, muertes, disputas por el poder, aplastan al individuo y le quitan la libertad de elegir su destino. Sus personajes están, por ello, obligados a adaptarse y a padecer esa condenación que es la busca de la supervivencia en una sociedad echada abajo incesantemente. Carlos Fuentes cimentó su obra en la historia política de su país. Por ello es tan habitual ver en él rastros de un revisionismo frío, feroz, que despelleja por igual a sinvergüenzas y farsantes, a cobardes y víctimas, a políticos y patrones, a débiles y hambrientos. Su obra recoge las técnicas introducidas y desarrolladas por James Joyce, John Dos Passos y William Faulkner, pero atenuadas por un estilo muy personal, que hace de la lectura una experiencia amena y vitalizante, al mismo tiempo que pesimista y dolorosa. Cuánta diferencia hay entre los monólogos interiores de «La muerte de Artemio Cruz» y los pensamientos caóticos de Leopold Bloom, en «Ulises»; los primeros encantadores y sugestivos, los segundos descorazonadores por su dificultad. Pero ambos libros tienen en común aquella genialidad de las grandes novelas. Para Carlos Fuentes el pasado era tan o más importante que el presente, pues este se deriva de aquel. Por eso la totalización del tiempo es una constante en sus libros. Y aunque el simbolismo de la cultura mexicana —y también latinoamericana— cala en cada una de sus novelas, su obra es tan universal como las ficciones de Balzac o Cervantes, dos de sus referentes más importantes. La fuerza de su pluma, esgrimida en «Terra Nostra», reconvierte la historia en un enjambre de la desesperación, en que el orden cronológico es despedazado para erigir sobre él una nueva secuencia temporal, como en «Cambio de piel». Aunque uno de izquierdas y el otro de derechas, posiblemente Carlos Fuentes fue el escritor del «boom» más afín a Mario Vargas Llosa en cuanto a lucidez y a la apasionada defensa de su postura política. Uno de los grandes ejes de sus obras más ambiciosas es precisamente la política: la materia prima de «La muerte de Artemio Cruz» o «Los años con Laura Díaz». Destaca en Carlos Fuentes su prolijidad y la versatilidad de su pluma. Era capaz de mudar de estilo y de temática en cada uno de los muchos subgéneros que abordó, que van desde la novela histórica y política —a la que corresponde lo mejor de su obra— hasta la ciencia ficción y el horror, con la muy destacable «Aura», una pequeña y desconcertante novela gótica. Sin contar, claro, las decenas de piezas teatrales y guiones originales y adaptados que escribió, que sirvieron para rodar algunos de los filmes más valiosos de la cinematografía mexicana. Hay un sitial reservado para él en la historia de su país y Latinoamérica, y otro, tanto mayor, al lado de aquellos escritores que hicieron de la literatura un mundo de ilusiones listas para ser soñadas.

COLUMNA: EL BUEN SALVAJE

La lectura no es cucufata Sandro Bossio Suárez El 2010, cuando Mario Vargas Llosa ganó el premio Nobel de Literatura, todos los profesores de comunicación del país se arriesgaron a hacer leer a sus alumnos “El sueño del celta”. En Junín ocurrió lo mismo. Como resultado de ese riesgo, los estudiantes, afortunadamente, se nutrieron con un libro impactante, elevado en su construcción y fascinante en el tema. La novela tiene muchos ingredientes: la homosexualidad de Roger Casement, los horrores del colonialismo en el Congo, el genocidio de las comunidades nativas del Amazonas, las negociaciones con la Alemania del canciller Bismarck para lograr la independencia de Irlanda. Pues bien, sin darse cuenta (porque pocos son los que se dan cuenta) los profesores de Huancayo, Concepción, Jauja, Tarma, Satipo y de todos los rincones de la región, entregaron a sus alumnos uno de los libros más polémicos y fuertes en temática de los últimos años. Esos mismos profesores (no todos, felizmente) acaban de borrar con el codo lo que habían avanzado con la mano: se han escandalizado cual monjas medievales (aunque Boccaccio no dice eso de ellas) por la sugerencia de que el hermoso libro “Los inocentes” de Oswaldo Reynoso Díaz sea lectura de los estudiantes del primer grado de secundaria. En otras palabras, le pusieron un veto, una valla, un bozal a este magnífico texto. Erróneamente (no quisiera emplear términos más adecuados, como ignorante o estúpidamente) dicen que es un libro que utiliza un lenguaje vulgar, que apela al argot y a los códigos callejeros, que habla de homosexuales y ladrones. ¡Vaya vergüenza de profesores! Precisamente la riqueza de este libro se centra en el despliegue sociológico y en el extraordinario trabajo lingüístico de Reynoso. No es, como dicen los estultos, que el autor ha puesto en su libro groserías de todo calibre. De ninguna manera. Lo que Oswaldo Reynoso, que es el autor peruano que le sigue en importancia a Vargas Llosa, ha hecho es estudiar el lenguaje de la calle y colocarlo en boca de sus personajes para imprimirle dramatismo, realidad social. ¿Acaso nuestros docentes, por Dios, no son capaces de distinguir lo uno de lo otro? ¿Pretenden que los jóvenes delincuentes hablen como pavesas de clausura? Oswaldo Reynoso no va a perder nada. Su libro ha sido censurado por "obsceno e inmoral" en los años sesenta y ha sobrevivido. Los susurros indignados de entonces decían que eso no es literatura, cómo un escritor puede llamar a las cosas por su nombre. Quienes van a perder, lamentablemente, van a ser nuestros estudiantes. Y no lo digo yo, lo dice José María Arguedas, otro de los autores ante quien todos nos reverenciamos (y tiene también una novela del mismo corte: “El sexto”). Pues bien, Arguedas dice sobre “Los Inocentes” que es un libro de alta poesía y, al mismo tiempo, un compendio de la jerga popular. Oswaldo Reynoso, él mismo, acota con nostalgia: “Había un desprecio por la lengua popular y los diálogos eran muy pobres. Cuando escribían un relato de niños o de jóvenes muy pobres, la palabra más fuerte que aparecía era '¡caray!'. O cuando un muchacho le pegaba a otro, éste le decía 'por favor, no me friegues el forro de los bolsillos'. Yo, que andaba mucho por los bares, me daba cuenta de que la gente no hablaba de esa manera. En mis cuentos y en mi novela, los personajes se expresan en el español peruano popular, como lo que en realidad somos". Ese, por supuesto, es un escritor y nadie, óigase bien, tiene derecho a callarlo. Mi hija Oriana, que es una devoradora de libros, a sus nueve años ha terminado de leer “Los inocentes” y ha quedado encantada. Me dice que ha aprendido mucho sobre los chicos de los barrios y sobre las cosas que dicen en la calle. Además, cómo eran los peinadores de antes, ¿no, papá? Ahora entiendo por qué, en verdad, nuestra capacidad lectora se encuentra por los suelos. Con docentes y padres de familia cucufatos, con tabúes intelectuales que respiran y despiden una falsa moralina, con censuras intonsas, nuestra comprensión lectora va a seguir hincada y, lástima, arrimada a esa barata literatura llamada de autoayuda. Espero la reivindicación con la buena literatura, con la verdadera literatura, porque no se puede descalificar una obra maestra por majaderos sentimientos religiosos.

Museos y ciudadanía

Manuel Perales Munguía
En un texto publicado recientemente, el Premio Nobel de Literatura 2006, Orhan Pamuk, ha manifestado su posición crítica frente a los grandes museos del mundo que, al mismo tiempo de constituir importantes destinos turísticos, se hallan hoy, en tanto símbolos nacionales, convertidos en espacios para la presentación de discursos épicos que finalmente no hacen sino exaltar las glorias de las élites de las sociedades (léase Estados-nación) más poderosas. Frente a esta situación, Pamuk ha reclamado que los museos deberían orientarse, más bien, a acercarnos a las diversas y ricas historias singulares de los individuos, puesto que mediante ellas podríamos descubrir mejor la propia humanidad que habita en cada uno de nosotros. En base a lo que acabamos de expresar, valdría la pena preguntarnos ¿a quiénes representan en realidad los museos en nuestro país y región? ¿Estas instituciones contribuyen efectivamente a conocer y comprender nuestra compleja condición humana, esencial para un buen convivir? Antes de responder a estas interrogantes, sería necesario aclarar que el reconocimiento de la riqueza de la experiencia individual de las personas implicaría, a su vez, el reconocimiento de su propia condición ciudadana en todo el sentido de la palabra, despojada de la mera connotación etérea que la ha caracterizado durante la historia republicana del Perú, prácticamente hasta nuestros días. Siguiendo los postulados de Partha Chatterjee podemos señalar que en el caso del Estado peruano moderno el reconocimiento de los derechos civiles y, por ende, la ciudadanía, fue en un principio un privilegio reservado para los grupos de poder que impulsaron el proyecto político independentista en el siglo XIX, al mismo tiempo que se anularon categorías sociales que comenzaban a verse como obstáculos potenciales para la consolidación del nuevo régimen, como la nobleza indígena y los títulos que sus miembros ostentaban. Así, mientras el ideal abstracto de ciudadanía valía únicamente para unos cuantos, la existencia de los sectores excluidos sólo era tomada en cuenta en tanto se les consideraba como objetos de las políticas estatales, mas no así sujetos políticos. Tomando en cuenta los acontecimientos que vienen sucediendo en nuestros días, parece que tal situación no ha cambiado mucho. Si consideramos lo expresado, cabría pensar si acaso los museos podrían transformarse en espacios institucionales que permitan reivindicar precisamente a los diversos sectores de nuestra población que históricamente han sido ignorados por el Estado, pero presentando sus experiencias no en la forma de discursos épicos inspirados en intereses obscuros, sino de manera directa, en propuestas museográficas desarrolladas a partir de los testimonios de los mismos individuos, permitiendo que ellos “nos hablen” sin intermediarios. De este modo, nuestros museos podrían adquirir un rol fundamental en el marco de las iniciativas políticas orientadas hacia el logro de la inclusión social en el país, a la vez que contribuirían en la afirmación de una ciudadanía más real y concreta, accesible a todos. ¿Habrá voluntad política para lograr ello? El tiempo dirá.

COLUMNA: DESDE EL ATELIER

El maestro Carlos Galarza, pequeño gigante de la escultura Josué Sánchez
Dentro de la escultura peruana pocos son los maestros que como Carlos Galarza pueden jactarse de haber ejercido una verdadera docencia, sin abandonar su labor creadora. Nacido en Aco, Huancayo, y formado artísticamente en la Pontificia Universidad Católica del Perú, la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes y la Universidad Autónoma de México, volvió a Huancayo en 1965 para dirigir la Escuela de Bellas Artes, logrando anexarla de inmediato a la Universidad Nacional del Centro. Ya en ella, además de la dirección, se hizo cargo del taller de escultura, un soleado y pequeño patio cerrado, donde los apenas cuatro estudiantes que conformábamos la especialidad, acostumbrábamos esperarlo cada mañana para recibir sus recomendaciones, oír sus anécdotas y bromear un poco antes de iniciar propiamente el trabajo. Amante de la libertad creadora, solía decir que la enseñanza artística debería ser impartida con la más amplia libertad, estimulando la imaginación del alumno por medio de conversaciones en torno a temas familiares y cercanos a su realidad. Y así lo hacía, nos dejaba su conocimiento como si fueran pastillas de sabiduría. «Todos los artistas deben proyectarse dentro de su propia cultura. Hoy los artistas piensan más en Nueva York y en la Francia de ayer; quieren mostrarse como extranjeros, asumiendo poses de lo que no son», afirmaba. Eso no le impedía, en alas de la imaginación, moverse alrededor de las monumentales obras egipcias, mayas y aztecas, o trasladarse de Francia, Nueva York o Machu Picchu a la feria dominical, para hablarnos del ritmo, la composición, los pasajes de la luz y la sombra en la escultura para culminar en las interrelaciones entre espacio y volumen. Luego, cuando nuestros ojos reflejaban el deslumbramiento interior que nos producían sus enseñanzas, se alejaba callado para dejarnos jugar con la terracota hasta lograr formas que nos hicieran sentir parte de esa materia. El silencio entonces nos embargaba y trabajábamos solos, dejando transcurrir las horas en un diálogo artístico de formas y volúmenes, en el que nunca intervenía de manera directa, permitiéndose sólo sugerir pequeños cambios formales que no afectaban el contenido temático de la obra. Era un gran maestro, con un gran sentido del humor. En una ocasión, habiendo llegado temprano al taller, encontré el piso blanqueado por el yeso de los moldes del día anterior y ni corto ni perezoso aproveché para jugarle una broma. Aludiendo a su pequeña estatura imprimí sobre el piso las huellas de diminutos pies que llevaban a la dirección, donde él ya se encontraba trabajando. Pronto me di cuenta de la magnitud de lo hecho, cuando a los diez minutos la puerta de la dirección se abrió y el profesor Galarza salió atraído por la risa de un grupo de alumnos y profesores congregados alrededor de las huellas. Avergonzado empecé a balbucear mis disculpas, cuando percatado de todo el profesor soltó la risa y acercándose mientras me felicitaba me murmuró al oído: “Me debes una”. Un año entero se pasó repitiéndome por lo bajo la dichosa frasecita, un año en el que el suspenso me obligó a trabajar sin descanso, hasta que poco antes de terminar yo mis estudios y de dejar él la dirección, me llamó un día a su oficina y asegurando con toda seriedad que yo ya era un artista, me exigió el cumplimiento de la deuda, reclamándome ser su socio. Nunca un profesor le dio mayor estímulo a un alumno. Siempre lo recordaré con gratitud y admiración. Fue pequeño de estatura pero gigante en el corazón y el talento.

MICROCUENTO:

Agata Cristi Yampís existe María Luisa del Río Mateo Yampís viene caminando por la trocha. Dicen en el pueblo que ha matado a un viejo por celos. Le he preguntado y se ríe, qué va, la gente está que habla, yo no he matado, más bien quería pedirte un servicio: necesito que me aconsejes un nombre compuesto en inglés para mi hijita que ya nació.

PERFUME DE MUJER

El perfume Patrick Süskind
La consecuencia fue que la inminente ejecución de uno de los criminales más aborrecibles de su época se transformó en la mayor bacanal conocida en el mundo (…): mujeres recatadas se rasgaban la blusa, descubrían sus pechos con gritos histéricos y se revolcaban por el suelo con las faldas arremangadas. Los hombres iban dando tropiezos, con los ojos desvariados, por el campo de carne ofrecida lascivamente, se sacaban de los pantalones con dedos temblorosos los miembros rígidos como una helada invisible, caían, gimiendo, en cualquier parte y copulaban en las posiciones y con las parejas más inverosímiles, anciano con doncella, jornalero con esposa de abogado, aprendiz con monja, jesuita con masona, todos revueltos y tal como venían.

Joy Division: los orígenes de la oscuridad

Marlon Zenteno Mayorca
Para mediados de los años 70, la ciudad de Manchester (noroeste de Inglaterra) era poco menos que un rincón olvidado del viejo mundo. Una ola de desempleo, escombros y deshechos de fábricas era el paisaje cotidiano de una ciudad que alguna vez fuera la cuna de la revolución industrial. La noche del 4 de junio de 1976 ese escenario hostil fue la sede de un evento histórico en la cultura del último tramo del siglo XX: la presentación de los Sex Pistols en el “Lesser Free Trade Hall” ante una juventud nihilista y desencantada que veía en el ruido y la provocación del punk, no sólo un escape, sino, además la posibilidad (acaso muy remota) de lograr la fama, salir de la ciudad y dejar, de una vez, las penurias económicas. Bernard Summer, Peter Hook y Terry Mason, eran chicos de esa clase que en ese mismo instante decidieron formar una banda, cambiando esa noche, la historia de la música para siempre. La misteriosa figura de Ian Curtis, apareció como el ingrediente vital, había respondido al anuncio que pusieran Summer y compañía buscando vocalista. Vestía de cuero, llevaba escrito “Odio” en la espalda, admiraba a Iggy Pop, David Bowie, Jim Morrison; leía a J.G Ballard, William Burroughs, Kafka, Dostoievsky y Sartre; sin embargo, era muy distinto al prototipo del héroe punk, Curtis era intelectual, educado, conversador. Lo habían conocido de un concierto de The Clash, estaba casado desde los 19 años y era un escritor compulsivo, con la pasión de ser una estrella pop por un lado, y un poeta maldito por otro. Su primera presentación, bajo el nombre de Warsaw en el Electric Circus, comenzó de la manera más polémica que pudiera imaginarse: “¿Se han olvidado de Rudolph Hess?”, fue el grito de batalla de Curtis, que recordaba al segundo oficial al mando del régimen nazi. Esta polémica los acompañaría desde entonces. La portada del primer EP, mostraba a un joven de las juventudes hitlerianas tocando un tambor y las letras de temas como “They walked in line” eran casi un himno a las SS. Toda Europa vivía con un trauma latente por lo que había sido la II Guerra Mundial y ello, de alguna manera, causó esa fijación estética que se reflejó en el nombre definitivo de la banda: Joy Division, tomado del libro “House of Dolls” que trataba sobre los burdeles en los campos de concentración. Los ensayos se realizaban en una fábrica abandonada donde Curtis y su novel agrupación quemaban basura en un rincón para calentarse. Anton Corbijn, su fotógrafo, cuenta que al conocerlos le impresionó verlos fumando compulsivamente, mal alimentados y apenas protegidos con gabardinas delgadas. El arduo trabajo no daba frutos, y es ahí cuando Ian mostraría su faceta más oscura: amenazaría de muerte a un tal Paul Morley, uno de sus competidores, e insultaría al periodista Tony Wilson, llamándolo “puta” por no haberles hecho publicidad en su programa “So It Goes”, que difundía lo último de la escena punk y new wave de la época. Rob Gretton, Dj local, fue contratado como su agente. Él logró que toquen en el programa de Wilson y por si fuera poco, que éste firmara un contrato “¡con su propia sangre!” reclutándolos en su club “Factory”. La generación joven había crecido entre monstruosos edificios futuristas, que con las obras y películas de ciencia ficción, crearon un movimiento vanguardista de música experimental, Joy Division no fue ajeno al fenómeno y su primer álbum es un manifiesto de aquello, pues es semejante a un viaje de ciencia ficción por las calles de Manchester. Otra faceta de su expresividad: Curtis trabajaba en el centro de invalidez, ayudando a discapacitados a conseguir empleo, cuando presenció el ataque epiléptico de una chica. Ello lo inspiró a escribir “She´s Lost Control”. Pero como si se tratara de una broma cruel, una noche mientras viajaba en auto con la banda, él mismo fue presa de un ataque, le diagnosticaron epilepsia y ya nada fue lo mismo. Las presentaciones en vivo incluían bailes convulsivos y estados de trance que maravillaban a la audiencia pero agotaban el maltrecho cuerpo del poeta. El último álbum, “Closer”, fue el resultado de ese sufrimiento, las letras reflejan angustia y un halo fúnebre que fue el preludio de la tragedia que vendría el 18 de mayo de 1980. A los 23 años, Ian Curtis se había suicidado. Tenía problemas en su matrimonio, mantenía un “affair” con Annik Honoré (periodista belga). Dicho triángulo fue la inspiración de “Love Will Tea R Us Apart”, la canción más exitosa de la banda. New Order, surgió de las cenizas del grupo, pero el espíritu revolucionario y sombrío de Joy Division, sus letras brutales y el alma de poeta de su líder son testimonios de su inmortalidad. Hoy en día, la música popular y peor aún, la poesía de nuestra realidad, están contaminadas de clichés patéticos. La lírica de Joy división, honesta, existencial y cruda, parece mostrarnos el camino justo hacia las regiones sublimes del verdadero arte. La sombra de Ian Curtis se proyecta solemne y altiva desde esas alturas silenciosas donde reina el reposo absoluto.

sábado, 19 de mayo de 2012

Solo 4, “416”, del 12 de mayo de 2012, año VIII - ESPECIAL DÍA DE LA MADRE

LA CITA: “Ella, la mujer, la madre, a quien el cuerpo de su hijo había sido siempre, pese a todo, más querido que lo que se llama el alma, estaba aterrada al ver aquellos ojos mortecinos trepar sobre su rostro, tocar su pecho, sus hombros, sus manos; frotar su cálida piel como para buscar la posibilidad de salvarse”. Máximo Gorki, La madre

LO ÚLTIMO: Especial por el Día de Mamá

El Día de la Madre es una celebración tan antigua como el origen de las civilizaciones, y no es para menos. En Grecia se celebraba la Festividad de Rea, origen divino de Zeus, Poseidón y Hades. Más tarde, se practicarían distintas interpretaciones como la Fiesta de la Virgen María, en la Edad Media. Sin embargo, su versión más moderna fue instituida por Julia Ward Howe en 1870, y fundamentada por Ana Jarvis. En nuestro país, al igual que en otras 50 naciones de todo el mundo, se festeja el segundo domingo de mayo. En esta edición especial queremos honrar al ser, tal vez, más amado y venerado en nuestras familias. Símbolo de ternura y admiración, nuestras madres merecen lo mejor en este día. A continuación, un corto y sentimental homenaje a nuestras mamás.

Los secretos de la dama de hierro

Sandro Bossio Suárez El primer recuerdo que tengo es verme caminando al lado de una bella mujer por la calle Real de Huancayo. Era el mediodía y avanzábamos por el centro de la pista, pues no circulaban automóviles, imagino porque era un día de desfile. Del edificio Alonso, en la esquina de Real y Loreto, caía un diluvio de papeles picados. Yo, de unos tres años, iba sofocado dentro de mi abriguito azul de filderretor, y me sentía mareado viendo caer tanto papel sobre mí.
La bella mujer que iba a mi lado y me tenía firmemente cogido de la mano resultó ser mi madre. Después de ese fascinante momento, mis recuerdos de ella se fracturan, se hacen inasibles, quizás porque la bendita trabajaba mucho y no me veía con frecuencia: era boletera de los cines y, por ello, trabajaba toda la tarde hasta las once de la noche. Desde luego, yo estaba dormido cuando ella retornaba a casa. Imagino que me encontraba acurrucado en la cama de mi abuela, mi otra madre, a donde me metía a las seis de la tarde, luego de la merienda, para que me contara historias de miedo. Al empezar la escuela (en los setentas se iniciaba a los cinco años, con un solo periodo de jardín, van mis saludos a mi maestra Elsita del Jardín número 300), perdí totalmente el contacto con mi madre: yo iba temprano a doblar papel cometa y a fabricar bolitas de plastilina, y al mediodía me recogía mi nana (también a mi prima Katia, quien, temeraria y bravucona, salía en mi defensa ante los abusivos que querían apropiarse de mi lonchera). A esa hora mi madre ya había partido a su trabajo, de manera que sólo tenía para verla los sábados y domingos por la mañana, pero no a disfrutarla porque se la pasaba lavando ropa. Trabajaba siempre. Incluso en sus días de cumpleaños (es decir, los 12 de cada febrero) iba infaliblemente a su centro de labores, y también los días de la madre, y los días del padre, y los días del hijo (en este caso mi cumpleaños), y en Navidad y en Año Nuevo, y todos los días del calendario. Cuál sería su sentido del trabajo que prefería canjear sus días libres y hasta sus vacaciones, con tal de seguir ocupada. A veces viajaba a las zonas francas y traía maletotas de ropa importada que vendía con una facilidad sorprendente. Así la recuerdo. La mujer más esforzada de todas. Nunca —y eso es fácil de corroborar— he conocido a alguien más dinámica que ella. Ahora mismo, aquejada de osteoporosis y cataratas, sigue siendo una próspera comerciante y una respetadísima tramitadora de todo tipo de gestiones. En una ocasión, decidió encaminarse al Congreso de la República para conversar con el mismísimo presidente del parlamento y, valiéndose de relaciones y artilugios, logró el objetivo ante la mirada atónita de todos. Mamá siempre se ha sentido orgullosa de su nombre, Yolanda, pero este, en verdad, es el segundo, pues en la misma medida se avergüenza del primero: Eulalia. Lo descubrí cuando era un rapazuelo y escuché a la señora que lavaba la ropa llamarla por el hipocorístico “Eulish”. Después, cuando aprendí a leer y a saquear su monedero para comprar historietas y dulces, disfruté en su cama de noches de lluvia, porque es una de las cosas que más le gusta. Mamita es una mujer enérgica, dura, estremecedoramente dura. Mi abuela decía que tenía entrañas de pedernal. No las tiene, en realidad, porque pese a que pocas veces la he visto llorar, dentro de su ropaje de dama de hierro guarda un corazón muy noble para con todos. Una vez perdió la mitad de su fortuna en reliquias por socorrer a un familiar que nunca se lo agradeció. Ha sido los pilares de la familia (realmente del clan, de la tribu, de la estirpe) Suárez Merino. Hasta hoy, increíblemente, las más serias decisiones familiares las toma ella o, al menos, se las consultan porque todos estamos convencidos de su proverbial capacidad de resolver las cosas. “Es una abeja reina”, perora mi primo Quitinito. Así como es una pésima cocinera, Yolita es una experta negociadora y una genial estratega, una indiscutible generala. Todo, absolutamente todo, lo ha resuelto en la vida con un sosiego y una valentía jamás equiparadas. Sacó adelante a sus hermanos, a quienes hizo estudiar y por quienes se deshizo de sus abrigos con tal de dotarlos de elegantes ternitos escolares, y ayudó largamente a sus cuñadas, y a mis primos a crecer. Todos, incluido yo que también era uno más del montón, pasamos por sus temidas manos a la hora de lavarnos el cabello con champú Johnsons (mi endeble cuerpecito, además, debió soportar durante sus primeros once años una lavatina semanal con piedra pómez y masajes chinos que lo dejaban adolorido y lleno de rojedades). Siempre tuvo un carácter de piedra: mis peores travesuras, escondidas detrás del niño solitario y llorón, eran castigadas con rudeza castrense: “Atención, descanso, ahora escúchame so pedazo de escuerzo” y cosas por el estilo. Siempre terminaba con un golpe en mi cuello frágil, un verdadero karatazo, y un grito soldadesco. A ella también se le atribuyen neologismos impactantes: solía llamarme por un sobrenombre acuñado por ella: “inteleburro” (es decir, un cruzado entre “inteligente” y “burro”). Ahora, claro, ha empeorado su humor, pero ha mejorado enormemente su vitalidad: corre al mercado, viaja a surtir su bonita tienda de ropa femenina, muere por sus nietas y las engríe como la buena abuela en que se ha convertido. Es increíble verla conceder a todas las reclamaciones de las pequeñas, llevarles el almuerzo, esperarlas en el colegio, soportar incluso los inocentes desplantes que en mí, por supuesto, nunca perdonó. Hay dos maneras de festejar a mamá por su día: colocar a todo volumen una guaracha de la Sonora Matancera y sentarse con ella, con una copa de vino en la mano, a preguntarle en los ocasos por los amores primaverales que asomaron a su vida cuando era una galana que deslumbraba a todos, a Genaro, a José, a Ricardo, a Guillermo…

El útero de Solo 4

HOMENAJE A NUESTRAS MAMÁS: Desde que tenemos uso de razón han estado ahí, junto a nosotros, cantando, leyendo, trabajando, creando en nuestro sentir, aquella sensibilidad por lo que sucede a nuestro alrededor, y por todo aquello que el humano hace y que está más allá de lo cotidiano. No hay intelectual, artista, ni investigador que dude que la religión, la política, el arte o la ciencia, o simplemente toda forma de expresión humana hayan sido concebidas y fraguadas en el útero materno. La mujer, por miles de años, ha mantenido vivas nuestras tradiciones e historia, a ella le debemos nuestra heredad y acervo. La mujer es como la tierra, nos engendra y nos nutre, de ella partimos y a ella volvemos. Por ello, desde “Solo 4”, queremos hacerles llegar este pequeño homenaje a nuestras mamás, a todas aquellas mujeres que llenaron nuestro ser de las más conmovedoras palpitaciones, de los sueños más anhelados, de las historias más amadas, y de este impulso imperecedero por continuar con nuestra misión, y seguir difundiendo y desarrollando la cultura en nuestra región. Ellas son las madres que hacen posible la existencia de este suplemento: Sergia Cerrón, madre de Josué Sánchez Cerrón (artista plástico y columnista de “Desde el atelier”). De sus manos nació el lienzo, Josué solo le añadió el color.
Isabel Córdova Rosas, colaboradora usual y nuestra novelista más prolija y reconocida en Perú y en el extranjero. Es la autora en el corazón de todos los niños.
Yolanda Suárez, madre del escritor Sandro Bossio Suárez (columnista y co fundador de “Solo 4”). A ella le debemos las innumerables páginas y el verbo inagotable de “El buen salvaje”.
Genoveva Valdez, madre de Jorge Jaime Valdez(crítico de cine y columnista de “Un mundo perfecto”). Dotó a su hijo de una inquietante habilidad para leer imágenes.
Diana Casas Rivera, gestora cultural y articulista usual de este suplemento. Bajo su tutela muchos aprendimos que se puede dedicar lo mejor que tenemos a la cultura.
Olga Revollar, madre de Juan Carlos Suárez Revollar (crítico literario y columnista de “Deslecturas”). Es difícil hallar a editor más meticuloso y perfeccionista, esa habilidad solo se pudo engendrar en un lugar.
Jacinta Mesías, madre de Leonardo Mendoza Mesías (investigador antropológico y colaborador fugaz). En su vientre le prodigó de tal paciencia y habilidad que su hijo hoy es capaz de apoyarnos aun en la más pronta urgencia.
Vilma Rojas, madre de Luis Puente de la Vega Rojas (Editor de “Solo 4”). No conozco mujer más bella e inagotable, tenaz y trabajadora, capaz de educar hasta con las piedras. Gracias mamá, por ti es que le encontré sentido a tanto esfuerzo (si por mí fuera, te dedicaría todo este especial completo).

IMPRESCINDIBLES / MÚSICA / MAMÁS:

Like A Prayer Madonna
Junto con su disco debut homónimo, lo mejor de Madonna es “Like A Prayer”, el intento más explícito de esta diva por entregarnos arte serio. La variedad de estilos hacen de esta obra maestra un caleidoscopio musical que deslumbra hasta hoy. El añejo funk de “Express Yourself”, y la inolvidable “Like A Prayer” muestran su enorme talento compositivo y ejecutor, haciendo de éste su álbum más perdurable y consistente. Sin duda, la mamá más conocida del mundo musical. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Bueninvento Julieta Venegas
Antes de ser el “boom” latino que ahora es, y mucho antes de ser mamá, Julieta Venegas nos regaló un tremendo disco en el 2000: “Bueninvento”. Parece que Julieta sonaba mucho mejor cuando no vendía millones. Compuesto totalmente por Venegas con la excepción del personalísimo “cover” de Juan Gabriel del tema “Siempre en mi mente”. Un álbum de gran belleza e intensidad, donde es grato escucharla una y mil veces. 54 minutos de mucho del mejor rock en español. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Canciones para mamá Varios
Si están podridos de Leo Dan y su eterna cancioncita, y si mamá tiene su corazoncito rockero, éstas son algunas sugerencias para mañana: “Mama Can’t Buy You Love” (Elton John), “Your Mother Should Know” (The Beatles), “Tell Mama” (Etta James), “Mama” (Genesis); “Mama’s Pearl” (Jackson Five), “Mother Freedom” (Bread). Y para las que la aguantan todo, como la mía, está Eminem y su “Cleaning Out My Closet”; o para las que ya no están, que mejor que la melancolía de “Julia” de Lennon.

La madre en la literatura

Isabel Córdova Rosas
Desde tiempos ancestrales, la madre ha sido el símbolo maravilloso del amor y de la historia de la humanidad, además de ser una figura importantísima desde el punto de vista biológico y cultural que ha sabido enaltecer a pueblos, países y naciones. En nuestra patria, el rol de la madre, considerada el centro matriz, aparece junto a la historia de las civilizaciones con la Pachamama, en el Imperio de los Incas. La literatura ha tenido en cuenta su trascendental presencia dentro de sus creaciones, y ha sido evocada con más frecuencia en la poesía que en cualquier otro género literario. Poetas que han exaltado con sus profundos y bellos versos la imagen materna son César Vallejo, Abraham Valdelomar, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Heinrich Neuman y otros importantes vates. En narrativa, tenemos a geniales escritores que han tomado este incomparable tema como fuente de su creación, entre ellos Gabriel García Márquez en su obra “Los funerales de la mamá grande”, el viaje en tren de una madre y una niña de doce años para visitar la tumba de su hijo que en el camino observa, con sufrimiento, las desigualdades sociales que hay entre personas y pueblos. En “Cien años de soledad”, Úrsula es la matriarca de su familia, que vive más de cien años cuidando de los suyos. En “La casa de los espíritus” de Isabel Allende, Clara Trueba es la mujer que mantiene a su familia con amor y con sus predicciones. En la literatura rusa se encuentra uno de los clásicos de la literatura universal: “La madre” de Máximo Gorki. Ella es una campesina, quién con mucho coraje va a luchar contra los zaristas por sus hijos. Sin embargo, el tema de la madre que se aborda en la literatura, todavía es insuficiente, sobre todo, en la narrativa y en el teatro. Pero también, las matriarcas han sido la piedra angular para guiar a sus hijos en este difícil, y a la vez maravilloso camino de la literatura. Permítanme rendir un homenaje a una mujer extraordinaria: mi madre y en ella, a todas las madres del Perú y del mundo. A ella le debo mi amor por las letras. Ella, que desde muy pequeña, me trasladó a mundos imaginarios con los relatos que me contaba y luego, con las aventuras de los libros que me leía, con ese sabor que sólo una mamá y una maestra puede encandilar. Me llevó de la mano a la obra de Arguedas, de Luisa Alcott, Dickens, Julio Verne y a la poesía de Vallejo, Neruda y Alberti. Me hizo amar, mucho más, a mi tierra Wanka, a su gente, su paisaje, nuestra incomparable música folclórica, a su cielo azul intenso y brillante. Con su bondad, sensibilidad y ternura aprendí lo que significa la palabra amor. Con su ejemplo me enseñó a ser solidaria y a compartir. A ella le debemos, mis hermanas y yo, su íntegro apoyo, que a mí me valió para estudiar mis profesiones en la Universidad Nacional del Centro y para cruzar el charco, junto con mis hijos, y lograr mis doctorados en Madrid, para ampliar mis conocimientos y publicar más de 25 novelas para el lector más importante del mundo: los niños y jóvenes, además de una para adultos. Gracias madre linda por tu entrega, ternura y apoyo, y por cada minuto de felicidad que me diste en la vida. Un abrazo, de todo corazón, en este “Día de la Madre”, a todas las mamitas de nuestra querida Incontratable.

MICROCUENTO:

Las desconocidas de siempre Marcela Robles
Lo de siempre. Me enamoro del Hombre Equivocado. El Hombre Equivocado mira hacia otra parte mientras yo lo contemplo. Pienso que no soy digna de amor mientras mi hermana me pregunta, cuando le cuento mis angustias: “¿Por qué siempre una talla menos?”.

PERFUME DE MUJER

Rosario Tijeras Jorge Franco
Había dejado la puerta abierta y cuando entré la encontré mirando la lluvia, desnuda desde la cintura para arriba, sólo con sus bluyines y descalza. Al sentirme se volteó hacia mí y me miraron sus senos, sus pezones morenos electrizados por el frío. No la conocía así, tal vez parecida en la imaginación de mi sexo solo, pero así, tan cerca y tan desnuda...

En tu día, madre querida

Leonardo Mendoza Mesías
En los andes peruanos, la madre tiene un nombre: “Pachamama” o “madre tierra”. Ella es la generadora de la vida en plantas, animales y, por supuesto, en la humanidad. Es por ello que el poblador andino le manifiesta, con respeto y veneración, su cariño mediante “pagapus” y ofrendas. Sin embargo, esto no lo hace solamente para ésta, sino también para quienes la acompañan y resguardan, es decir, las “paqarinas” y “apus”, pero también a quien la consuela y limpia: al “wayra” (viento). Todos ellos son elementos de la naturaleza que en la cosmovisión andina asumen la identidad de deidades tutelares. En los andes, la tierra es símbolo de maternidad, porque es fuente y proveedora de vida, y se encarna en su versión humana como mujer. Ambas, mujer y tierra, desde el principio de los tiempos, son entes femeninos, cumplidoras exitosas y nobles de la más alta labor que les encomendó la naturaleza: ser madres. Son fecundas y dadoras de vida, un enorme poder que de por sí genera una gigantesca responsabilidad, pues de sus entrañas emerge el fruto y el futuro humano. Mujer, así como la tierra, eres semilla, siembra y cosecha, alegría y paz, regocijo, inspiración, fortaleza, lucha, cambio, pero sobre todo eres amor. Jamás olvides que fuiste concebida con la virtud de poder engendrar, eres fuente de riqueza, forjadora de las más férreas voluntades, energía divina hecha elemento vital que desde tus entrañas nace la más grandiosa y descomunal fuerza: la vida. A ti, madre andina que aprendiste de la “Pachamama” a ser noble, que diariamente recorres cumbres nevadas, inmensos valles y hermosas pampas, “puchcando” tu lana, pasteando tus ovejas, vendiendo tus productos, compartiendo tu experiencia, tramando tus tejidos, preparando los alimentos, amamantando a tus hijos, acompañando a tu pareja; a ti que bajo el sol o la lluvia caminas en silencio, día a día, estos inmensos y hermosos lares, descalza, a veces cansada o mustia por la incomprensión de la vida, pero llena de alegría por estar cumpliendo tu destino: ser fecunda. A ti mamá, que no sabes de cansancios, ni de malestares o ingratitudes, y que únicamente piensas en seguir luchando, aun cuando no seas correspondida, que sacas adelante a tus hijos, a ti madre querida. Seas joven o anciana, blanca o morena, cual sea tu nombre: Jacinta, Julia, Ernestina, Timotea, Isabel, Ruth, Vilma o Carmen; desde esta tribuna, y a nombre de todos los que colaboramos para “Solo 4”, una hermosa rosa roja como muestra del inconmensurable cariño de todos aquellos buenos hijos que te celebran. ¡Feliz día madre querida!