domingo, 12 de febrero de 2012

El amigo don Manuel

Nicolás Matayoshi



Hace diez años que falleció don Manuel Baquerizo Baldeón y sus amigos continúan recordándolo siempre. Los infatigables promotores culturales Zelideth Chávez Cuentas y Jorge Luis Roncal, representando al Gremio de Escritores del Perú, han convocado al X Encuentro de Escritores “Manuel Jesús Baquerizo” que se desarrollará en Lima, del 16 a 18 de febrero de 2012 en el local de la Asociación Guadalupana, en homenaje al centenario del nacimiento de José María Arguedas y recordando los 10 años del deceso de don Manuel.

El año que pasó, también en Huancayo, el Suplemento Cultural “Solo 4” y la Dirección de Cultura del ICPNA Región Centro organizaron un concurso de relato breve que llevó su nombre.
Hombre de cultura enciclopédica, sus méritos intelectuales son reconocidos por todos, que casi nos hacen olvidar que también era un ser humano.
Desde los setenta, un abigarrado grupo de amigos anduvimos juntos en la tarde de construir una mejor sociedad, Sergio Quijada, Teófilo Hinostroza, Sybila Arredondo, Sergio Castillo, Adriel Osorio Zamalloa, David Motta Pérez, Alejandro Espejo Camayo, Félix Huamán Cabrera, Simeón Orellana Valeriano y muchos otros, compartíamos el mismo afán de contribuir a ampliar el conocimiento de la región.
Pero, además, la vida también traía sus afanes cotidianos: una noche de tertulia, un apasionamiento no correspondido, una buena caminata por el campo, etc. Casi en sus últimos años de vida, don Manuel nos invitaba a caminar por los cerros del valle. Él, a pesar de su edad, tenía un vigor envidiable; yo citadino, no podía seguir su ritmo, pero me permitía conocer al ser humano detrás de su aparente fama de intelectual temible. Compartimos gajos de mandarina y otras cosas.
Ahora que traigo a la memoria la imagen de don Manuel me lo imagino en la Plaza de la Constitución, en una madrugada de bohemia, marchando como los “majtas” del ejército de Cáceres, alineados marcialmente; adelante, don Sergio Quijada, seguido de Sergio Castillo, detrás, don Manuel, luego una persona que no recuerdo su nombre y cerraba el ejército de la bohemia, el rector de la Universidad Nacional del Centro de entonces, el doctor Adriel Osorio Zamalloa, notable charanguista y estudioso del charango peruano, tocando la famosa marcha.
Por los años setenta, después de fallecida su primera esposa, don Manuel sentía el peso de la soledad y trabajando en la misma oficina con Sybila Arredondo, abrigó algunas esperanzas, en una de las tantas tertulias de entonces, terminamos en la casa de don Sergio Quijada que tenía fama de enamoradizo, de modo que entre don Sergio y don Manuel se propusieron embriagarla para ver a quien brindaba sus favores, estábamos tomando caña remojada y los galanes terminaron embriagándose, mientras que Sybila, sobria y con pie seguro, se retiró a su casa.
Pero lo que se me ha quedado como una cicatriz y una lección fue la conversación que tuvimos por teléfono en uno de sus últimos días de vida: estaba optimista, quería regresar para seguir con “Ciudad Letrada” y completar dos tareas que las había dejado pendientes; hacer un análisis sobre la importancia del movimiento cultural huanca desde los años setenta, donde se incluían a todos sus amigos de siempre: Eduardo Valentín y el teatro, el Dúo Encuentros y la música, los hermanos Gonzáles y la imaginería, los poetas, los pintores, los intérpretes del folclor, los investigadores sociales, etc. Sentía que tenía una deuda especial con dos de sus amigos: el poeta Sergio Castillo y el investigador social Ricardo Soto a quienes, por cercanía y amistad, no había escrito acerca de sus trabajos, los había postergado para una próxima ocasión, ocasión que nunca llegó.
Ahora sólo queda rememorar esa noche de delirio poético, cuando los llamados “poetas malditos” lo llevaron a bailar a un bar de travestis y gente de mal vivir, sin que él se enterara.

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